20 de agosto de 2019

Mujeres policías se niegan a reprimir marchas feministas: “Si estamos, será para levantar el cartel Ni una menos”



"No es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras, dicen en un comunicado.
Mujeres integrantes de las fuerzas de seguridad se organizan en una red nacional y piden no ser enviadas a marchas de mujeres: “No es un delito manifestar por nuestra seguridad”, dijeron en un comunicado.

Están lideradas por la oficial principal de Santa Cruz, Gabriela Macías. Anunciaron que la red que las nucleará tiene por objetivo “frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la Institución”.
El documento será entregado al Ministerio de Seguridad de la Nación y allí pedirán que no las envíen a marchas feministas, ya que “no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras”.

“Creemos que no debe enviarse ni a policías hombres ni a mujeres, porque pedir por el cese de la violencia no es delito, y no tenemos que estar allí. Y si estamos, será para levantar el cartel Ni una menos, acompañando, jamás reprimiendo”, dice el comunicado.
En el escrito aseguran estar “totalmente en contra de la represión a organizaciones feministas”, y advierten que “ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas, y pedimos que denuncien los abusos de poder”.

“No todas somos policías por vocación, algunas lo somos por circunstancias, otras por la pobreza, otras por que hemos accedido como profesionales psicólogas, sociólogas que estamos impulsando entre todas esta red”, continúa.

“Somos trabajadoras. Nuestro lugar no es el de reprimir, sino el de capacitarnos y promover como mujeres una mayor perspectiva de género en las fuerzas de seguridad”, finaliza.


https://viapais.com.ar/argentina/865177-mujeres-policias-se-niegan-a-reprimir-marchas-feministas

31 de julio de 2019

Raquel Liberman, "la polaca" que desnudó la trata de mujeres en la Argentina de los años 30.


La polaca que se atrevió a denunciar a las redes de trata en la Argentina de los años 30

Un día de mayo, allá por 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz a través del coraje de una mujer que se atrevió a romper el silencio y a denunciar. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en prostíbulos regenteados nada menos que por la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’, recordada como la ZWI MIGDAL. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman.

Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores, de los cuales había intentado escapar en dos oportunidades. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.

Liberman había emigrado hacia la Argentina en 1922 junto a sus dos hijos para encontrarse con su esposo que había viajado antes. Era una de las tantas y tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. En el barco, un judío polaco le habló en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se encontró con su marido enfermo que murió al poco tiempo de tuberculosis. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a Buenos Aires y junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.

Cuando Raquel se animó a denunciar, las redes de tratantes y proxenetas ya estaban ampliamente extendidas. Y la situación de miles de mujeres europeas encerradas en los prostíbulos ya estaba instalada como una problemática social. En esa época se hablaba de “trata de blancas”, para diferenciarla de la “trata de negros”, en realidad el comercio de esclavos traídos por la fuerza desde el continente africano.

En el año 1875 se reglamentó la actividad de los prostíbulos en Buenos Aires y comenzó un proceso de legalización de la prostitución. A tal punto llegaba la cuestión que, si bien ley prohibía el involucramiento de mujeres menores de edad, definía una excepción: se autorizaba legalmente el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido iniciadas tempranamente.

Existían dos clases de proxenetas: los locales y los de origen europeo. Mientras que los proxenetas locales o nativos se conformaban con ganancias relativamente módicas y explotaban sólo una o dos mujeres en forma personal, los de origen europeo (franceses, rusos, polacos, rumanos) vislumbraban en el “negocio” una gran empresa trasnacional que podía llegar a asumir enormes niveles de organización, poder económico y político, con gran capacidad para coimear a las autoridades y alcanzar sus objetivos con menos obstáculos legales.

La primera red de traficantes había surgido en 1889 y estaba integrada por proxenetas de origen judío cuya fachada era la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’. Las mujeres traficadas venían de Europa central y Rusia. A causa de la pobreza y la persecución religiosa que sufrían, sus padres las vendían a rufianes que fraguaban un matrimonio religioso entre la mujer explotada y explotador. Al llegar eran obligadas a firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, el alimento, la renta de la pocilga donde la alojaban y su mobiliario. Todo a precio varias veces superior al real, por lo que su deuda se eternizaba y se convertía en un instrumento más de retención.

