9 de febrero de 2015

Tacones ufanos.



Siempre pensé que los tacones altos en las mujeres se asemejaban a la ceremonia de elevar a los altares a las que decidían usarlos. Me seducía el rechazo de la aceptación servil de la realidad fisiológica cuando imponía una determinada estatura. Y, sobre todo, llevar tacones altos equivalía a una operación estética ésta sí de gran envergadura, como alterar la estatura de una persona sin tocar para nada su anatomía. Ya sé; el uso prolongado de los tacones provoca cierto desgaste muscular, pero, al igual que ocurre con los semáforos o los interruptores, hay unas veces que están activados y otras, parados o de color distinto. No pasa nada. En los últimos años, no obstante, los tacones altos me han abierto nuevos y fascinantes interrogantes. Siempre me quedo atónito estoy seguro de que a muchos de mis lectores les habrá ocurrido lo mismo cuando, rodeado en la calle por multitud de hombres que deambulan cabizbajos, con ciertos rasgos heredados del antecesor común que compartimos con los chimpancés, se nos cruza de pronto una mujer con tacones altos y mucha marcha. Su caminar es tan rápido que nos deja rápidamente atrás a todos los descendientes del antecesor común del chimpancé y nosotros. En este caso, la intuición me engañó, a pesar de haberla defendido sin cesar como fuente del conocimiento tan válida como la razón; el hecho es que, pensé para mí, el organismo de la mujer disponía de más energía que el de los hombres. No he podido corroborarlo, aunque cualquier aclaración de mis lectores al respecto será bienvenida para el bien de todos, mujeres y hombres.
¿Debo tomar seriamente la sugerencia de una de las neurólogas de Stanford, Estados Unidos, más reconocidas en materia de análisis diferencial entre organismos femeninos y masculinos, incluido el cerebro? Louann Brizendine no lo dudó ni un instante; tras escuchar con una sonrisa mi explicación sobre el comportamiento no idéntico de los dos sexos, sentenció muy seriamente: "Con los tacones tan altos tiendes a caerte hacia delante y, para impedirlo, aceleras la marcha. Vamos más deprisa para no caernos".
Si, en lugar de buscar respuestas a preguntas que no las tienen, miramos lo que está ocurriendo en el mundo, descubrimos muchos procesos que indican una situación muy parecida. Amigas y amigos antropólogos especializados en estudiar el comportamiento de mujeres y hombres en las nuevas y populosas ciudades del mundo São Paulo o Los Ángeles, por ejemplo coinciden en apuntar que las mujeres jóvenes ganan a los hombres jóvenes, no sólo en las clases de la enseñanza media y la universidad, sino también en nuevas disciplinas, como el trabajo en equipo cooperativo; en profesiones relacionadas con la física de las que estaban ausentes en mayor porcentaje las mujeres; e incluso en el trabajo, ganando más concursos o en el matrimonio porque rechazan más ofertas.
En 2010 se celebró el vigésimo quinto aniversario de la entrada de España y Portugal en la Unión Europea. Los Reyes invitaron a todos los que de una manera u otra habíamos participado en la apertura al exterior de este país, enclaustrado hasta entonces. De unos doscientos cincuenta invitados, no había más de diez mujeres y la mayoría eran miembros del Gobierno actual. Fue un rito afable y agradecido que los de ahora recordaran a los que aspirábamos entonces a una España abierta al mundo, pero la celebración en Palacio me trajo a la memoria mi conversación con la neuróloga Brizendine sobre los tacones altos de las mujeres y la diferenciación energética entre los dos sexos. Aquella fotografía del pasado era el reverso de lo que está ocurriendo ahora.

Autor: Eduard Punset - Redes para la Ciencia
http://www.eduardpunset.es/6891/general/tacones-ufanos

4 de febrero de 2015

LAS CONSTRUCCIONES SOCIALES Y “EL CUERPO VIVIDO”.


 



 
 
A pesar de la utilidad de distinguir entre sexo y género, y entre los términos
 
female y feminine, puede que no baste con el mero reconocimiento del


"género" como construcción social. De hecho, la distinción entre sexo y

género puede depender de una aceptación nada crítica de la dicotomía

entre naturaleza y cultura, que considera el cuerpo como entidad fija. Por

lo tanto, podemos infravalorar el impacto que tienen en nuestra experiencia

física del mundo las prácticas institucionales de socialización y culturización,

es decir, nuestras costumbres cotidianas.

