27 de agosto de 2014

Soledad y Desolación, por Marcela Lagarde.


La soledad es la emancipación necesaria.
 
Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos.
Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes ¿te vas a quedar solita?, ¿ Por qué tan solitas muchachas?- hasta cuando vamos muchas mujeres juntas-.  La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.
Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.
Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación. La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.
Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona. Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas.
La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.  La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.
Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.
Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad. Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar. Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático.
Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.  No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia.
El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene. Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres. El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.
En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente. La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.
Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.  Tenemos que deshacer el monólogo interior.
Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia. La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida.
Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.  Mirada como un estado del ser – la soledad ontológica – la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia.
Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir. Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros. El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres.
Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: Solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.
Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.
 

Mujeres nicaragüenses desaparecen en la ruta migrante.


Cansada de las dificultades para sostener a su familia y pagar el alquiler de una pequeña habitación, Diana Maribel Rivera, de 38 años y originaria de la zona rural de este municipio nicaragüense, al occidente de la capital, Managua, decidió pactar con su hermana Suyapa del Socorro Muñoz el cuidado de sus dos niñas y un niño para emigrar a Estados Unidos en 2003.
El poco dinero y la falta de conocimiento de la ruta le permitió llegar sólo hasta Guatemala, donde se quedó trabajando por tres años para ayudar a su familia y reunir el dinero suficiente para lograr su objetivo.
En 2006, Diana regresó a visitar a su familia acompañada de un amigo guatemalteco identificado como Margoteo; con ellos celebró el Día de las Madres el 30 de mayo.
Al día siguiente, luego de recibir llamadas insistentes de un hombre no identificado, Diana regresó a Guatemala con la idea de ahora sí emprender el viaje hacia EU, pero desde esa fecha se perdió todo contacto con ella.
Este año, Suyapa (hermana de Diana) busca un lugar en la próxima caravana de madres de familiares migrantes desaparecidos o no localizados en su ruta hacia EU, en lo que será su segundo intento por encontrar a su familiar.
Se desconoce un dato exacto de mujeres nicaragüenses no localizadas en su ruta hacia EU, pero se estima que son cientos de migrantes que han tenido que salir de Nicaragua el tercer país más pobre del continente, expulsadas por la falta de empleo y la miseria, según reportes del Banco Mundial.
Aunque la mayor migración se da hacia el sur de Centroamérica (Costa Rica y Panamá), hay casos de personas que emigran a EU de forma irregular, explicó Pablo Cala, consejero de Proyectos para Refugiados del organismo Project Counselling Service (PCS), con sedes en Guatemala, para la región de Mesoamérica, y en Colombia, para Sudamérica.
Aunque en Nicaragua la principal causa de migración es la pobreza, en el resto de CA las razones son variadas, desde sociopolíticas (como en Honduras tras el golpe de Estado), la violencia, la omisión de los Estados de reconocer el problema del crimen organizado, y la falta de reconocimiento de México y EU a la crisis humanitaria en estos países provocada por la violencia, dijo Cala.
A PCS le preocupa que tanto los Estados expulsores como los que reciben a las personas migrantes no busquen alternativas para atender las causas de la migración irregular.
Cala aseguró que los reportes actuales indican que la migración va en aumento y preocupa que ahora viajen niñas, niños, adolescentes y mujeres exponiéndose a todo tipo de abusos en esa ruta peligrosa hacia EU.
En El Salvador, Guatemala y Honduras, las y los jóvenes huyen de las "maras" (pandillas) para evitar ser reclutadas y explotadas sexualmente o integrarse de forma obligada al crimen organizado.
Anita Zelaya, coordinadora del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos (Cofamide), explicó que en el caso de El Salvador al menos hay unos 350 casos de personas no localizadas.
Cofamide, con el apoyo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y otras organizaciones de Derechos Humanos, desde 2010 ha repatriado 24 restos de migrantes salvadoreños que estaban desaparecidos, y hasta ahora tiene 32 notificaciones de otros restos que no han podido ser llevados al país centroamericano, explicó Zelaya.
En Honduras, el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos (Cofamipro) de la norteña ciudad de El Progreso, registra al menos 400 personas migrantes no localizadas.
Pero también desde 2010 a la fecha ha apoyado en la localización de al menos 200 personas, algunas fallecidas, pero las madres ya tienen a dónde llevarles flores, dijo Rosa Nelly Santos, coordinadora de ese comité.
Agregó que actualmente la migración hondureña está aumentando y en su mayoría son mujeres jóvenes que quedaron desempleadas de las maquilas, por lo que muchas madres solteras invierten su liquidación para emigrar a EU pese al peligro.
Las representantes de estos comités participaron en Managua los días 4 y 5 de agosto en un encuentro regional para compartir experiencias, unificar esfuerzos, establecer alianzas, y planear la seguridad de la próxima caravana de madres centroamericanas, prevista a recorrer México en la ruta hacia EU en noviembre próximo.
Previo a la partida de la caravana en octubre se planea otro encuentro en El Salvador, a fin de crear un Protocolo Especial de Protección a las madres de las y los migrantes desaparecidos, apuntó el coordinador de Proyectos de PCS, Pablo Cala.

