18 de mayo de 2017

La precariedad tiene rostro de mujer.


Las cifras de desigualdad salarial saltan de vez en cuando a las noticias y nos dejan en shock: las mujeres cobran entre un 20 y un 25% menos que los hombres. Pero ¿qué significan realmente estas cifras y por qué sucede esto?
A veces la brecha salarial se mide como la diferencia entre el salario medio de los hombres y el de las mujeres –y ya sabemos que las medias pueden esconder situaciones muy diversas–. Estas cifras, por tanto, no quieren decir que a igual trabajo cobremos un 25% menos. Aunque si tomamos por ejemplo la media por hora trabajada, sigue siendo alta: casi un 15%, según el último Eurostat. Un informe reciente de la UGT concluye que las mujeres cobramos menos en la mayoría de sectores, en todos los niveles educativos, con cualquier tipo de contrato y de jornada. En teoría, los convenios colectivos impiden la discriminación salarial pura y dura, pero todavía se da que a mismo trabajo, diferente sueldo. Primero, porque se reconocen de forma distinta empleos que tienen igual valor, según estén realizados por hombres o por mujeres, pero también porque se premian con complementos salariales unas tareas en detrimento de otras o se pagan de forma distintas las horas extra.

Lo que indican los números, y cualquier dato que haga referencia al género en el ámbito laboral, es que la desigualdad está instalada en nuestra sociedad y se reproduce muy especialmente en el mundo del trabajo. Así, una parte importante de esta diferencia nos indica que la precariedad se ceba más en las mujeres. O sea, si los empleos están cada vez más degradados, con salarios más bajos y más inseguridad, podemos estar seguras de que los peores lugares de la jerarquía laboral son femeninos. Así, el 72% de las jornadas parciales en España lo ocupan mujeres y la mayoría no lo ha elegido, sino que no ha encontrado otra opción –el 58%–. Con estos minijobs ya sabemos que no se puede vivir, es decir, tener un trabajo, ya no garantiza salir de la pobreza. El porcentaje pues de trabajadoras pobres en España es el más alto de la UE, tan solo superado por Rumanía.

En la carrera de los indicadores, también quedan las últimas. Por ejemplo, este primer trimestre la tasa de paro femenina se incrementó hasta el 20,5%, mientras que la masculina se mantuvo en el 17,2%. Y es que la posibilidad de embarazo y los permisos de maternidad todavía implican desigualdad a la hora de encontrar trabajo. Otro triste récord gracias a las últimas reformas laborales del PP es que somos el país de Europa con más trabajos temporales. Otra vez, de mayoría femenina y sigue subiendo, casi el 80% de los contratos firmados por mujeres son temporales. Temporalidad, jornadas parciales e inestabilidad en el empleo cóctel perfecto para presionar a la baja los salarios. A los empresarios, sobre todo del sector servicios –donde más se concentran las mujeres– les beneficia.

De hecho –y aunque afecta a todos los sectores– muchas de las externalizaciones a empresas multiservicios realizadas por empresas para deshacerse de trabajadoras contratadas y de los convenios colectivos afectan a mujeres. Las Kellys –“las que limpian los hoteles”– han tenido éxito a la hora de denunciar esta situación por la que han visto descender sus salarios y aumentar horas de trabajo en peores condiciones. Hemos visto sus bolsos llenos de pastillas para poder seguir el ritmo de un trabajo infernal que sufren en sus cuerpos doloridos.

Los trabajos de las pobres

La mayoría de la fuerza laboral femenina se concentra en aquellas ocupaciones que tienen relación con los roles y estereotipos que tradicionalmente se nos han atribuido como cuidar, limpiar, o aquellos trabajos que implican emociones. Lo más curioso es que muchas de estas labores se menosprecian precisamente porque las desarrollan mujeres. Cuando un trabajo se “feminiza”, es decir, pasa a ser realizado mayoritariamente por mujeres, sistemáticamente empeoran sus condiciones laborales y de estatus. Es decir, bajan sus salarios también.

