9 de agosto de 2012

Mujeres wounaan: protagonistas en la recuperación de su comunidad.


Después de que el invierno destruyera sus viviendas y cultivos hace más de un año, las mujeres indígenas del pueblo wounaan, en el Pacífico colombiano, son hoy un ejemplo de superación: con sus artesanías de werregue buscan garantizar el sustento de sus familias.
En el municipio litoral de San Juan, en Chocó, viven los indígenas wounaan, conocidos en el mundo por fabricar artesanías en werregue (una palma que provee la materia prima con la que elaboran artesanías)
Son las mujeres de esta etnia las que, generación tras generación, han mantenido vivo este arte. "A mi me enseño mi mamá. Desde los 14 años empecé a trabajar con werregue. Se necesitan unos tres meses para terminar un jarrón grande", dice Daira Chichiliana, joven artesana de la comunidad. "El werregue es muy importante para nosotros. Cuando se hace un jarrón, se puede vender y con el dinero que se obtiene las mujeres pueden comprar lo necesario para sus niños". Además, esta planta también es utilizada por las comunidades para prevenir y curar enfermedades.
"El werregue es la vida misma", dicen las mujeres wounaan. Pero la pasada temporada invernal puso en peligro esta tradición y sus medios de vida, arrasando con los cultivos de werregue, las viviendas y otros cultivos de la comunidad
El fenómeno de La Niña ha afectado mucho a nuestra comunidad", comenta Plinio Opua, líder indígena de Taparalito. El invierno provocó que las mujeres no tuvieran como hacer sus artesanías y las pocas que tenían las vendieran a precios muy bajos. "Por momentos se perdió la esperanza y pensamos que nos tendríamos que ir de aquí", añade dice Daira.
El PNUD en el marco del Programa Conjunto "Respuesta del Sistema de Naciones Unidas a la Emergencia Causada por el Fenómeno de la Niña 2010-2011", en el que participan agencias como FAO, OCHA, UNICEF, OIM y OPS, y que cuenta con fondos de Colombia Humanitaria, ayudo a que la comunidad pudiera salir adelante a través de un plan de recuperación de medios de vida sostenibles.
"El proyecto busca recuperar las actividades productivas de las comunidades, mejorar sus condiciones de vida mediante la consolidación de [cadenas] productivas. Se fortalece desde el proceso de producción [hasta las transacciones comerciales]", comenta Diana Cortés, Coordinadora del Proyecto.
Gracias al proyecto, las mujeres indígenas wounaan tienen ahora mejores herramientas para su trabajo y pueden gestionar la comercialización de sus productos a precios justos, liderando así la recuperación de sus comunidades.
Se entregaron 125 kits con herramientas que mejoran las condiciones físicas y técnicas de la producción de las artesanías. Este trabajo se realiza con 125 familias de artesanas de werregue miembros de 4 comunidades: Taparalito, Chagpien Medio, Chagpien Tordó y Dur-Ap-Dur.
Se ha dado un gran paso en el empoderamiento de la mujer y la igualdad de genero para las mujeres wounaan de Litoral de San Juan mientras a su vez se ha conseguido conservar el arte de werregue y los medios de vida de sus comunidades.

http://www.undp.org/content/

7 de agosto de 2012

Mujeres, migración y flujo de capitales.

Antiguamente las transferencias económicas o remesas eran conocidas como hawalas, ya que el hawala era un viejo sistema árabe de envío de dinero -hoy día denominado Transferencia Informal de Fondos (TIF)- basado en el esquema de la confianza. Históricamente surgió como necesidad del comercio exterior dado los peligros que existían con el transporte de oro. Funcionaba en una doble vía y ha existido por mucho tiempo. Pero las enormes corrientes migratorias actuales y los nuevos controles sobre el flujo del dinero están cambiando esas prácticas.
Mujeres y remesas

Durante la década que transcurrió de 1990 al 2000, el número de migrantes internacionales aumentó un 14%. En 2002 unos 175 millones de personas, es decir aproximadamente el 3% de la población mundial, vivía fuera de sus países de nacimiento. Para el 2050, la United Nations Population Fund (UNFPA) proyecta que la cifra alcanzará los 230 millones de individuos.
Dentro de las características de esta población que se desplaza, resalta el rápido crecimiento de la participación femenina. América Latina fue la primera región del mundo en alcanzar una paridad entre el número de hombres y mujeres migrantes. En 1990, de los seis millones de migrantes latinoamericanos, la mitad eran mujeres. Este cambio implica un importante papel de las mujeres en la migración y desencadena fuertes consecuencias dentro de las sociedades nacionales. Cada vez es mayor el número de mujeres que emigra de manera autónoma y que se convierte en la principal proveedora del hogar.
La perspectiva femenina ha revelado cómo la división sexual del trabajo modela la experiencia migratoria, las condiciones de permanencia en los países destinatarios y la relación que las mujeres mantienen con sus países de origen. Entre las principales responsabilidades de la mujer migrante se encuentra el mantenimiento de los lazos familiares que preservan el circuito afectivo de la familia. Surgen como consecuencia de estas realidades migratorias nuevos conceptos que debemos considerar: las familias transnacionales, la industria y el comercio nostálgicos.
Familias transnacionales

La mayor parte de los inmigrantes realizan grandes esfuerzos para integrarse y formar parte de la sociedad de acogida. Pero eso no significa que rompan los vínculos, valores y tradiciones de su comunidad originaria. Por el contrario, continúan participando de manera activa en la vida política, social y económica de sus comunidades y muchas veces incluso con un reposicionamiento que mientras estaban en la propia colectividad no era posible. Por lo tanto se crean "familias transnacionales" con diferentes integrantes en distintos países.
La conformación de estas familias transnacionales se ha convertido en un factor clave en la constitución de una industria y comercio "nostálgico". Dentro del intercambio económico, el migrante y la migrante envían bienes de consumo a su país de origen, lo que determina el ingreso de capitales que movilizan estas economías. En el caso de las visitas también gastan dinero allí; y compran diversos productos locales, lo que da lugar a lo que algunos llaman industria nostálgica: productos de contenido étnico, que pueden incluir bebidas locales, quesos, especias, chiles, prendas de vestir, y un sin fin de productos. Este último factor genera movimiento para los propios inmigrantes en el país de destino (restaurantes, tiendas con productos típicos, etc.) como en los países de origen que procesan o fabrican los distintos elementos.
Remesas sociales

