6 de febrero de 2012

Por qué hombres y mujeres obtienen salarios desiguales?



La modernización de la sociedad no puede ser completa sin alcanzar cotas de relación y trato equivalente entre todas las personas. En este sentido, aunque con transformaciones nada desdeñables, pero que en modo alguno debemos mitificar y sin ninguna concesión a la complacencia, la división sexual del trabajo de nuestros días hereda aún jerarquías, estereotipos, roles y desigualdades que no se corresponden ni radican en las similitudes ni en las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Su razón consiste en la pervivencia histórico-cultural de relaciones patriarcales en la familia, en las instituciones sociales y en el mundo de la empresa que no responden más que a una injusticia racionalizada por justificaciones basadas en prejuicios y la tradición conservadora, y que aún presenta en algunas cuestiones rasgos precivilizatorios.

Desde la familia a las instituciones educativas, hasta la propia publicidad y la industria del entretenimiento, todavía se vuelcan expectativas e inculcan actitudes hacia ciertas responsabilidades, y para otras no, que van asignando roles diferenciados y de diferente reconocimiento y aprobación social a hombres y mujeres.

Las cosas han cambiado de un tiempo a esta parte. Pero no siempre hacia una mayor emancipación.

La mujer se ha incorporado en gran medida al empleo. Pero no se ha librado de asumir las principales cargas del trabajo doméstico y de crianza. Las mujeres han entrado en el mercado de trabajo. Sí, pero, por desgracia, por la puerta de atrás y siempre con la obligación de atender el espacio del hogar. Aunque los varones se han sumado a apoyar en las tareas domésticas y de crianza todavía dedican un tiempo muy inferior al de las mujeres a ese cometido. Son frecuentemente otras mujeres de extracción social o situación legal más vulnerable las que suelen cubrir el servicio doméstico. Y muchas veces son las abuelas las que sustituyen a los varones en las tareas de crianza, cuando la mujer trabaja, apareciendo nuevos fenómenos de sobrecarga, que sumados a la doble tarea de las madres, se suma a la que cubren las mujeres más mayores.

Ellas estudian más, y cada vez sobre materias más diversas, y acumulan una cualificación más capaz, pero sin embargo no se les reconoce sus capacidades y preparación. En cualquier caso, también, los estudios que se prefieren para ellas, y que ellas acaban escogiendo, siguen reproduciendo estereotipos y roles. Por un lado, estudios cuyas ocupaciones corresponden al modelo femenino tradicional; por otro, estudios que no tienen demasiadas salidas profesionales en el mercado de trabajo; y finalmente, continúan estudiando, prolongando su dependencia económica, porque sencillamente el mundo laboral no emplea a las mujeres y las desaprovecha. En suma, estudian más y no se las valora en el ámbito empresarial, y acaban estudiando más debido a que no se les brindan oportunidades laborales dignas.
Ni la entrada al empleo de las mujeres ha sido en empleos remunerados de manera pareja al de los varones ni son empleos más estables, ni han sido en ocupaciones más reconocidas e interesantes –puesto que ciertas áreas están vedadas a la mujer, y algunas, no siempre las mejores, se reservan sólo para ellas-, ni en puestos de responsabilidad equiparables a los varones. Esto es especialmente visible en algunos sectores económicos, entre los que están el comercio y la hostelería. A este respecto, se ha producido un proceso de incorporación al mundo del trabajo asalariado que ha sido una auténtica extensión de los trabajos de cuidados, de administración del espacio y, en suma, de reproducción social. Tareas que han sido tradicionalmente atribuidas a la mujer, y que guardan enormes similitudes competenciales a los que han sido propias del espacio doméstico (trato agradable, actitudes y habilidades relacionales y afectivas, atención y disponibilidad constante, etc…). Así, son ellas las que ocupan principalmente los trabajos de servicios a las personas –servicio doméstico, hostelería, comercio, educación, sanidad, etc…- y de administración –en oficinas, en centros de trabajo, etc…-.

