16 de octubre de 2018

El futuro es solo con nosotras: advertencia de mujeres rurales.


Este es un artículo de opinión de Claudia Brito, oficial de Género de la oficina regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Este artículo forma parte de la iniciativa 15 días por la autonomía plena de las mujeres rurales, con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, el 15 de octubre.
En las últimas semanas se ha hablado mucho acerca del futuro. El año 2030 ha sido señalado por las Naciones Unidas como el decisivo, cuando los efectos del cambio climático se vuelvan catastróficos e irreversibles, si es que nuestros sistemas de producción y consumo se mantienen tal como hoy.

Ese mismo año ya había sido establecido por los países del mundo como la fecha límite para resolver todas las desigualdades y desafíos de nuestro modelo de desarrollo actual.

Es decir, nos quedan menos de 12 años para lograr que todas las personas lleven una vida digna, sin hambre ni pobreza; para que nuestros sistemas productivos sean más responsables y hagan frente al cambio climático; para que las 8.600 millones de personas que seremos para entonces, vivamos en un entorno seguro, con paz y justicia.

Pensando el futuro de esa manera, el año 2030 no parece tan distante, sino abrumadoramente cercano. Tanto que nos hace preguntarnos si nuestros gobiernos, nuestras instituciones y nuestras capacidades técnicas y humanas serán suficientes para cumplir con las 169 metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, entre las cuales 132 son relevantes para el medio rural.
Son cientos de prioridades y mecanismos estratégicos. Millones de vidas en juego. Solo grandes cambios de comportamiento y transformaciones en las políticas pueden dar respuesta al desafío que hemos asumido como habitantes de este planeta.

La inminencia del año 2030 también debería hacer que nos preguntemos si de verdad estamos incluyendo a todas las personas en esta apuesta de la humanidad por el futuro.

Se habla mucho sobre la responsabilidad compartida entre los países ricos, pobres, grandes y pequeños, entre el mundo rural y el urbano, entre mujeres y hombres. Pero las desigualdades aún forman parte de la vida de más de 600 millones de personas latinoamericanas y caribeñas, entre ellas las mujeres y los pueblos indígenas.

¿Cómo podemos pedir a las agricultoras y agricultores familiares que implementen mejores prácticas agrícolas si los mercados y el sistema económico los sigue dejado atrás?

¿Cómo le decimos a una mujer rural que debe aumentar su productividad para abastecer la creciente demanda de las ciudades por alimentos, si la brecha de género ni si quiera le permite a ella producir en igualdad de condiciones que los hombres?

Y es que el soñar con un mejor futuro para el mundo, plantea la necesidad urgente de que el mundo mejore para millones de personas que permanecen marginadas tras siglos de discriminación, violencia e invisibilización.

Es por eso que este año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en conjunto con ONU Mujeres, los mecanismos de integración de Centroamérica y Sudamérica, y las instituciones de desarrollo rural de Brasil y Uruguay, nos hemos unido para difundir un mensaje fuerte y claro:

“No lograremos el desarrollo sostenible si antes no eliminamos las desigualdades entre hombres y mujeres en los territorios rurales de América Latina y el Caribe”.

Si bien en las últimas décadas nuestra región ha tenido enormes avances en el empoderamiento de las mujeres, todavía quedan grandes desafíos para que puedan reconquistar el control sobre sus vidas, sus planes y sus sueños.

Porque cuando las mujeres se empoderan y ejercen sus derechos, también recuperan su voz para hablar del futuro. Si imagináramos qué diría esa voz sobre el 2030, nuestro año decisivo, seguramente el mensaje sería: El futuro es con nosotras y nada sobre nosotras podrá seguir siendo sin nosotras.

Sin duda, se trata de una deuda histórica que necesitamos saldar cuanto antes, si realmente creemos en que tenemos una responsabilidad compartida para que la vida continúe en el planeta y la dignidad de todas las personas prevalezca.

Por eso, ahora es el momento de equilibrar la balanza de las oportunidades en su favor, porque el momento también fue ayer. Y hace siglos.

Esta columna forma parte de la campaña #MujeresRurales, mujeres con derechos, una iniciativa conjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ONU Mujeres, el Consejo Agropecuario Centroamericano del Sistema de la Integración Centro Americana (CAC/SICA), la Reunión Especializada sobre Agricultura Familiar del Mercosur (REAF Mercosur), la Secretaría Especial de Agricultura Familiar y Desarrollo Agrario de Brasil (SEAD), y la Dirección General de Desarrollo Rural de Uruguay (DGDR/MGAP).

http://www.ipsnoticias.net/2018/10/futuro-solo-nosotras-advertencia-mujeres-rurales/

12 de octubre de 2018

Reconocimiento y políticas piden mujeres rurales latinoamericanas



 Las mujeres rurales de América Latina son determinantes en metas como un desarrollo sostenible en el campo, la seguridad alimentaria y la reducción del hambre en la región. Pero se mantienen entre invisibles y vulnerables y requieren reconocimiento y políticas públicas para salir de la situación de abandono.

