28 de noviembre de 2016

Sube violencia contra mujer negra en Brasil, pese a mejores leyes



Cuatro meses en el hospital y varias cirugías le salvaron la vida a la brasileña Maria da Penha Fernandes, pero los daños del disparo de escopeta dejaron parapléjica a los 37 años. Cuando volvió al hogar, el marido intentó electrocutarla en el baño.
No había dudas, el autor del primer atentado, el tiro por la espalda mientras dormía una noche de mayo de 1983, había sido también el esposo, que había buscado exculparse atribuyéndolo a unos asaltantes.
Ella dejó la casa protegida por un dictamen judicial que le aseguraba la guardia de las tres hijas que tuvo con el agresor e inició, desde su silla de ruedas, una batalla de 19 años en la justicia para que el homicidio frustrado no quedase impune.
“La Ley Maria da Penha establece que primero hay que hacer la denuncia ante la policía para llegar a los órganos judiciales y se sabe que la policía no protege la mujer negra...El obstáculo es el racismo, sin reconocerlo las políticas públicas no serán adecuadas a las necesidades de la mujer negra. Hay que enfrentar el racismo, preparar los funcionarios, sean policiales o gestores, a atendernos como seres humanos": Jurema Werneck.
Luego de dos condenas en tribunales brasileños que los abogados del reo lograron anular, en los años 90, ella recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que emitió en 2001 un fallo acusando el Estado brasileño de omisión y recomendando un juicio definitivo y medidas para eliminar violencias contra la mujer.
Finalmente en 2002 el homicida en grado de frustración fue condenado a 10 años de cárcel, pero logró la libertad luego de cumplir solo dos años.
El principal triunfo de Da Penha, una biofarmacéutica de Fortaleza, capital del estado de Ceará, en el Nordeste de Brasil, fue inspirar una ley que lleva su nombre, aprobada por el legislativo Congreso Nacional en 2006, contra la violencia de género y que castiga ejemplarmente a los agresores de mujeres.
Estas agresiones, sin embargo, siguieron aumentando en las estadísticas brasileñas, aunque en ritmo menor.
De 1980 a 2006 el número de mujeres asesinadas creció 7,6 por ciento al año, mientras de 2006 a 2013 ese índice bajó a 2,6 por ciento, según el Mapa de la Violencia, elaborado por Julio Jacobo Waiselfisz, coordinador de estudios sobre ese tema en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Brasil.
La Ley Maria da Penha, las comisarías de mujeres y otros instrumentos “sí son eficaces contra la violencia, pero sus recursos son insuficientes”, evaluó a IPS la secretaria ejecutiva de  la Red Nacional Feminista de Salud Derechos Sexuales y Reproductivos, Clair Castilhos Coelho.
Pero hay una realidad importante en este país latinoamericano de 205 millones de habitantes: los resultados dispares según el color de la piel.
“Para las mujeres negras la situación se agravó”, lamentó a IPS la médica Jurema Werneck, una de las coordinadoras de Criola, organización no gubernamental que promueve los derechos de las afrodescendientes.
En 10 años los asesinatos de mujeres negras por razones de género aumentaron 54,2 por ciento, alcanzando 2.875 en 2013, mientras las blancas se beneficiaron de una reducción de 9,8 por ciento, de un total de 1.747 en 2003 a 1.576 en 2013, según los datos recogidos por el Mapa da la Violencia.
“El racismo explica ese contraste. Los mecanismos de combate a la violencia no protegen la vida de todos de manera igual”, señaló Werneck.
“La Ley Maria da Penha establece que primero hay que hacer la denuncia ante la policía para llegar a los órganos judiciales y se sabe que la policía no protege la mujer negra”, explicó.
“El obstáculo es el racismo, sin reconocerlo las políticas públicas no serán adecuadas a las necesidades de la mujer negra. Hay que enfrentar el racismo, preparar los funcionarios, sean policiales o gestores, a atendernos como seres humanos”, acotó.
Una aplicación más adecuada de la Ley Maria da Penha seria llevar las denuncias directamente al Ministerio Público (fiscalía) y a la Defensoría Pública, lo que exige más fiscales y defensores en lugar de policías, como se está haciendo en algunos barrios de la sureña ciudad de São Paulo, abogó Werneck.
Además es necesario combatir el “racismo institucional”, que contamina muchos órganos policiales, por ejemplo, y “una acción junto a la sociedad para valorizar la mujer negra”, siempre marginada en la historia de Brasil, concluyó.
Otra conquista femenina fue la aprobación, en marzo de 2015, de la ley que castiga como “crimen hediondo (repugnante)”, con agravación de las penas, el feminicidio o femicidio, definido como el asesinato de la mujer en razón de su condición sexual.
Brasil se convirtió así en el 16 país latinoamericano en contar con una ley contra el feminicidio, en un país que el Mapa de la Violencia sitúa como el séptimo en un ranking internacional y donde según cifras oficiales divulgadas al refrendarse la norma mueren en promedio unas 15 mujeres cada día por razón de género.
Pero la violencia contra las mujeres, que tiene el 25 de noviembre como el Día Internacional para su eliminación y que da paso a 16 días de activismo contra el flagelo machista, comprende otras formas de agresión que afectan a la población femenina en su vida cotidiana.
En Brasil los homicidios de varones suman cerca de 92 por ciento del un total que se va acercando a 60.000 al año, una cifra que solo tiene cifras similares en situaciones de guerra intensa.
Pero en otras violencias, como agresiones físicas,  sicológicas y económicas, violaciones sexuales y abandono, las víctimas femeninas suelen ser mayoría.
En el Sistema Único de Salud fueron atendidas en 2014 un total de 147.691 mujeres que sufrieron algún tipo de violencia, el doble de los hombres. Eso corresponde a 405 mujeres necesitando atención médica cada día, a causas de agresiones.
La última Investigación Nacional de Salud, que realizan el Ministerio de Salud y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística cada cinco años, reveló que 2,4 millones de mujeres fueron víctimas de agresiones practicadas por alguien que conocen, contra 1,3 millones de varones.
En términos de violaciones sexuales, el Anuario Brasileño de Seguridad Pública, registró 47.646 casos en Brasil, 6,7 por ciento menos que en el año anterior. Pero la reducción, basada en registros, no indica una tendencia porque especialistas creen que dos tercios, o hasta 90 por ciento, de los casos no son denunciados.
“La violencia contra mujeres puede estarse intensificando a causa del nuevo protagonismo de las mujeres antes sumisas en el hogar, sufriendo en silencio. Roto el viejo paradigma, con las mujeres conquistando derechos, trabajando, votando y denunciando, los opresores reaccionan con más agresiones”, sostuvo Castilhos.
Hay también un incremento de las denuncias, producto de las conquistas femeninas, como las leyes Maria da Penha y del Feminicidio, e incluso de reglas que obligan a informar sobre estas violencias,  como hechos de salud pública, añadió.
En su opinión, “la mayor violencia contra una mujer en los últimos años en Brasil fue la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff (1 enero 2011-31 agosto 2016), sin la justificación de un delito comprobado, por un parlamento donde la mayoría (de sus miembros) es acusada de delitos electorales y de corrupción”.
El clima político generado por el nuevo gobierno, presidido por Michel Temer, el  vicepresidente que sustituyó a Rousseff, “abre espacio a más violencia contra mujeres, por su carácter misógino”, sin mujeres al frente de algún ministerio y con propuestas que anulan el empoderamiento anterior de las mujeres, teme Castilhos.