Una consecuencia de todo lo anterior es que los ingresos de las mujeres difícilmente permiten la autonomía económica, porque con las nuevas circunstancias sociales y pautas salariales la asunción de ciertos gastos (vivienda, transporte, normas sociales de consumo, etc…) ya no se puede afrontar a menudo con ellos un estilo de vida socialmente integrado y suficiente. El viejo patrón del salario familiar (obtenido por el varón) no se ha superado por el de dos salarios suficientes, sino que han devenido en el de "salario y medio" para alcanzar una cuantía adecuada. Salarios que se ven achicados, más aún en una sociedad de consumo, y en un contexto laboral que impide o dificulta enormemente una disponibilidad idónea de tiempo para la dedicación a la familia, para las tareas del hogar y de cuidados. Incluso puede afirmarse, en términos globales, que las condiciones de vida, a pesar de las apariencias, pueden estar volviéndose peores que en tiempos pretéritos. Y para la mujer, más de las veces, con ingresos sólo pueden ser complementarios, el panorama no mejora, a pesar de haber abierto puertas en nuevos espacios sociales históricamente reservados a varones.

Además, las interrupciones de la biografía laboral, sobre todo en épocas de crianza, coarta sus aspiraciones. Sólo excepcionalmente los varones asumen, o el mercado de trabajo y las empresas les dejan asumir, de igual forma dicha responsabilidad. Son ellas las que en gran medida piden permiso parental, reducciones de jornada y consiguientes disminuciones de sus ingresos. Tanto porque las familias estiman que son ellas las que deben hacerlo, como porque las empresas no permiten que los varones dispongan sus tiempos para otras esferas de la vida más que para el trabajo. Concediendo las empresas mejores trayectorias laborales y mayores ingresos para ellos terminan por hacer "racional económicamente" esa toma de decisión, que relega a la mujer, total o parcialmente, duradera o temporalmente, del espacio laboral.

Los derechos formales crecientes para compensar esta situación son aún al día de hoy insuficientes. Además, el fenómeno que realmente contribuiría a superarlo, la corresponsabilidad de los varones –y los servicios públicos en esta materia-, también está siendo obstaculizado por diferentes instituciones, inercias y culturas, en la que no es menor la dinámica y pautas construidas socialmente en el mercado de trabajo y en las empresas. Las empresas reproducen y se adaptan a las tradiciones, porque no pretenden modificarlas. Su objetivo fundamental es el rendimiento económico y plantean como dados las disponibilidades, perfiles, habilidades, actitudes y expectativas de la fuerza de trabajo disponible en base a lo que consideran dispuesto por la sociedad y dado de antemano. Así, de paso, declinan su papel de agentes sociales en sí mismos, y participan de perpetuar lo existente. Y es muy frecuente que se laven las manos diciendo que el problema está en otro lugar, un universo sin caracterizar llamado abstractamente sociedad.

Sin embargo, las empresas forman parte de la sociedad y contribuyen a su configuración. Ni que decir tiene que perseguir los objetivos de alcanzar la igualdad y reconocer la diversidad no es sólo tarea del empresariado, pero pueden contribuir decisivamente a su consecución o bien obstaculizarlo.


Dicho todo lo anterior, que pone en su contexto los factores de desigualdad entre hombres y mujeres, y que caracterizan las nuevas formas patriarcales del mundo del trabajo, podemos entrar a analizar un aspecto concreto, como es la desigualdad salarial, para tratar de diagnosticar sus causas, sus aspectos y formas, sus dimensiones, y tratar de encontrar medidas proporcionadas a la realidad para su superación.


El criterio básico de igualdad salarial parte del objetivo de alcanzar una retribución igual para empleos de valor equivalente. Los últimos estudios dimensionan las diferencias salariales globales entre hombres y mujeres en torno al 25%-30%. Pero estos datos esconden algunos elementos que merece la pena poner de relieve.

Las causas de esas diferencias salariales no responden en la práctica, o sería un factor menor e insignificante, a factores de discriminación directa relacionados con que para un mismo puesto de trabajo a un hombre y a una mujer se les paguen remuneraciones finales distintas. Los convenios han conseguido eliminar en gran parte las discriminaciones directas. Las razones, por el contrario, son principalmente otras, como pueden ser:

- La primera de todas ellas es que las ocupaciones que desempeñan hombres y mujeres no son las mismas, y estas ocupaciones no están igualmente reconocidas en el mercado de trabajo, aún suponiendo un valor social semejante. El valor de mercado, aunque frecuentemente no es más que el valor subjetivo atribuido por la empresa, de estos empleos es desigual y eso se traduce en las retribuciones diferenciadas de cada persona. Factores educacionales, culturales, pero también de políticas de selección de personal en el acceso a las profesiones determinan esta segregación horizontal en las ocupaciones que realizan hombres y mujeres.

