16 de marzo de 2017

Mujeres de América Latina enfrentan mayor pobreza y obesidad que varones.


Cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer , la FAO destacó la necesidad de empoderar a las mujeres para disminuir sus tasas de pobreza y obesidad, y avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los ODS destacan la igualdad y el empoderamiento de las mujeres no sólo como una meta sino como parte de la solución a los grandes problemas de desarrollo que enfrenta el mundo, ya que ellas son una piedra angular de la economía rural y la seguridad alimentaria.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), si se potencia el papel de las mujeres rurales y se invierte en actividades que aumenten significativamente su productividad, se podría disminuir de forma significativa el hambre y la malnutrición.
“Para lograrlo todos los países deben incorporar el enfoque de igualdad de género en sus políticas públicas, garantizar su efectiva implementación y convertirlo en un tema del más alto nivel político”, señaló Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO.
En enero de este año, América Latina y el Caribe dio un gran paso en este sentido, cuando la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), adoptó la estrategia de género del mayor acuerdo regional de lucha contra el hambre, el Plan SAN CELAC.

Mayores tasas de malnutrición y pobreza

Según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional en ALC 2016, la obesidad impacta de forma desproporcionada a las mujeres de la región: un 26,8 por ciento en comparación con 18,5 por ciento de los hombres.
Existen múltiples factores detrás de esta tendencia regional, como la pobreza y la falta de acceso a recursos productivos, a servicios de salud integrales, su poco acceso a educación nutricional, sumados a una excesiva carga de trabajo, en especial en el caso de las mujeres rurales.
A pesar de que la pobreza general de la región ha disminuido, la pobreza de las mujeres, ha aumentado: según el índice de feminidad de la pobreza, por cada cien hombres indigentes en América Latina y el Caribe hay 121 mujeres indigentes.
En América Latina, 40 por ciento de las mujeres rurales mayores de 15 años no tiene ingresos propios, aunque trabaja a diario de forma no remunerada. Además, las mujeres rurales de la región sólo poseen una fracción de la tierra, el crédito, los insumos productivos y la educación en comparación a los hombres.

Garantizar el acceso a la propiedad

El ODS 5 reconoce la importancia del acceso de las mujeres a la tierra y otras formas de propiedad, ya que les permite gozar de derechos humanos críticos como la seguridad alimentaria, la salud, el acceso al agua, a un trabajo decente y un hogar seguro.
Un estudio de seis países halló que el porcentaje de propietarias mujeres es mayor en México (32,2 por ciento) y en Paraguay (29,7 por ciento), y solo 20 por ciento en Nicaragua y 14 por ciento en Honduras.
Para las mujeres indígenas -que representan cerca de 10 por ciento de las mujeres rurales en la región- los derechos a la tierra suelen tomar la forma de derechos de propiedad colectiva y son claves para su seguridad alimentaria.
“Se debe fortalecer el acceso a la tierra de las mujeres indígenas de la región, en línea con el mandato de la Conferencia Mundial de Pueblos Indígenas de 2014, que estableció el compromiso de apoyar el empoderamiento de las mujeres indígenas”, dijo Brito.

Inequidades en el mercado laboral rural

En América Latina y El Caribe, la población rural asciende a cerca de 121 millones de personas, quienes representan aproximadamente 20 por ciento de la población total. De ellas, 48 por ciento son mujeres, un total de 59 millones.
Aunque representan 20 por ciento de la mano de obra agrícola en América Latina y el Caribe, las mujeres enfrentan una serie de inequidades que afectan tanto su desarrollo económico como su seguridad alimentaria.
Los censos agrícolas indican que en América Latina y Caribe las mujeres a cargo de una explotación agrícola (mayoritariamente granjas para cultivo) van de ocho por ciento en Belice y Guatemala a no más de 30 por ciento en Chile, Jamaica y Santa Lucia.
Sin embargo, por lo general los predios encabezados por mujeres son más pequeños y en tierras de menor calidad.
Un estudio de la FAO ,que analizó las cadenas de valor de la yuca (Belice), quinua (Bolivia), maíz (Guatemala) y el cultivo del algodón a nivel regional desde una perspectiva de género, encontró que en el ámbito rural, el, pese a que realizan una gran parte de las actividades en la finca, además del trabajo doméstico y el cuidado no remunerado en los hogares.
Según el estudio, la participación de las mujeres es más marcada en actividades que involucran tiempo y esfuerzo físico, como plantar, desmalezar y cosechar. Contrariamente, participan menos en los eslabones de la cadena productiva asociados a la generación de mayores ingresos.
El estudio “Mujeres de Algodón” identificó diversos factores de desigualdad en las cadenas de valor de dicho cultivo en Argentina, Bolivia, Colombia, Paraguay y Perú, como el limitado acceso a créditos y esquemas de apoyo financiero, su falta de control sobre las ganancias obtenidas, y su bajo poder de decisión sobre bienes productivos.

por Estrella Gutiérrez
http://www.ipsnoticias.net/2017/03/mujeres-de-america-latina-enfrentan-mayor-pobreza-y-obesidad-que-varones/

13 de marzo de 2017

Empleo informal en el Perú.


