19 de enero de 2015

Las mujeres en el legado de Martin Luther King.


Martin Luther King inspiró al mundo entero.
"Un hombre no mide su altura en los momentos de confort, sino en los de cambio y controversia", había dicho Martin Luther King, aquel hombre que soñó un sueño y que no vivió para verlo hecho realidad. Pero sus palabras y su historia influyeron a muchos; su coraje transformó una sociedad, que no estaba dispuesta a quedarse callada.
Muchas personas vivieron y murieron poniendo en práctica las enseñanzas de Martin Luther King, pero hay algunos nombres que se destacan; que agarraron vuelo y resuenan constantemente en las páginas de la historia de Estados Unidos. Especialmente tres. Tres mujeres que se impusieron, con valentía e inteligencia, y lograron cambiar el destino y los prejuicios de un país entero.
Cuando pensamos en el Movimiento por los Derechos Civiles de los Afroamericanos, es inevitable acordarse de Rosa Parks, una costurera negra de Montgomery, Alabama, que fue arrestada cuando se negó a cederle su asiento a un hombre blanco en el colectivo.
Fue una defensora empedernida de los derechos civiles, y vivía en una época en la que la gente de color no podía sentarse en la parte de adelante del colectivo, no podía usar los mismos baños que los blancos, ni mandar a sus hijos a las mismas escuelas.

Fue asesora de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), para promover el bienestar y la igualdad étnica. Su muestra de valentía en aquel colectivo fue el aleteo de mariposa que crearía un huracán, con el histórico fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1956, que prohibió la segregación en transporte público.
Delores Tucker también removió el tablero. Fue activista y trabajó durante un tiempo con Martin Luther King. Era mujer y negra, y dedicó su vida a la lucha por los derechos de las minorías. Impulsó la Comisión de Condición Jurídica y Social de la Mujer e hizo de la participación política una prioridad fundamental de su causa: puso en marcha el método de votación por correo y bajó la edad de participación a 18 años.
Denunció cosas de su cultura de las que se avergonzaba, como las letras de rap y hip hop denigrantes hacia la mujer o su contenido sexual insultante hacia su género.
 

Y no se puede dejar de hablar de Constance de Baker Motley, incansable participante del movimiento, y defensora acérrima de los derechos civiles. Se interesó en el derecho desde temprano, y su formación como abogada estuvo a cargo también de algunos de los juristas más liberales de la época.
En 1950 fue la primera mujer redactora de casos dirigidos a la Corte Suprema de Estados Unidos, y logró que James Meredith fuera el primer chico negro en ir a la Universidad de Mississippi. Fue jueza, senadora y hasta presidente del condado de Manhattan. Apuntó alto, y sobrepasó sus metas.

16 de enero de 2015

Mujeres y salud mental: Síndrome de la invisibilidad femenina.



Durante muchos años, las mujeres hemos sido seres humanos con la misión de satisfacer los deseos y necesidades de las otras y los otros, sobre todo de esos otros a quienes se les ha otorgado un poder, y por ende, nos hemos convertido, según la doctora Carme Valls Llobet en "fantasmas de nuestras propias necesidades y deseos", lo que nos ha vuelto invisibles.
Esta enfermedad social, a la que he llamado "síndrome de la invisibilidad femenina", ha estado presente en la historia de la humanidad y nos ha llevado a ser excluidas de muchos contextos sociales importantes, como el de la salud, donde podríamos convertirnos en personajes principales de nuestros propios procesos de atención, especialmente en lo que a salud mental y emocional se refiere.
Es a las mujeres a quienes la mayoría de las veces se nos dificulta identificar y nombrar nuestro propio dolor, ya que nos hemos acostumbrado a él y lo hemos soportado como si fuera parte intrínseca de nuestra naturaleza, de tal manera que se vuelve imperceptible para nosotras mismas.
La percepción de nuestra realidad, de nuestro estado de salud subjetivo, de todo lo que existe en el exterior, va a depender de las creencias y actitudes que tenemos, que están siempre condicionadas por la cultura, la familia, la raza y la religión. El medio que nos rodea puede ser positivo para desarrollar una sana salud mental o negativo si en lugar de recibir confianza, fuerza y autoestima, se nos limita nuestro valor social y se nos exige cumplir con modelos de vida y formas de pensar que son ajenas a nuestra personalidad.
¿Cómo hacer para visibilizar ante nosotras y ante las y los demás los síntomas que afectan nuestra salud mental y emocional?
Por supuesto que no existen recetas; podríamos pensar en la posibilidad y capacidad que tenemos las mujeres para desarrollarnos como seres humanos autónomos; sin embargo, esta autonomía en el terreno de la salud mental y emocional se desarrolla de manera lenta y con mayor dificultad, debido a que tanto nuestra mente como nuestras emociones requieren de un ambiente positivo para desarrollarse y necesitan estar rodeadas de amor, cariño y afecto para crecer y sentirse en armonía, lo que no siempre es fácil lograr.
Las culturas, los dogmas religiosos, las costumbres opresivas que obligan a las personas -especialmente a las mujeres- a seguir ciertos mandatos contra sus propios deseos, (alejándolas de las sensaciones de su cuerpo, haciendo que su compartimiento se rija con el parámetro del pecado y por consecuencia dejándolas con una sensación de culpa), representan un riesgo grave para su salud emocional e incluso para su salud física.
La salud mental y emocional de las mujeres podrá estar equilibrada y se desarrollará plena y en armonía si cada una de nosotras desarrollamos nuestras capacidades, estimulándolas, sin imitar modelos externos.
Me parece que esta autonomía emocional, y por tanto nuestra salud mental, puede empezar desarrollando una identidad propia, que no intente imitaciones de estereotipos de lo que es ser mujer y que no nos permitamos ser influidas por las ideas que la sociedad tiene sobre estas diferencias.
Todo ello seguido del fortalecimiento de nuestra autoestima basado en el conocimiento profundo de nuestras capacidades y de nuestros deseos, sin depender de la opinión de los y las demás ni de su aprobación; lo que resultará en una actitud de vida que nos lleve a superar obstáculos al identificar los riesgos y enfrentarlos sin seguir ningún modelo de perfección más que el ser fieles a nosotras mismas.
La anterior no es una propuesta fácil de llevar a cabo sabiendo que somos parte de una sociedad sexista y patriarcal, en donde todo objeto o persona -niña, niño o mujer, adulta o mayor- "sin valor" se hace invisible. Cuanto más se descalifica a un ser humano y cuando hace suya esa descalificación, siente que no existe, se hace invisible para las y los demás y peor aún se hace invisible para sí misma.
El camino hacia la libertad personal de las mujeres y hacia su visibilidad puede hacer que su autoestima crezca y se fortalezca. Para este camino no existen modelos ni normas, sino un proceso de trabajo interno arduo y profundo, acompañado por una o un profesional de la salud mental que haya trabajado y siga trabajando consigo misma sus propios mandatos de género y que con ética y sensibilidad acompañará el camino de las mujeres hacia su libertad.
Alejandra Buggs Lomelí es Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial y especialista en Estudios de Género.
 
Por: Alejandra Buggs Lomeli*
 
 
 


 

15 de enero de 2015

Mujeres indígenas, heroínas cotidianas.