Por: Nelson Rodríguez
http://www.cimacnoticias.com.mx/node/67298

26 de agosto de 2014

Voz y voto de las mujeres.



El primer derecho al voto de la mujer de la historia (sufragio femenino) se autorizó "accidentalmente" en Nueva Jersey en 1776, pero no era una ley que permitía a las mujeres votar, sino a las "personas" por lo que, en cuanto se dieron cuenta del "error", abolieron dicha ley en 1807. En Estados Unidos no se permitió el sufragio femenino total hasta 1965 (aunque desde 1920 sí podían ejercer su derecho al voto únicamente las mujeres de piel blanca).
A parte de esa accidentada anécdota de Nueva Jersey, el primer país del mundo que autorizó el sufragio femenino en igual derecho que los hombres fue Nueva Zelanda que lo hizo en 1893. Le siguió Australia en 1902.
En Europa el país pionero fue Finlandia, que autorizó el derecho al voto tanto para hombres como para mujeres a la misma vez, esto fue hace 104 años, en 1906.
En España el sufragio femenino en igualdad de condiciones que los hombres llegó con la Segunda República, en 1931 (aunque la primera ocasión para hacerlo no llegó hasta un referéndum celebrado en 1933).
Previamente, en 1924 bajo el mandato de Primo de Rivera, se autorizó un "voto femenino con restricciones", en el que solo podía votar en elecciones municipales aquellas mujeres mayores de 23 años que estuvieran "emancipadas". Quedaban excluidas al derecho al voto las mujeres "casadas" y las "prostitutas".
El primer país Latinoamericano fue Ecuador, que lo aprobó en 1929. Anecdóticamente hay que reseñar el caso de Vélez (en la provincia de Santander, Colombia) que en su constitución, que aprobó en 1853, dió el derecho al sufragio femenino, pero esta constitución fue reformada dos años más tarde (1855) sin que se pudiese hacer uso de tal derecho.
El último país del que se tiene constancia en aprobar el derecho al voto femenino fue Kuwait, que lo concedió en el año 2005.
Aun quedan bastantes países en los que no se permite el voto a las mujeres (incluso algunos que ni a los hombres) estos países se encuentran mayoritariamente en los continentes de Asia y África.
Como curiosidad, añadir que uno de los países que se considera como más avanzado en las libertades y la democracia como es Suiza no permitió el voto a las mujeres hasta 1971. Incluso, hay escritos en los que dicen que, cuando se discutía si se debía dejar votar a las mujeres, hubo algún que otro político de la época que expuso los siguientes argumentos para que no se concediera el sufragio femenino:
¿Conceder el derecho de voto a las mujeres? ¡Qué idea más ridícula! El cerebro de la mujer es más pequeño que el de los hombres lo que demuestra que las mujeres son menos inteligentes. Son propensas a actitudes extremistas y se asocian a campañas sin consultar antes a sus maridos. Además, eso no fomentaría la igualdad de derechos porque su natural modestia les impide ir a votar cuando están embarazadas, y como las mujeres del campo suelen tener más hijos, tendrían una desventaja injusta con respecto a las mujeres que viven en las ciudades. Y si las mujeres son elegidas al parlamento, ¡qué deshonra supondría esto para sus maridos! Éstos estarían obligados a cocinar en casa…

http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/el-derecho-al-voto-de-las-mujeres/

11 de agosto de 2014

Mujeres en defensa del ambiente.