En 2011, los trabajadores en empleo informal en el Perú representaban arriba del 70% de la población económicamente activa. De ellos, los trabajadores autoempleados representan la categoría más grande dentro de la fuerza laboral peruana, y a pesar del crecimiento económico experimentado desde 2005 continúan representando el 33% del empleo total. En esta categoría de trabajadores se encuentran los vendedores de diarios, los comerciantes ambulantes y de mercado, los estibadores terrestres, los lustradores de calzado y los recicladores. A pesar de las diferencias que existen entre estas actividades, estos trabajadores tienen algo común: carecen de protección social y sus derechos no se encuentran amparados en las regulaciones.
Desde 2010 WIEGO ha trabajado en Lima bajo el enfoque de Ciudades Focales en la implementación de varias iniciativas temáticas sobre el empleo informal mediante actividades centradas en la generación de investigación, capacitación de organizaciones de trabajadores en empleo informal y la  creación de espacios de diálogos multisectoriales. La suma de una variedad de proyectos y actividades ha ayudado a difundir el tema, capacitar a trabajadores, generar nuevo conocimiento, crear puentes para el diálogo con autoridades gubernamentales, y lograr progreso en políticas públicas para los trabajadores de la economía informal en condiciones de pobreza. Sobre todo, ha servido para obtener importantes logros a nivel normativo y para cambiar algunas prácticas que han resultado en mejoras en las vidas de los trabajadores en empleo informal.
En Lima, el empleo informal es palpable en el día a día de la ciudad. Basta con salir y constatar la presencia de los vendedores de diarios que trabajan en las esquinas de las principales calles, de los estibadores en los mercados descargando productos frescos de los camiones para llevarlos a los mercados mayoristas de Lima y de los comerciantes ambulantes que se abastecen ahí para luego vender al por menor a las amas de casa. O bien con mirar a los lustradores de calzado cerca de la Plaza de Armas, a los comerciantes en los mercados que ofrecen productos frescos para los hogares y restaurantes, o a los recicladores que trabajan de noche llevándose los materiales reciclables desechados por las imprentas cercanas a las universidades  y separándolos de la basura de los residentes en el distrito, o ver a las trabajadoras del hogar que cuidan a niños pequeños para que los padres puedan salir a trabajar.
En el Perú, los trabajadores en empleo informal representan poco más del 70% de la población económicamente activa. Entre las personas que trabajan en empleo informal, los trabajadores autoempleados representan la categoría más grande dentro de la fuerza laboral peruana y, a pesar del crecimiento económico experimentado desde 2005, continúan representando el 33% del empleo total. En este grupo se encuentran, entre otros, las personas que han creado su propio trabajo o que trabajan como asalariados en micro y pequeñas empresas y/o ayudantes familiares no remunerados. A pesar de dedicarse a una diversidad de actividades económicas, estos trabajadores tienen algo en común: desempeñan su trabajo sin contar con protección social o con el amparo de regulaciones para hacer valer sus derechos. Existe una base grande de personas que vive en la pobreza dentro de la pirámide de trabajadores en empleo informal. Estos trabajadores no pueden contribuir a la seguridad social en salud, como el resto de los trabajadores, y no contarán con acceso a la pensión de vejez acumulada a través de años de ahorro.

A pesar de la magnitud del empleo informal, las políticas y prácticas de gobierno siguen sin tomar en cuenta la realidad y necesidades de las personas que trabajan bajo esta modalidad. Por ello, el trabajo de WIEGO en apoyo de las organizaciones con base de miembros (OBM) de trabajadores en empleo informal se articula en torno a la generación de conocimiento, el desarrollo de habilidades de los líderes de dichas organizaciones, y del establecimiento de diálogos con las partes interesadas. Son siete los grupos ocupacionales con los que se está trabajando actualmente: vendedores ambulantes, vendedores de mercados, recicladores, trabajadoras del hogar, vendedores de diarios y revistas, estibadores terrestres y lustradores de calzado.

Las actividades de los proyectos han creado procesos en Lima que han ido más allá del ámbito de los objetivos y resultados establecidos en los proyectos, generando oportunidades con las que el equipo WIEGO ha podido trabajar, como han sido el proceso para llegar a una nueva ordenanza que regula el comercio ambulatorio en el espacio público en Lima Metropolitana, y el trabajo en torno a las elecciones municipales para Alcalde de Lima.

El grupo de trabajadores autoempleados en las demás ciudades del país representa un 34% del empleo total. Por ello el equipo de WIEGO ha comenzado a trabajar también en ciudades como Arequipa y Chiclayo. Ahí, se inició un proceso de trabajo con OBM a partir de un mapeo de organizaciones realizado en 2013, se replicó el trabajo de fortalecimiento de capacidades ejecutado en Lima, se generaron espacios de diálogo a través de una mesa multisectorial y se trabajó en torno a las elecciones municipales y regionales durante 2014, particularmente en el desarrollo de plataformas colectivas de demandas y propuestas de todos los sectores de trabajadores organizados que fueron identificados.

 Generación de conocimiento

 A través de su trabajo de investigación, WIEGO  ha producido estadísticas sobre la magnitud del empleo informal y sobre las personas que trabajan bajo esta modalidad. También ha realizado un análisis del marco regulatorio que norma el trabajo de siete grupos ocupacionales e identificado los obstáculos que estos trabajadores enfrentan para tener acceso a servicios y seguridad laboral y social. WIEGO ha trabajado también en la investiagción de las acciones de las organizaciones de trabajadores en empleo informal y los beneficios que éstas les ofrecen a los trabajadores. Este conocimiento no sólo constituye un punto de partida para entender mejor los retos que enfrentan los trabajadores en empleo informal; es también muy útil en los esfuerzos de incidencia y de capacitación de trabajadores acerca de su importancia en el empleo y en la economía peruana.

 Mejores habilidades: capacitación

 A través de sus diferentes proyectos temáticos, WIEGO ha llevado a cabo programas de capacitación para los líderes de las principales organizaciones de trabajadores en empleo informal en Perú en siete sectores ocupacionales, trabajando principalmente con las federaciones nacionales. A demanda de los mismos trabajadores, y respetando sus tiempos de trabajo y vida familiar, se ha dado prioridad a la capacitación mediante aulas virtuales y el Internet, combinándola con modulos presenciales. Los principales temas de los programas de capacitación son: protección social, cabildeo, comunicaciones, marcos regulatorios y leyes, seguridad y salud en el trabajo, sostenibilidad y recaudación de fondos, y antecedentes e implicancias de participar en las discusiones de la Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).