En estos intercambios hay mucho más que un flujo de dinero. También se intercambian visiones, ideas, discursos y tradiciones, donde las distintas concepciones sociales –de un lado y del otro- pueden verse modificadas. Algunos analistas califican esto como "remesas sociales", y podrían implicar el cambio en estructuras de poder, dentro de las que encontramos el relacionamiento de género (en general, menos equitativas en los países en desarrollo). Pero también podría provocar cambios en el concepto de consumo y relacionamiento en los países desarrollados, buscando romper la visión eurocentrista de desarrollo que no reconoce la riqueza que conlleva el inmigrante.
Las dinámicas de género se establecen a partir de un marco social, cultural, económico y político que determina los posibles patrones de conducta que hacen a las transacciones de las remesas, hablamos tanto de quienes envían el dinero, como de quienes lo reciben.
Los cambios en los roles de las mujeres migrantes son importantes y diversificados. Por ejemplo, por un lado hay que reconocer que la persona que emigra muchas veces tiene serios problemas iniciales relacionados con la inserción en la nueva sociedad que la acoge. En el caso de las mujeres es una situación de por sí difícil, que puede verse agravada por el intento de mantener "usos y costumbres" que provienen de otro contexto sociocultural. Pero por otro lado, la migrante que comienza a mandar dinero hacia su familia adquiere una nueva importancia. Esto podría implicar un cambio de rol que desemboque en un nuevo relacionamiento social, cultural y político de las mujeres con sus respectivas sociedades (tanto las de origen como las de destino).
¿Potencian el desarrollo?

Uno de los aspectos más llamativos de las remesas es que son un ingreso estable y constante que no responde a las fluctuaciones del mercado, ni a los cambios políticos, como sí sucede con las exportaciones de bienes primarios, la inversión directa extranjera, etc. Tampoco están sometidas a los intereses y menos aún a las directivas de las agencias internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Estos envíos de inmigrantes son la fuente de ayuda externa más abundante y menos condicionada que reciben los países en vías de desarrollo, pero también la más desorganizada.
En la controvertida discusión que existe alrededor de este tema, dentro de las consecuencias positivas que le atribuyen varios autores, encontramos que aumentan el ingreso nacional, alimentan la reserva de divisas, contribuyen a equilibrar la balanza de pagos, apoyan actividades empresariales, podrían contribuir al ahorro y crean demanda de bienes y servicios. De forma indirecta también influyen financieramente en el turismo local, los servicios de comunicación y lo anteriormente denominado como "industria nostálgica". En otro ámbito también generan cambios sociales y apertura cultural (remesas sociales).
Dentro de las consecuencias negativas del fenómeno, las remesas aumentan la demanda y el consumo de bienes importados, causan inflación, ahondan las desigualdades y aumentan el costo de la canasta básica (si bien las remesas incrementan el nivel de ingresos y por tanto de consumo de los receptores, dentro de sus efectos secundarios la inflación que generan disminuye las posibilidades de consumo de los no receptores, los cuales son el sector más empobrecido de sus respectivas sociedades). La necesidad de invertir ese dinero hace que en algunos sitios se eleva el valor de la tierra y de la vivienda, provocan dependencia, no contribuyen a la búsqueda de nuevas actividades generadoras de ingresos, drenan la fuerza de trabajo (lo cual podría desanimar aún más a la inversión extranjera por la inestabilidad de mano de obra). También contribuyen a la construcción del "imaginario de otra vida" donde para lograrla no es necesario educarse y todas las alternativas de vida laboral locales son despreciadas. Paradójicamente, algunos analistas consideran que una de las principales consecuencias de las remesas ha sido la paralización de los aparatos productivos nacionales particularmente en Centroamérica. Los salarios en las zonas agrícolas son extremadamente bajos, la extensión de la jornada agrícola inhumana y las remesas que reciben cubren las necesidades básicas, lo que ha producido que la población joven no se incorpore al trabajo en esas labores y espere "su turno" para emigrar a Estados Unidos.
Por otro lado, existe un sin fin de factores que condicionan el aprovechamiento de las remesas: como las características socio culturales de la persona que migra y de su familia, sus motivaciones y expectativas, la forma en que los ingresos son distribuidos en el hogar, el entorno socioeconómico, el acceso al crédito, la infraestructura con la que se cuenta, el acceso a los servicios de comunicación, etc. La mayor parte de las remesas, se gastan en bienes de consumo (comida, vivienda, vestimenta, salud y educación) que muchos ven como una inversión en capital humano.
Para muchas de las mujeres involucradas en este proceso las remesas significan independencia económica, ya sea porque ganan el dinero en el país de destino o porque pueden decidir sobre el dinero que le envían. De todas formas eso no significa el rompimiento con formas de sujeción, pero la mayoría de las veces es un inicio. La relevancia de esto se debe a que no existe capacidad de desarrollo sin construcción de principios de equidad.

Patricia Gainza
http://globalizacion.org/analisis/GainzaFeminizacionRemesas.htm

30 de julio de 2012

El Feminismo Islámico.