La “clientela” de estas mujeres traficadas eran en primer lugar inmigrantes europeos que habían venido solos, en búsqueda de oportunidades laborales. Ellos eran consumidores de las “blancas” europeas que terminaron por desplazar a las nativas en el “mercado” del comercio sexual. Pero también había una exclusiva clientela, la alta burguesía porteña, una importante cantidad de señores ricos que consumía, entre sus placeres, una prostitución de alto nivel, mujeres “importadas” especialmente para ellos.

Las tristemente llamadas “polacas” fueron las primeras víctimas que llegaron al Río de la Plata para ser vendidas y encerradas en prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias. Sólo la ZWI MIGDAL llegó a regentear dos mil prostíbulos. Y desde el inicio contó con la complicidad, la tolerancia y hasta con la participación de agentes del Estado, ya sea la policía y otras fuerzas de seguridad, las autoridades migratorias, jueces, políticos o personajes prominentes de la actividad económica y social.

Los intentos por combatir la trata de mujeres fueron muchos, pero nada exitosos. En 1913 el diputado socialista Alfredo Palacios presentó la llamada Ley Palacios, la primera ley en el mundo contra la “Trata de Blancas, la prostitución de niñas y adolescentes y el proxenetismo”. Pero a pesar de su sanción, la aplicación se mantuvo congelada hasta 1960, recién cuando Argentina ratificó el “Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena” de la ONU de 1949.
Myrtha Schalom escribió en 2003 una muy recomendable novela basada en la vida de Raquel Liberman, “La Polaca”. En un reciente reportaje afirmó que “lo que ella hizo es romper el silencio para devolverles la dignidad a esas mujeres prostituidas, que hoy hay que seguir manteniendo y defendiendo, porque lamentablemente la trata sigue existiendo”.

Luego de la denuncia de Raquel, hubo un juez que tomó la decisión de dictarle prisión preventiva a
108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos. Pero en poco tiempo, la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de ellos por falta de pruebas y testimonios insuficientes.
Cuatro años después, Raquel murió de cáncer de tiroides, mientras que sus tratantes siguieron libres.
“Entre los papeles de Raquel encontré que ella estaba pidiendo una visa para volverse con sus hijos a Polonia en 1934, cuando ya Hitler era canciller en Alemania. ¡Qué desesperación tendría esta mujer por escaparse de acá para pedir eso!”, reveló Schalom.

http://www.heroinas.net/2016/07/raquel-liberman-la-polaca-que-desnudo.html

25 de julio de 2019

Día Internacional de la Mujer Afro-Latinoamérica. Afro-Caribeña, y Diáspora



El 25 de julio pasado se celebra el día Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora , que busca una mayor visibilización a su aporte cultural y social, y la reducción de la discriminación racial, violencia de género, sexismo, exclusión, pobreza y migración.

El eje central de esta conmemoración es la lucha por la inclusión, por la justicia e igualdad para las mujeres afrodescendientes en Latinoamérica y El Caribe.

El 25 de julio de 1992 mujeres negras de 32 países de América Latina y el Caribe se reunieron en República Dominicana para hacer visibles las luchas y resistencia de las mujeres afro y definir estrategias de incidencia política para enfrentar el racismo desde una perspectiva de género.

A raíz de ese encuentro, se instituyó el 25 de julio como Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, también conocido como Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora.

La Asamblea General de la ONU proclamó en su resolución 68/237 los años 2015-2014, como el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, con el propósito de fortalecer la cooperación nacional, regional e internacional en relación con el pleno disfrute de los derechos sociales, culturales, civiles, económicos y políticos de las personas de ascendencia africana, y su plena e igualitaria participación en todos los aspectos de la sociedad.


http://comunasweb.com.ar/dia-internacional-de-la-mujer-afro-latinoamerica-afro-caribena-y-diaspora-mujer-afrodescendiente/

18 de julio de 2019

Las otras formas de la violencia.