- La segunda es que las trayectorias laborales de las mujeres son más cortas, las salidas del mercado de trabajo más frecuentes, y que, las sitúan en peores condiciones de promoción y ascenso en las empresas, así como de conseguir puestos de dirección y responsabilidad. Por otro lado, al igual que pasa en los procesos de selección, los sistemas de promoción están caracterizados por seguir la libre designación de la empresa, sin sujetarse a criterios e indicadores de cualificación, experiencia y resultados objetivos, transparentes y acreditados, sin contraste con representantes de los y las trabajadoras. Se trata de la denominada segregación vertical. Por consiguiente, las categorías y grupos profesionales de las mujeres suelen ser de una jerarquía inferior y por tanto les corresponde unos ingresos más reducidos en media que el de los varones.

- La tercera, es la discriminación indirecta.



La discriminación indirecta es frecuentemente mal comprendida. Eso es así porque refiere a medidas que siendo homogéneas para todos tienen consecuencias desiguales. Y no porque las personas tengan aptitudes, cualificación y actitudes de mayor o menor mérito, sino porque sus circunstancias sociales por razón de su género, generación, identidad, etcétera, les condicionan seriamente. El punto de partida de cada persona (género, generación, extracción social, origen étnico, etc…) no es el mismo.

En la negociación colectiva la composición de la retribución o el reconocimiento se compone de diferentes dimensiones: salarios base, retribuciones variables, complementos de diferente naturaleza, dietas, salarios en especie, formación y beneficios sociales. Algunos complementos obedecen a razones de antigüedad, lo que perjudica a jóvenes y mujeres, con menores trayectorias, o trayectorias más interrumpidas. Otras responden a complementos arbitrarios o basados en estereotipos desligados de las funciones y responsabilidades realizadas, que impiden retribuir igualmente dos trabajos de valor equivalente (aunque sean distintos en tanto que puestos y áreas de desempeño).

En algunas circunstancias un porcentaje del salario está ligado a las condiciones de objetivos de producción por persona, de disponibilidad para la empresa, o las propias horas extras, todas ellas ligadas a la disposición de tiempo para el empleo de las personas. En la sociedad contemporánea este tiempo, desde el punto de vista global, está mal repartido, puesto que las mujeres al tener que asumir responsabilidades extraprofesionales, sobre todo las domésticas, en mayor medida que los hombres debido a una cultura y relación patriarcal dominante, no pueden satisfacer estos criterios de igual modo. Con lo cuál se les discrimina en caso de retribuir por motivos que ellas no pueden cumplir de igual manera en sus circunstancias. El tiempo extra de dedicación o de disponibilidad, y los objetivos exigidos que sólo se obtendrán si se dispone de más tiempo, es de más difícil asunción femenina, en el actual contexto histórico-social, y amenaza la conciliación familiar, que suele comportar mayor esfuerzo y dificultades para ellas, siempre y cuando no cambie la división sexual del trabajo doméstico y de crianza. Una de dos, en el marco de la empresa, o se promueve la corresponsabilidad masculina o el sistema de promoción o de la atribución de los complementos de disponibilidad, productividad extra por persona, etcétera, deben sustituirse por complementos por objetivos productivos cumplidos por hora trabajada, por responsabilidad asumida, o por la calidad del trabajo, sin que se premie en ningún caso el trabajar más tiempo o la disponibilidad.

Determinadas cualificaciones, dada la distribución educacional y de expectativas atribuidas socialmente, exigirlas a mujeres supone impedir su acceso a ciertos puestos de trabajo. De modo que debe compensarse la oferta de plazas con una oferta formativa para mujeres destinadas a la preparación para aquellos puestos de trabajo donde socialmente las mujeres no han tenido las oportunidades, estímulos, expectativas y roles asignados por la sociedad, aparte del establecimiento de cuotas siempre de naturaleza transitoria. Consecuentemente, también algunos puestos de trabajo "feminizados" deberían estar abiertos y facilitarlos igualmente a varones. Pero esta iniciativa, sólo en una segunda fase temporal, porque si no las mujeres pueden quedarse sin empleo incluso en donde hasta ahora lo habían conseguido.

Ni que decir tiene, que cualquier alusión a la complexión física es discriminatoria. Si para algún trabajo es requisito la fuerza física, a las mujeres debe proporcionársele la opción sea de herramientas e instrumental adecuado para poder desempeñarlo y, en su caso, entrenamiento apropiado y técnicas de prevención. Para eso está la tecnología...

Daniel Albarracín
http://daniloalba.blogspot.com/2009/12/por-que-hombres-y-mujeres-obtienen.html



 

División sexual, desigualdad laboral.