Aleta Baun, es una ambientalista de Indonesia a la que le gusta usar un pañuelo colorido sobre su cabeza porque representa a la selva, que es el alma del pueblo mollo, que ocupa Timor Occidental, parte de la provincia de Nusatengara Oriental. Pero Mama Aleta, como la conocen en su comunidad, no es la única.
“La selva es la vida de mi pueblo, los árboles son como los poros de nuestra piel, el agua es como la sangre que nos corre por dentro y la selva es la madre de esta tribu”, dijo Aleta a IPS.
Esta ganadora del Premio Ambiental Goldman 2013, es parte de un movimiento internacional creciente que se opone a la destrucción del ambiente y que está encabezado por mujeres indígenas pobres del medio rural.
Durante años, Aleta encabezó la lucha de su pueblo para evitar que las compañías mineras destruyeran la selva que rodea el monte Mutis, en Timor Occidental.
Desde hace tiempo, el pueblo mollo vive en armonía con la selva, depende de su suelo fértil y usan colorantes naturales de plantas que cosecha especialmente para tejer, un arte que las mujeres de este grupo étnico cultivan desde hace siglos.
En la década de los años 80, las corporaciones que buscaban mármol consiguieron permisos de autoridades locales y comenzaron a extraer y deforestar vastas extensiones de tierra, lo que generó deslaves y una enorme contaminación de los ríos de Timor Occidental, que nacen en el monte Mutis.
La población que vivía río abajo sufrió las consecuencias de esas operaciones y las consideraron un atentado contra su modo de vida.
Mama Aleta y otras tres indígenas mollos comenzaron a trasladarse a pie de una aldea a la otra generando conciencia sobre las consecuencias ambientales de la minería. En uno de esos viajes, en 2006, fue acuchillada por unos hombres que la habían estado esperando. Pero eso no la desanimó.
La iniciativa terminó con una movilización pacífica en la montaña, en la que Aleta encabezó un grupo de 150 mujeres que se sentaron en silencio en la mina y sus alrededores agitando su vestimenta tradicional en protesta por la destrucción.
“Queríamos explicarles que lo que hacían era como desnudarnos; dejaban desnuda a la selva al cortar los árboles”, indicó.
año después, las compañías mineras debieron cancelar las operaciones en cuatro sitios dentro del territorio mollo y, luego, abandonar definitivamente el proyecto.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) estima que las mujeres representan uno de los grupos más vulnerables a las consecuencias de eventos climáticos extremos.
Además, las agricultoras de pequeña escala (unas 560 millones de personas en el mundo) producen entre 45 y 80 por ciento del alimento que se consume a escala global, mientras las campesinas pobres, en especial en Asia y África subsahariana, destinan unas 200 millones de horas al día a buscar agua, según ONU Mujeres. Cualquier cambio en su ambiente, lo sienten mucho, remarcaron especialistas.
Mujeres ordinarias logran hazañas extraordinarias
En el oriental estado indio de Jharkhand, Suryamani Bhagat, fundadora del centro cultura y derechos indígenas Torang, trabaja con otras mujeres en Kotari, su aldea, para proteger la selva.