Por Mario Osava
http://www.ipsnoticias.net/2016/11/sube-violencia-contra-mujer-negra-en-brasil-pese-a-mejores-leyes/

18 de noviembre de 2016

Angélica Dass: la fotografía como herramienta de cambio contra la discriminación.


Hace 21 años, las Naciones Unidas declararon el 16 de noviembre como Día Internacional para la Tolerancia. Esta efeméride nos recuerda y hace presente el trabajo que queda por hacer en este sentido, ya que millones de personas sufren a diario, como un acto cotidiano, discriminación por su orientación sexual, género, creencias religiosas u orígenes culturales, entre otros motivos.

Este es el caso de Angélica Dass, a la que confundieron con una mujer senegalesa en el metro y tuvo que soportar comentarios despectivos por ello. "Éstas no se saben comportar", dijeron un grupo de mujeres españolas, que no disimularon su desprecio hacia las jóvenes africanas que reían y charlaban animadamente en wolof, una de las lenguas mayoritarias de África Occidental. Nada diferente a como haría cualquier otro grupo de adolescentes y jóvenes entre amigas.
"Justo entonces, estábamos colaborando con Alianza por la Solidaridad en un proyecto sobre el pelo como identidad cultural y en ese momento íbamos a una reunión. Yo llevaba trenzas, así que esas mujeres que nos insultaron asumieron que yo era africana y me hicieron sentir como se sienten ellas a menudo, como el escalón más bajo de la sociedad española: mujeres negras subsaharianas", recuerda la fotógrafa brasileña y voluntaria de la ONG desde prácticamente sus orígenes.
A Angélica Dassle preocupa la situación internacional actual, marcada por el triunfo del discurso racista del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el desamparo de miles de personas refugiadas en Europa.
Ese incidente en el metro ha sido una de las pocas veces que he sentido discriminación por mi imagen. Yo soy afortunada, puedo permitirme cierta ropa, así que no soy foco policial, alguien a quien pedirle la documentación, como ocurre a menudo con quien tiene un aspecto más humilde. Por eso no me gusta hablar de racismo -explica Dass-; prefiero hablar de discriminación: cuando hay cuentas bancarias llenas, parece que no importa el color de la piel", añade.

La artista asegura que sus proyectos surgen de motivaciones personales. En esta ocasión, su enfado íntimo se transformó en Vecinas, un periódico que muestra la vida familiar de las mujeres subsaharianas que residen en el Estado español. "Pero ¿qué sabrán de estas mujeres para hablar así de ellas?", pensé en ese momento. Así que puse en marcha esta iniciativa, para mostrar la realidad de estas mujeres que son enfermeras, amas de casa, economistas... Quería reunir su álbum de fotografías familiar de Mali para que la sociedad mayoritaria viera que podría ser el de cualquiera de nosotros y nosotras. Las protagonistas aparecían en el colegio, en la universidad, en la playa, en su fase de hombreras gigantes de los 80... La discriminación surge del desconocimiento, y yo quería conectar con la sociedad española".
Este proyecto, que nace de una colaboración con Alianza por la Solidaridad para sensibilizar a partir de la deconstrucción de prejuicios mediante imágenes, acabó convertido en una exposición que se exhibió en Matadero, espacio emblemático de Madrid, y, más adelante, en el barrio de Aluche, como parte de las actividades que celebran anualmente en el que es el distrito con mayor población de origen migrante de la ciudad. "Es un espacio simbólico, porque a un lado de las vías del tren estaba la exposición y, al otro, el CIE de Madrid, donde se encierra a personas migrantes que no han podido regularizar su situación administrativa", indica.

Angélica Dass es, además, autora de Humanae, su proyecto más reconocido, que transforma los colores de la piel humana en pantones, -un sistema utilizado en las artes gráficas que permite identificar colores mediante un código determinado- a partir de miles de fotografías de la cara de personas de 17 países diferentes. Desmonta así la idea de raza. De nuevo, la fotografía y el arte como reflexión para desmontar ideas preconcebidas.