Las limitaciones de considerar fundamentalmente el género como una

construcción social se plasman en su incapacidad de reconocer la realidad

material de ser mujer u hombre en un contexto organizativo. En este aspecto,

es de un valor incalculable el trabajo de feministas como Judith Butler,

Iris Marion Young y Elizabeth Grosz, que nos ayudan a comprender que,

aunque admitamos fácilmente que el género es una construcción social

consolidada a través de los discursos y prácticas, no debemos infravalorar

el hecho de que estos discursos y prácticas tienen un efecto muy real en el
 
cuerpo. Judith Butler (1990), en su obra Gender Trouble, argumentó de forma


convincente que el género es una actuación social y que el cuerpo

sexuado se deriva de la misma. Por tanto, el género no es solo un término

lingüístico empleado para referirse a las percepciones socioculturales, sino

que se desenvuelve en el marco de las prácticas de la vida real, y como tal,

los cambios físicos y ajustes del comportamiento corporal se producen

gradualmente a lo largo del tiempo.

En su ensayo "Throwing like a girl", Iris Young (2005) argumenta de manera

convincente que la forma en la que las mujeres utilizan sus cuerpos, o desarrollan

sus habilidades fisicomotoras, depende totalmente de cómo las hayan

orientado físicamente en el mundo desde edades muy tempranas. A las niñas

se les suele decir que son frágiles, que pueden lastimarse más fácilmente que

los niños, que deben buscar ayuda cuando se enfrenten a un desafío físico, o

incluso evitarlo por completo. Por tanto, su experiencia del mundo es la de un

lugar más amenazante, lo que a su vez las lleva a adoptar un tipo de comportamiento

corporal particular, como, por ejemplo, juntar mucho las piernas al

sentarse o andar, cruzar los brazos sobre sus pechos a modo de protección o

llevar los objetos pegados a sus cuerpos. Asimismo, desarrollan unos patrones

más de cooperación que de competición. Estas prácticas no son de

carácter meramente social, sino que provocan cambios reales en los cuerpos

de las mujeres y en su forma de estar en el mundo.

Sin embargo, esto no debe llevarnos necesariamente a sacar conclusiones

deterministas o esencialistas sobre los hombres y las mujeres. Young (2005)

sugiere que debemos comprender la interacción entre la facticidad y la libertad.

La facticidad se refiere a aquellas características y predisposiciones biológicas

con las que nacemos, y que desarrollamos como parte de nuestra

existencia física a lo largo del tiempo, mientras que en la libertad están implicados

aquellos proyectos que nos proponemos conseguir durante nuestras

vidas. Ambos conceptos juegan un papel en nuestra experiencia y nuestras

acciones en el mundo. Young (2005) utiliza la alternativa de Toril Moi a la

construcción de género: el denominado "cuerpo vivido". Dicha autora lo define

como: "una idea unificada de cuerpo físico que actúa y experimenta en un

determinado contexto sociocultural; se trata del "cuerpo in situ". Moi cuestiona

la claridad de la distinción entre naturaleza y cultura, argumentando que

el cuerpo vivido siempre está culturizado. Según Young, cada persona tiene

libertad ontológica para responder ante su facticidad, para construir y expresarse

a través de sus proyectos. Gracias a sus logros, le resulta posible transformar

su entorno y sus relaciones, muchas veces colaborando con otras personas.

Sin embargo, la desafortunada realidad es que muchas personas viven

situaciones en las que su entorno les hace sentirse muy incómodas.

La construcción del "cuerpo vivido" nos ofrece muchas ventajas: socava la

dicotomía de naturaleza frente a cultura, además de llevarnos más allá de

los binomios esencialistas de género mediante la creación de espacios para

la libertad ontológica que podrían funcionar en el diseño de nuestro proyecto

o proyectos de vida. No obstante, Young sostiene que esto no conlleva

que debamos abandonar el concepto de género, dado que este juega un

importante papel en las estructuras sociales, y tiene grandes implicaciones

para la creación o el recorte de las libertades de las personas a la hora de

desarrollar sus proyectos vitales. El "género" es una herramienta conceptual

que nos permite describir y diagnosticar la forma de institucionalizar

las diferencias entre hombres y mujeres, y las relaciones entre ellos. En

este contexto, se crea además el espacio conceptual desde cuyo interior se

puede plantar cara a estos estereotipos.