Siempre que se habla de la mujer en el Islam, se hace desde dos discursos opuestos predominantes:

a.- Aquel manejado por la corriente "mainstream" o predominante dentro del Islam, al cual yo llamo de "Idealización de la Desigualdad", que sostiene que el Corán elevó a la mujer desde una condición de objeto en la sociedad árabe pre-islámica, en la cual algunas tribus a las niñas las enterraban vivas y las mujeres no tenían ningún derecho, a un estado de total igualdad y reconocimiento de sus derechos como parte de la sociedad, bastándose a sí mismo para garantizar los derechos de la mujer.. Esto es cierto, La revelación del Corán al Profeta Muhammad rompe los esquemas sociales y mentales de las sociedades tribales árabes de la época con respecto al papel de la mujer: Le reconoció equidad sociológica y la nombró de manera específica en los textos sagrados, le reconoce el derecho al divorcio, a trabajar, tener y disfrutar de su dinero, a opinar y participar en el gobierno de la comunidad, a la manutención de sus hijos en caso de divorcio y a la sexualidad activa,entre otros. De acuerdo a esta postura, el feminismo no tiene nada que ver con el Islam y es un elemento espurio y contaminante de la doctrina. Sin embargo, este discurso no explica porqué la situación real de la mujer en los países islámicos es tan diferente de la realidad, ni tampoco aporta soluciones concretas a los problemas de desigualdad y violencia en los que el patriarcado mantiene sometidas a muchas mujeres musulmanas hoy en día.

b.- El discurso occidental o de "Demonización" que sostiene que el Islam es el culpable de la opresión de la mujer y que la única manera de terminar con eso es que ella abandone la religión. Esta postura, promovida con especial entusiasmo despues del 9-11, considera a la religión un obstáculo en el acceso de las mujeres al goce y ejercicio de sus derechos. Para esta corriente, sólo un feminismo secular, blanco y de origen occidental, es capaz de brindar las herramientas necesarias para su liberación y empoderamiento. Esta aproximación al tema de la mujer en el Islam, no explica como una mujer puede abandonar su religión, en tanto elemento de su identidad particular, sin ser forzada a ello -lo cual implicaría ejercer cierto grado de violencia- ni tampoco brinda soluciones en el caso de aquellas mujeres que no se identifican con el discurso feminista predominante euro-céntrico-occidental.

Esta dicotomía, en la cual pierden su voz las mujeres, está basada en una diferencia de enfoques. Ambos discursos tienen su origen en el patriarcado que supone, en el primero, que las mujeres no necesitan voz propia porque "El Corán ya lo dijo todo" o en el segundo, que alguien más debe venir a decirles como definirse a sí mismas ya que "Como están oprimidas, no son capaces y hay que liberarlas". Estos dos discursos se alimentan uno al otro. ya que si uno define el Islam como la suma de actitudes y comportamientos de la mayor parte de los musulmanes en sociedades islámicas (que son –como muchas otras sociedades a lo largo del mundo– sociedades patriarcales), entonces es correcto decir que el Islam discrimina a las mujeres, tratando de impedir sus derechos y libertades. Pero esta visión no es correcta si el Islam es entendido como "un conjunto de enseñanzas morales y rituales revelados para traer bendiciones a toda la humanidad, incluídas las mujeres"( Lily Zakiyah Munir).

Ninguno de las dos posturas considera a las mujeres musulmanas como sujetos capaces de elaborar un discurso de emancipación por si mismas, en tanto sujetos de enunciación de sus propias identidades. En ambos, el tema de la mujer en el Islam y las mujeres musulmanas, son usados para mantener la hegemonía patriarcal, expresada en control social o colonialismo político-cultural, según si el discurso es de "Idealización" o "Demonización", respectivamente.

El Feminismo Islámico rechaza los dos discursos anteriores por considerarlos hegemónicos y manipulados y además porque no incluyen a las mujeres musulmanas como sujetos activos y plantea una tercera posición, que pone como centro a la mujer musulmana y a su capacidad de explicar por sí misma su experiencia espiritual y buscar su lugar en el mundo. Este movimiento de reforma reivindica el papel de las mujeres en Islam, aboga por la igualdad completa de todos los musulmanes, sin importar el sexo o género, tanto en la vida pública, como en la vida privada y por la justicia social, teniendo como base el Corán.

Es releyendo los textos originales y revalorizando todos los datos históricos que algunas mujeres y hombres se dieron cuenta de que nada en el Islam justifica esta situación impuesta a la mujer. La mayoría de las interpretaciones del Islam no son ni manifestaciones de la voluntad divina ni de un sistema social completamente definitivo, sino más bien construcciones humanas, que se plasmaron con el tiempo, en los ‘’pilares’’ sagrados de un pensamiento islámico completamente cerrado y que privilegia la hegemonía masculina, tanto en la credibilidad con respecto a la interpretación de los textos como en la vida social musulmana.

Según Margot Badrán, los conceptos centrales de este movimiento son la equidad de género y la justicia social:

"El Islam es la única de las tres religiones del Libro, que ha incluído la idea fundamental de la igualdad del hombres y de la mujer (ambos considerados seres humanos o Insan) y esto incluye los derechos de la mujer y la justicia social. Es una mensaje que ha sido pervertido… no deja de ser paradójico que la única religión que ha registrado el reconocimiento de la igualdad de sexos es actualmente considerada la más machista de todas. Los machos musulmanes, a un nivel social o familiar y los oponentes del Islam tienen un interés común: perpetuar, por diferentes razones, tal ficción patriarcal del Islam".

El Feminismo Islámico surge entonces como un movimiento reformista basado en el Corán y centrado en dos ejes: Por un lado, propone un ejercicio de desconstrucción, a través de la exégesis y la hermenéutica de los textos sagrados y doctrinarios, de aquellas interpretaciones patriarcales, en pos de una mejora de la situación de las mujeres, por una razón de justicia de género y a favor del sentido original de las revelaciones, en contraste con la práctica social. Por otro, promueve el fin de los estereotipos asociados al Islam en general y a la mujer musulmana en particular; esto implica desarrollar el diálogo interreligioso y la interlocución con otros feminismos y, al mismo tiempo, abrir frentes de análisis y debate desde la perspectiva islámica de los temas que circulan en la opinión pública como desarrollo sostenible o derechos de las minorías LGBT.

Nasreen Amina

http://ladivinafeminista.wordpress.com/2012/07/30/el-feminismo-islamico-y-dos-discursos-sobre-la-mujer-musulmana/

17 de julio de 2012

Justicia islámica afgana: el derecho al crimen.