En el marco del Movimiento Jharkhand para Salvar la Selva (conocido como Jharkhand Jangal Bachao Andolan), Bhagat reunió a unas 15 mujeres adivasis para protestar contra un funcionario del estado que quería plantar árboles con fines comerciales y que no conservaban la biodiversidad ni servían para el consumo de la población local.
Las mujeres fueron a la comisaría, junto con sus hijos, maridos y ancianos, y comenzaron a comer guayabas, tras lo cual anunciaron a los oficiales de turno que solo querían árboles que beneficiaran a la comunidad.
En otro incidente, cuando la policía quiso detener a varias lideresas, entre las que estaba Bhagat, las mujeres anunciaron que irían voluntariamente, pero solo si las arrestaban con sus hijos y animales, pues las necesitaban para cuidarlos, con lo que desbarataron las intenciones de los agentes.
Ahora las mujeres patrullan la selva y se aseguran de que nadie corte más madera que la necesaria. Bhagat cree que ser mujer la benefició en la situación que vivió en el distrito de Ranchi, en Jharkhand.
“Si fuera un hombre, ya me hubieran detenido y encarcelado”, explicó a IPS. “Pero como las mujeres nos mantenemos juntas, los policías no quieren actuar así”, añadió.
A unos 7.000 kilómetros de distancia, en Papúa Nueva Guinea, Ursula Rakova encabeza un movimiento que lucha por proteger al atolón de Carteret de los efectos devastadores del cambio climático.
En esa diminuta isla de 0,6 kilómetros cuadrados, con una elevación máxima de 1,5 metros, desde hace casi 20 años, la población local sufre el aumento del nivel del mar, que penetró en el suelo, arrastró sus casas e imposibilitó la agricultura.
Con pronósticos que indican que el atolón podría quedar totalmente sumergido tan pronto como en 2015, Rakova dejó un empleo pago en la vecina isla de Bougainville y regresó a Carteret, donde ayudó a fundar Tulele Peisa, una organización dedicada a planificar e implementar la reubicación voluntaria de sus residentes ante la inacción de las autoridades.
“Es mi isla, mi pueblo, no los voy a abandonar”, explicó a IPS. “Es nuestro estilo de vida que se hunde en el mar”, añadió.
Michael Mazgaonkar, coordinador y asesor del Global Greengrants Fund (GGF), dijo a IPS que eso no es nuevo, las mujeres siempre han desempeñado un papel integral en la protección del ambiente. La novedad es su creciente y fuerte presencia en el ámbito global como intrépidas defensoras y protectoras del ambiente.
“La expansión del papel de las mujeres como lideresas climáticas ha sido gradual”, explicó Mazgaonkar. “En algunos casos han sido impulsoras porque no les quedó más remedio que pasar a la acción, y en otros, voluntarias para desempeñar un papel de liderazgo”, añadió.
El resultado concreto de cada iniciativa es incierto, pero lo seguro es que el mundo “seguirá viendo cómo asumen un papel más prominente”, remarcó.
La directora ejecutiva del GGF, Terry Odendahl, cree que los “hombres hacen un trabajo igualmente importante”, pero “históricamente las mujeres fueron subestimadas, igual que el papel que desempeñaban. Debemos crear un espacio para escuchar sus voces”, subrayó.
“Si ampliamos las opciones para las mujeres, podemos mejorar el nefasto problema ambiental que afrontamos”, concluyó.

