2 de noviembre de 2017

Usuarias de taxis privados sin protección, por casos de violencia sexual.



Los servicios de transporte controlados a través de dispositivos móviles se convirtieron, desde hace 5 años, en una opción para las mexicanas porque se pensó que eran “seguros”, sin embargo, a un lustro de su instalación en la capital, no existe ningún protocolo de denuncia ni seguimiento en caso de acoso o agresiones sexuales cometidas por sus conductores dentro de sus unidades, ni con las empresas que tienen concesión para operarlos, ni con ninguna instancia del gobierno capitalino.
Servicios como Cabify, Easy Taxy, Taxify, Laudrive, Yaxi y UBER, que llegaron a la capital hace 5 años, fueron la alternativa “segura” para las mujeres que utilizan taxi como medio de transporte ante el incremento de agresiones sexuales cometidas contra éstas en los públicos (los que se abordan en la calle). Tan sólo durante 2015 y 2016, de acuerdo con datos de la Procuraduría General de Justicia capitalina, 73 de las 79 violaciones denunciadas ante esta instancia, cometidas en transporte público, fueron en taxis.
En los últimos meses dos casos salieron a la luz pública. En Puebla, el de la estudiante de 19 años de edad Mara Fernanda Castilla Miranda, asesinada por el conductor de un Cabify; y el de Marimar Cosío, una usuaria de UBER en la Ciudad de México, que difundió en sus redes sociales un video en el que narró que fue víctima de acoso sexual por el conductor.
De éstos, no hay un seguimiento por parte de ninguna instancia capitalina, ni de las propias empresas. Entrevistada por Cimacnoticias para conocer qué protocolos o acciones se están llevando a cabo para dar seguimiento a estos y futuros casos, la coordinadora del área Movilidad Segura para mujeres y niñas del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México (Inmujeres CDMX), Margarita Argott Cisneros, afirmó que únicamente han llevado a cabo pláticas con UBER para ver las posibles acciones a seguir por este tema.
Pero son 5 empresas más las que operan y con las que no se ha tenido ningún acercamiento. Ni el Inmujeres, ni la Secretaría de Movilidad (Semovi) tienen acuerdos formales para garantizar la seguridad de las pasajeras, dijo Argott Cisneros.
De acuerdo con un diagnóstico realizado por ONU Mujeres y El Colegio de México sobre violencia hacia las mujeres en el transporte público, se estima que 50 de cada 100 mujeres, han sido violentadas en estos espacios.
Hasta ahora, lo único que se ha hecho con estas empresas es vigilar que cumplan con las normativas viales y tener capacitaciones sobre reglamento por parte de Semovi, pero de prevención de la violencia contra mujeres, todo es incipiente.
Así lo dijo Argott Cisneros, quien precisó que apenas en 2015 (tres años después de que UBER empezó a operar en la Ciudad) el gobierno local y el Inmujeres plantearon con la empresa capacitar a sus conductores  en temas de género, derechos de las mujeres y prevención de la violencia en el transporte.
Pero la capacitación no se llevó a cabo por el Inmujeres porque el acuerdo con UBER fue que una empresa externa, la diera. A la fecha, no se sabe cuántas personas fueron capacitadas porque no hubo seguimiento por parte del Inmujeres, reconoció Argott Cisneros.
SIN COORDINACIÓN
Desde 2008, a través del programa “Viajemos Seguras”, el Inmujeres CDMX planteó brindar  asesorías jurídicas y acompañamiento psicológico a las víctimas de agresiones sexuales en el transporte público para hacer frente a esta violencia.
En 2017 amplió sus acciones con el programa “CDMX, Ciudad Segura y Amigable para Mujeres y Niñas” en el área “Viaja Segura”, que contempla entre otras cosas la creación de políticas públicas enfocadas en mecanismos de vigilancia y atención en los transportes para garantizar una movilidad segura.
Sin embargo, aún son sólo propuestas las acciones para garantizar la seguridad de las usuarias de empresas de transporte privado.
Al cuestionar a Argott Cisneros sobre las medidas pensadas para hacer frente a los casos de agresiones sexuales contra las usuarias de estos servicios, la funcionaria afirmó, sin precisar fechas, que próximamente se realizarán mesas de trabajo con la Semovi y las instancias coordinadoras del programa vigente del Inmujeres donde discutirán la necesidad de que todas las unidades tengan botones de auxilio e incluso cámaras de vigilancia, como ya sucede con algunos autobuses, porque dijo, los transportistas “deben contar con las medidas de seguridad suficientes”.
Cuestionada si existe algún registro de casos sobre violencia ejercida por los choferes de estas empresas a usuarias, la funcionaria explicó que las empresas de transporte privado “no están exentas de seguir las leyes vigentes” por lo que además de dar de baja a los conductores que sean denunciados deben informarle a la PGJDF sobre los casos, aun cuando las usuarias decidan no denunciar, posteriormente a la instancia de justicia le corresponde instar a la víctima a proceder legalmente.
Pero en la realidad esto no sucede. Cimacnoticias consultó sobre el mismo tema a la ejecutiva de cuenta de la agencia de relaciones públicas de UBER Fabiola Martínez, quien dijo que comunican a la PGJDF y le otorgan los datos acerca de algún conductor señalado como agresor, únicamente cuando las víctimas interponen una denuncia, de otra forma, no lo hacen.
Los casos recientes de agresiones a usuarias de estas aplicaciones propiciaron que la opinión pública cuestionara la operación de estos servicios en el país. El pasado 24 de octubre, el senador panista por Aguascalientes José de Jesús Santana García, presentó en San Lázaro una iniciativa para reformar la Ley Federal de Protección al Consumidor, la cual busca crear un registro de las plataformas digitales de las empresas, así como de cada uno de los operadores y que estos transparenten su domicilio, teléfonos de contacto y una carta de antecedentes laborales y no penales.
De aprobarse por el pleno, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) tendría que coordinar dicho registro. La iniciativa también plantea obligar a las empresas de origen extranjero como Uber (Estados Unidos) y Cabify (España) a que tengan una sede en México, toda vez que las personas usuarias no tienen un contacto directo en caso de denunciar algún incidente con los choferes pues la comunicación la realizan a través de correos electrónicos.
Actualmente las comisiones de Comercio y Fomento Industrial, y la de Estudios Legislativos analizan la iniciativa.