Diálogos multisectoriales para influir en políticas públicas

 Una contribución importante del trabajo de WIEGO en Lima ha sido el cooperar a la creación de espacios de diálogo multisectorial que eventualmente podrían hacerse permanentes. Estos espacios han sido fomentados a través de la creación de mesas de diálogo para discutir retos y soluciones entre las partes interesadas; de experiencias de sensibilización a través de un programa de Exposición y Diálogo, donde funcionarios del gobierno local y central han tenido oportunidad de constatar de manera directa la forma en la que las regulaciones y políticas afectan la vida y el trabajo de los trabajadores en empleo informal; y al interactuar con los candidatos locales y nacionales durante los procesos electorales para presentarles las plataformas colectivas de demandas y propuestas de todos los sectores de trabajadores. Dichas plataformas de demandas y propuestas fueron el principal foco de los debates electorales para Alcaldía de Lima organizados por WIEGO en 2010 y 2014. Un ejemplo del impacto de este trabajo con los candidatos fueron los cambios en la regulación y la promoción de los mercados minoristas de Lima en 2014 y el que nuevos programas de guarderías y pensión de vejez no contributiva se convirtieran en programas de bandera en la campaña electoral del presidente elegido.

http://espanol.wiego.org/ciudades/peru/

9 de marzo de 2017

Mujer y mundo laboral.


 A partir de la segunda mitad del siglo XIX se reforzó el ideal femenino de la mujer como reina del hogar, identificada con la virgen María, reina de los cielos y madre de Cristo. Esta «angelización» de la mujer le permitió ocupar el trono del hogar a cambio de practicar virtudes como la castidad, la abnegación y la sumisión. La maternidad era reivindicada como la función femenina por excelencia, pero dejando absolutamente claro que el acto reproductivo nada tenia que ver con el disfrute de la sexualidad. Este ideal femenino continuó, en lo fundamental, vigente durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, las necesidades de una sociedad burguesa en camino hacia la modernización, requerían que la mujer asumiera tareas prácticas y eficaces. La Iglesia le asignó la misión de disciplinar al esposo y educar a los hijos en valores católicos, pero al tiempo funcionales en el nuevo modelo capitalista. Virtudes como el trabajo, la honradez, la responsabilidad, el ahorro y la limpieza debían ser transmitidas por las mujeres en su hogar. así mismo, los discursos médicos e higiénicos, que se difundían en numerosos manuales de higiene, pedagogía doméstica, puericultura y urbanidad que circulaban en las primeras décadas del siglo XX, le asignan a la mujer el rol de enfermera del hogar, responsable de la salud y productividad de todos sus miembros. En esos manuales se le adiestraba en el cuidado de los niños, la higiene del hogar, preparación de los alimentos y en la importancia de imponer hábitos de higiene y urbanidad sobre la prole. En síntesis, la economía del hogar, las tareas domésticas, la educación y disciplinamiento de los hijos, la integridad moral de todos los miembros de la familia, los cuidados de salud e higiene fueron todas tareas femeninas elevadas a la categoría de oficio bajo el título de «ama de hogar».

