26 de septiembre de 2018

A 45 años del golpe, mujeres y resistencias.



Este año, al cumplirse 45 años desde el golpe de Estado, vivimos un momento político y social tensionado por las memorias del golpe de 1973 y de la dictadura cívico militar.
Hemos visto fracasar los esfuerzos por silenciar, por dar vuelta la página, por atenuar la polarización de quienes cuentan con recursos de poder (en el Poder Ejecutivo, en el poder judicial, en los medios de comunicación) para que las cuentas con el pasado pierdan su presencia política. Se escuchan voces fuertes y poderosas que piden sanción a los responsables de las violaciones a los derechos humanos y que reponen en la agenda pública temas para el futuro de nuestra sociedad y nuestra cultura.
Si bien existe un acuerdo generalizado en la mayoría de la sociedad y de la clase política chilena, sobre la condena al terrorismo de Estado y la necesidad de sancionarlo, permanece una minoría que reivindica el golpe militar y la dictadura que se ha visto fortalecida y que se ampara en discursos y acciones recientes de la autoridad política (en la campaña presidencial, en las palabras de un cuasi ministro y de algunos parlamentarios).
Siguiendo a Elizabeth Jelin[1], lo que se toma el escenario y entra en conflicto, no son las memorias de los hechos del pasado, sino los sentidos de esos hechos del pasado. Porque hablar de memorias significa hablar de un presente, del pasado que se actualiza en su enlace con el presente y con un futuro deseado en el acto de rememorar, de olvidar o silenciar. Se trae el “espacio de la experiencia del pasado” al presente, que construye expectativas. El pasado ya pasó, no puede cambiarse, pero el sentido de ese pasado está sujeto a reinterpretaciones ancladas en la intencionalidad, en las expectativas hacia el futuro.
Se trata de sentidos activos, elaborados por actores sociales, en confrontación y lucha frente a otras interpretaciones, a menudo, contra silencios y borramientos públicos, contra posibles políticas de olvido: de los crímenes, de la tortura, de la represión, de la violencia, etc. Son procesos subjetivos en que individuos y grupos construyen significaciones, en interacción con otros, agentes activos que recuerdan y que intentan transmitir -y aún imponer- sentidos del pasado a otros, que pueden tener o no la voluntad de escuchar. En este transmitir y compartir resulta clave la dimensión intersubjetiva de la experiencia y de la memoria.
La transmisión intergeneracional de las memorias sociales ligadas a la dictadura adquiere entonces, no sólo una dimensión de conocimiento, sino una función pedagógica de futuro, porque lo que se hace en un escenario y un momento dado con las imágenes y sentidos del pasado condiciona sus desarrollos futuros, abriendo o cerrando posibilidades. Asimismo, se legitima o avala ciertas voces, se autoriza o deniega algunas temáticas como es el caso de la violencia sexual en la tortura.
Consciente de las luchas por la memoria, y con el anhelo de construcción de un orden democrático, igualitario y feminista, basado en la vigencia de los derechos humanos, como Observatorio de Género y Equidad recuperamos en este Boletín las memorias de distintas mujeres

[1]Elizabeth Jelin, Socióloga argentina, Premio a la trayectoria en Ciencias sociales 2013, en Las luchas por el pasado. Cómo construimos la memoria social. SigloXXI Editores, Argentina 2017.

http://oge.cl/a-45-anos-del-golpe-mujeres-y-resistencias/

25 de septiembre de 2018

CO L O N I A L I D A D Y GÉ N E R O



Las feministas de color han dejado en claro lo que se revela, en términos de dominación y explotación violentas, una vez que la perspectiva epistemológica se enfoca en la intersección de estas categorías.Sin embargo, esto no ha sido sufciente para despertar en aquellos hombres, que también han sido víctimas de la dominación y explotación violentas, ningún tipo de reconocimiento de la complicidad o colaboración que prestan al ejercicio de dominación violenta de las mujeres de color.6En particular, la teorización de la dominación global continúa llevándose a cabo como si no hiciera falta reconocer y resistir traiciones o colaboraciones de este tipo.
La colonialidad del poder Aníbal Quijano concibe la intersección de raza y género en términos estructurales amplios. Para entender su concepción de la intersección de raza y género hay que entender su análisis del patrón de poder capitalista Eurocentrado y global. Tanto «raza»10como género adquieren signifcado en este patrón. Quijano entiende que el poder está estructurado en relaciones de dominación, explotación, y conflicto entre actores sociales que se disputan el control de «los cuatro ámbitos básicos de la existencia humana: sexo, trabajo, autoridad colectiva y subjetividad/intersubjetividad, sus recursos y productos» El poder capitalista, Eurocentrado y global está organizado, distintivamente, alrededor de dos ejes: la colonialidad del poder y la modernidad .Los ejes ordenan las disputas por el control de cada una de las áreas de la existencia de tal manera que el signifcado y las Formas de la dominación en cada área están totalmente imbuidos por la colonialidad del poder y la modernidad. Por lo tanto, para Quijano, las luchas por el control del «acceso sexual, sus recursos y productos» defnen el ámbito del sexo/género y, están organizadas por los ejes de la colonialidad y de la modernidad. Este análisis de la construcción moderna/colonial del género y su alcance es limitado. La mirada de Quijano presupone una compresión patriarcal y heterosexual de las disputas por el control del sexo y sus recursos y productos. Quijano acepta el entendimiento capitalista, eurocentrado y global de género. El marco de análisis, en tanto capitalista, eurocentrado y global, vela las maneras en que las mujeres colonizadas, no-blancas, fueron subordinadas y desprovistas de poder. El carácter heterosexual y patriarcal de las relaciones sociales puede ser percibido como opresivo al desenmascarar las presuposiciones de este marco analítico. No es necesario que las relaciones sociales estén organizadas en términos de género, ni siquiera las relaciones que se consideren sexuales. Pero la organización social en términos de género no tiene por qué ser heterosexual o patriarcal. El que no tiene por qué serlo es una cuestión histórica. Entender los rasgos históricamente específcos de la organización del género en el sistema moderno/colonial de género (dimorfsmo biológico, la organización patriarcal y heterosexual de las relaciones sociales) es central a una comprensión de la organización diferencial del género en términos raciales. Tanto el dimorfsmo biológico, el heterosexualismo, como el patriarcado son característicos de lo que llamo el lado claro/visible de la organización colonial/moderna del género. El dimorfsmo biológico, la dicotomía hombre/mujer, el heterosexualismo, y el patriarcado están inscriptos con mayúsculas, y hegemónicamente en el signifcado mismo del género. Quijano no ha tomado conciencia de su propia aceptación del signifcado hegemónico del género. Al incluir estos elementos en el análisis de la colonialidad del poder trato de expandir y complicar el enfoque de Quijano que considero central a lo que llamo el sistema de género moderno/colonial. Quijano entiende la raza como una ficción. Para marcar ese carácter ficticio, siempre coloca el término entre comillas. Cuando escribe términos como «europeo», «indio» entre comillas es porque representan una clasificación racial.
La colonialidad del poder introduce la clasifcación social universal y básica de la población del planeta en términos de la idea de «raza» .La invención de la «raza» es un giro profundo, un pivotear el centro, ya que reposiciona las relaciones de superioridad e inferioridad establecidas a través de la dominación. Reconcibe la humanidad y las relaciones humanas a través de una fcción, en términos biológicos. Es importante notar que lo que Quijano ofrece es una teoría histórica de la clasifcación social para reemplazar lo que denomina las «teorías eurocéntricas de las clases sociales» . Su análisis provee un espacio conceptual para la centralidad de la clasifcación de la población del mundo en términos de razas en el capitalismo global. También genera un espacio conceptual para comprender las disputas históricas sobre el control del trabajo, el sexo, la autoridad colectiva, y la intersubjetividad, como luchas que se desenvuelven en procesos de larga duración, en vez de entender a cada uno de los elementos como anteriores a esas relaciones de poder. Los elementos que constituyen el modelo capitalista de poder eurocentrado y global no están separados el uno del otro y ninguno de ellos pre-existe a los procesos que constituyen el patrón de poder. Por cierto, la presentación mítica de estos elementos como antecedentes, en términos metafísicos, es un aspecto importante del modelo cognitivo del capitalismo, euro centrado y global.