Por Amantha Perera
http://www.ipsnoticias.net/2014/08/mujeres-saltan-a-primer-plano-en-defensa-del-ambiente/

22 de julio de 2014

22 de julio Día Internacional del Trabajo Doméstico.


 22 de julio, Día Internacional del Trabajo Doméstico, las presentes notas tienen la intención de instalar algunas conjeturas -no sin preocupación- en torno a las nuevas servidumbres feminizadas en nuestras sociedades a partir de un sector laboral paradigmático: el del trabajo doméstico remunerado. Todo con la intención de continuar profundizando en una crítica radical a la domesticidad.

Marcos A nivel mundial, el empleo doméstico (entendiendo por domus casa), también llamado empleo en casas particulares, en casas de familia, en el hogar o trabajo doméstico remunerado (que incluye tareas domésticas y/o de cuidados), posee en general regulaciones específicas de carácter discriminatorio respecto del resto de empleos. A su vez, se trata de uno de los sectores con mayores índices de informalidad e invisibilidad. El 95% de los/las trabajadores/as domésticos/as remunerados son mujeres, variando muy levemente el porcentaje según el lugar. Además, dependiendo de la localización, quienes trabajan en este sector poseen «marcas» etnorraciales, de clases y de estatus migratorio que conectan a esta labor con antiguas modalidades de servidumbre.
En dicho contexto, vemos que en los últimos años hay un gran interés tanto desde los sectores académicos, activistas feministas como sindicales por visibilizar este trabajo en sus dimensiones remuneradas y no remuneradas, dando cuenta de la multiplicidad de factores que lo traman y lo producen como un trabajo infravalorado, razón por la cual se han activado diversas estrategias de reconocimiento, de redistribución y de transformación radical.
En el plano internacional, específicamente en materia de trabajo doméstico remunerado, es de destacar el Convenio 189/2011 (OIT - Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos) y la recomendación 201/2011, instrumentos jurídicos que han sido fundamentales para crear un marco jurídico global. No sin dificultades, varios países van ratificándolos y asumiendo los compromisos que ello acarrea. En este clima jurídico, se están produciendo nuevas regulaciones estatales que, sea vía la inclusión de este sector en los códigos de trabajo (por ejemplo en Costa Rica), sea vía regímenes especiales más garantistas y próximos a las regulaciones laborales comunes (por ejemplo, en Argentina), presentan cambios sustanciales en la materia que se traducen en mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, las nuevas normativas tanto internacionales como estatales, que no obstante celebramos, no significan necesariamente cambios en las significaciones y prácticas de este empleo, sino que habrá que activar otros sentidos tanto en los dispositivos jurídicos como en las discursividades sociales en sentido amplio para disputar y modificar las matrices que lo producen como tal.
b- Feminización, precariedad, nuevas servidumbres Uno de los sectores laborales paradigmáticos que se observan dentro de los procesos de feminización del trabajo, entendida como precarización del trabajo por la subvaloración de lo femenino como significante (Lerussi, 2014), es el del sector doméstico y de cuidados, y como parte de las nuevas servidumbres feminizadas (Spivak, 2006).
En este sentido, a pesar de que la tendencia actual en el sector doméstico y de cuidados es el régimen de trabajo «puertas afuera», sea por jornada completa (8 horas) o por horas, aún existen un sinnúmero de trabajadoras con una fuerte presencia de mujeres migrantes- que laboran bajo la modalidad «puertas adentro» o «sin retiro». En este caso, la trabajadora vive donde trabaja, brindando muchas veces un servicio prácticamente ininterrumpido (lo cual propicia situaciones de explotación laboral), carente en innumerables casos de una clara separación entre «trabajo» y «vida personal» (lo cual muchas veces restringe el derecho a la intimidad de la trabajadora), y en un sector laboral en donde las inspecciones del trabajo estatales son prácticamente nulas (lo cual facilita la invisibilización de toda clase de infracciones y de violencias, muchas de las cuales podrían configurarse en verdaderos delitos). Situaciones todas que en ocasiones pueden ser precursoras o constitutivas de ciertas modalidades de servidumbres domésticas, necesarias de ser reconocidas y denunciadas en las instancias judiciales así como acompañadas desde las organizaciones feministas y sindicales del sector, en articulación con otros sindicatos y movimientos sociales emancipatorios.
c- Estrategias Por lo dicho, entendemos que las estrategias relativas al trabajo doméstico remunerado deberían centrarse en:
El reconocimiento de derechos laborales de máxima para las trabajadoras en casas particulares en todo el mundo, en su mayoría mujeres trabajadoras en un sector que hemos caracterizado con anterioridad como infravalorado.
La exigencia de la garantía y protección por parte del Estado de las condiciones laborales, sobre todo en lo atinente a la inspección del lugar de trabajo, donde prime no el derecho a la intimidad de la parte empleadora, sino los derechos laborales de la parte trabajadora. El lugar de trabajo considerado espacio de la intimidad y la privacidad para algunos/as, es para la trabajadora espacio laboral: sus derechos deben ser garantizados y protegidos.
El total cumplimiento de las obligaciones de la parte empleadora en condiciones de máxima.
La continua reflexión y el permanente activismo crítico respecto de la actual organización de nuestras comunidades predominantemente capitalistas, clasistas, heteropatriarcales, sexistas y racistas, en donde el trabajo doméstico remunerado anuda de manera visceral, y a veces hasta brutal, un sinnúmero de marcas de exclusión.

Referencias:
 
Lerussi, R. (2014): La retórica de la domesticidad. Política feminista, derecho y empleo doméstico en la Argentina. La Plata, EDULP/UNLP, tesis doctoral en prensa. Spivak, G. (2006): ¿"Porqué los estudios de mujeres?". En Bastida Rodríguez, P. y Rodríguez González, C. (eds.) y Carrera Suárez, I. (coord.), 2010, Nación, diversidad y género: perspectivas críticas. Barcelona, Anthropos, pp. 15 40.
http://www.ciem.ucr.ac.cr/spip.php?article182

21 de julio de 2014

Mejor casada que violada.