Un aspecto muy marcado dentro de la sociedad es la segregación ocupacional por sexo en el mercado laboral. Los grupos donde se encuentra mayor presencia femenina son los de "trabajadores en la educación" con un 62.6 por ciento y los de "servicios personales" con un 64.4 por ciento; en cambio, en grupos donde se requieren "servicios de protección, vigilancia y fuerzas armadas" y "conductores(as) y ayudantes de conductores(as) de maquinaria móvil y medios de transporte", la presencia de mujeres laborando es casi nula o muy baja, hablando aproximadamente de un 7.7 y un 0.8 por ciento del total, respectivamente.

La diferenciación entre los espacios públicos y privados han sido partícipes dentro de los estereotipos de género. Lo más común es plantear que los espacios públicos deben ser destinados a los hombres y los privados a las mujeres; esto por la manera en la que las personas son encasilladas por sus características o capacidades exclusivas según el sexo.

Está claro que esta división sexual siempre ha sido constantemente marcada en el ámbito laboral. Con el paso del tiempo, las mujeres han ido ocupando parte de los espacios públicos que antes eran exclusivos de los hombres, los cambios positivos se han generado (principalmente por la acción de las mujeres), pero el ingreso femenino en los mismos aún es motivo de desigualdad de género.

Esto se puede observar claramente a la hora de indagar en las remuneraciones económicas que reciben las mujeres a comparación de la población masculina; según el índice de discriminación salarial, en el 2007 era necesario incrementar en un 9.7 por ciento el salario que se les pagaba a las mujeres para lograr equidad salarial, indicador que en el 2010 se redujo únicamente a 8.2 por ciento. Entre los funcionarios públicos y gerentes del sector privado, la magnitud de cambio necesaria para igualar los salarios es del 25.6 por ciento. Todo esto aunado a que la jornada laboral de la población femenina ocupada es menor con respecto a la masculina.

Este tipo de desigualdad se sigue presentando incluso en casos donde las mujeres que ejercen laboralmente son madres solas, las cuales suman 4.1 millones y representan 51.8 por ciento del total de éstas. Cabe destacar que muchas de las mujeres que trabajan, solas o no, no tienen ningún tipo de acceso a seguridad social; tan sólo al 53.7 por ciento de las madres solas que trabajan no se les brinda este derecho.

Algo está claro: el porcentaje de participación femenina en el campo laboral ha ido en aumento, incluso las oportunidades no son las mismas que hace más de 30 años; pero tanto la participación como las oportunidades deberían ser mucho más y no debería permitirse ningún tipo de irregularidad en el cumplimiento de los derechos de las mujeres en el entorno laboral, así como tampoco debería ser complicado para una mujer obtener recursos económicos para su manutención o la de su familia.

http://www.inmujeres.gob.mx/index.php/sala-de-prensa/inicio-noticias/559-division-sexual-desigualdad-laboral
http://www.inmujeres.gob.mx/

3 de febrero de 2012

Discriminación racial en los niños.




La discriminación racial es un problema real que afecta a muchos niños actualmente. Según un informe de Naciones Unidas, un niño puede recibir las consecuencias de la discriminación en la escuela bien por los actos de otros individuos (profesores, compañeros..), o bien por la propia política del colegio. Así, una educación basada en enaltecer la cultura, la historia y la lengua de la mayoría podría promover actos de discriminación racial. Pero, ¿cómo controlar esto?

Lo cierto es que es muy llamativo como, casi sin darnos cuenta, la discriminación o la diferenciación por raza o cultura es algo intrínseco en la sociedad, algo que perciben y asimilan los niños como natural. O esto por lo menos es lo que demuestra un experimento llevado a cabo en México por los psicólogos Phipps Clark y Kenneht B. Clark. De él nos habla el periodista Salvador Camarena, en una de las últimas entradas de su blog, Contando América. Un espacio dedicado a contar noticias y problemas sociales que se viven en países de Latinoamérica.

En dicho experimento, se enfrenta en un espacio cerrado y sin ningún tipo de influencia a su alcance, a varios niños con dos muñecos exactamente iguales, salvo por el color de su piel. Lo curioso de tal experimento es que, ante preguntas como ¿cuál es el muñeco bueno? o ¿cuál es el más guapo?, la respuesta casi por unanimidad es "el blanco".

Me ha parecido un caso bastante curioso, pues es muy interesante comprobar como los niños asimilan como algo normal un hecho que en principio no debería serlo.

