10 de diciembre de 2011

Los Derechos humanos y las mujeres.

En la historia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos hay un nombre propio: el de Eleanor Roosevelt, feminista y activista social. Presidió, el comité que aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue su máxima impulsora. Se la considera una de las mujeres más influyentes del Siglo XX. Eleanor Roosevelt y Minerva Bernardino lograron que la Declaración Universal de Derechos del Hombre fuera Derechos Humanos en 1948.

Los Derechos Humanos y las mujeres

¿Qué habría sido de la aplicación de los Derechos Humanos a todos los seres humanos, sin la influencia y la lucha de los movimientos feministas? Gran parte de las modificaciones sobrevenidas en las costumbres sociales y la evolución política de las sociedades no habrían tenido lugar sin el despliegue de esfuerzos, reflexión y reivindicación de las mujeres a lo largo de la historia.

Como lo demuestran los acontecimientos de la Historia, el hecho de hablar de Derechos Humanos ha sido fuertemente ligado al concepto de varón, como paradigma de lo humano.

El lenguaje utilizado en los distintos documentos, las ideas, valores y costumbres que éstos reflejan, consolida un modelo de sociedad patriarcal en el que se ignora la manera de sentir y de pensar o de situar los valores de la otra parte de la humanidad, haciéndola invisible: la mirada de las mujeres.

Los movimientos feministas intentarán quebrar esta situación de desigualdad a través de su lucha por los derechos... a la integridad física al trabajo a la educación a la cultura al acceso al poder a una vida sexual y reproductiva plena y sana a conservar nuestros ingresos a acceder al derecho de propiedad y a los créditos bancarios a ser tratadas con dignidad

… que nos permitirán gozar, en igualdad de condiciones y oportunidades, de los mismos derechos de los que gozan los hombres, por el simple hecho de serlo.

Los distintos movimientos de mujeres a nivel mundial han continuado la labor de promoción y vigencia efectiva de nuestros derechos y libertades fundamentales, luchando por una reformulación global de los Derechos Humanos con perspectiva de género

Si bien es cierto que el reconocimiento de los derechos humanos comprende de manera general al hombre y a la mujer, no menos cierto es que la realidad práctica evidencia que los instrumentos internacionales y los mecanismos de derechos humanos invisibilizan las necesidades, deseos y demandas de las mujeres, ya que tales instrumentos no toman en cuenta sus especificidades porque sus derechos son sistemáticamente violados: además de ser victimizadas por ser mujeres, deben encajar las injusticias sin que sean consideradas una violación de sus derechos.

¿Qué habría sido de la aplicación de los Derechos Humanos a todos los seres humanos, sin la influencia y la lucha de los movimientos feministas? Gran parte de las modificaciones sobrevenidas en las costumbres sociales y la evolución política de las sociedades no habrían tenido lugar sin el despliegue de esfuerzos, reflexión y reivindicación de las mujeres a lo largo de la historia

La perspectiva de género de los Derechos Humanos

La perspectiva de género nace de esa percepción diferente de la realidad, cuando exige que se tengan en cuenta las necesidades específicas del 50% de la población que representan las mujeres.

El logro más visible del género femenino es el de haber colocado lo referente a la mujer y sus necesidades específicas en la agenda de las grandes conferencias mundiales.

Los derechos de la mujer están teóricamente y formalmente recogidos en el concepto general de Derechos Humanos y sin embargo, a pesar de que muchos Estados hayan firmado los acuerdos, convenios y tratados en pro de la igualdad, las cuestiones específicas relacionadas con las mujeres reciben una consideración distinta, un tratamiento inferior y marginal.

Es importante destacar la necesidad de hablar de los derechos de la mujer desde una perspectiva feminista de la historia.