¿Cuánta vida te está costando tu salario? La frase debiera ser suficiente para repensar los tiempos actuales y que encontré en una red social pero me llevó a reflexionar sobre los mecanismos de control y opresión que, bajo el amparo de las necesidades de trabajo se llevan a cabo en los espacios laborales, que minan el ánimo y la salud de las mujeres y hombres, que afectan su desempeño como sujetos dentro de un núcleo familiar y finalmente en la misma sociedad.

Lo que tenemos, indistintamente del género, son personas afectadas anímicamente, diezmadas emocionalmente, castradas en la frustración de trabajos de larguísimas jornadas, estrés constante y el deterioro paulatino de la salud derivado de lo que se le hace al organismo sometido a presión.

El problema es que esto parece ser cada vez lo más usual, lo normal porque en la competencia y las dinámicas laborales actuales, se pretende que las personas acepten sí o sí esos ambientes de trabajo bajo la presión principal de que es eso o el desempleo, es eso o el temor de no encontrar espacios acordes a sus habilidades.

Lo que se vive cada vez más es el abuso físico y emocional sobre las personas, bajo argumentos de que lo que prevalece es el estrés en los espacios laborales, bajo la supuesta exigencia de eficiencia y rendimiento que en realidad ocultan la incapacidad de coordinar equipos, la falta de experiencia en la construcción de liderazgos y modelos de dirección no violentos ni jerarquías opresivas.

El mal es que el modelo de dirección y coordinación laboral fue permeado por las violencias heteropatriarcales hace mucho, y se cree, se piensa que ese es el único modelo; en el que se puede ejercer la violencia en la misma dinámica en la que se ejerce en los hogares, a partir de la incapacidad machista de la gerencia de las emociones propias.

Así, es común que dentro de más violenta sea la relación entre el jefe/jefa y sus colaboradores, se cree que más eficiente va a ser el rendimiento, y si no, al menos bajo el amparo del miedo a ser despedidos tendrán que esforzarse en granjearse la aprobación de sus directivos.

Desafortunadamente este modelo cada vez más vigente está costado la salud de las personas en los ámbitos laborales, en un sistema social en el que las personas se tornan más agresivas pues lo que se hace es multiplicar el efecto de la violencia. Quien es oprimido u oprimida en su espacio laboral, seguramente lo hará con sus subalternos y/o si no los tiene al interior de sus familias o en los espacios donde puede ejercer una forma de poder.

Lo que tenemos como resultado es una sociedad cada vez más violenta y enferma, que adolece de la capacidad de entender que no es la violencia ni la opresión lo que necesitamos que se multiplique, sino la paciencia y la comprensión, la capacidad de coordinar equipos estimulando, motivando y propiciando que las personas sean competitivas sí, que se esfuercen y preparen pero que se desempeñen en la medida de sus propios recursos y sus habilidades.

Si hay algo que necesitamos cambiar para contribuir a la eliminación de la violencia es precisamente replantearnos qué tanto las mujeres como los hombres están replicando los mismos modelos de gerencia y dirección, que solo se replica y reproduce la violencia para generar ondas expansivas que terminan por minarlo todo, y el resultado lo vivimos al salir a la calle y ver a personas infelices, enfermas y hartas de tener que tolerar ambientes violentos de trabajo.

La decisión no es nada fácil ¿cuánta vida te está costando tu salario? Es una pregunta que nos pone en la justa dimensión para valorar si se trabaja en un espacio idóneo, empático y sin opresión, para entender o tratar de apoyar a las personas que desafortunadamente no lo están, para aspirar a contagiar e impulsar con un sentido positivo de mejorar los rendimientos laborales en todos los espacios. Que se termine de una vez por todas con la creencia que la violencia y la opresión son necesarias para que los espacios laborales funcionen.

Renunciemos a la violencia como método de convivencia y formas en los espacios laborales, y seguramente muchas cosas mejorarán en el país.

https://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/las-otras-formas-de-la-violencia

1 de julio de 2019

“Las mujeres somos más responsables del machismo de lo que creemos”: Lila Downs


La primera impresión al conocer a Lila Downs, es la de una mujer que consigue lo que se propone. “Yo soy como el Rey, el de la canción de José Alfredo: tengo la fortuna de hacer siempre lo que quiero”, asegura, y con Al chile —su nuevo disco— pondrá a bailar a todos. Ahora ya suena el sencillo “Cariñito” y aprovechando la promoción del álbum, platicamos con Downs sobre uno de los temas más importantes de la agenda femenina en nuestro país: el machismo.
Lila, ¿cómo defines la relación entre hombres y mujeres hoy?