Aquí os dejo el vídeo del experimento para que podáis echarle un vistazo.








1 de febrero de 2012

Violencia sexual.



La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como:

"todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo"



La violencia sexual es tanto una causa como una consecuencia de la desigualdad entre sexos y de la discriminación basada en género. Ésta se manifiesta de diversas formas, entre ellas: violación, acoso sexual, trata de personas, incesto, sexo transaccional, matrimonio forzado, esterilización forzada, aborto forzado y embarazo forzado.


A pesar de que la violencia sexual y la explotación existen en toda sociedad y en todos los sectores sociales, las personas pobres, jóvenes y de otro modo privadas del derecho de representación son particularmente vulnerables. El embarazo no protege a las mujeres de la violencia sexual. Asimismo, las mujeres son particularmente vulnerables durante y después de conflicto armado y después de desastres naturales, ya que las familias son separadas y se desata el caos en la comunidad. Los estudios documentan que es frecuente, ya que casi una de cada cuatro mujeres padecen violencia sexual perpetrada por una pareja íntima y hasta una tercera parte de las adolescentes manifiestan que su primera experiencia sexual fue forzada.


Reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos fundamentales, la violencia sexual también puede propiciar graves problemas de salud y hasta la muerte. Entre las consecuencias de salud que no son mortales se encuentran: afección de estrés postraumático, trauma y lesión físicos, como desgarres vaginales, infecciones de transmisión sexual, embarazo no deseado, aborto espontáneo y aborto inseguro.


A la vez que se hace un manejo de los factores políticos y jurídicos que contribuyen a la perpetuación de la violencia sexual, Unimédicos centra sus esfuerzos en las dimensiones de salud del problema. Los programas que busca apoyar Unimédicos van dirigidos hacia los prestadores de servicios de salud para que proporcionen servicios integrales a las víctimas/sobrevivientes, y trabaja para una fuerte implantación de políticas y directrices para brindar apoyo a estos servicios.


Una revisión sobre las intervenciones del sector salud muestra que los profesionales clínicos a menudo necesitan recibir capacitación en la prestación de servicios a víctimas/sobrevivientes de agresión sexual; y que los establecimientos de salud donde se proporciona tratamiento para la agresión sexual atraen más mujeres que los establecimientos forenses, es debido a esto que se considera un problema de salud pública el cual debe ser erradicado por completo de nuestra sociedad.

http://www.unimedicos.com/sitio/contenidos_mo.php?it=247

 

30 de enero de 2012

Feminicidio de Estado durante el franquismo.


              
El 24 de enero de este año se inició en Madrid el procesamiento judicial del juez Baltasar Garzón, acusado por la derecha española, afecta al franquismo, de prevaricación por investigar los crímenes y desapariciones (miles fueron mujeres) de la dictadura franquista. Según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de ese país, hasta hoy 113.000 hombres y mujeres, víctimas del franquismo permanecen en fosas comunes. Nuestra solidaridad con el juez Garzón ante la cacería que le han montado

Durante el franquismo (1939-1975) el aparato ideológico del Estado fomentó desde su inicio la idea de la inferioridad de la mujer .El régimen franquista ejercía censura a todo lo referente a la moral sexual, relacionado a su vez con el trato y la educación a las mujeres, en el marco de una ideología tradicionalista y conservadora que fomentaba el retorno de la mujer al hogar. En conjunto, el franquismo ejercía terrorismo de Estado contra las mujeres. El incipiente feminismo español quedó en la clandestinidad con la llegada de Franco al poder.

Más tarde nacerá en numerosas mujeres una necesidad de defensa contra la represión y la marginalidad; se organizan y luchan contra el poder para obtener una vida digna. Se crean las primeras Asociaciones de Vecinos. Dentro de ellas existían grupos de mujeres que se interesaron por la cultura como medio de defensa y de independencia frente a la subordinación a los maridos. Ellas pasaron de ser totalmente analfabetas a saber leer y escribir gracias a las nuevas instituciones llamadas Escuelas para Adultos. En ellas se culturizaban y podían defenderse mejor del control, la represión y la marginación.