En el Día Internacional de la Tolerancia, le preocupa la situación internacional actual, marcada por el triunfo del discurso racista del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el desamparo de miles de personas refugiadas en Europa, pero es optimista. "Es cierto que ahora existe más gente capaz de explicitar un discurso racista abiertamente, como puede suceder en EEUU, pero también hay más gente dispuesta a dar la cara por los demás y a alzar la voz contra la discriminación. En España, por ejemplo, es cierto que el Gobierno no acoge el número de personas refugiadas con el que se había comprometido, pero también existe un movimiento muy importante de colectivos y personas que han pedido que se cumplan estos compromisos. Hay más gente dispuesta a plantarle cara al racismo y a la discriminación.", indica.

¿Su herramienta de trabajo contra la discriminación? Su profesión. "Creo mucho en las historias colectivas que cuenta la fotografía. Para mí es una herramienta para luchar contra la discriminación, en el sentido de que es una forma de que las personas afectadas cuenten su historia. Cuando como voluntaria hago talleres en Alianza por la Solidaridad con migrantes subsaharianos, les digo lo único que sé de vosotros es que saltáis la valla de Melilla ¡y me miran como si estuviera loca! Después les explico que es la imagen que los medios nos venden de ellos, y que por eso es fundamental que, para luchar contra los prejuicios, sean ellos y ellas quienes cuenten su propia historia. Utilizo la imagen para dar voz a los que no la tienen. Esa es la clave", concluye.

http://www.huffingtonpost.es/celia-serrano/angelica-dass-la-fotograf_b_13049908.html?utm_hp_ref=spain

16 de noviembre de 2016

Tu cuerpo es tuyo.


Desde mediados de los sesenta del pasado siglo un número de mujeres artistas de diversos países como Ana Mendieta, Marina Abramović, Esther Ferrer u Orlan, entre otras muchas, han venido utilizando sus cuerpos desnudos como medio de expresión personal, con ello reivindican quiénes son y cómo son percibidas en su relación con el mundo.
Your Body Is a Battleground (Tu cuerpo es un campo de batalla) es uno de los eslóganes más conocidos en el mundo feminista, pese a ser de 1989. Con estas palabras la norteamericana Barbara Kruger atacó los estereotipos admitidos por la historia del arte, mientras ese mismo año el discurso de las Guerrilla Girls decía en un gigantesco cartel frente al MET de Nueva York Do Women Have To Be Naked To Get Into the Met. Museum? (¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en los museos?) sobre la imagen de reconocible pese a llevar una careta de gorila de a “Gran Odalisca” de Ingres. como ejemplo claro la tradición iconográfica del desnudo femenino. Con esta obra retomaron la reivindicación de la propiedad del cuerpo de la mujer tanto como sujeto pasivo y como lo siguen realizando muchas de las artistas activistas.

La sociedad de consumo ha convertido al cuerpo femenino en el objetivo de los propósitos más violento del neocapitalismo
Por otra parte, la sociedad de consumo ha convertido al cuerpo femenino en el objetivo de los propósitos más violento del neocapitalismo, la perfección exigida socialmente solo pueden permitirse las naturalezas extremadamente privilegiadas o las mujeres que pueden disponer de una renta muy superior a la media, en definitiva la alta cosmética, la cirugía plástica, los entrenadores personales, las firmas de alta costura… son un lujo para ricas, y digo bien “ricas” porque aunque parece que el hombre está dando pasos de gigante para aproximarse al mundo del cuerpo perfecto, las estadísticas aun les deja a mucha distancia.
Preocupa especialmente el mundo adolescente, ya que el proceso de convertirse en un cuerpo adulto está socialmente mal visto, pese a no haberse encontrado aun a día de hoy la fuente de la juventud eterna y es en ese mundo, en el que se mueven las más jóvenes, la influencia que tienen los medios de comunicación y especialmente la publicidad, es verdaderamente preocupante ya que consiguen llevar al desprecio y a la ridiculización todos los cuerpos y aptitudes que no se ajustan a los cánones que ellos mismos imponen, despreciando el respeto tan necesario para su propio cuerpo y dejando secuelas psicológicas difíciles de superar.

Con idea de reivindicar la dignidad del cuerpo, tal y como se hizo hace más de ochenta años, artistas españolas siguen trabajando para volver a la realidad la imagen de la mujer lejos de estereotipos, falsos cánones y visiones idealizadas y trasnochadas. En la exposición “Haciendo cosas normales” de la artista abulense Yolanda Lalonso, podemos ver representada a la mujer “de talla grande” que más se ve obligadas a asumir su corpulencia e intentar apartarse de los convencionalismo para aparecer desnuda en tintas negras y poder sentirse como una mujer completa, poderosa y feliz.

“Hacía cosas normales, ajena al horror que despertaban las formas de mi cuerpo”

Convertidas en el eterno objeto de deseo masculino, las obras de Yolanda se alejan poderosamente de las características consideradas como bellas, evidenciando mujeres que se encuentran a veces casuales, en otras plácidas y en otras provocativas, pero siempre indiscutiblemente poderosas y que el espectador podría adivinar como autorretratos. Dice la artista que “un día de verano normal, en un mundo aparentemente normal, sentí la necesidad de escapar de aquellos que me contemplaban. Me armé de pincel y tinta china y comencé a disparar, asegurándome mi propio lugar”.

“Haciendo Cosas Normales” es un proyecto de obra gráfica en el que la tinta negra delimita un trazo, un ritmo y una expresividad que demuestran la gran dibujante que se esconde, mostrando unas imágenes llenas de valentía y sensibilidad no exentas de denuncia social y todo ello en unos espacios apenas esbozados que nos evocan los atardeceres de la costa mediterránea.

