3 de septiembre de 2015

Dictadura, violencia política, sexual y la lucha de las mujeres.



El uso de la violencia material y simbólica contra las mujeres como elemento de dominación, trasciende la época o el contexto histórico en el que se viva o del que se hable.


Esta Comisión recibió el testimonio de 3.399 mujeres, correspondiendo al 12,5 %
de los declarantes. Más de la mitad de ellas estuvieron detenidas durante 1973. Casi
todas las mujeres dijeron haber sido objeto de violencia sexual sin distinción de
edades y 316 dijeron haber sido violadas. No obstante, se estima que la cantidad de
mujeres violadas es muy superior a los casos en que ellas relataron haberlo sido, por
las consideraciones anteriores y porque existen numerosos testimonios de deteni-
dos que señalan haber presenciado violaciones, cometidas en una gran cantidad de
recintos de detención.
La tortura sufrida por las mujeres menores de edad y por
aquellas que se encontraban embarazadas subraya la brutalidad ejercida y la gravedad
de las consecuencias que les han afectado. Cabe señalar respecto e estas últimas que
229 mujeres que declararon ante esta Comisión fueron detenidas estando
embarazadas y 11 de ellas dijeron haber sido violadas. Debido a las torturas sufridas,
20 abortaron y 15 tuvieron a sus hijos en presidio"

Informe de la Comisión Valech.
El uso de la violencia material y simbólica contra las mujeres como elemento de dominación, trasciende la época o el contexto histórico en el que se viva o del que se hable. En tiempos de pasividad se manifiesta en la violencia ejercida por hombres particulares hacia mujeres (como el caso de VIF o los femicidios y violaciones), o de mujeres particulares hacia otras mujeres, en la publicidad, la prostitución, en la desigualdad laboral y económica, en la legislación que atenta contra la autonomía de los cuerpos femeninos, etc.

Sin embargo esta realidad reviste más crudeza cuando en procesos de lucha de clases álgidos, como los ocurridos en los setentas con los cordones industriales, los piquetes de defensa obreros, las diversas maneras de organizarse en los barrios y poblaciones, surgen elementos que se transforman cualitativamente en cuestiones que fragmentan la estabilidad del orden impuesto. Todos estos sucesos e hitos en la lucha de los y las explotadas y oprimidas anunciaban el posible advenimiento de un nuevo sistema económico y social. Éste, que no logró transformarse en algo más que un "anuncio" pero que dejo enormes conquistas y lecciones, sólo logró ser barrido con la Dictadura.

La burguesía al ver amenazados sus privilegios políticos y económicos ante el avance consciente y organizado de las masas oprimidas y explotadas incrementa todos sus mecanismos de represión estatal, de esta forma, organizada en un gran aparato militar y de inteligencia, ideologizados en su nivel máximo en los valores irracionales que le son propios e inspirados en la supuesta superioridad de la clase social a la que representan, se manifestaron a través del golpe sin ninguna resistencia contundente de las masas organizadas. Valiéndose de todo tipo de violencia, le atribuyeron a ésta una doble operación,: en tanto es material y es histórica, mediante el terror, la muerte y la desaparición, desarticularon a las organizaciones de izquierda y a los organismos de autorganización de clase principalmente a los cordones industriales, pero también a los sindicatos y federaciones, a su vez, por otra parte, usaron la violencia como receta ejemplificadora contra personas por el sólo hecho de ser parte de la clase trabajadora, de los sectores del campesinado pobre o de las poblaciones, dentro de esta segunda operación, el uso de la violencia se transformó en un medio útil para restituir un antiguo orden material y simbólico, económico, social y cultural que se había viso amenazado poniendo en su lugar "histórico" a los sectores oprimidos específicos como las mujeres y la diversidad sexual.

Esto implicó ejercer sobre los cuerpos de las mujeres un tipo de violencia específica, la violencia sexual, pero esta vez abierta y manifiestamente como una variante de la violencia política. Es interesante, por decirlo menos, verlo de esta forma, porque sacando el repudio moral legítimo a las violaciones y prácticas brutales de centros de tortura especializados en torturas sexuales como el "venda sexy", en el que se practicaban desde violaciones colectivas hasta el uso de perros amaestrados; queda al desnudo un mecanismo que el patriarcado oculta bajo las formas democráticas de los Estados burgueses, pero que son latentes y se asoman cada vez que las masas y sus mujeres se ponen de pie: el 2011 dejó al desnudo los abusos sexuales por parte de carabineros a las estudiantes secundarias, y es que, como dijimos, esta violencia específica, no sólo es parte de las guerras y situaciones extremas, es parte estructural de la sociedad: en el mundo, el 25% de las mujeres son violadas en algún momento de su vida y entre un 25 y un 75% de las mujeres son maltratadas físicamente en sus hogares de manera habitual; pero en épocas de contrarrevolución o de guerras se exacerba, se hace institucional y de Estado, adquieren un carácter de clase, para reacondicionarnos a volver al rincón del cuál venimos y del cual estamos luchando por salir.

En Chile se estima que el número de víctimas de la dictadura de Pinochet supera las 40.000 personas, de ellas 3.065 están muertas o desaparecidas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990. No olvidamos a las 75 mujeres detenidas desaparecidas y que dentro de ellas hubo nueve embarazadas.

El mismo Estado que hoy visibiliza la violencia, durante la Dictadura militar practicó de manera masiva las violaciones hacia las detenidas y otras aberrantes prácticas que hasta hoy solo se mencionan de manera somera en informes como el Valech o el Rettig. Un manto de silencio, que ha sido denunciado por diversas organizaciones feministas y de DDHH, se cierne sobre las cientos de ejecuciones de mujeres e incluso desapariciones de mujeres embarazadas, todos éstos: femicidios de Estado, de una clase hacia otra.

Ésta doble y triple violencia, de clase, violencia política y de género hacia las mujeres busca frustrar el proyecto de vida, quebrar cualquier resistencia, disciplinar nuestros cuerpos y mentes y acallar nuestra lucha contra el orden establecido.

En tanto la mujer sale al espacio público a luchar se buscan socavar su voluntad y castigarla material y simbólicamente por haber sobrepasado las fronteras de los roles que culturalmente les estaban asignados. Si a esto le sumamos que muchas de estas mujeres estaban comprometidas con algún proyecto revolucionario o en la construcción de una sociedad distinta, que estaban inmersas en los procesos de lucha de clases, ejerciendo incipientemente un doble poder en fenómenos como los cordones industriales que tenían directa incidencia en la economía del país, las razones para someterlas a castigos y todo tipo de violencia se incrementan "El control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres se convierte en instrumento de venganza y de castigo. Venganza, porque en el marco de la ideología patriarcal que considera a las mujeres como objetos sexuales y depositarias del honor masculino y de la comunidad, la violación y la tortura sexual se consideran ataques contra los hombres del grupo enemigo" (Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual. "Feminismo y aborto" Violencia Sexual y Aborto. Conexiones necesarias. Chile, 2008).

Sin embargo; de esta brutal sombra que cayó sobre miles de personas y que barrió con todas las conquistas de los y las trabajadoras, en el miedo y el silencio que duró más de 10 años, nuevas convulsiones sociales comenzarían a agrietar el suelo de la Dictadura.