Llegar a Pucallpa es sentir de inmediato el olor a tierra mojada, la humedad que se cuela por la piel y la velocidad con que transitan los mototaxis en una pujante ciudad de la amazonía peruana. El pueblo shipibo es el más numeroso de la provincia, un pueblo de hombres y mujeres alegres, de mirada brillantte, cuyo idioma sonoro llena el espacio en que nos encontramos intentando que alguna palabra en castellano se filtre y nos ayude a conectarnos con lo que dicen para entrar, también, un poquito en su pensamiento.
Estamos en un encuentro para hablar de derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, en un territorio en el que las mujeres indígenas viven aún múltiples vulneraciones de derechos y de discriminaciones tanto por su género por la pertenencia a su pueblo, lo que las lleva a intentar esconderla cuando llegan a las ciudades para no sentir la agresión como lo testimonia una participante al narrar cómo la miran y los comentarios agresivos para ella que se hacen en el bus cuando habla su idioma. Es una chama   cuenta que le dicen, porque aunque en Lima vemos a mujeres shipibas vistiendo su vestimenta tradicional y vendiendo sus artesanías, no es la vestimenta que utilizan al salir a las ciudades desde sus comunidades.
La consulta previa es el tema de mayor interés, especialmente por la presencia de industrias extractivas que saben deben consultarles, pero no conocen mucho del proceso y de cómo ellas pueden participar en estos espacios, especialmente considerando que van los representantes de las comunidades, que son sobre todo hombres. Por ello, cuando hablamos de los derechos de las mujeres a participar miran con orgullo a la lideresa ashaninka de Kametsa Kepatsi, que es presidenta de su comunidad, pues saben que ella llevará también la voz de las mujeres en los procesos participativos. “A veces por el temor no participamos de repente vas a hablar mal o se van a burlar, nos recelamos delante de las mujeres que más hablan, tenemos temor de hablar fuera del tema”, dice una de ellas al intentar explicar las limitaciones que sienten para participar en los espacios públicos.
Esta no es una historia nueva, lamentablemente; es la misma historia que podemos encontrar en miles y miles de mujeres rurales en el país, más aún las mujeres indígenas que se ven limitadas a participar en los diferentes espacios por temor a no sentirse preparadas, por el miedo a la burla y a ser por enémisa vez discriminadas y eso no lo quiere nadie, ni ellas ni ninguna de nosotras.
Para las mujeres indígenas amazónicas la preocupación por lo que pasará con sus territorios, con su bosque, con sus vidas y culturas es enorme en contextos en los que, como lo señala el diagnóstico de brechas de genero realizado por PRODES y el MIMPV, “la presencia importante de industrias extractivas en el territorio y los impactos diferenciados en hombres y mujeres en la distribución de costos y beneficios, se agrava debido a la escasa presencia del Estado para ejercer acciones de control y conservación de los recursos naturales, por lo que la tala indiscriminada y la quema de bosques afecta directamente los principales medios de subsistencia que las mujeres rurales requieren para sus familias. Pocas mujeres indígenas que viven en zonas rurales tienen acceso a información relevante sobre las actividades extractivas (por ejemplo, en la distribución de beneficios) y generalmente sufren directamente sus efectos en la salud de ellas y sus familias debido a la contaminación del agua y los bosques”, reza el documento.
Y no es solamente los beneficios que pudieran tener de los proyectos extractivos la preocupación, vale señalar; sino el impacto que tendrá esto en sus condiciones de vida y en el futuro de sus pueblos, pues es en su territorio en donde se reproduce su cultura, en donde se sigue creando y recreando los conocimientos. Por ello, si es que la necesidad de saber cómo participar en las consultas les resulta imperiosa, qué va a pasar con los árboles y sus semillas que utilizan tanto en la elaboración de sus artesanías, con sus plantas y raíces que les sirven para curarse, con las aves que habitan el bosque y que como los chicuas les anuncian buenas y malas noticias, qué pasará con los cuatro mundos que forman parte de la cosmvisión del pueblo shipibo, es lo que se expresa en la preocupación tan fuerte por el territorio, explicándose entonces que pese a la importancia de que se consulten también medidas administrativas y legislativas, la principal preocupación es lo que implica la consulta por los proyectos extractivos.
Preocupaciones similares son las que llevaron a la lideresa ashaninka Ruth Buendía a liderar la lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Pakitzapango que formaba parte del acuerdo energético Perú-Brasil y que incluía la construcción de otras cuatro grandes represas, cuyo impacto iba a ser terrible para el pueblo ashaninka, tanto porque el lugar que se pensaba inundar es donde para los asháninkas surgieron todos los pueblos de la amazonía, como porque la concesión otorgada a la hidroeléctrica Paquitzapango Energía SAC, se ubicaba sobre el territorio de 33 asentamientos y 18 comunidades asháninkas de los distritos de Río Tambo, Pangoa y Mazamari e implicaría un embalse que abarcaría 73 mil hectáreas, por lo que se tendrían que desplazar a unas 10 mil personas, la mayoría asháninkas. Ardua lucha de la lideresa que ha sido reconocida como de las seis heroínas y héroes ambientales a nivel mundial y premiada por la Fundación Ambiental Goldman. El premio ha valido que recién mucha prensa le dé espacio a esta lideresa ashaninka, cuando en los momentos de lucha, muchos de ellos no le quisieron abrir sus puertas considerando que era más bien un obstáculo para la sacrosanta inversión.
La importancia de este premio no radica únicamente en el reconocimiento a la lucha de una mujer por la sobreviviencia de su pueblo, sino que es la expresión de que las preocupaciones de las mujeres y hombres indígenas como con quienes estamos compartiendo es profundamente válida y que sus voces, sus posiciones y sus derechos deben ser respetados por las empresas, por los diferentes actores externos y garantizados plenamente por el Estado.
Radica también en el reconocimiento de la importancia de que las mujeres sigan fortaleciendo sus capacidades para la participación en los distintos escenarios llevando las voces de sus pueblos y también en las decisiones de los propios pueblos en donde aún hay poca posibilidad de participar según dicen las mujeres, reflexión que comparten también los varones asistentes, señalando que “deben darse mayores oportunidades en los espacios para el fortalecimiento de mujeres indígenas”. Necesitamos más capacitaciones para conocer más nuestros derechos y hacer respetar a los demás”. Y capacitar no solo a las mujeres sino también a los hombres, a las autoridades sobre los derechos de los pueblos indígenas es la exigencia, para que no suceda lo que narra una lideresa del distrito de Iparia en donde un alcalde adjudica tierra de las comunidades a los colonos sin autorización de las comunidades, violando su derecho al territorio. 
Conocer los derechos de ellas, de sus pueblos, que se den más espacios para que puedan informarse y participar de mejor manera es el pedido, profundizar en lo que es la consulta previa y cómo ellas pueden también participar con conocimiento de causa pensando en el futuro de sus pueblos, de sus hijas y sus hijos es otra de las reflexiones, poder participar ellas como dueñas también del territorio, ellas como cuidadoras de los bosques y de los ríos, que viven de forma diferenciada los impactos de las medidas, programas y proyectos que se ejecutan en estos territorios.
El derecho a la identidad es el mío, es lo que yo soy dice Romelia, una lideresa con una amplia sonrisa y canta una canción en shipibo en la que nos habla de sus tradiciones, de sus ancestros, de la pesca y el río, convencida de que ella es fundamental para el futuro de sus pueblos. No deja de sorprender la disposición de los varones dirigentes de las organizaciones presentes en este espacio, dispuestos a hacer camino con las mujeres y aportar en su fortalecimiento para que puedan también caminar junto con ellos en la lucha por la defensa de sus territorios, por el ejercicio de sus derechos como pueblos y como mujeres, lo que nos trae una brisa fresca en medio del calor de esta ciudad amazónica. Nos despedimos, con ganas de volver a encontrarnos y seguir haciendo camino con estas mujeres heroínas que pese a todo lo que tienen que vivir, las discriminaciones a las que son sometidas, los dolores de no poder acceder a justicia, de ver morir a sus hijos e hijas, de no ser atendidas como merecen como cualquier otro ciudadano o ciudadana, siguen apostando por sus pueblos, por sus hijos e hijas, por el país, todos los días.
 
Por: Rosa Montalvo Reinoso

14 de enero de 2015

Organización, la única forma de lograr condiciones dignas en el trabajo sexual.


Para el gobierno de México, "las trabajadoras sexuales o son víctimas o son tratantes de personas. Para ellos basta con portar una caja de condones para que te acusen de trata, cuando en el gobierno están los mayores explotadores de mujeres", expresa Gabriela, trabajadora sexual y bailarina, en el marco del VXII Encuentro Nacional de Trabajadoras y Trabajadores Sexuales, que reunió a mujeres y transgénero de estados como Guadalajara, Chiapas, Distrito Federal, Estado de México y Puebla, entre otros.
"Este encuentro surgió porque vimos que existían trabajadoras sexuales organizadas en grupos o en cooperativas en varios lugares del país, y al ver que el gobierno estaba cooptando a muchas de nosotras, pensamos que la organización permite que no nos ocurran este tipo de cosas", explica Krizna, trabajador sexual transgénero, integrante de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer "Elisa Martínez".
Berenice Rodríguez es trabajadora sexual en Guadalajara, donde alrededor de 420 mujeres están organizadas para defender su oficio, porque "pensamos que el trabajo sexual se debe respetar, por eso logramos construir una red de solidaridad entre nosotras para defendernos y defender este trabajo".
Elizabeth Axol López es promotora de salud en Veracruz, trabajadora sexual y madre de tres hijos. En el encuentro, ella presentó una guía operativa de la campaña contra la trata de personas La Trata de Personas no es un Cuento. La periodista Gloria Muñoz Ramírez, expresa en el prólogo de esta publicación que "éste no es un libro ni una guía, ni un recopilado de historietas contra la trata, es un manual de supervivencia indispensable para transitar por el México de abajo, tan violentado por el estado, el crimen organizado, la iglesia y el resto de poderes fácticos".
A través de comics, Brigada Callejera busca prevenir la trata de personas; que las niñas y adolescentes sepan cómo actuar ante la trata y poder crear mecanismos de autoprotección, manifesta Elizabeth López, quién lleva siete años en Brigada Callejera.
La forma de cambiar las relaciones de trabajo en el comercio sexual, expresó Elvira Madrid, presidenta de la organización de apoyo a la mujer, es desde la organización y la construcción de cooperativas donde se den formas de trabajo más horizontal. "Nosotras no queremos que desaparezca el trabajo sexual, porque tendría que haber entonces un cambio estructural en todo el sistema laboral, donde sí se den condiciones dignas", explica.

El Estado es el mayor explotador de personas
En el Estado de México hay una cacería de brujas, sentencia Gabriela. Aquí, dice, el gobernador Uriel Ávila "está desapareciendo los lugares donde laboramos y si acaban con estos lugares no vamos a poder trabajar. El gobierno no crear opciones para nosotras, su política nos está llevando a tener que irnos a lugares donde nuestras vidas quedan expuestas, por el control del narco".
Gabriela también denuncia los permisos que en muchos lugares les exigen para poder trabajar. "Aunque tú lleves los exámenes médicos, te obligan a practicártelos en lugares donde ellos dicen, en muchos casos a un precio que puede llegar hasta los mil pesos; además sufrimos una violencia médica solo por ser trabajadoras sexuales, y van desde el trato violento, hasta la reutilización de los instrumentos hospitalarios".
Brigada Callejera tiene más de veinte años denunciando, acompañando, y formando a muchas trabajadoras sexuales en todo el país, y en el camino surgió la necesidad de hacer un encuentro nacional. "La red es apartidista, horizontal y sobre todo aquí nadie es representante de nadie o portavoz que hable a nombre de todas y todos, porque cada quién tiene su propia voz", relata Krizna.
Este encuentro, que se realiza cada año, sirve para recoger los logros de las organizaciones de mujeres trabajadoras sexuales y seguir incidiendo en las problemáticas que enfrentan todas las mujeres que realizan esta labor, informa Krizna, en entrevista con Desinformémonos.
"Sabemos que el gobierno siempre está creando leyes para detener el trabajo que cada una hace, pero no queremos detener el trabajo sexual, sino detener la corrupción, la violación a nuestros derechos humanos, la trata de personas y la explotación de la mujer", advierte.
En Guadalajara, gracias al trabajo de Brigada Callejera y de las trabajadoras ahí organizadas, ahora pueden laborar en mejores condiciones, pues "gracias a toda nuestra lucha podemos trabajar más tranquilas, sin ningún acoso, pero sabemos que tenemos que seguirnos organizando".
"Me preocupa cómo la guerra contra el narco está afectando la labor de muchas trabajadoras sexuales, porque hemos tenido que huir por las balas y nuestros lugares de trabajo se convirtieron en el lugar de sus disputas", sentencia Gabriela.
"A muchas compañeras las han desaparecido, violado y asesinado, supuestamente para que no abran la boca. Yo vivo con miedo, siempre he huido de las balas y por eso no trabajo en un sólo lugar. A donde voy intento dejar algo de lo que he aprendido con las compañeras que están organizadas, es la única forma de acabar con esta guerra contra la mujer, una guerra que no nos corresponde", concluye Gabriela
"Queremos que se difunda que existen grupos de trabajadoras sexuales que se están organizando y que no dependen de un gobierno, que hacemos una política desde nuestras esquinas y que estamos poniendo nuestro granito de arena para aportar a una transformación del mundo", refiere Krizna, y manifiesta que aún falta mucho por cambiar. Se trata, explica, de construir muchas redes de trabajadoras sexuales en distintos lugares, porque es la única forma de cambiar la realidad actual en el comercio sexual.
Actualmente hay un grupo de trabajadoras que están gestionando un proyecto de vivienda con la Secretaría del Trabajo del Distrito Federal, pero "gestionar una vivienda no significa que ya nos vendimos al gobierno, porque sabemos que constitucionalmente tenemos derechos. No queremos que se interprete así. Estamos exigiendo lo que nos corresponde, porque más que seguirle el juego al gobierno, es tener un documento para poder encararlo cuando se quiera pasar de lanza", explica Elvira Madrid.
La presidenta de Brigada Callejera expone que en más de veinte años de organización, el trabajo cada vez es mayor. "Nosotras estamos luchando por las que vienen, porque el trabajo sexual no se va a acabar y tampoco pretendemos hacerlo, por eso debemos de cambiar las condiciones de trabajo, y para esto sólo queda organizarse".