Lo importante de combinar la construcción del cuerpo vivido con el concepto

de género es que nos permite plantear una serie de cuestiones a

varios niveles. Por una parte, las construcciones de género nos ayudan

a desenvolver los supuestos que respaldan ciertas expectativas de liderazgo

existentes en las empresas, además de los prejuicios que conllevan. Lo

que podemos descubrir es que se asocia una serie de binomios en los cuerpos

de hombres y mujeres de tal manera que se dificulta en gran medida

que los individuos puedan desarrollar patrones más allá de los moldes de

género estereotipados. Sin embargo, si no tuviésemos la categoría de género,

resultaría casi imposible diagnosticar el problema y describirlo de

manera significativa. Para describir cómo actúan en la práctica debemos

remitirnos a los estereotipos de género del hombre/mujer. Las descripciones

de esta índole permiten que surja la resistencia. Por tanto, sería interesante

profundizar en la forma en la que los rasgos masculinos y femeninos

se manifiestan dentro de los papeles de liderazgo institucional, con el fin de

analizar los supuestos y los prejuicios que lo respaldan. Esto podría permitirnos

explorar diferentes modelos y prácticas para modificar gradualmente

la experiencia vivida tanto de hombres como de mujeres.



http://www.juntadeandalucia.es/economiayhacienda/planif_presup/genero/documentacion/Genero_liderazgo_y_organizacion.pdf
 
 






 

 

28 de enero de 2015

'Gigi', de la polémica escritora francesa Colette, vuelve a ser editada en español.



La escritora Sidonie Gabrielle Colette (1873-1954) retrató con gran sensibilidad y con una visión crítica el París que la rodeaba. Su obra no fue ajena a la condición femenina que se movía entre la estrechez económica y la ligereza moral, la cual plasmó en 'Gigi' (1944), una de sus principales creaciones.
La editorial Veintisieteletras ha reeditado esta obra, como parte de la colección Las letras imaginarias. Publicada originalmente en 1945, esta nueva traducción de José María Solé salvaguarda la frescura e irreverencia del texto original y rescata las menciones que fueron omitidas en versiones anteriores.
'Gigi' narra la vida de una joven que es criada por su madre, su abuela y su tía, quienes la educan para hacer de ella la digna esposa de un adinerado azucarero. A Gilberte, como a la misma Colette, le repugnan esas poses que considera hipócritas. Así, en un estilo irónico y retador para la época, Colette va desengranando las claves de una sociedad de buenos modales pero de falsos discursos.
En el mundo de Gigi la seriedad de la vida consiste en la filosofía inculcada por su familia: "Prohibido leer novelas; produce melancolía. Prohibido empolvarse la nariz; estropea el cutis. Prohibido ponerse corsé; estropea el talle. Prohibido conocer a las familias de las compañeras de clase, especialmente a los padres que van a buscar a sus hijas a la salida".
Además de la aguda y constante crítica a la sociedad de las apariencias, en 'Gigi' destaca la sensualidad del lenguaje, característico de la autora, así como la precisión de sus palabras con las que describe su entorno.
En 'Gigi', como en otros escritos, Colette utiliza elementos autobiográficos. La escritora, que se casó muy joven y que fue juzgada por sus amoríos con mujeres y hombres, censura en su obra los valores de su época: "Es extraordinaria. La prueba es la reputación que tiene. La reputación y el triunfo no son efectos del azar".
La repercusión de 'Gigi' fue tan importante en su momento que, tres años después de su publicación, se adaptó al cine y se transformó en una obra de teatro en Broadway.
Relacionada con figuras como Cocteau, Proust, Picasso, Jarry, Simone de Beauvoir, Schowb o Genet, Colette es una de las autoras francesas más influyentes de su época. Fue novelista, actriz, guionista, empresaria, miembro de la Real Academia de Bélgica y de la Academia de Goncourt. A su muerte, el 3 de agosto de 1954, recibió honores de Estado.
Entre sus numerosos títulos se encuentran: 'Claudine en París' (1901), 'Claudine y el matrimonio' (1902), 'Los zarcillos de la vid' (1908), 'La vagabunda' (1911), 'Las horas largas' (1917), 'Entre la multitud' (1918), 'Chéri' (1920), 'El nacimiento del día' (1928), Sido (1930), 'Mis aprendizajes' (1936), 'La estrella de la tarde' (1946) y 'El farol azul' (1949).
Veintisieteletras ha dedicado especial atención a títulos no disponibles de la cultura universal que, por su trascendencia, deberían formar parte de toda biblioteca. La colección 'Las letras imaginarias' dedicada a la narrativa incluye, entre otros escritos, 'Cruz de olvido' de Carlos Cortés y 'Malena de cinco mundos' de Ana Teresa Torres.

Por DIANA VÁZQUEZ
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/21/cultura/1208779758.html

20 de enero de 2015

La transversalidad de género o mainstreaming de género .


Cuando se hacen los análisis de las políticas públicas desde una perspectiva de género se analiza cómo estas medidas pueden, por un lado, afectar en la generación o incremento de desigualdades a causa de su aplicación, y por otro, cómo se puede promocionar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. La incorporación transversal de la perspectiva de género o mainstreaming de género supone tener en cuenta las diferentes condiciones, situaciones y necesidades de mujeres y hombres para que estas diferencias no se conviertan en desigualdades.
Si los poderes públicos quieren avanzar hacia la consecución de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres tendrán que aplicar este método de análisis en sus políticas. Por ello en este artículo se voy a dar algunos argumentos sobre la necesidad de incorporar esta perspectiva en las políticas públicas:

1. ¿Por qué es importante hacer un análisis desde la perspectiva de género en las políticas públicas?