Los casamientos de niñas menores en los campos de refugiados sirios en Jordania han aumentado ante el temor de los padres de que desconocidos abusen de ellas.
Mejor casada que violada. Es lo que piensan muchos de los padres de las niñas sirias que son forzadas a enlazarse con hombres hasta 10 años mayores que ellas en los campos de refugiados en Jordania. Consideran que tener un marido las protegerá de ser víctimas de abusos sexuales, además de aliviar la maltrecha economía familiar. Así son una boca menos que alimentar. Estas son las conclusiones del informe Demasiado jóvenes para el matrimonio publicado este jueves por Save the Children, que alerta del incremento de casamientos de menores sirias desplazadas en aquel país. También la agencia de la ONU para la infancia, Unicef, ha dado la voz de alarma sobre este problema “que ya existía en Siria antes de la guerra, pero que se ha exacerbado por la pobreza y la falta de educación”.
Un 13% de las bodas celebradas en Siria en 2011 tenían como protagonista a una novia menor de edad. El dato se ha duplicado desde entonces entre los sirios que viven en los campos de refugiados en Jordania, hasta suponer el 25% de los matrimonios en 2013. Save the Children calcula que casi la mitad de las niñas desplazadas en aquel país están casadas.
Varias causas explican este incremento, según la ONG. Los testimonios que ha recogido sobre el terreno muestran que muchos de los progenitores fuerzan a sus hijas a enlazarse alegando que es la mejor manera de protegerlas de abusos sexuales. “Si estuviéramos en Siria su padre nunca la casaría a esta edad. Es muy joven. Solo en estas circunstancias, en las que temen que sea víctimas de violaciones, la casan”, reconoce Abdullah (nombre ficticio), de 23 años, que ha contraído matrimonio con una menor de 13. Ella afirma que no se quería casar, tenía intención de acabar sus estudios y ser médico. “Pero mis padres me forzaron porque tenían miedo de que me asaltaran sexualmente. Ahora estoy embarazada y el feto está muy débil porque soy muy pequeña y mi cuerpo no está preparado para esto”, dice en un relato recogido por Save the Children en su informe.
“Las secuelas del matrimonio forzoso pueden ser tanto físicas como mentales, y a veces mortales. Las consecuencias de que las niñas comiencen a tener relaciones sexuales mientras sus cuerpos se están desarrollando pueden ser devastadoras: las menores de 15 años tienen cinco veces más posibilidades de morir en el parto que las mujeres adultas“, advierte David del Campo, director de Cooperación Internacional de la organización.
Algunos progenitores, sobre todo las madres, son conscientes de estas consecuencias gracias a la labor de sensibilización que organizaciones como Save the Children hacen en los campos de refugiados. “Me preocupo mucho por mi hija y pensé que si se casaba iba a estar bien cuidada. Aquí en el centro de actividades nos han enseñado los peligros del matrimonio infantil. Yo misma he visto el impacto que tiene en las niñas”, explica una madre que participa en uno de los programas de la ONG.
Un informe reciente de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) da cuenta de la creciente oposición de las mujeres sirias refugiadas en Jordania, Líbano y Egipto, a que sus hijas se casen. Sobre todo las que sostienen la familia sin la ayuda de un hombre porque ellos son los que normalmente acaban decantándose por el casamiento. Así, un 10% de las encuestadas con este perfil para el estudio aseguró que habían recibido proposiciones de matrimonio para sus hijas menores de edad. Todas ellas rechazaron las peticiones, según el documento, porque consideraban que eran demasiado jóvenes y querían que continuasen sus estudios. ACNUR señala, no obstante, que el fenómeno en aumento de los enlaces de niñas responde a la imagen de que “las chicas sirias son fáciles y baratas”.
Desde que me casé ya no siento nada. Bueno, eso no es del todo verdad. Me siento triste"
La situación de pobreza en la viven la mayoría de sirios refugiados en Jordania también explica el incremento de matrimonios entre pequeñas y adultos. “Reducir la presión económica, porque hay menos bocas que alimentar en el hogar, es otro de los motivos que hemos identificado”, destaca Save the Children en su informe. “Me casé obligada cuando tenía 15 años porque mi familia y yo, 10 personas, compartíamos una casa de solo dos habitaciones. Me tenía que casar. El día de la boda hubo muchas lágrimas y tristeza, en vez de alegría. Yo quería ir a la universidad de Medicina, pero tuve que dejar la escuela y nos vinimos a Jordania. Todo se destruyó”, detalla una joven de 16 años que vive en Amman en una entrevista realizada por la ONG.
El temor a que sufran abusos o la necesidad de que las chicas salgan del hogar familiar para dejar de ser una carga económica no son las únicas causas detrás de que se hayan multiplicado los matrimonios infantiles. “También hemos encontrado casos de chicas forzadas a casarse después de haber sufrido una violación para restablecer el honor familiar”, abunda el documento.
El resultado de estos casamientos, además de las secuelas físicas ya mencionadas, es que las niñas dejan de asistir a la escuela, truncando sus sueños. Las palabras que Rem (nombre supuesto), de 15 años, que casó a los seis meses de llegar al campo de refugiados de Za’atari en Jordania, son solo una muestra de ello. “Desde que me casé ya no siento nada. Bueno, eso no es del todo verdad. Me siento triste cuando veo a otras niñas de mi barrio que van al colegio. Estoy segura de que si me hubiera quedado en Siria no habría tenido que abandonar la escuela. Yo quería ser abogada. Cuando veo a mujeres que han conseguido llegar a ser médicos o abogadas, o simplemente chicas que han finalizado su educación, me apeno”.