El nivel económico de las masas que se vio profundamente atacado debido a las políticas neoliberales, la privatización general de la economía, la nula intervención del Estado en la regulación económica, la apertura salvaje al saqueo imperialista, la subcontratación como práctica (que después consagraría Bachelet en una ley), hace que chile se hundiera en una grave crisis entre 1981 y 1982 alcanzando un nivel de desempleo entre un 25% y un 30% que afectaría principalmente a la juventud. En este contexto, y con la clase obrera golpeada y sus sindicatos controlados en gran parte por la Dictadura al punto de hacerse muy difícil su ascenso al nivel de los cincuenta, sesentas y setentas antes del golpe, una oleada de protestas se inician cuando el 11 de mayo de 1983 fue convocada la primera jornada principalmente por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) y apoyada por diversos grupos. Su magnitud sorprendió no sólo al gobierno, sino que a sus propios organizadores. Además nuevos sujetos como el poblador y la pobladora surgen como "oposición al régimen", dando una ferviente lucha por el pan y contra la represión estrechamente ligados a los nacientes organismos y organizaciones de DDHH. La Iglesia y partidos del ala democrática de la burguesía actuarían dirigiendo gran parte de éste surgimiento de la "oposición". La izquierda por su parte comenzaría un proceso de transformación y de adhesión a nuevas estrategias, surgirían grupos como el FPMR, surgirían nuevas alianzas políticas con partidos de la burguesía como la Alianza democrática y el Movimiento democrático popular. El horizonte de la revolución socialista era ya una añoranza, lo que primaba era la lucha por la recuperación de la Democracia formal del voto y el cese de la represión brutal, las variantes más a la izquierda en el fondo eran variantes del reformismo radicalizado en armas.

Los discursos reguladores de la Dictadura que ensalzaban a la mujer como procreadoras, defensoras del hogar, la moral y el modelo de la Dictadura: "guardianas del orden y forjadoras de la patria", y la introducción cultural-neoliberal de la figura de la mujer como consumidora por excelencia, mientras el hombre era el proveedor económico, constituían una brutal hipocresía tras la cual se escondían ejércitos de obreros cesantes o informales.

Frente a este panorama, las mujeres que ya habían comenzado a organizarse germinalmente después del golpe en aquellas organizaciones en torno a los presos políticos, y los DDHH, como Mujeres por la Vida, Mujeres Democráticas, y Mujeres de Chile, dan un salto cualitativo al empezar a plantearse como parte de un movimiento feminista como tal.

En 1978 Se realiza en Santiago el Encuentro Nacional de Mujeres, convocado por la Coordinadora Nacional Sindical, con 298 delegadas, que exigen se reponga el fuero maternal, las salas cunas, jardines infantiles, casinos en las empresas, jubilación a los 55 años, pago íntegro de salario durante el pre y post natal, recuperación de los niveles de atención médica y servicios de salud conquistados hasta septiembre de 1973. Son los años ochenta los de mayor actividad para los movimientos feministas, quienes abogaron por la caída del régimen dictatorial y por una democratización del país. Como referencia revisamos que en 1980 surge el CODEMU y en 1981 el Movimiento de Mujeres Pobladoras (MOMUPO) que agrupó varias comunas de Santiago.

En los ochenta se da un proceso de politización de la vida privada, inspiradas en la segunda ola del feminismo se difunde el lema "lo personal es político" y análogamente la consigna "democracia en el país y en la casa" de Julieta Kirkwood expresa el contenido y el sentir del movimiento de mujeres. Es decir, se visibilizaron varios problemas concretos de las mujeres, a partir de los cuales se teorizó sobre la opresión y desigualdad que vivía la mujer. Así como la izquierda perdía de horizonte la revolución socialista, las feministas que venían de sus filas se rearmaban en los movimientos de mujeres criticando legítimamente el machismo dentro de las organizaciones de izquierda en los que la máxima aspiración de una mujer, era secundar a una figura masculina. Estos agrupamientos feministas se centraban en la democracia como el único régimen garante de la lucha por su intereses y derechos. Se dieron fenómenos curiosos para nosotras, que hoy vemos al marxismo y al feminismo como una sola idea y lucha, como el de la doble militancia que era una salida habitual para aquellas mujeres que no veían integrarse sus demandas y problemas a la cotidianidad y las políticas de sus propias organizaciones.

La primera manifestación de mujeres en contra de la dictadura fue el 11 de agosto de 1983, mismo año en que se reorganiza con fuerza el MEMCH, movimiento como el SOMOS MÁS surgen al calor del nacimiento de las ONG’s que a medida que van profesionalizando la cuestión de la mujer, lentamente van generando mecanismos de cooptación del movimiento de mujeres que se caldeaba en poblaciones y barrios obreros, hacia una nueva institucionalidad que avizoraba la nueva democracia que los grandes poderes del FMI, el Banco Central y EEUU estaban pensando para todo Latinoamérica después de haber barrido con sangre golpista el ascenso de los explotados y oprimidos en el gobierno de sus propios destinos.

Acorde a esta tonada, se desarrolla el plebiscito nacional del 88, las militantes del movimiento feminista comenzaron a tener las más claras divisiones. Es así como surgen dos polos del movimiento feminista, por una parte aquellas organizaciones que buscaron la acción desde las organizaciones sociales en las que participaban con la intención de mantener el espacio que habían ganado en dictadura, y por otra parte, aquellas que en las puertas de la Democracia pactada, se aliaron con la Concertación de Partidos por la Democracia para diseñar sus programas y sus propias agendas. El futuro de esta estrategia lo vemos hoy en que, incluso en el segundo gobierno de Bachelet, seguimos arriesgándonos a morir o ir presas por abortos clandestinos, seguimos siendo el 70% de los subcontratados de este país, seguimos siendo el 60% de las jefas de hogares en situación de extrema pobreza y seguimos siendo absolutamente vulnerables ante los femicidios e, incluso, ante la violencia patriarcal y sexual de las fuerzas represivas como les ocurrió a las estudiantes el 2011 y el 2012.

Por su parte las feministas autónomas: la oposición por izquierda a esta alianza pactada, se mantuvieron en pequeños espacios en las poblaciones, sin poder evitar que las grandes agendas se discutieran en las alturas. Se creó el SERNAM, y así se desplegó la nueva democracia para ricos que consagró la herencia política y económica de la Dictadura y se volvió un asunto de tecnócratas el problema de la mujer, hoy presenciamos la creación de un Ministerio de la Mujer y el infructífero debate sobre el aborto bajo las 3 causales que se instaló a propósito de una incipiente rearticulación de un movimiento feminista y de mujeres que tras el 2011 y el 2012 volvió a tomarse las calles; aun así nuestra situación no registra ningún avance concreto desde la transición y sobre nosotras se siguen cerniendo los grilletes de la obra de Pinochet.

No podemos dejar de mencionar que la lucha de estas mujeres y el movimiento feminista de los ochentas fueron un factor importantísimo que configuró numerosas resistencias a un período profundamente doloroso e indignante, que muchas de estas mujeres fueron víctimas directas de la violencia y la tortura y que han sobrevivido para dotar al movimiento feminista de una memoria que es deber de todos mantener y para continuar junto con las nuevas generaciones una lucha por la verdad y el castigo a todos los responsables de la brutalidad dictatorial.

