18 de abril de 2018

Estigmas sin fronteras.


Las mujeres son expulsadas de sus casas durante la menstruación en zonas de Nepal
 El mundo está plagado de mitos que estigmatizan la menstruación y que dificultan la vida de las mujeres y de las niñas. "En India es habitual que las mujeres no puedan entrar en la cocina o comer con la familia durante su menstruación, por ejemplo, debido a la creencia de que una mujer con la regla puede agriar la comida", explica Ina Jurga, de la organización especializada Wash United. En muchos lugares, las mujeres con regla tampoco pueden entrar en los templos religiosos.
"El resultado de esos tabúes y del silencio se traduce en una falta de conocimiento que no siempre es fácil de combatir", lamenta Jurga. En India, por ejemplo, el 50% de las niñas desconocía qué era la regla cuando les llegó por primera vez.
A estas complicaciones, ya de por sí graves, en los países económicamente menos desarrollados se suman los problemas económicos para acceder a compresas desechables o tampones (si es que estos últimos están disponibles), según explica Jurga. "Son demasiado caros", cuenta la experta, "y las adolescentes y las niñas tampoco disponen de las instalaciones sanitarias más básicas en las escuelas. Esto provoca que tengan que quedarse en casa si tienen la regla".
En los países más desarrollados, por su parte, se están empezando a dejar atrás los tabúes, el silencio y la vergüenza que rodean la regla. Cada vez se habla más abiertamente. En Reino Unido, por ejemplo, una intensa campaña pública colocó la menstruación en el debate político cuando cientos de mujeres salieron a la calle con pancartas y compresas simuladas para reclamar que se dejen de tasar estos productos de higiene (la llamada tampon tax, el impuesto más machista).
Miles de mujeres y niñas son expulsadas de sus casas cada mes por tener la regla. Son relegadas al campo, al patio o a los cobertizos destinados a los animales. Es el chaupadi —el aislamiento para menstruar—, una practica hindú que las obliga a abandonar el hogar y que es habitual en algunas comunidades del oeste de Nepal. Creen que si no alejan a las mujeres con la regla, el pueblo y la comunidad sufrirá una desgracia.
El Parlamento de Nepal ha tipificado este año como delito el aislamiento del chaupadi, que, pese a que la justicia nepalí lo prohibió en 2005, aún seguía dándose. Quien obligue a practicarlo puede ser castigado con una multa y pena de cárcel de hasta tres meses. Según el chaupadi, además, las mujeres tienen vetado tocar a los hombres o siquiera compartir su espacio. Tampoco pueden consumir lácteos. La superstición afirma que se cortarían con su solo contacto.