http://www.redalyc.org/html/396/39600906/

28 de agosto de 2018

Todo empieza en la casa: los quehaceres domésticos influyen en la desigualdad de género.


A las hijas mujeres se les sigue pidiendo que dediquen más tiempo a las tareas del hogar que a los hombres.
Desde hace mucho tiempo es un hecho que a las mujeres se les paga menos que a los hombres en el trabajo y que hacen más quehaceres en casa. Resulta que esos patrones comienzan incluso desde la niñez.
Aunque existen señales de que esta brecha se está cerrando, diversos datos muestran que las niñas todavía pasan más tiempo en los quehaceres domésticos que los niños. Además, se les paga menos que a los niños por esas tareas y reciben menos dinero para sus gastos.
Un análisis reciente, por ejemplo, descubrió que los chicos de entre 15 y 19 años invierten media hora al día en los quehaceres; las chicas, en cambio, pasan 45 minutos en esa actividad.
Aunque ellas invierten mucho menos tiempo en los quehaceres que hace una década, el tiempo que ellos le dedican al trabajo doméstico no ha cambiado considerablemente.
Los investigadores sostienen que una de las grandes razones por las que a las mujeres se les paga menos es porque sobre sus hombros recaen más responsabilidades del hogar y se retrasan en sus carreras en comparación con los hombres. Lograr la igualdad, argumentan, requerirá no solo de preparar a las niñas para el trabajo remunerado, sino además enseñarles a los niños a hacer trabajos no remunerados.
Los secretos de Costa Rica detrás de un decorado de lujo "La mayoría de los niños y las niñas aprende esas habilidades cuando desde pequeños se les inculca la participación en las tareas domésticas", comentó Sandra Hofferth, socióloga de la Universidad de Maryland que es coautora de una investigación reciente y ha pasado su carrera estudiando cómo pasan su tiempo los niños. "Los progresistas creían que estaban capacitando a sus hijos para que se involucraran mucho más en el hogar. Sin embargo, no vemos ninguna evidencia de que la brecha en los quehaceres domésticos haya disminuido".
Su investigación se basó en los diarios de la Encuesta del Uso del Tiempo en Estados Unidos de 2003 a 2014 entre 6358 estudiantes de secundaria de 15 a 19 años. Las tareas domésticas incluían cocinar, limpiar, cuidar de las mascotas, hacerse cargo del mantenimiento del jardín, la casa y el automóvil.
Se encontraron diferencias basadas en la educación de los padres. Los hijos de padres con estudios universitarios, en general, dedican menos tiempo a las tareas domésticas, pero la diferencia casi siempre radica entre las niñas. Las hijas de padres con estudios universitarios pasan un 25% menos tiempo haciendo quehaceres que las hijas de padres que solo estudiaron hasta la secundaria. A pesar de ello, invierten once minutos más en esas tareas que los hijos. Los padres con estudios parecen haber cambiado sus expectativas en el caso de sus hijas, pero no de sus hijos, explica Hofferth.
Además, a los niños también se les da más dinero que a las niñas por hacer quehaceres, según un análisis reciente de diez mil familias que usan BusyKid, una aplicación de tareas domésticas. Los niños que usan la aplicación ganaron el doble que las niñas por hacer tareas domésticas: un promedio de 13,80 dólares a la semana, en comparación con las niñas, cuyo pago fue de 6,71 dólares.
Los niños son más propensos a que se les pague por hacerse cargo de su propia higiene personal como lavarse los dientes o bañarse, según un estudio de la aplicación BusyKid. A las niñas suele pagárseles por limpiar con mayor frecuencia. La brecha de género en los quehaceres de los niños se da en todo el mundo. Una investigación reciente entre niños de 12 años en dieciséis países de todo el espectro económico, que no incluyó a Estados Unidos, descubrió que en todos los países las niñas pasaron más tiempo en las tareas del hogar que los niños.
"Los quehaceres en realidad son una práctica para la vida adulta, así que el problema es que solo se perpetúan de una generación a otra", comentó Christia Spears Brown, profesora de psicología en la Universidad de Kentucky que estudia la niñez y el género.
Pero hay signos de que la brecha de género en las tareas domésticas está comenzando a disminuir, al igual que sucede entre los adultos. En un área en particular —cuidar de otros miembros de la familia, como hermanos o parientes mayores— los niños hacen tanto como las niñas. Los investigadores dicen que esto podría influir en las futuras generaciones, ya que los niños que crecen en familias donde cuidan a otros miembros estarían preparados para ser padres más involucrados con sus hijos.
Los niños y las niñas pasan casi la misma cantidad de tiempo cuidando de miembros de la familia todos los días, según el análisis de Hofferth. Se trata de una brecha que ha disminuido a lo largo de poco más de una década, cuando los niños pasaban casi la mitad del tiempo que las niñas como cuidadores.