Ahora mismo, estos se dan en el sector servicios –cocineras, camareras, limpiadoras, camareras de pisos, cajeras de supermercado, teleoperadoras– o en el de cuidados –trabajadoras domésticas, cuidadoras, niñeras– como comprobamos en la última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) La expansión de estas ramas nos indica que la creciente participación de la mujer en el mundo laboral se debe, al menos en parte, al hecho de que se han trasladado al mundo laboral actividades que antes las mujeres realizaban gratis o como criadas infrapagadas.

Los trabajos que están más degradados, además, son aquellos más invisibles. El caso más evidente es el de las trabajadoras domésticas en el que todavía hoy se emplea una parte muy importante de la fuerza laboral femenina, muchas veces sin contratos, sin horarios, sin derechos. Muchas de estas trabajadoras domésticas son inmigrantes, porque la ley de extranjería las hace todavía más vulnerables. Si eres mujer y migrante, tienes muchas posibilidades de estar en lo más bajo de la escala social.

Pues parece que sí. Todavía hay trabajos de “mujeres y de hombres”, y estos trabajos feminizados tienen peores condiciones laborales porque debido a condiciones estructurales, ahora y en el pasado, las mujeres tienen menos posibilidades de elección y más presión para desempeñar trabajos mal retribuidos. También, por supuesto, y esto es importante, porque tienen que combinarlos con el trabajo invisible en el hogar. Así, las carreras de las mujeres son más intermitentes debido a las labores de limpieza y cuidados que tienen que ejercer con niños, ancianos y dependientes.

Algo de historia

Históricamente las mujeres han tenido que hacer ese tránsito continuo entre el trabajo pagado y el no pagado, con todas las dificultades que eso entraña. Mientras que los hombres se han limitado a la esfera del trabajo remunerado. Como explica Nancy Fraser, esta división entre trabajo productivo y reproductivo –en el hogar– se produjo desde la era industrial. Fue entonces cuando la masa laboral masculina fue salarizada, mientras que las actividades reproductivas se retribuyeron con la moneda del amor y la virtud. Pero en el mundo que inauguró la revolución industrial, en el que el dinero se convirtió en el principal medio de poder, quienes se quedan encargadas del trabajo no pagado quedarán estructuralmente subordinadas a aquellos que sí tendrán retribuciones monetarias. Este es el origen de la desigualdad.

Las mujeres cobrábamos menos que los hombres porque se suponía que nuestro lugar era el hogar y los salarios más bajos se justificaban porque se consideraban un suplemento al del marido o el del padre, lo que garantizaba la subordinación. Aunque esta imagen no dejaba de ser un mito que no se correspondía con la realidad vivida por muchas mujeres: tanto solteras como casadas –sobre todo de clase obrera– que trabajaban en proporción mucho mayor que la indicada por las estadísticas y a veces eran cabezas de familia.

Esto tendrá su correlación en el mundo laboral, como explica Ulla Wikander en De criada a empleada: Poder, sexo y división del trabajo (S.XXI,2016), entre las décadas de 1960 y 1980, al producirse la gran irrupción de la mujer en el mundo del trabajo fuera del hogar, el mercado laboral ya había sido estructurado según el sexo biológico mediante un proceso que había durado siglos. Y si la división laboral según géneros demostró ser muy ventajosa para los patronos, será la ley la que fijaría la base de esta subordinación al hombre en el ámbito del trabajo. Por ejemplo, durante el periodo de entreguerras, la prohibición del aborto y de las medias preventivas del embarazo fue de la mano de las restricciones del trabajo femenino en el mercado laboral. Así como hoy, los hogares han sostenido el recorte de gasto público en servicios sociales y de cuidados –ley de dependencia, guarderías, residencias, educación, salud, etc.– y están condenando a las mujeres a asumir todas esas tareas extra. Las que pueden, a su vez, externalizan esos cuidados contratando a otras mujeres, generando uno de esos trabajos feminizados mal pagados.

