16 de febrero de 2018

¿Qué pasa con las mujeres?



Oxfam Intermón crea una web para que se informe mejor en los medios sobre las violencias que sufren las mujeres
Víctimas, súper heroínas que todo lo pueden o simplemente invisibles. Esta es la imagen más común que transmiten los medios de las mujeres. Y tiene que cambiar. Así lo cree Oxfam Intermón. La organización ha lanzado este jueves la web Periodismo contra las violencias machistas, una herramienta para que los periodistas y los profesionales de la comunicación “incluyan a las mujeres como expertas, no caigan en estereotipos y usen un lenguaje no sexista”.
“Los medios de comunicación estamos repitiendo estereotipos. Hablamos de asesinadas y no de los hombres que matan. Tenemos que hacer una autocrítica”, ha dicho Magda Bandera, coordinadora de esta web y directora de La Marea, durante la presentación en Madrid. El lenguaje que se usa, ha indicado la periodista, es muy importante. “Las mujeres no mueren. Nos matan”, ha ejemplificado. Por eso, a él está dedicado uno de los cinco módulos en los que se divide la página, que está pensada como un taller práctico con tests, glosarios, sugerencias y ejercicios.
Para tornar el esterotipo que se cierne sobre las mujeres, en opinión de Bandera, es necesario que se “cambie la mirada”. En este sentido, Montserrat Boix, periodista de TVE, preguntaba: “¿A quién entrevistamos? Trabajar con la lógica de género significa cuestionarse: ¿Y qué pasa con las mujeres? Si no, estamos haciendo un periodismo sesgado y androcéntrico. Y yo quiero hacer buen periodismo”.

Coincide en este punto Marcela Ospina, directora de comunicación de Oxfam Intermón. “Consideramos que perpetuar y caer en estereotipos sexistas es violencia contra las mujeres. Pero, además, no contar con su mirada a la hora de ejercer el oficio no es profesional, ya que excluye ni más ni menos que a la mitad de la población”, ha señalado. “En uno de los módulos, también abordamos la violencia simbólica. Como la invisibilidad de las mujeres”, ha anotado Bandera.
Para lograr los objetivos de no caer en estereotipos, ni olvidar las voces femeninas, Boix cree que “es importante el compromiso personal, pero no hay que olvidar que tenemos dos leyes que enmarcan el papel de los medios de comunicación en este asunto”. Se refería así a que la televisión en la que trabaja, por su carácter público, tiene que respetar la legalidad en cuanto al tratamiento informativo de las violencias machistas y otras cuestiones de género que además están recogidas en su plan de igualdad. Ella es muy peleona y se empeña en que sea cumplido, pero en su intervención ha reivindicado la labor de las asociaciones de mujeres. “No estaríamos hoy aquí sin las organizaciones que han estado contando a las asesinadas y que han reivindicado que no eran asesinatos anecdóticos, sino que tienen que ver con una lógica machista y de desigualdad”, ha dicho.

Y quien tenga la tentación de creer que todo esto está ya superado y no necesita de la formación que provee la página de Oxfam, se equivoca, según Bandera. Pero se puede comprobar en la web, donde varios cuestionarios pasan examen a las prácticas del periodista que responde.
“No hay mucha sensibilización en las redacciones. Creemos que en España ya no se lee lo de crimen pasional y sí ocurre. Cometemos muchos errores de concepto”, ha subrayado. En este sentido, la activista y periodista colombiana Jineth Bedoya ha criticado que los esfuerzos que se hacen a nivel global desde los medios de comunicación “son muy pocos” frente a la magnitud de la crisis. “La ONU ha dicho que la violencia contra las mujeres es una pandemia. Las cifras son dramáticas y nos quedamos en ellas. Pero no nos hemos metido en la investigación de fondo. Esta herramienta nos permite que nos salgamos de la zona de confort del periodismo”, ha afirmado. “Las redacciones en general son muy machistas. Hay que dar una batalla muy fuerte para posicionar los temas de género que todavía están en el último nivel, tras los temas judiciales, políticos, deportes… Las mujeres no son una prioridad”, ha zanjado.
Cinco consejos de las expertas
Uno por módulo. Navegamos por la web de Oxfam y estas son algunas de las lecciones que recogen, con ejemplos reales de los errores cometidos en medios:

1. Cambiar la mirada

La realidad es que las mujeres aparecen como sujetos de las noticias en un porcentaje notablemente inferior al de los hombres. En España, por ejemplo, lo hacen en un 30% de los casos. El porcentaje se eleva hasta el 51% del total en las informaciones sobre crímenes y violencia. Son datos del Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP) —el principal estudio sobre género y medios de comunicación a nivel mundial— elaborado en 2015, señalan las autoras de la página. Una de las indicaciones que dan a los profesionales es: “A la hora de seleccionar las fuentes, fíjate cuántas de ellas son mujeres. A continuación, analiza qué rol desempeñan: ¿son víctimas, testimonios, protagonistas, expertas?”.

2. Estereotipos y lenguaje

El uso del masculino por sistema para describir realidades que afectan tanto a hombres como a mujeres puede resultar correcta en términos académicos, pero supone uno de los principales mecanismos de discriminación y una de las razones por las que en algunos ámbitos existen pocos referentes femeninos. ¿Una de sus sugerencias? Usar genéricos en vez de los términos masculinos: ciudadanía en lugar de ciudadanos o ejército sustituyendo a militares, por ejemplo.

3. Mujeres invisibles

Las mujeres que aparecen en los medios de comunicación en calidad de expertas representan un 9% del total de especialistas, según el Proyecto de Monitoreo Global de Medios de 2015 (GMMP). En secciones consideradas “duras” como política, economía e internacional su ausencia es aún más notable. La situación empeora en ciencia y tecnología. “Podemos conseguir o rozar el equilibrio numérico, pero si las cuatro voces femeninas seleccionadas son mujeres que hablan en calidad de víctimas o testimonios, y las masculinas son expertos que analizan lo que les sucede a ellas, estaremos reforzando los estereotipos machistas”, señala el texto formativo.

4. Violencias machistas

En España, por ejemplo, en torno a 60 mujeres son asesinadas cada año por sus parejas o ex parejas, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Este organismo solo registra a las víctimas que se ajustan a la definición de la Ley Integral contra la Violencia de Género, aprobada en 2004. Proyectos como feminicidio.net amplían esa cifra hasta más de 100 víctimas anuales, al incluir en su registro a todas las mujeres asesinadas por el mero hecho de serlo, con independencia de que previamente hubieran podido mantener o no una relación íntima con sus agresores. Para evitar el efecto “narcotizador” de algunas informaciones, proponen tener en cuenta las siguientes claves, entre muchas:

La violencia de género no es un suceso y hay que evitar detalles escabrosos o sensacionalistas a la par que no limitarse a narrar una serie de hechos sin explicar el contexto en el que se producen.
La única causa es el machismo. Según la definición consensuada en 1995 en la Plataforma para la Acción de Beijing, “la violencia contra la mujer es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres”. Por tanto, no se debe buscar la justificación que pueda alegar un homicida o su defensa en cada asesinato concreto: celos, efecto del alcohol o las drogas, arrebatos, problemas psicológicos, económicos…
Mejorar la narración: lograr que las historias sean atractivas sin banalizar los hechos, buscando enfoques distintos y cuidando el estilo.
Mantener el contador activo: informar sobre los asesinatos como si fuesen casos aislados mediante un relato fragmentado dificulta que la violencia machista se perciba como un problema global.
Lenguaje. Unos ejemplos: usaremos las expresiones violencia machista, violencia de género, violencia sexista, violencia masculina, feminicidio y femicidio cuando hablemos del asesinato de una mujer por el hecho de serlo. Rechazaremos los términos violencia doméstica, violencia de pareja, violencia familiar y crimen pasional.