El aislamiento y la discriminación ha llevado a algunas mujeres hasta la muerte. En julio, una adolescente de 19 años de Dailek falleció tras ser mordida por una serpiente cuando estaba en el cobertizo para animales de su familia. Tenía la regla y se había visto obligada a pasar allí esos días. El año pasado, otra mujer falleció asfixiada porque la ausencia de ventilación en la caseta a la que había sido desterrada.
La práctica totalidad de los chefs de sushi son hombres. A la tradicional sociedad patriarcal y la pervivencia de los roles de género se suma en Japón una superstición relacionada con la regla. Son muchos los que todavía creen que la menstruación —enorme tabú también en el país asiático— influye en la preparación de alimentos.
El reputado chef Yoshikazu Ono, hijo y hermano de cocineros, lo explicó así en 2011 en una entrevista en The Wall Street Journal: "Ser profesional significa tener un sabor constante en la comida, pero debido al ciclo menstrual, las mujeres tienen un desequilibrio en su gusto, y es por eso que las mujeres no pueden ser sushi chefs". No es el único mito que mantiene a las mujeres alejadas de la profesión de itamae (chef de sushi): la creencia popular dice que las mujeres tienen las manos demasiado calientes. Por suerte, cada vez son más las mujeres que desafían estas creencias y se dedican a la cocina.
Japón, curiosamente, es uno de los pocos países que dispone de un permiso laboral por tener la menstruación. Se implantó en 1947, pero apenas se utiliza. Las japonesas afirman que usarlo las estigmatiza y empeora su posición en la empresa. Algunas ni siquiera saben que tienen ese derecho. En Corea del Sur existe un derecho similar que permite tomar un día libre, aunque las mujeres tampoco se sienten cómodas a la hora de solicitarlo a la dirección, en un porcentaje altísimo compuesta por hombres.
En Malawi las madres y los padres no hablan a sus hijos sobre la regla. Menstruar es allí top secret. Son las tías quienes, en todo caso, explican a las niñas cómo hacer compresas caseras, las instruyen para no hablar de la regla en público y no acercarse a los chicos, según cuenta Unicef. En Malawi, como en muchos lugares de África y Asia, las mujeres y niñas suelen usar compresas caseras, elaboradas con tela, ropas viejas o incluso hojas, debido al alto precio de las almohadillas industriales —alrededor de un euro por paquete, lo que las convierte en un producto de lujo en una de las economías más pobres del mundo— y a que no es tan fácil conseguirlas.
En los últimos tiempos, sin embargo, han empezado a surgir grupos con trabajadoras sanitarias que, como si fuera una actividad extraescolar más, enseñan a las niñas a hacer compresas caseras adecuadas y a mantener una correcta higiene reproductiva. Así, poco a poco, se van rompiendo los dañinos tabúes, explica la Agencia de Población y Desarrollo (Unfpa). Patricia Chabuka, profesora en una escuela del distrito de Salima, explica que enseñan a las niñas a utilizar las máquinas de coser para elaborar las almohadillas sanitarias más adecuadas. También las animan a no faltar a clase cuando tienen la regla.
En Ghana y otros muchos países africanos y asiáticos la falta de baños adecuados en las escuelas —y en algunos centros de trabajo—, así como el alto precio de las almohadillas desechables, obliga a las niñas a quedarse en casa cuando tienen la regla. Según Unicef, sólo el 23% de las escuelas en Ghana tiene una red de baños adecuada. Y lo mismo ocurre en Kenia, donde las compresas desechables, como en Malawi, son un producto prohibitivo. Un estudio de la Universidad de Duke estima que las niñas pierden en Kenia una media de tres días de clase por tener la regla, lo que se traduce en un perjuicio para su futuro y muchas veces termina por conducir al abandono escolar. En Ghana, Kenia y otros países, organizaciones como Femme International tienen programas para repartir copas menstruales, más accesibles económicamente y más sencillas de utilizar.
En muchas zonas de Afganistán se cree que lavarse la zona vaginal durante la menstruación puede causar infertilidad. Este mito, sumado a las dificultades para permitirse compresas y a la ausencia de materiales adecuados para elaborar almohadillas sanitarias en casa, genera importantes problemas de salud reproductiva, según alerta la Unfpa. En este país, como en muchos otros, la menstruación es un secreto vergonzoso, lo que agrava aún más el problema de las niñas y adolescentes que acaban de empezar con la regla y que no saben cómo desenvolverse.
Un informe de Unicef y el Ministerio de Educación afgano señala que más del 70% de las adolescentes afganas no se ducha cuando menstrúa y alrededor del 50% no sabía qué era la regla antes de tenerla por primera vez. "Las chicas no son capaces de tener la regla con dignidad, privacidad y seguridad", dice el informe, que cuenta, por ejemplo, que las adolescentes ni siquiera son capaces de vencer el tabú para pedir medicamentos contra el dolor menstrual.
Una creencia popular en algunas regiones de la Bolivia rural dicta que la sangre menstrual no puede mezclarse con otros residuos. Si se hace, puede provocar enfermedades o incluso cáncer a toda la comunidad. Es por eso, cuenta Unicef, que ha dedicado un proyecto especial al problema, que muchas niñas se guardan las almohadillas sanitarias durante todo el día en sus bolsos para tirarlas cuando llegan a casa. A pesar de los programas especializados, la falta de dispositivos especiales para dejar las compresas usadas hace que esta costumbre sea muy difícil de erradicar. Es por esto, y también porque la regla todavía está rodeada de un halo de vergüenza, que, en muchas ocasiones, se autoexcluyen de la escuela cuando están menstruando.

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