Para comprender esto mejor, basta señalar por ejemplo, que la Declaración de los Derechos Humanos proclamada en 1948, para definir los derechos humanos de la persona, tomó como base el término genérico "hombre" que si bien incluye a la mujer, no la define como ser distinto con necesidades específicas

Fue en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, cuando la comunidad internacional declaró que los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los Derechos Humanos universales. También empezaron a utilizarse los términos de "indivisibilidad" de los derechos, y "universalización absoluta" de los mismos, no sólo desde una perspectiva jurídica sino también desde un concepto moral y político, como objetivo a alcanzar a largo plazo.

La evolución de las mentalidades ha sido lenta por el simple hecho de que los documentos, tratados y convenios fueran elaborados en foros constituidos mayoritariamente por hombres, representantes de un modelo ideológico patriarcal muy alejado de nuestras forma de vivir y de representar el mundo.

Derechos Humanos, mujer y violencia, conceptos estrechamente vinculados

Ha sido la presión de los grupos de mujeres organizadas la que ha logrado situar a la violencia contra la mujer, históricamente considerada como un hecho de ámbito privado, entre los puntos fundamentales de denuncia en relación a la violación de los derechos de las mujeres y uno de los ejes de debate prioritarios en numerosas conferencias internacionales.

El reconocimiento de que han prevalecido los modelos masculinos de poder ha hecho aflorar la "otra mirada": la mirada femenina, capaz de equilibrar la representación del mundo, hasta ahora determinada por los varones.

http://www.escueladefeminismo.org/spip.php?article465

http://heroinas.blogspot.com/2011/03/eleanor-roosevelt-heroina-de-estados.html?spref=fb

6 de diciembre de 2011

Las beguinas: libertad en relación.

Entre los siglos XI y XIV el occidente medieval vivió toda una serie de transformaciones de carácter sociocultural, económico y espiritual que nos permiten connotar este período de apasionante. Dentro del ámbito de la espiritualidad estas transformaciones tuvieron como protagonistas a laicos y laicas de todos los estratos sociales. Ellos y ellas protagonizaron una auténtica rebelión contra el poder establecido y, por tanto, contra la Iglesia a la cual acusaban de tener un gran poder temporal, alejándose de los ideales evangélicos, y de excluirlos "a priori", precisamente por su condición laica, de la vida\"religiosa", reduciéndolos a un universo puramente material. Una lucha que se enmarca en un contexto religioso y cristiano porque religiosa y cristiana es la sociedad occidental medieval. Buscaron formas de vida que les permitieran conciliar una doble exigencia: la de una vida consagrada al servicio de Dios y la de cristianas y cristianos que viven en el siglo al margen de la estructura eclesiástica.
Esta actitud, que dio lugar a una gran proliferación de movimientos de renovación espiritual, dentro y fuera de la ortodoxia, comportó una ruptura con el orden establecido por la Iglesia; una ruptura que para las mujeres fue doble: en tanto que laicas y en tanto que mujeres. En tanto que mujeres porque desde el punto de vista teológico –pero también desde el médico y científico- eran consideradas fisiológica y espiritualmente débiles, defectivas en cuerpo y fortaleza moral e incapaces –salvo muy pocas excepciones- de elevarse a la consideración de la realidad espiritual. A pesar de estas opiniones la presencia de las mujeres prevaleció en todos estos movimientos e, incluso, crearon una corriente de espiritualidad desde ellas y para ellas, con una total autonomía respecto a los hombres. Una corriente de espiritualidad que ellas dotaron de tanta fuerza y potencia que influyeron, no solamente la mística de su tiempo, sino la de siglos posteriores: nos estamos refiriendo a las beguinas.
El de las beguinas es un movimiento que nace a finales del siglo XII en un ámbito geográfico concreto, Flandes –Brabante– Renania, que se extiende con rapidez hacia el norte y el sur de Europa, y en cuyo seno encontramos mujeres de todo el espectro social cuyo deseo es el de llevar una vida de espiritualidad intensa, pero no de forma claustral, como estaba sancionado socialmente, sino plenamente incardinadas en las ciudades entonces emergentes.
La necesidad de un espacio específicamente femenino, creado y definido por las mismas mujeres, fue sentida y expresada literariamente por Cristina de Pizán a principios del siglo XV en "El libro de la Ciudad Damas", en el cual ella imagina la construcción de una ciudad, sólida e inexpugnable, habitada sólo por mujeres. Pero pocos siglos antes las mujeres llamadas beguinas habían materializado ya la existencia de un espacio similar al imaginado por Cristina.
Reclusión, beguinato o beaterio son algunos de los nombres que designan este espacio material en el que habitan las beguinas o reclusas (con ambos nombres son conocidas estas mujeres en Cataluña) y que puede adoptar formas y dimensiones diversas, ya que puede tratarse de una celda, una casa, un conjunto de casas o una auténtica ciudad dentro de la ciudad, como los grandes beguinatos flamencos, declarados Patrimonio de la Humanidad el año 1998.
Todos ellos, sin embargo, representan una misma realidad: un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es una espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal, en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez. Un espacio de transgresión a los límites, tácitos o escritos, impuestos a las mujeres, no mediatizado por ningún tipo de dependencia ni subordinación, en el que actúan como agentes generadores de unas formas nuevas y propias de relación y de una autoridad femenina. Un espacio que deviene simbólico al erigirse como punto de referencia, como modelo, en definitiva, para otras mujeres.