5. Guía de redacción

En este módulo se realizan muchas recomendaciones. Entre ellas, como primer paso que el periodista, al preparar un tema, se pregunte cómo puede aplicar una perspectiva de género en su tratamiento.

https://elpais.com/elpais/2017/10/26/mujeres/1509035786_068930.html

13 de febrero de 2018

Autoestima y Género. La autoestima en la mira feminista.



Tendencias políticas y autoestima

En la actualidad hay dos grandes vertientes de la autoestima. La más difundida por la
mercadotecnia y las tecnologías educativas conservadoras es idealista, conservadora
y fundamentalmente patriarcal. Forma parte de los estímulos ideológicos al
individualismo y al voluntarismo psicologista. Elude el análisis de las causas concretas
de los problemas de autoestima. Y pretende crear métodos terapéuticos o de
autoconsumo para mejorar la autoestima sin cambiar el mundo. Su objetivo es sólo
cambiar hábitos, imágenes, formas de hacer algunas cosas, actitudes y
comportamientos para adaptar a las mujeres al sentido conservador de la modernidad:
ocuparse de sí mismas, para tener éxito de acuerdo con los valores hegemónicos y
para sentirse dichosas con ese sentido de realización personal.

Desde esta visión light es posible incluso afirmar la autoestima en la servidumbre
familiar, laboral, conyugal. Se concibe la autoestima como una experiencia intrínseca e
ideológica basada en la voluntad. Se considera a la autoestima como universal y por
ello se trata de manera indistinta a mujeres y a hombres. No se reconoce la
importancia de la diferencia sexual y tampoco de las configuraciones de género no
sólo en la conformación de la autoestima sino de la vida misma. Está ausente en esta concepción la perspectiva sociopolítica que relaciona la autoestima con el género y la
clase, la etnicidad, la condición cultural. Se trata, en cambio, de una visión esencialista
y ahistórica, y conduce a visiones reduccionistas en cuanto a la atención de la
problemática vital. Contribuye, asimismo, a despolitizar la existencia y así fomenta el
conformismo y una experiencia omnipotente.

Desde luego, desde esta tendencia se enfocan y atienden problemas de relación, se
analizan, por ejemplo, algunos problemas de relaciones hostiles o nocivas como
enfermedades o adicciones, se atribuye un origen natural a problemas de seguridad y
confianza, las dificultades para alcanzar metas y objetivos son definidas como
fracasos, y se le apuesta al autocontrol como recurso disciplinario que conducirá a la
asertividad y a la valoración. A esta visión la conocemos como Enciende tu vida, o
Cree en ti, o cosas similares. Desde su propio mercadeo, ofrece el control total de tu
vida, la elevación de tus cualidades espirituales y el logro de tu felicidad.

La influencia de esta tendencia se da a través de terapias, cursos, seminarios, revistas
para mujeres, de modas y del hogar; también a través de programas de radio y
televisión. Incide sobre todo en personas ricas o que aspiran a ascender. Y, a pesar de
que no están dirigidos específicamente a mujeres, acuden a su llamado sobre todo
mujeres que sufren y encuentran en esta tecnología alivio a muchos problemas que
las agobian. La atención de la autoestima les conduce a ocuparse de sí, a reflexionar y
mejorar, a cambiar algunas de sus conductas. Este tipo de terapia condiciona, de
hecho, formas de adaptación funcional al mundo, e impide el desarrollo de una
conciencia de sí, de una conciencia crítica de género.

La autoestima ubicada en la perspectiva feminista tiene otros contenidos. La reflexión
sobre esta problemática proviene de la crítica deconstructiva de concepciones que
colocan las transformaciones externas a la persona y las metas sociales y políticas
colectivas por encima de las necesidades y la realización personal. Algunas ideologías
de la vieja izquierda han sobrevalorado a los sujetos colectivos y sus causas en
detrimento de los sujetos individuales, y han promovido una moral sacrificial: no
importa el estado de las personas, sino el logro de transformaciones colectivas. Más
aún, hicieron depender de los grandes cambios sociales y culturales la mejora de las
condiciones individuales. Desde esa ideología han promovido una mentalidad idealista
al omitir a la persona en el análisis político o reducirla a receptáculo de las condiciones
sociales. La tesis es muy simple: al mejorar las condiciones, mejora automáticamente
cada quien y además lo hace en cumplimiento de la doctrina y de realizar una utopía.

La omisión de la persona tiene su fundamento en la crítica al individualismo excluyente
e inequitativo asociado a intereses de clase egoístas, y a la derecha. Desde esa
izquierda, reivindicar a la persona es un atentado a la cohesión grupal o comunitaria yse considera muestra de insolidaridad. En tal esquema, la individualidad y la persona
se oponen al colectivo y a la solidaridad, como valor antagónico e incompatible con la
colectividad. La anulación de la persona corresponde con una visión profundamente
autoritaria del poder en la que no hay personas, sino grupos y corporaciones que viven
en pos de ideales y, por ende, de los fines colectivos. Desde cualquier autoritarismo,
de izquierda o de derecha, es posible anteponer intereses generales, colectivos o
públicos, a los intereses particulares, individuales, personales y privados.

Mujeres de diversas épocas han participado en movimientos sociales y políticos que
han buscado transformar el mundo en beneficio de las mayorías. Anhelantes de
transformar sus Propias vidas, de eliminar las injusticias en carne propia, han
encontrado en esos movimientos el discurso de la equidad, la configuración de la
libertad, la convergencia con otros seres sedientos de alcanzar los mismos fines. A
pesar de haber concretado algunas de sus aspiraciones sociales y políticas, la
mayoría de las mujeres comprometidas no logró transformar positivamente sus
existencias de manera integral. En ese camino muchas murieron, otras expusieron sus
vidas o perdieron su libertad, otras más asumieron formas de vida precarias y
peligrosas. Según las épocas y los procesos, algunas consiguieron cambiar
condiciones sociales, ideologías, hasta regímenes políticos, y mejoraron sus
condiciones sociales. Sin embargo, algo ha faltado. Hay una carencia: ¿De esto se
trataba? ¿Para lograr esta estrechez vital hemos vivido tanto pesar?