Suman alrededor de 65 millones y configuran una amplia diversidad por sus orígenes étnicos, los territorios que ocupan, y por las actividades y roles que desempeñan, los que sin embargo carecen de valoración por parte de los Estados, en una deuda que  resalta cuando se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el 15 de octubre.

“Ellas cumplen roles claves, producen y trabajan mucho más que los hombres. En las huertas, en las cosechas, en las siembras, hacen los cultivos, ven los animales, después cargan desproporcionadamente con el trabajo de la casa, de los niños, etcétera, pero no ven un peso”: Julio Berdegué.
“El Estado, sea gobernante local o nacional, nos tiene abandonadas, en su cabeza está sembrar fierro y cemento, no entienden que vivimos de la agricultura y que somos las mujeres las más afectadas porque nos encargamos de la alimentación y de la salud de nuestras familias”, manifestó a IPS la aymara Yolanda Flores.

Perteneciente a Iniciati, una aldea de unas 400 familias indígenas y campesinas en el sureño y andino departamento peruano de Puno, situada a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, Flores se dedica desde siempre a “hacer la chacra”.

Eso significa cultivar en su parcela, heredada de sus padres, papa, habas y granos como quinua y cebada que lava, muele con batán (utensilio de piedra de uso ancestral) y coloca como alimento cotidiano en su hogar. El remanente lo comercializa en forma comunitaria.

“Cuando hacemos la chacra hablamos con nuestros productos, a cada papa abrazamos, le decimos qué ha pasado, por qué te has flojeado, por qué este gusano te ha entrado. Y cuando está grande le felicitamos, uno por uno, así nuestro alimento tiene mucha energía cuando comemos. Pero no entienden esa forma de vida de nosotros y se olvidan de la pequeña agricultura”, dijo.

Así como Flores, los millones de mujeres rurales de América Latina enfrentan la falta de reconocimiento a su trabajo productivo, así como el que realizan para mantener el hogar, atender a la familia, criar a los hijos o cuidar a las personas enfermas y ancianas.

Por esta situación, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) urge incentivar en la región compromisos de los Estados para revertir las históricas desventajas que enfrentan e impiden su acceso a los recursos productivos, el disfrute de sus beneficios y el logro de su autonomía económica.

“Dependiendo del país, entre dos tercios y 85 por ciento de las horas que trabajan las mujeres rurales, es trabajo no remunerado”, aseguró a IPS el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué.
El también subdirector general del organismo deploró que no reciban pago por el duro trabajo que desempeñan en la agricultura y que se incrementa cuando son jefas de familias, de sus unidades productivas o durante la temporada de cultivo.

Políticas públicas contra discriminación

María Elena Rojas, a cargo de la representación de FAO en Perú, indicó a IPS que si las mujeres rurales en los países latinoamericanos accedieran a la tenencia de la tierra, servicios financieros y asistencia técnica al igual que los hombres, incrementarían el rendimiento de sus parcelas entre 20 y 30 por ciento, y la producción agrícola mejoraría entre 2,5 y cuatro por ciento.

Ese incremento contribuiría a disminuir el hambre entre 12 y 15 por ciento.
“Eso demuestra el rol y aporte de la mujer rural y la necesidad de tener políticas públicas asertivas para lograrlo y que tengan oportunidades para ejercer sus derechos. Ninguna debe quedarse sin estudiar, sin alimentación sana y salud de calidad. Son derechos y no algo imposible”, expresó.
“Ellas cumplen roles claves, producen y trabajan mucho más que los hombres. En las huertas, en las cosechas, en las siembras, hacen los cultivos, ven los animales, después cargan desproporcionadamente con el trabajo de la casa, de los niños, etcétera, pero no ven un peso”, remarcó desde Santiago de Chile, sede regional de la FAO.

“Decimos: queremos que las mujeres se queden en el campo.  ¡Por Dios!, ¿por qué se quedarían?, trabajan para el padre, después trabajan para el marido o el compañero.  ¡No se vale, no se vale!”, exclamó Berdegué, para luego incidir en la necesidad de desterrar la justificación del trabajo no remunerado de las mujeres rurales, pues impide el logro de su autonomía económica.

Explicó que no tener ingresos propios, o que los generados con el fruto de su trabajo sean luego manejados por los varones, las coloca con menos poder en sus familias, en la comunidad, en el mercado y en la sociedad.

“Imagínense que fuera al revés, que a nosotros, alos hombres, nos dijeran: ustedes trabajan, pero no van a recibir ni un peso. Ya hubiéramos hecho la revolución.  Pero nos hemos acostumbrado que para la mujer rural eso está bien porque es el hogar, es la familia”, planteó Berdegué.

El representante regional hizo un llamado a los países a tomar conciencia de esa realidad y a afinar políticas para corregir esa situación de discriminación.