http://desinformemonos.org/2014/07/organizacion-la-unica-forma-de-lograr-condiciones-dignas-en-el-trabajo-sexual-brigada-callejera/

12 de enero de 2015

Feminismo Negro/Feminismo Afrodescendiente.


Las décadas de los sesenta y setenta fue sin duda de una alta producción teórica y de nuevas prácticas políticas en el feminismo en muchos países. Ya las reinvindicaciones y demandas feministas no eran el derecho al sufragio ni sólo entrar a las instituciones masculinizadas, otras lógicas y propuestas políticas enriquecían al feminismo: las afrodescendientes, las lesbianas feministas, las postcolonialistas, las multcuculturalistas, entre otras, abrieron el abanico de análisis con nuevas perspectivas en lo que se refería a la subordinación de las mujeres.

Desde un cuestionamiento a la categoría "mujeres" por su pretensión universal las afrodescendientes o mujeres negras han hecho aportes significativos relacionando categorías como la "raza"al sexo/género demostrando cómo el patriarcado tiene efectos diferentes en las mujeres cuando estas categorías les atraviesan.

En las próximas líneas presentaré los postulados de las afrodescendientes en tres contextos diferentes: Estados Unidos, Gran Bretaña y América Latina y El Caribe. Doy cuenta fundamentalmente de sus posturas políticas, teóricas y estratégicas. Con ello busco evitar cualquier sesgo esencialista de la categoría "mujer negra" como algo unitario y homogéneo y al mismo tiempo identificar los puntos comunes que sirvan para articular una lucha política transnacional frente al sexismo y el racismo.

Este texto es parte del marco teórico y conceptual de la investigación "Las estrategias políticas de mujeres afrodescendientes en Brasil, República Dominicana y Honduras" en proceso de publicación, en el período 2003-2005 con la cual recupero la historia de esta corriente política, como forma de evidenciar sus aportes, descartando cualquier sesgo victimizante de las mujeres negras o afrodescendientes, tal como se acostumbra hacer en los espacios académicos.

Abordo las experiencias de las afroamericanas y las británicas por entender que fueron pioneras en el desarrollo del feminismo negro de las cuales en América Latina y El Caribe nos hemos alimentado política y teóricamente para luego pasar a caracterizar los fundamentos políticos del movimiento de mujeres afrolatinoamericanas y afrocaribeñas, movimiento del cual he formado parte, por tanto los análisis que hago aquí parten de mi experiencia política en el mismo y las reflexiones teóricas que me ofrece la teoría feminista


Los postulados del Black Feminism. La experiencia en Estados Unidos.
"La supresión histórica de las ideas de las mujeres negras ha tenido una marcada influencia en la teoría feminista. Vistas más de cerca, las teorías presentadas como universalmente aplicables a las mujeres como grupo resultan, en buena medida, limitadas por los orígenes blancos y de clase media de quienes las propusieron" (Hill Collins. 1998:259). Así escribió la afroamericana Patricia Hill Collins ejemplificando el sentir de muchas afroamericanas que se toparon en el quehacer feminista con una teoría incompleta e incorrecta que bajo el velo de la generalidad de la categoría "mujeres" escondía su propio racismo. La misma lógica de exclusión que habían vivido las mujeres afrodescendientes desde épocas de esclavitud atravesaba la práctica feminista. Eran las grandes ausentes de la historia de las mujeres, junto con las indígenas, lesbianas, migrantes etc. Al feminismo le traspasaba el carácter liberal, burgués y universalista que las pioneras combatieron en tiempos de las Luces y de la Revolución Francesa cuando se trataba de las desigualdades con los hombres. Una universalidad que no consideraba los contextos históricos, ni las experiencias individuales y colectivas de muchas mujeres que si bien eran víctimas del sexismo, eran también atacadas por los efectos de otros sistemas de dominación como el racismo, el clasismo, el heterosexismo.

El concepto de patriarcado, fundamental para la teoría feminista, fue puesto en tela de juicio por haber sido considerado como una dominación masculina indiferenciada, sin examinar cómo éste se hacía concreto en las experiencias particulares donde la raza, la clase, la sexualidad y jugaban papeles fundamentales en la reproducción social.

Una de las principales reivindicaciones del feminismo contemporáneo con base al análisis de la división sexual del trabajo y a la diferenciación entre roles femeninos y masculinos fue el derecho al trabajo asalariado, fuera del hogar, lo cual permitiese a las mujeres una autonomía financiera a la vez que lograr reconocimiento social.

Bell hooks, basándose en la obra de Betty Friedan, La Mística de la Feminidad, texto que de alguna manera se convirtió en un referente teórico y político para el feminismo contemporáneo en los años 60 en Estados Unidos, criticó la visión racista y clasista del feminismo de la época argumentando que lo que proponía Friedan de que las mujeres se liberaran del trabajo doméstico para profesionalizarse igual como lo hacían los hombres blancos, no consideraba a las mujeres afrodescendientes, que siempre trabajaron fuera del hogar como fuerza de trabajo en las calles y en la casa de los y las blancas, fruto de la herencia de la esclavitud (Hooks, 2004). La división de la esfera pública y privada como aquellos espacios donde se evidenciaba la división sexual del trabajo, perdía ese sentido absoluto cuando se trataba de la experiencia de muchas mujeres en la que ambas esferas fueron espacios de explotación económica, de construcción de estereotipos y roles sexualizados y racializados, ubicadas siempre en esferas laborales menos valoradas y remuneradas, como lo fue, entre otros, el trabajo doméstico. (Collins,1998; hooks, 2004).

Audre Lorde, poeta y lesbiana feminista afroamericana refiriéndose a las diferencias que atravesaban al feminismo preguntaba: "Si la teoría feminista estadounidense no necesita explicar las diferencias que hay entre nosotras, ni de las resultantes diferencias en nuestra opresión, entonces, cómo explicas el hecho de que las mujeres que te limpian la casa y cuidan de tus hijos, mientras asistes a congresos sobre teoría feminista, sean en su mayoría mujeres pobres y mujeres de color?, ¿Qué teoría respalda el feminismo racista? (Lorde, 2003). La visión clasista y racista del feminismo no dejaba ver cómo se reproducían estos sistemas de dominación entre las mismas mujeres.

El análisis de la violencia también fue cuestionado por haberse limitado a la esfera doméstica e intrafamiliar. Si bien las afrodescendientes sufren de igual modo que otras mujeres la violencia por parte de los hombres en el ámbito domestico, privado y público, no se especificaba cómo ésta se relacionaba con un racismo institucionalizado que por un lado marca una representación sexual a las afrodescendientes, vistas como "buenas y calientes para la cama", hipersexuales y agresivas, que sumado a la pobreza en que viven las lleva a ocupar los mayores porcentajes en la participación del trabajo sexual y en la pornografía. Por otro lado, el feminismo no abordaba cómo esa violencia racial se manifestaba en la esfera pública como la calle y en los espacios de trabajo. (Hooks, 2004; Collins, 1999)

Los análisis feministas en torno a la familia concebida como una institución que sostiene la explotación de las mujeres con base a roles sexuales definidos y diferenciados, sostenida en la heterosexualidad normatizada, tampoco fue relativizada en función de las experiencias particulares de las mujeres afrodescendientes. Las personas afrodescendientes siempre están asociadas al crimen, a la perversión y el desorden, sumado a que la situación de marginalidad extrema les condena a altos niveles de drogadicción, alcohol, violencia, lo cual ha justificado políticas de control y violencia por parte del Estado y los aparatos policiales. Ese racismo cotidiano e institucional que viven en la esfera pública, hace que la familia en cualquiera de sus formas, sean especie de refugios que les permite cierta sobrevivencia emocional y apoyo colectivo (Brah, 2004; Bhavnany y Coulson, 2004).

El tema de la reproducción también fue complejizado. Mientras muchas feministas reivindicaban el derecho al aborto, en cuyas filas siempre hubo mujeres afrodescendientes, estas también han levantado el derecho a la reproducción en buenas condiciones frente a los limitados y deplorables servicios públicos de salud y en contra de la estilización forzada, ejemplo de políticas eugenésicas y racistas estatales que siempre han estado dirigidas hacia las mujeres pobres, indígenas y afrodescendientes. (Hooks, 2004; Wernerk, 2005; Carneiro, 2005; Roland, 2000).