Pero si algo nos enseña la historia del feminismo es que se pueden conquistar derechos formales al mismo tiempo que perdemos terreno en el ámbito laboral. Hoy, el empeoramiento de las condiciones de trabajo de las mujeres durante la crisis así lo indica. También sabemos con certeza que cada una de las conquistas en relación con la igualdad de género ha tenido que ser peleada con fiereza por las mujeres. Por tanto, quizás es tiempo de poner en el centro de la lucha feminista otra vez la cuestión laboral y su relación con la clase.

Foto: The Graphic. Trabajadoras de una fábrica de fósforos en Londres en 1871.

17 de mayo de 2017

Barbarie y patriarcado caminan de la mano.



La violencia contra la mujer se ejerce como un aviso de “aquí mando yo” en la era de la globalización.
Sólo desde una cierta perspectiva globalizadora se puede captar la estructura de diversas relaciones entre grupos a diversas escalas y en diferentes dimensiones. Quizás ha hecho falta alcanzar el punto de vista de la globalización para identificar las modalidades de las relaciones de poder entre los grupos, los géneros a nivel micro y a nivel macro. Sólo así puede saber más de si misma la especie bisexuada y culturizada que somos los humanos.

Manuel Castells identifica en el proceso de globalización neoliberal una “lógica excluyente” a la que se refiere con la metáfora de los “agujeros negros” del capitalismo informacional. Distingue entre los “trabajadores genéricos”. No hará falta insistir en que los que van a parar a los “agujeros negros” son los genéricos, los que carecen de cualquier especialización, y los caracterizados por esta carencia, si vale decirlo así, pertenecen al sexo femenino. Las maquilas son violeta y los hackers predominantemente rojos.

Lourdes Benería ha señalado el papel desempeñado por los Estados en la imposición de desregulación de los mercados en que el proceso de globalización consiste, por paradójico que ello parezca. Y son particularmente notables los cambios en la fundación de las fronteras: ciertos controles fronterizos desaparecen para determinados flujos de capitales al mismo tiempo que se refuerzan para los trabajadores inmigrantes. Resulta particularmente significativo desde el punto de vista del género el hecho de que las comunidades culturales, en el marco del Estado-nación, intenten imponer sus normas culturales propias: así, determinados colectivos musulmanes presionan para imponer la sharia para su grupo en países no musulmanes. Y no hará falta insistir en que aquí, especialmente, “cultura” tiene nombre de mujer.

Se ha acuñado el nombre “los nuevos bárbaros del patriarcado” para hacer referencia a la especificidad de la violencia sexista en la era de la globalización. Esta modalidad macabra de violencia tiene que ver con el “Estado paralelo” que en determinadas zonas del planeta instituyen las mafias. Sembrar cadáveres de mujeres, previamente secuestradas, violadas colectiva y ritualmente y estranguladas en las orgías y “asesinatos de juerga” que se celebran en los ranchos es, como lo interpreta Rita Segato, estampar una firma que se descifra en clave de “aquí mando yo”. Esta carne cadavérica de mujer joven, morena, respondiendo a un mismo tipo, delgada, trabajadora de la maquila, cosida al territorio, que no sepultada, muestra que “esta zona es mía”, que estamos ante el símbolo y la parte de un Estado paralelo.

Sobre el texto Barbarie y patriarcado en la era de la globalización de Celia Amorós.

"Antes pasará un camello por el ojo de una aguja,
que entre un rico en el reino de los cielos,
antes pasará una mujer, trabajadora genérica, inmigrante ilegal por esta frontera de hormigón y alambreespino,
que una transacción financiera en el reino de los cielos,
antes pasará una sharia macho de largo sin morder por delante de una cultura antigua con nombre de mujer,
que un consejero delegado, un viajero de clase preferente en vuelo intercontinental en el reino de los cielos,
antes sobrevivirá una joven por los márgenes del desierto,
que su carnicero violador entre en el reino de los cielos,
carne de cadáver de mujer joven, morena, delgada, trabajadora de maquila, cosida al territorio, que no sepultada — sin descanso:
este es mi reino, dice el patriarca, y mi cielo, aquí entrará el camello, el rico, el carnicero, la transacción financiera y el consejero delegado…
este es mi reino, y mi cielo, y también
tu espanto y tu infierno.

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2086

11 de mayo de 2017

El olvidado origen del Día de la Madre.