El fenómeno de laicización de la religión, que se produjo a partir del siglo XII, hizo que los clérigos dejaran de detentar el monopolio del papel de intermediarios con lo divino. Un papel que empiezan a compartir con aquellas personas seglares a las que la sociedad reconoce una especial autoridad.
En toda Europa, las beguinas recibieron numerosos legados testamentarios para que cumplieran una serie de tareas relacionadas con la muerte y con el tránsito del alma hacia el Más Allá. Así, ellas rezaban por la salvación del donante, participaban en los funerales y acompañaban el cuerpo del difunto al cementerio. Pero también tenían cuidado del cuerpo del moribundo, lo velaban y amortajaban. Esta mediación en la muerte se convirtió en una de sus principales actividades y les otorgó una función social que las convertía en imprescindibles.
El cuidado del cuerpo de enfermos y moribundos que las beguinas realizan constituye una práctica espiritual que está íntimamente vinculada a la compasión y a la solidaridad.
Las beguinas encarnan una de las experiencias de vida femenina más libre de la historia. Laicas y religiosas a la vez, vivieron con una total independencia del control masculino –familiar i/o eclesiástico- y la libertad de que gozaban es inseparable de la red de relaciones que establecen: de forma primaria entre ellas, con Dios "sine medio", y con el resto de mujeres y hombres de las ciudades donde vivían.
La forma de vivir y entender el mundo de estas mujeres se extendió con rapidez por toda Europa occidental hasta convertirse en un auténtico movimiento, tanto por el número de mujeres que se adhirieron a él como por el amplio espectro social al que pertenecían. Un movimiento que se movió siempre en los tenues límites que a menudo separan la ortodoxia de la heterodoxia.
El espacio de libertad que ellas representan las sitúa en un "más allá" del orden socio-simbólico patriarcal en su forma medieval, trascendiendo su estructuración binaria y jerarquizada. Generan algo nuevo y, en consecuencia, no previsto en la cultura de la época. Original, porque ellas son el origen. Un espacio que se radica materialmente en las casas que habitan, inmersas en el tejido de la ciudad, con el que interaccionan de forma constante, ofreciendo tanto en la vida como en la muerte, su mediación.

http://www.ub.edu/duoda/diferencia/html/es/secundario1.html
Elena Botinas Montero y Julia Cabaleiro Manzanedo.

5 de diciembre de 2011

Los derechos humanos, son respetados?

Los Derechos Humanos son derechos inalienables y pertenecientes a todos los seres humanos. Estos derechos son necesarios para asegurar la libertad y el mantenimiento de una calidad de vida digna, y están garantizados a todas las personas en todo momento y lugar."