La "sororidad" y solidaridad principio que sustentaba el feminismo fue también criticado, considerándolo un mito en tanto invisibilizaba las relaciones de desigualdad y relaciones de explotación y dominación entre muchas mujeres afrodescendientes y feministas blancas, en particular aquellas que tenían lugar en el espacio doméstico: "la palabra hermandad lleva implícita una supuesta homogeneidad de experiencias que en realidad no existe" (Lorde, 2003: 124). La hermandad entre mujeres fue un mito que a pesar de que apuntaba la necesidad de entrelazar lazos de complicidad entre las mujeres frente al patriarcado y al sexismo, no dejaba ver en qué medida se reproducía el racismo en la práctica feminista.

Estas nuevas visiones de las feministas afrodescendientes, llevaron a desarrollar lo que se denomina black Feminism o feminismo negro, en Estados Unidos abriendo así las brechas teóricas y conceptuales que articula diversos sistemas de opresión y que se han hecho concreta en las diversas prácticas políticas colectivas articulando un movimiento antirracista y antisexista de mucho impacto.

Bajo el concepto de "mujeres de color" nace el feminismo negro en Estados Unidos a principios de los años 70 con dos propósitos: la reconstrucción del feminismo, dominado por una visión etnocentrista y racista que invisibilizaba las experiencias de las mujeres no blancas en sus postulados teóricos, analíticos y en la práctica misma y la denuncia del sexismo del movimiento de los derechos civiles de los hombres negros que se desarrolla desde los años 60. "Mujeres de color" más que una categoría biológica fue asumida como una categoría política que cuestionaba el predominio de una supremacía blanca (hooks, 2004) y las prácticas patriarcales que se daban tanto en la sociedad norteamericana como en estos movimientos sociales.

En Estados Unidos The Nacional Black Feminist Organitacion (Organización Nacional de Feministas Negras) en Nueva York, primera organización de feministas afrodescendientes, el Colectivo Combahee River constituido por lesbianas y mujeres feministas con una política radical y muchos otros en los años 70 (Anzaldua y Morraga. 1988) fueron de las primeras experiencias organizativas más significativas en estos años.

Articulando múltiples opresiones las afrodescendientes buscan una transformación social a partir de las experiencias históricas de las mujeres. La "raza", igual que la clase y el sexo ha sido concebida como categoría social de poder basada sobre la ideología de la diferencia fenotípica. Las estructuras de clase, racismo, género y sexualidad son concebidas como "variables dependientes" porque cada una esta inscribe en las otras y es constitutiva de y por las otras. (Brah, 2004).

El feminismo negro en Estados Unidos se apropia de teorías feministas, pero impregnándole su propio stand point (Collins, 1998). Lo "negro" en el feminismo viene dado como una diferenciación de un feminismo que solo era legitimado desde la visión desde mujeres blancas de clase media y burguesa y al mismo tiempo cuestionaba la "natural" fraternidad y solidaridad racial negra" per se impulsada por el nacionalismo negro. La consideración de las múltiples opresiones de las mujeres en la que la raza, la clase, el género y la sexualidad son variables interdependientes, y que constituye lo que Patricia Hill Colllins llama "matriz de dominación" (Ibid) es lo que ha otorgado una visión radical a esta propuesta feminista. En este pensamiento político el concepto de diferencia más que ser concebido como esencialista, es visto como fruto de experiencias históricas enmarcadas en relaciones sociales de poder y dominación consecuencia del colonialismo y la esclavitud.

. Patricia Hill Collins define el pensamiento de este feminismo de la siguiente manera:

"Para desarrollar definiciones adecuadas del pensamiento feminista negro es preciso enfrentarse al complejo nudo de las relaciones que une la clasificación biológica, la construcción social de la raza y el género como categorías de análisis, las condiciones materiales que acompañan estas construcciones sociales cambiantes y la conciencia de las mujeres negras acerca de estos temas. Una manera de ubicarse frente a las tensiones de definición en el pensamiento feminista negro es especificado en la relación entre la ubicación de las mujeres negras -aquellas experiencias e ideas compartidas por las afroamericanas y que les proporciona un enfoque singular de sí mismas, de la comunidad y de la sociedad- y las teorías que interpretan esas experiencias (…) el pensamiento feminista negro comprende interpretaciones de la realidad de las mujeres negras hechas por las mujeres negras". La lucha por una conciencia feminista afrocéntrica autodefinida se da a través de una fusión de pensamiento y acción. (Hill Collins, 1989: 289).

Para Hill Collins construir una femininidad negra implica forjar expresiones individuales, para potencializarlas de manera articulada en lo colectivo, pero siempre desde una perspectiva afrocéntrica de acuerdo a antiguos sistemas de creencia africana como claves para la resistencia a la opresión racial y como parte de una lucha conciente (Ibid).

¿Qué implicaciones tiene construir una feminidad negra?, ¿Cómo resolver la tensión como feministas de por un lado salir de la lógica de la dicotomía feminidad/ masculinidad socialmente construidas y al mismo tiempo construir una feminidad "negra" necesaria para la acción política?

La respuesta no es simple, ya que por un lado es necesario para la política feminista deconstruir una concepción de feminidad a partir del concepto "mujer" ligada a un naturalismo sexualizado, justificativo para crear las desigualdades y estereotipos entre los sexos y por otro lado las categorías "mujeres afrodescendientes", "negras", o "de color" ha sido necesaria para recuperar una experiencia compartida de dominación que permite articularse en la lucha política. Es una tensión que no tiene salida fácil a no ser la "dobledad" .Es una tensión en la que es necesario un ir y venir que nos haga salir de la lógica binaria heterosexista de la feminidad, destruyendo así su significado y por otro lado entender cómo ha sido construida una "feminidad negra" sexualizada y racializada creando, a través de las practicas discursivas, teóricas y en el accionar político un nuevo significado. ¿Porque qué es ser una mujer negra, sino aquello que ha sido representado por los sectores dominantes racistas y masculinos?

Es esta reconstrucción de una feminidad negra resignificada positivamente es donde ha descansado en gran medida la practica política antirracista y antisexista que valore los aportes a una historia de la que han sido invisibles, reconozca otros valores no racializados y sexualizados, que permita emprender una solidaridad política convirtiéndose en sujetos políticos capaces de hacer transformaciones sociales desde su propia visión.

Es por ello que ante las acusaciones de que en el feminismo negro existe un sesgo esencialista por contener una categoría biológica (ser negra), Hill Collins responde con el concepto de centralidad significando la necesidad de que las mujeres negras desarrollen un pensamiento feminista que se centre en las experiencias de raza, clase y género, así como las experiencias históricas concretas ligada a lo africano y a las secuelas de la esclavitud, lo cual genera una perspectiva única del mundo y les permite definir una "feminidad negra autodefinida", con una conciencia de grupo oprimido, un pensamiento hecho por quienes viven estas opresiones, por tanto se constituye en un saber especializado (Collins, 1998). En ese sentido "lo negro" no es una categoría biológica sino histórica. Esta nueva propuesta ofrece un cuerpo teórico independiente y particular a partir de una experiencia concreta de opresión y una particular conciencia sobre esa opresión.

La propuesta de centrarse en el afrocentrismo, si bien implica valorizar lo concerniente a una herencia africana desvalorizada tanto en su cultura como en su historia y que construye una africanidad en la diáspora que busca combatir el eurocentrismo, corre el riesgo de no entender cómo se ha construido esa diáspora en contextos sociales e históricos actuales y en sociedades en las que habitamos. Con ello no quiero de ninguna manera dejar de lado la importancia de definir lo que somos desde la historia de un continente desde el cual fueron forzosamente sacados los africanos y africanas en el proceso esclavista de los cuales descendemos, lo que quiero llamar la atención es que ha habido procesos de adaptación y readaptación a las nuevas condiciones socio-económicas, creación y recreación cultural, discursiva y práctica que ha generado nuevas culturas diferenciadas. La autenticidad de lo afrocéntrico no es más que un mito y que puede ayudar solo en parte a la lucha política. Desmistificar el afrocentrismo significa considerar esa parte de lo que somos que es negada y desvalorada, pero también es reconocer todo lo que somos de otras culturas construidas y en construcción, cómo somos generadas con base a las diversas relaciones sociales que nos atraviesan donde está presente la clase, el género, la sexualidad, pero también los contextos regionales, locales y las experiencias específicas en donde se entrelaza todo eso que somos.

A pesar de que coincidimos con los presupuestos políticos de Collins de lo que significa el feminismo negro denominar a este feminismo de "negro" tiene a nuestro modo de ver un sesgo esencialista, que aunque conciente de que en sociedades donde la supremacía y la hegemonía cultural blanca esté tan definida y posicionada creando mecanismos de poder para su perpetuación, un toque de esencialismo es necesario en la política antirracista, hace muchas veces perder de vista las causas reales del racismo y del sexismo en el capitalismo neoliberal globalizado.

Si bien las y los afrodescendientes han enmarcado la negritud en un proyecto político de resistencia y transformación, reconceptualizando y resimbolizando su contenido y cambiando su significado negativo en positivo, y aunque se considere lo "negro" como una categoría construida por los procesos históricos de colonización y esclavitud, sigue siendo una representación que evidencia cómo ha sido imaginado "lo negro" en las sociedades racistas y postcoloniales. Referirse a "lo negro" como algo auténtico, significa asumir que las experiencias vividas están vacías de representación. "Lo negro" es generalmente considerado en contraposición a "lo blanco" en una lógica de oposición binaria y que tiene como referente una categoría fenotípica. Tiende además a la generalización y homogenización de la experiencia de la diáspora afrodescendiente y con ello su cultura y esto son peligros que afectan nuestras estrategias y luchas políticas.