  Las mujeres de las élites urbanas no sólo debían cumplir estas tareas en sus propios hogares, sino que debían convertirse en una especie de misioneras sociales que se encargaran de moralizar a las mujeres y a los niños de los sectores pobres. Su acción debía dirigirse, principalmente, a las obreras que surgen como grupo social en las ciudades donde se inició la industrialización. Son estas señoras y señoritas quienes, en compañía de sacerdotes y comunidades religiosas, en particular los Jesuítas y las Hermanas de la Caridad o de la Presentación, se dedican a organizar en distintas ciudades patronatos para obreras, asociaciones católicas femeninas tales como las Hijas de María y las Madres Católicas, u obras de beneficencia como casas para jóvenes desamparadas, sala-cunas, hospicios, clínicas infantiles, talleres de trabajo y escuelas dominicales donde se preparaban los niños pobres para la primera comunión. Estas actividades permitieron a las mujeres de los sectores pudientes trascender el espacio doméstico y tener papel destacado en sus respectivas localidades.
 A medida que avanzaba el siglo y los procesos de modernización, la mujer ocupó, cada vez con mayor insistencia, nuevos espacios. Su presencia se hizo habitual en el teatro, las salas de cine, los salones de té y aun en los clubes sociales, en los cuales, a principios del siglo, sólo se permitía la presencia masculina. Durante los años 20, y como consecuencia del impacto de la primera Guerra Mundial en los roles femeninos, sectores de mujeres de la sociedad local que tenían oportunidad de viajar al exterior o de leer y estar en contacto con publicaciones europeas adoptaron actitudes y comportamientos que se distanciaban del ideal femenino convencional. La moda se hizo mucho más sofisticada, se suprimió el uso del corset, permitiendo mayor libertad de movimiento en el cuerpo femenino, el largo de la falda se recortó de forma notable exponiendo a la vista las piernas, el cabello se llevó corto y se impuso el maquillaje. La coquetería reemplazó las actitudes de modestia y pudor, y entre los sectores femeninos de la élite se fue extendiendo la práctica de deportes como el patinaje, el básketbol y la natación. Numerosas publicaciones católicas que existían en las ciudades y que iban dirigidas ante todo a las amas del hogar, en particular La Familia Católica de Medellín, expresaron airadas protestas contra estas nuevas actitudes femeninas. Los puntos centrales de ataque fueron las «malas lecturas», el cine, la moda escandalosa, la práctica de deportes y los bailes. Todas estas actividades, según la Iglesia, alejaban a la mujer del hogar y de la misión que se le había asignado. Indudablemente la influencia del American way of life que se reflejaba en el cine, las revistas y la publicidad, tuvo un fuerte impacto en la vida femenina cuando las ideas de confort, libertad y gusto por lo moderno se fueron imponiendo.
 A partir de la segunda mitad del siglo XIX se reforzó el ideal femenino de la mujer como reina del hogar, identificada con la virgen María, reina de los cielos y madre de Cristo. Esta «angelización» de la mujer le permitió ocupar el trono del hogar a cambio de practicar virtudes como la castidad, la abnegación y la sumisión. La maternidad era reivindicada como la función femenina por excelencia, pero dejando absolutamente claro que el acto reproductivo nada tenia que ver con el disfrute de la sexualidad. Este ideal femenino continuó, en lo fundamental, vigente durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, las necesidades de una sociedad burguesa en camino hacia la modernización, requerían que la mujer asumiera tareas prácticas y eficaces. La Iglesia le asignó la misión de disciplinar al esposo y educar a los hijos en valores católicos, pero al tiempo funcionales en el nuevo modelo capitalista. Virtudes como el trabajo, la honradez, la responsabilidad, el ahorro y la limpieza debían ser transmitidas por las mujeres en su hogar. así mismo, los discursos médicos e higiénicos, que se difundían en numerosos manuales de higiene, pedagogía doméstica, puericultura y urbanidad que circulaban en las primeras décadas del siglo XX, le asignan a la mujer el rol de enfermera del hogar, responsable de la salud y productividad de todos sus miembros. En esos manuales se le adiestraba en el cuidado de los niños, la higiene del hogar, preparación de los alimentos y en la importancia de imponer hábitos de higiene y urbanidad sobre la prole. En síntesis, la economía del hogar, las tareas domésticas, la educación y disciplinamiento de los hijos, la integridad moral de todos los miembros de la familia, los cuidados de salud e higiene fueron todas tareas femeninas elevadas a la categoría de oficio bajo el título de «ama de hogar».
Las mujeres de las élites urbanas no sólo debían cumplir estas tareas en sus propios hogares, sino que debían convertirse en una especie de misioneras sociales que se encargaran de moralizar a las mujeres y a los niños de los sectores pobres. Su acción debía dirigirse, principalmente, a las obreras que surgen como grupo social en las ciudades donde se inició la industrialización. Son estas señoras y señoritas quienes, en compañía de sacerdotes y comunidades religiosas, en particular los Jesuítas y las Hermanas de la Caridad o de la Presentación, se dedican a organizar en distintas ciudades patronatos para obreras, asociaciones católicas femeninas tales como las Hijas de María y las Madres Católicas, u obras de beneficencia como casas para jóvenes desamparadas, sala-cunas, hospicios, clínicas infantiles, talleres de trabajo y escuelas dominicales donde se preparaban los niños pobres para la primera comunión. Estas actividades permitieron a las mujeres de los sectores pudientes trascender el espacio doméstico y tener papel destacado en sus respectivas localidades.
A medida que avanzaba el siglo y los procesos de modernización, la mujer ocupó, cada vez con mayor insistencia, nuevos espacios. Su presencia se hizo habitual en el teatro, las salas de cine, los salones de té y aun en los clubes sociales, en los cuales, a principios del siglo, sólo se permitía la presencia masculina. Durante los años 20, y como consecuencia del impacto de la primera Guerra Mundial en los roles femeninos, sectores de mujeres de la sociedad local que tenían oportunidad de viajar al exterior o de leer y estar en contacto con publicaciones europeas adoptaron actitudes y comportamientos que se distanciaban del ideal femenino convencional. La moda se hizo mucho más sofisticada, se suprimió el uso del corset, permitiendo mayor libertad de movimiento en el cuerpo femenino, el largo de la falda se recortó de forma notable exponiendo a la vista las piernas, el cabello se llevó corto y se impuso el maquillaje. La coquetería reemplazó las actitudes de modestia y pudor, y entre los sectores femeninos de la élite se fue extendiendo la práctica de deportes como el patinaje, el básketbol y la natación. Numerosas publicaciones católicas que existían en las ciudades y que iban dirigidas ante todo a las amas del hogar, en particular La Familia Católica de Medellín, expresaron airadas protestas contra estas nuevas actitudes femeninas. Los puntos centrales de ataque fueron las «malas lecturas», el cine, la moda escandalosa, la práctica de deportes y los bailes. Todas estas actividades, según la Iglesia, alejaban a la mujer del hogar y de la misión que se le había asignado. Indudablemente la influencia del American way of life que se reflejaba en el cine, las revistas y la publicidad, tuvo un fuerte impacto en la vida femenina cuando las ideas de confort, libertad y gusto por lo moderno se fueron imponiendo.

Libertad de unas, trabajo de otras 

La facilidad para los sectores femeninos de la élite y de la clase media para dedicarse a otras actividades por fuera del hogar radicaba en la facilidad de proveerse de servicio doméstico, como bien lo ilustra un manual educativo de 1938: «Hogares de clase media que sostienen costurera, lavandera, sirvienta y niñeras, mientras ¿qué hace la dueña del hogar? En el salón de belleza, en el juego, tomando té, en la casa de la amiga, en teatro. En una palabra cumpliendo sus deberes sociales». En efecto, al revisar los censos de ciudades como Medellín y Bogotá durante las tres primeras décadas del siglo XX, encontramos que la mayoría de la población femenina se ocupaba en oficios domésticos. Aun entre los sectores medios no era extraño contar con cocinera, «dentrodera», niñera y algunas veces hasta con una carguera, que tenía bajo su completa responsabilidad al recién nacido. Además semanalmente se contrataban los servicios de lavandera, aplanchadora y lavadora de pisos.

  El incremento significativo de la población urbana durante las primeras décadas del siglo XX se debió, en gran parte, a la migración campesina de las áreas más cercanas a las ciudades. Muchas de estas migrantes fueron mujeres solas que no encontraban ninguna actividad productiva dentro de la pequeña propiedad campesina o en las grandes haciendas, que privilegiaban el trabajo masculino. Algunas de estas mujeres, menos desafortunadas, encontraron empleo en los nuevos establecimientos fabriles o en talleres artesanales, pero la gran mayoría de ellas debió emplearse en el servicio doméstico. Muchos padres campesinos preferían entregar sus hijas como sirvientas, con tal de no verlas empleadas en fábricas, que asociaban a libertinaje y perdición. Pero poco se sabe sobre las vidas de este importante núcleo femenino tan determinante en la vida familiar. Sobre ellas recae la responsabilidad de la crianza de los niños, la higiene del hogar, y los hábitos alimenticios. En algunos sectores sociales y en varias regiones del país es también responsabilidad de la empleada doméstica la iniciación sexual de los Jóvenes de la casa y la satisfacción del señor, muchas veces frustrado ante la sexualidad fría de su esposa. La preferencia sexual por las domésticas radicaba, en parte, en que, a diferencia de las prostitutas, el temor a un posible contagio venéreo no existía. La vida de las empleadas domésticas fue dura. Muchas de ellas ni siquiera recibían salario por sus servicios y cuando se les pagaba, éste era el 50% más bajo que el de las obreras, el cual ya era bastante menguado.