La reflexión sobre lo personal proviene de la crítica a esa forma de participar con la
creencia de que automáticamente al ganar un partido, al desmontar un régimen
político o un sistema económico, o cualquier cambio social promovido por un
movimiento puntual, todo mejoraría y, al sobrevenir, la misma vida cambiaría en
aquellos aspectos íntimos, profundos, personales, que han impulsado a muchas
mujeres a apoyar pequeñas y enormes causas y a realizar grandes acciones. Por el
contrario, para participar así, muchas mujeres han debido truncar su propio desarrollo
y traicionar sus deseos por sí mismas, a favor de la causa y vivir ignominias en pos de
ideales, incluso por parte de sus compañeras y compañeros o de las organizaciones
que han contribuido a formar. Tras un tiempo resurge en algunas de ellas el anhelo de
sentirse bien internamente y la necesidad de que ese anhelo sea legítimo.

El feminismo de los años 60 y principio de los 70 recogió en muchos países el deseo
de las mujeres que padecen el malestar sin nombre'. En aquel entonces, se refería a
mujeres norteamericanas, clase medieras educadas, que cumplían con todos los
anhelos matrimoniales, familiares, incluso de buen nivel de vida y, no obstante, vivían
depresión y malestares sin fin. Se sentían atrapadas y paralizadas. Vivían como viven
millones de mujeres en el mundo, para apoyar el desarrollo y la realización de sus millones de mujeres en el mundo, para apoyar el desarrollo y la realización de sus seres queridos, eso las deprimía. Eran tratadas por la psicología y no bastaba.

Ellas fueron, en parte, quienes se rebelaron y participaron en movimientos sociales,
sexuales, pacifistas y feministas; al emanciparse, proclamaron que lo personal es
político.
Un aporte radical de los feminismos de las últimas décadas del siglo XX y principios
del XXI, consiste en que la participación de estas mujeres no ha tenido que ver con
causas generales y difusas: al dirigir la política a las mujeres mismas, como categoría
social y como individuas, se conectan desde ahí con otros procesos sociales y políticos. Han hecho de la causa de las mujeres su prioridad. Han colocado el tiempo y el espacio como parámetros de realización utópica y han dicho: aquí), ahora.
Han ubicado su ámbito y lo limitan entre la vida cotidiana, las redes de relaciones sociales y
el Estado. La causa avanza y se extiende a mujeres de todos los confines, muchas de
ellas provenientes de tradiciones históricas y procesos políticos muy diversos.

La dimensión personal de la realización trascendente define la innovación del
feminismo del siglo XX, y complejiza la profunda tradición social de compromiso ético
con las mayorías y por eliminar formas de dominación como la explotación y la
opresión, prevalecientes en períodos anteriores. "Ha llegado la hora de invertir el lema
feminista y proclamar que lo político es personal`. No se cambia una prioridad por otra,
sino que el feminismo se enriquece y abarca todas las dimensiones: desde lo
individual hasta lo colectivo, lo privado y lo público, y va de la sociedad al Estado, de la
cultura a las prácticas sociales. Unas feministas ponen el acento en unos ámbitos y
otras en Otros. Todas han acertado.

Otra vertiente más reciente en la reflexión sobre la autoestima surge de la
participación social de mujeres en procesos de desarrollo y de intervención política.
Mujeres que luchan (así se conciben) por distintas causas, incluso por la causa de las
mujeres que tras unos años de grandes esfuerzos continúan viviendo los mismos
problemas y afrentas personales, mujeres que tras liderar procesos, en momentos
cruciales, dimiten; mujeres que con toda la convicción no han tenido la fuerza para
participar o que han sido muy lastimadas con el asedio, la competencia y un sinfín de
obstáculos.

Se ha desvanecido la ilusión de que la fuerza de las convicciones es suficiente para
tener fortaleza personal, o de que el éxito y los avances políticos de género se
traducen en mejoras personales de quienes los impulsan. Se reconoce que aun
mujeres que están en posiciones de avanzada viven formas de opresión y violencia
que las dañan, y no tienen recursos para evitarlo ni para superarlo. La participación
política a secas ha dejado de ser la piedra filosofal. Hoy hacemos una crítica a la
participación política en condiciones de desigualdad y minoría en espacios políticos y
con las maneras y estilos, los usos y las costumbres patriarcales, idealizada con el
velo de la igualdad.

http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2018/02/autoestima-y-genero-la-autoestima
https://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/marcela_lagarde/autoestima.pdf

9 de febrero de 2018

Publicidad sexista, la naturalización de los roles de género.


A toda hora nos vemos rodeados de publicidades que intentan convencernos de adquirir determinados productos en el mercado, enviándonos mensajes constantemente sobre lo que debemos querer ser o tener,  manteniendo determinadas ideas y creencias sociales, y colaborando activamente con el mantenimiento de imágenes estereotipadas de mujeres y varones, reproduciendo y perpetuando desigualdades de género.
El género es una construcción social que encasilla a cada uno de los sexos en un "deber ser" dentro de la sociedad.  "Los sistemas de género (…) son sistemas binarios que oponen el hombre a la mujer, lo masculino a lo femenino, y esto, por lo general, no en un plan de igualdad sino en un orden jerárquico” (Conway, Bourque, Scott en Lamas, M; 2003; 6) Es así que las normas de genero definen el papel subordinando de la mujer, su posición en la división sexual del trabajo, su lugar y rol en la familia etc.
Desde la publicidad se reflejan estos estereotipos de género continuamente, promoviendo idearios tanto de mujeres como de varones, llegando a las personas y transmitiéndoles determinados comportamientos, hábitos, formas y hasta lo que deben desear o a lo que aspirar dependiendo del género al cual pertenecen. En el caso de las mujeres nunca falta su protagonismo en las publicidades de productos de vinculados al hogar o a la belleza femenina.
La construcción de estereotipos de género en la sociedad se da y transmite desde variados lugares, desde las instituciones (religiosas, educativas etc.), los medios de comunicación, a través de la cultura y las costumbres ya instauradas en la sociedad, por lo cual son incorporados casi de forma autómata con el transcurso de la socialización, en general sin cuestionar a donde nos conduce todo ello, donde radican las consecuencias de entender a hombres y mujeres como desiguales.
Por ello desde ámbitos como la publicidad se debe hacer un manejo responsable de los mensajes que se emiten, muchas veces la violencia simbólica que se ejerce contra la mujer desde múltiples publicidades contribuye directamente a un imaginario colectivo sexista que nada aporta a una sociedad más igualitaria. 
Si observamos la regulación internacional respecto a esta temática encontramos desde los noventa declaraciones y conferencias que abogaron por incentivar a los Estados a intervenir y tomar estrategias contra la reproducción de estereotipos femeninos, masculinos y de niñas y niños : en 1992 la Declaración de Atenas apelo a la modificación de los estereotipos de hombres y mujeres en los medios de comunicación; en 1995 en la Conferencia de Pekin se desarrolló un plan de actuación para los gobiernos en busca de estrategias para no promover dichos estereotipos; y en la Conferencia de Nueva Delhi en 1997 se aprobaron cuatro medidas vinculadas a promover el protagonismo de las mujeres en el ámbito político a través de los medios de comunicación.
Se denota el reconocimiento de la necesidad de una intervención desde los Estados a la regulación de la publicidad, y los mensajes que se envían desde los medios masivos de comunicación que llegan constantemente a la sociedad, y que colaboran claramente con el desarrollo de la violencia simbólica hacía la mujer cuyas consecuencias se pueden ver manifiestas de formas mucho más duras a través de la formación de una sociedad machista con roles de género determinados y aparentemente inamovibles, reproducidos una y otra vez en las publicidades.
España ha sido el país pionero respecto a este tipo de regulación, en 2004 aprobó la Ley orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género, declarando ilícita toda comunicación comercial que use la imagen de la mujer de manera vejatoria, que la cosifique a través del uso de su cuerpo, y que reproduzca imágenes estereotipadas que pueden producir violencia de genero.
Argentina por otro lado, aprobó  en 2009  la Ley 26.485 de protección integral a las mujeres (Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales)en cuyo artículo n° 6 identifica la violencia mediática contra las mujeres como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.”
En el caso de Uruguay solo podemos encontrar un acercamiento a estas normativas en la Ley 19.307Ley de medios, regulación de la prestación de servicios de radio, televisión y otros servicios de comunicación audiovisual la cual en su artículo nº 28 (Derecho a la no discriminación) expresa “ Los servicios de comunicación audiovisual no podrán difundir contenidos que inciten o hagan apología de la discriminación y el odio nacional, racial o religioso, que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, sea motivada por su raza, etnia, sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, discapacidad, identidad cultural, lugar de nacimiento, credo o condición socioeconómica…)si bien dicho artículo procura evitar enviar mensajes que inciten a la discriminación o la violencia contra determinados grupos, resulta  extremadamente general y no hace precisión sobre la publicidad discriminatoria que ejerce violencia mediática sobre las mujeres a la cual venimos refiriendo.
Resulta esencial que desde la publicidad se haga un manejo responsable de las ideas y mensajes que se emiten, para no contribuir así con la naturalización de roles de género que nos alejan de una sociedad plural, solidaria e igualitaria.