-Creo que hay que hablar más sobre el feminismo y lo que significa. A veces se tiene el concepto limitado de que el feminismo son ‘las feminazis’, y eso es muy pobre. Hay algo de peligro en la relación que nosotras llevamos con nuestros hombres, los veneramos demasiado y les hacemos daño con eso. Cuando las mujeres mimamos demasiado a los varones, se corrompe un poco la relación justa entre los géneros”. Según ella, esta veneración de algunas mujeres hacia los hombres, puede dar lugar —en parte—, a que existan ‘los machos’. “Hay que leer a Simone de Beauvoir o Rosario Castellanos, visiones que no necesariamente son de escuela feminista, sino que obran con su ejemplo de vida.

¿Cuáles son tus inspiraciones femeninas?

-Por un lado Chavela Vargas, era tremenda esa mujer, aunque tenía sus desplantes. Me tocó que me contara que andaba con este político y con éste, y cosas así de presumir su vida privada. Se volvió mitómana”, Pero del lado más personal, las mujeres determinantes en su vida fueron su abuela y su madre, a quien casaron a la fuerza cuando tenía 14 años. “Yo misma sufrí la situación difícil de vivir en un pueblo (Tlaxiaco), donde cuando los hombres deciden que eres una mujer “linda”, pueden destruirte. Yo me quedé con ese sentimiento de pelear”, confiesa.

¿Cómo es el tema del machismo con tu pareja? .

-Yo lo eché a perder (ríe), lo estaba echando a perder. Estábamos acostumbrados que hasta que no se sentaba el hombre de la familia a la mesa, no lo hacíamos las mujeres: aunque mi madre no era así, ella se convirtió en mujer liberada, jamás cocinó (ríe), siempre tenía a alguien que la ayudaba. Entonces, yo en algún momento me di cuenta que debía corregir esa situación que mantenía después de años de casados con mi esposo. Ahora le digo: no te sientes ahí, yo no te voy a servir, me tienes que ayudar...
Hace algunos años, la cantante comentó en una entrevista en España su postura sobre el aborto, y afirmó que las mujeres debían tener libertades a la hora de hacerlo, pero que también tenían una responsabilidad. Lila continúa en esa posición: “Sí, porque a veces somos negligentes, y no nada más las mujeres, cuando una se embaraza, un hombre también tuvo que ver ¿no? Debemos ser más conscientes, pero la calentura nos gana (ríe). Sí, estoy a favor de que se legalice, pero soy un poco diferente en ese sentido, no creo que deba ser tan fácil, porque hay que respetar a la vida”, finaliza.

En la edición impresa de mayo, una entrevista completa y una sección de fotos exclusiva de la artista oaxaqueña, una de las máximas representantes del movimiento femenino en nuestro país.

https://www.gq.com.mx/entretenimiento/articulo/lila-downs-machismo-entrevista


16 de mayo de 2019

Los perseguidos LGTBI.


La exposición 'Orgullo de Valientes' refleja cómo viven y sienten aquellos que se ven obligados a huir de su país por su orientación sexual o identidad de género. 72 países criminalizan a este colectivo.
“Nosotras no existimos ante las leyes pero sí estamos. No existimos para la sociedad pero sin embargo la sociedad nos usa: estamos en los polígonos, en plena calle Montera de Madrid o en la Casa de Campo pero somos invisibles. Yo soy transexual, mujer y migrante y sufro esa triple discriminación”, así denuncia Fabiana cómo es su día a día, invisible ante una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado.Ella formó parte del proyecto Orgullo de Valientes, una exposición organizada por La Merced Migraciones, que ahora se puede ver en esta fotogalería. Las imágenes visibilizan la situación de aquellos que se ven obligados a huir de su país por su orientación sexual o identidad de género y piden refugio en España.