Ahí estaba ella. Es cierto que, sepultada en su burka, podía ser cualquiera; con un poco de suerte, incluso un jefe talibán o algún imán de ésos que predican, y con verdad, que el Corán prescribe pegar a la mujer, aunque sin pasarse (prohíbe golpearla en la cara, por ejemplo; eso, ni a los animales). Pero no; era ella, la adúltera: aquélla a cuyo marido el mismísimo Alá concediera el derecho a asesinarla por haberse fugado con otro, y él, ¡cómo sustraerse a tan divino mandato!, kaláshnikov en mano, disparó contra la fornicadora a menos de dos metros; aquélla que cayó como si de un pelele se tratase tras el tercer disparo, entre los aplausos y vítores de un centenar largo de espectadores que de pie o sentados asistían a la carnicería y cerraban el espectáculo con sus viva el islam y Alá es grande de rigor, no se sabe si por la gratuidad de la entrada en el improvisado coliseo en el que aquél se celebraba, o por la certera puntería del galardonado gladiador contra la fiera o, más bien, por la justicia con la que Alá y el Islam premian a sus crédulos.

Lo curioso es que el propio Corán, cuando sanciona el adulterio, castiga por igual, "con cien azotes", al marido y a la mujer (bien que en algunas lecturas, por supuesto desinteresadas, al hombre sólo si lo practica en casa, mientras con la mujer se muestra mucho más generoso: para ella no hay reserva de ningún tipo y la castiga sin más por practicarlo), impidiendo tanto que éstos contraigan matrimonio entre sí una vez llevado a cabo el adulterio o que lo hagan con un "creyente"-creyente: sólo se les permite con otro adúltero o con un pagano, que para eso sí sirven (XXIV, 2-3).

Claro que, como es sabido, dios propone y el hombre dispone. Y al igual que tampoco al apóstata Alá le tiene dispuesta una muerte inmediata -tan sólo una promesa de tormentos tales tras su muerte que hasta el papa se haría musulmán si temiera que le confundiesen-, pero sus creyentes no tienen reparo alguno en adelantar el plan de Alá mediante la lapidación del tránsfuga religioso, tampoco en el caso del adúltero –o mejor, de la adúltera: no hace falta engañarse- para esos mismos caballeros representa estorbo alguno acabar con él a las primeras de cambio, aun a sabiendas de que es otro el castigo prescrito.

Y aunque el omnisciente Alá olvidara -oiga, que un momento de distracción lo tiene cualquiera-, enumerar el kaláshnikov entre los instrumentos a usar por sus fieles para la aplicación de la pena, eso es algo que se soluciona con una simple nota a pie de página en la próxima edición de tan pudoroso libro; y bien mirado, se trata de un procedimiento infinitamente más civilizado que su precedente, y menos fatigoso para el santo verdugo –perdón, quería decir varón- que la aplica, y mucho más limpia, todo hay que decirlo, pues luego no tiene que salir disparado para la ducha a lavarse los trocitos de piel impura o las manchas de sangre contaminada procedente de las víctimas. Ahora en un plis plas se acabó todo, por el módico precio de unas balas que, compradas al por mayor, hasta te las regalan con las armas o te las venden en oferta, y que aportan la prueba definitiva de por qué Alá es denominado el "clemente" y el "misericordioso".

Al fin y al cabo, tampoco hay por qué regodearse con el espectáculo, que siempre hay niños delante y luego les da por practicar los exempla de sus maiores, que diría algún severo historiador romano.

Fanatismo no es sólo creer a pie juntillas, e intentar poner en práctica, la letra de un libro supuestamente revelado por un ídolo inventado por el hombre al que, sea cual fuere el nombre otorgado a la deidad, se la supone creadora del universo, incluida la parte de la costa; el fanático, por su parte, más papista que el papa en cualquier religión, se halla de continuo dispuesto a dejar rastro por doquier de su fe sustituyendo la letra del libro de marras por la acción en nombre del autor, o sea, haciendo él mismo las veces del dios de turno. Se trata de una plaga especialmente contagiosa que crece y se propaga al calor de cualquier religión monoteísta, y a la que riega con igual fecundidad la sangre del que mata como la del que muere en nombre de su dios específico y único; una plaga por completo inmune al tiempo y los cambios que en él se suceden, incluidos aquéllos que afectan a la propia razón, que también fortalece su musculatura a su paso.

Por eso, cuando el presidente afgano Hamid Karzai juzga el crimen como "odioso e imperdonable en la sagrada tradición del islam y en las leyes del país", lo mejor que cabe pensar es que se trata sólo de un trabalenguas, y que lo que verdaderamente quería decir es que la fe, en su punto álgido de fanatismo, produce crímenes así de execrables; por eso, cuando la periodista firmante del artículo en el que leímos la noticia explica que "lo único seguro es que quien sigue pagando los platos rotos de la ignorancia, la pobreza y las luchas de poder es la mujer afgana", uno no sabe si reír o llorar: ¿qué hubiera ocurrido en un casi apaciguado Afganistán con una adúltera culta y rica: acaso la habrían convertido en hurí? ¿Por qué en la peor de las democracias a nadie se le ocurre no ya asesinar, sino simplemente penalizar a una adúltera? ¡Y hasta se lamenta la susodicha de que diez años de presencia occidental no hayan servido casi para nada en ese país! No es esa presencia lo que es menester fomentar, sino el cerebro de los nativos para que deje de ser un incolmable agujero negro religioso.