http://www.cotidianomujer.org.uy

8 de febrero de 2018

Una nueva cultura de género.


La nueva cultura de género enmarcada en el feminismo, se basa  en la mismidad, la sororidad y la solidaridad, como valores éticos y como metodologías políticas para generarla. No obstante no son sólo puntos de partida sino además fines de esa cultura. Son también los finos hilos del sentido  que guía nuestras decisiones y prioridades y nuestros procederes.

La solidaridad entre mujeres y hombres se apoya en la igualdad  como principio ético-político de las relaciones entre los géneros, y en la justicia genérica como un objetivo compartido por mujeres y hombres. La solidaridad se concreta  en el consenso a la igual valía de los géneros y en el apoyo social equitativo a la realización de las potencialidades humanas de las personas de ambos géneros. La solidaridad entre mujeres y hombres precisa el reconocimiento de la humanidad del otro, de la otra, y la posibilidad de identificar las semejanzas y las diferencias como tales y no como desigualdades. Esta solidaridad intergenérica se apoya en la defensa de la libertad y del poderío personales y colectivos para ambos géneros, así como en la posibilidad de establecer pactos justos y paritarios entre mujeres y hombres. La solidaridad genérica surge de la empatía entre iguales y distintos que suman esfuerzos vitales de diversa índole para actuar en el mundo. Para que se desarrolle esta solidaridad es preciso que no existan jerarquías previas de género y sea desterrado el mito que afirma a través de diversas ideologías y discursos, que la materia de la relación entre mujeres y hombres es, sobre todas las cosas, la sexualidad. Las mujeres y los hombres pueden establecer diversidad de relaciones y realizar infinidad de actividades que requieren imaginario, discursos y  legitimidad. La ampliación de los fines del encuentro entre mujeres y hombres es imprescindible para construir entre ellos la conciencia y la ética de ser congéneres y coterráneos, copartícipes en el mundo.

 La sororidad es una solidaridad específica, la que se da entre las mujeres que por encima de sus diferencias y antagonismos se deciden por desterrar la misoginia y sumar esfuerzos, voluntades y capacidades, y pactan asociarse para potenciar su poderío y  eliminar el patriarcalismo de sus vidas y del mundo.

La sororidad es en sí misma un potencial y una fuerza política porque trastoca un pilar patriarcal: la prohibición de la alianza de las mujeres y permite enfrentar la enemistad genérica,  que patriarcalmente estimula entre las mujeres la competencia, la descalificación y el daño. Nada más dramático y doloroso para las mujeres que ser sometidas a misoginia por las pares de género, por las semejantes (Lagarde, 1989). Lograr la alianza y usarla para cambiar radicalmente la vida y remontar la particularidad genérica (Heller, 1980), reconstituye a las mujeres y es un camino real para ocupar espacios, lograr derechos, consolidar protecciones entre mujeres y eliminar el aislamiento, la desvalía y el abandono. La sororidad es asimismo un camino para valorizar la identidad de género y lograr la autoafirmación de cada mujer. Apoyadas unas en las otras sin ser idénticas, sino reconociendo las diferencias entre ellas, las mujeres pueden pactar entre sí, siempre y cuando se reconozcan como sujetas, en este sentido, como pactantes. Enfrentar la opresión implica hacerlo también entre las mujeres. La sororidad, como alianza feminista  entre las mujeres, es indispensable para enfrentar la vida y cambiar la correlación de poderes en el mundo.

El nuevo orden de géneros requiere una voluntad histórica que desvíe el sentido actual y contribuya a disminuir las asimetrías entre los géneros y la desigualdad en la calidad de la vida de mujeres y hombres. Las políticas sociales deben encaminarse a lograr el desarrollo sustentable con equidad entre mujeres y hombres.

La construcción de derechos humanos paritarios se apoya en el principio de las reivindicaciones vitales a partir del cual se valora la vida humana. La primera reivindicación vital es que ninguna vida humana vale más que otra. Una segunda reivindicación vital consiste en no aceptar que las personas estén condenadas a tener una vida breve o miserable por su nacionalidad, su clase, su raza,  su sexo y su género .La filosofía en que se apoyan la legitimidad ética y la viabilidad política de las reivindicaciones vitales es su universalismo “...como el hilo común que une las exigencias del desarrollo humano de la actualidad con las exigencias del desarrollo del mañana... la meta no puede consistir en sostener la privación humana... Así, desarrollo humano y carácter sostenible son los componentes esenciales de la misma ética universalista de las reivindicaciones vitales” (IDH, 1994:15). El principio político para el logro de las reivindicaciones vitales es la equidad individual y colectiva en las oportunidades para hacer uso de las capacidades vitales.

 De no caminar por esta senda, la dominación patriarcal se agudizará y se ampliará la brecha entre mujeres y hombres,  aumentarán la feminización de la pobreza, la marginación de las mujeres, el feminicidio (individual o tumultuario). Aumentará también la disputa patriarcal entre los hombres, crecerá la expropiación de millones de ellos realizada por cada vez menos hombres y sus poderosos mecanismos e instituciones, y con el neoliberalismo se agudizarán  el machismo y la violencia de unos hombres contra otros.