Fabiana es mexicana y desde hace más de una década lucha por la defensa de los derechos de las personas LGTBI+ para que en su país de origen se reconozcan los matrimonios igualitarios en otros estados más allá de Ciudad de México y denunciar el constante acoso que sufren sus compañeras trans arrestadas y obligadas a permanecer en los calabozos sin haber cometido ningún delito.

“Cuando estaba en España de vacaciones entraron dos veces en mi casa, registraron y destrozaron todo. En ese momento mi familia me dijo que no regresara porque tenían miedo que pudieran hacerme algo. Porque así se trabaja en México, se elimina a los líderes de los movimientos para infundir el miedo y que los demás no se manifiesten”, cuenta. Eso ocurrió en 2016, y desde ese momento ya no ha podido volver a su país por las amenazas constantes que recibe. México es el segundo país más violento contra la comunidad LGTBI+, sólo superado por Brasil. “Yo soy de un estado del norte de México donde la gente es muy conservadora. Cuando sales de la capital es cuando empiezan a asesinar a líderes como mi compañera Agnes Torres y las amenazas a quienes defendemos los derechos del colectivo”, reconoce Fabiana.
En el mundo, 72 países siguen criminalizando al colectivo LGTBI+ y en Arabia Saudí, Irak, Irán, Nigeria, Siria, Somalia, Sudán y Yemen la homosexualidad se castiga con pena de muerte. Por sentir y amar diferente, se enfrentan a detenciones arbitrarias y violencia, se les niegan derechos de reunión, expresión e información, sufren discriminación en el empleo, la salud y la educación. Según la Organization for Refugee, Asylum & Migration (ORAM) más de 175 millones de personas LGTBQ+ viven en condiciones de peligro o violencia en todo el mundo, pero se estima que menos de 3.000 reciben protección internacional cada año.

Uno de los supuestos bajo los que se puede solicitar asilo y protección en España es tener un temor fundado de sufrir persecución por pertenecer a un colectivo determinado, como es el definido por la orientación sexual o la identidad de género. Muchas de estas personas llegan a España buscando vivir su condición sexual en libertad pero no son pocas las barreras que tienen que superar, como los problemas para encontrar empleo o para alquilar una vivienda, que aumentan para las personas transexuales.

Hace tres años nació un proyecto de La Merced Migraciones con el objetivo de apoyar a las personas del colectivo LGTBI+ solicitantes de asilo y refugio. “Muchas de estas personas cuando llegan carecen de apoyos bien porque tirar de los apoyos que tienen de su propia comunidad en España supone meterse de nuevo en el armario o porque muchas veces llegan solos y no conocen a nadie. Cuando has sufrido rechazo por parte de tu comunidad en tu país y llegas a otro lugar y tienes que refugiarte de nuevo supone volver a sufrir un rechazo”, cuenta Josué González, trabajador social del proyecto. Por esos motivos, decidieron crear un proyecto específico que apoya a este colectivo.

“Muchos sufren bloqueo porque no les es fácil responder a las entrevistas de asilo contando su vida porque tienen miedo. Muchos de ellos no saben que en nuestro país la homosexualidad no sólo no está criminalizada sino que hay una serie de derechos y libertades garantizados constitucionalmente”, cuenta Josué, denunciando como en muchos casos los profesionales que trabajan en el campo del asilo y refugio desconocen bastante las particularidades del colectivo LGTBI+.
Manuel tuvo que huir de Venezuela por la persecución política que sufría por ser miembro de un partido de oposición. Estuvo viviendo en Madrid unos años y volvió a Venezuela para trabajar pero se vio obligado a regresar de nuevo a España y pedir asilo porque la situación era insostenible. “Si además de ser de oposición eres gay hay una saña bastante importante por parte de las fuerzas de seguridad. Más de la mitad de las agresiones a personas LGTBI+ en Venezuela las cometen agentes de las fuerzas de seguridad”, declara Manuel. Aunque reconoce que a nivel social la situación en Venezuela había mejorado respecto a hace unos años, echaba de menos no poder ir cogido de la mano de su pareja o expresar públicamente afecto. “Después de vivir en España, cuando volví a Venezuela tuve que volver al armario de puertas para afuera de mi casa”. Entre junio de 2015 y mayo de 2016 en el país sudamericano se produjeron un total de 18 asesinatos y 75 agresiones a personas de la comunidad LGTBI+. Aunque no existen datos gubernamentales oficiales, ya que en el país no no están reconocidos los crímenes de odio contra las personas de este colectivo.