Una carga global de trabajo mayor que la de los hombres, la inseguridad económica, el reducido acceso a recursos como tierra, agua, semillas, créditos, capacitación y asistencia técnica son algunos de los problemas comunes que enfrentan las mujeres rurales de América Latina ya sean agricultoras, recolectoras o asalariadas según el  Atlas de las Mujeres Rurales ALC, publicado en 2017 por la FAO.

Aun en esas circunstancias, ellas son protagonistas de cambio como ocurre con el impulso de la organización sindical de mujeres rurales en los sectores de agroexportación.
Con la mayor venta de productos no tradicionales a los mercados internacionales como flores, frutas y hortalizas, las mujeres han engrosado este sector, indica otro estudio regional, aunque muchas veces en condiciones de precariedad y con normas que no aseguran el trabajo decente.

Sindicalización contra explotación

Existen , sin embargo, experiencias de sindicalización para que las mujeres no sean explotadas, como la que protagoniza la afrodescendiente colombiana Adela Torres.

Desde la infancia y siguiendo la tradición familiar, ella trabajó en una finca bananera en el municipio de Apartadó, en Urabá, una región productora de banano para la exportación ubicada en el caribeño departamento de Antioquia.

Ahora, con 54 años, dos hijas y dos nietas, Torres es la secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (Sintraingro) que agrupa 268 fincas, desde donde promueve la inserción de mujeres rurales, en un sector de rostro masculino.

Considera que la participación de las mujeres en la producción del banano debe ser equitativa y que su desempeño merece el mismo reconocimiento.

“Hemos conseguido que cada finca contrate a por lo menos dos mujeres más y entre los logros ya obtenidos están su contrato laboral, igualdad salarial, seguridad social e incentivos para educación y vivienda”, explicó.

A su juicio, las mujeres rurales pasan muchas dificultades, muchas no terminan la escolaridad básica,  son madres demasiado temprano y jefas de hogar, no tienen formación técnica y no cuentan con apoyo del Estado.

Pero pese a ese contexto, Con su trabajo ellas ganan seguridad para sacar adelante a sus hijos y superarse ellas mismas y contribuir a la seguridad alimentaria.

Dar el salto a los espacios de visibilidad, es también un desafío que Flores ha asumido en las alturas altoandinas de Puno para que sus propuestas y necesidades se escuchen.

“Tenemos que ganar espacios de decisión y entrar como autoridades, esa es la lucha ahora, hablar por nosotras mismas. Yo estoy decidida y estoy animando a otras mujeres para hacer ese camino”, dijo.

Ante la indiferencia de los Estados, más acción y más presencia es la filosofía de Flores, tal como le enseñó su abuela, que le repetía: “No seas floja y siempre trabaja”. “Ese es el mensaje y lo llevo en mi mente, pero quisiera hacerlo con más apoyo y más derechos”.


http://www.ipsnoticias.net/2018/10/reconocimiento-politicas-piden-mujeres-rurales-latinoamericanas/

28 de septiembre de 2018

Licencia pagada para víctimas de violencia doméstica en Nueva Zelanda.


La violencia doméstica en Nueva Zelanda es de las más elevadas de los países en desarrollo, y por eso la nueva ley que da a las víctimas 10 días de licencia pagada, sin tener que presentar ninguna documentación probatoria, fue muy elogiada en el mundo.

La Ley de Protección a las Víctimas de Violencia Doméstica, aprobada a finales de julio con 63 votos a favor y 57 en contra, fue presentada por una legisladora del partido Verde, Jan Logie.

“Nos alegró mucho la aprobación de la ley en Nueva Zelanda que da a las víctimas 10 días de licencia paga y flexibilidad horaria para dejar a sus parejas, encontrar un nuevo hogar y protegerse a sí misma y a sus hijos”, explicó Kristine Lizdas, directora de política legal del Proyecto de Justicia para Mujeres Maltratadas, en diálogo con IPS.

Datos de ONU Mujeres revelan que 70 por ciento de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual o física de una pareja íntima.

“Esa política puede contribuir y facilitar el ejercicio del derecho de las mujeres que sufrieron violencia doméstica en Nueva Zelanda a recibir apoyo, servicios sociales y protección para ellas y para sus hijos”, coincidió Juncal Plazaola, especialista en políticas contra la violencia de género de ONU Mujeres, al ser consultada por IPS.

En 2004, en Filipinas, también se aprobó la Ley para luchar contra la Violencia contra Mujeres y sus Hijos, que también ofrecía 10 días de licencia paga a las víctimas.

Tanto la sociedad civil como numerosos juristas analizaron los beneficios de la nueva política, considerando que las mujeres que sufren violencia doméstica tienen un bajo rendimiento laboral.

En Estados Unidos, las víctimas de violencia doméstica pierden alrededor de 10 días de trabajo remunerado al año y trabajan 10 por ciento menos de horas que quienes no sufren esa situación en el hogar.

“Las mujeres pueden llegar a sufrir un acoso constante en el trabajo, que las retenga alló o que les impidan ir a trabajar. Eso puede llevarlas a renunciar o a que las echen”, explicó Plazaola.