Sin embargo detrás de esa historia inmediata, hay algunas mujeres cuyo rostro es más difuso de ver tras el telón de la vuelta a la democracia, fueron las textiles de Yarur, las textiles de Tomé, las alimenticias de Soprole aquellas obreras de la historia que tuvieron por un momento en sus manos las riendas de nuestros destinos y de los suyos propios, aquellas mujeres que lucharon junto a sus hermanos de clase por destruir esta sociedad y levantar un nuevo orden sin clases sociales, sin explotación ni opresión, tal vez no representaban el sentir de las elaboraciones de las feministas como Julieta Kirkwood, pero sí contaban con una larga data de gérmenes de feminismo y lucha de clases, como el de las obreras anticlericales de principios del siglo XX y estaban en el corazón del proceso revolucionario más importante de este país durante los sesentas y setentas.

Hoy, después de haber vivido la lucha de la Juventud sin miedo el 2011, de estar inmersas en un clima en el que se alternan los escándalos de corrupción de las castas Penta y Soquimich, la avanzada reaccionaria de los camioneros, latifundistas y ultraderechistas con las luchas de la clase trabajadora y la juventud, en la que vibramos con la posibilidad de un nuevo despertar de los trabajadores quienes aún no pueden desplegar sus fuerzas a causa de dirigentes conciliadores como Bárbara Figueroa, Jaime Gajardo o Manuel Ahumada, el mejor aporte que podemos entregarle a las mujeres trabajadoras es la de conocer y aprender de su historia y la reactualización de las banderas que fueron borradas y sepultadas por el horror de la Dictadura, la reactualización de la lucha por retomar el control de la economía y la lucha por una república de trabajadores y trabajadoras a la vez que, como las feministas de los ochentas, nos organizamos en pos de nuestras demandas como mujeres, para no secundar a nadie en esa batalla en la que pondremos la vida y la convicción. Hoy estando de vuelta en un sistema democrático (de ricos y empresarios) creemos que el movimiento feminista verdaderamente emancipatorio se desarrollará bajo principios clasistas y revolucionarios, y que el horizonte por el socialismo mediante la revolución es la estrategia definitiva por la emancipación total de nuestras cadenas y que hoy, como tarea inmediata tenemos el desafío de echar abajo toda la herencia política y económica de la Dictadura, lo que sería el mejor homenaje a todas nuestras hermanas de género y clase caídas en la lucha.

Alicia Sepulveda
http://www.laizquierdadiario.cl/Dictadura-violencia-politica-sexual-y-la-lucha-de-las-mujeres

31 de agosto de 2015

¿Quién se beneficia de la violencia de género?