Es importante hacer este análisis por varios motivos. Primero, porque no existe una igualdad real, se han conseguido grandes avances en la consecución de la igualdad de derecho, pero la vida diaria nos muestra muchas situaciones (laboral, trabajo doméstico, el acceso a los recursos…) en las que la desigualdad de género sigue estando presente. Segundo, porque estos análisis nos hacen conscientes y nos muestran las consecuencias de la aplicación de las políticas. Las acciones que en un primer momento pueden parecer neutras, tras su implantación pueden producir desigualdades. La información es importante para poder tomar decisiones, y el análisis desde la perspectiva de género nos proporciona una información extra para poder actuar consecuentemente en la realidad sin generar efectos adversos.

2. Mainstreaming de género: definiendo el concepto

El concepto de mainstreaming no es un término nuevo, sino que apareció en los años ’90. El mainstreaming es un palabra inglesa que significa “introducir en la corriente principal” y concretamente el mainstreaming de género hace referencia a la incorporación de la igualdad entre mujeres y hombres en las políticas públicas. En español se utilizan los términos perspectiva de género, enfoque basado en el género o transversalidad de género. El mainstreaming de género “es un proceso estratégico y permanente en la práctica cotidiana de las políticas públicas cuyo fin es el logro de la igualdad real de género”.
Algunos organismos internacionales lo definen así:

Internacional

El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) definió en 1997 el concepto de la transversalidad de la perspectiva de género como:
Transversalizar la perspectiva de género es el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles. Es una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de ellos igualmente y no se perpetúe la desigualdad. El objetivo final de la integración es conseguir la igualdad de los géneros.

Unión Europea

El término mainstreaming de género apareció por primera vez en 1991 en III Programa de Acción Comunitaria para la Igualdad de Oportunidades, en el que se define la transversalidad como:
Una política en la que los esfuerzos de promoción de la igualdad no se limitan a la ejecución de medidas específicas a favor de las mujeres, sino que se movilizan explícitamente –con vistas a la igualdad– todas las acciones y políticas.
El Grupo de Expertos/as del Consejo de Europa ha definido el mainstreaming de género como:
La (re)organización, mejora, desarrollo y evaluación de los procesos políticos para incorporar, por parte de los actores involucrados normalmente en dichos procesos, una perspectiva de igualdad de género en todos los niveles y fases de todas las políticas (1998)

3 . El respaldo normativo de la perspectiva de género:

Existe una normativa internacional, europea y estatal que obliga a la incorporación de esta perspectiva de género en las políticas públicas:

Internacional:

Las recomendaciones realizadas a nivel internacional se encuentran en la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing (1995), en la que se renovó el compromiso de la comunidad internacional para lograr la igualdad entre hombres y mujeres, y se invitó a los gobiernos y a los demás agentes a: “integrar la perspectiva de género en todas las políticas y los programas para analizar sus consecuencias en mujeres y hombres respectivamente, antes de tomar decisiones”. La nueva estrategia fue denominada “gender mainstreaming”.

Unión Europea

La UE establece específicamente en varias normativas la incorporación de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, así se especifica en el Tratado de Amsterdam y la Resolución del Consejo de 2 de diciembre de 1996. Pero la incorporación de la transversalidad de género en las directivas y recomendaciones se ha extendido a todas las políticas que establecen las instituciones y órganos de la Unión Europea. Estas dos normas fueron las primeras en mencionar la inclusión de la transversalidad de género. Más información aquí.
  • Tratado de Amsterdam
En el Tratado de Amsterdam se recoge el compromiso de tomar la igualdad entre mujeres y hombres como objetivo a integrar en todas las políticas de la Comunidad.
Artículo 2
La Comunidad tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 3 A, un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, la igualdad entre el hombre y la mujer, un crecimiento sostenible y no inflacionista, un alto grado de competitividad y de convergencia de los resultados económicos , un alto nivel de protección y de mejora de la calidad del medio ambiente, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros.
Artículo 3
En todas las actividades contempladas en el presente artículo, la Comunidad se fijará el objetivo de eliminar las desigualdades entre el hombre y la mujer y promover su igualdad.
  • Comisión Europea
En 1996 la Comisión Europea aprobó la Comunicación Integrar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el conjunto de las políticas y acciones comunitarias, en la que se que se señaló que es necesario:
Fomentar la igualdad entre los hombres y las mujeres en todas las acciones y las políticas, y ha de hacerse a todos los niveles. Eso es lo que se conoce como principio de “mainstreaming” (integración de la igualdad entre los sexos), que la Comunidad ha hecho suyo y cuya importancia decisiva se recordó durante la Conferencia de Pekín. De lo que se trata es de no limitar los esfuerzos de promoción de la igualdad a la ejecución de medidas específicas en favor de las mujeres, sino de movilizar explícitamente -con vistas a la igualdad- todas las acciones y políticas generales, teniendo en cuenta activa y visiblemente en el diseño de las mismas sus posibles efectos sobre las situaciones respectivas de los hombres y de las mujeres.