http://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/usuarias-de-taxis-privados-sin-protecci-n-por-casos-de-violencia-sexual

1 de noviembre de 2017

Mujeres En La Cárcel: Abandonadas E Invisibles.


De las 100 mujeres detenidas en un centro federal que entrevistaron, 72 afirmaban haber sufrido violencia sexual; más allá de un error metodológico, la falta de perspectiva de género en las estadísticas es una falla grave de parte del Estado Mexicano.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicó los resultados de la primera Encuesta Nacional a Población Privada de Libertad (ENPOL), que tiene el fin de generar información estadística sobre las características de la población penitenciaria, y sus condiciones de procesamiento e internamiento.
Esta primera encuesta nos brinda información muy valiosa sobre temas tales como características socioeconómicas de la población, la corrupción del sistema de justicia penal y del sistema penitenciario, o las condiciones de vulnerabilidad, sufre de una carencia mayor: la perspectiva de género.
A pesar de solo representar el 5% de la población penitenciaria, las mujeres sufren condiciones especiales de vulnerabilidad: víctimas de violencia familiar y/o institucional, abandono familiar.
Sin embargo, la información presentada por el INEGI no se encuentra desglosada por sexo, esta ausencia tiene por consecuencia directa el desparecerlas de la primera encuesta gubernamental sobre las condiciones de vida carcelarias.
Un ejemplo impactante es el tema de la violencia sexual: la encuesta menciona que 4.5% de las personas mencionan haber sufrido violencia sexual en el momento de la detención y 5% dentro del centro penitenciario. Sin embargo, una investigación de Amnistía Internacional, mostró que de las 100 mujeres detenidas en un centro federal que entrevistaron, 72 afirmaban haber sufrido violencia sexual al momento de su detención.
Otro ejemplo, en la Ciudad de México la encuesta resalta que el 80% de las personas privadas de libertad habían recibido visita, cuando cifras de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario citados por Animal Político da un panorama totalmente diferente para las mujeres: 70% no reciben visitas y 20% no tienen a nadie autorizado para el mismo fin.
Las estadísticas no son un instrumento neutro. El transversalizar la perspectiva de género en la producción estadística del INEGI, en específico en el caso del sistema penitenciario, implicaba analizar el impacto diferenciado que tiene la privación de la libertad sobre las mujeres y los hombres. En la manera presentada en su sitio, el INEGI dejó que las mujeres desaparecieran en la mayoría varonil al no presentar la información desglosada.
Más allá de un error metodológico, es una falla grave de parte del Estado Mexicano. En efecto, en la duodécima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, México se comprometió a “fortalecer la implementación efectiva de sistemas de producción de información estadística para el diseño de las políticas para la igualdad de género, con especial atención en los medios de recolección, clasificaciones y procesamiento de datos nacionales”.
Sobre los temas específicos de violencia, la Convención de Belem Do Para así como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia lo obligan a fortalecer la “recopilación de estadísticas y demás información pertinente sobre las causas, consecuencias y frecuencia de la violencia contra la mujer.”
Tal como fue presentada, la ENPOL presentó resultados de la población varonil privada de la libertad, y corre el riesgo de perpetuar el ciclo de la violencia institucional que viven las mujeres encarcelas, cuando pudiera visibilizarlo.

