15 de marzo de 2020

Alertan por explotación de inmigrantes que laboran como niñeras y empleadas de limpieza en EEUU.



Los jefes de Anna supieron explotar muy bien sus habilidades en desarrollo infantil, debido a su profesión de maestra en Filipinas; comenzaba su jornada a las 6:00 a.m. en una vivienda en Midtown, Manhattan, cuando tenía que despertar a los niños de la familia. Además de llevarlos al clegio y asegurarse de que realizaran sus tareas, tenía la obligación de limpiar la casa, preparar la comida familiar y llevar a los chicos a la cama. Su día laboral terminaba 14 horas después. ¡Por fin podía dormir! Aunque debía hacerlo en un colchón colocado entre las camas de los niños a su cargo. Su salario no era mayor a los $10 dólares por hora y no recibía el pago por todas las horas invertidas.
La trata de personas tiene diversos rostros, pero la laboral es una de las más comunes y las víctimas no siempre saben que lo son, a pesar del agobio que enfrentan en su vida cotidiana. Incluso podrían estar siendo explotadas por familiares y amigos, creyendo que les están haciendo un favor.
Las señales para quienes son víctimas de este maltrato son varias, la principal es que no son libres de hacer con su tiempo lo que desean y son sometidas a varias horas de trabajo sin recibir el pago como marca la ley. En casos extremos sus documentos son retenidos o su paga es condicionada a una “cuota”. Cada caso es distinto.
Un reciente reporte de la organización Polaris y la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas (DNWA, en inglés) revela que en Estados Unidos hay las niñeras, empleadas en la limpieza de casas, asistentes de salud en el hogar y otros tipos de trabajadoras domésticas frecuentemente laboran por salarios extremadamente bajos.
Este tipo de explotación es raramente reportado, porque las personas creen que es “normal” laborar en esas condiciones. El informe “Trata de personas en casa: trata laboral en el trabajo doméstico” indica que 67 por ciento de estas empleadas indicaron que sus expectativas laborales eran únicamente discutidas en de conversaciones informales, mientras el 74 por ciento dijo que no podía negarse a realizar más trabajo.
La propuesta de Ley de Derechos para Empleados en el Trabajo Doméstico, que introdujeron al Congreso la senadora Kamala Harris (D-CA) y la representante Pramila Jayapal (D-WA) el 15 de julio, tomaría importantes pasos para brindar a estas trabajadoras los derechos que necesitan, indican las organizaciones, además de que ayudaría a regular el empleo temporal para trabajadores migrantes.
El 23 por ciento de los casos sobre trata de personas que recibe la Línea Nacional Contra la Trata de Personas de Polaris (1 (888) 373-7888) involucra a trabajadoras domésticas, apunta el informe, pero se reconoce que quizá sea una cifra mínima al problema real.
“Las trabajadoras son, en muchas ocasiones, controladas a través de retención salarial, tergiversación de sus obligaciones laborales, horarios laborales excesivos y abuso emocional”, alertan los expertos.

Bajos salarios

Además del tiempo labora, las empleadas domésticas reciben muy bajos salarios, algunas $40 o $50 dólares por día, indica el reporte, donde se destaca el caso de un trabajador a quien se le pagaba $1.27 dólares por hora.
El 23 por ciento de estos trabajadores recibió un salario inferior al salario mínimo estatal. El ingreso promedio de la mayoría es de $6.15 dólares por hora.
El 70 por ciento de todos los trabajadores domésticos ganaban menos de $13 dólares por hora, pago que se detemina por la raza, el tipo de contratación (permanente o de entrada por salida) y el estado de ciudadanía, es decir, si es estadounidense, nacido o naturalizado o Residente Permanente o indocumentado.
Al separar los grupos de domésticos trabajadores, fueron las niñeras quienes logran mejor salario, aunque no necesariamente el ideal, de $11 dólares por hora, mientras que limpiadores solamente $10 dólares.

Una ley clave

Lilian Agbeyegbe, administradora de Aprendizaje e Impacto de Polaris y autora del reporte, destaca que estas empleadas son clave para la funcionalidad de las familias, pero una gran parte debe padecer abusos, debido a sus condiciones vulnerables de inmigrantes o pobreza.
“Con mucha frecuencia nos enteramos de casos en los que alguna persona ha sido condenada a ser virtualmente esclava en una casa durante años y años, y siempre reaccionamos con sorpresa”, indica Agbeyegbe, aunque reconoce que es más común de lo que se piensa. “Creemos que ya es tiempo de reconocer que cuidar de nuestros seres queridos y de nuestros hogares es un trabajo real, vital, y que esa gente que lo hace merece un salario justo, horarios laborales decentes y protecciones legales”.
Ai-jen Poo, director del DNWA, alerta que la “buena voluntad” del empleador predomina en este tipo de contrataciones, generando abusos, por lo que defendió la necesidad de aprobar la norma impulsada en el Congreso.
“La Ley de Derechos para Empleados en el Trabajo Doméstico, el marco del siglo XXI para traer dignidad y respeto para empleados del trabajo doméstico, es parte de una solución más grande para asegurar que la trata de trabajadoras domésticas termine de una vez por todas”, consideró.

Protección a inmigrantes

El análisis indica que la mayoría de las leyes laborales en el país excluyen el trabajo doméstico, por lo que estos empleados no tienen herramientas suficientes para defenderse en casos de abusos.
La Ley Nacional de las Relaciones Laborales, la Ley de Normas Laborales Justas, la Ley de Salud y Seguridad Ocupacional, el apartado VII de la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Discriminación por Edad en el Empleo de 1967 excluyeron todas, de forma explícita o implícita, al trabajo doméstico, apunta el informe.
El caso de los inmigrantes es uno de los mas preocupantes, pues las personas que buscan mejorar sus condiciones de vida son las víctimas perfectas.
“Las visas facilitan que malos actores operen y atraigan a trabajadores extranjeros a situaciones en las que se ven coaccionados a permanecer en abuso y sufrimiento, porque en realidad no tienen ninguna opción aceptable”, se indica. “Estos programas de visas necesitan una mayor supervisión para asegurar que los derechos de los trabajadores sean respetados y que tengan vías legales para buscar remedio en caso de abusos”.
Un aspecto a destacar es que se elimine a estos permisos a extranjeros la atadura a un único empleador.
“Esto eliminaría a su vez todas las amenazas de deportación y los severos obstáculos que el trabajador enfrenta si elige cambiar de trabajo o intenta reportar abusos y es luego despedido”, considera.