Y por eso tampoco importa en el fondo que las mutuas acusaciones entre autoridades legítimas afganas y talibanes descarguen a cada uno de su responsabilidad cargando la culpa en el de enfrente. Ambos son responsables por igual de generar monstruos como el asesino y quienes le jaleaban al fomentar una religión en la que si bien el Corán concedió ciertos derechos a las mujeres, como el de poseer bienes propios, retener su dote matrimonial en caso de repudio, etc. –lo que tampoco es como para tirar cohetes, dicho sea de paso-, éstas se encuentran frente al hombre en la misma sumisión absoluta que todos los seres humanos se hallan frente a su dios; en la que el hombre puede llegar a tener hasta cuatro esposas legítimas y un número indeterminado de concubinas, pero nunca al revés; en la que el marido se halla facultado para golpear a su mujer, pero no la mujer al marido (y todo ello por obra y gracia de Alá, lo que hace sospechar que el dios en cuestión no era mujer); en la que aquélla, a falta de instrucciones desde lo alto –ni del Corán ni de Mahoma-, es en el matrimonio un objeto de cambalache más. Sin contar con que jamás ha ocupado el espacio público, y si ahora empieza a hacerlo no es gracias a su religión sino a pesar de ella.

Quizá valga la pena añadir aquí que en este punto, como en el de las relaciones sexuales, la mujer islámica se hallaba en un nivel más alto que el de su correspondiente cristiana al principio de los tiempos, según se desprende de la lectura, en el primer caso, de la Primera Epístola a los Corintios (14, 34-35) y en la Epístola a los efesios (5, 22) de Pablo de Tarso; y, en el segundo, la misma conclusión viene a deducirse del primero de los dos textos citados (7, 1 ss). De lo que cabe deducir, en suma, que el pobre Saulo jamás se recuperó de la caída del caballo, y que con una lógica como la allí empleada en el desarrollo de sus tesis hubiera podido acceder a cualquier cargo eclesiástico, desde Cardenal Primate de España hasta algo peor, como papa o Enigma Vaticano; o a cualquier título religioso antiguo o por inventar, como Virgen María, Rabino Profeta o Redentor Mesiánico y tiro porque me toca. Una nueva deducción, y de lejos más positiva, es que el desarrollo de un ambiente secular es garantía contra la impunidad de ciertos crímenes y la propagación de cierta especie criminal; y que, mientras llega dicho ambiente, al simple contacto con él, aunque siga habiendo castigos bárbaros para las adúlteras, ya hay menos barbarie en el castigo.

A uno, como buen idealista, le habría encantado oír los gritos sagrados de los creyentes islámicos propagándose por doquier en contra de ese asesinato a sangre fría contra una mujer que, en mi peor pesadilla, de puro sumisa casi parecía cómplice, si bien es cierto que poca resistencia cabe frente a la fuerza bruta; a uno le habría gustado que, por una vez, las amenazas y su rabia contra el demonio occidental se hubieran trocado en gritos de apoyo contra la víctima del crimen, fuera del contexto por la justicia social y la democracia que sacudieron a algunos países islámicos del norte de África y que aún hoy plantan cara al régimen asesino de Bachar el Assad. No por ello habría creído ni un ápice más en el islam, pero al menos sí habría pensado que en la horda religiosa afgana una parte de los creyentes son recuperables para la humanidad.

Antonio Hermosa Andújar*
http://www.losangelespress.org/justicia-islamica-afgana-el-derecho-

30 de junio de 2012

Haití: Aumenta la violencia sexual contra mujeres.



Las mujeres y niñas que viven en campamentos improvisados de Haití corren un riesgo cada vez mayor de sufrir violaciones y violencia sexual, ha afirmado Amnistía Internacional en el nuevo informe que ha dado a conocer hoy.

Un año después del terremoto que causó la muerte de 230.000 personas y heridas a 300.000, más de un millón de personas sigue viviendo en condiciones atroces en "ciudades" construidas con tiendas de campaña en la capital, Puerto Príncipe, y en el sur del país, donde las mujeres corren un enorme riesgo de sufrir agresiones sexuales. Los perpetradores son en su mayoría hombres armados que deambulan por los campamentos después de oscurecer.

En los primeros 150 días transcurridos después del terremoto de enero, se denunciaron más de 250 casos de violación en varios campamentos, según datos citados en el informe de Amnistía Internacional Réplicas. Mujeres denuncian violencia sexual en los campamentos de Haití.

Un año después, siguen llegando casi todos los días supervivientes de violación a la oficina de un grupo local de apoyo a mujeres.

"Las mujeres, que ya están luchando para aceptar la pérdida de sus seres queridos, sus hogares y sus medios de subsistencia debido al terremoto, sufren ahora el trauma adicional de vivir bajo la amenaza constante de la agresión sexual", ha declarado Gerardo Ducos, investigador sobre Haití de Amnistía Internacional.

"Para poner fin a la prevalencia de la violencia sexual, el gobierno entrante debe garantizar que la protección de las mujeres y niñas en los campamentos es una prioridad. Esto es algo que se viene ignorando en gran medida en la respuesta a las crisis humanitarias en general."

La violencia sexual era un fenómeno generalizado en Haití antes de enero de 2010, pero se ha visto exacerbada por las condiciones imperantes tras el terremoto. La asistencia limitada que proporcionaban antes las autoridades ha sido socavada por la destrucción de comisarías y juzgados, lo que hace aún más difícil denunciar la violencia sexual.

Más de 50 supervivientes de la violencia sexual compartieron sus experiencias con Amnistía Internacional para el estudio.

Machou, de 14 años, vive en un campamento improvisado para personas desplazadas en Carrefour Feuilles, al suroeste de Puerto Príncipe. Fue violada en marzo, cuando fue al retrete.

"Un muchacho entró detrás de mí y abrió la puerta. Me amordazó con la mano y yo hice lo que quiso […] Me pegó. Me dio puñetazos. No acudí a la policía porque no conozco al muchacho, no serviría de nada. Estoy realmente triste todo el tiempo […] Tengo miedo de que vuelva a ocurrir", dijo Machou a Amnistía Internacional.

Suzie, otra víctima, contó que vivía en un refugio improvisado con sus dos hijos y una amiga cuando fueron agredidos hacia la 1 de la mañana del 8 de mayo. Un grupo de hombres que entraron en el refugio por la fuerza vendaron los ojos a Suzie y a su amiga y las violaron delante de sus hijos.