Por Maissa Hubert. Publicado orginalmente en Observatorio de Prisiones.

11 de octubre de 2017

Día Internacional de la Niña: Las desventajas de las niñas frente a los niños.

En el marco del Día Internacional de la Niña, se evidencia que en Guatemala se enfrentan a más dificultades debido al género, entre ellas la violencia sexual, el trabajo infantil no remunerado, el matrimonio a temprana edad y el poco acceso a la educación.
el Día Internacional de la Niña y según organizaciones que trabajan para su protección, en Guatemala esta población es vulnerable e invisibilizada.
Una muestra de este riesgo es la violencia sexual. En el Instituto Nacional de Ciencias Forenses, entre enero y agosto de este año se practicaron  dos mil 796 exámenes relacionados a delitos sexuales en niñas y adolescentes, lo que representa el 90.2 por ciento del total de pruebas de este tipo.
Además, aunque el trabajo infantil en el país parece ser un fenómeno masculino, la realidad es que las niñas laboran en trabajos ocultos, como en los quehaceres del hogar y en casas particulares, por lo que muchas veces no se cuenta como trabajo infantil, señala el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
También el matrimonio infantil afecta más a las niñas que a los niños. En el 2011, en el Registro Nacional de las Personas se inscribieron mil 122 matrimonios de mujeres menores de 15 años, de los cuales, en sólo dos casos ocurrió con menores de la misma edad, el resto de esposos tenía entre 16 y 30 años o más.
Esos datos se destacan en el Compendio Estadístico de la Niña en Guatemala, que revela datos sobre la situación de este sector de la población.
En cuanto al acceso a la educación, un estudio del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), presentado ayer revela que  hay una pequeña brecha de inversión per cápita diaria destinada para la educación de mujeres y de hombres.
ONU Mujeres, la agencia de las Naciones Unidas que promueve la igualdad de género, señala que las niñas desempeñan diversos papeles en el hogar, la sociedad y la economía, por lo que el progreso de este grupo también es bueno para las familias, las comunidades, los países y el mundo.
“Las niñas siempre han cambiado el mundo, y esta generación puede hacerlo aún mejor”, indica la agencia.

http://www.prensalibre.com/guatemala/comunitario/dia-internacional-de-la-nina-ninas-desventaja-frente-a-los-varones

10 de octubre de 2017

El lenguaje sexista, reflejo de una sociedad patriarcal .



Hoy en día representa la significación de lo considerado masculino como superior y universal provocando la inequidad y la imposibilidad de que hombres y mujeres vivan en escenarios de igualdad de oportunidades, por lo que es necesario trabajar por un verdadero cambio en las relaciones de género.

Excluye y hace invisibles a las mujeres

Fueron los estudios feministas los que advirtieron, denunciaron y evidenciaron que existe un uso indiscriminado del género masculino, como único y representativo de la humanidad. Manifestaron que su uso y abuso producía un efecto que ocultaba, hacia invisibles y excluía a las mujeres.
Así fue  como reconocieron que el lenguaje no es neutro, no solamente por la presencia subjetiva de quien habla, sino también porque la lengua inscribe y simboliza en el interior de su propia estructura la diferencia sexual de forma jerarquizada  y orientada.
Esta situación no surge de la misoginia, ni de la casualidad ni del inconsciente o la simple costumbre, la existencia de un lenguaje sexista aparece porque vivimos en una sociedad patriarcal, es decir en un sistema que ha institucionalizado el dominio de lo masculino como primordial, único y desmesuradamente hegemónico. Una de sus representaciones es sin duda el sexismo, que representa la significación de lo considerado masculino como superior y universal.
La diferencia así como la oposición aparente entre lo que significa femenino y masculino tiene bases absolutamente esencialistas donde predomina lo biológico, lo natural y las representaciones sexuales de los cuerpos humanos. Han sido nuevamente los estudios feministas los que permiten advertir que si bien se nace con un cuerpo que visiblemente muestra diferencias biológicas, éstas jamás deben ser razón para provocar una desigualdad social.
Es así como ha surgido con fuerza la perspectiva de género,  categoría creada para afirmar que lo masculino y lo femenino asignado el primero solamente a hombres y el segundo sólo a mujeres es una construcción cultural, no se nace hombre o mujer, la sociedad a través de las instituciones, los mitos y el consenso social construye, diferencia, separa y asigna roles específicos a hombres y mujeres.
Género al demostrar que esto es cultural pone la advertencia que esos comportamientos no son naturales sino que pueden y deben ser opcionales, alternativos, posibles y hasta disyuntivos. Hay muchas formas de ser hombres y de ser mujeres y cada quien puede integrar a su personalidad elementos considerados masculinos y elementos considerados femeninos.
Sin embargo, la sociedad patriarcal no lo acepta y sigue latente su visión inequitativa entre los géneros. Una de sus herramientas más poderos sigue siendo el lenguaje sexista, esas expresiones que ocultan la presencia femenina, que las minimiza, que las agrede, que las excluye, que las desconoce. Provocando la inequidad y la imposibilidad de que hombres y mujeres vivan en escenarios de igualdad de oportunidades.
Quienes no queremos vivir ya en una sociedad patriarcal sino en una sociedad democrática donde la humanidad esté representada por hombres y mujeres con las mismas oportunidades, que no segmente, que no contraponga roles, que no anule la diversidad social, es necesario que trabajemos por un verdadero cambio en las relaciones de género. Un gran paso que elimine el lenguaje sexista. Lograr que exista otra forma de nombrarnos, de identificarnos y de reconocer hace posible la utopía de la equidad de género, de hacer visibles a las mujeres, que reconocer y respeta la diversidad sexual a la vez que logra el equilibrio perfecto entre las desigualdades de género.