Estatal:

  • Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres
En el Título Segundo, Capítulo Primero, de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres se establecen las pautas generales de actuación de los poderes públicos en relación con la igualdad, se define el principio de transversalidad y los instrumentos para su integración en la elaboración, ejecución y aplicación de las normas. Concretamente la incorporación de la obligatoriedad de aplicar la transversalidad de género en las políticas públicas aparece en los artículos:
Artículo 15. Transversalidad del principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres.
El principio de igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres informará, con carácter transversal, la actuación de todos los Poderes Públicos. Las Administraciones públicas lo integrarán, de forma activa, en la adopción y ejecución de sus disposiciones normativas, en la definición y presupuestación de políticas públicas en todos los ámbitos y en el desarrollo del conjunto de todas sus actividades.
Artículo 19. Informes de impacto de género.
Los proyectos de disposiciones de carácter general y los planes de especial relevancia económica, social, cultural y artística que se sometan a la aprobación del Consejo de Ministros deberán incorporar un informe sobre su impacto por razón de género.
  • Ley 30/2003 sobre Medidas para incorporar la valoración de impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el Gobierno
La Ley 30/2003 sobre Medidas para incorporar la valoración de impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el Gobierno, establece la obligación de que cualquier norma o reglamento tenga que incorporar un informe de impacto de género. Así lo establecen los artículos:
Artículo primero. Modificación del artículo 22.2 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, que quedará redactado de la siguiente forma:
2. El procedimiento de elaboración de proyectos de ley a que se refiere el apartado anterior, se iniciará en el ministerio o ministerios competentes mediante la elaboración del correspondiente anteproyecto, que irá acompañado por la memoria, los estudios o informes sobre la necesidad y oportunidad del mismo, un informe sobre el impacto por razón de género de las medidas que se establecen en el mismo, así como por una memoria económica que contenga la estimación del coste a que dará lugar. En todo caso, los anteproyectos de ley habrán de ser informados por la Secretaría General Técnica.
Artículo segundo. Modificación del artículo 24.1.b) de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno con la siguiente redacción:
En todo caso, los reglamentos deberán ir acompañados de un informe sobre el impacto por razón de género de las medidas que se establecen en el mismo.

Toda la información mostrada es lo suficientemente extensa como para validar la importancia de incorporar la perspectiva de género en todas las políticas públicas, es uno de los instrumentos de los que disponemos para poder visibilizar las desigualdades de género existentes, y así poder evitarlas.

http://www.movimientosdegenero.com/articulos/perspectiva-de-genero

19 de enero de 2015

Las mujeres en el legado de Martin Luther King.


Martin Luther King inspiró al mundo entero.
"Un hombre no mide su altura en los momentos de confort, sino en los de cambio y controversia", había dicho Martin Luther King, aquel hombre que soñó un sueño y que no vivió para verlo hecho realidad. Pero sus palabras y su historia influyeron a muchos; su coraje transformó una sociedad, que no estaba dispuesta a quedarse callada.
Muchas personas vivieron y murieron poniendo en práctica las enseñanzas de Martin Luther King, pero hay algunos nombres que se destacan; que agarraron vuelo y resuenan constantemente en las páginas de la historia de Estados Unidos. Especialmente tres. Tres mujeres que se impusieron, con valentía e inteligencia, y lograron cambiar el destino y los prejuicios de un país entero.
Cuando pensamos en el Movimiento por los Derechos Civiles de los Afroamericanos, es inevitable acordarse de Rosa Parks, una costurera negra de Montgomery, Alabama, que fue arrestada cuando se negó a cederle su asiento a un hombre blanco en el colectivo.
Fue una defensora empedernida de los derechos civiles, y vivía en una época en la que la gente de color no podía sentarse en la parte de adelante del colectivo, no podía usar los mismos baños que los blancos, ni mandar a sus hijos a las mismas escuelas.