 Si no enfrentamos con eficacia y efectividad el sentido patriarcal de la vida, cada  año y cada día que pase, en lugar de aminorar los sexismos, se sumarán a otras formas de dominación nacional, de clase, etnocida. Los sexismos, como hasta ahora, serán atizados y combustible para los neofascismos, la fobia a los extranjeros, a las personas de otras opciones políticas, de otras creencias y prácticas religiosas o mágicas, sexuales, estéticas. La fobia a los otros, a las otras se reproduce por el fomento de la desidentificación entre personas diferentes. Esta  creencia dogmática refuerza la tesis de que sólo pueden identificarse positivamente entre sí las personas y los grupos semejantes.  La fobia al otro, a la otra, como sustrato cultural y de autoidentidad llega al extremo cuando el horror, el rechazo y el daño se legitiman y abarcan a cualquiera.

Hoy constatamos que a pesar de los impulsos democratizadores, de las enormes energías vitales que en el mundo han permitido el avance de una cultura basada en la ética y en la práctica de vida de los derechos humanos, apenas se han difundido en algunas regiones y  esta filosofía es patrimonio de unos cuantos millones. Miles de millones de personas viven enajenadas por modos de vida miserables y sometidos a todo tipo de opresiones, y a su vez, asumen filosofías, ideologías, credos y creencias  fundamentalistas legitimadoras de las mismas opresiones que les agobian y de otras más.

De los millones de personas que comparten una filosofía basada en la dignidad humana, hay muchos y muchas que todavía no abarcan en su visión humanista a las mujeres. Hay quienes luchan por la causa de los derechos humanos de los pobres, los ancianos, los desaparecidos y  los perseguidos políticos,  los indígenas,  los discapacitados, las personas violentadas, los analfabetas, los asilados, los niños de la calle, los mutilados de guerra, los desempleados, las personas de la tercera edad, y así podríamos incluir en nuestro listado a todos los desheredados y los excluidos por diversas opresiones y daños.

Sin embargo, muchas personas aún no luchan por la causa de las mujeres. Y entre quienes lo hacen, algunas personas prefieren matizar el punto y decir que sí, que están de acuerdo,  pero no con el feminismo porque les parece muy radical, producto de las locuras de algunas clasemedieras o metropolitanas, o intelectuales, o urbanas, o letradas. El hecho es que el feminismo no es aceptable para muchas mujeres.  Para calmar su vocación humanista, o para no aparecer como sexistas, argumentan que el feminismo está pasado de moda, superado, que es inadecuado, anticuado, ineficiente y hasta contrario a las mujeres.

El feminismo ha sido la filosofía y la acumulación política ideada y vivida por millones de mujeres de diferentes épocas, naciones, culturas, idiomas, religiones e ideologías  que ni siquiera han coincidido en el tiempo pero lo han hecho en la búsqueda y la construcción de la humanidad de las mujeres. Sí, en efecto el feminismo es radical y cómo no habría de serlo si se ha echado a cuestas ser espacio, encuentro y principio de mujeres que por su propia experiencia han dicho basta a la dominación patriarcal y lo han hecho en todos los tonos imaginables, en  diversos discursos, pero con acciones y convicciones similares.

Las mujeres feministas han luchado democráticamente. Violentadas ellas mismas o sensibles a la opresión de todas, no han desarrollado filosofías vengativas ni golpistas no han imaginado mundos al revés de dominio femenino, ni sistemas de alternancia en el poder; tampoco han desplegado ideologías sexistas de tipo revanchista.

En el feminismo se han desarrollado opciones críticas de oposición al patriarcado, y se han construido alternativas sociales cohesionadoras para la convivencia de mujeres y hombres. Tal vez la sustancia más radical del feminismo es su vocación afirmativa, incluyente de todos los sujetos y de todas las personas a partir de pactos democráticos, preservadora de los recursos del mundo. Su radicalidad de género se encuentra en la certeza inclusiva de mujeres y hombres en relaciones basadas en la equidad, la igualdad de oportunidades y la democracia.

El feminismo sintetiza los esfuerzos por construir ahora un mundo que sea la casa acogedora y propia de mujeres y hombres quienes de manera paritaria puedan reunirse, dialogar, pactar, intercambiar y compartir para coexistir. Como el feminismo pasa por la existencia de cada persona, quienes viven cotidianamente  esta alternativa renuevan sus condiciones de género, se despojan de enajenaciones opresivas y se constituyen en humanas y humanos plenos.

El mundo contemporáneo requiere asumir el feminismo y no rechazarlo ni satanizarlo. Si lo incorpora en las grandes visiones de la vida ganará, acelerará procesos, contará con protagonistas imbuidos de una pasión renovadora de la vida y comprometidos con la ética del cuidado. Si no lo hace derrochará recursos democráticos, envilecerá y no reencontrará el camino. El paso del tiempo no asegura que se resuelvan las disparidades entre mujeres y hombres. Necesitamos darle contenido, sentido y riqueza a ese tiempo. Necesitamos la voluntad genérica para cambiar y cambiarnos. Y, no se vale que dilapidemos las creaciones culturales ni la historia.

La cultura feminista es la máxima creación consciente, voluntaria y colectiva de las mujeres en tanto filosofía y es el esfuerzo práctico que más ha marcado la vida de mujeres que ni se conocen entre sí, que han obtenido mejores condiciones sociales para vivir y ha moldeado su propia condición humana. Y no hay duda que el mundo actual es más vivible para cantidad de mujeres y hombres por las transformaciones de bienestar impulsadas desde el feminismo.

La causa feminista es la causa de cada mujer, y de más y más mujeres, por la construcción de su dignidad humana y de su libertad. Es más fácil enunciarla como una causa global y abarcadora,  porque no se limita a unas cuantas o a ciertas mujeres, compete a todas y es menos difícil luchar por ella de manera genérica para todas, que hacerlo sólo para las discapacitadas, sólo para las analfabetas, sólo para las pobres o las exiliadas. Porque todas las mujeres somos relativamente discapacitadas, todas somos analfabetas, todas tenemos problemas con una salud precaria y siempre secundaria frente a la de otros; porque todas somos pobres y desposeídas; porque todas estamos sometidas a dominios diversos y carecemos de poderíos indispensables; porque estamos exiliadas en la tierra, en nuestros países, en nuestras comunidades y en nuestras casas. Y, ¿cómo no habríamos de estarlo si estamos exiliadas de nuestras propias, vidas consagradas siempre a otros?

Queremos aposentarnos en un mundo que anhelamos nuestro, queremos un pedazo de tierra y no para yacer en él después de la muerte sino para pararnos en él, vivir en él y de él, y tener un lugar propio. Sí, es más fácil luchar por los derechos de las humanas a la equidad y a la libertad porque todas vivimos bajo normas inequitativas y  aunque seamos habitantes antiguas de estas tierras, aunque hayamos amasado con nuestras manos la realidad y la hayamos construido palmo a palmo, todas estamos cautivas en este mundo.