Lo femenino y lo masculino en el discurso

En su página web el grupo feminista “Palabra de Mujer” expone con sencillez y hasta con sensibilidad la importancia del uso del lenguaje que no sea sexista, un lenguaje que incluya siempre en sus expresiones a los hombres y a las mujeres. A ellas dicen:
La lucha por el lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, esto es, un lenguaje que no sea utilizado contra nadie como arma de exclusión y opresión en la sociedad. Intentar ser sensibles a usar un lenguaje menos machista y masculinista neutralizando los usos del masculino singular al sustituirlos por otras expresiones o por la inclusión también del femenino singular es un gesto democrático y civilizado, fundamental, como dejar de usar expresiones que podrían herir a grupos que tradicionalmente han sido maltratados, por ejemplo, gente con una sexualidad o con rasgos físicos distintos a los del grupo dominante.
Esta propuesta ha sido aceptada por muchas personas pero también ha sido rechazada por un sector social que no la comprende. Es así como se llega a creer que todo se debe ahora feminizar hasta la ignominia, que el discurso se gasta al estar aclarando que nos dirigimos a un público femenino o masculino, o hasta se copia el tono de un presidente mexicano que con su estilo banalizó un reconocimiento verdadero.
Por desgracia, existen personalidades de gran prestigio en el estudio del lenguaje que niegan rotundamente la importancia del lenguaje inclusivo. Si bien los puntos de vista diferentes son respetados, en nuestro caso tenemos la firme convicción de que el lenguaje inclusivo bien comprendido y aplicado permitirá la desaparición de distinciones jerárquicas y excluyentes que han impuesto a la representación masculina como la única cuando socialmente existe una gran diversidad sexual que debe ser reconocida, respetada y pronunciada, visible en la palabra, existente en el discurso.
¿Es posible hacerlo? La respuesta es sencilla: Sí, auxiliándonos de otros manuales que ya han demostrado la posibilidad del lenguaje inclusivo.
Por lo tanto, partimos de la certeza de que al ser el lenguaje es el instrumento fundamental de la comunicación humana, quien desea hacerlo inclusivo necesita entrar en nuevo contacto con las palabras, un contacto analítico y cuidadoso que busque nombrar la realidad sin discriminar a las mujeres ni reforzar los estereotipos sexuales. Es así como les compartimos las siguientes pautas, retomadas del libro El sexo en la noticia:
Evitar el genérico masculino para dominar a colectivos mixtos, con la finalidad de hacer más visibles a las mujeres.
Procurar aportar una dimensión más abierta y completa de los diferentes roles que cualquier persona desarrolla en la sociedad actual y utilizar los mismos criterios de valorización para los hombres y para las mujeres.
Dar un tratamiento paritario a los hombres y mujeres.
Rechazar los estereotipos de manera que las historias que se explican hagan referencia a personas no a roles tradicionales.
Identificar a las personas por su nombre y apellido, cargo o profesión, obviando los marcadores de sexo (la señora, la señorita…)
Evitar referencia de parentesco (esposa, hija, viuda, amante), siempre y cuando no sea un dato verdaderamente relevante.
Conviene utilizar siempre nombres colectivos en vez del genérico masculino.
Si bien la normativa gramatical obliga a realizar las concordancias en masculino y plural, pueden buscarse fórmulas alternativas
Se debe potenciar la creatividad y la capacidad expresiva de la lengua, usando la imaginación para encontrar nuevas fórmulas lingüísticas que sean respetuosas con las personas y no discriminatorias. Una técnica infalible es hacer la prueba de la inversión, preguntarnos son se aplicarían de la misma manera a protagonistas masculinos.
En todos los manuales de lenguaje inclusivo se reconoce abiertamente que el lenguaje no es sexista por esencia ni por estrategia original, su mejor defensa es que existe en sus contenidos lo femenino, lo masculino y lo neutro. Somos las personas quienes le hemos dado ese tono sexista, somos las personas quienes le hemos dado ese uso. Por eso, está en nuestras propias palabras el transformarlo en un lenguaje inclusivo.