"Cuando se marcharon no hice nada. No reaccioné […] Las mujeres víctimas de violación deberían ir al hospital, pero no fui porque no tenía dinero […] No sé dónde hay un consultorio que ofrezca tratamiento a víctimas de la violencia", dijo Suzie.

Suzie perdió a sus padres, a sus hermanos y a su esposo en el terremoto de enero. Su casa también quedó destruida.

En su informe, Amnistía Internacional pone de relieve que la ausencia de seguridad y de vigilancia policial en los campamentos y sus alrededores es un factor importante del aumento de las agresiones en el último año.

La respuesta de los agentes de policía a las supervivientes de violación es calificada de inadecuada. Muchas supervivientes de violación contaron que cuando habían pedido ayuda a la policía, les habían dicho que los agentes no podían hacer nada.

"Desde el terremoto se ha producido un colapso total del sistema de orden público de Haití, que ya era frágil, y las mujeres viven en campamentos inseguros y masificados", afirmó Gerardo Ducos.

"No hay seguridad para las mujeres y niñas en los campamentos. Y ellas se sienten abandonadas y vulnerables a las agresiones. Las bandas armadas atacan cuando quieren, con la seguridad que les da saber que aún hay pocas posibilidades de que sean enjuiciados."

Amnistía Internacional ha pedido al nuevo gobierno que adopte medidas urgentes para poner fin a la violencia contra las mujeres dentro de un plan más amplio destinado a abordar el esfuerzo humanitario. En su informe, la organización afirma que las mujeres que viven en los campamentos deben participar plenamente en el desarrollo de cualquier plan de estas características.

Entre las medidas inmediatas figuran mejorar la seguridad en los campamentos y garantizar que la policía tiene capacidad para responder efectivamente y que los responsables son enjuiciados.


http://amnistia.org.uy/sites/default/files/amr360012011spa.pdf
http://www.amnistia.org.uy/?q=Haiti_mujeres_en_riesgo_tras_el_terremoto-6-01-2011-Informe

28 de junio de 2012

Hacia un entendimiento del Patriarcado como sistema de opresión .


Para la mayoría de las personas la lucha feminista se presenta como una lucha "antihombre", la equiparan al machismo, creen que busca la superioridad de las mujeres por sobre los hombres, etc. Lo anterior, demuestra la ignorancia que se tiene en torno a la connotación y la importancia que ha tenido la lucha feminista, en tanto emancipadora para nosotras las mujeres, como también en su gran aporte a la teoría de las clases sociales. Creemos que para lograr entender la lucha feminista y su aporte, es importante el develamiento del sistema patriarcal como sistema de opresión esencialmente hacia las mujeres, pero que aporta elementos de manera sustancial a la generación y conformación de los más diversos sistemas económicos de explotación.

En los años 70’s las feministas radicales logran, luego de años de tener la sensación de que había un "algo" en donde se sustentaba la opresión hacia las mujeres, dar un cuerpo teórico al sistema patriarcal hasta ese momento no considerado en las diferentes perspectivas de cambio social. No obstante, el prominente desarrollo de la crítica y la producción en torno a esta herramienta teórico/práctica, hasta el día de hoy se encuentra denostada e invisibilizada.

En definitiva ¿qué es el patriarcado?

Para responder esta pregunta podemos citar a Dolores Reguant, quien señala que "es una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres; del marido sobre la esposa; del padre sobre la madre, los hijos y las hijas; de los viejos sobre los jóvenes y de la línea de descendencia paterna sobre la materna.


El patriarcado ha surgido de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetúan como única estructura posible"[1]. De esta definición se puede extraer principalmente que es un sistema que se ha ido conformando paulatinamente, profundizando sus raíces con cada sistema económico con los cuales ha convivido. Además, de sufrir un proceso de naturalización, a tal modo, de pasar inadvertido en nuestra cotidianeidad sin ser cuestionado en casi ninguna esfera de la sociedad; demás está mencionar los aportes que han hecho grandes "genios" de la humanidad (Aristóteles, Tomas de Aquino, Proudhon, Napoleón, Einstein, entre otros) en la tarea de dar sustento "científico" al paradigma en donde lo masculino es la medida de todas las cosas generando la subordinación de las mujeres.

Otras definiciones que encontramos son más polémicas, pues, definen el patriarcado como un "…pacto -interclasista- por el cual el poder se constituye como patrimonio del genérico de los varones"[2]. Por otro lado, Marta Fontela asevera que "el patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia"[3]. Sin duda, estas afirmaciones son altamente polémicas puesto que plantean un pacto interclasista, que destaca la transversalidad que tiene este sistema de opresión a través de las clases sociales. De ahí el surgimiento de consignas tales como: "No hay nada más parecido a un machista de izquierda que uno de derecha". Ambas definiciones establecen un pacto entre hombres, que aunque estén en desigualdad de

condiciones económicas, es decir, pertenecientes a diferentes clases sociales, van cediendo en algunos puntos, siendo capaces de articularse en función del patriarcado. Como bien plantea la feminista-socialista Heidi Hartmann, para un análisis del patriarcado dentro de las sociedades capitalistas: "el salario familiar es un pacto patriarcal interclasista entre varones de clases sociales antagónicas a efectos del control social de la mujer"[4]. Haciendo hincapié en la perspectiva histórica del surgimiento del capitalismo, en donde, la mano de obra femenina fue relegada al ámbito privado.


Un poco de historia…

El sistema patriarcal surge alrededor de 10.000 años atrás, vinculando su origen con el proceso de sedentarización y el cambio de mentalidad de sociedades colectivizadas horizontales a sociedades individualistas jerárquicas y la consecuente aparición de las clases sociales. Así lo grafica Marcela Lagarde, quien establece que "la opresión de las mujeres es parte de los fenómenos que confluyeron en la conformación de la sociedad de clases y que contribuyeron a mantenerla"[5], es decir, las prácticas patriarcales anteceden al surgimiento de las clases, al ser un paso elemental de un cambio de mentalidad de sociedades igualitarias a sociedades que se basan en la opresión y explotación de parte de su población para funcionar. Es por lo anterior que las feministas establecen que hay una vinculación directa entre el patriarcado y los diversos sistemas económicos, pues ha sido parte esencial de su conformación (como el esclavista y el feudal), estableciendo actualmente una clara alianza con el sistema capitalista. "Las sociedades patriarcales de clases encuentran en la opresión genérica uno de los cimientos de reproducción del sistema social y cultural en su conjunto"[6].