Teniendo en cuenta esas situaciones, es fundamental que sector empresarial contemple esa realidad.

“Las mujeres que sufren violencia doméstica tienen un elevado grado de ausentismo al trabajo, y con ese tipo de medidas se las puede ayudar a conservar el empleo. La nueva política puede contribuir a lograr una mayor seguridad laboral, oportunidades económicas e independencia y mayores posibilidades de que las víctimas de abuso abandonen relaciones abusivas”, añadió.

El abogado laboral Mark I. Shickman, del estudio Freeland Cooper & Foreman LLP, también aplaudió la nueva legislación de Nueva Zelanda: “Los empleadores pueden dar días libres para hacer lo que sea necesario desde el punto de vista legal y médico sin temor a que haya consecuencias negativas en el trabajo o falta de confidencialidad”.

Pero tampoco idealizó el alcance de la nueva norma.

“La adaptación laboral no va a resolver cada problema, pero es una gran ayuda”, observó.

“Las sobrevivientes vulnerables no quieren arriesgar la situación laboral, que suele ser su ambiente más seguro, así que saber que no habrá represalias ni las van a echar mientras necesiten hablar con la policía, psicólogos o agencias de familia o infantil es una gran ayuda”, explicó Schickman.

Con respecto a los riesgos de la nueva norma, teniendo en cuenta que no requiere que la víctima justifique de ninguna manera el abuso, los especialistas parecen optimistas, pues el riesgo de que los empleados cometan fraude contra la compañía es bajo.

“Los beneficios de la ley superan ampliamente los riesgos. La prevalencia de falsos testimonios se ve históricamente hiperbolizada en muchos contextos”, observó Lizdas, de BWJP.

“Muy pocas personas engañarán diciendo que son víctimas de violencia doméstica solo para tener licencia paga”, apuntó.

La norma “probablemente contribuya a tener un personal más empoderado y satisfecho y con mayor productividad”, coincidió Plazaola. La cuestión, precisó, no es el fraude, pues muchos casos ni se denuncian. Menos de 40 por ciento de las mujeres que sufren abusos no buscan ayuda.

“Las razones de ello tienen que ver con la vergüenza, así como la culpa, con respecto a uno mismo y a los otros. No es de esperar que ese tipo de medidas lleven a un uso excesivo o abusivo de las mismas”, concluyó.

Por su parte, Lizdas, explicó: “Si la conciencia sobre la violencia de una pareja íntima se propaga por el sector privado y empresarial y entre los empleadores en general, y si se los incentiva a identificar y a asistir a trabajadoras víctimas de abuso, se estará contribuyendo a reducir el aislamiento de las víctimas”.
Y precisamente, el aislamiento, una relación abusiva y la falta de ayuda externa elevan el riesgo de violencia doméstica. Por lo menos la mitad de las víctimas de homicidio que hay al año, mueren a manos de una pareja íntima. El homicidio es la última etapa de una relación violenta.

“Una relación abusiva no empieza por el asesinato, sino que el abuso escala y sin una intervención y un apoyo oportuno, la mujer puede terminar asesinada”, puntualizó Plazaola.

Para terminar con el desenlace fatal, la especialista aseguró: “Necesitamos leyes y políticas contra el feminicidio, así como herramientas para investigar de forma adecuada y castigar todas las formas de violencia contra las mujeres, entre ellas el feminicidio. Es fundamental terminar con la impunidad”, subrayó.

“Reducir el homicidio de una pareja íntima requiere compromiso de una amplia variedad de sectores sociales, legal, médico, salud pública, educación, servicios sociales, ejército, entre otros”, coincidió Lizdas.

En Estados Unidos, hay otro factor que explica el elevado número de feminicidios, y es el fácil acceso a las armas.

En 2015, 55 por ciento de los homicidios a manos de parejas íntimas en ese país, murieron de un disparo. “El primer gran tema es sacar las armas de las casas”, puntualizó Shickman.

“Las mujeres víctimas de abuso tienen cinco veces más probabilidades de morir asesinadas si el abusador tiene un arma”, añadió.

Plazaola considera que para disminuir y terminar con el número de víctimas fatales en los casos de feminicidio es necesario la participación de toda la sociedad.

“Comprender que el feminicidio es el último acto de una serie de actos de violencia contra las mujeres significa comprender que el sector de la salud, de servicios sociales, la policía y la justicia deben trabajar de forma conjunta”, explicó.

“Tener políticas que reconozcan el derecho a la protección de las mujeres víctimas de abuso, así como a otras medidas para ayudarlas a hacer frente a las consecuencias y al daño que significa la violencia, puede ayudarnos a todos a comprender sus realidades y contribuir a cuestionar el reproche y la vergüenza que a menudo se asocian a ella”, añadió.