Manuel y Fabiana son solo algunas de las personas que forman parte de la exposición dirigida por el fotógrafo Cheché Díaz quien, tras un proceso participativo, fue fotografiando lo que cada participante quería transmitir. “Han sido muy valientes de enfrentarse al estigma, de salir ante la cámara, sentirse libres y mostrarse tal y como son. Había muchos temores e incertidumbres pero el resultado es que ellos dieron un paso y han querido contar sus historias y hacerlas visibles. Y quieren luchar desde ahí fuera y no encerrados sintiéndose como si no formaran parte de nada”, explica Díaz.

Para Fabiana, participar en esta exposición significó tener la oportunidad de luchar contra los discursos xenófobos y poder contar su historia. “Lo que yo he vivido siendo una transexual migrante viviendo en Madrid no lo quiero para otra compañera. Eso es lo que me motiva a seguir trabajando. Mi sueño sería que no existiera la discriminación y que cada uno fuera como quisiera ser”. Un sueño que será posible algún día gracias a personas valientes como ellos.

https://elpais.com/elpais/2019/03/25/planeta_futuro/1553517984_827632.html

29 de abril de 2019

El Patriarcado como sistema de opresión.



Para la mayoría de las personas la lucha feminista se presenta como una lucha “antihombre”, la equiparan al machismo, creen que busca la superioridad de las mujeres por sobre los hombres, etc. Lo anterior, demuestra la ignorancia que se tiene en torno a la connotación y la importancia que ha tenido la lucha feminista, en tanto emancipadora para nosotras las mujeres, como también en su gran aporte a la teoría de las clases sociales. Creemos que para lograr entender la lucha feminista y su aporte, es importante el develamiento del sistema patriarcal como sistema de opresión esencialmente hacia las mujeres, pero que aporta elementos de manera sustancial a la generación y conformación de los más diversos sistemas económicos de explotación.
En los años 70’s las feministas radicales logran, luego de años de tener la sensación de que había un “algo” en donde se sustentaba la opresión hacia las mujeres, dar un cuerpo teórico al sistema patriarcal hasta ese momento no considerado en las diferentes perspectivas de cambio social. No obstante, el prominente desarrollo de la crítica y la producción en torno a esta herramienta teórico/práctica, hasta el día de hoy se encuentra denostada e invisibilizada.

¿QUE ES EL PATRIARCADO?

Para responder esta pregunta podemos citar a Dolores Reguant, quien señala:
“Es una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres; del marido sobre la esposa; del padre sobre la madre, los hijos y las hijas; de los viejos sobre los jóvenes y de la línea de descendencia paterna sobre la materna.
El patriarcado ha surgido de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetúan como única estructura posible. De esta definición se puede extraer principalmente que es un sistema que se ha ido conformando paulatinamente, profundizando sus raíces con cada sistema económico con los cuales ha convivido. Además, de sufrir un proceso de naturalización, a tal modo, de pasar inadvertido en nuestra cotidianeidad sin ser cuestionado en casi ninguna esfera de la sociedad; demás está mencionar los aportes que han hecho grandes “genios” de la humanidad (Aristóteles, Tomas de Aquino, Proudhon, Napoleón, Einstein, entre otros) en la tarea de dar sustento “científico” al paradigma en donde lo masculino es la medida de todas las cosas generando la subordinación de las mujeres.
Otras definiciones que encontramos son más polémicas, pues, definen el patriarcado como un “…pacto -interclasista- por el cual el poder se constituye como patrimonio del genérico de los varones”. Por otro lado, Marta Fontela asevera:
“El patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia”.
Sin duda, estas afirmaciones son altamente polémicas puesto que plantean un pacto interclasista, que destaca la transversalidad que tiene este sistema de opresión a través de las clases sociales. De ahí el surgimiento de consignas tales como: “No hay nada más parecido a un machista de izquierda que uno de derecha”. Ambas definiciones establecen un pacto entre hombres, que aunque estén en desigualdad de condiciones económicas, es decir, pertenecientes a diferentes clases sociales, van cediendo en algunos puntos, siendo capaces de articularse en función del patriarcado. Como bien plantea la feminista-socialista Heidi Hartmann, para un análisis del patriarcado dentro de las sociedades capitalistas: “el salario familiar es un pacto patriarcal interclasista entre varones de clases sociales antagónicas a efectos del control social de la mujer”. Haciendo hincapié en la perspectiva histórica del surgimiento del capitalismo, en donde, la mano de obra femenina fue relegada al ámbito privado.