Y he aquí donde radica la importancia del aporte del feminismo, pues entrega una teoría trascendental a la lucha de clases, volviéndola claramente una aliada epistémica, ya que es capaz de entregar la base teórica para entender la opresión especifica de las mujeres. Opresión que sin duda, no hallaba respuesta en la sola teorización de las clases sociales. Esta miopía teórica da como resultado que muchas de las "grandes" luchas sociales que han sido llevadas a cabo por el "pueblo" no han significado lo mismo para hombres que para mujeres, presentándose muchas veces como perpetuación de los roles asignados socialmente a nosotras.

Así también, la teoría del patriarcado, es capaz de definir relaciones estructurantes de poder en la sociedad, es decir, cuando hablamos de relaciones patriarcales, no nos referimos solamente a las que se dan como una opresión de los hombres hacia las mujeres, sino que también, cuando estamos ante situaciones autoritarias, de violencia, jerarquías, etc., pues todos ellos constituyen elementos centrales de sociedades patriarcales-clasistas. En relación a lo anterior, ya no podemos pensar análisis, por ejemplo, del Estado, la política, los partidos políticos, sin considerar el profundo arraigo patriarcal que tienen dichas instituciones, por lo anterior, la lucha feminista es intrínsecamente antipartidista y antiestatal.

Por ello se torna interesante comenzar a incorporar este sistema de análisis a nuestros discursos y propuestas de cambio de sociedad, sino seguiremos condenando a la mitad de la humanidad a una constante opresión, "las discriminaciones sobre las mujeres surgen no sólo en su relación con el sistema económico, sino también con el sistema de una dominación masculina hegemónica. No se trata de privilegiar el género o la clase, sino de entrelazar estos ejes de dominación"[7].

Vemos necesario, entonces, comenzar a cuestionar nuestras prácticas más cotidianas e ir aportando en la construcción de sistemas integrales que den respuesta a la totalidad del colectivo social, ya no más fragmentada ni priorizando unas luchas por sobre otras.

Finalmente, se puede afirmar que uno de los grandes aportes de la teoría patriarcal es que descubre y quita el manto de "biológico" y "natural" a la opresión de las mujeres volviéndola transformable y cuestionable.

http://grupodemujeresixchel.blogspot.com/

20 de junio de 2012

La diferencia de salario entre hombres y mujeres.

La diferencia de salario entre los sexos es un laberinto de prejuicios inconscientes y de discriminación explícita, un subproducto de oportunidades desiguales en el ambiente de trabajo, de perspectivas educativas y de normas sociales profundamente arraigadas.

Con tantas fuerzas en acción, es muy difícil llegar a la raíz de los problemas que generan una situación tal que dificulta el avance profesional de las mujeres en la empresa, o que lo hace prácticamente imposible.

Janice Fanning Madden, profesora de Bienes inmuebles de Wharton y de Ciencias y Sociología regionales de la Universidad de Pensilvania, tuvo la rara oportunidad de analizar la mecánica de la diferencia salarial entre corredores de bolsa del sexo masculino y femenino mientras actuaba como perito judicial en el juicio de demanda colectivas presentada contra dos grandes empresas de corretaje a principios de la década de 2000. Las mujeres de las empresas en cuestión se quejaban de su estructura salarial, que beneficiaba injustamente a los hombres. Los responsables de las empresas de corretaje se defendieron de la acusación alegando que a hombres y mujeres se les pagaba según el mismo sistema basado en comisiones, y que las mujeres ganaban menos, de media, porque su desempeño de ventas era inferior al de los hombres.

Madden constató que se les asignaba a las mujeres cuentas inferiores, lo que hacía que tuvieran retornos inferiores o comisiones menores. Según dice Madden en "Prejuicio de apoyo al desempeño y diferencia de salario entre corredores del sexo masculino y femenino" ("Performance-Support Bias and the Gender Pay Gap among Stockbrokers"), ese comportamiento produjo un ciclo vicioso porque las empresas otorgan algunas facilidades que, con frecuencia, contribuyen a proporcionar mejores retornos —como, por ejemplo, oficinas mayores o más atractivas, equipo de apoyo y mentores— basados en los récords de ventas de los trabajadores. Por lo tanto, como las mujeres no tienen la oportunidad de lidiar en el presente con cuentas lucrativas, eso le quita la oportunidad de obtener ventajas que tendrían un impacto significativo en sus esfuerzos futuros.

"No pude ver las oficinas de las mujeres, qué tipo de asistentes tenían y tampoco sus títulos", dice Madden. "Pero la decisión de darles esas cosas fue tomada por las mismas personas que las alejaban de la cuentas menos importantes. Ellas probablemente recibían menos apoyo en esas áreas, incluso cuando trabajaban con el mismo tipo de cuenta que los hombres".

Por medio de un "experimento natural" basado en ventas generadas por las cuentas que eran transferidas por la gerencia de un corredor a otro, Madden pudo analizar el rendimiento obtenido en las situaciones en que el tipo de cuenta era el mismo para ambos sexos, es decir, cuando las mujeres trabajaban con clientes que tenían el mismo potencial de generación de comisiones elevadas que tenían los clientes con que los hombres estaban trabajando. La autora muestra que las mujeres realizaron ventas como mínimo equivalentes a las realizadas por los hombres. "Me sorprendió comprobar su buen desempeño. Yo creía que las empresas tenían razón, y que las mujeres no producían tantas ventas indiscriminadas como los hombres. Eso no era imposible", dice citando evidencias según las cuales las mujeres, en general, tienden a invertir su dinero de forma más conservadora que los hombres. "Pero como tenían los mismos incentivos que ellos para realizar ventas, se comportaban de la misma manera que los hombres".