Dada la naturaleza del ser humano, todos deberíamos ser iguales y disfrutar de los bienes, servicios, recursos y gozar de los derechos humanos en igualdad de condiciones.

Sin embargo, aspectos como la fuerza, la inteligencia, la capacidad económica, la habilidad política, los valores etc. ha originado distintos grados de poder, lo que en el transcurso del tiempo se ha ido polarizando hasta llegar a las sociedades actuales, en las que esas diferencias son más evidentes y lesivas respecto de quienes no detentan el poder.

Los Derechos Humanos son aquellos que cada hombre y cada mujer tiene, por el solo hecho de serlo. Por ende cada ser humano en virtud de su dignidad posee una serie de de derechos fundamentales inherentes a su calidad humana, que le son universalmente conocidos.

Derechos Humano de Primera Generación: Destinados a garantizar la integridad física del cuerpo: Derecho a la Vida, la prohibición de la tortura, de la esclavitud, la condena al apartheid y de cualquier tipo de discriminación etc.

Los Derechos Humanos surgen con la Revolución francesa como rebelión contra el absolutismo del monarca. Imponen al Estado el deber de respetar siempre los derechos fundamentales del ser humano:

- A la vida

- A la integridad física y moral

- A la seguridad personal

- A la igualdad ante la ley

- A la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.

- A la libertad de expresión y de opinión.

- De residencia e inviolabilidad del domicilio.

- A la justicia

- A una nacionalidad

- A contraer matrimonio y fundar una familiar

- A participar en la dirección de asuntos políticos

- A elegir y ser elegido a cargos públicos.

- A formar un partido o afiliarse a alguno.

- A participar en elecciones democráticas.

Derechos Humanos de Segunda Generación: Relacionados con la integridad y manifestación del espíritu: La libertad del pensamiento, de conciencia, de opinión, de reunión, de religión, de expresión, a la educación, a la igualdad, la protección de las minorías, el libre acceso a la cultura.

Ø Derechos Económicos:

- A la propiedad

- A la seguridad económica.

Ø Derechos Sociales:

- A la alimentación,

- al trabajo,

- a la seguridad social,

- a la salud,

- a la vivienda,

- a la educación.

Ø Derechos Culturales:

- A participar en la vida cultural del país,

- a gozar de los beneficios de la ciencia,

- a la investigación científica, literaria y artística.

Derechos Humanos de Tercera Generación: Derecho a disponer de medios para poner en práctica los anteriores: Igualdad ante la ley, la irretroactividad en materia penal, el derecho a participar directa e indirectamente en el gobierno, a acceder en condiciones de igualdad a las funciones públicas, a votar y ser elegido.

- A la paz

- Al desarrollo económico

- A la autodeterminación

- A un ambiente sano

- A beneficiarse del patrimonio común de la humanidad

- A la solidaridad

http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2011/11/derechos-humanos.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+MujerDelMediterraneo+%28mujer+del+mediterraneo%29

1 de diciembre de 2011

Violencia simbólica institucional y politica.



 Las instituciones democráticas actuales, las administraciones públicas, los partidos políticos y los sistemas empresariales están construidos sobre modelos políticos de finales del S.XIX y principios del S.XX, por tanto son espacios masculinos basados en el ejercicio del poder piramidal.La participación de las mujeres en las estructuras institucionales tiene aristas, que van haciendo difícil el recorrido a través de "lo político", transitar entre los mecanismos ya establecidos de participación en las instituciones, partidos, empresas, etc., presenta una dificultad añadida para las mujeres pues son estructuras androcéntricas creadas para servir a los intereses de un grupo de ciudadanos, varones, y representantes de una burguesía emergente.

Esta cultura de relación androcéntrica permanece en el espíritu y en las formas de las organizaciones actuales mostrando una gran incapacidad para reformarse adaptándose a las nuevas realidades sociales, lo que explica parte de su debilidad actual, en este rígido panorama irrumpen las mujeres aumentando poco a poco su presencia pública y representatividad.