Por 
http://tribunafeminista.org/2016/11/tu-cuerpo-es-tuyo/

14 de noviembre de 2016

'Un matrimonio sin hombre'



Marcela y Elisa protagonizaron algo insólito en la España del siglo XX: dos mujeres casándose por la Iglesia. Aunque para ello, Elisa tuvo que vestirse de hombre y convertirse en Mario.
Le  tendrían que haber chivado a Marcela y Elisa, hace más de 100 años, que al final tendrían una calle en su honor en A Coruña. Supongo que se habrían mirado con extrañeza y no se lo habrían creído. Marcela y Elisa eran amigas, maestras y novias, y pasaron a la historia por convertirse en el primer matrimonio gay de España a principios del siglo XX. Una pareja que se las ingenió para recibir la bendición de un párroco que probablemente ni era consciente ni imaginaba la trascendencia casi épica de su hazaña, incluso en nuestros días.

Claro que por aquel entonces Marcela y Elisa no eran simplemente Marcela y Elisa. Elisa también era Mario, un treintañero de pelo corto y bigote que, a ojos del párroco, los padrinos y los testigos ―y, claro está, a ojos también de Dios―, era un hombre emparejado con una mujer. Eso era "lo normal", por tanto, lo admisible. Y así se casaron un 8 de junio de 1901. Marcela como Marcela y Elisa como Mario.
"Es una historia única e insólita. Pero la conocemos porque al final se descubrió el engaño. Pudo haber otras historias que no conocemos porque acabaron bien", señala Narciso de Gabriel, catedrático y decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de Universidad de A Coruña y autor de Elisa y Marcela. Más allá de los hombres (Ediciones del Silencio). Durante años, De Gabriel ha estado examinando recortes de la prensa de la época para intentar reconstruir, aunque solo sea en parte, esta historia de amor y subversión.
El desenlace es sabido: las pillaron. Y por ello fueron perseguidas, humilladas y ridiculizadas en su pueblo, Dumbria, de poco más de 5.000 habitantes, y también menospreciadas por la prensa gallega y madrileña. "Un matrimonio sin hombre", tituló La Voz de Galicia un artículo en el que se descubría la verdadera naturaleza del matrimonio. Esto desató el escándalo y también la indignación. Les negaban los trabajos y recibían desprecios constantes por su condición sexual. "Las linchaban en la puerta de su casa y querían hacerle pagar su osadía", reconoce el catedrático.
"La historia de Marcela y Elisa no es solo la historia de un matrimonio insólito para la época. Abarca muchas otras luchas y reivindicaciones que van desde el feminismo, el travestismo o el hermafroditismo", explica Rocío Fraga, socióloga y concejala de Igualdad y Diversidad del Ayuntamiento de A Coruña.

Cuando se descubrió todo, Elisa negó que fuese Mario y aseguró ser hermafrodita. El 14 de julio de 1901, Elisa declaró a la revista El Suceso Ilustrado: "En mi niñez he vestido faldas, pero notando que me sentía más hombre que mujer, consulté en el extranjero, diciéndome un médico que era hermafrodita y que podía optar por el sexo masculino, por prevalecer éste en mí". Pero tras someterse a examen médico se confirmó que, en efecto, Elisa era una mujer y no hermafrodita como ella aseguraba. Y el clero hizo presión para que se anulara el matrimonio. Pero esa acta de nulidad nunca se llegó a firmar. Según De Gabriel, ni la Iglesia de San Jorge (donde se casaron) ni el Registro Civil llegó a anular nunca el matrimonio, "aunque la prensa de la época informó que sí se había hecho".

Lo que se pregunta todo el mundo al llegar hasta aquí es por qué se casaron, si podrían haber intentado pasar desapercibidas sin despertar las sospechas de la Iglesia. De Gabriel apunta algunas hipótesis aunque insiste en que todo son simples "conjeturas". La primera interpretación que dio la prensa fue que una de ellas se quedó embarazada por accidente y entonces intentaron dar una figura paterna al niño. "Pero yo me inclino por pensar que quizá el embarazo no fue accidental, y que las dos quisiesen tener descendencia", justifica De Gabriel.
"Yo lo veo también como una estrategia de supervivencia en una época en la que todo el mundo se casaba, era lo habitual, e incluso como una forma privada de festejo", explica la historiadora María Castejón. "Este punto hace incluso la historia más subversiva". En ese sentido, Castejón destaca que hasta el momento de casarse no despertaron sospechas porque las maestras ―de las pocas mujeres alfabetizadas de la época― gozaban de una permisividad mayor. "No era raro, por ejemplo, que las maestras fueran solteras o vivieran juntas, lo que explica cómo se desarrolló la relación de Marcela y Elisa, que primero eran amigas y luego se enamoraron".

Desterradas de su pueblo, acabaron en Portugal, a pesar de que pesaba tras ellas una orden de búsqueda y captura. Fueron incluso enjuiciadas: las acusaban de "falsedad documental" y en total estuvieron 13 días en prisión. Per un grupo de mujeres feministas de Oporto exigieron su liberación e incluso recaudaron dinero en solidaridad con ellas. "De hecho, la única constancia histórica que se tiene de ellas es una carta a un diario en la que agradecían a Portugal las muestras de aprecio recibido. El resto, solo nos llega a través de la imagen que dio la prensa. No hay testimonios personales que nos permitan indagar más allá", argumenta De Gabriel.