El movimiento feminista está organizando la mayor concentración contra la violencia de género de la historia de nuestro país. Cientos de miles de mujeres (y hombres concienciados) abarrotarán las calles de Madrid el próximo 7 de noviembre. El objetivo es doble. Por un lado, realizar el trabajo que no hace con suficiente interés el gobierno concienciando a la ciudadanía de que un Estado democrático y de derecho tiene que ser capaz de garantizar la vida de la mitad de su población, y por otro, exigir que se cumpla toda la normativa en materia de igualdad y violencia de género, que es la única forma de prevenir este tipo particular de violencia. Un pacto de Estado que garantice estos dos aspectos independientemente del gobierno de turno que esté el frente.Y es que aún en época de vacaciones, el terrorismo machista no descansa. Este verano ha sido realmente trágico: 13 hombres han asesinado a sus parejas o ex parejas mujeres, e incluso a sus propios hijos e hijas como en el caso de Casteldefells. Y la gente de la calle, la gente que no ha estudiado las causas y orígenes de esta barbarie, se pregunta por qué. Por qué hay hombres que matan a mujeres, por qué ocurren estas cosas y cómo podemos evitarlas. La investigadora Coral Herrera Gómez ha publicado recientemente un artículo donde explica con claridad qué mecanismos culturales hacen que un ser humano varón llegue a convertirse en un asesino de mujeres. Les recomiendo leerlo con calma y con la mente abierta: tenemos mucho trabajo personal (y político) por hacer, y los hombres permítaseme afirmarlo- mucho más.
 Pero yo me he puesto al teclado hoy para intentar explicar de dónde nace la violencia de género, qué causas externas, estructurales, del sistema, hacen que ésta persista, que se perpetúe de generación en generación y que además no seamos capaces de detectarla y erradicarla. Y lo más importante, ¿quién se beneficia de esta violencia machista? Vivimos en sociedades patriarcales, en donde las mujeres son percibidas como seres inferiores a los hombres y tratadas como tal: menores salarios en iguales trabajos, empleos más precarios, enormes dificultades en el acceso, promoción y permanencia en el empleo asalariado, sistemas sociales de cotización y de pensiones que no reconocen el ingente trabajo gratuito que realizan las mujeres en los hogares y del que se beneficia toda la sociedad… En artículos anteriores pueden ver los datos que fundamentan este párrafo.Pero vamos a adentrarnos en las definiciones, porque como destaca siempre la filósofa Celia Amorós, "conceptualizar es politizar". Para entender lo que es un sistema patriarcal o basado en el sexo-género, primero debemos atender a lo que significa género, que no es ni más ni menos, que la construcción social que en cada latitud del planeta, en cada sociedad, se hace de los sexos. El género atribuye a las mujeres un rol determinado (tareas, funciones, formas de ser, de pensar y hasta de amar, que se desarrollan normalmente en el ámbito privado del hogar) y totalmente diferente al rol que asigna a los hombres (rol que se desarrolla generalmente en el ámbito público, fuera del hogar).
Por consiguiente, definimos un SISTEMA PATRIARCAL O BASADO EN EL SEXO-GÉNERO, como un sistema de organización social basado en el poder de la figura del "pater", elevado a la categoría política y económica y generalizada a todos los ámbitos de actuación donde se reproducirá el sistema de jerarquía y dominación masculina. Será a través de sus estructuras socioeconómicas y políticas, de las normas y valores y de los procesos de socialización la manera como se establece una asignación asimétrica y jerarquizada de roles (conjunto de tareas y funciones) y de espacios en razón de su sexo. Se atribuyen a mujeres y a hombres distintos trabajos y valor, así como distintas responsabilidades y obligaciones (PNUD, 2006).
En sus orígenes, explica la historiadora Gerda Lerner (1990), el concepto deriva de las relaciones familiares desarrolladas bajo el patriarcado, en las que el padre detentaba un poder absoluto sobre los restantes miembros de la unidad familiar. A cambio, estaba obligado a darles apoyo económico y protección. Aplicado a las relaciones familiares, hay que advertir que las responsabilidades y las obligaciones no están repartidas equitativamente entre los protegidos: la subordinación de los hijos a la dominación patena es temporal; dura hasta que ellos mismos pasan a convertirse en cabezas de familia. La subordinación de las hijas y esposas es de por vida. La filósofa ecofeminista, Alicia H. Puleo (1995), distingue entre dos tipos de patriarcado: patriarcados de coerción, "los que estipulan por medio de leyes o normas consuetudinarias sancionadoras con la violencia aquello que está permitido y prohibido a las mujeres", y los patriarcados de consentimiento, donde se da la igualdad formal ante la ley: "los occidentales contemporáneos que incitan los roles sexuales a través de imágenes atractivas y poderosos mitos vehiculizados en gran parte por los medios de comunicación". Sobre los patriarcados de consentimiento recomiendo que vean este vídeo de otra gran filósofa feminista, Ana de Miguel Álvarez, no deja lugar a dudas.
Todo este entramado de poder masculino tiene consecuencias graves para las mujeres desde el mismo momento en que hacen, sienten o piensan de forma diferente a como establece su rol femenino y que como sabemos está incluso delimitado muchas veces por las layes de cada país (p. ej. lapidaciones por adulterio en patriarcados de coerción). Y es que un sistema basado en la desigualdad social entre los sexos, como cualquier otro sistema de dominación (p. ej. las sociedades esclavistas), sólo es sostenible a través de la violencia. Este tipo de violencia, que parte de una presunción elaborada en cada sociedad de cómo han de ser, pensar, sentir y hacer las personas de cada sexo, es la que conocemos como violencia de género, violencia machista, sexista o patriarcal. Una herramienta fundamental para que nadie absolutamente se salga del carril que la sociedad heteropatriarcal le asigna al nacer.
¿Cómo se transmite de generación en generación? Si han leído a Coral Herrera Gómez como les he invitado a hacer, verán que es con absoluta invisibilidad. Esto es, normalizando, biologizando o incluso genetizando como dijo inocentemente el chiquillo de 12 años del programa de MasterChef junior- los roles asignados a cada sexo: "las chicas saben limpiar mejor genéticamente", afirmó convencido.
Así que contestando a la pregunta sobre quién o quiénes se benefician de la violencia machista, es evidente que les guste o no- son los hombres en general: tienen mejores oportunidades de acceder, mantenerse y promocionar en los empleos al no hacerse cargo de los cuidados, cobran más, ostentan mayores tasas de empleo incluso cuando son padres, llegan a la jubilación con pensiones dignas, se autoexcluyen en sus mayoría de las responsabilidades domésticas porque en su rol no entra hacer cosas de mujeres, colocan a mayor nivel de importancia su derecho al tiempo libre que el de sus parejas mujeres, etc. Pero sobre todo, y para que no se me echen encima todos los señores que me leen, especificaré que quienes se benefician más son aquellos hombres que conocemos y reconocemos- como "machos alfa" y que son los que están situados en los ámbitos del poder de la estructura social: en las familias poderosas, en las empresas, en la política, en la ciencia, en la economía, en e deporte, en los CFSE, en las confesiones religiosas…
¿Que también hay mujeres en esos lugares, como la Sra. Merkel, la Sra. Lagarde o la vecina del quinto? Claro. No hay mejores gestoras de una familia poderosa que las mujeres bien socializadas en el sistema patriarcal. Son quienes mejor entienden lo que necesitan los "machos alfa" de su familia, y actúan como pantalla protectora para distorsionar el hecho de que en realidad son ellos los mercados- los que mandan.
Pues bien. Si hemos comprendido hasta aquí que los sistemas patriarcales son sistemas que utilizan la fuerza en todas sus modalidades para perpetuarse (violencias sutiles como los micromachismos, violencias visibles como los insultos o el inferior salario a igual trabajo, o bestialmente directas como los asesinatos de mujeres), no erraremos si clasificamos esta violencia como un tipo de terrorismo que pretende someter o supeditar a la mitad de la población a la voluntad de la otra mitad, para que acepte "el modelo de organización social basado en el poder de la figura del "pater", elevado a la categoría política y económica y generalizada a todos los ámbitos de actuación". Las similitudes con el terrorismo, pues, son muchas, no hay más que echar un vistazo a cómo lo define la RAE. Luego a mi entender- la respuesta institucional si es que interesa desmontar semejante, injusto y neardental sistema social- ha de ser la misma.
Porque la violencia de género no es sólo la que se da en el ámbito de las relaciones afectivas; la violencia de género es la que se ejerce contra las mujeres para someterlas a un patrón de conducta que es del interés del poder patriarcal. Es un poder que ejerce la violencia de forma sutil simbólica- mostrando por ejemplo menor valor para las mujeres mediante su representación constante en todos los medios de comunicación como "cuerpos sexuados al servicio de…". O asignándolas los trabajos más precarios y peor pagados porque el objetivo es que sientan que no compensan y vuelvan a sus casas a ocuparse gratis (por amor) de la reproducción y el cuidado de la sociedad (de su familia y del resto a través del voluntariado en cualquier ONG). O prohibiéndolas conducir cualquier cosa que tenga ruedas, como en Arabia Saudí, para asegurarse de que van donde "deben" y de paso tener un nicho de negocio masculino siempre en alza, el de taxista de mujeres (ver la película La bicicleta verde, es muy ilustrativa).
O la violencia sutil (sangrante aunque invisible) de las políticas públicas que siguen fomentando el reparto del trabajo en función del sexo: los hombres al asalariado y las mujeres al gratuito (p. ej. los desiguales permisos de maternidad y paternidad; la tributación conjunta que sigue premiando más tener una esposa sin trabajo que tener un bebé; la conciliación de la vida laboral y familiar enfocada sólo a las mujeres desde el momento en que no incentiva a los hombres a ejercerla; los pictogramas de los servicios de señoras que siguen representando la silueta "mujer + bebé" para indicar que los hombres no entran en ese trabajo de cambiar pañales y cuidar criaturas…, y miles de ejemplos más que podría poner.
Se utiliza la violencia contra las mujeres, las distintas formas de violencia, porque la sociedad patriarcal heteronormativa, capitalista- neoliberal en la que vivimos, NECESITA de su trabajo gratuito de reproducción y cuidados. NECESITA que su mano de obra esté atendida y asegurada gracias al trabajo gratuito de ellas. NECESITA de todo ese ingente trabajo que se hace en el ámbito de los hogares (comidas, compras, ropa, atención a menores, mayores, dependientes…) para seguir ganado dinero, pero sobre todo, para seguir acumulando PODER. "Poder sobre" el resto de seres vivos, sobre el planeta, no "poder para" cuidarlo y hacerlo sostenible. Es reinar para sí mismos. Los machos alfa de los mercados lo saben muy bien, porque básicamente dedican su vida a eso, a calcular de qué forma se gana más en ambos aspectos.
Así que si sientes que no eres de esos, que te han inculcado un rol que te hace infeliz porque deseas poder cuidar a tus hijas e hijos igual que puede su madre, si crees que este sistema es injusto para todas y también para todos los que no son "machos alfa", si crees que es un sistema de involución no de evolución, si estás convencido como lo estamos nosotras de que hay que despatriarcalizar la sociedad, serás bienvenido el día 7 de noviembre. Te recibiremos como se recibe a quienes se reconocen iguales: con una sonrisa de complicidad y la esperanza de ser millones.


Dori Fernández Hernando
http://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/2015/08/31/quien-se-beneficia-de-la-violencia-de-genero/