  Sin mayor libertad ni tiempo propio, su mundo afectivo se reducía a la familia donde trabajaban. Solas y vulnerables, su sexualidad se limitaba a encuentros furtivos de los cuales, como consecuencia indeseada, podía resultar un embarazo. Esta situación las llevaba a perder el empleo y a sufrir las reacciones familiares que no pocas veces llegaban hasta la violencia física. Sin empleo, ni familia, les quedaban los caminos de la prostitución o la mendicidad. Ante estas disyuntivas, algunas de ellas, desafiando las normas morales y jurídicas llegaron a situaciones extremas como el aborto y aun el infanticidio. Como consta en los archivos judiciales de principios de siglo en la ciudad de Medellín, la mayoría de las implicadas en Juicios de este tipo eran empleadas domésticas.

Vida triste de mujeres alegres

  El crecimiento urbano, la migración de campesinas solas, la falta de empleo, los bajos salarios de obreras y otras trabajadoras urbanas contribuyeron a un incremento considerable de la prostitución en las ciudades. A más de estos factores, no debemos olvidar que la campesina joven y sola debe enfrentaren la ciudad la ausencia de controles tradicionales como el de la familia, al igual que el desarraigo cultural y afectivo. A tales problemas se suma una de las grandes dificultades que padecen todos los pobres de la ciudad: la carencia de vivienda. Algunas campesinas deben refugiarse en casas de inquilinato o pensiones donde el hacinamiento y la falta de privacidad allanan el camino hacia la prostitución. La prensa, tanto de Medellín como de Bogotá, denunció frecuentemente la existencia de inescrupulosos dedicados a la trata de blancas en la estación del tren, aprovechándose de la ingenuidad de campesinas recién llegadas a la ciudad. La prostitución fue notoriamente alta en Medellín. Para los años 30 se calculaba una prostituta por cada cuarenta hombres.

  El burdel se convirtió en sitio importante de sociabilidad masculina; en él no sólo se hacían tratos sexuales sino que era también el refugio de bohemios, intelectuales y marginales que buscaban nuevos espacios, libres del rígido control social que las costumbres y la moral católica trataban de imponer en los centros urbanos. El auge de la prostitución fue acompañado con un aumento significativo de las enfermedades venéreas, lo que preocupó seriamente a las autoridades municipales y médicas pues, según ellos, ponía en peligro al sector de mujeres inocentes de la sociedad, las esposas e hijas de familia. Como prevención se crearon institutos profilácticos encargados del control de venéreas. Estos expedían a las meretrices un certificado de sanidad que debían portar y renovar cada mes. Estas medidas no tuvieron mayores resultados. Ni la policía, ni los clientes exigían el certificado, y los tratamientos médicos de las enfermedades sexuales requerían de constancia y disciplina que ni prostitutas ni enfermos estaban dispuestos a seguir.

Mujer y mundo laboral

Además de las trabajadoras domésticas, las mujeres se desempeñaron en oficios artesanales que venían ejerciendo desde tiempos anteriores, tales como modistas, costureras, panaderas, sombrereras, zapateras y comadronas. Muchos de éstos eran extensión de sus actividades domésticas. Sin embargo, el hecho más significativo en la vida laboral de las mujeres en el siglo XX es su ingreso como fuerza laboral obrera. En Medellín, la ciudad en la que con mayor intensidad se dio el proceso de industrialización en 1923, el 73% de la fuerza laboral obrera eran mujeres, jóvenes y solteras. El 58% de ellas oscilaban entre los 15 y 24 años, y entre los años 1915-40, el 85% de las mujeres obreras eran solteras. La mujer casada tenia prácticamente vedado el ingreso al trabajo fabril, pues se consideraba, tanto por parte de la Iglesia como de los patrones, que el trabajo obrero era incompatible con la vida familiar. El frecuente discurso de la Iglesia sobre la inconveniencia del trabajo obrero femenino, si bien no fue el único factor, sí pudo haber pesado sobre los patrones antioqueños para ir suplantando a las mujeres. En 1951 el 61 % de la fuerza laboral eran hombres y sólo un 38% mujeres. Además de la posición de la Iglesia, hay que sumar a esta disminución de fuerza laboral fabril femenina factores como las escasas posibilidades de capacitación que se le ofrecieron a las obreras, en contraste con los centros de capacitación y escuelas nocturnas para obreros, la prohibición de trabajar tumos nocturnos y las actitudes de rebeldía que estas demostraron, contradiciendo las expectativas de patrones sobre su supuesta sumisión y docilidad.
Las mujeres obreras de las primeras generaciones estaban sometidas a largas jornadas de trabajo que podían prolongar hasta por diez horas en muchos establecimientos, al trabajo en locales oscuros, mal ventilados y sin servicios sanitarios adecuados y a salarios bajos y significativamente inferiores a los de los hombres. Muchas veces las obreras ganaban la mitad del salario masculino en la misma tarea y sector industrial. Los patronos tenían la idea de que el salario femenino era un ingreso familiar complementario y esto Justificaba que no fuera igual al del obrero. Además de estas difíciles condiciones, aun en fábricas presididas por la implacable imagen del Sagrado Corazón de Jesús, las obreras no se escapaban de las miradas lascivas de compañeros de trabajo, capataces y administradores. La denuncia de chantajes sexuales y de comportamientos masculinos irrespetuosos fue frecuente. La primera huelga textil en 1920, en la Compañía de Tejidos de Bello, dirigida por la obrera Betsabé Espinosa, tenía entre sus principales reclamos exigir el cese de abusos sexuales por parte de los capataces de la fábrica. Con la creciente masculinización del trabajo obrero, a las mujeres de los sectores pobres se les cerraron oportunidades de ascenso y movilidad social, quedando condenadas muchas de ellas al subempleo y al trabajo doméstico como alternativas para generar ingresos económicos.

http://www.banrepcultural.org/node/73271

Por: Reyes Cárdenas, Catalina



2 de marzo de 2017

¿Quién era Berta Cáceres, la dirigente indígena asesinada?