Un cambio

Los niños están dedicándose más a esta actividad en todo el mundo. En el estudio internacional hubo muy poca diferencia de género en la cantidad de tiempo que los niños pasaron cuidando a otros miembros de la familia, y en un país, Noruega, los niños pasaron más tiempo haciéndolo que las niñas.
En otro estudio de tareas domésticas, con un conjunto más pequeño de datos, hubo pruebas de que la brecha de género en los quehaceres también estaba disminuyendo. Los chicos de 13 a 18 años pasaron poco menos de media hora haciendo quehaceres, mientras que, en el caso de las chicas, el tiempo fue de poco más de media hora. El cambio se dio entre los varones, que aumentaron el tiempo que dedican a las tareas del hogar 29% entre 2002 y 2014, mientras que las chicas disminuyeron ese tiempo 27%, según el Estudio de Panel de la Dinámica de Ingresos de la Universidad de Michigan, que ha dado seguimiento a un conjunto de familias desde 1968.

Los casados

Esto refleja el cambio entre los adultos. Los hombres casados ahora invierten 1,1 horas al día haciendo labores del hogar, según descubrió el panel de Michigan, un aumento a los 55 minutos que invertían en 1983. El tiempo que pasan las mujeres casadas en estas actividades ha disminuido, pero todavía es el doble que el de los hombres: 2,2 horas al día, menos que las 3,8 horas que invertían antes. Eso demuestra que la crianza de los niños moldea los roles que asumen en la adultez.
Un estudio encontró que los hijos de madres que trabajan fuera de casa pasan más tiempo haciendo tareas domésticas y cuidando de los niños en la edad adulta. Otra investigación descubrió que la división parental del trabajo, en especial los padres que hacen tareas domésticas, predijo las actitudes de los adultos jóvenes al momento de dividir el trabajo doméstico.
Para las mujeres que son autosuficientes económicamente, los hombres que no comparten la carga de trabajo en el hogar podrían resultar menos atractivos como pareja, dijo Hofferth y agregó que sus casas podrían ser más desordenadas: "Las parejas jóvenes probablemente subcontratan el trabajo doméstico o viven con más caos y desorden que sus padres".

En el exterior e interior

Los quehaceres de los hombres y las mujeres tienden a dividirse entre lo que se hace al aire libre y en interiores. Las mujeres hacen la mayoría del trabajo dentro de casa —como cocinar, limpiar y lavar la ropa— mientras que los hombres se dedican más al trabajo en el exterior, como cortar el césped o sacar la basura. Investigaciones anteriores han descubierto que la misma división ocurre con las tareas de los niños.

22 de agosto de 2018

La participación cívica y política de las Mujeres Migrantes.



Las mujeres migrantes somos muchas, y somos muy diferentes. El fenómeno migratorio conocido, pero poco reconocido en las políticas públicas para que puedan tener un efecto que impulse el desarrollo y el empoderamiento de las mujeres migrantes tiene todavía muchas asignaturas pendientes.
Las mujeres migrantes, requerimos mejores niveles de bienestar, no solo a nivel individual, dentro del seno de nuestras familias, nuestras comunidades y en la sociedad en general.
Hace falta impulsar a conciencia colectiva para entender que nosotras las mujeres migrantes, con rostros diversos y que dejamos el país que nos vio nacer y que un día tuvimos que dejar atrás, del otro lado del río… con el profundo dolor que nos provocó el desprendimiento, sin desearlo en lo íntimo de nuestra razón y de nuestro corazón de todo lo que queremos profundamente, de todo lo que amamos entrañablemente: los sabores, nuestras historias, nuestros recuerdos, nuestra vida anterior.
Nosotras las mujeres migrantes que luchamos una batalla diaria para que la sociedad en general, pero particularmente quienes conducen las políticas públicas en nuestro país de origen conozcan, entiendan y le den importancia a los hechos, en donde el 44 por ciento de los hogares mexicanos en los Estados Unidos está dirigido por una mujer migrante y que muchas de ellas están en sus años más productivos, pero que el 45 por ciento todavía está en posiciones laborales con ocupaciones de baja calificación y que 30 por ciento de las mujeres mexicanas migrantes trabajadoras reciben menos del salario en ocupaciones que mujeres migrantes de otros países no quieren realizar, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, CONAPO, 2013.
Y en todo este entorno adverso, sin embargo, las mujeres migrantes tienen también la fortaleza para participar en el entorno cívico y político de nuestro país. Sin embargo, requerimos mayor información, que los procesos de participación consideren nuestro estatus de ser madres, esposas, hijas, en donde por cuestiones de trámites migratorios o de identidad hasta nuestro nombre con el que fuimos registradas ha tenido cambios fundamentales que no pueden ser limitantes para el ejercicio de nuestro derecho y nuestra responsabilidad como es la participación en los procesos electorales para votar y ser votadas.
La identificación del papel de la mujer migrante en el proceso de formación y desarrollo de conciencia cívica de nuestros hijos en el exterior es fundamental. Se requieren acciones que fortalezcan el nivel de información, conocimientos, herramientas de transmisión de ese conocimiento para que al interior de nuestras familias en el exterior, los jóvenes conozcan y puedan entonces amar a un País y una Patria que no consideran en muchas ocasiones como suya.
Las generaciones de jóvenes migrantes, hombres y mujeres es un grupo de población en donde la educación cívica y la comprensión de nuestras raíces históricas es un eje de conocimiento que todavía no se ha concretado.
Las mujeres migrantes, que participamos y somos la mitad o más del padrón electoral registrado para votar en las próximas elecciones de nuestro País, sabemos el enorme compromiso que esto significa. Como lo han demostrado, su valentía, su emprendimiento, el amor por sus familias y por sus comunidades, el amor por nuestro país, serán elementos fundamentales para que de manera informada y responsable votemos.

Invito a las mujeres migrantes a obtener su credencial para votar, a registrarse y a ejercer con el mismo impulso que buscamos salir adelante día con día, nuestro voto, para que sea también un elemento que nos dé mayor visibilidad, porque las mujeres migrantes, somos muchas y muy diferentes y debemos hacerlo por nosotras, por nuestros hijos, por nuestras familias, por el País que nos vio nacer y que un día dejamos al otro lado del río…

¡Mujer migrante, actívate y vota!