27 de agosto de 2015

Las mujeres en las guerras de independencia americanas



Mujeres de todos los sectores sociales y étnicos participaron de frecuentes y distintas maneras en el proceso de la independencia. En los momentos clave no fueron una ni dos mujeres sino un colectivo de ellas las que participaron e hicieron posible los históricos cambios sociales. La historia suele registrar solamente a algunas mujeres extraordinarias, presentadas como "espejo de varones sobresalientes", pero en la realidad fueron muchas y diversas las mujeres que participaron. Fueron guerreras, espías, mediadoras, enfermeras, encargadas de logística, etc. es decir, cumplieron múltiples papeles en las luchas emancipatorias. Hubo una participación sobresaliente de la mujer del pueblo, aunque generalmente la historia oficial solamente ha destacado a las más conspicuas mujeres de la clase dominante. Las indígenas, negras y mestizas contribuyeron, junto a los hombres de avanzada de aquel tiempo, al triunfo de la revolución por la independencia: marcharon a la par del hombre por derriscaderos, sierras, vados y cañones.
Nuestra independencia contó con el aporte decisivo de cientos de mujeres que dentro y fuera de las filas del ejército apoyaron la construcción del proyecto libertario patriota. Junto con los combatientes avanzaron las voluntarias, que fueron soldadas, enfermeras, aguateras, cocineras. La participación de las mujeres en las guerras independentistas estuvo en la mayoría de los casos- ligada al apoyo a familiares, las mujeres del pueblo partían a la guerra con sus compañeros, cargando sus hijos, sus ollas, sus ropas y las pocas pertenencias del hogar. Estas camaradas de batalla, determinantes en un momento dado, no sólo no fueron valoradas, sino que no fueron registradas e incorporadas a la historia, fueron invisibles y aún siguen así. Avanzadoras, troperas, soldaderas, rabonas, vivanderas, juanas, fueron inseparables de los ejércitos y el mejor sostén con que podía contar el campesino soldado. Fueron multitud de mujeres del pueblo anónimas y olvidadas, sus nombres desaparecieron a medida que las batallas avanzaban. A la retaguardia de todos los ejércitos iban las mujeres. Quedan unas pocas en la memoria a pesar de que fueron legiones.
Este olvido histórico tiene relación, por un lado con el papel subordinado y la discriminación del conjunto de las mujeres en la sociedad, y por otro con la negación del colectivo de ellas, constituido por mujeres del pueblo pobre, quienes hicieron posible los históricos cambios sociales. Los historiadores oficiales desaparecieron la lucha del pueblo y, dentro de esa lucha, especialmente la de las mujeres, casi nada se sabe de la participación de las mujeres en la lucha independentista como conjunto de masas. Faltan relatos, faltan anécdotas y descripciones que las visibilicen y las muestren como sujetas de la historia y las transformaciones.

Cumplían las troperas muchas funciones:

· Guerreras: en el momento necesario ellas cargaban el fusil y salían a pelear, Las hubo que pusieron sus pechos desnudos ante el pelotón de fusilamiento para salvar a sus hombres, hasta tuvieron sus hijos en lo peor de los combates.
· Cocineras y Aguateras: Llegaban a los pueblos y encendían los fuegos. Entre el humo y el fuego de los combates se percibían sus borrosas siluetas andrajosas, emponchadas, llevando cántaros de agua para los agonizantes y fuentes de comida para los hambrientos.
Enfermeras y Curanderas: ellas estuvieron en el nacimiento de las patrias americanas socorriendo heridos, ayudando a morir, sepultándolos y rezando por ellos, todas eran expertas en el uso de hierbas y tisanas.
Manuela Godoy, una santiagueña que estuvo en la batalla de Tucumán, dijo: "Aunque sea con agua y algún aliento a los hombres, algo se hace para ayudar a la patriada. Y si tengo que agarrar una bayoneta y ensartar godos, no soy lerda ni me voy a quedar atrás". Pocos nombres han quedado de estas mujeres bravas que acompañaron a las tropas patriotas, Cira Tremaría y Juana Ramírez La Avanzadora en Venezuela y su batallón de mujeres, las niñas de Ayohuma en Argentina, las heroínas de la Coronilla de Cochabamba en Bolivia.
Una contribución importante de las mujeres a la gesta independentista fue actuando como espías de los realistas, muy útiles para las emboscadas, averiguando todo lo que podían sobre las tropas. Tal es el caso de Policarpa Salavarrieta en Colombia, cuyas actividades estuvieron especialmente vinculadas con la guerrilla de los Llanos; recibía y mandaba mensajes, compraba material de guerra, convencía a jóvenes y les ayudaba a adherirse a los grupos patriotas. Experta en espionaje, Policarpa fue indispensable para la causa patriota. Las damas, las niñas, las mujeres de la servidumbre y las esclavas entablaban amistades y hasta amores con oficiales con el objetivo de obtener información para la causa patriota. Llevaban correos, servían de emisarias y proporcionaban albergue e información sobre los movimientos de las tropas realistas. Las mujeres constituyeron una temible red de espionaje y subversión que minó la organización del ejército realista.
Más conocidas y recordadas fueron las mujeres patriotas relacionadas o compañeras de los grandes héroes comandantes que comandaron tropas ellas mismas, algunos ejemplos son Francisca Zubiaga de Gamarra en Perú, en Venezuela Dominga Ortiz de Páez, primera enfermera de los campos de batalla, Josefa Camejo quien encabezó a un grupo de mujeres prestas a defender la ciudad de Barinas, Luisa Cáceres de Arismendi y por supuesto las excepcionales generalas (recién ascendidas en nuestro siglo): Manuela Sáenz y Juana Azurduy. Ambas de turbulenta vida, ambas apasionadamente comprometidas con la libertad de nuestra América, ambas combatientes y ambas muertas en el olvido, la soledad y la miseria. Contemporáneas indómitas fueron Manuela (1797-1856) y Juana (1780-1862), ambas se batieron en mil combates, participaron de manera enérgica en las cuestiones políticas de la América emancipada, tanto durante el proceso revolucionario como cuando se desataron las luchas intestinas, se concebían a sí mismas como patriotas y ciudadanas con responsabilidades.
Las mujeres de la clase acomodada criolla jugaron un papel importante en las luchas por la independencia, fomentando una socialidad en la que se debatían y defendían las ideas independentistas. En sus salones se reunieron los patriotas conspiradores, se destacan entre ellas la ecuatoriana Manuela Cañizares, en su casa se dio el primer grito de independencia; Mariquita Sánchez de Thompson en Argentina, en su casa se escuchó por primera vez el himno nacional. Francisca Javiera Carrera, hermana de José Miguel, el presidente de la Junta Chilena, fue una infatigable, consecuente y voluntariosa compañera de los ideales libertarios, tanto en los días de triunfo como en los de derrota transitoria. De ellas dice Carmen Clemente Travieso (1964): "Las mujeres de las clases altas, por su mima condición de señoras de la casa, que tenían algún barniz de cultura y seducción y por su belleza `triste y resignada`, tenían ocasiones de dejar oír su palabra, de dar su opinión." Las matronas se ocuparon también como financistas de la causa independentista, se desprendieron de posesiones e hicieron colectas, además de su generosidad y fidelidad a la causa patriota, demostraron poder organizativo, capacidad y entereza. (Patricia Protzel, 2009).
No olvidemos sin embargo, que a una amplia proporción de mujeres patriotas su adhesión a la causa independentista les costó la vida. A los hombres independentistas se les perseguía, torturaba y asesinaba en los campos de batalla y las cárceles, pero a las mujeres además se les humillaba, a muchas se les montó desnudas sobre un burro, cubiertas de miel y plumas, se les azotaba y exhibía en plaza pública. Así hicieron por ejemplo, con Ana María Campos en Maracaibo y Josefa Padrón en Valencia. A la crueldad se agregaba burla y exhibición, enfatizando así la convicción de las autoridades de que las mujeres revolucionarias eran comparables con las prostitutas y, en todo caso, inferiores a los hombres revolucionarios. Parejo al reconocimiento de la valentía y el aporte revolucionario de las mujeres, fue aumentando la brutalidad de las represalias.
Las mujeres condujeron y participaron en acciones de guerra, discutieron estrategias y asumieron consecuencias como la tortura y la muerte. En las luchas por la independencia se rompió con los cánones de la organización social de género de la época, abrazaron la causa de la libertad y por ese lapso extraordinario, la igualdad entre mujeres y hombres pareció ser posible. Pero terminadas las batallas el dominio masculino volvió a imponerse. Las mujeres tuvieron más libertad y protagonismo en la Independencia que en la Colonia, pero cuando la gesta se acabó, temerosos de su avance en la vida pública, los hombres las devolvieron a las casas y se volvió a imponer la tradición de la mujer callada y sumisa al varón, encerrada en lo doméstico y alejada de los ámbitos del poder.