Es por lo que denominar "feminismo negro" a una práctica política que busca considerar como la "raza, el sistema sexo/género, la clase y la sexualidad" interrelacionadas como categorías de poder, limita la progresión que debe sostener una política feminista radical, en ese sentid la negritud como signo no es nunca suficiente.

Algunas afrodescendientes en Estados Unidos prefieren asumir el concepto de womanismo, (mujerismo) concepto propuesto por la escritora afroamericana Alice Walker, como una forma de expresar una afirmación de una feminidad negra en contraposición a una blanca y como una manera de reivindicar la solidaridad y complicidad necesaria y urgente propuesta del movimiento de liberación negra y del nacionalismo negro. Este concepto retoma las luchas de las mujeres negras, antes de haber aparecido el feminismo como teoría frente al sexismo, el racismo, la pobreza y el capitalismo internacional. Da un sentido de colectividad, de genealogía negra y pone en duda los análisis del feminismo blanco por su sesgo racista y elitista. (Sudbury, 2003).Para Alice Walter una mujer womanista "está comprometida con la supervivencia e integralidad de la gente en su totalidad, machos y hembras. Una womanista no es separatista, salvo periódicamente por salud" y "es tradicionalmente universalista" luchando siempre por la humanidad entera (Walter citada por Collins, 1999: 302).

Ante esta propuesta cabe la pregunta: ¿cuál es la diferencia entre womanismo y feminismo? El feminismo, aquel que ha sido reivindicado por las afrodescendientes, se propone los mismos postulados que dice tener el womanismo. El hecho de que el feminismo haya sido una propuesta política y teórica marcada por el racismo y el etnocentrismo, no lo anula como propuesta valida, cuestionadora, revolucionaria y transformadora para las mujeres. El aporte del feminismo negro o la perspectiva de las afrodescendientes, de las tercermundistas, de las postcolonislistas, de las llamadas mujeres populares han completado y reconceptualizado una teoría y una practica feminista que la aleja cada vez más de ese etnocentrismo y racismo. La tarea que queda pendiente es que todas las feministas hayan sido racializadas o no, de diversas clases y posiciones sociales aborden todos los sistemas de opresión que afectan a todas las mujeres. Solo así el feminismo será una propuesta completa y transformadora para la humanidad completa. La propuesta womanista contiene a mi modo de ver un sesgo antifeminista y contradictoria, pues primero no reconoce esos aportes a los que me refiero más arriba, ni tampoco reconoce los aportes que el feminismo, como propuesta de transformación, práctica, ética, política del mundo ha hecho para todas las mujeres.

La propuesta del feminismo negro fue sin duda un gran salto positivo para el feminismo por sus diversas contribuciones sobre todo, como hemos dicho, en colocar cómo la "raza", la clase, y el sexo se interrelacionan. No obstante no mucho se ha abordado el tema del heterosexismo como otra forma de dominación ligada a las anteriores.

Las lesbianas, han luchado por colocar esta perspectiva al encontrar un vínculo entre lesbianismo político y el feminismo como posibilidades teóricas y políticas de enfrentar la dominación sexista y racista. Cheryl Clarke, lesbiana feminista afroamericana señala cómo el lesbianismo feminista tiene toda la posibilidad de trastocar la heterosexualidad como uno de los sistemas de la opresión de las mujeres, "siempre y cuando parta de una visión antirracista y anticlasista" (Clarke, 1988:100).

No obstante el esfuerzo de muchas lesbianas por colocar esta perspectiva política, han tenido que soportar las críticas, la invisibilización y el rechazo tanto del movimiento de de las mujeres afrodescendientes heterosexuales, como de los hombres afrodescendientes al concebirse el lesbianismo como una amenaza de la lucha antirracista y antisexista. Audre Lorde, como lesbiana feminista respondía a ello de la siguiente manera: "Los ataques contra las lesbianas negras han arreciado tanto por parte de los hombres negros como por las mujeres negras heterosexuales. Pero así como la existencia de mujeres negras que se definen así mismas no constituye una amenaza para los hombres negros que también lo hacen, las lesbianas negras solo representan una amenaza emocional para aquellas mujeres negras que viven como un problema sus sentimientos de camaradería y amor por sus hermanas" (Lorde, 2003) Para Lorde, el lesbianismo es definirse a así misma, es asumir la libertad frente a los hombres, implica definir un destino propio, desarrollar ayuda mutua y solidaridad entre mujeres, coincidiendo con el concepto de continum lesbiano propuesto por Adrienne Rich (Rich, 1988)

La experiencia de Combahee River ha sido desde los años 70 uno de los ejemplos más interesantes en Estados Unidos por haber logrado la interrelación de todos los sistemas de opresión: En su Declaración de 1978 se deja ver esta perspectiva política: "La declaración más general de nuestra política en este momento sería que estamos comprometidas a luchar contra la opresión racial, sexual, heterosexual y clasista, y que nuestra tarea específica es el desarrollo de un análisis y una práctica integrados basados en el hecho de que los sistemas mayores de opresión se eslabonan. Como negras, vemos el feminismo negro como el lógico movimiento político para combatir las opresiones simultáneas y múltiples a las que se enfrentan todas las mujeres de color" (Combahee River Colletive. 1988:179).

El feminismo negro de Estados Unidos ha sido una referencia fundamental para el movimiento de mujeres afrodescendiente de muchas latitudes por su experiencia organizativa que data desde los años setenta pero también por sus aportes teóricos que han salido desde la academia y el activismo feminista.


Articuladas desde el color político: Mujeres Negras en Gran Bretaña
En Gran Bretaña desde una lucha antiimperialista, anticolonialista, contra el racismo, la desigualdad de clase y las prácticas patriarcales se inicia en los años 70 el movimiento de mujeres negras con la experiencia de OWAAD (Organization of women of Asian and African Descent), primera organización nacional y el grupo de Mujeres Negras de Brixton (AWAZ), no obstante antes ya existían otras experiencias y posteriormente otras decenas de organizaciones surgen bajo la denominación de "mujeres negras. (Brah, 2004; Sudbury, 2003).

"Mujeres negras" ha sido una categoría diversa que refiere a cuestiones de clase, raciales, migración e incluye a mujeres que han migrado de Africa, Asia y El Caribe. Allí, "lo negro" ha estado lejos de connotaciones esencialistas, en tanto es una categoría diferenciada que implicaba una multiplicidad de experiencias diaspóricas (Brah, 2004). Esto ha planteado un desafío a la lucha antirracista fundamentada en el color político y cuestiona de fondo la categoría mujer negra como categoría unitaria. El concepto de negritud para las británicas no es una noción en relación a una no-blancura, sino que se convierte en una identidad política estratégica que les articula frente a un racismo institucionalizado expresado en la violencia policial, los servicios públicos y los efectos de la migración que les coloca en condiciones de desigualdades materiales, sociales y culturales.

El término negro "es un acto de oposición que declara la supremacía de historias de resistencia y opresión sobre las tácticas divisivas de la clasificación "científica" (Sudbury, 2003:288) Esta unión afroasiática es heredada, de alguna manera del movimiento Black Power en los años 60 que reunió a hombres y mujeres de descendencia africana y asiática frente al racismo y la violencia desatada en estos años en Gran Bretaña. No obstante la participación de las mujeres en este gran movimiento, no fueron suficientemente reconocidas como sujetas políticas activas en el seno de las diferentes organizaciones que lo constituyeron, lo que les hizo luchar contre el machismo y androcentrismo de sus compañeros de lucha al tiempo que cuestionaron también la visión hegemónica de participación política como los partidos, los sindicatos considerándoles alienantes y exclusivistas creando organizaciones más autónomas. (Ibid).

Julia Sudbury, womanista, inglesa de origen jamaiquino, quien realizó un interesante estudio sobre las organizaciones de mujeres negras en Gran Bretaña del 1970 a 1990, para referirse a las experiencias de sexismo siempre racializadas propone los conceptos de racismo de género y sexismo racializado, significando que estos conceptos no permiten la separación de los sistemas de dominación racismo y sexismo cuando se trata de la experiencia de las mujeres negras (Ibid). Identifica seis áreas de acción política en las que actúan las afrodesdendientes: las internas de las comunidades negras- lo individual, la familia y la comunidad- y las desarrolladas frente a los aparatos de poder- local, nacional e internacional- (Ibid) El área individual es asumido por tres temas: la autoconfianza; que les da la autonomía frente a la violencia y dependencia de los hombres y frente a las estructuras discriminatorias; una visión de una educación alternativa que combatiera las representaciones negativas sobre la feminidad negra y que les permitiera identificar las barreras racializadas de género, recuperar una historia y lograr una formación para la conciencia crítica; y el desarrollo económico como una vía para lograr intendencia frente a sus compañeros violentos a la vea que una reafirmación personal.

La familia se convierte en un lugar de afirmación y resistencia al racismo. Así por ejemplo, la crianza de los hijos e hijas, más allá de procesos de socialización ligados a roles de género es un proceso político, pues las mujeres desarrollan hacia las hijas y los hijos procesos de concientización que les da herramientas para enfrentar el racismo. Esta crianza se hace muchas veces de forma común pues representa una intersección entre comunidad e individuo y se asume como una responsabilidad compartida. Para ello buscan soluciones colectivas como es el caso de guarderías seguras y antirracistas. La relación con los hombres también es muy particular. Existe una tendencia a priorizar el racismo por encima del sexismo. Esto dado por la experiencia compartida de racismo con los hombres negros, lo que muchas veces les lleva a dejar de lado la violencia masculina de los hombres negros. (Ibid)

La tercera área es la comunidad, entendida como diversas experiencias colectivas. Por su situación de mujeres negras, muchas de ellas migrantes de diferentes países la idea de comunidad es amplia. Un referente comunitario podía ser las organizaciones de mujeres, otro compartir experiencias con afrodescendientes o asiático-descendientes, otra de migrantes. En algunos casos el concepto de comunidad para muchas mujeres de descendencia africana se vuelve más homogéneo con base a la feminidad negra de descendencia africana, lo que muchas veces les ha traído conflictos acusadas muchas veces de separatismo y de dividir la lucha antirracista.