http://elpais.com/m/elpais/2014/07/16/planeta_futuro/1405544087_631968.html

18 de julio de 2014

Justificación contemporánea de las diferencias de género.


En el siglo XVIII la aristocracia se permitió educar a sus mujeres. Se trataba de mujeres singulares, la princesa, la noble, y en una sociedad estamental el privilegio de algunas no supone el derecho de todas.
No se discute para algunas mujeres el conocimiento, porque éste queda fuera de los espacios reservados a los hombres: la política y los negocios. En el siglo XVIII admitir el desarrollo de la inteligencia de las mujeres nobles no ponía en cuestión la condición de los sexos ya que ésta pertenecía a la naturaleza y se trataba de "excepciones".
El pensamiento democrático posterior tendrá una lógica distinta; ya no se habla de una élite excepcional por la sangre sino de todas las igualmente mujeres y el reconocimiento de la capacidad para algunas significará, a partir de entonces, la aceptación para todas. Al mismo tiempo se redefinirán los espacios sociales, y la utilidad pública de las mujeres se remitirá exclusivamente al espacio privado. Rousseau, entre otros, acabará con la posibilidad de éxito público de las mujeres en la contemporaneidad. Las nuevas clases altas del XIX no tendrán dudas sobre si educar o no a sus hijas puesto que todas las mujeres ya eran iguales y se procuró que todas quedaran excluidas del bien más preciado para los hombres libres: la educación.
El pensamiento ilustrado establecía nuevos fundamentos para la convivencia: la igualdad de los seres humanos y el contrato social entre ellos. ¿Cómo es posible, a partir de este pensamiento, comprender la injusticia política derivada del sexo, sobre la que se comienzan a construir las sociedades democráticas? Para ello hay que acudir a Rousseau a la filosofía romántica (Hegel, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche) y a la ciencia positiva.
Hace tiempo se viene señalado como las democracias occidentales se construyen sobre el énfasis en la libertad en detrimento de la igualdad, conceptos que algunos ilustrados desarrollaron muy ligados entre sí, pero que chocaban con el desarrollo capitalista de las sociedades burguesas. Sin la Sofía doméstica y servil, no podría existir el Emilio libre y autónomo.
La filosofía romántica servirá a la justificación de la exclusión de las mujeres de la esfera de la igualdad, la esfera política por excelencia, "naturalizándolas", como bien expresa Amelia Valcarcel:
"Creó una esencialidad femenina fantasmática y mantuvo que tal esencialidad era precívica. Una mujer pasó a ser una hembra de la especie humana, con lo cual el conjunto del género humano se naturalizó". Así quedaba preservada la "igualdad" en la especie. Frente a la individualidad de los sujetos varones, se consideró otro colectivo de naturaleza idéntica entre sí: la mujer, lo que se afirma para una sirve para todas. Este es el rasgo principal que hace a la filosofía romántica, democrática, profundamente misógina: descalifica al colectivo completo extendiendo a todas aquellos rasgos que considera menospreciables.
Ciertas connotaciones de "complementariedad" de los sexos, para justificar las diferencias, que pueden advertirse en Rousseau y en algunos románticos, no olvidemos que son complementariedades jerárquicamente dispuestas.
En la distribución taxonómica: mujer/naturaleza, hombre/razón de las teorías normativas, no empíricas, se apoyará la ciencia positiva y legitimará con nuevas fórmulas los prejuicios.