Las llamadas "derrotadas" por el franquismo, que fueron ajusticiadas por haberse mostrado partidarias de la República, las que pertenecían a la clase obrera, que vivían en la miseria fuertemente influidas por la Iglesia o las que participaron en la resistencia, continuaron luchando en la clandestinidad por la libertad de las mujeres, en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, en el Partido Comunista, en Juventudes Socialistas Unidas. El sentimiento general entre estas mujeres, algunas de ellas hoy día sobrevivientes, adultas mayores, es que lucharon "como cualquier hombre, así lo dice la poetisa Ángeles García-Madrid, una de las republicanas. "Una labor de la mujer republicana fue educar a sus hijas para que no aguantasen la potestad del hombre", recalca.
En 1960 cuando ya el mundo se había planteado la necesidad de planificar y controlar los nacimientos; en España se seguía premiando a las familias numerosas y la Iglesia Católica continuaba adoctrinando sobre "criar y tener a todos los hijos que Dios te mande". Además de fomentar la procreación, el Estado castigaba a las parejas que utilizaran algún método anticonceptivo. Así se origina un mercado negro de anovulatorios, se roban talonarios de recetas en las consultas médicas y de hospitales, se encargan a amigos que salen al extranjero, se intentan conseguir en farmacias sin receta médica.

Represores de Estado

Gonzalo Queipo de Llano (1875-1951, teniente general) uno de los más crueles represores arengaba a los falangistas por radio para que violasen a las mujeres marxistas y republicanas, al tiempo que les concedía inmunidad para sus crímenes: "Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen".

Por otra parte, el comandante y médico psiquiatra Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra porque la revistió de un manto seudocientífico. Jefe de los servicios psiquiátricos del ejército de la dictadura franquista, le fue encargado un estudio que demostrase la inferioridad mental de las personas de ideología marxista.
Una de sus conclusiones fue: "A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella". Pidió en otro de sus estudios la creación del Cuerpo General de Inquisidores.

Toda la bibliografía de Vallejo Nágera estuvo encaminada a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos/hijas o, si los tienen, se les separe de sus padres.

El 23 de agosto de 1938 Franco autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era «investigar las raíces biopsíquicas del marxismo», tal y como le había demandado Vallejo Nágera. Para las investigaciones actuales del genocidio del franquismo ha resultado decisivo para desvelar el drama de las y los niños perdidos acceder a la documentación del gabinete de Vallejo Nágera.

Este represor publicó los resultados en Biopsiquismo del Fanatismo Marxista, que según él demostrarían la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad. Intentaba probar que el adversario era un infrahumano malvado y, a partir de ahí, todo está permitido contra él/ella.

La dramática conclusión de sus teorías la expuso en: La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos/hijas de los padres marxistas, pues "la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible".

Los antes mencionados, son algunos de los marcos legitimadores de la represión que se desarrolló durante y después de la guerra civil española de manera sistemática por parte del régimen franquista: a quien no se le podía matar, se le humillaba y represaliaba.

Violencia femenicida


El caso de las mujeres y la violencia que se ejerció contra ellas es especialmente significativo, porque ellas eran una de las partes más débiles de la sociedad española y porque eran consideradas seres inferiores: "El fin esencial de la mujer, es servir de complemento al hombre, formando con él, individual o colectivamente, una perfecta unidad social" (Sección Femenina, constituida en 1934 como la rama femenina del partido político Falange Española, adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como modelos de conducta y símbolos de su acción. Se disolvió en 1977, tras la muerte del Franco)

O como señala más claramente Vallejo-Nájera: "Si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce y bondadosa débese a los frenos que obran sobre ella; pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones fregatrices de las impulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas. Suele observarse que las mujeres lanzadas a la política no lo hacen arrastradas por sus ideas, sino por sus sentimientos, que alcanzan proporciones inmoderadas o incluso patológicas debido a la irritabilidad propia de la personalidad femenina".

Especial fue la dedicación del régimen franquista a la represión de la mujer del bando vencido. Se las obligaba a barrer las iglesias y las casas de los señoritos. Las familias de los condenados rojos debían saber cargar con el estigma de los vencidos. Rojas y mujeres de rojos eran lo mismo.

Aniquilar a las "derrotadas"


Se las podía violar, confiscar sus bienes. Había que vigilarlas, reeducarlas y purificarlas, con aceite de ricino si era necesario, para que arrojaran los demonios de su cuerpo. Como portadoras de culpa que eran, se les rapaba la cabeza, una imagen cotidiana de los años cuarenta, para que los vencedores señalaran todavía más a la «pelona»
 
escrito por Teresa Sosa    

28 de enero de 2012

La igualdad entre nosotras: Marcela Lagarde.