Fue asesora de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), para promover el bienestar y la igualdad étnica. Su muestra de valentía en aquel colectivo fue el aleteo de mariposa que crearía un huracán, con el histórico fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1956, que prohibió la segregación en transporte público.
Delores Tucker también removió el tablero. Fue activista y trabajó durante un tiempo con Martin Luther King. Era mujer y negra, y dedicó su vida a la lucha por los derechos de las minorías. Impulsó la Comisión de Condición Jurídica y Social de la Mujer e hizo de la participación política una prioridad fundamental de su causa: puso en marcha el método de votación por correo y bajó la edad de participación a 18 años.
Denunció cosas de su cultura de las que se avergonzaba, como las letras de rap y hip hop denigrantes hacia la mujer o su contenido sexual insultante hacia su género.
 

Y no se puede dejar de hablar de Constance de Baker Motley, incansable participante del movimiento, y defensora acérrima de los derechos civiles. Se interesó en el derecho desde temprano, y su formación como abogada estuvo a cargo también de algunos de los juristas más liberales de la época.
En 1950 fue la primera mujer redactora de casos dirigidos a la Corte Suprema de Estados Unidos, y logró que James Meredith fuera el primer chico negro en ir a la Universidad de Mississippi. Fue jueza, senadora y hasta presidente del condado de Manhattan. Apuntó alto, y sobrepasó sus metas.

16 de enero de 2015

Mujeres y salud mental: Síndrome de la invisibilidad femenina.



Durante muchos años, las mujeres hemos sido seres humanos con la misión de satisfacer los deseos y necesidades de las otras y los otros, sobre todo de esos otros a quienes se les ha otorgado un poder, y por ende, nos hemos convertido, según la doctora Carme Valls Llobet en "fantasmas de nuestras propias necesidades y deseos", lo que nos ha vuelto invisibles.
Esta enfermedad social, a la que he llamado "síndrome de la invisibilidad femenina", ha estado presente en la historia de la humanidad y nos ha llevado a ser excluidas de muchos contextos sociales importantes, como el de la salud, donde podríamos convertirnos en personajes principales de nuestros propios procesos de atención, especialmente en lo que a salud mental y emocional se refiere.
Es a las mujeres a quienes la mayoría de las veces se nos dificulta identificar y nombrar nuestro propio dolor, ya que nos hemos acostumbrado a él y lo hemos soportado como si fuera parte intrínseca de nuestra naturaleza, de tal manera que se vuelve imperceptible para nosotras mismas.
La percepción de nuestra realidad, de nuestro estado de salud subjetivo, de todo lo que existe en el exterior, va a depender de las creencias y actitudes que tenemos, que están siempre condicionadas por la cultura, la familia, la raza y la religión. El medio que nos rodea puede ser positivo para desarrollar una sana salud mental o negativo si en lugar de recibir confianza, fuerza y autoestima, se nos limita nuestro valor social y se nos exige cumplir con modelos de vida y formas de pensar que son ajenas a nuestra personalidad.
¿Cómo hacer para visibilizar ante nosotras y ante las y los demás los síntomas que afectan nuestra salud mental y emocional?
Por supuesto que no existen recetas; podríamos pensar en la posibilidad y capacidad que tenemos las mujeres para desarrollarnos como seres humanos autónomos; sin embargo, esta autonomía en el terreno de la salud mental y emocional se desarrolla de manera lenta y con mayor dificultad, debido a que tanto nuestra mente como nuestras emociones requieren de un ambiente positivo para desarrollarse y necesitan estar rodeadas de amor, cariño y afecto para crecer y sentirse en armonía, lo que no siempre es fácil lograr.
Las culturas, los dogmas religiosos, las costumbres opresivas que obligan a las personas -especialmente a las mujeres- a seguir ciertos mandatos contra sus propios deseos, (alejándolas de las sensaciones de su cuerpo, haciendo que su compartimiento se rija con el parámetro del pecado y por consecuencia dejándolas con una sensación de culpa), representan un riesgo grave para su salud emocional e incluso para su salud física.
La salud mental y emocional de las mujeres podrá estar equilibrada y se desarrollará plena y en armonía si cada una de nosotras desarrollamos nuestras capacidades, estimulándolas, sin imitar modelos externos.
Me parece que esta autonomía emocional, y por tanto nuestra salud mental, puede empezar desarrollando una identidad propia, que no intente imitaciones de estereotipos de lo que es ser mujer y que no nos permitamos ser influidas por las ideas que la sociedad tiene sobre estas diferencias.
Todo ello seguido del fortalecimiento de nuestra autoestima basado en el conocimiento profundo de nuestras capacidades y de nuestros deseos, sin depender de la opinión de los y las demás ni de su aprobación; lo que resultará en una actitud de vida que nos lleve a superar obstáculos al identificar los riesgos y enfrentarlos sin seguir ningún modelo de perfección más que el ser fieles a nosotras mismas.
La anterior no es una propuesta fácil de llevar a cabo sabiendo que somos parte de una sociedad sexista y patriarcal, en donde todo objeto o persona -niña, niño o mujer, adulta o mayor- "sin valor" se hace invisible. Cuanto más se descalifica a un ser humano y cuando hace suya esa descalificación, siente que no existe, se hace invisible para las y los demás y peor aún se hace invisible para sí misma.
El camino hacia la libertad personal de las mujeres y hacia su visibilidad puede hacer que su autoestima crezca y se fortalezca. Para este camino no existen modelos ni normas, sino un proceso de trabajo interno arduo y profundo, acompañado por una o un profesional de la salud mental que haya trabajado y siga trabajando consigo misma sus propios mandatos de género y que con ética y sensibilidad acompañará el camino de las mujeres hacia su libertad.
Alejandra Buggs Lomelí es Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial y especialista en Estudios de Género.
 