Según lo que cuenta en Elisa y Marcela. Más allá de los hombres tampoco lograron vivir en paz en Portugal, y acabaron en Argentina malviviendo como criadas. El dinero no daba para las dos y menos para ese bebé que acaba de nacer. Así que decidieron que Elisa se casara con Christian Jensen, un danés que regentaba un negocio local, y tratar así de heredar algo cuando este falleciera. Pero ni con esas, un día el hombre empezó a desconfiar de Marcela (que se hacía pasar por la hermana Elisa) y lo descubrió todo. También la prensa argentina se hizo eco de la noticia.

"A partir de ahí, el final es muy abierto", explica Fraga. Las últimas informaciones publicadas en el diario Público, y recabadas por el catedrático Narciso de Gabriel, apuntan a que Elisa se pudo haber suicidado en Veracruz, o que murió de un cáncer terminal en 1940 en Buenos Aires. "Yo prefiero pensar que la historia no acabó tan mal, y que les perdimos la pista, porque se escondieron y pudieron, por fin, vivir tranquilas", concluye Fraga.

por Anna Pacheco

https://broadly.vice.com/es/article/matrimonio-lesbico-espana-1901?utm_source=broadlytwes

10 de octubre de 2016

La Esclava en la Colonia.


La situación de los esclavos era de explotación. Considerados una mercancía, eran tratados como un instrumento de trabajo. Constituyeron el elemento que significó un cambio en la  estructura económica colonial.  Sin el aporte de esa fuerza de trabajo, la expansión del cultivo del cacao -petróleo de los siglos XVII y XVIII- no hubiera tenido lugar.
El comercio de esclavos en Venezuela comenzó en el siglo XVI y tuvo su mayor auge en el siglo XVIII. El bajo rendimiento del trabajo indígena, primero en las minas y posteriormente en las labores agrícolas, incrementó dicho tráfico.
Como mercancía, tuvo una reglamentación legal. Se exigía una tercera parte de hembras en el lote general que se importaba. El sexo no constituía un factor que determinase un mayor o menor valor. La edad, la salud y las habilidades eran los elementos tomados en cuenta.
Como mercancía, el esclavo podía ser objeto de diversas negociaciones –como la venta- y la redacción del documento no era diferente al de la enajenación de un inmueble.
El comercio de esclavos constituyó un negocio muy lucrativo para los llamados negreros. Arrancados los negros de su tierra y grupo social, fueron transportados a América en condiciones infrahumanas; sobrevivían los más fuertes, un porcentaje considerable llegaba en malas condiciones y otro tanto moría antes del arribo al nuevo destino.
No concluían sus penalidades cuando llegaban a tierra. Al incorporarse al trabajo del amo, una vida de explotación les esperaba. Aquellos con riesgo de la pérdida de su fortuna explotaban al máximo la fuerza de trabajo esclava, hasta que perecían víctimas de desnutrición y de diversas enfermedades.
En este contexto general, transcurrió la vida de la esclava en la Venezuela colonial. Además de ser considerada una mercancía, constituyó un objeto sexual para los amos y sus hijos.
Para la esclava, el sexo constituyó el camino de la prostitución y paradójicamente en algunos casos les permitió una vida mejor y la conquista de su libertad.
La explotación de la fuerza de trabajo de la esclava estuvo encaminada en dos direcciones: a labores agrícolas y al servicio doméstico. A este último se dedicó un sector considerable, como ha sido tradicional en la división del trabajo que subyace en la sociedad y que consideraba dichas labores, como inherentes a la naturaleza biológica de la mujer. En cumplimiento de dichas tareas fueron lavanderas, cocineras, aseadoras de la casa, planchadoras y, en general, de las mujeres de la familia; las cuidaban en las enfermedades y actuaban como curanderas y preparaban bebedizos para que sanaran. Cabe destacar, como oficio importante, el de aya y nodriza de los hijos de los amos.
Igualmente importante era su fuerza de trabajo en las labores agrícolas. En un padrón de esclavos de la Hacienda Chuao, hoy en el Estado Aragua, realizado en 1671, de la población apta para el trabajo, a partir de los 12 años, de un total de 62 esclavos se contabilizaron 32 mujeres y 30 mujeres; en otro padrón de la misma plantación, del año 1742, de un total de 80 la mitad eran mujeres. No podemos generalizar dichas proporciones a todas las plantaciones de la Colonia, pero las mismas, dada la importancia económica de la Obra Pía, constituyen un indicador muy significativo del porcentaje equilibrado de la fuerza de trabajo esclava en las plantaciones coloniales.
La jornada de trabajo se iniciaba a las 4 de la mañana y, después de rezar, comenzaba la recolección de leña para el fuego, con participación de todos, y no había ninguna consideración  especial para la mujer grávida o con hijos para amamantar; había una edad mínima de 12 años y máxima de 60.
En cuanto a las condiciones de trabajo existentes entre las domésticas y la agrícolas, debemos considerar que las primeras se efectuaban en la casa del amo y las segundas en la intemperie, lo que determinó una preferencia de las esclavas por  las tareas domésticas y más si éstas eran cocineras y ayas, lo que les merecía un trato especial por parte de los miembros de las familias. No obstante, cuando pretendían casarse, comprar su libertad o hacer efectiva una justa aspiración, se rompía la vinculación humana y surgía el nexo jurídico de amo y esclava.
En otras labores realizadas por la negras durante la Colonia no pudimos precisar su carácter de libres o esclavas, a pesar de que la referencia encontrada fue en los años en que existía la esclavitud. Tal fue el caso de las llamadas panaderas, a quienes el Cabildo de Caracas, en 1661, ordena entregarles una fanega de maíz del depósito como medida de garantizar un pan más barato. El mismo Ayuntamiento, en  1701, hace alusión a las ventas de las negras en la plaza.
En relación al tipo de familia que tenían los esclavos, se hace necesario aclarar que, considerados una mercancía, eran vendidos separando a las parejas y a las madres de sus hijos. No podían tener una familia monogámica, al igual que sus amos, porque la esclava era un objeto sexual y no podía oponerse a los requerimientos amorosos de los varones miembros de la familia del amo. Habiendo perdido su condición de personas, tampoco podían organizarse como una familia poligínica, tal como estaban organizadas en África, donde el vínculo más estrecho era entre madre e hijo y es este último elemento el que perdura en las esclavas.
Como la negra permanecía vinculada a sus hijos, a pesar de la separación que imponía la venta de los mismos, podemos decir que, a través de este vínculo afectivo, se configuraba un tipo de familia particular de la esclavitud en Venezuela.
La esclava, al igual que los esclavos, no se resignaba a permanecer en esas condiciones. Para lograr su libertad, recurrió fundamentalmente a las vías jurídicas. En tal sentido reclamaba el cumplimiento  de las cláusulas testamentarias que le otorgaban su libertad algunos miembros de la familia que, por agradecimiento o por amor, testaban a su favor. Para lograr el cumplimiento de esa voluntad casi siempre tenían que recurrir a los tribunales y no pocas veces esa medida era revocada; también ofrecían dinero comprando su manumisión.
No descartó la esclava la conquista de su libertad al margen del derecho, como fueron las fugas y las sublevaciones, en las cuales, según la historia, hubo una participación femenina menor que la masculina, pero no por ello menos significativa. Cuando se escapaban de sus amos, fundaban la cumbe, poblaciones de negros ‘cimarrones’. La presencia de las negras como concubinas o esposas evidentemente era lo que determinaba la estabilidad del grupo social.
En la sublevación de los esclavos se 1795 se menciona a tres mujeres: Apolonia, Juana Antonia y Trinidad, condenadas a 200 azotes con recomendación de sus dueños de venderlas fuera de la jurisdicción.
Merece destacarse la historia de  Juana Inés y de Julián Cayetano  y Julián Cayetano, quienes habían logrado su libertad en la hacienda de Chuao vendiendo una arboledilla de su propiedad, con el compromiso de no regresar a Chuao ni a sus alrededores. Sin embargo, llegaron a Turmero, Juana Inés entró a la plantación y se escaparon 34 esclavos instigados por ella. Fue apresada junto a su compañero y desterrada a Veracruz. Este episodio, que no debió ser el último en esa etapa histórica, nos revela el papel tan importante de la esclava en la conquista de su libertad.
De igual manera una carta del 17 de mayo de 1603, del gobernador Juárez de Amaya, en la cual narra la larga lucha sostenida por el Capitán Cedeño Albornoz para derrotar la sublevación de los negros buceadores de perlas y esclavos cumaneses, menciona la prisión de una negra a quien los esclavos habían nombrado su reina. Constituye una incógnita para la historia el papel de dirigente o no de aquella esclava, pero el hecho revela lo afirmado anteriormente.
La esclava ubicada en la escala más baja de la estructura social de la Colonia ha permanecido oculta en la historia, al igual que la indígena y la mujer blanca. Con estas breves líneas pretendemos destacar su aporte en la economía como fuerza de trabajo a la par que el hombre y rendir homenaje a esa madre insigne en lucha por sus hijos y a esa mujer que luchó por conquistar su libertad. En esta forma develamos parte de esa historia no escrita e iniciamos la historia de la mujer negra en Venezuela.