Espacio marginal para las mujeres

Las organizaciones no cambian ante esta nueva circunstancia que representan las mujeres en las organizaciones, tan sólo aceptan su presencia al principio minoritaria, pero que pronto pasa de ser algo anecdótico a plantear la exigencia democrática de la paridad, desde los años 70 las mujeres reclaman la mitad del cielo y la mitad de la tierra. Se abre un escenario de tensión con nuevas actoras que reclaman espacio, autonomía y poder, mientras tanto los hombres que hasta ahora ocupaban todo el espectro, les ofrecen espacio marginal, tutela, y poder demediado.

Los partidos políticos nombran a los cuadros ejecutivos responsables de las instituciones, organismos y administraciones públicas para poder gobernar y desarrollar sus programas electorales, llevando su diseño del ejercicio del poder a estos espacios y trasladando la cultura interna de los partidos al ámbito institucional.

Violencia simbólica

Es en este traslado de modelos y cultura organizacional, donde se reproduce lo que podemos llamar violencia simbólica sobre las mujeres en las instituciones, y como se manifiesta en los distintos aspectos de la cultura y la vida interna de las instituciones.

l. Cultura interna de las organizaciones, configurada en base a unos criterios que son imposibles de cumplir por las mujeres. Es la idea de cultura interpretada como el conjunto de experiencias, hábitos, costumbres, creencias y valores que caracteriza a una organización. Los valores de la organización desarrollan normas, guías y expectativas que determinan los comportamientos apropiados en situaciones particulares y el control del comportamiento de los miembros de la organización de unos con otros, así como los "supuestos implícitos y explícitos" que los miembros tienen respecto de cuál es el comportamiento legitimo dentro de la organización. Es sobre todo en estos supuestos no explícitos dónde se produce la quiebra de las oportunidades para las mujeres dentro de las organizaciones.

2. Cultura interna del denominado mérito y capacidad. Depende de relaciones informales, en las cuales no estamos las mujeres porque estamos trabajando y donando tiempo, para que otros se relacionen informalmente. Los datos en este sentido son abrumadores como se refleja en multitud de estudios realizados sobre el tiempo de las mujeres, cabe destacar "La contabilidad del tiempo" realizado por Mª Ángeles Durán y su libro "El valor del tiempo", o el trabajo de Soledad Murillo en "El mito de la vida privada" en los que se muestra claramente la aportación informal de las mujeres a la vida.

El resultado habitual es que las mujeres tienen mejores currículums de partida pero les resulta difícil mantener una carrera profesional ascendente, pues las oportunidades exigen presencia asidua en los espacios informales.

En este sentido es muy importante aludir a los espacios de ocio en los que se entablan redes de confianza y en los que las mujeres suelen estar excluidas por motivos de horarios y de complicidad, campeonatos de padel, de golf, gimnasios compartidos, copas al salir de los despachos.

En estos espacios informales, se consolidan los supuestos no explícitos de los que hablamos y se establecen las alianzas personales, que van siempre más allá de los procesos formales de reparto de poder o responsabilidades.

3. La violencia que se ejerce contra las mujeres, cuando se prescinde de ellas en las instituciones, y no se requiere contentarlas. Es habitual en las organizaciones políticas el cambio de responsabilidades en las mujeres, que actúan como moneda de cambio entre "los varones de los partidos" Podríamos hablar de las "damnificadas" de la política, frente a los compensados de la política, siempre en cargos relevantes y después jubilados como consejeros de grandes empresas privadas con altos sueldos. Son mujeres que todas conocemos, y podemos sustituir su nombre por muchas otras, que sabemos que les ha pasado algo similar.

SIEMPRE, ELLOS

Cuando venden políticamente la necesidad de renovarse, siempre es un anuncio de que las mujeres van a sufrir en las listas, las renuevan para demostrar que se mejoran las listas, aunque permanecen los mismos de siempre, es decir, ellos.