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25 de agosto de 2015

Niñas y mujeres sin justicia.




Así tituló su informe el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE): “Niñas y mujeres sin justicia. Derechos reproductivos en México”. Y, al parecer, en Nuevo León apuntalarán el título.
Divulgado a principios de la semana pasada, el informe elaborado junto con la Red de Abogados por la Defensa de la Reproducción Elegida, da cuenta de la situación de las mujeres y las niñas con respecto a la anticoncepción, el aborto, la violencia obstétrica, la muerte materna, la reproducción asistida, y la vida laboral y reproductiva.
En 300 páginas se pone en evidencia lo que Regina Tamés, directora de GIRE, resume así: en México persisten la discriminación y violación de los derechos de las mujeres, lo cual no es un tema que al Estado le interese atender.Y no sólo no le interesa, sino, lo que es peor, esos derechos se utilizan como moneda de cambio en los congresos estatales.
Este miércoles, por ejemplo, tal y como ha sucedido en otros estados del país, se prevé en Nuevo León la aprobación de una ley que “protege la vida desde la concepción y hasta la muerte natural”.
Y, me dicen, la reforma se aprobará con votos del PAN, por supuesto, en alianza con el PRI. ¿A cambio de qué? A cambio de lo que el PRI quiera. Y el PRI lo que quiere es la aprobación de las cuentas públicas.
Este tipo de reformas, impulsadas de manera similar en más de una decena de estados, basadas en dogmatismos religiosos y que utilizan como fuentes de información lo mismo a Univisión que al diccionario Larousse, son parte de la realidad que detalla el informe de GIRE.
“La criminalización en materia de aborto es una constante”. De agosto de 2012 a diciembre de 2013 se presentaron casi 700 denuncias por aborto. Y, con una celeridad que no se aprecia ni en casos de robo, secuestro y desaparición, se han realizado juicios que, por lo pronto, tienen a nueve mujeres en cárcel definitiva y a 13 en cárcel preventiva.
Las denuncias, afirmó Regina Tamés durante la presentación, las hace el propio personal de salud; y las entidades que más denuncias han hecho contra las mujeres son DF, Quintana Roo, Baja California, Veracruz y Guanajuato.
“Nuestro país –señaló Tamés– está invirtiendo en perseguir a mujeres sin recursos económicos o informativos, por el hecho de no haber querido continuar un embarazo”.
 El informe también pone en evidencia que en México no hay derechos, hay privilegios. Todo depende de dónde se vive y de cuánto dinero se tiene.
 Así, por ejemplo, en las 32 entidades el aborto es legal en casos de violación; pero, por peligro de muerte de la madre sólo en 23; por alteraciones genéticas graves sólo en 16; por inseminación artificial no consentida apenas en 12, y por causas económicas en dos.
Y lo de abortar legalmente en casos de violación, tiene matices, porque el informe señala que en algunos estados se otorga el permiso previa resolución de un juez, y ya sabemos lo que eso puede significar.
Sólo en el DF existe la posibilidad de realizar un aborto de manera voluntaria durante las primeras 12 semanas de gestación. Por eso no sorprende que uno de cada cuatro abortos sea de mujeres que no radican en la capital del país.
Sin duda no tardarán en llegar las mujeres neolonesas que dispongan de los medios económicos. El resto deberá contentarse con saber que su embarazo impuesto o su aborto inseguro fue moneda de cambio para aprobar la cuenta pública del PRI.
Regina Tamés resume así la situación: “Niñas violadas que son obligadas a ser madres, mujeres que pierden su trabajo por estar embarazadas, niñas a las que se les niega un método anticonceptivo y a otras a las que se les obliga a usarlo. Mujeres que desean tener hijos y el Estado les pone barreras, niñas y mujeres para las que la sala de parto es una tumba. Esas, dijo, también son ejecuciones”.

Por: Cecilia Lavalle*
http://www.cimacnoticias.com.mx/node/70441
 

21 de agosto de 2015

Los discursos hegemónicos.



A pesar del enorme avance de la teoría feminista, y el cada vez más fuerte posicionamiento de la agenda de los derechos de las mujeres como una prioridad y resultado de la enorme desigualdad social agudizada por la violencia sexual y feminicida contra las mujeres, hoy día es más fácilmente aceptada una verdad dicha en boca de un hombre que en la de muchísimas mujeres que argumenten lo mismo, lo hayan escrito o publicado antes.
Tenemos lo que el mismo feminismo plantea que la validez del discurso se da partir de quien lo nombra, y no podemos afirmar que sea “casual”, sino intencionalmente construido desde el centro del poder que teje finamente las características de lo que es y lo que no es válido, la aprobación del canon, la validación del discurso y al mismo tiempo la certificación desde el centro hacia la periferia.
Esto aparece en discursos, en noticias y en cómo hemos aprendido a aceptar nociones como ciertas y otras de las que nos atrevemos a dudar, es decir si una información proviene de una fuente, su confiabilidad se remite a quién la emite en relación a su género (hombre o mujer), su lugar (si es el centro del país), pero también a quién es como persona por las construcciones de raza y ocupación.
El discurso del poder se construye de argumentos, pero también de formas y acciones que rodean estos discursos. La centralidad del poder, la hegemonía masculina de la verdad, la blancura y el currículum de quien enuncia, y en esa discriminación selectiva de la información que sigue y se rige bajo los mismos esquemas dictados desde el patriarcado, entonces una verdad dicha por una persona que habita la periferia no puede ni será tomada en serio.
En México durante muchos años se tuvieron “noticieros” oficiales que informaban, y si no se decía ahí no era noticia y no ocurría; igual sucedió después con periódicos que con ese poder entre las manos se pervirtieron al punto de ocultar o enfatizar informaciones a voluntad. La mercadería de la información.
Ese imperio se vio trastocado con la llegada de las redes sociales y con la participación muy bien organizada y estructurada de la sociedad civil en estados del interior del país en los que la realidad ganaba, no había de otra más que emprender medidas alternas, buscar medios diferentes, redes comunitarias, radios y enfoques, coberturas, acciones y trabajos solidarios para hablar de una verdad que estaba ocurriendo y no aparecía por ningún lado.
Esto por supuesto implicó el derrumbamiento de esos discursos autorizados en bocas masculinas, y lo llevó a otras voces e imágenes en los estados, a otros liderazgos más allá del centro del país.
Sin embargo, aún se necesita tener voz masculina para ser escuchada incluso en temas como el feminismo, el feminicidio, incluso en la igualdad, y por supuesto resulta que empezamos a darle más credibilidad a los hombres buena onda que se interesaban amablemente por estos temas, sin mirar que se repetía el ciclo del empoderamiento de los mismos en los temas que las mujeres sin nombre y sin trayectorias habían posicionado, es decir, activistas mujeres que con el afán de que se visibilizaran las problemáticas de los estados abrieron sus agendas, mostraron sus monitoreos y registros, investigaciones y trabajos de años.
Algunas terminaron por verse desplazadas por estos nuevos hombres feministas y por quienes consideran válidos los discursos de la teoría feminista, sólo si es dicha desde el centro, porque como antes y como siempre, habitar en la periferia del conocimiento es no existir.
Contradictorio al fin, el prejuicio pocas veces reconocido es que el conocimiento es un poder y como tal ha de estar en el mismo lugar y permite “ganar” posiciones o lógicas, más allá de entender que los países jamás han funcionado como centros solares donde el sol-centro ejerza atracción o control, y donde todo tenga que suceder.
Las movilizaciones y organizaciones, los discursos feministas en los estados han tenido que crecer y ensancharse, posicionarse por una razón: la realidad las estaba aplastando, y si no empezaban por organizarse, aliarse y construir vínculos de apoyo solidario, si no empezábamos a mirar hacia las fronteras y las coincidencias, serían arrasadas por la violencia, por los discursos hegemónicos, el discurso del poder construido y aceptado sólo desde el centro y con voz/cara de hombre.
No debe sorprendernos que hoy día desde el centro se envíe a emisarios con voces autorizadas para ir a hablar por los estados dando conferencias sobre temas que las organizaciones de mujeres han planteado, denunciado y exigido que se corrijan desde hace años sin que nadie les haga caso.
Pero cuando es dicho por un hombre, blanco, de traje, con título de alguna universidad particular y por supuesto del centro… entonces todo empieza a revelarse como una nueva verdad.