HISTORIA

El sistema patriarcal surge alrededor de 10.000 años atrás, vinculando su origen con el proceso de sedentarización y el cambio de mentalidad de sociedades colectivizadas horizontales a sociedades individualistas jerárquicas y la consecuente aparición de las clases sociales. Así lo grafica Marcela Lagarde, quien establece:
“La opresión de las mujeres es parte de los fenómenos que confluyeron en la conformación de la sociedad de clases y que contribuyeron a mantenerla, es decir, las prácticas patriarcales anteceden al surgimiento de las clases, al ser un paso elemental de un cambio de mentalidad de sociedades igualitarias a sociedades que se basan en la opresión y explotación de parte de su población para funcionar”
Es por lo anterior que las feministas establecen que hay una vinculación directa entre el patriarcado y los diversos sistemas económicos, pues ha sido parte esencial de su conformación (como el esclavista y el feudal), estableciendo actualmente una clara alianza con el sistema capitalista. “Las sociedades patriarcales de clases encuentran en la opresión genérica uno de los cimientos de reproducción del sistema social y cultural en su conjunto”.
Y he aquí donde radica la importancia del aporte del feminismo, pues entrega una teoría trascendental a la lucha de clases, volviéndola claramente una aliada epistémica, ya que es capaz de entregar la base teórica para entender la opresión especifica de las mujeres. Opresión que sin duda, no hallaba respuesta en la sola teorización de las clases sociales. Esta miopía teórica da como resultado que muchas de las “grandes” luchas sociales que han sido llevadas a cabo por el “pueblo” no han significado lo mismo para hombres que para mujeres, presentándose muchas veces como perpetuación de los roles asignados socialmente a nosotras.
Así también, la teoría del patriarcado, es capaz de definir relaciones estructurantes de poder en la sociedad, es decir, cuando hablamos de relaciones patriarcales, no nos referimos solamente a las que se dan como una opresión de los hombres hacia las mujeres, sino que también, cuando estamos ante situaciones autoritarias, de violencia, jerarquías, etc., pues todos ellos constituyen elementos centrales de sociedades patriarcales-clasistas. En relación a lo anterior, ya no podemos pensar análisis, por ejemplo, del Estado, la política, los partidos políticos, sin considerar el profundo arraigo patriarcal que tienen dichas instituciones, por lo anterior, la lucha feminista es intrínsecamente antipartidista y antiestatal.
Por ello se torna interesante comenzar a incorporar este sistema de análisis a nuestros discursos y propuestas de cambio de sociedad, sino seguiremos condenando a la mitad de la humanidad a una constante opresión, “las discriminaciones sobre las mujeres surgen no sólo en su relación con el sistema económico, sino también con el sistema de una dominación masculina hegemónica”. No se trata de privilegiar el género o la clase, sino de entrelazar estos ejes de dominación”
Vemos necesario, entonces, comenzar a cuestionar nuestras prácticas más cotidianas e ir aportando en la construcción de sistemas integrales que den respuesta a la totalidad del colectivo social, ya no más fragmentada ni priorizando unas luchas por sobre otras. Finalmente, se puede afirmar que uno de los grandes aportes de la teoría patriarcal es que descubre y quita el manto de “biológico” y “natural” a la opresión de las mujeres volviéndola transformable y cuestionable.

http://www.gamba.cl/2014/12/el-patriarcado-como-sistema-de-opresion/