http://expedienteultra.com/el-lenguaje-sexista-reflejo-de-una-sociedad-patriarcal/

3 de octubre de 2017

Las soldaderas de la revolución impulsan los derechos de las mexicanas


A lo largo de la historia el papel de la mujer ha pasado por cambios que han ayudado a darle a ellas los mismos derechos, obligaciones y deseos que le habían pertenecido solo a los hombres. Sin embargo, cien años atrás, ellas fueron vistas con otros ojos.

“Durante la revolución mexicana, surgen mujeres de manos morenas, mujeres jóvenes con la interrogación en sus ojos de lo que sería la muerte. Estas mujeres no son las mujeres que relatan en los libros de historia, son las mujeres que ayudaron a que hubiera una verdadera revolución mexicana. Estas  mujeres son, las soldaderas,” dijo Elena Poniatowska, la famosa escritora mexicana mas conocida por La noche de Tlatelolco, libro publicado en 1971, en una presentación realizada por el Consulado Mexicano en el Chamizal National Memorial.
Pocas mujeres fueron reconocidas en la historia, dijo Poniatowska. La revolución mexicana tuvo varias heroínas que marcaron la diferencia en esa época machista y autoritaria. Algunas de ellas fueron, La Cucaracha, La Generala, y María Pistolas entre otras.  “Sin las soldaderas no hubiera habido Revolución Mexicana. Ellas tenían la única vocación que te salva la vida… dos piernas que te llevan a andar por la vida,” dijo Poniatowska.

Las soldaderas tenían muchas tareas como simples mujercitas con menos merito  que una yegua. Ellas cuidaban, vestían  y alimentaban, a sus soldados, cargaban metates, trincheras, pólvora, y a sus hijos si es qué tenían. Y muy a pesar de todas esas labores. “La pérdida de una yegua era irreparable para el soldado, pero la perdida de una soldadera, pues ni modo,”  dijo ella.

Muchos conocemos a los famosos caudillos de la revolución. Pancho Villa, y Zapata son nombres importantes en la historia mexicana, pero las acciones que envolvieron su fama no son precisamente las que cuentan.
“Pancho Villa fue un desalmado, había crueldad en las actitudes, trataba a las mujeres como objetos, por el contrario, Zapata, las trató muy bien las cuidaba, procuraba y defendía,” explicó Poniatowska.

Los soldados de la revolución arrasaban con ellas. Fueron bonitas, feas, viejas o jóvenes. Se las robaban, violaban y las ponían como escudos cuando se enfrentaban contra otros ejércitos. Ellas caminaban todo el día, porque lógicamente, los caballos eran para los hombres.

“Petra Herrera fue soldadera, pero comenzó a ser generala porque pretendía ser hombre.  La historia no la menciona porque Villa, nunca le dio su lugar porque era simplemente, una mujer,” dijo ella.

Las soldaderas son mostradas como mujeres leales, enamoradas y fieles a sus soldados como la mayoría en el  norte de México. Manuela Oaxaca, una de estas, fue soldadera por amor más que por la guerra. Se casó con un señor de apellido Quinn le dejaría un hijo que se convertiría años después en el famoso actor, Anthony Quinn. Como ella, muchas fueron víctimas de soldados quienes las enamoraban, usaban y dejaban con uno que otro hijo sin hacerse responsables de sus actos.

“La Revolución Mexicana no trajo justicia más que para los que la traicionaron, traer la guerra para traer paz es una gran mentira,” dijo Poniatowska.

Y a pesar de que ellas fueron olvidadas todavía en las escuelas primarias de México las niñas cantan todos los 20 de noviembre, “Yo soy rielera y tengo a mi Juan, él es mi encanto y yo soy su querer cuando me dicen que ya se va el tren adiós mi rielera ya se va tu Juan,” concluyó Poniatowska con la canción celebre de la revolución mexicana.

http://borderzine.com/2010/05/las-soldaderas-de-la-revolucion-impulsan-los-derechos-de-las-mexicanas/

14 de septiembre de 2017

El horror de los burdeles en los campos de concentración nazi.