Conocida a nivel nacional e internacional por su lucha a favor de los pueblos indígenas y la protección del ambiente, Berta Cáceres logró la admiración y el reconocimiento de miles de personas.
Sus orígenes humildes le permitieron conocer las necesidades de su gente.
Cáceres era natural Lenca, principal etnia de Honduras, hija, madre y compañera ejemplar, según las personas que la conocieron.
Su compromiso con las luchas “justas” inició hace 20 años al formar parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Era madre de 4 hijos y principal promotora de la lucha en contra de la instalación de una hidroeléctrica en el noroccidente del país. Estuvo casado con el dirigente indígena, Salvador Zúniga.
Encabezar la campaña a favor del medio ambiente le permitió obtener el premio Goldman Environmental en abril del 2015.
La activista indígena creció en un ambiente difícil, su madre era una partera y activista social que dio amparo y cuidó a muchos refugiados de El Salvador.
En 1993 fundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), entidad encargada de velar por los derechos de la comunidad Lenca.
Desde esa fecha lidero importantes campañas, entre las que se destaca el movimiento en contra de la represa Agua Zarca.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el 2013 denunció “una completa ausencia de las medidas más básicas para dar respuesta a denuncias de graves violaciones a los derechos humanos” en Honduras.
Además otorgó la solicitud de medidas cautelares a favor de Cáceres, quien denunció amenazas a muerte en su contra.
La dirigente detalló que las intimidaciones procedían por su lucha en la protección del pueblo Lenca y su territorio.
Ante las constantes amenazas dos de sus hijos decidieron abandonar el país y solicitaron protección internacional.
La noticia de la muerte de Berta Cáceres  en la residencial El Líbano, Intibucá, trascendió las fronteras nacionales.
Medios internacionales destacaron el lamentable hecho, mientras que importantes líderes han condenado el crimen.
En Honduras entre los años 2002 y 2014 se produjeron 111 asesinatos de activistas ambientales.

http://www.latribuna.hn/2016/03/03/quien-berta-caceres-la-dirigente-indigena-asesinada/

1 de marzo de 2017

La eterna crisis de la mujer en el sector agrario e industrial.


Un 70% de todos los empleos femeninos creados en los sectores industrial, agrario y ganadero fueron a tiempo parcial. Un 9,6% de las mujeres ocupadas en España lo estaban en estos sectores, 811.000, mientras que la presencia masculina está por encima del 27%, 2,7 millones.

El informe que ha presentado la Secretaría de la Mujer y el Gabinete Técnico de CCOO Industria muestra cómo las mujeres se incorporan tarde al sector industrial (30-34 años). Esto se debe al tipo de puestos de trabajo que ocupan las mujeres, a la exigencia de una mayor formación y a que son ellas las que renuncian a sus empleos o reducen sus jornadas para realizar labores de cuidados familiares.

Los roles de género siguen siendo algo habitual en el sector industrial y en el campo. En 2016 se produjo una caída de la feminización de estos sectores causado por el incremento de la contratación de personal masculino y de la pérdida de empleo femenino. También se sigue manteniendo una tasa de segregación muy importante ya que la mayor parte de las empleadas ocupan puestos administrativos o de oficina y en puestos de gerencia o dirección hay una mujer por cada cinco hombres.
Un dato que llama la atención es el de la ocupación respecto a la formación. Un 30% de las mujeres sufre subempleo puesto que desarrollan su actividad laboral en grupos ocupacionales que precisan de un nivel de formación muy inferior al nivel que ellas aportan. Mientras que un 23% de las mujeres que trabajan en el sector industrial y en el campo tienen estudios universitarios, sólo un 11,9% de los hombres ha estudiado en la universidad ocupando mejores puestos de trabajo.

La semana pasada Diario16 informó acerca de las conclusiones de la brecha salarial tanto de CCOO como de UGT. En el informe publicado hoy por Comisiones se constata que en 2016 no se incrementaron las contrataciones indefinidas de las mujeres y los contratos a tiempo parcial se incrementaron en un 2,9%. En el caso de los hombres esta parcialidad se transformó en empleos a tiempo completo.

Respecto a la brecha salarial el informe de CCOO hace referencia al dato ofrecido por el Instituto de la Mujer, según el cual el salario/hora de los hombres era 3 euros superior al de las mujeres en el sector industrial.

http://diario16.com/la-eterna-crisis-de-la-mujer-en-el-sector-agrario-e-industrial/

22 de febrero de 2017

Omán: Trabajadores domésticos están atrapados y son víctimas de trata de personas


Muchos trabajadores domésticos se encuentran atrapados en condiciones laborales abusivas en Omán mientras su desesperación permanece oculta fuera de la vista pública, dijo Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Las autoridades omaníes deberían tomar medidas inmediatas para reformar el restrictivo sistema inmigratorio que vincula a los trabajadores inmigrantes a sus empleados. Además, deberían proporcionar protecciones jurídicas a los trabajadores domésticos como las que reciben otros trabajadores, así como investigar todas las situaciones de posible trata de personas, trabajo forzoso y esclavitud.
El informe de 68 páginas, “‘I Was Sold’: Abuse and Exploitation of Migrant Domestic Workers in Oman” (“‘Me vendieron’: Abuso y explotación de trabajadores domésticos en Omán”), documenta cómo el sistema de patrocinio (kafala) de trabajadores inmigrantes y la ausencia de protecciones en la legislación laboral exponen a los trabajadores del hogar inmigrantes al abuso y a la explotación por parte de los empleadores, cuyo consentimiento es necesario para que puedan cambiar de trabajo. Aquellos que logran huir de los abusos – entre ellos, violencia física, abuso sexual, impago de sueldos y excesivas horas de trabajo – cuentan con escasas vías para recibir algún tipo de reparación y pueden incluso afrontar sanciones legales por “fugarse”. Las familias recurren a los trabajadores del hogar migrantes para cuidar de sus hijos, cocinar y limpiar sus casas. Sin embargo, muchos trabajadores domésticos inmigrantes, que dependen de sus sueldos para mantener a sus propias familias e hijos, sufren condiciones laborales crueles y explotadoras.