La proclama pacifista contra las guerras quedó muy lejos de la celebración comercial
Aunque muchos crean que el Día de la Madre es una jornada simplemente comercial, cuyo origen es simplemente atribuible al afán de estimular las ventas, lo cierto es que fue una proclama antibelicista y una convocatoria a un congreso mundial de madres, lo que dio inicio aCorría 1870, cuando la escritora estadounidense Julia Ward Howe, una pionera del activismo, el abolicionismo de la esclavitud y los derechos de las mujeres, convocó a todas las madres del mundo a rebelarse contra la guerra, en una desgarradora proclama pacifista que mantiene plena vigencia.

En la proclama se convocaba a un Congreso Internacional de Madres buscando promover alianzas entre diferentes naciones y el arreglo sin belicismos de cuestiones internacionales. Las buenas intenciones de la primera mujer electa para la Academia Estadounidense de Artes y Letras, en 1908, apenas lograrían que el Congreso de su país, votara en 1914, a instancias del presidente Woodrow Wilson, la celebración anual del Día de la Madre.

La idea se concretó pero jamás tuvo efectos reales

Su idea de un congreso de madres, no logró verla concretada en tanto escribía por aquellos días que las mujeres “están más interesadas en la promoción del sufragio femenino que en idear una protesta mundial de mujeres contra las crueldades de la guerra”. la fecha en cuestión.
Sus ideas no obstante fueron tomadas por Anna Jarvis, un ama de casa que organizó a las mujeres durante la Guerra Civil para trabajar en mejorar las condiciones sanitarias de los hijos heridos en combate y en 1868 comenzó a trabajar para conciliar los vecinos de la Unión y la Confederación. Su hija también Anna Jarvis, cuando su madre murió, promovió la idea del día de las madres. En 1873, mujeres en 18 ciudades estadunidenses realizaron una reunión del Día de las Madres, y en Virginia Occidental en 1907 se celebró el primer congreso, que no tuvo mayores efectos reales.

La proclama original de Julia Ward, es aún material de estudio en EE.UU.

“¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas! Digan con firmeza: ‘No permitiremos que los asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia’. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión. En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido solemnemente que sea designado un congreso general de mujeres, sin importar nacionalidad, y que se lleve a cabo en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales”.

http://www.lr21.com.uy/mundo/

9 de mayo de 2017

La militarización de las fronteras y la esclavitud son un negocio para corporaciones europeas .


El informe da voz y valor a las personas migrantes que intentan acceder a Europa a través de la frontera sur Española o se acaban estrellando contra ella.
“Tras la Frontera” es un informe que pretende atravesar el mar, los muros y las vallas para tratar de acercarse a la realidad de la ciudadanía migrante y su imperante necesidad de reparación y justicia. Aquella ciudadanía que sufre y cuestiona lo más profundo de nuestro sistema. Así se anuncia este trabajo presentado hoy en Madrid por el colectivo Caminando fronteras, que lleva más de 15 años trabajando con comunidades migrantes en la frontera sur, recogiendo sus testimonios, denunciando y visibilizando.
La creciente militarización de las fronteras españolas toma nombres y cuerpos en este informe “Tras la Frontera” cuyo gran valor es que está realizado desde el testimonio directo de las víctimas de esta contienda. De hecho, la presentación ha contado con el aporte de la senegalesa Sylvie, quien llegó a nuestro país en patera después de haber visto cómo 8 compañeros morían durante el viaje. Le ha acompañado la activista de Caminando Fronteras, Helena Maleno.
Frente a la narrativa habitual de las migraciones, que reduce al o a la migrante a tópicos de “victimización y cosificación” cuando no a la clara criminalización, este trabajo apuesta por dar voz a aquellas personas que “intentan acceder a Europa a través de la frontera sur Española o desgraciadamente se acaban estrellando contra ella”. Con datos desde septiembre de 2015 a diciembre de 2016 y el testimonio de migrantes procedentes de 15 países africanos que han contado sus historias en la docena de lugares marcados a fuego por tantos días, cuando no años, de espera y sufrimiento; los bosques de Nador, Bel Younech , Castillejo, Boukhalef, Mesnana.