Texto Dra. Martha Estela Esquivel de Zamora, Presidenta Mujeres Extraordinarias Foundation, Inc.
http://www.conexionmigrante.com/24-02-2018/la-participacion-civica-y-politica-de-las-mujeres-migrantes/

17 de agosto de 2018

Las migrantes latinoamericanas, en la mira de las redes de trata.


El rescate este mes de julio de 12 venezolanas y tres colombianas de una red de prostitución que reclutaba migrantes en Perú, es una muestra de los complejos entramados donde la migración y la trata de personas tienen muchas veces como protagonistas a víctimas del trabajo forzado y la explotación sexual.

La red de trata sexual que reclutaba migrantes fue desbaratada el 4 de julio por la policía peruana. Tres de las mujeres eran menores de edad.
Según las autoridades del país sudamericano, las víctimas habrían sido captadas en Bogotá, se les pagó el pasaje a Lima y allí se las obligó a prostituirse para cancelar un pago de 1.000 dólares.

”En algunos casos los tratantes ofrecen oportunidades en otros lugares. Esto tiene el fin también de alejar a las personas de sus redes de apoyo para que no sepan a dónde acudir para pedir ayuda. Este efecto de desarraigo se intensifica cuando uno va a otro país y no conoce bien la cultura y el idioma”: Rosilyne Borland.
“Las migraciones, tanto internas como internacionales encuentran sus raíces en las desigualdades, las vulneraciones a los derechos humanos y otras causas estructurales vinculadas a los procesos socioeconómicos y culturales”, analizó a IPS la investigadora Cécile Blouin, del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En un diálogo desde Lima, la experta dijo que “en algunos contextos, la migración puede constituir desde un principio una situación de trata, por ejemplo se recluta a la persona para fin de explotación sexual desde el país de origen”.

“En otros casos, el proceso migratorio puede darse sin que haya reclutamiento ni contrato previo para una forma de explotación, sin embargo llegando al país de destino o luego de un tiempo se da una situación de trata de personas por una serie de factores vinculados a desigualdades, vulneraciones de derechos, condiciones socioeconómicas y etcétera”, planteó.

Según el último informe del Ministerio Público (fiscalía) de Perú, entre 2014 y 2017 las víctimas extranjeras de la trata representan algo más de 10 por ciento de las víctimas y provienen en su mayoría de Colombia, delante de Ecuador y República Dominicana.

La debacle socioeconómica en Venezuela ha originado una nueva oleada de migrantes de ese país a Perú, unos 280.000 hasta mayo, pero no hay cifras sobre los casos de trata vinculados a su inmigración.

El 30 de julio se celebra el Día Mundial contra la Trata de Personas, un delito vinculado en muchas ocasiones con la migración y también con el tráfico ilícito de migrantes, como señala la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD).

“Si uno se fija en los flujos migratorios grandes, particularmente los que tienen personas en situación irregular, o desplazados, es probable que haya un cantidad de personas dentro del flujo que caen en las manos de las redes de tratantes”, señaló  Rosilyne Borland, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La especialista temática regional de protección y asistencia a los migrantes citó el caso del masivo flujo migratorio de Venezuela como ejemplo.  “Se puede imaginar que dentro del flujo podemos encontrar un grupo de personas que pueden caer en los manos de los criminales. Y eso hemos visto en la actualidad”, señaló.

La ONUDD, más conocida por su sigla en inglés UNODC, define la trata de personas como el traslado de seres humanos de un lugar a otro dentro de las fronteras de un mismo país o hacia el exterior con fines de explotación, en su mayoría sexual, laboral o en la mendicidad.

Pero la trata no está necesariamente vinculada a la migración, porque las personas pueden ser víctimas del delito en su propio país, destacó Borland desde su oficina en San José de Costa Rica.
“Aclarado eso, sabemos que muchas víctimas de la trata de personas sí migraron en algún momento. Lo que buscan las redes criminales es la posibilidad de atrapar una persona y someterla a una situación de explotación, sea para fines de trabajo forzado o para la explotación sexual. Y a veces la migración forma parte del proceso”

Según Borland, muchas veces los tratantes engañan a sus víctimas con falsas promesas de trabajo u otras oportunidades ficticias.

”En algunos casos los tratantes ofrecen oportunidades en otros lugares. Esto tiene el fin también de alejar a las personas de sus redes de apoyo para que no sepan a dónde acudir para pedir ayuda. Este efecto de desarraigo se intensifica cuando uno va a otro país y no conoce bien la cultura y el idioma”, analizó.

ONUDD estima en 2,5 millones el número de migrantes víctimas de la trata en el mundo. Pero recuerda que por cada víctima de la trata  identificada existen otras 20  no registradas, lo que elevaría el número a 50 millones.

Las dos terceras partes de las víctimas detectadas son mujeres, 79 por ciento de ellas  sometidas a explotación sexual. El resto se vinculan a la explotación laboral, trabajos o servicios forzados.

De las víctimas de trata detectadas en Europa Central, 13 por ciento proceden de América del Sur, mientras de las detectadas dentro de América Latina, 66 por ciento son mujeres, 13 por ciento niñas, 12 por ciento hombres y nueve por ciento niños.

Los principales países de destino para la explotación sexual de víctimas suramericanas de la trata son España, Italia, Portugal, Francia, Países Bajos, Alemania, Austria y Suiza, siempre según datos de la ONUDD.

Sobre los migrantes latinoamericanos víctimas de la trata, no hay cuantificaciones de cuantos son migrantes a otras partes del mundo o entre países latinoamericanos y dentro de sus mismos territorios.

Pero según Borland  es posible identificar como sectores donde hay víctimas de ese delito los de agricultura, minería, construcción y textil, “que en algunos contextos están asociados con flujos de trabajadores migrantes, internos o de otros países”.

“Sabemos que las víctimas de trata típicamente tienen peores condiciones, horarios más extensos y enfrenten mucha violencia además de los riesgos a su bienestar de las condiciones de donde viven y trabajan, en comparación con otros personas en el sector que no son víctimas”, observó la especialista senior de la OIM.

María Antonia Chávez, de la División de Estudios Políticos y Sociales de la Universidad de Guadalajara, de México, que integra el Observatorio Latinoamericano Sobre Trata y Tráfico de Personas (ObservaLATrata), explicó a IPS que existen dos causas estructurales para el cruce entre migración y trata.