En torno a la acción política dirigidas a las esferas de poder, Sudbury señala las relaciones con el Estado y con el gobierno municipal. Esta acción política se ha dirigido fundamentalmente a lograr una distribución de fondos y subsidios para las organizaciones de mujeres negras, lograr representación y mejorías económicas y sociales para las organizaciones y las comunidades negras. Si bien esto les ha permitido posicionarse como grupo y comunidad con cierto reconocimiento y exigir derechos, esto les ha llevado a depender financieramente del Estado y de los aparatos gubernamentales del Municipio. Muchas organizaciones por captar recursos sustanciosos a través de consultorías y el patrocinio de empresas negras "se están convirtiendo en más sofisticadas y están más activamente preocupadas en planear su base financiera […] Muchas de ellas han pasado del activismo político a la prestación de servicios (Idid,: 296)

A nivel internacional muchas organizaciones definen una política de solidaridad con otras mujeres de otros países para lograr una "agenda internacional" para la trasformación frente a los efectos de la economía global y la exclusión social, política y cultural que trae consigo. Estas solidaridades no han podido desarrollarse de la mejor manera debido a los escasos recursos de las organizaciones de las Mujeres. Solo en algunas conferencias mundiales como la de la Mujer celebrada en Beijin se lograron hacer algunas acciones.

En Gran Bretaña por tanto el concepto de familia, patriarcado, la reproducción fueron también repensados desde una nueva óptica política más amplia y más particularizada de acuerdo a las experiencias de las mujeres negras.

Igual como pasó en Estados Unidos las mujeres negras cuestionaron la supuesta hermandad homogénea que planteaba el feminismo blanco y que no reconocía la diversidad de las mujeres concibiéndolas como victimas pasivas.

"Lo personal es político" consigna que ha permitido a las feministas la politización de lo íntimo y privado y una autoafirmación personal adquiere una visión diferente cuando se trata de experiencias de las mujeres afrodescendientes. Lo personal se une a lo colectivo no dejando paso a la dicotomía autorealización y acción colectiva.

Como muchas afroamericanas, las mujeres negras británicas se asumían parte del feminismo negro, distanciándose de feminismo blanco invocando la lucha contra el racismo y la violencia patriarcal. Avtar Brah asume que el "feminismo negro" británico no parte de categorías esenciales sino que son cuestionamientos que se han generado a partir procesos, discursos y situaciones materiales. Para Brah el feminismo negro ha significado una lucha política en el cambio de significados, conceptos teóricos, la relación entre teoría, práctica y experiencia subjetiva. Significa formas de movilización y la definición de prioridades políticas (Brah, 2004). Muchas otras intelectuales negras británicas como Hazle Carby, Pratibha Parmarm Kum-Kum Bhavni y Valerie Amos entre otras, ayudaron significativamente a ir forjando ese pensamiento crítico.

Igual como sucedió en Estados Unidos, el heterosexismo ha sido muy poco abordado por las organizaciones de mujeres negras. En Gran Bretaña también fue un punto de conflicto. La heterosexualidad era el modelo fundamental legitimado. En OWAAD una de las principales organizaciones cuando las lesbianas quisieron tener un espacio político y de visibilidad a principios de los años 80 fue lo que provocó una de las mayores crisis de la organización. Muchas de las heterosexuales expresaban que la homosexualidad era una enfermedad y que era de origen europeo: "el lesbianismo estaba entrelazado al feminismo blanco, que a su vez se hizo un "otro" ultrajado"

No obstante las rupturas y fragmentaciones, el movimiento de mujeres negras en Gran Bretaña sigue siendo un referente importante de lucha política antirracista y antisexista que articula diferentes niveles y formas de opresión de acuerdo a contextos históricos particulares. Como bien lo selaña Avtar Brah: "Como resultado de nuestra posición en las diásporas formadas por la historia de la esclavitud, el colonialismo y el imperialismo, las feministas negras hemos abogado sistemáticamente en contra de la mentalidad provinciana y hemos hecho hincapié en la necesidad de un feminismo consciente de las relaciones internacionales de poder" (Brah, 2004:110).


Mujeres negras o afrodescendeintes de América Latina y El Caribe: visibilizando el racismo y reafirmando la identidad
América Latina y El Caribe es un continente que ha estado marcado por el colonialismo y la dependencia económica inserto en un capitalismo de libre mercado pero con mercados débiles y con poca capacidad de competir a escala internacional, lo que le mantiene en una situación de pobreza generalizada. Si bien se han suscitado muchas revoluciones, estas han sucedido en el ámbito político, no así en lo social y económico.

Los Estados Nacionales se forjaron mediante la imposición de élites políticas y económicas que anterior al siglo XX reguló y expropió las riquezas locales e impuso una idea de un nacionalismo que solo ha sido el reflejo de una ideología de las élites: racista, patriarcal, segregacionista y clasista. Esta ideología ha supuesto la exclusión económica, social, económica y política de las poblaciones indígenas y afrodescendientes.

El pensamiento político latinoamericano y caribeño ha estado enmarcado en este contexto, determinado por la colonización y la conquista que impuso la esclavitud indígena y africana, una esclavitud que se ha extendido y ha tenido consecuencias en la vida de una gran mayoría de la población, y en ellas las mujeres han sido grandemente afectadas.

La acción política de las mujeres se ha dado frente a las políticas económicas y sociales discriminatorias, las dictaduras y los caudillismos, el machismo y el racismo. La construcción del sujeto político crítico se ha construido bajo una idea de liberación en función de estos fenómenos.

Si bien al feminismo latinoamericano y caribeño le ha traspasado una perspectiva de clase en comparación al europeo y en parte al norteamericano, no dejó de tener un sesgo clasista y también racista debido a las diferentes posiciones sociales y económicas y culturales que han atravesado las mujeres. La afrodescendencia o la indígeno-descendencia, si bien está presente a toda la población latinoamericana y caribeña actúa de manera diferente para aquellas/os que son más racializadas que otras/os en función a la evidencias de estas descendencias, negadas y desvaloradas a lo largo de la historia y ello se ha reflejado en el feminismo. Han sido las afrodescendentes y las indígenas quienes tuvieron que encargarse de evidenciar estas diferencias entre mujeres, de denunciar el racismo en el feminismo que se erigía sobre bases elitistas y clasistas y que no tomaba en cuenta en sus postulados teóricos y en sus acciones políticas los múltiples niveles de opresión que traspasaba a la mayoría de las mujeres.

No es casual que de los grandes debates que se suscitaron en los años setenta y ochenta fue la tensión que si las mujeres llamadas "populares", en su mayoría afrodescendientes e indígenas, eran feministas, sea que se autodenominaran o no colocando serias barreras de clase y raza en la propuesta feminista. Las mujeres "populares" siempre fueron consideradas las pertenecientes a "grupos de base" como si de partidos políticos se tratara colocando jerarquías de estructuras, de conocimientos y de visiones políticas.

Así como la clase era un detonador fundamental en las tensiones del movimiento lo fue también la "raza". A partir de los años setenta y más fundamentalmente en los ochenta se comienza a colocar el dedo en la llaga. Fue en el 1983 cuando sucede el segundo Encuentro Feminista de América Latina y El Caribe donde de manera colectiva y continental se coloca el tema del racismo, como el gran ausente de los debates políticos y aún planteado con timidez y cierta visión identitaria esencialita, las afrodescendientes y posteriormente las indígenas, comienzan a organizar espacios de debate dentro de los encuentros .

Por la misma precariedad material y educativa en que encuentran la mayoría de las afrodescendientes, por la ausencia del tema del racismo en los centros de estudios de mujeres y en las academias y por la misma falta de visión de las múltiples opresiones por parte del feminismo, el cuerpo teórico que ha sustentado la acción política de la lucha antirracista y antisexista latinoamericana y caribeña sigue siendo débil, aunque cada vez más mujeres producen publicaciones, sistematizando un pensamiento feminista crítico capaz de articular los diversos niveles de opresiones que atraviesan a las mujeres dentro del contexto latinoamericano y caribeño.

Ya organizadas en colectivos, organizaciones las afrodescendientes levantan tres cuestiones fundamentales: la necesidad de abordar el racismo en la propuesta feminista y el sexismo en la lucha antirracista que sostenía el movimiento negro mixto. En otras palabras tal como lo define Sueli Carneiro ennegrecer al feminismo y feminizar la lucha antiracista (Carneiro, 2005) y por otro lado construir un sujeto político colectivo capaz de incorporar esas perspectivas a ambos movimientos, pero también que tuviera sus propias construcciones internas y puntos de vista de las afrodescendientes

Así encontramos pensamientos políticos propios como fue el de la feminista afrobrasileña Leila Gonzáles. En su visión internacionalista de la lucha antirracista crea una propuesta para definir la experiencia común de los y las afrodescendientes en las Américas: la Amefricanidad basada en la negación de la latinidad de las Américas al considerar la preponderancia de elementos culturales indígenas/os y negros/as y por otro "la formación histórica de España y Portugal, que solo puede ser entendida tomándose como punto de partida la larga dominación de la península ibérica por los moros". Planteaba que el proceso de latinidad era una forma de eurocentrismo al subestimar o descartar las dimensiones indígenas y negras en la construcción de las Américas. (Barrios. 2000: 54-55). Lélia entendía la amerifricanidad como un proceso histórico de resistencia, de reinterpretación, creación de nuevas formas culturales que tiene referencias en modelos africanos, pero que rescataba otras experiencias históricas y culturales y que conllevaba a una construcción de una identidad particular, una mezcla de muchas cosas a la vez.