Por: Argentina Casanova*
http://www.cimacnoticias.com.mx/node/70442

20 de agosto de 2015

Corredor frontera sur, trampa mortal para las migrantes.



Cada mes la prensa de los estados del sur del país reporta el asesinato de entre cuatro y cinco mujeres migrantes en la frontera con Guatemala, quienes presuntamente son ultimadas por sus parejas sentimentales, el crimen organizado y agentes de seguridad, y muchas de ellas durante su tránsito por el corredor Huehuetenango-Comitán.
Así lo denunciaron hoy más de 36 organizaciones civiles que integran la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración, así como Formación y Capacitación (Foca), durante la presentación en el Instituto Simone de Beauvoir, en esta capital, de la "Cartografía de las mujeres en la migración", una investigación sobre las características del tránsito irregular de esta población.
Diana Damián Palencia, directora de Foca y coordinadora general del estudio, señaló que se logró constatar con diversas evidencias que el corredor que atraviesa de Guatemala al estado de Chiapas (Huehuetenango-La Mesilla-Comitán) representa diversos riesgos para las mujeres, entre ellos que sean víctimas de extorsión, robo, abuso sexual, desaparición, cooptación para la trata de personas, y feminicidio.
No obstante advirtió la activista este corredor tiene diversos "puntos ciegos" (zonas de tránsito irregular sin vigilancia de la autoridad migratoria) por donde cruzan las mujeres migrantes cada vez más jóvenes que vienen de Centroamérica a México para trabajar, reunirse con su familia o porque huyen de la violencia en sus países de origen.
En breve entrevista con Cimacnoticias, Diana Damián dijo que se desconoce el número total de cuerpos de mujeres que han sido hallados en ese corredor, ya que algunos son abandonados del lado de Guatemala y otros del lado mexicano, lo que complica su registro; además, es difícil la localización de algunos restos que fueron enterrados, acotó.
Sin embargo, abundó, los grupos civiles están al tanto de las notas periodísticas publicadas en Chiapas y el norte de Guatemala que reportan cada mes el asesinato de cuatro o cinco mujeres migrantes, muchas de ellas abandonadas en un camino terregoso conocido como "Gracias a Dios", ubicado entre el municipio de Frontera Comalapa (en Chiapas) y el departamento (estado) de Huehuetenango, en Guatemala, donde además de restos de migrantes se han encontrado prendas y zapatos.
De acuerdo con esas notas periodísticas, la forma en que las migrantes son ultimadas y abandonadas en la frontera sur del país revela signos de violencia feminicida, perpetrada por policías federales, el crimen organizado o por sus propias parejas, cuyos asesinatos son reportados como "crimen pasional".
Las especialistas aseguraron que la ruta de la zona centro que abarca las comunidades de Guacamayas, Las Espuelas, El Jocote, Agua Zarca y Palmira, todas en Chiapas es la "más riesgosa" para las migrantes, ya que las personas que habitan estas poblaciones son "poco solidarias" con las mujeres, a quienes estigmatizan, niegan el empleo o entregan al crimen organizado.

La zona sur (que pasa por Tectitán, en Guatemala, hasta Arriaga, en Chiapas) y la norte (que pasa por la localidad guatemalteca de Santa Cruz Barillas al municipio chiapaneco de Palenque) representan menos riesgos para esta población, apuntaron las activistas.
Sin embargo, en esas zonas también prevalecen (aunque de forma más encubierta) las llamadas "cuidadoras", mujeres cooptadas por el crimen organizado para impedir que escapen las víctimas de trata.
Las expertas destacaron que las mujeres migrantes, a diferencia de sus pares varones, no acostumbran viajar en el tren de carga conocido como "La Bestia", sino que transitan por el corredor Huehuetenango-Comitán a pie, en autobuses, taxis o combis, cuyos conductores las extorsionan o les roban.
Las mujeres llegan a pagar como mínimo hasta 7 mil dólares (115 mil 150 pesos mexicanos) por todo el traslado, sin que esto garantice que lleguen sanas y salvas a sus destinos.
A fin de sobrevivir a las diversas violencias durante su tránsito, las migrantes han estrechado la comunicación con otras mujeres de sus comunidades de origen para informarlas sobre los posibles riesgos.
A la par, algunas personas mexicanas, como las llamadas "protectoras", prestan alojo y brindan comida a las migrantes como un gesto solidario.
En el corredor Huehuetenango-Comitán no existen centros de Derechos Humanos (DH) que defiendan a las migrantes y, por el contrario, las autoridades y los medios de comunicación mantienen "invisibilizadas" estas zonas, por lo que la violencia contra ellas ocurre generalmente "sin testigos".
Damián Palencia observó que si bien esta situación ha prevalecido por años, desde la instauración en julio de 2014 del Plan Frontera Sur que endureció la política migratoria con acciones de control y detención se están vulnerando aún más los derechos de las migrantes, quienes eligen las rutas más peligrosas para evadir los puntos de inspección, control migratorio y a las bandas del crimen organizado.
Se suma que las mujeres también son víctimas de extorsión por parte de personal del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Policía Federal que empezó a desplegarse con mayor auge con la entrada en vigor del Plan Frontera Sur, que les piden documentos y les cobran "cuotas" para dejarlas continuar su tránsito.
Prueba de ello es que en 2014 el INM registró 127 mil 149 detenciones de personas migrantes (47 por ciento más que en 2013), de las que 14 mil 73 eran mujeres mayores de 18 años y 2 mil 700 eran niñas. Para mayo de este año la cifra de mujeres detenidas llegó a 12 mil 649.
Foca informó que también constató que la Secretaría de Salud está "ocultando" las muertes maternas de las mujeres migrantes en México, a fin de cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio que establecen una reducción de defunciones de mujeres por esta causa.
Las organizaciones civiles recomendaron al gobierno mexicano apoyar la instauración de un observatorio que vigile los DH desde una perspectiva de género, que proporcione un lugar seguro de alojamiento y asesorías para las mujeres, combata la violencia de género, promueva los derechos sexuales y reproductivos de las migrantes, y vigile la atención de partos y pospartos.
Las activistas entre ellas Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en la Migración (Imumi) detallaron que el Estado debe cumplir con los objetivos que plantea el Programa Especial de Migración (PEM) que se presentó el 30 de abril de 2014, para proteger la vida de las migrantes.
No obstante, durante 2014 el PEM no contó con presupuesto y no generó grandes avances para las mujeres en tránsito, por lo que ahora las expertas exigieron que en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2016 se integre un anexo presupuestal para este programa.

Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
http://www.cimacnoticias.com.mx/node/70458
http://www.vocesoaxaca.com/?p=2145

19 de agosto de 2015

El género: un mar de fondo.



¿Por qué mar de fondo?
Desde que recuerdo he sentido una atracción profunda por el mar. Cuando era niña, vivía expectante de encontrarlo en todas partes: en los cuentos, en las historias de mi abuela y de mis padres, en el sonido de los caracoles con los que mis tías adornaban las mesitas de centro y, por supuesto, en la vida real. Esto último no sucedía a menudo, porque para la mayoría de las personas que vivimos alejadas del mar, es un privilegio poder acercarnos a él y pasar unos días escuchando las olas y observando la fuerza de esa enorme masa en movimiento.
El mar se mueve todo el tiempo, aunque la fuerza de las olas, su altura y el nivel de las mareas, no son siempre iguales. El mar de fondo, también llamado mar de leva o mar tendida, se refiere al oleaje que se propaga fuera de la zona donde se ha generado y que puede llegar a lugares muy alejados de manera repentina. El continuo movimiento del mar, su inmensidad, su fuerza, la dificultad de contenerlo o intervenirlo, me permiten hacer una analogía con el género. Además, ambos tienen una gran influencia en la vida de las personas, muchas veces, sin que éstas se den cuenta de ello.
La idea del mar de fondo, me hace pensar en las consecuencias que tiene el género en aspectos de nuestra vida que en principio parecieran no estar relacionados. El género se naturaliza a tal grado, que no tenemos idea de cuándo, dónde y cómo se gestó, y la mayor parte del tiempo lo perdemos de vista, aunque sea un elemento definitorio de nuestras identidades y de nuestras vidas. Al igual que el mar de fondo, a veces el género parece no estar presente y, de pronto, se manifiesta con una fuerza avasalladora que se hace observable en campos de la vida cotidiana de las personas como la sexualidad, el erotismo, el arte, la comunicación, el desarrollo de la tecnología, la salud y el trabajo, entre muchos otros.

El género y sus vaivenes
Con frecuencia el género es entendido como un atributo de los individuos, como algo que tenemos desde que nacemos, o inclusive antes, cuando nos formamos en el vientre materno.
Es visto como algo natural que poco tiene que ver con la sociedad de la que formamos parte a lo largo de nuestras vidas. Desde esta visión, nacemos mujeres u hombres, tenemos órganos sexuales de hembra o de macho, y eso, al igual que el color de la piel, de los ojos o de la forma de nuestro cuerpo, se percibe como un hecho natural, definitivo y universal, y por lo tanto, incuestionable.
Para otras personas el género está siempre, y únicamente, asociado a las mujeres. Desde esta visión los estudios de género son aquellos que se centran en lo que atañe a las mujeres. Del mismo modo, la perspectiva de género, que se aplica muchas veces a rajatabla en programas institucionales o discursos políticos, se refiere a la consideración de las mujeres y «nuestros asuntos», en las agendas de diversas instituciones.
En ninguna de las formas anteriores se piensa el género como relacional, es decir, que involucre las relaciones entre personas. En este espacio pensamos el género como una de las tantas formas en que las sociedades se organizan. Las sociedades inventan y ponen en acción clasificaciones con base en ciertos atributos de las personas y las jerarquizan. De esta manera, el género es un orden o un sistema clasificatorio que se basa en las diferencias de los cuerpos de las personas en relación con su capacidad reproductiva (Connell, 1987). No importa si dicha persona en verdad se reproduce o no, basta con que tenga ciertos atributos físicos que coinciden con las clasificaciones establecidas: hembra-macho, mujer-hombre. A partir de esta primera clasificación, se van agregando otros atributos, como la fuerza física y el valor en los hombres, y la sensibilidad y la belleza en las mujeres, de esta manera se van construyendo una serie de roles y expectativas que se naturalizan en este proceso de clasificación y jerarquización de las personas, las identidades y las representaciones (Scott, 2008).
Todo este proceso da lugar a la invención y operación de normas e instituciones sociales que intentan mantener este orden social que, desafortunadamente, no ha sido pensado como una organización igualitaria, o que mínimamente tienda hacia la igualdad de condiciones para la vida de los miembros de un grupo social. Es más bien un sistema dicotómico; es decir, plantea la existencia de dos polos opuestos y complementarios (macho-hembra, hombre-mujer, masculino-femenino). Hay que señalar que uno de los pilares de este orden es la superioridad de lo masculino frente a lo femenino y, por ende, de los hombres frente a las mujeres. La complementariedad de estos polos responde a la lógica organizativa basada en la reproducción, como mencioné antes. Por lo tanto se establece la heterosexualidad como norma para las relaciones entre personas. En términos generales, lo que sale de la norma, tanto en el campo identitario como en las formas del deseo erótico, se clasifica como anómalo (Butler, 2007; Gutiérrez, 2015).
Sin embargo, hay que decir que el género, por fortuna, se transforma continuamente, quizá mucho más despacio de lo que desearíamos algunos de nosotros. Dichas transformaciones se relacionan con otros aspectos sociales, como la educación, el mercado, el desarrollo de la tecnología, el trabajo, la religión y la política, entre otros; además se articulan con otras formas de organización social como la clase, la raza, la edad, la profesión, entre otras. Igualmente es necesario aclarar que las formas de organización social por género no son universales. Si volvemos la mirada a décadas pasadas, o miramos sociedades diferentes a la nuestra, podemos encontrar formas distintas de organización social que involucran al género: las formas en que las mujeres de diversas clases sociales utilizan o han utilizado el espacio público, las leyes concernientes al matrimonio, divorcio y crianza de los hijos, el constreñimiento o libertad para formar parejas no heterosexuales o las luchas por los derechos de personas LGBT. La organización por género y sus transformaciones deben entenderse social e históricamente situadas y a la luz de las vinculaciones con fenómenos de carácter local, pero también articulados con el contexto global, sobre todo en una época como la que vivimos, en donde el internet y las redes sociales permiten, o al menos aparentan, un mayor contacto con personas de otros países y sus experiencias.
Hablar de género importa porque nos permite profundizar en las formas en que nos organizamos como sociedad y con ello poner de relieve la desigualdad y sus formas. A partir de las miradas profundas, de los diálogos y reflexiones sobre las implicaciones del género en la vida de las personas, podemos también conocer y reconocer las transformaciones que se han dado a lo largo de la historia. Así el cambio deja de ser una utopía y se convierte en una posibilidad. La desnaturalización del género por medio de la reflexión crítica sobre diversos aspectos sociales y culturales, nos acerca a una sociedad interesada en ser más igualitaria.
Es por eso que les invitamos a transitar en este espacio, que tratará de mirar y reflexionar sobre distintos aspectos cotidianos que marcan nuestras experiencias en este mundo social «generizado». Somos personas con identidades de género y formas del deseo erótico diversas, que muchas veces no nos percatamos del peso de haber sido socializados como mujeres u hombres heterosexuales, hasta que el estruendo del mar de fondo aparece en medio de una aparente calma. Sirva pues este espacio para reconocernos, pensarnos, cuestionarnos y reinventarnos como personas que formamos y nadamos en un mar común y, sin duda, transformable.


Ana Paulina Gutiérrez Martinez