“Los trabajadores domésticos inmigrantes en Omán están atados a sus empleadores y son abandonados a su merced”, dijo Rothna Begum, investigadora sobre derechos de la mujer en Oriente Medio de Human Rights Watch. “Los empleadores pueden obligar a los trabajadores domésticos a trabajar sin descanso, sueldo o comida, a sabiendas de que pueden ser castigados si huyen, mientras que los empleadores rara vez son sancionados por abuso”.


JULIO 13, 2016 Report
“I Was Sold”
Abuse and Exploitation of Migrant Domestic Workers in Oman
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En el sultanato deben de trabajar al menos 130.000 empleadas del hogar y posiblemente muchas más. La mayoría proviene de Filipinas, Indonesia, India, Bangladesh, Sri Lanka, Nepal y Etiopía.

Human Rights Watch entrevistó a 59 trabajadores domésticos inmigrantes en Omán. En algunos casos, describieron abusos que equivalían a trabajo forzoso o trata de personas, a menudo a través de la porosa frontera de Omán con Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los empleadores normalmente pagan tasas a las agencias de reclutamiento para contratar los servicios de trabajadores domésticos, y varios trabajadores dijeron que sus empleadores les habían dicho que los habían “comprado”. Algunos empleadores exigen que los trabajadores les reembolsen por las cuotas de reclutamiento a cambio de su “libertad”.

Los trabajadores domésticos inmigrantes en Omán están atados a sus empleadores y son abandonados a su merced. Los empleadores pueden obligar a los trabajadores domésticos a trabajar sin descanso, sueldo o comida, a sabiendas de que pueden ser castigados si huyen, mientras que los empleadores rara vez son sancionados por abuso.
Rothna Begum
Investigadora sobre derechos de la mujer en Oriente Medio
“Asma K.”, de Bangladesh, dijo que fue a EAU para trabajar allí pero que su agente de reclutamiento la “vendió” a un hombre que confiscó su pasaporte y se la llevó a Omán. Allí la obligó a trabajar 21 horas al día para una familia de 15 miembros sin descanso ni días libres; también la privó de comer, la agredió verbal y sexualmente y no le pagó nada.

“Empezaba a trabajar a las 4.30 de la mañana y terminaba a la 1 de la madrugada”, dijo. “No me dejaban sentarme en todo el día. Cuando dije que quería marcharme me dijo: ‘te compré por 1.560 riales (US$4.052) en Dubái. Devuélveme el dinero y entonces podrás irte”.

La mayoría de los trabajadores aseguró que sus empleadores les confiscaron el pasaporte. Muchos dijeron que sus empleadores no les pagaban sus salarios completos, les obligaban a trabajar jornadas excesivamente largas sin descansos ni días libres, o les denegaban comida y condiciones de vida adecuadas. Algunos incluso denunciaron haber sufrido abusos físicos a manos de sus empleadores y unos cuantos describieron situaciones de abuso sexual.

La situación es tan grave que algunos países, como Indonesia, han prohibido a sus ciudadanos emigrar a Omán y otros países con antecedentes comparables. Sin embargo, estas prohibiciones no son eficaces y pueden poner a las mujeres en mayor riesgo de ser víctimas de trata o trabajo forzoso, a medida que los reclutadores y ellas mismas tratan de eludir las restricciones. A pesar de que algunos países han aumentado las protecciones para sus ciudadanos que trabajan en el extranjero, otros no protegen de manera integral a sus trabajadores contra prácticas de reclutamiento engañosas ni proporcionan asistencia adecuada a los ciudadanos que han sufrido abusos en el extranjero.

El restrictivo sistema de kafala en Omán, también utilizado en países vecinos del Golfo, vincula los visados de los trabajadores domésticos a sus empleadores. De este modo, no pueden trabajar para un nuevo empleador sin el consentimiento del actual, incluso si han completado su contrato o el empleador es abusivo. En 2011, Omán aseguró a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que estaba “investigando una alternativa al sistema de patrocinio (de visados)”, pero Human Rights Watch no tiene constancia de que se haya presentado ninguna propuesta concreta desde entonces.

El derecho laboral de Omán excluye explícitamente a los trabajadores domésticos, y las regulaciones emitidas en 2004 sobre trabajadores del hogar proveen sólo protecciones básicas. En abril de 2016, el diario Times of Oman citó a un funcionario del Ministerio de Trabajo asegurando que Omán considera incluir a los trabajadores domésticos en sus leyes laborales. El gobierno del país no respondió a las solicitudes de información de Human Rights Watch sobre reformas legislativas u otras medidas para proteger los derechos de los trabajadores domésticos.

Los trabajadores domésticos que dijeron haber escapado de situaciones abusivas tienen pocas alternativas. Algunos dijeron que pidieron ayuda a los agentes de reclutamiento pero que éstos los encerraron en sus oficinas, los golpearon y los obligaron a trabajar para otras familias. Algunos de los trabajadores que recurrieron a la policía en busca de asistencia dijeron que, de entrada, los agentes ignoraron sus denuncias y que luego los devolvieron a los empleadores o agencias de reclutamiento. En algunos casos, los trabajadores aseguraron que los empleadores los golpearon después de que la policía se los devolviera.

Los trabajadores domésticos que abandonan las casas de sus empleadores también se arriesgan a que éstos los denuncien como “fugados”, una infracción administrativa que puede resultar en la deportación y una prohibición de empleo futuro, o incluso en una denuncia penal.

Varios abogados de Omán y representantes de los países de origen aseguraron que no tienen confianza en el procedimiento de resolución de disputas laborales de Omán ni en sus tribunales para obtener algún tipo de reparación para los trabajadores domésticos. Algunos funcionarios de la embajada disuaden a los trabajadores domésticos de explorar esas vías porque el proceso es largo y tiene pocas posibilidades de resultar exitoso, y porque durante el proceso no pueden trabajar. Muchos trabajadores vuelven a su país de origen sin haber sido pagados ni haber recibido justicia.