Entre ellas, destacó desde la ciudad mexicana de Guadalajara,  está el endurecimiento de las exigencias migratorias que propicia la contratación de intermediarios ilegales.

“Es en este proceso donde aparece la  posibilidad del tráfico de personas en interrelación con la  trata de personas  como un  riesgo para las personas que  desean conseguir una mejor oportunidad de vida o que desean reunirse con sus familiares en otro país y no cubren los requisitos para una visa”, sostuvo.

Por el otro cuando los “tratantes” apelan a artimañas y engaños” para trasladar personas de un país a otro con el fin específico de explotar su trabajo o sus servicios.

“Aun cuando la trata de personas es un delito  fundamentalmente distinto, al tráfico de personas puesto que implica el traslado de personas con fines de explotar su trabajo o sus servicios,  existe una  inmensa mayoría de  víctimas de la trata que  son trabajadores migrantes atrapados en la explotación laboral, sexual o con alguna otra modalidad  de los fines de la trata de personas”, dijo Chávez.

México, como país de origen, tránsito y destino de migrantes en condición legal e irregular, ocupa según Chávez el segundo lugar en el mundo como proveedor de víctimas de trata a Estados Unidos, y como principal consumidor mundial de personas en condición de explotación.

Pero la trata conectada con la migración se produce también dentro de América Latina, dijo la experta.

Un ejemplo es el de víctimas colombianas de trata con fines principalmente de explotación sexual y trabajo forzado. El mayor número de casos se han reportado en China (23 %) y Argentina  (18 %), seguidos de México (9 %), Corea del Sur (9 %), Ecuador (7 %) e Indonesia (7 %).

Otro caso es el de Argentina, donde “se ha potencializado la explotación sexual y explotación laboral” en este último caso en el ámbito de la industria textil, con personas mayoritariamente de Bolivia o Perú, ejemplificó Chávez.

Edición: Estrella Gutiérrez
Por Fabiana Frayssinet
http://www.ipsnoticias.net/2018/07/los-migrantes-latinoamericanos-la-mira-las-redes-trata/

31 de julio de 2018

Mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe: Deudas de igualdad.


I. Las mujeres negras y afrodescendientes, el largo camino para ser reconocidas como sujetos de derecho.

La historia de las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe carga las marcas y las consecuencias de la colonización europea, incluso en la actualidad, después de terminadas las administraciones coloniales e instituidos los Estados nacionales en la región. En el siglo XVI, el colonialismo construye e integra a su estructura ideológica y funcional un sistema jerárquico basado en la idea de raza, luego codificada en el color de piel y en los rasgos fenotípicos de los sujetos colonizados, que sirvió para otorgar legitimidad a la dominación impuesta por la conquista (Quijano, 2005). Este esquema mental, que significó una nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes, fue fundamental en el proceso de conquistas territoriales y sometimiento de pueblos enteros para beneficio de las metrópolis europeas (Quijano, 2005).
Según el sociólogo peruano Aníbal Quijano (2005), la idea de raza ha demostrado ser el más eficaz y perdurable instrumento de dominación social universal, habiéndose convertido en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad que se forma a partir del expansionismo europeo sobre los territorios americanos y caribeños.
La introducción en estos territorios de los grupos humanos esclavizados, provenientes de África, trajo consecuencias específicas para las mujeres. Estas llegaron en cantidades menores que los hombres, fueron explotadas sexualmente por sus congéneres y por los conquistadores, lo que las convirtió en objetos sexuales y de reproducción de mano de obra. Con el pasar de los siglos, las opresiones de género, raza y clase que fundamentan la dinámica de las relaciones de poder se sofisticaron y naturalizaron (Stolcke, 1991), dando lugar en América Latina y el Caribe a la imposición de una perspectiva de mundo eurocéntrica y androcéntrica, persistente hasta la fecha, en donde los hombres blancos ocupan una condición privilegiada en la estructura económica, política y social, por sobre las mujeres en general y, en particular, sobre las mujeres negras y afrodescendientes.
Esta perspectiva ubica la especificidad histórico-cultural europea, blanca y masculina como estándar de referencia del humano, clasificado como superior y universal (Monteiro, 1997).
De esta forma, se instituye una universalidad radicalmente excluyente, que clasifica y jerarquiza a todos los pueblos, continentes y experiencias históricas a partir de este modelo. Las otras formas de ser, las otras formas de organización de la sociedad, las otras formas de conocimiento, se transforman no solo en diferentes, sino en carentes, arcaicas, primitivas, tradicionales y premodernas, lo que, en el imaginario social sobre el progreso, enfatiza su inferioridad (Monteiro, 1997). Esta perspectiva cumple la función de mantener la ideología del grupo dominante y puede servir como ideológicamente legitimadora de políticas intergrupales, justificando rechazos o aceptaciones, así como sistemas de explotación tales como la esclavitud (Bento, 1992).