Un capítulo oscuro de la Alemania nazi, y uno de los secretos mejor guardados durante mucho tiempo, por el silencio (en el caso de las víctimas, por temor y vergüenza y en el caso de sobrevivientes e historiadores, por evitar tocar este tema), y por que "no encajaba bien en la imagen de los campos de concentración como monumentos al sufrimiento" según Robert Sommer, autor del libro, titulado Das KZ Bordel, es el uso que los SS hicieron de miles de mujeres como esclavas sexuales.
Estas esclavas fueron reclutadas en diversos países, y el campo de concentración de mujeres de Ravensbruck fue un lugar de abastecimiento, siendo para los nazis una fuente de ingresos.
La prostitución forzada para la satisfacción sexual de soldados y miembros alemanes de otras organizaciones controladas por los nazis llegó a ser frecuente en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial. Se estima que forzaron a más de 34.000 mujeres de estados ocupados a trabajar como prostitutas para el Tercer Reich. Los burdeles establecidos por el estado nazi eran en un principio para uso de los soldados de la Wehrmacht, oficiales SS y trabajadores extranjeros que trabajan para el Reich. Los nazis trataban a estas mujeres como botín de guerra, y aún cuando eran judías, los soldados del frente podían hacer uso de ellas (en la retaguardia, el contacto con mujeres judías eran castigado).
En 1.942, la guerra comienza a torcerse para Alemania. Heinrich Himmler contempla entonces la necesidad de poner en marcha un sistema para incentivar el rendimiento de los prisioneros de algunos campos, que trabajan en la fabricación de armamento. Diseña un plan de recompensas en cinco fases, de menor a mayor mérito: reducción en la carga laboral, suplementos alimenticios, pagas extraordinarias, aumento del tabaco, y, como premio a la excelencia productiva, una visita al burdel del campo. Los SS utilizaron la excusa de que la prostitución obligada servía para estimular el trabajo de los esclavos de los campos de concentración: mantener la moral de los trabajadores forzados en la producción armamentística y al mismo tiempo evitar la homosexualidad, por lo que a partir de ese año, se abrieron burdeles en 10 campos de concentración, habilitados por orden directa de Himmler, el mayor de ellos en Auschwitz, donde llegó a haber hasta 21 mujeres trabajando a la vez.
Como ejemplo, la firma E.G.Farben, que utilizaba centenares de presos como esclavos, solicitó a la SS un permiso para autorizar a los "trabajadores sobresalientes" a que fueran premiados con la asistencia a los burdeles. Himmler aceptó.
Pero esta estrategia, no funcionó muy bien ya que eran muy pocos los que estaban en condiciones físicas para ir.
El primer burdel se abrió el 11 de junio de 1.942 en el campo de Mauthausen, y el último, a principios de 1.945 en el de Mittelbau-Dora.
Las presas obligadas a prostituirse eran en su mayoría alemanas. El motivo de su detención e internamiento era, en muchos casos, la prostitución callejera, o por contactos con judíos u otros "enemigos del Reich" y se las internaba en Ravensbruck, aunque se han documentado también unos pocos casos de mujeres reclutadas como prostitutas en Bergen-Belsen y Auschwitz.
Una vez en Ravensbruck, se las seleccionaba bajo la promesa de que a los 6 meses serían liberadas, algo que nunca ocurría, y al cabo de un tiempo se las devolvía al campo.
Según relata Olga Lotar, prisionera política en Ravensbruck: "Llegaron oficiales de la SS y comenzaron a mirar a las mujeres. Las clasificaban por peso, altura, color de cabello; para diversos gustos. Al principio los nazis engañaron a las mujeres y les decían que si trabajaban 6 meses como prostitutas serían liberadas. Varias creyeron estas promesas pero luego se dieron cuenta de las mentiras. Luego de ser utilizadas las devolvieron deshechas a Ravensbruck. Regresaban con el cuerpo roto y los ojos apagados. Perdieron todo atisbo de esperanza. Su mundo fue destruido y no tenían voluntad para vivir."
En los burdeles no trabajaban mujeres judías, ni los prisioneros judíos tenían acceso. Además los nazis impusieron una rígida división por "raza", así que los alemanes sólo podían ir con mujeres alemanas, los eslavos con eslavas...
A las mujeres seleccionadas, la mayoría con poco más de 20 años, se les cosía un triangulo negro en la manga, que las distinguía como "asociales", se lavaban, se vestían con ropa de calle y recibían comida de la cocina de los alemanes, recibían un trato distinto al de resto de mujeres. Debían trabajar a diario entre las ocho de la tarde y las diez de la noche.
El burdel estaba situado en casi todos los casos en una barraca a la entrada del campo. Contaban con un dormitorio común para las mujeres, aseo con bañera y habitaciones individuales para su trabajo. Eran los llamados «edificios especiales»
El preso que recibía el derecho a aprovechar los servicios del prostíbulo pasaba un breve examen médico, para detectar si no tenía alguna enfermedad venérea, entregaba dos marcos al funcionario de las SS que gestionaba el negocio (el precio que tenía también un paquete de cigarrillos), y podía subir al piso alto del barracón en el que las presas esperaban a los clientes, vestidas como si fuesen mujeres normales, con ropa bonita y limpia, porque esa sensación de normalidad aumentaba el atractivo de los prostíbulos y el interés de los presos por conseguir el permiso para aprovechar sus servicios.
Según el testimonio de una esclava sexual en Mauthausen: "En las cabañas había pequeñas habitaciones con números. Los hombres antes y después de cada visita se descontaminaban. Cada mujer recibía por día entre 10 a 20 hombres. Los guardianes de las SS nos vigilaban por pequeños agujeros en las puertas. Los hombres debían pagar a los oficiales, que se quedaban con el dinero".
La visita dejaba muy poco espacio para la fantasía. Estaba prohibido hablar y sólo se permitía la posición del misionero. El cliente y la prostituta eran observados permanentemente a través de una mirilla por un guardián de las SS, para asegurarse que se cumplía la prohibición de no hablar, y que redactaba después un informe detallado. El acto tenía que durar un máximo de 20 minutos.
Tras ser utilizadas, se las devolvía a Ravensbruck, donde llegaban hundidas, y donde fueron víctimas de la práctica de abortos y experimentos para investigar sobre enfermedades de transmisión sexual.
La comandancia de los campos ocultaba siempre 2 cosas cuando recibían "visitas oficiales": el crematorio y el burdel.
La existencia de estas instalaciones permaneció oculta después de la guerra.
Las víctimas optaron por callar y renunciaron a pedir indemnizaciones en la Alemania de posguerra, porque no se las consideró trabajadoras forzadas.
Después de la guerra, muchas de estas mujeres tuvieron que vivir con el peso del estigma social que permaneció sobre ellas a pesar de haber sido víctimas de la violencia brutal del sistema nazi.