El 30 de junio, el gobierno de Estados Unidos rebajó la calificación de Omán a la “Lista de Vigilancia de Nivel 2” en su informe anual sobre Trata de Personas. El gobierno de Omán “no demostró evidencias de un aumento generalizado en sus esfuerzos por abordar la trata de personas durante el período anterior de evaluación”, señalaba el informe. En concreto, hubo una disminución en el número de procesamientos por trata, con sólo cinco enjuiciamientos por tráfico sexual en 2015, ninguno por trabajo forzoso y ninguna condena.

Omán debería reformar su legislación laboral para garantizar la igualdad de protección a los trabajadores domésticos, y revisar el sistema de kafala  para proteger de manera integral y efectiva a los trabajadores domésticos inmigrantes de acuerdo con las normas internacionales. Además, debería ratificar el Convenio de Trabajadores Domésticos de la OIT y asegurar la armonización de su legislación con sus disposiciones. También debería cooperar con los países de origen para prevenir el abuso y la explotación de los trabajadores domésticos, investigar a fondo las denuncias de abusos y procesar a los responsables.

“La policía omaní y otras autoridades deberían proteger a los trabajadores domésticos y procesar a sus abusadores, en lugar de castigar a los trabajadores por huir”, señaló Begum. “Omán necesita revisar su legislación y el sistema de kafala  para que sus trabajadores domésticos reciban las protecciones que necesitan”.

Algunos testimonios de este informe:
“Mamata B.”, una trabajadora doméstica, dijo que en abril de 2015 denunció a la policía que su empleador la había golpeado y que no le había pagado durante dos meses. A pesar de suplicar que no la llevaran de vuelta, la policía llamó a su empleador, que la golpeó “sin piedad” y luego la encerró en una habitación durante ocho días con sólo unos dátiles y agua como sustento. Mamata huyó de nuevo, pero no volvió a la policía.

“Aditya F.”, una trabajadora doméstica de 30 años de Java Occidental, Indonesia, huyó de la casa de su empleador después de haber sufrido abusos físicos y verbales, y de que éste la hubiera denunciado por “fugarse”. La policía detuvo a Aditya y la devolvió a su empleador, que la golpeó y le rompió los dientes.

https://www.hrw.org/es/news/2016/07/13/oman-trabajadores-domesticos-estan-atrapados-y-son-victimas-de-trata-de-personas

21 de febrero de 2017

Madres agotadas que padecen el síndrome de burnout .


¿Qué es el Síndrome de Burnout?
El Síndrome de Burnout es una respuesta del organismo cuando ha estado sometido a un periodo de estrés intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Se trata de un problema común en los profesionales que trabajan en contacto directo con las personas en situaciones de gran tensión, como los médicos y las enfermeras. De hecho, esta entidad fue descrita por primera vez a finales de los años 1960 para referirse al desgaste que sufrían los agentes de policía de libertad condicional. Los psicólogos, trabajadores sociales y teleoperadores son otras de las profesiones más expuestas a este problema.

El principal problema es que el Síndrome de Burnout provoca una serie de síntomas que se pueden confundir fácilmente con otras enfermedades. De hecho, causa síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza recurrentes, insomnio, fatiga intensa y dificultades gastrointestinales. También se acompaña con algunos síntomas emocionales, como la ansiedad, depresión, irritabilidad y distanciamiento afectivo.

Además, la persona con Síndrome de Burnout se siente agobiada y cansada. De hecho, suele experimentar un intenso sentimiento de impotencia y desesperación desde que se levanta. A la larga, si este problema no se trata, terminará sufriendo anhedonia; es decir, perderá la capacidad para disfrutar.

¿Por qué las madres sufren el Síndrome de Burnout?
Ser madre es un trabajo a tiempo completo, las 24 horas del día y los 365 días del año. A esto se le suma que muchas mujeres también trabajan y llevan la mayor parte del peso de las tareas del hogar. Sin embargo, en muchas ocasiones, apenas terminan de poner orden y limpiar, encuentran que todo está sucio y desordenado de nuevo, lo cual genera una intensa sensación de frustración e impotencia que les hace cuestionarse el sentido y el valor de lo que están haciendo.

Este problema ha ganado aún más fuerza en los últimos tiempos ya que muchas mujeres también sienten la necesidad de ser madres perfectas, acompañar a sus hijos a las actividades extraescolares y evitarles todo tipo de problemas. Este estilo de crianza, denominado hiperpaternidad, acelera aún más el agotamiento y acrecienta el estrés. De hecho, se ha apreciado que las madres sobreprotectoras tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos emocionales como la depresión.

Por otra parte, el Síndrome de Burnout se alimenta de la sensación de falta de control que experimentan muchas madres. A ellas les gustaría proteger a sus hijos pero a menudo se ven inmersas en situaciones que les recuerdan su impotencia. Esa sensación de incertidumbre e imprevisibilidad termina siendo muy desgastante desde el punto de vista emocional.

¿Cómo evitar este problema?
Prioriza las tareas del día. Aprende a jerarquizar las tareas y prioriza aquellas que sean realmente importantes. Si al final del día no has hecho todo lo que tenías programado en tu agenda, no te agobies. No es necesario que seas una súper mamá.

Reserva unas horas solo para ti. Con los niños, es difícil encontrar tiempo para ti, pero si no te lo propones, siempre terminarás relegándote a un segundo plano. Por tanto, asegúrate de reservar algunas horas para relajarte. Puedes dedicarlas a lo que más te apetezca, como ver una buena película, leer, cenar en pareja o darte un baño relajante.

Pide ayuda. No tiene nada de malo apoyarte en las personas más cercanas, como tu pareja, padres o amigos. De hecho, si repartes las tareas del hogar de manera más equitativa tendrás más tiempo para ti, estarás más relajada y la relación con tu familia mejorará. También puedes plantearte contratar de vez en cuando a una canguro o a una empleada doméstica que te eche una mano.

Asume un estilo de vida más sano. El estrés no solo es un problema emocional sino que también está determinado por tus hábitos de vida. Llevar una dieta sana, practicar actividad física y aprender técnicas de relajación te ayudará a evitar el estrés.

http://planlea.listindiario.com/2017/02/mamas-agotadas-padecen-sindrome-burnout/