A. La interseccionalidad

Las múltiples formas de discriminación que se interconectan a la discriminación de género y la profundizan provocan hondas marcas en las vidas de las mujeres afrodescendientes en los distintos contextos de América Latina y el Caribe. Por eso, al analizar las condiciones materiales y simbólicas a las que está actualmente sometido este grupo social, es preciso partir desde una perspectiva interseccional, que incluya la multiplicidad de categorías que conforman su identidad y las consecuencias derivadas de la intersección del género con otras identidades construidas históricamente como inferiores, como la identidad “negra” o “afrodescendiente”.
La historiografía feminista generalmente indica los debates del siglo XIX, inmersos en las luchas contra la esclavitud y las campañas sobre el sufragio femenino, como la base de los discursos sobre la interseccionalidad. Sojouner Truth, una mujer negra libre que asistió en diciembre de 1851 a una convención por los derechos de las mujeres en Ohio, al presentar el cuestionamiento “¿Acaso no soy una mujer?”, confronta la concepción burguesa de feminidad (Viveros, 2016) y pone de relieve las interrelaciones entre discriminación racial y de género. Desafiando a los hombres presentes que defendían la idea de fragilidad femenina para impedirles ingresar en la vida pública, Truth argumenta que, dada su posición en la sociedad, trabajaba arduamente y soportaba pesadas cargas, lo que no la hacía menos mujer o menos madre que las mujeres blancas que eran vistas como débiles y con necesidad constante de ayuda y protección (Yuval-Davis, 2013). Con eso, evidencia que la comprensión sobre los sentidos del sujeto “mujeres” estaba construida bajo un universalismo estrecho que no consideraba a las “otras” mujeres, las no blancas, como parte de esta colectividad.
A este respecto, la teórica descolonial María Lugones (2008) afirma que, históricamente, en Occidente, solo las mujeres burguesas blancas han sido contadas como mujeres: las hembras excluidas por y en esa descripción no eran solamente sus subordinadas sino también eran vistas y tratadas como animales, marcadas sexualmente como hembras, pero sin las características de la femineidad. Eso fue posible, según plantea, debido a la existencia de una lógica de separación categorial que distorsiona los seres y fenómenos sociales que existen en la intersección. En la medida en que seleccionan al dominante, en su grupo, como norma, las categorías se vuelven homogéneas; es así que “mujer” sería sinónimo de “mujer burguesa blanca heterosexual” y “negro” significaría “macho heterosexual negro”. En este sentido, la separación categorial llevaría a que la situación de subordinación que enfrentan las mujeres negras pudiera ser ignorada o, cuando mucho, vista como una adición de lo que les pasa a las mujeres (blancas: suprimido) y a los negros (hombres: suprimido) (Lugones, 2008). La interseccionalidad mostraría lo que se pierde cuando categorías como género y raza se conceptualizan separadas unas de otras.
Este concepto, acuñado por la académica afroamericana Kimberlé Crenshaw en 1989 en el marco del debate del caso judicial DeGraffenreid contra General Motors, buscaba evidenciar la invisibilidad jurídica de las múltiples dimensiones de opresión experimentadas por trabajadoras negras de la compañía General Motors en los Estados Unidos (Viveros, 2016; Zota-Bernal, 2015). Si bien
Crenshaw no tenía la intención de crear una teoría general sobre la opresión, sino que un concepto de uso práctico para analizar desigualdades concretas, este terminó convirtiéndose en una herramienta analítica y conceptual ampliamente utilizada en los estudios feministas y sobre mujeres.
La amplia aceptación del concepto lleva a que, al interior del debate feminista, la categoría “mujeres” se vuelva mucho más compleja, tanto como la lectura sobre las desigualdades que les afecta. De esta forma, gana espacio la idea de que, si bien es cierto que todas las mujeres son de alguna manera sujetas a la discriminación de género, también es cierto que otros factores relacionados con las identidades sociales de las mujeres, tales como la clase, la casta, el color, el origen étnico, la religión, el origen nacional, la orientación sexual son “diferencias que marcan la diferencia” en la manera en que los distintos grupos de mujeres experimentan la discriminación (Crenshaw, 2002, pág. 173). Como bien plantea Kimberlé Crenshaw (2002), estos elementos diferenciales pueden crear problemas y vulnerabilidades que son exclusivos de grupos particulares de mujeres, o que afectan de manera desproporcionada a algunas mujeres con respecto a las demás.
Uno de los principales aportes entregados por la conceptualización de la interseccionalidad es la superación de una perspectiva aritmética, que clasifica a ciertos grupos de mujeres como doble o triplemente discriminados. Desde una perspectiva interseccional, se entiende que las propiedades de los agentes sociales no pueden ser comprendidas en términos de ventajas o desventajas, desde una lógica aritmética de la dominación. Así, la posición más “desventajosa” en una sociedad clasista, racista y sexista no es necesariamente la de una mujer negra pobre, si se la compara con la situación de los hombres jóvenes de su mismo grupo social, más expuestos que ellas a ciertas formas de arbitrariedad, como las asociadas a los controles policiales (Viveros, 2016).
Asimismo, hay que considerar que la construcción de un abordaje interseccional a los fenómenos sociales supone pensar diferentes niveles de análisis. En un nivel microsociológico, se considera la articulación de opresiones y sus efectos en las estructuras de desigualdad social observadas en las vidas individuales. A su vez, el nivel macrosociológico interroga la intersección de los sistemas de poder en la producción, organización, y mantenimiento de las desigualdades (Hill Collins, 2000; Viveros, 2016). Ambos son fundamentales para comprender y crear capacidades de intervención no solo sobre las condiciones de vida en que se encuentran determinados grupos sociales, sino que también sobre las estructuras y sistemas de poder que las generan. Para este estudio, se considerará más ampliamente el nivel macrosociológico.
Hablar de interseccionalidad es, por lo tanto, hablar de los complejos, irreductibles, variados y variables efectos que resultan cuando múltiples ejes de diferencia —económica, social, política, cultural, psíquica, subjetiva y experiencial— se intersectan en contextos históricos específicos, generando modalidades de exclusión, jerarquización y desigualdad (Brah, 2013). Conforme plantea Nira Yuval-Davis (2013), el análisis interseccional no debiera estar limitado al análisis de desigualdades o discriminaciones, sino ser considerado un marco teórico que debe abarcar a todos los miembros de la sociedad, ya que es un instrumento adecuado para analizar la estratificación social.
En este sentido, la intersección de los sistemas combinados de opresión penaliza a las mujeres afrodescendientes, las discrimina y subordina al poder racista, clasista y patriarcal. Esta explotación racial, económica y de género es estructural, histórica y fuertemente institucionalizada en toda América Latina y el Caribe. En consecuencia, se manifiesta en sistemas de desigualdades estructurales construidos a lo largo de procesos históricos, que se crean y recrean a través de prácticas rutinarias (Bento, 1992).
La explotación de los grupos considerados “inferiores” por el poder hegemónico, como es el caso de las mujeres afrodescendientes, se advierte en la precarización de sus condiciones objetivas de vida, como las de salud, educación, trabajo y vivienda, entre otras. La intersección de los sistemas combinados de opresión (Crenshaw, 2002) también muestra que la explotación no es solo en el ámbito de la producción o el trabajo remunerado, sino que está referida igualmente a la explotación sexual y a la violencia material y simbólica dirigida al cuerpo de las mujeres, en particular el de las afrodescendientes (Carneiro, 2003), interfiriendo en su autonomía física, económica y en la toma de decisiones.