Lélia autoasumida como feminista, fue de las primeras en colocar la importancia de la interrelación entre racismo, sexismo y clasismo en la vida de las mujeres negras. Luisa Barrios investigadora de Salvador, Bahía analizando el pensamiento político de Lélia apunta:

"Por un lado Lélia reconoce la contribución que la teoría y la práctica feminista tuvieran a nivel internacional y su papel precursor en la discusión del homosexualismo, a partir del debate de la sexualidad en general. Por otro lado alertaba que la ausencia de la dimensión racial indicaba, en lo mínimo, una falta de reciprocidad considerando que en los Estados Unidos, por ejemplo, los movimientos homosexual y feminista fueron impulsados grandemente por la lucha de los negros por los derechos civiles. Desde esta perspectiva, sexismo, racismo serían variaciones de un mismo tema más general que tiene en las diferencias biológicas (reales o imaginadas) el punto de partida para el establecimiento de la ideología de la dominación. Lélia decía: " El olvido de la cuestión racial puede ser interpretado como un caso de racismo por omisión, que se origina de perspectivas eurocéntricas e neocolonialistas de la realidad latinoamericana" ( Ibid, 2000: 55).

Muchas voces, como la de Lelia Gonzáles emergían en toda Latinoamérica y el Caribe, dando contenido a ese pensamiento propio y al mismo tiempo emprendiendo una lucha política colectiva.

La visión afrocentrista ha estado muy presente en este pensamiento político. Se ha visto expresado en el rescate y la revalorización de herencias culturales africanas: culinaria, estética y sobre todo en la religiosidad, que trata de remontarse a las ancestras africanas y la recuperación de mitologías que explican la continuidad de la fuerza política de las afrodescendientes, lo cual ha permitido historizar y relativizar el concepto mismo de política. Jurema Wernerk recupera por ejemplo la historia de las Ialodês, mujeres líderes africanas que resistieron a cualquier pretensión de dominio y sumisión, herencia que reconoce en las mujeres de la diáspora. Este rescate ha implicado colocar la lucha política mucho antes de haber nacido la teoría feminista como teoría (Wernerk, 2005 ).

La presencia de feministas afrodescendientes activistas en religiones como Candomblé, Umbanda, vudú o prácticas religiosas sincréticas con una fuerte presencia africana ha permitido incorporar una cosmogonía que incide en la práctica política. En Brasil por ejemplo en el campo de la salud, las afrodescendientes han asumido un nuevo concepto: la medicina popular de matriz africana definido como un conjunto de saberes, medicinas y poderes sustentada por una cosmovisión mística y religiosa. Las mujeres en estas funciones como curanderas, parteras o sacerdotisas (mae de santos) son imprescindibles.

En la estética en la visión afrocéntrica se evidencia a través de las ropas coloridas y modelos y peinados africanos que van construyendo un discurso y una practica sobre una alternativa de belleza a la "blanca occidental" única legitimada y valorada en nuestras sociedades.

Todo ello ha conformado una feminidad negra basada en prácticas identitarias que sin bien tienden a ser esencializadas y estereotipadas, ha permitido posicionar una "negritud" necesaria para la reafirmación subjetiva de las mujeres (Curiel, 2003).

La visibilización del racismo en las sociedades latinoamericanas y caribeñas ha sido la ardua tarea que han tenido que asumir las organizaciones de mujeres afrodescendientes. Debido a la ideología del mestizaje el racismo se asocia a experiencias ligadas al aparthaid o a u segregacionismo como lo fue el caso de Estados Unidos y Africa del Sur. Se asume que la situación de marginación y exclusión socio-económica que viven las poblaciones afrodescendientes e indígenas se debe más por su situación de clase que por el racismo mismo, lo cual instauró el modelo de clasismo-más-que-racismo que sustenta la idea de que si se alcanza niveles socioeconómicos más altos y mejores, no se tendría barreras para la movilidad social y por tanto no serían víctimas de racismo (Lovell: 1991). Sobre esta base se ha instalado la ideología de la democracia racial que invisibiliza las diversas maneras en que el racismo se expresa de forma soterrada, pero también devastadora.

En ese orden las afrodescendientes han denunciado la ausencia de segregación por cuestiones raciales que hace invisible la situación de la población afrodescendiente y en especial a las mujeres en las estadísticas oficiales que ofrezca datos e informaciones. (Mateo, 2002). Esta limitación las ha llevado a crear conciencia de la existencia del racismo con ejemplos pocos respaldados por un perspectiva racional del conocimiento y de la ciencia aunque no menos valida, creando así un discurso critico que sea capaz de demostrar su existencia.

Esta necesidad de que se creen estadísticas segregadas por grupos raciales crea en si misma una gran tensión: ¿quién es o quién no es afrodescendiente en sociedades como las nuestras?, ¿dónde comienza y termina lo negro? La dificultad de contestar esta pregunta tiene varias razones. En primer lugar la demanda de hacer estadísticas por "raza" sigue de alguna manera concibiendo la existencia de la raza como categoría de clasificación humana, lo cual puede dar más herramientas al racismo que queremos erradicar. En segundo lugar, el mestizaje, sea una realidad cultural y social o imposición de una ideología provoca dos situaciones, por un lado la mayoría de la gente "visiblemente negra" no se reconoce en esta categoría por la autonegación que impone la ideología racista y por otro lado, ¿cómo caracterizar lo negro o afrodescendiente? ¿por niveles de degradación de color de piel? ¿por descendencias directas? Esto último tiene otro problema: la genealogía de parentescos se ha perdido producto de los mecanismos racistas que se impusieron desde la colonización a través de la separación de africanos y africanas de diversas naciones para evitar levantamientos y sublevaciones, posteriormente los y las africanos libres (en términos formales) se vieron obligados a migrar a diferentes lugares debido a la situación de precariedad económica en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo, situación que se extiende hasta hoy y la negación de una historia que tiene fuerte herencia africana fue negada tanto en documentos como en la memoria producto del propio racismo.

No obstante la situación anterior, las afrodescendientes han demostrado los afectos del racismo para las mujeres en las políticas de las políticas demográficas; en el carácter racial de la violencia hacia las mujeres desde demostrar la imagen estereotipada de sus cuerpos en los medios de comunicación donde aparecen hipererotizadas o en roles sexuados como sirvientas, hasta la violencia cotidiana en el ámbito público hecho por los aparatos policiales. En el plano de la salud han señalado enfermedades propias de la población afrodescendiente consecuencia de la situación de pobreza, han denunciado la esterilización forzada que han hecho los estados y gobiernos cuyas víctimas fundamentales han sido las afrodescendientes e indígenas pobres, han enfatizado los análisis de división racial y sexual del trabajo que las ubica en esferas laborales menos pagadas y menos valoradas como el trabajo doméstico, zonas francas y el trabajo informal, trabajos que han sido una continuidad de la esclavitud, hoy con carácter modernizante pero con sus mismas lógicas discriminatorias que en épocas de la colonización. Han denunciado los mecanismos de selección en el mercado de trabajo y la utilización del criterio de "buena presencia" como un mecanismo que mantiene las desigualdades tanto con los hombres como con las mujeres no negras (Campbell y Carreaga, 2002).

Las afrodescescendientes latinoamericanas y caribeñas cuestionaron la visión esencialista y monocausal de la separación de esfera pública y privada de le teoría feminista y con ello la concepción del trabajo: Sueli Carneiro, filósofa afrobrasileña en esta frase deja ver la visión racista:

"Cuando hablamos del mito de la fragilidad femenina que justificación históricamente la protección paternalista de los hombres sobre las mujeres,¿de qué mujeres se está hablando? Nosotras -las mujeres-negras- formamos parte de un contingente de mujeres, probablemente mayoritario, que nunca reconocieron en sí mismas este mito, porque nunca fueron tratadas como frágiles. Somos parte de un contingente de mujeres que trabajaron durante siglos como esclavas labrando la tierra o en las calles como vendedoras o prostitutas. Mujeres que no entendían nada cuando las feministas decían que las mujeres debían ganar las calles y trabajar.Somos parte de un contingente de mujeres con identidad de objeto. Ayer, al servicio de frágiles señoritas y de nobles señores tarados. Hoy, empleadas domésticas de las mujeres liberadas "(Carneiro, 2005: 22).

En menor medida, igual que pasó en Estados Unidos y Gran Bretaña han demostrado cómo el heterosexismo ha sido un sistema de poder cuando se impone una sexualidad normatizada como la heterosexual y cómo cuando ello se suma a otros sistemas de opresión colocan a las lesbianas afrodescendientes en situaciones difíciles y angustiantes (Curiel, 2003) En fin, sin datos estadísticos y con ellos han sido capaces de articular un discurso crítico en torno a cómo el racismo, el sexismo y el clasismo y el heterosexismo se articulan en la vida de muchas mujeres afrodescendientes en todo el continente latinoamericano y caribeo y más allá de él.

Las afrodescendientes latinoamericanas y caribeñas empiezan a asumir una identidad política bajo la denominación primero de "negras" y más recientemente de "afrodescendiente". Asumirse mujer negra ha sido una de las prioridades políticas del movimiento en la necesidad de ir forjando una femininidad reafirmada ante los embates del racismo y sus efectos sobre las mujeres. La negritud por tanto fue y siendo el punto de partida para una articulación política. Esta negritud ha sido en gran medida homogenizada, creándose un sujeto de "mujer negra" indiferenciado según contextos históricos, cuyo indicador relevante es el color de la piel, que si bien ha sido un color político (Brah, 2004) en el sentido que también parte de una construcción social y política, racializado y por tanto desvalorado, es en si misma una clasificación biológica que no deja de ser esencialista. "Lo negro", en Latinoamérica y el Caribe, diferente a Gran Bretaña, si hace referencia a un grupo cuyas características fenotipicas son compartidas en mayor o menor grado y bajo esta categoría se contextualizan las historias, el racismo, el sexismo y el clasismo, no a la inversa lo que ha provocado serios errores en la perspectivas y estrategias políticas. En ese sentido la mayoría de las acciones que define el movimiento gira ardedor de lo cultural, exacerbar la "cultura negra" para visibilizarla y con ello valorarla. Sigo preguntando: ¿Acaba eso con el racismo? Me sigo dando la misma respuesta: "solo recrea la cultura pero no acaba con las desigualdades económicas, sociales y políticas que son producto del racismo y la explotación" (Curiel, 2003:9).