E-Mujeres - Por Mª Angustias Bertomeu
http://www.wim-network.org/2011/11/violencia-simbolica-institucional-en-clave-de-genero/
http://www.wim-network.org/

La agresividad en la pareja.



Las relaciones de pareja, inicialmente basadas en el amor y en la atracción física, con frecuencia evolucionan hacia un modelo de lucha jerárquica en la que predomina la agresividad. El objetivo de esta tertulia es detectar los orígenes y causas de esa agresividad y encontrar soluciones prácticas para erradicarla o, al menos, mantenerla en niveles soportables.


Antes de entrar en el tema quisiera definir los dos términos relacionados en el mismo: pareja y agresividad.
Hay varias clases de parejas, pero yo me voy a referir sólo a la unión de un hombre y una mujer por amor, con voluntad de permanencia y el deseo de formar una familia.
La agresividad se define como un estado emocional que consiste en sentimientos de odio y deseos de daño a otra persona, animal u objeto.
Desgraciadamente, por más que una pareja trate de llevar una relación muy equilibrada, siempre surgirán diferencias y conflictos. Son dos las razones fundamentales que, a mi entender, dan lugar a estas tristes situaciones. La primera sería la diferente estructura cerebral del hombre y la mujer. Esto hoy día es un dato científico incuestionable. Se sabe que el cerebro de la mujer está más desarrollado en el aspecto emocional y en un sentido práctico de las cosas, mientras el hombre es más abstracto y lógico. El otro factor a tener en cuenta es que son dos personas con diferentes mundos, los cuales representan la historia de sus familias de origen, las experiencias de lo que han vivido, de lo que han experimentado con otras personas, de cómo se han ido sintiendo a lo largo del proceso de su propia vida. Además a estos factores hay que añadir las creencias, ideas, gustos, etc. etc.
Ahora bien, ¿por qué esas diferencias y conflictos terminan generalmente en peleas y discusiones? Yo creo que esto ocurre cuando se quiere imponer el criterio de uno, cuando no se sabe negociar, por mala comunicación o por tener una expectativa diferente de lo que el otro hace.
Pero como a pesar de todo, para cumplir nuestro fin último y fundamental como seres vivos de multiplicarnos y continuar la especie, debemos compartir nuestra vida como pareja del mejor modo posible, teniendo como base que somos seres distintos y que se debe respetar al otro, pues sin este respeto se acaba el amor y la pareja.
Algunos consejos para evitar la agresividad serían:

A) Identificar el problema.
B) Discutir en un lugar y momento adecuado.
C) Aprender estar en desacuerdo sin pelear.
D) No buscar culpables, sino soluciones
E) Centrar la discusión en el problema, no en la persona.
F) No pretender tener la razón. Ser tolerante.

Creo que cuando valoramos, aceptamos y respetamos a la persona que amamos y no queremos imponer nuestro criterio, tenemos la posibilidad de vivir en armonía y pacíficamente.

http://tertuliafilosoficatoledo.blogspot.com/2007/05/la-agresividad-en-la-pareja.html

Yo cuido, tu cuidas, ¿él cuida?