Por Carmen Arroyo
Traducción: Verónica Firme
http://www.ipsnoticias.net/2018/08/licencia-paga-victimas-violencia-domestica-nueva-zelanda/

26 de septiembre de 2018

A 45 años del golpe, mujeres y resistencias.



Este año, al cumplirse 45 años desde el golpe de Estado, vivimos un momento político y social tensionado por las memorias del golpe de 1973 y de la dictadura cívico militar.
Hemos visto fracasar los esfuerzos por silenciar, por dar vuelta la página, por atenuar la polarización de quienes cuentan con recursos de poder (en el Poder Ejecutivo, en el poder judicial, en los medios de comunicación) para que las cuentas con el pasado pierdan su presencia política. Se escuchan voces fuertes y poderosas que piden sanción a los responsables de las violaciones a los derechos humanos y que reponen en la agenda pública temas para el futuro de nuestra sociedad y nuestra cultura.
Si bien existe un acuerdo generalizado en la mayoría de la sociedad y de la clase política chilena, sobre la condena al terrorismo de Estado y la necesidad de sancionarlo, permanece una minoría que reivindica el golpe militar y la dictadura que se ha visto fortalecida y que se ampara en discursos y acciones recientes de la autoridad política (en la campaña presidencial, en las palabras de un cuasi ministro y de algunos parlamentarios).
Siguiendo a Elizabeth Jelin[1], lo que se toma el escenario y entra en conflicto, no son las memorias de los hechos del pasado, sino los sentidos de esos hechos del pasado. Porque hablar de memorias significa hablar de un presente, del pasado que se actualiza en su enlace con el presente y con un futuro deseado en el acto de rememorar, de olvidar o silenciar. Se trae el “espacio de la experiencia del pasado” al presente, que construye expectativas. El pasado ya pasó, no puede cambiarse, pero el sentido de ese pasado está sujeto a reinterpretaciones ancladas en la intencionalidad, en las expectativas hacia el futuro.
Se trata de sentidos activos, elaborados por actores sociales, en confrontación y lucha frente a otras interpretaciones, a menudo, contra silencios y borramientos públicos, contra posibles políticas de olvido: de los crímenes, de la tortura, de la represión, de la violencia, etc. Son procesos subjetivos en que individuos y grupos construyen significaciones, en interacción con otros, agentes activos que recuerdan y que intentan transmitir -y aún imponer- sentidos del pasado a otros, que pueden tener o no la voluntad de escuchar. En este transmitir y compartir resulta clave la dimensión intersubjetiva de la experiencia y de la memoria.
La transmisión intergeneracional de las memorias sociales ligadas a la dictadura adquiere entonces, no sólo una dimensión de conocimiento, sino una función pedagógica de futuro, porque lo que se hace en un escenario y un momento dado con las imágenes y sentidos del pasado condiciona sus desarrollos futuros, abriendo o cerrando posibilidades. Asimismo, se legitima o avala ciertas voces, se autoriza o deniega algunas temáticas como es el caso de la violencia sexual en la tortura.
Consciente de las luchas por la memoria, y con el anhelo de construcción de un orden democrático, igualitario y feminista, basado en la vigencia de los derechos humanos, como Observatorio de Género y Equidad recuperamos en este Boletín las memorias de distintas mujeres

[1]Elizabeth Jelin, Socióloga argentina, Premio a la trayectoria en Ciencias sociales 2013, en Las luchas por el pasado. Cómo construimos la memoria social. SigloXXI Editores, Argentina 2017.