B. Identidad y autonomía.

La identidad, como proceso histórico y relacional, posee significados simbólicos capaces de movilizar poderosamente a los grupos que define, combinando intereses y pertenencias y operando sobre una gama de identificaciones reconocibles —religiosidad, cultura, tradiciones, comidas, lengua, música, vestuario—, que en conjunto producen lealtades afectivas y personalizadas. Estas lealtades son la base de la lucha por los derechos y del espacio social y político. En la identificación étnica de grupos ausentes de su territorio de origen, estas lealtades se manifiestan en la formación de una “cultura de la diáspora”, como fenómeno político (Cunha, 1985).
La identidad étnico-racial no es, por lo tanto, solo condición de pertenencia, sino un proceso relacional con los cambios históricos y sociales que la construyen. No es fija y esencial, sino que es construida, se forma y modifica en relación a cómo los sistemas culturales que rodean y representan a los sujetos los interpelan (Hall, 1992).
Vinculada a la cultura de la diáspora, la identidad étnico-racial para las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe es más que condición de pertenencia: es un proceso relacional que sella la conciencia de ser parte, por un lado, de procesos sociales marcados por estructuras de poder en que subsisten distinciones de género y étnico-raciales que fortalecen las diferencias y hacen que persistan las discriminaciones en su contra y, por otro, de la resistencia histórica a estos en nombre de la libertad y la dignidad del pueblo negro y afrodescendiente.
Aunque heterogéneas, las condiciones de violencia y violación de derechos que marcan histórica y estructuralmente la vida de las mujeres afrodescendientes en los países latinoamericanos y caribeños son, como contenido simbólico y concreto, el punto de partida para evidenciar el carácter
diferenciado de su condición de género, étnico-racial y de clase. A partir de la desigualdad y la exclusión estructural que marcan esta pertenencia, y de la resistencia histórica que estas han engendrado, definen su pauta de lucha por sus derechos y su búsqueda de autonomía económica, física y en la toma de decisiones.
Es necesario tener presente que la realidad de las mujeres afrodescendientes de América Latina está caracterizada por situaciones que la diferencian de las mujeres del Caribe, empezando por el hecho de que la población afrodescendiente en la subregión caribeña es mayoritaria, a diferencia de los países de América Latina, con la excepción del Brasil.
También, en términos culturales, sociales e históricos, las diferencias son relevantes, lo que obliga a adoptar un abordaje diferenciado en el análisis situacional de la población afrodescendiente y, especialmente, de las mujeres afrodescendientes, reconociendo, sinembargo, que la falta de información dificulta en gran medida este cometido.
Asimismo, es interesante notar que la conceptualización de la categoría “afrodescendiente”emerge en el contexto de la Conferencia Regional de las Américas contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas conexas de Intolerancia, celebrada en Santiago en 20004
Esta Conferencia, como instancia preparatoria para la Cumbre Mundial contra el Racismo de Durban (2001), ha sido clave en el proceso de articulación del movimiento afrodescendiente en la región (Campoalegre Septien, 2017). Según plantea Rosa Campoalegre Septien (2017), la categoría “afrodescendiente” deconstruye el término colonial de negro(a), por un sujeto político en resistencia, sujeto pleno de derechos y no solo victimizado; como una comunidad afrodiaspórica, más allá de fronteras nacionales.
A su vez, pese a que en las últimas décadas se haya dado a conocer que el concepto de “raza”en lo humano carece de base científica, las categorías mentales que lo sostienen siguen teniendo profundas implicaciones en la realidad social (Munanga, 2004). Así, el reconocimiento de “la raza” como construcción social y política también permite considerarla como una categoría móvil en el tiempo y en el espacio, haciendo posible recuperarla desde el valor de la identidad y, como tal, convertirla en una plataforma de combate al racismo (Rivera Lassén, 2010).
La identidad política de las mujeres a las que se refiere este estudio suele expresarse dedistintas maneras, ya sea movilizando la categoría raza y reivindicándose como mujeres negras, o bien abrazando categorías como “afroargentinas”, “afrouruguayas”, afrocaribeñas, entre otras, o simplemente afrodescendientes. Las especificidades de cada contexto también hacen posible la reivindicación de la identidad desde lo cultural, como es el caso de las mujeres raizales y palenqueras en Colombia; o desde lo étnico, como puede ser el caso de las mujeres garífunas en Centroamérica
(Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua). Con esta mirada, se opta por hacer referencia a ambos términos: mujeres negras y afrodescendientes, por entender que son abarcadores de los diferentes procesos de construcción identitaria de estas mujeres en la región.
Vincular el combate al racismo con la búsqueda de autonomía de las mujeres afrodescendientes nos lleva a pensar que, para estas, la autonomía representa la posibilidad de sobrevivencia en un mundo racializado y clasista, donde las oportunidades de crecimiento y desarrollo son escasas y sesgadas y, en algunos casos, prácticamente inexistentes. Considerando los desafíos mayores que enfrentan ciertos grupos de mujeres, y en especial las mujeres afrodescendientes, en lo que se refiere a los temas de redistribución, reconocimiento y representación, se entiende que el logro de la autonomía no es un asunto de mujeres iguales.
Como concepto político, la autonomía de las mujeres se refiere a “la capacidad de laspersonas para tomar decisiones libres e informadas sobre sus vidas, de manera de poder ser y hacer en función de sus propias aspiraciones y deseos en el contexto histórico que las hace posibles” (CEPAL, 2011). Esta es, por ende, un factor fundamental para garantizar el ejercicio de los derechos humanos en un contexto de plena igualdad.
Los tres pilares de la autonomía de las mujeres, económica, física y en la toma de decisiones,deben ser comprendidos en conjunto, de manera interrelacionada, dado que poseen un carácter multidimensional, o sea, la autonomía económica se fortalece al tiempo que las mujeres conquistan más autonomía física o en la toma de decisiones, y viceversa. Así, por ejemplo, al superar los límites del poder de elección sobre su vida sexual y reproductiva, tal como la subordinación en el campo del trabajo, las mujeres están más cerca de una vida libre de violencia y de una actuación más plena en la política (CEPAL, 2012; Lupica, 2015).
En este sentido, alcanzar la autonomía económica, física y en la toma de decisiones de las mujeres afrodescendientes es un gran avance para el colectivo de mujeres de la región, ya que significará romper uno de los principales ejes que componen la matriz de la desigualdad en América Latina y del Caribe.

https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/43746/4/S1800190_es.pdf

19 de julio de 2018

GUETOS Y “REEDUCACIÓN” OBLIGATORIA PARA NIÑOS: LA NUEVA REALIDAD DE DINAMARCA



Nacer en un barrio u otro podría determinar toda tu vida si eres de Dinamarca.