Por: María del Mar Álvarez*
https://palabrademujer.wordpress.com/2009/11/29/la-esclava-en-la-colonia/

30 de septiembre de 2016

Falta educación sexual para adolescentes discapacitadas.


Desde esterilización forzada hasta abuso sexual, hombres y mujeres jóvenes con discapacidades tienen mayores probabilidades de que sus derechos sexuales y reproductivos sean violados en comparación con otros sectores de la población.

A pesar de los crecientes riesgos que sufren, los jóvenes discapacitados también tienen muchas menos probabilidades de recibir la educación en salud sexual que tanto necesitan.

Muchas veces, esa situación se debe a que las cuidadoras y los cuidadores no tienen consciencia de las necesidades ni de los deseos sexuales de las personas discapacitadas, explicó Malin Kvitvaer, de la Asociación Sueca para la Educación Sexual, en diálogo con IPS.

“Solo ven la sordera y se olvidan de que también hay una persona joven”, apuntó Kvitvaer, quien además de ser sorda, trabaja en un proyecto destinado a mejorar la educación sexual en lengua de señas.

Los padres y los cuidadores a veces se olvidan de que los adolescentes con discapacidad también tienen dudas sobre sus cuerpos y piensan en las relaciones sexuales, como cualquier joven, apuntó.

Y aun cuando reciben educación en salud sexual, puede ser que sea incompleta o inadecuada por las dificultades para acceder a ella, acotó.

“Hay muchos casos en que cuando la profesora o el profesor no dominan la lengua de señas y no saben cómo dictar educación sexual y dan una versión muy comprometida o directamente se la saltean”, explicó Kvitvaer.

Las barreras en la comunicación pueden tener un impacto aun mayor, cuando los abusadores se aprovechan de que a las personas jóvenes y sordas les cuesta más realizar una denuncia por abuso.

“En la historia de la comunidad sorda, hay casos de adolescentes sordas, también varones, pero principalmente niñas, que sufrieron abusos sexuales de hombres de su entorno, como profesores, sacerdotes sordos y otros”, relató.

“Muchas veces también sabían que las familias de las niñas no usan lengua de señas y ellas no iban a poder decirles del abuso”, añadió Kvitvaer, quien fue la joven delegada sueca a la Organización de las Naciones Unidas en 2011.