http://oge.cl/a-45-anos-del-golpe-mujeres-y-resistencias/

25 de septiembre de 2018

CO L O N I A L I D A D Y GÉ N E R O



Las feministas de color han dejado en claro lo que se revela, en términos de dominación y explotación violentas, una vez que la perspectiva epistemológica se enfoca en la intersección de estas categorías.Sin embargo, esto no ha sido sufciente para despertar en aquellos hombres, que también han sido víctimas de la dominación y explotación violentas, ningún tipo de reconocimiento de la complicidad o colaboración que prestan al ejercicio de dominación violenta de las mujeres de color.6En particular, la teorización de la dominación global continúa llevándose a cabo como si no hiciera falta reconocer y resistir traiciones o colaboraciones de este tipo.
La colonialidad del poder Aníbal Quijano concibe la intersección de raza y género en términos estructurales amplios. Para entender su concepción de la intersección de raza y género hay que entender su análisis del patrón de poder capitalista Eurocentrado y global. Tanto «raza»10como género adquieren signifcado en este patrón. Quijano entiende que el poder está estructurado en relaciones de dominación, explotación, y conflicto entre actores sociales que se disputan el control de «los cuatro ámbitos básicos de la existencia humana: sexo, trabajo, autoridad colectiva y subjetividad/intersubjetividad, sus recursos y productos» El poder capitalista, Eurocentrado y global está organizado, distintivamente, alrededor de dos ejes: la colonialidad del poder y la modernidad .Los ejes ordenan las disputas por el control de cada una de las áreas de la existencia de tal manera que el signifcado y las Formas de la dominación en cada área están totalmente imbuidos por la colonialidad del poder y la modernidad. Por lo tanto, para Quijano, las luchas por el control del «acceso sexual, sus recursos y productos» defnen el ámbito del sexo/género y, están organizadas por los ejes de la colonialidad y de la modernidad. Este análisis de la construcción moderna/colonial del género y su alcance es limitado. La mirada de Quijano presupone una compresión patriarcal y heterosexual de las disputas por el control del sexo y sus recursos y productos. Quijano acepta el entendimiento capitalista, eurocentrado y global de género. El marco de análisis, en tanto capitalista, eurocentrado y global, vela las maneras en que las mujeres colonizadas, no-blancas, fueron subordinadas y desprovistas de poder. El carácter heterosexual y patriarcal de las relaciones sociales puede ser percibido como opresivo al desenmascarar las presuposiciones de este marco analítico. No es necesario que las relaciones sociales estén organizadas en términos de género, ni siquiera las relaciones que se consideren sexuales. Pero la organización social en términos de género no tiene por qué ser heterosexual o patriarcal. El que no tiene por qué serlo es una cuestión histórica. Entender los rasgos históricamente específcos de la organización del género en el sistema moderno/colonial de género (dimorfsmo biológico, la organización patriarcal y heterosexual de las relaciones sociales) es central a una comprensión de la organización diferencial del género en términos raciales. Tanto el dimorfsmo biológico, el heterosexualismo, como el patriarcado son característicos de lo que llamo el lado claro/visible de la organización colonial/moderna del género. El dimorfsmo biológico, la dicotomía hombre/mujer, el heterosexualismo, y el patriarcado están inscriptos con mayúsculas, y hegemónicamente en el signifcado mismo del género. Quijano no ha tomado conciencia de su propia aceptación del signifcado hegemónico del género. Al incluir estos elementos en el análisis de la colonialidad del poder trato de expandir y complicar el enfoque de Quijano que considero central a lo que llamo el sistema de género moderno/colonial. Quijano entiende la raza como una ficción. Para marcar ese carácter ficticio, siempre coloca el término entre comillas. Cuando escribe términos como «europeo», «indio» entre comillas es porque representan una clasificación racial.
La colonialidad del poder introduce la clasifcación social universal y básica de la población del planeta en términos de la idea de «raza» .La invención de la «raza» es un giro profundo, un pivotear el centro, ya que reposiciona las relaciones de superioridad e inferioridad establecidas a través de la dominación. Reconcibe la humanidad y las relaciones humanas a través de una fcción, en términos biológicos. Es importante notar que lo que Quijano ofrece es una teoría histórica de la clasifcación social para reemplazar lo que denomina las «teorías eurocéntricas de las clases sociales» . Su análisis provee un espacio conceptual para la centralidad de la clasifcación de la población del mundo en términos de razas en el capitalismo global. También genera un espacio conceptual para comprender las disputas históricas sobre el control del trabajo, el sexo, la autoridad colectiva, y la intersubjetividad, como luchas que se desenvuelven en procesos de larga duración, en vez de entender a cada uno de los elementos como anteriores a esas relaciones de poder. Los elementos que constituyen el modelo capitalista de poder eurocentrado y global no están separados el uno del otro y ninguno de ellos pre-existe a los procesos que constituyen el patrón de poder. Por cierto, la presentación mítica de estos elementos como antecedentes, en términos metafísicos, es un aspecto importante del modelo cognitivo del capitalismo, euro centrado y global.

http://www.redalyc.org/html/396/39600906/

28 de agosto de 2018

Todo empieza en la casa: los quehaceres domésticos influyen en la desigualdad de género.