Cuando una familia de un vecindario de inmigrantes da a luz a un nuevo miembro, tanto la madre como el bebé ingresarán en una nueva categoría a los ojos de la ley danesa. Esto es debido a su procedencia, inmigrante, de bajos ingresos, y que vive en un barrio descrito por el gobierno como un “gueto”. Todo ello inmediatamente convertirá al bebé en un “niño del gueto”.
Las nuevas medidas educativas en Dinamarca
A partir de un año de edad, los “niños del gueto” deben separarse de sus familias durante al menos 25 horas a la semana, sin incluir la hora de la siesta, para la instrucción obligatoria en los llamados “valores daneses”. Estos incluyen las tradiciones de Navidad y Pascua, y el idioma. El incumplimiento de esta medida supondría la revocación de las ayudas a la asistencia social.

El resto de los daneses no están obligados a escolarizarse hasta los 6 años. Estas nuevas leyes las está introduciendo el gobierno de Dinamarca para regular la vida en 25 enclaves y barrios de bajos ingresos y de fuertes creencias musulmanas. Se escudan en que las familias que residen allí no se integran voluntariamente en la corriente principal del país, por lo que deberían ser obligadas.

Integración de inmigrantes en Dinamarca

Esta es la asignatura pendiente del modelo danés. Un problema que se viene repitiendo durante décadas y que ha representado un desafío espinoso para un país destinado a servir a una población pequeña y homogénea. Los políticos están centrando su ira en los barrios urbanos donde los inmigrantes, algunos de ellos colocados allí por el gobierno, viven en densas concentraciones con altas tasas de desempleo y violencia de pandillas.
La descripción de los guetos por parte de los políticos se ha vuelto cada vez más siniestra. En su discurso anual de Año Nuevo, el primer ministro Lars Lokke Rasmussen advirtió de que los guetos podían “extender sus tentáculos a las calles” al diseminar la violencia y que debido a ellos “aparecieron grietas en el mapa de Dinamarca”. Los políticos que una vez usaron la palabra “integración”, ahora llaman francamente a la “asimilación”. Este nuevo enfoque forma parte del “paquete del gueto” junto con otras 22 propuestas presentadas por el gobierno a principios de marzo. La mayor parte ya han sido aprobadas por el Parlamento.
Medidas especiales para los musulmanes
Algunas de las nuevas leyes son punitivas. Una de las medidas que está en consideración permitiría a los tribunales duplicar el castigo por ciertos delitos si se cometen en uno de los 25 vecindarios clasificados como guetos. Otra impondría una sentencia de prisión de cuatro años a los padres inmigrantes que obligan a sus hijos a realizar visitas prolongadas a su país de origen, descrito en Dinamarca como “viajes de reeducación”, que supuestamente perjudican su escolaridad, idioma y bienestar.

Esto no es todo: otra ley permitiría a las autoridades locales aumentar su vigilancia de las familias del gueto. Algunas propuestas han sido rechazadas por ser demasiado radicales, como la de Martin Henriksen, presidente del Comité de Integración del Parlamento, quien sugirió que los jóvenes de estas áreas debían portar  pulseras electrónicas en el tobillo.
Adaptarte o salir
Muchos residentes de los “guetos” daneses dicen que se mudarían si pudieran permitirse vivir en otro lugar.

En el complejo de viviendas de ladrillo rojo de cuatro pisos que, según los números, es uno de los peores guetos de Dinamarca: el 43% de sus residentes están desempleados, el 82% no tiene antecedentes occidentales, el 53% tiene una educación escasa y el 51% tiene ingresos relativamente bajos. Allí se preguntan por qué tienen que cumplir estas nuevas medidas.

Los hijos de refugiados libaneses hablan danés sin acento y conversan con sus hijos en danés. Sus hijos se quejan, hablan tan poco árabe que apenas pueden comunicarse con sus abuelos. Hace años, cuando crecían en Jutlandia, en el oeste de Dinamarca, rara vez encontraban sentimientos antimusulmanes. Aunque, quién sabe, quizás antes se pensaba, pero no se manifestaba. Ahora toda la política está centrada en los musulmanes, de los que esperan que renieguen de sus raíces y se adapten a la cultura danesa o se vayan. Quién sabe que será lo próximo que les pidan.

“Duele que no nos vean como personas iguales”, dice uno de estos hijos de migrantes. “Realmente vivimos en la sociedad danesa. Seguimos las reglas, vamos a la escuela. Lo único que no hacemos es comer cerdo”.

¿Qué opina el resto de población danesa de estas medidas?

A unos 12 kilómetros al sur de la ciudad, en el suburbio de clase media de Greve, los votantes se mostraron entusiasmados con las nuevas leyes. Muchos defienden estas medidas porque piensan, erróneamente, que los inmigrantes se llevan mucho dinero en ayudas sociales. Sienten que deberían estar agradecidos por la oportunidad que se les está dando a la hora de acogerlos en Dinamarca y que deben de adaptarse a los tiempos actuales, dejando atrás todo el legado cultural que les precede.

Derechos y obligaciones

Al centrarse en gran medida en el costo colectivo de apoyar a las familias de refugiados e inmigrantes, el Partido Popular Danés ha ganado a muchos votantes lejos de los socialdemócratas de centroizquierda, que durante mucho tiempo habían sido vistos como los defensores del estado de bienestar. Con una elección general que se acerca el próximo año, el partido socialdemócrata se ha desplazado a la derecha en la inmigración, diciendo que se necesitan medidas más estrictas para proteger el estado de bienestar.

Casi el 87% de los 5,7 millones de habitantes de Dinamarca son de ascendencia danesa, y los inmigrantes y sus descendientes representan el resto. Dos tercios de los inmigrantes, alrededor de medio millón, son de origen musulmán, un grupo que creció tras las oleadas de refugiados afganos, iraquíes y sirios que cruzaban Europa.

También hay críticos con estas nuevas leyes, como el editor jefe de Dagbladet Information, un periódico liberal de izquierda, quien recalcó que el estado no puede obligar a los niños a alejarse de sus padres durante el día, es un uso desproporcionado de la fuerza. Pero los socialdemócratas sostienen que si le dan dinero a la gente, quieren algo por este dinero, ya que vivimos en un sistema de derechos y obligaciones. A pesar de que siempre ha salido a relucir el tema de la inmigración antes de las alecciones, este año está siendo más duro que nunca, a la espera del desenlace del próximo otoño.

Valeria Hiraldo
https://muhimu.es/diversidad/guetos-reeducacion-dinamarca/