Las vidas de las mujeres de América Latina de distintas clases sociales se entrelazan en complejas madejas de negociaciones y pactos para poder enfrentar cada día, mantener un trabajo que mejore su calidad de vida y al mismo tiempo criar a sus hijos e hijas o a sus propios padres ya mayores y familias en general.
Si las familias tienen cubiertas por parte del Estado o de las empresas -plantea este informe- las necesidades de cuidado, esto redundará en una mejor calidad de su trabajo, y las economías nacionales y regionales verán reducida su pobreza por la mayor participación femenina en el mercado laboral. Varias experiencias y estudios dan cuenta de ello.
Sonia G es paraguaya. Hace 10 años que vive en Argentina, trabajando en el servicio doméstico. Desde hace nueve viaja todos los días desde la villa de Barracas,al sur de la ciudad de Buenos Aires (C.A.B.A), capital de Argentina, hasta el barrio de Caballito del centro de la ciudad para cuidar los hijos de una investigadora y limpiar su casa.
Durante años hizo ese trabajo sin mayores problemas pero cuando tuvo su primera hija el panorama cotidiano se le complicó. Como indica la ley del país, no tuvo licencia por maternidad pagada, dependió de la buena voluntad de su jefa; quien a su vez no sabía cómo reemplazar a esa mujer con la que sus hijos estaban tan encariñados.
Finalmente Sonia volvió a trabajar y dejó a su bebé al cuidado de una prima llegada de Paraguay en busca de un mejor destino también. Pero su prima consiguió un trabajo mejor pagado, y ya no pudo cuidar a su hija. Entonces su jefa la apoyó para que pudiera anotar a su hija en un jardín cerca del trabajo, lo que le facilitó un poco las cosas.
Como la de Sonia, las vidas de las mujeres de América Latina de distintas clases sociales se entrelazan en complejas madejas de negociaciones y pactos para poder enfrentar cada día, mantener un trabajo que mejore su calidad de vida y al mismo tiempo criar a sus hijos e hijas o a sus propios padres ya mayores y familias en general.
Todo esto porque mientras las mujeres se insertaron en el mundo laboral, no se produjo en nuestras sociedades un avance de la misma magnitud en pos de lograr la igualdad en la distribución familiar de las tareas de la casa y los cuidados de niños, enfermos o ancianos, tanto mujeres como varones.
Tampoco los Estados se han hecho responsables de cubrir este déficit con normativa y políticas públicas eficaces. Las empresas han hecho tímidos esfuerzos por mejorar las condiciones laborales pero, en general, se han restringido a programas destinados a mujeres embarazadas y en periodo de puerperio, enmarcando las necesidades en periodos concretos relacionados con el nacimiento del bebé.
El nudo sigue siendo considerar que las mujeres son ’naturalmente’ las únicas responsables de los cuidados y la organización familiar, aún a pesar de que la familia tradicional con el hombre como único proveedor está en franco declive. Así como desconocer que si las familias tienen cubiertas por parte del Estado o de las empresas las necesidades de cuidado, esto redundará en una mejor calidad de su trabajo, y las economías nacionales y regionales verán reducida su pobreza por la mayor participación femenina en el mercado laboral. Varias experiencias y estudios dan cuenta de ello.
El cambio se ha puesto en marcha. Falta profundizarlo y hacerlo universal.
http://www.amecopress.net/spip.php?article7240

Día Mundial del Sida.

1 de diciembre, se celebra el Día Mundial del Sida. Se cumplen además 30 años de la notificación de los primeros casos de sida. Tres décadas de aprendizaje y trabajo para detener una epidemia que parecía en sus inicios ser incontrolable. Los datos muestran que los nuevos casos de infección disminuyen y que la respuesta ante la enfermedad avanza. Sin embargo, en todas las regiones, la estigmatización, la discriminación y la violencia afectan a las mujeres de manera desproporcionada y socavan los progresos realizados.

Según ONUSIDA, las nuevas infecciones de VIH en 2010 muestran una disminución del 21 por ciento desde 1997, casi la mitad de los que lo necesitan tienen acceso al tratamiento y el número de muertes relacionadas con el SIDA pasó de un máximo de 2,1 millones en 2004 a alrededor de 1,8 millones en 2009. Hay que alegrarse por este progreso que no hubiera sido posible sin los esfuerzos combinados de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y las Naciones Unidas.

Actualmente, las mujeres representan el 50 por ciento de los 34 millones de personas que viven con VIH. En dos regiones – África subsahariana y el Caribe – las mujeres componen la mayoría de los adultos que viven con VIH: 59 por ciento en África subsahariana y 53 por ciento en el Caribe. En América Latina, las mujeres representan el 36 por ciento de las personas adultas que viven con VIH. En Europa oriental y en Asia central, cada vez más mujeres están siendo infectadas a medida que la epidemia progresa en la región. En Ucrania, por ejemplo, se estima que el 45 por ciento de personas que vivían con VIH en 2009 eran mujeres, mientras que en 1999 eran el 37 por ciento.