A las hijas mujeres se les sigue pidiendo que dediquen más tiempo a las tareas del hogar que a los hombres.
Desde hace mucho tiempo es un hecho que a las mujeres se les paga menos que a los hombres en el trabajo y que hacen más quehaceres en casa. Resulta que esos patrones comienzan incluso desde la niñez.
Aunque existen señales de que esta brecha se está cerrando, diversos datos muestran que las niñas todavía pasan más tiempo en los quehaceres domésticos que los niños. Además, se les paga menos que a los niños por esas tareas y reciben menos dinero para sus gastos.
Un análisis reciente, por ejemplo, descubrió que los chicos de entre 15 y 19 años invierten media hora al día en los quehaceres; las chicas, en cambio, pasan 45 minutos en esa actividad.
Aunque ellas invierten mucho menos tiempo en los quehaceres que hace una década, el tiempo que ellos le dedican al trabajo doméstico no ha cambiado considerablemente.
Los investigadores sostienen que una de las grandes razones por las que a las mujeres se les paga menos es porque sobre sus hombros recaen más responsabilidades del hogar y se retrasan en sus carreras en comparación con los hombres. Lograr la igualdad, argumentan, requerirá no solo de preparar a las niñas para el trabajo remunerado, sino además enseñarles a los niños a hacer trabajos no remunerados.
Los secretos de Costa Rica detrás de un decorado de lujo "La mayoría de los niños y las niñas aprende esas habilidades cuando desde pequeños se les inculca la participación en las tareas domésticas", comentó Sandra Hofferth, socióloga de la Universidad de Maryland que es coautora de una investigación reciente y ha pasado su carrera estudiando cómo pasan su tiempo los niños. "Los progresistas creían que estaban capacitando a sus hijos para que se involucraran mucho más en el hogar. Sin embargo, no vemos ninguna evidencia de que la brecha en los quehaceres domésticos haya disminuido".
Su investigación se basó en los diarios de la Encuesta del Uso del Tiempo en Estados Unidos de 2003 a 2014 entre 6358 estudiantes de secundaria de 15 a 19 años. Las tareas domésticas incluían cocinar, limpiar, cuidar de las mascotas, hacerse cargo del mantenimiento del jardín, la casa y el automóvil.
Se encontraron diferencias basadas en la educación de los padres. Los hijos de padres con estudios universitarios, en general, dedican menos tiempo a las tareas domésticas, pero la diferencia casi siempre radica entre las niñas. Las hijas de padres con estudios universitarios pasan un 25% menos tiempo haciendo quehaceres que las hijas de padres que solo estudiaron hasta la secundaria. A pesar de ello, invierten once minutos más en esas tareas que los hijos. Los padres con estudios parecen haber cambiado sus expectativas en el caso de sus hijas, pero no de sus hijos, explica Hofferth.
Además, a los niños también se les da más dinero que a las niñas por hacer quehaceres, según un análisis reciente de diez mil familias que usan BusyKid, una aplicación de tareas domésticas. Los niños que usan la aplicación ganaron el doble que las niñas por hacer tareas domésticas: un promedio de 13,80 dólares a la semana, en comparación con las niñas, cuyo pago fue de 6,71 dólares.
Los niños son más propensos a que se les pague por hacerse cargo de su propia higiene personal como lavarse los dientes o bañarse, según un estudio de la aplicación BusyKid. A las niñas suele pagárseles por limpiar con mayor frecuencia. La brecha de género en los quehaceres de los niños se da en todo el mundo. Una investigación reciente entre niños de 12 años en dieciséis países de todo el espectro económico, que no incluyó a Estados Unidos, descubrió que en todos los países las niñas pasaron más tiempo en las tareas del hogar que los niños.
"Los quehaceres en realidad son una práctica para la vida adulta, así que el problema es que solo se perpetúan de una generación a otra", comentó Christia Spears Brown, profesora de psicología en la Universidad de Kentucky que estudia la niñez y el género.
Pero hay signos de que la brecha de género en las tareas domésticas está comenzando a disminuir, al igual que sucede entre los adultos. En un área en particular —cuidar de otros miembros de la familia, como hermanos o parientes mayores— los niños hacen tanto como las niñas. Los investigadores dicen que esto podría influir en las futuras generaciones, ya que los niños que crecen en familias donde cuidan a otros miembros estarían preparados para ser padres más involucrados con sus hijos.
Los niños y las niñas pasan casi la misma cantidad de tiempo cuidando de miembros de la familia todos los días, según el análisis de Hofferth. Se trata de una brecha que ha disminuido a lo largo de poco más de una década, cuando los niños pasaban casi la mitad del tiempo que las niñas como cuidadores.

Un cambio

Los niños están dedicándose más a esta actividad en todo el mundo. En el estudio internacional hubo muy poca diferencia de género en la cantidad de tiempo que los niños pasaron cuidando a otros miembros de la familia, y en un país, Noruega, los niños pasaron más tiempo haciéndolo que las niñas.
En otro estudio de tareas domésticas, con un conjunto más pequeño de datos, hubo pruebas de que la brecha de género en los quehaceres también estaba disminuyendo. Los chicos de 13 a 18 años pasaron poco menos de media hora haciendo quehaceres, mientras que, en el caso de las chicas, el tiempo fue de poco más de media hora. El cambio se dio entre los varones, que aumentaron el tiempo que dedican a las tareas del hogar 29% entre 2002 y 2014, mientras que las chicas disminuyeron ese tiempo 27%, según el Estudio de Panel de la Dinámica de Ingresos de la Universidad de Michigan, que ha dado seguimiento a un conjunto de familias desde 1968.

Los casados

Esto refleja el cambio entre los adultos. Los hombres casados ahora invierten 1,1 horas al día haciendo labores del hogar, según descubrió el panel de Michigan, un aumento a los 55 minutos que invertían en 1983. El tiempo que pasan las mujeres casadas en estas actividades ha disminuido, pero todavía es el doble que el de los hombres: 2,2 horas al día, menos que las 3,8 horas que invertían antes. Eso demuestra que la crianza de los niños moldea los roles que asumen en la adultez.
Un estudio encontró que los hijos de madres que trabajan fuera de casa pasan más tiempo haciendo tareas domésticas y cuidando de los niños en la edad adulta. Otra investigación descubrió que la división parental del trabajo, en especial los padres que hacen tareas domésticas, predijo las actitudes de los adultos jóvenes al momento de dividir el trabajo doméstico.
Para las mujeres que son autosuficientes económicamente, los hombres que no comparten la carga de trabajo en el hogar podrían resultar menos atractivos como pareja, dijo Hofferth y agregó que sus casas podrían ser más desordenadas: "Las parejas jóvenes probablemente subcontratan el trabajo doméstico o viven con más caos y desorden que sus padres".