 La  cultura democrática de género tiene sentido si se plasma en la posibilidad de elevar la calidad de la vida cada quien, en particular de las mujeres. Si se concreta en el cambio de la condición femenina de  seres-para-otros,  en que cada mujer pueda ser-para-sí, es decir, en la construcción de la mismidad en personas cuya existencia ha supuesto la negación del yo misma como valor positivo. Pero es preciso también cambiar el contenido de la condición y de las identidades masculinas y que cada varón pueda ser-para-sí, que también lo constituya la mismidad, pero no como producto de la dominación de otros, en particular de otras, sino como evidencia de su afirmación democrática. La mismidad contenida en la democracia genérica es entonces el producto de la satisfacción de  necesidades,  deseos y  reivindicaciones vitales de cada mujer y  cada hombre. La mismidad de mujeres y hombres es el fruto más precioso de la democracia de género, tiene como contenido la libertad equitativa.

 La condición de ser humanas es, para las mujeres, la posibilidad de ser libres aquí y ahora, y compartir el mundo con hombres humanizados. Hacerlo, depende de los deseos y las  voluntades de cada vez más mujeres y más hombres  que consideren como un principio ético y práctico la igual valía de las personas e incluya la convicción de que todas y todos tenemos el derecho a la paz, a la vida digna, a la integridad personal, a la preservación y renovación de los recursos de nuestro mundo, a la justicia, a la democracia y a la libertad.

http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2017/12/marcela-lagarde-una-nueva-cultura-de.html

6 de febrero de 2018

Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.


La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos consistentes en alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas, y es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas.

Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada y constituye una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas. La práctica viola sus derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Para abandonar la práctica de la mutilación genital femenina, es necesario realizar esfuerzos sistemáticos y coordinados que involucren a las comunidades enteras, que se enfoquen en los derechos humanos y en la igualdad de género. Estos esfuerzos deben hacer hincapié en el diálogo social y en el empoderamiento de las comunidades para actuar colectivamente y poner fin a la práctica. También deben atenderse las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas que sufren sus consecuencias.

El UNFPA y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han liderado conjuntamente el mayor programa a escala mundial para acelerar la eliminación de la mutilación genital femenina. El programa se centra actualmente en 17 países de África y también es compatible con las iniciativas regionales y globales.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) colabora con gobiernos, socios y otras agencias de la ONU para hacer lograr varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (en particular, el Objetivo 3 sobre la salud, el 4 sobre la educación y el 5 sobre la igualdad de género) y contribuye en diversas formas para lograr muchos de los demás objetivos.

La celebración de este Día también forma parte de la «Iniciativa Spotlight», un proyecto conjunto de las Naciones Unidas y la Unión Europea para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y la niñas. En concreto, se ocupa de la violencia sexual y de género, que incluye la mutilación genital femenina, en el África subsahariana.

Datos relevantes

A nivel mundial, se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas.
En la actualidad, cada año se le mutilan los genitales a tres millones de niñas.
44 millones de niñas menores de 14 años han sufrido la ablación, principalmente en Gambia (un 56%), Mauritania (54%) e Indonesia, donde alrededor de la mitad de las niñas de 11 años han padecido esta práctica.
Los países con la prevalencia más alta entre mujeres y niñas entre 15 y 49 años son Somalia (58%), Guinea (97%) y Djibouti (93%).
Si la tendencia actual continúa, para 2030 aproximadamente 86 millones de niñas en todo el mundo sufrirán algún tipo de mutilación genital.
La mutilación genital femenina se practica en niñas en algún momento de sus vidas entre la infancia y la adolescencia.
La mutilación genital femenina es causa de hemorragias graves y otros problemas de salud tales como quistes, infecciones e infertilidad, así como complicaciones en el parto y un mayor riesgo de muerte de recién nacidos.
La mutilación genital femenina es una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres.
Establecidos en 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyen la erradicación de la mutilación genital femenina antes del 2030 en el Objetivo 5, dedicado a la igualdad de género - Meta 5.3: Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina.
Varias organizaciones intergubernamentales —entre otras, la Unión Africana, la Unión Europea y la Organización de Cooperación Islámica— y tres resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas han pedido la eliminación de la mutilación genital femenina.

http://www.un.org/es/events/femalegenitalmutilationday/

11 de enero de 2018

Economía feminista: entre la realidad y el deseo.


Frente a un sistema depredador de la vida, la economía feminista sostiene una propuesta rupturista: el objetivo último de un sistema económico debiera ser una vida digna, decente, buena
Existe un expolio del trabajo doméstico y de cuidados por parte del sistema económico que constituye una parte importante de la plusvalía y, por tanto, del proceso de acumulación.
Mi primera reacción cuando se me planteó escribir sobre “cómo sería un futuro a 20/25 años si la economía diera un giro feminista”, fue decir: creo que seguiríamos en una situación muy semejante a la actual porque es casi impensable que la economía pueda dar un giro feminista. De hecho, aunque con antecedentes más tempranos, las mujeres que estudiamos, investigamos y actuamos en el marco de la llamada economía feminista, llevamos un recorrido de tres o cuatro décadas y la economía oficial dominante poco o nada nos ha escuchado.

Sin embargo, cavilando con más tranquilidad, pensé que tal vez algo ha cambiado en estas últimas décadas. Hemos creado diálogos con las economías críticas reformulando la idea de dónde está el conflicto con el capital, identificando los nexos entre expolio de vida humana y no humana. Hemos actuado a través de movimientos sociales, en particular, del movimiento feminista y/o de políticas públicas, consiguiendo rupturas que pueden ir abriendo camino hacia un cambio real. Hemos logrado trasmitir las ideas de la economía feminista que han sido acogidas por muchas mujeres y algunos hombres como posible alternativa política-ideológica a la economía neoliberal.

La primera idea de la economía feminista en la historia reciente, que marca un punto de inflexión en el debate teórico y la práctica política, tiene lugar en los años sesenta-setenta y tiene que ver con la conceptualización del trabajo doméstico, su relación con la reproducción de la fuerza de trabajo y el beneficio capitalista; llegándose a establecer por primera vez que la supervivencia del sistema económico capitalista depende del trabajo que se realiza en los hogares sin el cual el sistema no podría subsistir, ya que no dispondría de la fuerza de trabajo necesaria para realizar el trabajo asalariado. Dicho de otra manera, existe un expolio del trabajo doméstico y de cuidados por parte del sistema económico que constituye una parte importante de la plusvalía y del proceso de acumulación.

Más adelante —y teniendo en cuenta que la economía feminista siempre ha sido permeable a otras disciplinas (antropología, psicología, sociología, etc.)— se va abandonando la clásica racionalidad de la economía, para incorporar en el estudio del trabajo doméstico aspectos más emocionales o subjetivos, lo que lleva a visibilizar la importancia de lo que hoy se denomina “el cuidado”. Una experiencia feminizada dedicada al cuidado biológico, emocional y psicológico de las personas a lo largo de todo el ciclo vital, lo que representa para las mujeres una enorme cantidad de trabajo, tiempo y energías. Cuidados necesarios que dan cuenta de nuestra vulnerabilidad y, en consecuencia, de la innegable interdependencia de todas las personas, mujeres y hombres.
Despojadas del velo mercantil de la tradición económica, que no permite ver más allá del mercado, ampliamos la mirada para incluir como categorías económicas el trabajo doméstico y de cuidados. Pero, lo relevante no era solo la inclusión de estos trabajos —que también— sino poner de manifiesto que existe una contradicción social fundamental entre la reproducción y calidad de vida de las personas y el beneficio privado y la acumulación de capital.