Llevamos tres siglos construyendo la igualdad entre mujeres y hombres. Magnífico. Nos esforzamos además para lograr para todas un puñado de derechos humanos y libertades. Esos derechos tan preciados son un piso para nuestro despliegue y sólo son vigentes de manera parcial para unos cuantos millones de mujeres en el mundo, por estamentos, clases, castas, grupos, naciones. La desigualdad en el desarrollo y la prevalencia de formas aberrantes de opresión vital de las mujeres son enormes. Constatarlo hace ineludible priorizar también la construcción de la igualdad entre mujeres. No me refiero a eliminar las diferencias como signos positivos de identidad cultural, sino a las que son marca de discriminación, explotación y violencia.

Entre las contemporáneas hay quienes sobreviven en la línea del hambre y quienes tienen una historia de buena alimentación por generaciones, quienes no saben escribir su nombre y quienes acumulan títulos y obras, quienes nunca han tenido voz en su comunidad y quienes, aún excepcionalmente, gobiernan pequeñas comunidades y naciones. Aún en los países de más alto desarrollo perviven desigualdades entre mujeres y hombres, y hay mujeres que no acceden a las condiciones que otras ejercen como derechos.

Al lado de los indicadores de desarrollo se encuentran intocadas formas de opresión de género no contabilizadas. No hay índices, habría que hacerlos, que relacionen indicadores de calidad de vida en países de alto y medio desarrollo con la prevalencia de la prostitución, el tráfico y la servidumbre de mujeres, la explotación pornográfica de niñas y mujeres o el consumo social de la pornografía y su relación con la violencia de género, por ejemplo. No hemos integrado como recurso diagnóstico y de evaluación de desarrollo y la democracia la violencia contra las mujeres dialécticamente articulada con la violencia masculina en todas sus modalidades. Sólo las padecemos, nos afanamos en reparar sus daños y secuelas y en crear normas, mecanismos y condiciones que la impidan, aún debemos convencer sobre su perversidad.

Creemos vivir en democracia porque votamos y elegimos, aunque sigamos siendo minoría política, también porque hay instituciones independientemente de que no impulsen la ciudadanía de las mujeres, prevalezcan la exclusión de género, la pobreza y la violencia contra las mujeres y se impida el acceso a la justicia. Como sucede en México: Se define como una democracia constitucional, aunque más del 60% de las mujeres sobrevivan en pobreza y contemos día a día las víctimas de la violencia feminicida 9 . En 2004 fueron asesinadas 1205 niñas y mujeres, 4 cada día, una cada 6 horas. En la mayor parte de los casos no hay detenidos ni culpables, lo que no es sino la punta del iceberg de formas de violencia de género integradas a la convivencia, recreadas por la impunidad, hechos extremos de la opresión patriarcal.

Cómo se puede definir la democracia cuando en países considerados democracias ejemplares, las extranjeras, las indígenas, las mujeres de genealogías religiosas o culturales minorizadas no gozan de los derechos de ciudadanía o son colocadas en las márgenes del orden social en estamentos de cosificación, fuera de las instituciones del Estado. Las desigualdades son inadmisibles para nosotras. María de Jesús Izquierdo identifica un profundo malestar en la desigualdad y la considera contraria a la democracia.


La sororidad y las formas de affidamento no son una invención idealista, se basan en experiencias entre mujeres que es preciso internalizar y extender hasta convertirlas en el eje de una ética política entre nosotras. Millones de mujeres no habrían sobrevivido sin el soporte, el apoyo, el reconocimiento, la transmisión de descubrimientos y la autoridad de otras mujeres. Cada vez es más urgente que utilicemos estos recursos políticos para desmontar las dificultades vitales y ampliar la cultura democrática: se trata de construir la democracia genérica entre nosotras. Ya nos hemos convocado bajo el principio del reconocimiento de la diversidad entre nosotras ahora hace falta revindicar el principio de igualdad.


¿Cómo igualarnos si por clase, por nacionalidad, por etnicidad y origen, por situación de legalidad y territorialidad, por generación y edad, por educación, escolaridad y manejo de lenguajes y tecnologías, por nuestra situación en el desarrollo o en la democracia se producen entre nosotras distancias y brechas aberrantes? ¿Cómo igualarnos si lo que para algunas han sido derechos de tres generaciones para otras son la utopía inalcanzable, si unas tenemos condiciones de holganza, y hasta ocio y otras trabajan como esclavas? Cómo pactar par no ser siempre las incluidas, las que ya estaban. ¿Cómo desmontar entre nosotras la exclusión estructural objetiva aberrante que levanta un muro de siglos de desarrollo y progreso frente a una eterna precariedad? ¿Cómo ir a las raíces de la opresión sexual que incluye a millones de mujeres en círculos de perversidad esclavizante?