Por: Alejandra Buggs Lomeli*
 
 
 


 

15 de enero de 2015

Mujeres indígenas, heroínas cotidianas.



Llegar a Pucallpa es sentir de inmediato el olor a tierra mojada, la humedad que se cuela por la piel y la velocidad con que transitan los mototaxis en una pujante ciudad de la amazonía peruana. El pueblo shipibo es el más numeroso de la provincia, un pueblo de hombres y mujeres alegres, de mirada brillantte, cuyo idioma sonoro llena el espacio en que nos encontramos intentando que alguna palabra en castellano se filtre y nos ayude a conectarnos con lo que dicen para entrar, también, un poquito en su pensamiento.
Estamos en un encuentro para hablar de derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, en un territorio en el que las mujeres indígenas viven aún múltiples vulneraciones de derechos y de discriminaciones tanto por su género por la pertenencia a su pueblo, lo que las lleva a intentar esconderla cuando llegan a las ciudades para no sentir la agresión como lo testimonia una participante al narrar cómo la miran y los comentarios agresivos para ella que se hacen en el bus cuando habla su idioma. Es una chama   cuenta que le dicen, porque aunque en Lima vemos a mujeres shipibas vistiendo su vestimenta tradicional y vendiendo sus artesanías, no es la vestimenta que utilizan al salir a las ciudades desde sus comunidades.
La consulta previa es el tema de mayor interés, especialmente por la presencia de industrias extractivas que saben deben consultarles, pero no conocen mucho del proceso y de cómo ellas pueden participar en estos espacios, especialmente considerando que van los representantes de las comunidades, que son sobre todo hombres. Por ello, cuando hablamos de los derechos de las mujeres a participar miran con orgullo a la lideresa ashaninka de Kametsa Kepatsi, que es presidenta de su comunidad, pues saben que ella llevará también la voz de las mujeres en los procesos participativos. “A veces por el temor no participamos de repente vas a hablar mal o se van a burlar, nos recelamos delante de las mujeres que más hablan, tenemos temor de hablar fuera del tema”, dice una de ellas al intentar explicar las limitaciones que sienten para participar en los espacios públicos.
Esta no es una historia nueva, lamentablemente; es la misma historia que podemos encontrar en miles y miles de mujeres rurales en el país, más aún las mujeres indígenas que se ven limitadas a participar en los diferentes espacios por temor a no sentirse preparadas, por el miedo a la burla y a ser por enémisa vez discriminadas y eso no lo quiere nadie, ni ellas ni ninguna de nosotras.
Para las mujeres indígenas amazónicas la preocupación por lo que pasará con sus territorios, con su bosque, con sus vidas y culturas es enorme en contextos en los que, como lo señala el diagnóstico de brechas de genero realizado por PRODES y el MIMPV, “la presencia importante de industrias extractivas en el territorio y los impactos diferenciados en hombres y mujeres en la distribución de costos y beneficios, se agrava debido a la escasa presencia del Estado para ejercer acciones de control y conservación de los recursos naturales, por lo que la tala indiscriminada y la quema de bosques afecta directamente los principales medios de subsistencia que las mujeres rurales requieren para sus familias. Pocas mujeres indígenas que viven en zonas rurales tienen acceso a información relevante sobre las actividades extractivas (por ejemplo, en la distribución de beneficios) y generalmente sufren directamente sus efectos en la salud de ellas y sus familias debido a la contaminación del agua y los bosques”, reza el documento.
Y no es solamente los beneficios que pudieran tener de los proyectos extractivos la preocupación, vale señalar; sino el impacto que tendrá esto en sus condiciones de vida y en el futuro de sus pueblos, pues es en su territorio en donde se reproduce su cultura, en donde se sigue creando y recreando los conocimientos. Por ello, si es que la necesidad de saber cómo participar en las consultas les resulta imperiosa, qué va a pasar con los árboles y sus semillas que utilizan tanto en la elaboración de sus artesanías, con sus plantas y raíces que les sirven para curarse, con las aves que habitan el bosque y que como los chicuas les anuncian buenas y malas noticias, qué pasará con los cuatro mundos que forman parte de la cosmvisión del pueblo shipibo, es lo que se expresa en la preocupación tan fuerte por el territorio, explicándose entonces que pese a la importancia de que se consulten también medidas administrativas y legislativas, la principal preocupación es lo que implica la consulta por los proyectos extractivos.