Este último ha sido el objetivo primero del sistema capitalista y de la economía que le da soporte, despreciando y explotando las vidas humanas y expoliando la naturaleza. Una economía profundamente patriarcal que esconde en manos de las mujeres la responsabilidad de cuidar la vida que está siendo atacada. Frente a este sistema depredador de la vida, la economía feminista sostiene una propuesta rupturista: el objetivo último de un sistema económico debiera ser una vida digna, decente, buena, donde todas las necesidades estén resueltas, para todas las personas del planeta —actual y futuro— manteniendo el respeto y cuidado necesario para con la naturaleza.

Todo lo anterior lo conceptualizamos en una palabra, la de sostenibilidad de la vida —humana y no humana— que va más allá de la sostenibilidad ecológica. Implica, por una parte, la capacidad de una sociedad de reproducirse, lo cual significa considerar todos los distintos trabajos, el medio natural, la reproducción biológica y la transformación en personas relacionales con capacidad de interactuar en el mundo más amplio. Pero esta reproducción no puede darse de cualquier manera, sino que debe estar necesariamente acompañada por el objetivo social y económico de una buena vida para toda la población.

Somos conscientes de que difícilmente el objetivo planteado pueda lograrse a medio-largo plazo, ya que significa una ruptura total con el sistema actual. Pero sí, como dije anteriormente, algo ha cambiado y, por tanto, puede seguir cambiando. 

Entonces, ¿Qué podría lograrse en 25 años si la economía escuchara a la economía feminista?

En primer lugar, es de suponer que eso representaría un cambio importante de valores, apostando por las vidas de las personas. Ello significaría otorgar a los cuidados un lugar central al tiempo de desfeminizarlos, reflexionando democráticamente entre mujeres, hombres y distintos sectores sociales —públicos o comunitarios— las distintas formas posibles de garantizar una vida de calidad para toda la población.

Se discutiría de forma seria y colectiva, con el fin de transformarlo en práctica, sobre: a) La producción: cómo producir, qué producir y bajo qué relaciones producir, b) El consumo: los bienes y servicios orientados a satisfacer las necesidades humanas, c) Los mercados: primero, qué tipo de mercados, a continuación qué bienes o servicios no se pueden dejar en manos de un mercado (agua, energía,…) estudiando las posibilidades de gestión pública o comunal, d) Los tiempos: cómo reorganizar y gestionar los tiempos de las personas, sin que sean los tiempos de producción extra-doméstica los que determinen el resto de tiempos de vida. Todo ello bajo el principio de respeto al medio ambiente y considerando en cada situación el entorno, el territorio y sus posibilidades.

En las facultades de economía se dejaría de enseñar la economía neoclásica como la única posible, criticando todos sus principios, su ideologización y las políticas que se derivan de ella. Asimismo, se incorporaría a la enseñanza de la economía, la economía feminista como otras economías heterodoxas críticas a la dominante y los diálogos entre ellas a fin de construir una nueva economía que diera cuenta de las necesidades de las personas. Para lo cual sería interesante fomentar espacios críticos y autónomos de pensamiento y propuestas más allá de las fronteras de la academia.

Ahora bien, posiblemente esto da cuenta de un deseo más que de una posibilidad real. Veinticinco años es un tiempo corto para que el sistema económico dominante y la economía que lo interpreta tiendan a un cambio importante. Ello solo podría suceder si el sistema se viera afectado por una crisis de proporciones hoy inimaginables e incalculables, como resultado de estallidos financieros, bélicos, ecológicos, de agotamiento de recursos básicos para la vida, etc., o la aparición de un “cisne negro”, situaciones todas ellas posibles dentro de un plazo de 25 años.

Por : Cristina Carrasco
http://www.eldiario.es/economia/Economia-feminista-realidad-deseo_0_725827473.html

"El capitalismo tiene un socio oculto: la mujer que realiza los trabajos domésticos no remunerados"


La economista Mercedes D'Alessandro es la impulsora del portal Economía Femini(s)ta, que ha conseguido situar la economía con perspectiva de género en la agenda pública latinoamericana y ganarse las redes sociales
"Lo que está invisibilizado en los datos está invisibilizado en las políticas"
"La asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado es el tema central que explica que sucedan todas las discriminaciones económicas hacia las mujeres"
Es una de las economistas feministas que más repercusión ha tenido en los últimos años. Mercedes D'Alessandro, argentina, doctora en Economía, profesora en varias universidades y divulgadora económica, lanzó en 2015 el portal Economía Femini(s)ta. La página web, que se nutre del trabajo de un equipo de economistas, pero también de expertas de otras disciplinas, ha conseguido situar la economía con perspectiva de género en la agenda pública latinoamericana y ganarse las redes sociales. D'Alessandro, que vive en Nueva York, ha publicado recientemente Economía Feminista.

Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour).

En los últimos dos años ha habido muchas movilizaciones de mujeres en diferentes partes del mundo. Aunque cada país tiene sus características, parece claro que hay una serie de problemas que les suceden a las mujeres en todas partes. ¿Cómo es posible que la brecha salarial, el techo de cristal o la precariedad sean nuestro día a día en todo el mundo?
Hay un tema central que explica que sucedan todos los demás: la asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado. Son estas tareas del hogar, como limpiar, hacer las compras, cocinar y cuidar a niños, niñas y adultos, las que recaen mayoritariamente en las mujeres. Y no son tareas que lleven cinco o diez minutos. En Argentina, por ejemplo, dedican un promedio de seis horas diarias. Estamos hablando de que hay un montón de trabajo no remunerado que aparece dentro de la esfera de lo privado y lo personal pero que, sin embargo, es fundamental para que funcione el sistema productivo en el que vivimos. Alguien que tiene que ir a trabajar todos los días necesita todas estas tareas resueltas.
Esto es algo que culturalmente las mujeres hemos llevado adelante. En la generación de nuestras madres y abuelas las profesionales eran la excepción y no la regla, el resto eran amas de casa. Hoy el ama de casa de los 60 full time (a tiempo completo) es algo que ha quedado fuera de la dinámica pero la sociedad nos sigue tratando así.

¿Nos trata así y por eso nos considera trabajadoras de segunda?