PONENCIA DE MARCELA LAGARDE Y DE LOS RIO

http://www.caladona.org/termomix/wp-content/uploads/2012/01/pacto_entre_mujeres_sororidad.pdf


http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2012/01/sororidad-pacto-entre-mujeres-

21 de enero de 2012

El enigma en el suicidio.


“Lo que dio impulso a la investigación humana no fue el enigma intelectual ni tampoco cualquier muerte, sino el conflicto sentimental emergente a la muerte de seres amados y sin embargo también extraños y odiados.”
Sigmund Freud, Consideraciones sobre la guerra y la muerte



En el campo propio del suicida, algo se nombra no nombrándose, algo se muestra como real, un vacío donde desertan las buenas intenciones. El cuerpo muerto del suicida “por su decisión” deviene cosa inenarrable para los afectados.
Tomamos el término “afectado” no en un sentido general, sino en el sentido de quien sufre una influencia exterior; es, según Aristóteles, una de las diez categorías del ser. Ciertamente, cualquier muerte nos afecta. Pero la irrupción del suicidio desborda toda comprensión.
Una decisión ciega alumbra pasiones extremas. Así, esa “máquina de influencia” hace circular en los afectados la figura siniestra (Umheimlich) del doble. Esta figura da pasión al borde de un vacío que llenan con una moral culposa, en silencio y espera. Tal como dice Novalis: “La acción moral es la gran tentativa en la cual se resuelven todos los enigmas de los innumerables fenómenos”.
Un silencio en espera, de cara a un duelo no resuelto. El eterno presente de un objeto que añoran no puede sostenerse en la palabra: de ahí el recurso del silencio. Y el pasado, como el futuro, serán salvaguardados por las prácticas respectivas de la memoria y la espera, no como recurso mnémico, aquélla, ni ésta como virtud anímica, sino como contemplación moral en tanto algo queda fijado.
Los afectados extienden el acto suicida en-el-tiempo, en su silencio, por su espera. ¿Qué elementos orientan a los afectados de forma tal que responden a un no-duelo? Nombramos estos elementos: el enigma, el legado y la participación.
Al tiempo de la muerte de su hija Sofía, el 27 de enero de 1920, Freud escribió, en una carta a Pfister: “Trabajo tanto como puedo y estoy muy agradecido a esta diversión. La perdida de un hijo parece ser una ofensa narcisista, es probable que lo que se denomina duelo no venga sino a continuación”. Este tiempo previo al duelo puede desembocar en la elaboración del duelo o bien encallar fijamente en la espera.
“¿Por qué lo hizo?” “Me aterra la idea que lo repita mi hijo.” “Siento que yo participé en esa muerte.” Estos dichos son partes del espacio de un suicidio, pero son partes extra, en tanto se inscriben en los afectados. Se despliegan, se entrecruzan, sin llegar a ser productos de una estructura. Son determinados por extensión al suicidio, inscribiéndolo, en los afectados, como fenómeno. Al no ser parte de una estructura, no son síntomas. Tienen intención, tiene un sentido pero no son productos de una estructura, por lo tanto no son síntomas.
Si bien tienen una intención, la múltiple significación de un suicidio hace que la intención desvaríe. Si bien tienen un sentido, el sentido que se den los afectados será un contrasentido en galería de espejos que reflejan ese eterno presente, ese tiempo desbocado por el enigma. Estos elementos se muestran como obstáculo al duelo.
¿Qué es el enigma en el suicidio?: el azar interrogado. Ya sea por esto o por aquello, no hay respuesta que estabilice.
En el suicidio la verdad es un enigma.
El enigma supone una presencia. Sea, en Edipo, la Esfinge. El enigma del suicidio se sostiene en una presencia que no merece ser olvidada. Si el suicidio es, según Jacques Lacan, “la libertad que enloquece”, a partir del universo de respuestas que desvarían con él encontrarán los afectados, más tarde, quizá, su propia construcción del acto en las verdades del síntoma.

* Coordinador del Servicio de Asistencia al Familiar del Suicida de la Universidad de Tres de Febrero. Fragmento de un trabajo presentado en las I Jornadas Conjuntas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero “Suicidio: prevención, consecuencias y afectados”.
Por Roberto Urdinola
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-15719-2003-01-29.html