Fueron muchas las teorías pseudocientíficas que vinieron a querer demostrar la inferioridad física y, por tanto, intelectual de las mujeres. Solo recordaré algunas como la frenología de Gall que quería demostrar la superioridad intelectual de los varones por la conformación externa del cráneo; Bischoff, que detenía el desarrollo intelectual de las mujeres a edad temprana; Moebius cuya obra denominada La inferioridad mental de la mujer, indicaba claramente, en su título, sus intenciones y centró sus argumentos en el tamaño cerebral; Kormiloff y Melassez, quisieron demostrar que la sangre de las mujeres contenía menos corpúsculos rojos, menos hemoglobina y más agua que la de los hombres; Quételet, Wisberg, Andral y Scharling, apostaron por la menor capacidad pulmonar, esquelética, fonadora, etc..., y de la inferioridad física derivaban la debilidad y situación de enfermedad crónica; Spencer se cuidó en demostrar que la actividad intelectual era incompatible con la procreación.
Las mujeres, inferiores físicamente, eran guiadas por su útero mientras los varones lo eran por su cerebro. La fisiología femenina: menstruación, embarazo, situaba a las mujeres en un estado constante de enfermedad física que iba acompañado del trastorno de sus facultades mentales y morales.
Frente a estas teorías se desarrolló, también, un discurso de la "excelencia" para legitimar la subordinación de las mujeres pero, evidentemente, las alabanzas de las cualidades creadas por un contexto patriarcal no convirtió en iguales a sus propietarias.
Este contexto de ideas sirvió, durante el siglo XIX y buena parte del XX a la justificación del mantenimiento de papeles sociales distintos y jerárquicamente ordenados de varones y mujeres y a la pervivencia, en consecuencia, de dos modelos de educación, en función de las diferencias genéricas apuntadas.
La escolarización obligatoria de las niñas que se generaliza en este siglo -en Francia la Ley Falloux (1850) exigió a todas las comunas de mas de 800 habitantes el mantenimiento de una escuela para niñas; en España la Ley Moyano (1857) obligaba al mantenimiento de una escuela de niñas cada 500 habitantes; en Finlandia, en 1866, se obliga a las comunas a mantener escuelas - , servirá a la difusión de estas diferencias legitimándolas a través de la institución escolar que mantendrá modelos educativos diferenciados para chicos y chicas.
Los valores del modelo clásico: castidad, modestia, compostura, discreción en el habla y frugalidad impregnaran los contenidos de aprendizaje en los contenidos para chicas. Pero, frente a la educación de "adorno" se hizo hincapié en la de "utilidad doméstica" y las "labores propias del sexo" se convirtieron en el eje de la formación escolar de las mujeres durante muchos años.
Esta denominación de "labores propias del sexo" asociadas, en su origen, a la "aguja" -ampliada posteriormente a lo que la sociedad de ellas fue reclamando- distrae y oculta, en definitiva, lo que es sin duda el contenido fundamental de estos aprendizajes: el servicio, la contribución abnegada y gratuita de las mujeres a la felicidad de los otros. La denominación de "labores" a estas asignaturas específicas sirvió para que no se olvidara que se trataba de un servicio que debían asumir como propio, presentando estos trabajos como algo consustancial al hecho de haber nacido mujer.

http://html.rincondelvago.com/derechos-de-la-mujer.html