En el exterior e interior

Los quehaceres de los hombres y las mujeres tienden a dividirse entre lo que se hace al aire libre y en interiores. Las mujeres hacen la mayoría del trabajo dentro de casa —como cocinar, limpiar y lavar la ropa— mientras que los hombres se dedican más al trabajo en el exterior, como cortar el césped o sacar la basura. Investigaciones anteriores han descubierto que la misma división ocurre con las tareas de los niños.

22 de agosto de 2018

La participación cívica y política de las Mujeres Migrantes.



Las mujeres migrantes somos muchas, y somos muy diferentes. El fenómeno migratorio conocido, pero poco reconocido en las políticas públicas para que puedan tener un efecto que impulse el desarrollo y el empoderamiento de las mujeres migrantes tiene todavía muchas asignaturas pendientes.
Las mujeres migrantes, requerimos mejores niveles de bienestar, no solo a nivel individual, dentro del seno de nuestras familias, nuestras comunidades y en la sociedad en general.
Hace falta impulsar a conciencia colectiva para entender que nosotras las mujeres migrantes, con rostros diversos y que dejamos el país que nos vio nacer y que un día tuvimos que dejar atrás, del otro lado del río… con el profundo dolor que nos provocó el desprendimiento, sin desearlo en lo íntimo de nuestra razón y de nuestro corazón de todo lo que queremos profundamente, de todo lo que amamos entrañablemente: los sabores, nuestras historias, nuestros recuerdos, nuestra vida anterior.
Nosotras las mujeres migrantes que luchamos una batalla diaria para que la sociedad en general, pero particularmente quienes conducen las políticas públicas en nuestro país de origen conozcan, entiendan y le den importancia a los hechos, en donde el 44 por ciento de los hogares mexicanos en los Estados Unidos está dirigido por una mujer migrante y que muchas de ellas están en sus años más productivos, pero que el 45 por ciento todavía está en posiciones laborales con ocupaciones de baja calificación y que 30 por ciento de las mujeres mexicanas migrantes trabajadoras reciben menos del salario en ocupaciones que mujeres migrantes de otros países no quieren realizar, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, CONAPO, 2013.
Y en todo este entorno adverso, sin embargo, las mujeres migrantes tienen también la fortaleza para participar en el entorno cívico y político de nuestro país. Sin embargo, requerimos mayor información, que los procesos de participación consideren nuestro estatus de ser madres, esposas, hijas, en donde por cuestiones de trámites migratorios o de identidad hasta nuestro nombre con el que fuimos registradas ha tenido cambios fundamentales que no pueden ser limitantes para el ejercicio de nuestro derecho y nuestra responsabilidad como es la participación en los procesos electorales para votar y ser votadas.
La identificación del papel de la mujer migrante en el proceso de formación y desarrollo de conciencia cívica de nuestros hijos en el exterior es fundamental. Se requieren acciones que fortalezcan el nivel de información, conocimientos, herramientas de transmisión de ese conocimiento para que al interior de nuestras familias en el exterior, los jóvenes conozcan y puedan entonces amar a un País y una Patria que no consideran en muchas ocasiones como suya.
Las generaciones de jóvenes migrantes, hombres y mujeres es un grupo de población en donde la educación cívica y la comprensión de nuestras raíces históricas es un eje de conocimiento que todavía no se ha concretado.
Las mujeres migrantes, que participamos y somos la mitad o más del padrón electoral registrado para votar en las próximas elecciones de nuestro País, sabemos el enorme compromiso que esto significa. Como lo han demostrado, su valentía, su emprendimiento, el amor por sus familias y por sus comunidades, el amor por nuestro país, serán elementos fundamentales para que de manera informada y responsable votemos.

Invito a las mujeres migrantes a obtener su credencial para votar, a registrarse y a ejercer con el mismo impulso que buscamos salir adelante día con día, nuestro voto, para que sea también un elemento que nos dé mayor visibilidad, porque las mujeres migrantes, somos muchas y muy diferentes y debemos hacerlo por nosotras, por nuestros hijos, por nuestras familias, por el País que nos vio nacer y que un día dejamos al otro lado del río…

¡Mujer migrante, actívate y vota!

Texto Dra. Martha Estela Esquivel de Zamora, Presidenta Mujeres Extraordinarias Foundation, Inc.
http://www.conexionmigrante.com/24-02-2018/la-participacion-civica-y-politica-de-las-mujeres-migrantes/