http://eltrabajonoshacelibres.blogspot.com/2012/11/el-horror-de-los-burdeles-en-los-campos.html

29 de agosto de 2017

El hembrismo: Un mito producto de los miedos machistas.



En la mitología griega una gorgona era un despiadado monstruo femenino. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado. Las gorgonas son a veces representadas con alas de oro, garras de bronce y colmillos de jabalí. Llevaba un cinturón de serpientes entrelazadas como una hebilla y confrontadas entre sí. La única manera de matarla era cortándole la cabeza
¿Espeluznante, no? Pues la misma sensación genera en las personas el mito moderno asociado al desarrollo del feminismo: La hembrista. Siendo un mito “comme il faut” nunca nadie la ha visto, pero todos y todas le tienen terror. Es la suma de todos los miedos del patriarcado y de las mismas mujeres a otras.
Sin embargo, si analizamos la cuestión en estricto rigor, ni la hembrista (ni la feminista radical, ni la feminazi) existe como ser diabólico que deambula por ahí tratando de petrificar hombres con la mirada o exterminarlos en cámaras de gas. Son leyendas urbanas pertenecientes a la mitología patriarcal, rebozada en el caldo de la ignorancia supina.

Definiendo el hembrismo

Al googlear el término “hembrismo” la mayoría de las definiciones son bastante escuetas al señalarlo como opuesto al machismo. Bueno, respetando la definición, el hembrismo sería lo opuesto al machismo, ergo, para saber de qué se trata, hay que ver qué es el machismo.
El machismo, expresión derivada de la palabra “macho“, se define en el DRAE como la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas de manera tradicional como heterosexualmente masculinas y discriminatorias contra las mujeres.
Si el hembrismo es lo contrario del machismo, sería tentativamente: “un conjunto de actitudes y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas como heterosexualmente femeninas y también, discriminatorias contra los varones”. ¿No es esto extraño? Para ser un movimiento tan poderoso que subyuga o pretende subyugar a los hombres y los violenta en la casa, el campo y los juzgados, su desarrollo teórico es muy básico y, oh casualidad, se define por ser reflejo opuesto del machismo, así como lo femenino ha sido definido, desde siempre, como el reflejo opuesto de lo masculino.
Machismo son actitudes, ideas y conductas socializadas, ampliamente aprendidas, con un fuerte refuerzo cultural, por lo tanto, aceptadas y normalizadas. El machismo, entonces, cuenta con un sistema que permite su reproducción. ¿Dónde está el sistema cultural, la práctica social, el respaldo de la tradición, la estructura de apoyo que permite la reproducción de supuesto hembrismo? ¿Quien dice que “las mujeres son así, es normal, es su naturaleza” cuando exhiben conductas que les ganan la etiqueta de hembristas.
Como dice Beatriz Gimeno sobre el mismo concepto: “¿Hay un movimiento, una ideología, un pensamiento, una teoría, unos textos…que defienda que los hombres deben ser sometidos a la desigualdad en la que nos hayamos las mujeres? ¿Que deben ser despojados de sus derechos económicos o políticos, que deben cobrar menos, que se merecen ser objeto de violencia por parte de las mujeres; que deben ser recluidos en sus casas, salir del mundo laboral, del espacio público?”
¿En qué lugar existe un sistema de dominación destinado a subyugar a los hombres, apoyado por las leyes, financiado por la banca global, controlando el poder político y los medios de comunicación para cosificar a los hombres y violentarlos por ser tales? El hembrismo, supuestamente, contribuye a mantener conductas heterosexualmente femeninas; sin embargo, siempre que se califica a alguien de hembrista lo hacemos porque esa mujer ha mostrado conductas asociadas a lo masculino: violencia, agresividad, sentido de la competencia, ambición de poder, etcétera. La contradicción evidente de esto confirma la impronta machista en la raíz del concepto.