Las adolescentes deben de hacer frente a numerosos problemas porque sus comunidades o sus propias familias solo consideran la posibilidad de entregarlas en matrimonio y priorizan la maternidad. Muchas de ellas se ven obligadas a abandonar la escuela, comprometiendo sus perspectivas de futuro.

Y aun para las que permanecen en la escuela puede ser difícil acceder a información básica sobre salud sexual y reproductiva y sus derechos humanos, en general, dejándolas en situación vulnerable frente a enfermedades, lesiones y explotación.

Los obstáculos son aún más graves para las adolescentes marginadas, incluidas las que pertenecen a minorías étnicas, así como para las que viven en la pobreza o en áreas remotas, y aun más para las que tienen alguna discapacidad.

Sin embargo, cuando se fortalece a las adolescentes, cuando conocen sus derechos y se les brindan los medios para poder desarrollarse, se convierten en positivos agentes de cambio en sus comunidades.

Con el fin de llamar la atención sobre esas dificultades y, en general, sobre la necesidad de promover medidas para el desarrollo de mujeres adolescentes y jóvenes en condiciones de igualdad, el lema del Día Mundial de la Población, que se celebra este 11 de julio, es la inversión en niñas adolescentes.


Leyla Sharafi, especialista en jóvenes y género del UNFPA, dijo a IPS que los jóvenes y adolescentes tienen dificultades en todo el mundo para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva, y en el caso de los discapacitados, esas barreras son aun mayores.

“Los jóvenes con discapacidad sufren mayores riesgos de experimentar violencia sexual y deben hacer frente a barreras mayores para acceder a la educación y a los servicios de salud sexual y reproductiva”, dijo Sharafi a IPS.

“El UNFPA y el programa We Decide abogan por que todos los jóvenes con discapacidad gocen de sus derechos humanos, incluidos el de no discriminación y el de poder vivir una vida libre de violencia”, subrayó.

Sharafi agregó que el programa fue diseñado en colaboración con personas jóvenes discapacitadas, que tomaron en consideración sus necesidades.

Con ese fin, Kvitvaer señaló que la educación sexual no solo debe concentrarse en los aspectos negativos del sexo, sino también en los positivos.

“También creo que es importante no solo concentrarse en los problemas que puedan ocasionar las relaciones sexuales, como embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual, sino también que el sexo es algo bueno cuando es consensuado y no es malo querer mantener relaciones sexuales, al igual que no querer tenerlas”, explicó.

Esta semana se conmemoran los 10 años de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que según Sharafi, “es una de las pocas que explícitamente se refiere a la salud sexual y reproductiva”.

Por Lyndal Rowlands
http://www.ipsnoticias.net/2016/07/falta-educacion-sexual-para-adolescentes-discapacitadas/

9 de septiembre de 2016

Sin mujeres no hay desarrollo.



África no cumplirá sus aspiraciones de desarrollo si no cierra la brecha de género, causante de que más de la mitad de la población del continente —las mujeres— esté marginada social, económica y políticamente, según afirma el nuevo Informe sobre Desarrollo Humano en África 2016, titulado Acelerando la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en África. En él se explicita que solo en 2014 África subsahariana perdió unos 95.000 millones de dólares, lo que equivale a un 6% de su PIB, debido a la desigualdad de género en el mundo laboral. También que las mujeres no alcanzan los mismos niveles de desarrollo humano que los hombres, lo que pone en peligro la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), de Naciones Unidas, y de la Agenda África 2063, de la Unión Africana.

El documento, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue presentado el domingo 28 de agosto en el curso de la conferencia internacional sobre el desarrollo del continente, celebrada en la capital de Kenia, Nairobi. Su tesis principal es que reduciendo la brecha de género, África no solo conseguiría un gran desarrollo económico, sino que también contribuiría de manera significativa a alcanzar los objetivos de desarrollo nacionales e internacionales. Por eso la igualdad de género beneficia tanto a hombres como a mujeres.

El informe se centra en analizar los factores políticos, económicos y sociales que dificultan el avance de las mujeres africanas y propone estrategias, políticas y acciones concretas para cerrar la brecha de género en el continente.

El desarrollo humano no es posible sin igualdad de género

Este estudio llega en un momento en el que el continente africano está viviendo grandes cambios, incluyendo una fuerte transformación social y económica que han dado lugar a avances significativos en el desarrollo humano.

Sin embargo, el afrooptimismo que caracterizó al inicio de siglo ha ido decayendo arrastrado por varios factores:

Como la crisis económica que ha sacudido al mundo y que ha ocasionado que disminuyera la demanda de materias primas, como el petróleo, el gas o minerales, de la que las economías de muchos países dependen, afectado grandemente sus beneficios económicos.
Los disturbios políticos y las luchas civiles se han sucedido en varios países del norte, este y centro de África.
La epidemia de Ébola que puso de manifiesto la vulnerabilidad y fragilidad de muchas sociedades africanas ante una catástrofe y ha hecho retroceder los avances económicos y sociales de Guinea, Liberia y Sierra Leona.
La sequía que actualmente afecta al Sahel, Cuerno de África y sur del continente causa grandes dificultades a las personas de los países afectados.
Igualmente, la lucha contra el terrorismo y el extremismo religioso, puede tener efectos devastadores en el orden civil y social.
Todos estos ingredientes tienen dimensiones significativas con respecto al género porque las mujeres son las más afectadas por estas situaciones teniendo en cuenta los papeles que les vienen impuestos por la sociedad y que generalmente están relacionados con la provisión de alimentos y el cuidado de los más jóvenes, los enfermos y los ancianos mientras que tienen que hacer frente a la pérdida de los medios de subsistencia y al deterioro de la salud y la seguridad.