Reacción instintiva

En los últimos 15 años, las mujeres llenaron cerca de un tercio de las posiciones a tiempo completo de las empresas de corretaje. Durante ese tiempo, dice Madden, sus ganancias pasaron del 54% a aproximadamente dos tercios de los salarios de los hombres, sin embargo esas posiciones todavía registran el índice más elevado de diferencia salarial entre sexos en el segmento de ventas, aunque sea también la posición invariablemente mejor remunerada del sector. Las dos empresas estudiadas por Madden eran de gran tamaño, empresas de corretaje nacionales que vendían productos financieros principalmente a inversores individuales. Las mujeres constituían un porcentaje relativamente pequeño de los trabajadores de ambas empresas, un 11,2% en una y un 13,8% en la otra.

"Pero la diferencia salarial entre los sexos en esas dos empresas de gran tamaño es mucho menor que la diferencia observada entre corredores, según datos del Censo", dice Madden. "Eso se debe al hecho de que esas empresas discriminaban menos. La explicación es que las mujeres prefieren trabajar en empresa menores, menos exitosas. Esas empresas también tenían menos mujeres en proporción al número total de posiciones, por lo tanto parte de la diferencia se debe a la dificultad de conseguir entrar en una gran empresa de corretaje".

En ambas empresas, los salarios de los corredores de valores eran determinados exclusivamente por la comisión a finales del segundo año después de la aprobación del examen de la Serie 7 exigido para ejercer la función de corredor registrado. En la época en que se presentaron las demandas, había diferencias significativas de salario entre hombres y mujeres, dice Madden. "Existen sólo dos razones, de hecho, para la diferencia salarial entre los sexos en lo que se refiere a las comisiones sobre ventas: [...] Las mujeres son vendedoras menos eficaces, de media, que los hombres; y/o prejuicio en relación al rendimiento —oportunidades de soporte de ventas, entre ellas atribuciones de cuentas, así como los varios soportes usados para la generación de ventas atribuidas a las mujeres—, que sería inferior al desempeño de los hombres".

Madden analizó ambos factores posibles usando datos de más de mil millones de transacciones en las cuentas de los clientes de las empresas entre 1994 y 1996. Ella dice que son varias las posibles razones para que las mujeres tengan un historial de ventas peor que el de los hombres: puede ser que haya simplemente una incapacidad innata, pero puede ser también que su desempeño se deba a factores sociales como, por ejemplo, el hecho de que los clientes no se mostraran muy dispuestos a trabajar con mujeres o a hacer adquisiciones con esas profesionales.

El "experimento natural" nació de la observación de los ingresos de las ventas de los corredores de ambos sexos en cuentas con historiales similares asignadas a los corredores después de que el supervisor original de la cuenta dejara la compañía. En una de esas empresas, las mujeres tenían muchas menos oportunidades de quedarse con las cuentas transferidas. Sin embargo, cuando esas cuentas se les pasaban a ellas, su rendimiento de ventas era superior al de los hombres. En la otra empresa, las oportunidades para hombres y mujeres eran iguales y, en ese caso, el rendimiento de las mujeres fue tan eficiente como el de los hombres.

Esos resultados muestran que las diferencias de rendimiento no derivan de habilidades innatas, dice Madden. La investigadora tampoco encontró apoyo significativo para la hipótesis de que el prejuicio del cliente jugaba un papel importante en la diferencia de salario entre ambos sexos. En lugar de eso, Madden descubrió que las mujeres de ambas empresas tenían menos oportunidades de trabajar con cuentas que ofrecían comisiones más elevadas. Eso, por su parte, perjudicaba sus salarios y su habilidad de competir por beneficios que eran concedidos con base al rendimiento.

"Ambas empresas de corretaje alegaron que se pasaban las cuentas de menos ingresos a las mujeres porque ellas habían generado comisiones menores el año anterior, y las comisiones del año anterior eran usadas para adjudicar las cuentas transferidas", dice Madden. Sin embargo, los empleados no tenían las mismas oportunidades en lo que concierne a la distribución de las cuentas de los clientes. "Los efectos de las pequeñas diferencias anuales en la distribución de las cuentas o de otras formas de soporte al rendimiento van acumulándose a lo largo de la vida profesional, en la medida en que las diferencias existentes al principio de la carrera permiten que los corredores opten a beneficios complementarios, como títulos y el tamaño de la oficina, basados en el tamaño o en la rentabilidad de la cuenta".

Las demandas judiciales fueron resueltas antes de llegar al tribunal y, como parte del acuerdo alcanzado, las dos empresas acordaron modificar su política, de manera que las cuentas fueran distribuidas a los corredores por medio de un sistema estandarizado. Madden escuchó decir a los abogados que trabajaron con las partes que los trabajadores de una de las empresas habían hecho el siguiente comentario sobre sus descubrimientos: "No hay duda de que las empresas se equivocaron a la hora de asignar las cuentas [...] porque no se habían dado cuenta del excelente rendimiento de las mujeres".

Según Madden, el estudio es el primero en mostrar cómo el prejuicio de género afecta a los empleados que trabajan en un sistema de remuneración aparentemente basado en el rendimiento objetivo del trabajador —por medio de comisiones, por ejemplo—, y no en un sistema en que los salarios son determinados por las evaluaciones subjetivas de rendimiento. Madden dice que la investigación destaca cómo es importante que las empresas examinen de qué manera la subjetividad acaba metiéndose en el sistema y acaba perjudicando la eficacia de sistemas creados con el objetivo de estimular el tratamiento igualitario en el ambiente de trabajo. "En muchas funciones, mujeres o minorías pueden salir perjudicados, porque las personas actúan sin pensar", dice Madden. "Ellas jamás deberían discriminar a alguien, pero el hecho es que se comportan según sus instintos y, desafortunadamente, cuando nos comportamos así, damos lugar a prejuicios de los que no somos conscientes".

Universia Knowledge Wharton
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