Ochy Curiel, (2007)

18 de diciembre de 2014

¿Por qué emigran las mujeres a los Estados Unidos?




La presencia de las mujeres en la migración hacia a Estados Unidos tradicionalmente era considerada poco significativa. Sin embargo, estudios recientes destacan que desde los años 80 está cambiando ese patrón.
Ellas han asumido un papel cada vez más activo y dinámico. La migración de trabajadoras temporales es ahora un fenómeno importante. entre 1998 y 2001 de un promedio anual de 320 mil migrantes que regresaron a México, 6.8 por ciento correspondió a mujeres.
De acuerdo con información de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF), durante el periodo 1998-2000, del promedio anual de 639 mil mexicanos deportados que intentaron ingresar a Estados Unidos, 82 por ciento eran hombres y 18 por ciento mujeres.
La EMIF es realizada por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, el Consejo Nacional de Población, El Colegio de la Frontera Norte y el Instituto Nacional de Migración. Su propósito es aportar elementos de análisis sobre la situación de los flujos migratorios.
CARACTERÍSTICAS
Las mujeres migrantes destacan por ser relativamente jóvenes y se advierte predominan las de origen urbano.
El 18 por ciento de las personas repatriadas a México por las autoridades migratorias de Estados Unidos son mujeres, lo que hace evidente su vulnerabilidad ante los obstáculos que enfrentan como migrantes indocumentadas al intentar cruzar la frontera.
La EMIF señala que la mayoría de ellas tienen entre 12 y 24 años de edad. En cuanto a escolaridad, el 58 por ciento de las mujeres cuenta con al menos un año de secundaria, mientras que el porcentaje de los migrantes varones con esa escolaridad es de 45 por ciento.
Respecto a su situación conyugal y jefatura de hogar, la gran mayoría de los varones están unidos (65 por ciento) y 71 por ciento se reconocen jefes de hogar mientras que en las mujeres las proporciones respectivas son 34 y 54 por ciento.
UNA DIVISIÓN Y RUTA EXTENSA
De los más de tres mil kilómetros que dividen a ambos países, el paso hacia o desde Estados Unidos se realiza básicamente por 23 localidades, ocho de las cuales concentran poco más de 94 por ciento de los flujos que transitan en las dos direcciones.
A estos lugares las y los migrantes llegan necesariamente por zonas asociadas con la infraestructura de transportes foráneos de la ciudad.
La EMIF revela que la migración procedente del sur, llega a la frontera para permanecer en ella o utilizarla como punto de cruce (documentado o indocumentado) hacia ese país.
En sentido contrario, es decir, de norte a sur los y las migrantes llegan a las ciudades fronterizas procedentes de Estados Unidos, de manera voluntaria o como producto de una devolución de la Patrulla Fronteriza.
PARTICIPACIÓN DIVERSA
En tanto, un análisis de la organización Sin Fronteras, refiere que las mujeres que permanecen en sus comunidades, facilitan la migración masculina, ocupándose no sólo de su "rol tradicional", sino se hacen cargo de las actividades productivas, contribuyendo al sostenimiento económico de sus familias.
Sin Fronteras revela que la mujer que emigra por su cuenta en búsqueda de empleo corresponde a quienes son cabeza de familia, ya sea porque son familias monoparentales (sólo padre o madre), o bien porque son responsables del sostenimiento económico de su padre y madre.
Asimismo, las mujeres solteras y que no tienen hijos migran también en busca de empleo para su propio sostenimiento.
Así, cada vez más son las mujeres que salen por su cuenta en busca de trabajo. Con ello no solamente la población femenina, que migra participa en este fenómeno, sino también aquéllas que permanecen en sus comunidades de origen.
 
Por: Román González
 


16 de diciembre de 2014

Mujeres.....Comunidades de Orígen.


La decisión de migrar está determinada por numerosos factores. Uno de ellos es la cultura del país de origen, con sus relaciones de género, y las jerarquías y roles sociales. Especialistas en migración consideran que el grado de subordinación de la mujer en la familia influye directamente en la decisión de migrar, ya que es el núcleo familiar el que asigna los roles específicos tanto a mujeres como a varones y por lo tanto determina el acceso de los dos grupos a información y a recursos. De este modo, además del contexto socioeconómico, la edad y la existencia de redes de apoyo de migrantes transnacionales en su comunidad, la decisión autónoma de migrar de una mujer está también determinada por la posición que ocupa tanto en la comunidad de origen como en la estructura familiar.Hasta hace algunos años, la literatura sobre migración daba por sentado que la motivación central de las mujeres al migrar era reunirse con sus esposos . Hoy se cuenta con evidencia de que las mujeres, además, migran para buscar trabajo y para mantenerse a sí mismas y a sus familias. Cada vez son más las mujeres, madres de niños pequeños, que migran a los Estados Unidos dejando a sus hijos en el lugar de origen. Cuando las mujeres son quienes salen de su país y se convierten en fuente de sustento de la familia, el poder económico que obtienen puede contribuir a su empoderamiento.Pero el empoderamiento puede ser a la vez causa y consecuencia de la migración. Generalmente, las mujeres que migran muestran un mayor acceso a recursos de información y a redes sociales de apoyo, entre otros factores, que sus homólogas no-migrantes .
A su vez, cada día se unen a los flujos de migrantes un mayor número de adolescentes, niños y niñas no acompañados que intentan cruzar la frontera para reunirse con sus padres y madres. En muchos casos, lo hacen de manera irregular, e incluso recurriendo a traficantes ,hechos que representan un riesgo tanto para su persona como para la integridad de la familia.

Como consecuencia del enfoque restrictivo y policiaco del control migratorio en la frontera de México con los Estados Unidos, al igual que debido a la recesión económica en el vecino país del norte ha disminuido el retorno de los esposos o parejas que tradicionalmente regresan a sus comunidades de origen en ciertas épocas del año, o después de determinado período para volver a cruzar la frontera más adelante. Los migrantes que no han logrado regularizar su situación migratoria en los Estados Unidos optan ahora por no regresar a México a visitar a sus familias. Si los migrantes varones se ausentan por períodos más prolongados de sus comunidades de origen, podría haber un impacto en la integración familiar, así como en el papel de las mujeres. Si las mujeres no pueden migrar para estar con sus esposos o parejas, la relación puede deteriorarse con el tiempo. En el ámbito familiar, esta situación deriva en la necesidad de realizar divorcios binacionales, gestionar la custodia de los hijos o tramitar pensiones alimenticias.En las comunidades pueden verse cambios de diversa índole en la situación de las mujeres. Como ejemplos de efectos negativos, puede suceder que el envío de las remesas sea utilizado por los cónyuges como mecanismo de control y de chantaje, ya sea por medio de llamadas telefónicas o a través de la familia política. También la comunidad llega a ejercer un control social sobre las mujeres que se quedan, cuando éstas son objeto de rumores infundados dentro de la comunidad que pueden mermar la relación de confianza con la pareja.

Sin embargo, las mujeres en las comunidades también se han adaptado a su nueva situación, encontrando maneras de integrar nuevas actividades, logrando un desarrollo personal. Algunos estudios realizados a nivel local han encontrado que si bien la migración tiene "un costo para las mujeres y para la familia, en algunos casos también representa una oportunidad de superación personal. Las mujeres comienzan a desarrollar tareas adicionales a las actividades del hogar con las que logran cierta autonomía económica. Además, se ven en la necesidad de tomar decisiones sobre su futuro y el de sus hijos, sobre los medios de subsistencia y sobre propiedades y/o capital. Como resultado, entablan contacto con diferentes instancias y participan en elecciones y en asambleas, con lo cual su participación en la comunidad se amplía hacia la esfera pública y desarrollan capacidades de toma de decisiones y liderazgo .Los vínculos de pertenencia a un mismo grupo pueden fortalecerse entre las mujeres que se encuentran en igual condición e incluso llegar a formar organizaciones de apoyo mutuo, cooperativas u organizaciones para algún fin específico. Tal es el caso de mujeres que enfrentan obstáculos en acceso a derechos de propiedad o a prestaciones y servicios públicos, entre otros. En el estado de Zacatecas, mujeres que enfrentan problemas legales de propiedad debido al alto índice de migración de los hombres, se han organizado para solicitar a las autoridades estatales que resuelvan la situación de algunos predios en los que las mujeres han comenzado a realizar tareas agrícolas .

En Maravatío, Michoacán, un grupo de mujeres parejas o esposas de migrantes, con el uso de las remesas recibidas, se convirtieron en productoras y comercializadoras de quesos. Poseen un mayor margen en la toma de decisiones sobre gastos del hogar y otros asuntos de la familia, generan ganancias útiles para la construcción de vivienda, y han logrado un impacto en la economía local .Mujeres que producen, mujeres que desarrollan A través del Proyecto El Rincón, en Malinalco, Estado de México, se ha organizado campañas de apostillamiento de actas de nacimiento para NNA nacidos en los Estados Unidos para que sus familiares tengan la posibilidad de inscribirles en las escuelas y para que tengan acceso a servicios de salud que de otra manera estarían fuera de su alcance. En Tlaxcala, un grupo de mujeres y de familias en las comunidades de origen se organizaron para formar el Centro para el Apoyo a la Familia Migrante (CAFAMI), y promovieron la adopción de la Ley de Protección a Migrantes deTlaxcala.

Además de su labor de promoción de reformas legales, CAFAMI apoya a grupos, familias e individuos con información, servicios, y vinculación para fomentar el liderazgo de los jóvenes en sus comunidades y ampliar la capacidad de organización de los y las migrantes.

http://www.imumi.org/index.php?option=com_content&view=article&id=19&Itemid=121