Preocupaciones similares son las que llevaron a la lideresa ashaninka Ruth Buendía a liderar la lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Pakitzapango que formaba parte del acuerdo energético Perú-Brasil y que incluía la construcción de otras cuatro grandes represas, cuyo impacto iba a ser terrible para el pueblo ashaninka, tanto porque el lugar que se pensaba inundar es donde para los asháninkas surgieron todos los pueblos de la amazonía, como porque la concesión otorgada a la hidroeléctrica Paquitzapango Energía SAC, se ubicaba sobre el territorio de 33 asentamientos y 18 comunidades asháninkas de los distritos de Río Tambo, Pangoa y Mazamari e implicaría un embalse que abarcaría 73 mil hectáreas, por lo que se tendrían que desplazar a unas 10 mil personas, la mayoría asháninkas. Ardua lucha de la lideresa que ha sido reconocida como de las seis heroínas y héroes ambientales a nivel mundial y premiada por la Fundación Ambiental Goldman. El premio ha valido que recién mucha prensa le dé espacio a esta lideresa ashaninka, cuando en los momentos de lucha, muchos de ellos no le quisieron abrir sus puertas considerando que era más bien un obstáculo para la sacrosanta inversión.
La importancia de este premio no radica únicamente en el reconocimiento a la lucha de una mujer por la sobreviviencia de su pueblo, sino que es la expresión de que las preocupaciones de las mujeres y hombres indígenas como con quienes estamos compartiendo es profundamente válida y que sus voces, sus posiciones y sus derechos deben ser respetados por las empresas, por los diferentes actores externos y garantizados plenamente por el Estado.
Radica también en el reconocimiento de la importancia de que las mujeres sigan fortaleciendo sus capacidades para la participación en los distintos escenarios llevando las voces de sus pueblos y también en las decisiones de los propios pueblos en donde aún hay poca posibilidad de participar según dicen las mujeres, reflexión que comparten también los varones asistentes, señalando que “deben darse mayores oportunidades en los espacios para el fortalecimiento de mujeres indígenas”. Necesitamos más capacitaciones para conocer más nuestros derechos y hacer respetar a los demás”. Y capacitar no solo a las mujeres sino también a los hombres, a las autoridades sobre los derechos de los pueblos indígenas es la exigencia, para que no suceda lo que narra una lideresa del distrito de Iparia en donde un alcalde adjudica tierra de las comunidades a los colonos sin autorización de las comunidades, violando su derecho al territorio. 
Conocer los derechos de ellas, de sus pueblos, que se den más espacios para que puedan informarse y participar de mejor manera es el pedido, profundizar en lo que es la consulta previa y cómo ellas pueden también participar con conocimiento de causa pensando en el futuro de sus pueblos, de sus hijas y sus hijos es otra de las reflexiones, poder participar ellas como dueñas también del territorio, ellas como cuidadoras de los bosques y de los ríos, que viven de forma diferenciada los impactos de las medidas, programas y proyectos que se ejecutan en estos territorios.
El derecho a la identidad es el mío, es lo que yo soy dice Romelia, una lideresa con una amplia sonrisa y canta una canción en shipibo en la que nos habla de sus tradiciones, de sus ancestros, de la pesca y el río, convencida de que ella es fundamental para el futuro de sus pueblos. No deja de sorprender la disposición de los varones dirigentes de las organizaciones presentes en este espacio, dispuestos a hacer camino con las mujeres y aportar en su fortalecimiento para que puedan también caminar junto con ellos en la lucha por la defensa de sus territorios, por el ejercicio de sus derechos como pueblos y como mujeres, lo que nos trae una brisa fresca en medio del calor de esta ciudad amazónica. Nos despedimos, con ganas de volver a encontrarnos y seguir haciendo camino con estas mujeres heroínas que pese a todo lo que tienen que vivir, las discriminaciones a las que son sometidas, los dolores de no poder acceder a justicia, de ver morir a sus hijos e hijas, de no ser atendidas como merecen como cualquier otro ciudadano o ciudadana, siguen apostando por sus pueblos, por sus hijos e hijas, por el país, todos los días.
 
Por: Rosa Montalvo Reinoso