Según se desprende de los datos de UNDP, África tiene una de las tasas más rápidas de mejora en el desarrollo humano (salud, educación, empleo...) de las últimas dos décadas pero, no obstante, sigue manteniendo las tasas más bajas de desarrollo humano de todo el mundo. Es verdad que no todos los países africanos son iguales, pero hay algo que les unifica: la desigualdad de género está presente en casi todos ellos.

El nexo entre la igualdad de género y el desarrollo humano se basa en la superposición de tres elementos:

Económico: uno de los factores que determina la igualdad de género es la presencia de las mujeres en los lugares de trabajo y de toma de decisiones económicas. Las disparidades económicas y laborales entre hombres y mujeres siguen siendo la norma en muchos países africanos. Esta desigualdad se manifiesta en término de acceso a los bienes económicos, la participación en el lugar de trabajo, las oportunidades empresariales y el uso de los beneficios y de los recursos naturales y el medio ambiente.

Además, las mujeres suelen tener empleos vulnerables con una débil regulación y protección social limitada debido a las diferencias en la educación y la falta de correspondencia entre las capacidades de las mujeres y las demandas del mercado laboral. Esto empuja a muchas de ellas a la economía informal. Los datos apuntan a que fuera del empleo informal agrícola, el 66% de las mujeres africanas se mueven en este sector.

El aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo no ha significado mayores oportunidades de empleo remunerado para las mujeres. La brecha salarial de género, fuera de la agricultura, es un fenómeno generalizado en toda África subsahariana, donde se estima en un 30%. Es decir, que por cada dólar que gana un hombre en las empresas, los servicios o el comercio, las mujeres solo consiguen 70 céntimos.

Si la situación económica de las mujeres mejora, también lo hace el nivel económico de sus familias, lo que contribuye a la reducción de la pobreza. Por eso la igualdad de género beneficia a toda la sociedad.

Social: el acceso a la salud y a la educación son factores determinantes de la igualdad de género y de la autonomía de la mujer. En general, la desigualdad de género en los servicios sociales se traduce en un menor número de oportunidades para las mujeres en particular y para la sociedad en general, para lograr el bienestar. En las últimas décadas muchos países africanos han visto como un mayor número de ciudadanos acceden a la salud, la educación u otros servicios sociales básicos. Estas mejoras incluyen a las mujeres y a las niñas. Sin embargo, todavía muchas de ellas se enfrentan a privaciones graves de salud debido a factores como el matrimonio infantil, la mutilación genital, la violencia sexual y física, la alta incidencia de la mortalidad materna…

En el campo de la educación, prácticamente se ha conseguido la paridad en la escolarización primaria. Sin embargo, la discriminación de género sigue siendo significativa en la enseñanza secundaria y terciaria. Las razones por las que las niñas no acuden a la escuela varían pero a menudo están asociadas a la pobreza, el origen étnico, la exclusión social, el vivir en zonas rurales o barrios pobres, la lejanía geográfica, los desastres naturales, los conflictos armados, la falta de servicios básicos y la mala calidad de la educación. Cuando estas barreras interactúan con el género crean mayores desventajas para las niñas.

Político: Cuantas más mujeres ocupan posiciones políticas y de liderazgo, más difícil resulta ignorar o silenciar sus derechos, prioridades, necesidades e intereses.

Mucho progreso se ha conseguido en este campo, tanto en el sector público como en el privado. Muchos países han visto a las mujeres llegar a los parlamentos u ocupar altos puestos de responsabilidad. Pero las estructuras sociales y políticas existentes todavía impiden que las mujeres desarrollen todo su potencial a la hora de participar en la agenda económica, social y política de sus países.

El impacto de las normas legales y sociales

Existe un alto número de normas internacionales que promulgan la igualdad de género, pero la desigualdad reinante pone de manifiesto que estas leyes y declaraciones por sí solas son insuficientes para alcanzarla, especialmente en África. Y eso a pesar de que este continente ha completado la legislación internacional con regulaciones propias adoptadas en el seno de la Unión Africana, entre las que cabe destacas el Protocolo de Maputo (2003) y la Declaración Solemne sobre Igualdad de Género en África (2004).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las normas sociales y culturales desempeñan un papel muy importante en este campo. Normalmente, se convierten en los principales obstáculos a la hora de conseguir la plena igualdad de géneros.

Según el Afrobarómetro de 2015, un cuarto de los africanos no aceptan el concepto de igualdad de género y rechazan cualquier intento de igualar la mujer al hombre. Esto es reflejo de la prevalencia de las normas sociales que asignan diferentes posiciones y privilegios a las mujeres y a los hombres. Cambiar estas tradiciones es prioritario para conseguir la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

En busca de soluciones

El informe también sugiere algunos programas y políticas con la intención de acelerar la igualdad de género y su inclusión plena en las agendas de desarrollo. Todos ellos pasan por apoyar:

La adopción de reformas legales y políticas y la aprobación de planes para promover el empoderamiento de las mujeres.
Los recursos nacionales para promover y aumentar la participación y el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones en el hogar, la economía y la sociedad.
La capacidad de aplicar enfoques multidisciplinares para mitigar los impactos de las prácticas de salud y educación discriminatorias.
A las mujeres para que obtengan la propiedad y la gestión de los activos económicos y medioambientales.
La idea detrás de estas propuestas es que solo asegurando que las mujeres reciben las mismas oportunidades económicas, sociales y políticas que los hombres, pasando de una igualdad jurídica a una sustantiva, pueden los gobiernos asegurar que su progreso en los campos del crecimiento económico y del desarrollo humano sea totalmente inclusivo de todos los ciudadanos y sostenible a largo plazo.


http://elpais.com/elpais/2016/08/25/planeta_futuro/1472140824_389913.html?por=mosaico