Frente a esta situación, Michelle Bachelet, directora ejecutiva de Onu Mujeres, ha advertido que para alcanzar la "meta cero nuevas infecciones de VIH, cero discriminaciones y cero muertes relacionadas con el Sida" se requiere "cero discriminación contra las mujeres y las niñas". En concreto, Bachelet propone "alinear la respuesta al VIH con las estrategias de desarrollo más globales enfocadas sobre la igualdad de género".

Perspectiva de género

"Hay que centrarse en las mujeres y niñas", advierte en su mensaje para este Día Mundial del Sida. Hoy, menos de la mitad de los países tienen un presupuesto específico para las actividades en materia de VIH relacionado con las mujeres. Llegar a cero requerirá la plena participación de las mujeres en los planes nacionales de lucha contra el Sida, y una financiación adecuada para atender las necesidades y las prioridades de las mujeres.

"Onu Mujeres se ha comprometido con el progreso en estas importantes áreas. Si hacemos escuchar las voces de las mujeres seropositivas, si aseguramos su liderazgo y participación en la toma de decisiones y si integramos la igualdad de género en los planes y presupuestos nacionales relacionados con el VIH, nos acercaremos a la meta cero nuevas infecciones por VIH, cero discriminaciones y cero muertes relacionadas con el Sida".

Mayor vulnerabilidad

Las mujeres son más vulnerables a resultar infectadas por el VIH. De hecho, tienen al menos dos veces más probabilidades de infectarse que los hombres en las mismas relaciones sexuales practicadas sin protección, debido a que la mucosa vaginal es más frágil y existe más superficie de contacto, y a que el semen tiene mayor capacidad infectiva que los fluidos vaginales. Además, las enfermedades de transmisión sexual, muchas de ellas asintomáticas y por lo tanto no percibidas por la mujer, favorecen la infección.

Al margen de las cuestiones puramente biológicas, son las circunstancias sociales y culturales las que provocan mayor desprotección entre las mujeres. En ocasiones, ven limitada su capacidad para ejercer el control sobre su salud sexual, debido a una diferenciación de roles masculino y femenino basada en un reparto inequitativo de poder.

Algunas mujeres pueden encontrar difícil rechazar una práctica de riesgo o negociar el uso de un preservativo por miedo a las represalias o temor de ser rechazada por su pareja. Estas circunstancias se agravan profundamente cuando se produce un maltrato.

Esta mayor vulnerabilidad va unida en los países de ingresos bajos y medios con más fuerza aún a factores sociales y culturales. Los roles de género que conducen a relaciones de poder desequilibradas y la violencia sexual directa sobre las mujeres son claros agravantes, más visibles aún en zonas marginales y en condiciones de vida de pobreza.

La falta de acceso a los servicios, las diferencias de poder económico y jurídico entre hombres y mujeres, la coacción sexual y la violencia limitan también la capacidad de las mujeres y las niñas a ejercer sus derechos. El estigma y la discriminación afectan desproporcionadamente a las mujeres y las niñas, que tienen menos probabilidades de tener acceso a los servicios, revelar que son seropositivas o negociar prácticas sexuales más seguras por temor a ser maltratadas, rechazadas o víctimas de la violencia.

La pérdida de salud no es la única adversidad a la que tendrán que enfrentarse las mujeres de las poblaciones más desfavorecidas. En estos países, además, son las mujeres quienes se ocupan de cuidar a las personas enfermas. Mujeres y niñas pagan por esta lacra perdiendo la oportunidad de participar en la generación de ingresos y en la educación, hipotecando su futuro.

Hace falta mucha más investigación para entender y esclarecer la especial vulnerabilidad de las mujeres frente al VIH, y poder así generar estrategias para combatirlo. La lucha contra la expansión del virus pasa por el empoderamiento de las mujeres.


http://www.amecopress.net/spip.php?article8377