Cuando una mira por qué hay  brecha salarial suele encontrar que, por un lado, las mujeres eligen tareas que pagan peor, ligadas a los cuidados. Por otro lado, trabajamos menos horas en el mercado, especialmente las mujeres que son madres. En todas las economías vemos que cuando las mujeres empiezan a tener hijos dejan de trabajar remuneradamente y se quedan en los hogares, eso les hace perder sus carreras profesionales, toman medias jornadas, no les ofrecen ascensos o mayores responsabilidades... Por eso, el tema central tiene que ver con la asimetría de los cuidados y con una cultura que asigna eso a las mujeres.
Podemos decir entonces que la economía se ha construido sobre un modelo que ha ignorado una parte de la realidad.
Exacto. Hay una economista estadounidense que dice que el capitalismo tiene un socio oculto: la mujer que realiza los trabajos domésticos no remunerados porque realiza los trabajos indispensables para que el sistema funcione sin ningún tipo de retribución.
¿Y hasta qué punto es el capitalismo un aliado necesario del patriarcado, de que esta sea la situación de las mujeres? Usted misma dice que ninguno de los modelos económicos han tenido en cuenta esta parte de la realidad.
El problema es que el capitalismo y las luchas feministas si bien nos beneficiaron en el sentido de que somos más independientes, por ejemplo, al mismo tiempo nos incluye en un sistema de trabajo que no es el paraíso de nadie, ni de mujeres ni de varones, y al que entramos además en desigualdad de condiciones.
En Argentina, y es algo recurrente en toda América Latina, la mayoría de mujeres que trabajan lo hacen como empleadas domésticas. Es decir, una mujer de clase media que tiene ingresos y una vida profesional lo hace dejando una vacante en sus tareas del hogar y lo que hace es contratar a otra mujer para que las haga. Ahí tenemos un problema porque las mujeres profesionales hoy se pueden liberar de las tareas del hogar a costa de contratar a otras mujeres, en general, en condiciones muy malas. La forma de avanzar de unas mujeres es a costa de que otras tengan trabajos mal pagados.
Entonces algo falla en la ecuación, ¿son los hombres, que no asumen su parte de los cuidados?
Dentro de casa no hace falta una ley para que las tareas se distribuyan de forma más homogénea. Pero necesitamos que el Estado se comprometa y que, por ejemplo, la gente pueda acceder a guarderías o jardines de infancia, a espacios de escolarización, de recreo, a geriátricos... Esto facilita muchísimo la inserción laboral de las mujeres.
Muchas expertas hablan de que vivimos una crisis global de cuidados que puede ir a peor. ¿Cree que existe esa crisis?
Sí, absolutamente. No hay una suficiente provisión de servicios públicos de cuidados. Las personas que tienen que apelar a esos servicios terminan haciéndolo a servicios mercantilizados que suelen emplear a personas con pésimas condiciones. La única forma de acceder a ellos es que estén precarizados y mal pagados. Es muy importante, primero, reconocer que existen estos trabajos porque no hay estadísticas públicas sobre esto. En la mayoría de países no se miden los trabajos de cuidados y es muy difícil que a la hora de planear políticas se tomen en cuenta variables que influyan en los presupuestos y programas. Si no se visibiliza y cuantifica un problema, tampoco aparece como algo a solucionar. Los cuidados quedan fuera de lo que la economía toma como propio.
Sin embargo, mientras algunos organismos internacionales publican informes sobre los efectos positivos en la economía que tendría que más mujeres trabajaran, ¿no es una trampa que mientras vivimos en sociedades así nos empujen a un mercado laboral que nos maltrata?
Claro, el problema es que esto acaba derivando en una doble jornada laboral, dentro y fuera del hogar. La economista argentina Valeria Esquivel habla de la pobreza de tiempo. Con las encuestas de uso del tiempo muestra que las mujeres más pobres dedican siete horas a los trabajos pagados y otra siete a los no pagados, es decir, 14 horas de trabajo. Realmente estas jornadas afectan al tiempo libre y de descanso y esto genera una pobreza que no tiene que ver solo con el dinero.
Muchas economistas feministas plantean el problema de la sostenibilidad de la vida, para qué se vive, el objetivo es generar ganancia o generar bienestar. Cuando una mujer quiere participar políticamente de alguna manera o comprometerse se le suma una tercera jornada laboral. Las sindicalistas suelen decirnos que no llegan a las reuniones porque tienen jornadas de ocho horas, dos horas de ida y vuelta a casa, tienen que correr a la escuela a por los chicos... Los varones tienden mucho a hacer networking y en esos ámbitos las mujeres o llegan tarde o nunca llegan.
Habla de la falta de indicadores y estadísticas y de que eso es un problema. Plantea también la necesidad de incluir indicadores económicos LGTBIQ. ¿Qué sería necesario medir?
Por ejemplo, en un distrito de Buenos Aires se hizo una prueba piloto en la población trans. Se encontraron cosas interesantísimas: de 400 personas solo el 1% tiene un trabajo formal y solo el 2% terminó la educación universitaria. Y es diferente la situación de los varones trans que la de las mujeres trans. Resulta que en Argentina se llevó adelante la ley de cupo laboral trans para obligar al Estado a contratarlas. Pero no hay personas que cumplan con los requisitos que pidió el Estado para formar parte del cupo, es decir, estás generando una ley que no permite a las personas destinatarias acceder a ella. Lo que está invisibilizado en los datos está invisibilizado en las políticas.
En Economía Femini(s)ta han puesto en marcha la iniciativa Menstruacción, ¿en qué consiste?
Consiste en tres puntos: pedir la eliminación de los impuestos a estos productos –tampones, toallitas y copas menstruales– que en Argentina es del 21% porque consideramos que es un bien de primera necesidad que toda mujer va a necesitar comprar. Pedimos provisión gratuita para las personas de bajos recursos porque anualmente pueden suponer unos 100 dólares, y mejorar las investigaciones sobre el tema, porque en los últimos años ha habido estudios que han encontrado rastros de glifosatos y no puede ser que no tengamos más información sobre los efectos que pueden tener. La campaña también apunta a desestigmatizar, a mostrar que la menstruación es parte de nuestra experiencia cotidiana y que acceder a estos productos es una cuestión de salud.
Y volviendo al principio, a los paros de mujeres y las protestas por la brecha salarial, la violencia de género, los cuidados, la Women's March... ¿cree que es el inicio de un proceso irreversible en el sentido de que estos temas están ya en la agenda como quizá nunca lo habían estado?
Yo soy optimista.  Hay muchas cosas resonando, muchas mujeres y varones que se dieron cuenta de algo y que a partir de ahí cambiaron su forma de concebir las cosas. Culturalmente hay un antes y un después, hay un fervor feminista que no había desde hacía mucho tiempo. No podemos decir que es la primera vez en la historia que sucede porque eso sería olvidarnos de toda la lucha que ha habido en el pasado, pero sí hay una nueva efervescencia. Lo que sí hay también son gobiernos muy conservadores.
Todas las cosas que hemos ganado en luchas anteriores se tambalean a veces, con lo cual no podemos dormirnos y descansar en que muchas gentes usen remeras (camisetas) que dicen feministas. Tenemos que seguir muy atentas porque cada conquista cuesta mucho mantenerla. Y hay un tema que va más allá que es la violencia de género, que tiene una parte de violencia económica muy importante: muchas mujeres no se pueden ir del hogar porque no tienen a dónde, no tienen trabajo, no tienen recursos.

Por: Ana Requena Aguilar
http://www.eldiario.es/economia/Mercedes-DAlessandro-economia-feminista_0_695731271.html