¿Qué sistema, ideología, teoría, defiende el mantenimiento de conductas heterosexualmente femeninas? ¿Qué sistema está en la posición privilegiada de definir qué es femenino o no, qué es masculino o no y qué es hembrista o no?
Es penoso que todavía tengamos que dañarnos unas a otras con etiquetas inventadas por el patriarcado. Como si no nos bastara con las canónicas de: santa, madre, virgen, bruja, loca y puta. Ahora está de moda decir “yo soy feminista y quiero la igualdad, no como esas hembristas/feminazis”. Esto es equivalente a decir “yo soy una dama, no como esas mujeres sueltas que andan por ahí” . O sea, “las otras son más malas”. Esto es patriarcado introyectado de alta pureza. Destaco la palabra “otras”, porque es este tipo de elaboraciones lo que nos mantiene en la situación de alteridad que nos impide construir un “nosotras”.
¿Para qué analizar este concepto de hembrismo? Porque a las mujeres nos han educado históricamente para desconfiar de nuestro propio poder y descalificar el poder de las otras mujeres y para confrontarnos por la aprobación masculina. El hembrismo es un invento machista para que las mujeres rechacemos la emancipación de otras, cuando ellas no complacen al patriarcado. Nos hace creer que es malo rebelarse ante la discriminación de género y que existen mujeres rebeldes buenas y malas,  de acuerdo al grado de aprobación que el sistema les concede.
El hembrismo es usado para reforzar la socializacion negativa de las mujeres. Hemos aprendido que sólo bajo la protección y guía de la autoridad masculina estamos seguras que debemos desconfiar de otras mujeres (porque como decía mi abuela, son roba maridos, porque traicionan, porque las mujeres somos volubles y es sólo sometiéndonos que logramos balance, control y tranquilidad). Entonces las hembristas son un peligro para el sistema, porque no buscan su aprobacion y amenazan la socializacion negativa que permite dividir y controlar a las mujeres.
Las mujeres que no tienen sororidad con sus pares o compiten por el poder sin escrúpulos, tienen una lógica patriarcal en su manera de ver el mundo, pero no son hembristas. Son reproductoras del machismo, tanto como aquellas que las acusan de hembrismo. Por lo tanto, lo cuestionable en este caso es el patriarcado y sus modelos de naturalización de las relaciones humanas desiguales, pero no el feminismo.
Descalificar los procesos de autonomía de otras mujeres, es ejercer violencia simbólica con un estereotipo que demoniza la conciencia del poder de las mujeres, como una conducta agresiva extrema. Llamar hembrista a otras mujeres es estar de acuerdo que el patriarcado tiene aún el derecho de definir y decirnos qué feminismos aceptar, que procesos de emancipación son más legítimos o no, qué mujeres son buenas y cuáles malas dentro de los movimientos o no. Implica admitir que es correcto excluir mediante etiquetas y estereotipos a aquellas mujeres cuyo tránsito hacia su propia liberación parece más amenazante que el de las otras.
La hembrista, si es que existiera, no sería jamás un peligro para las mujeres que buscan autonomía, sino para el sistema de opresión, sus opresorxs y reproductorxs. El hembrismo es el mito inventado por el machismo para no admitir su miedo a la mujer sin miedo.

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