“El informe denuncia, pero también plantea soluciones que pueden ser llevadas a cabo desde mañana”, reta Helena Maleno, a pesar de saber que nos enfrentamos a un gran negocio: "la militarización de las fronteras y la esclavitud son un negocio para corporaciones europeas", ha dicho durante la presentación. Las mismas empresas europeas que venden armas a los países del norte de África –y por tanto, contribuyen a generar y acrecentar conflictos en esos países- son las responsables de la militarización de nuestras fronteras para impedir la entrada de esas personas huyendo de esos conflictos. Hablamos de empresas como Indra, recientemente relacionada con el PP. Otro negocio vinculado a la migración es la esclavitud.

Realidad invisible: la feminización de las migraciones y el reclamo de mujeres, niñas y niños

Las migraciones, al igual que la pobreza, tienen rostro femenino. La guerra de las fronteras no se muestra menos intensa ni siquiera con la infancia migrante. Mujeres y niños sufren agresiones y violaciones. Y si consiguen llegar a España, siguen recibiendo maltrato, son “criminalizadas” y no se les presta ayuda psicológica y afectiva a pesar de haber sufrido situaciones traumáticas. Frente a esto, Caminando Fronteras reclama al Gobierno la aplicación del protocolo de atención a víctimas de tragedias utilizado en accidentes de tráfico o de avión pero nunca en el caso de los supervivientes de tragedias migratorias. Estas son trasladadas a comisaría en el marco de la Ley de Extranjería y, generalmente, pasan a un Centro de Internamiento para Extranjeros.
Sylvie Agnes Sambou fue testiga de la muere de 8 de los compañeros con los que viajaba en patera hacia las islas Canarias. A su llegada, asegura, no fue tratada como una persona. "La primera noche, después de desembarcar, la pasé en comisaría. Nos interrogaban, nos preguntaban que quién era el capitán", ha explicado hoy.

"Después de pasar 11 días en la patera, sin comer y solo bebiendo agua de mar, el trato de la policía fue muy malo. Solo querían que denunciáramos al capitán y decía que a cambio nos daría papeles", ha asegurado Agnes Sambou, quien se negó y finalmente decidió declarar en favor de un compañero que, asegura, fue acusado falsamente de ser quien manejaba la embarcación (normalmente los tratantes no viajan en la patera y las autoridades lo saben)
Entre septiembre de 2015 y diciembre de 2016, 388 personas han muerto en su intento de llegar a España en patera, un 31,4% son menores y un 7,9% son mujeres, según el informe de la ONG Caminando Fronteras. La organización documenta que detrás de estas muertes, más allá del riesgo implícito del cruce migratorio, están las deficiencias detectadas durante las labores de rescate en la frontera sur que "priman el control migratorio sobre la salvaguarda de la vida.
A lo largo de sus páginas, el informe de Caminado Fronteras denuncia la descoordinación entre Marruecos y España, el bloqueo de embarcaciones en alta mar por parte de la Guardia Civil para evitar su llegada nuestras costas, la suspensión de las operaciones de Salvamento Marítimo durante la noche en la zona del Estrecho o el tiempo tomado en reaccionar para iniciar las acciones de rescate. Estas, describen, "han sido las causas evitables que provocaron pérdidas de vidas humanas en todas las zonas de acceso por vía marítima.

http://amecopress.net/spip.php?article15821

5 de mayo de 2017

La violencia familiar.



La violencia familiar es un fenómeno social que afecta a un alto porcentaje de familias de cualquier comunidad, en todos los niveles económicos y culturales. Incluso muchas veces las personas violentas en su hogar muestran hacia el mundo externo lo que parecería ser una conducta intachable. Y es importante tener en cuenta que lo que está detrás de esta violencia es siempre el intento por controlar al otro. Es decir que siempre se trata de un abuso de poder.

La violencia puede ser de tipo emocional, física, sexual, financiera, socio-ambiental. Se suele usar la crítica, la humillación, el silencio, las prohibiciones no razonables, el control y la vigilancia o el retacear dinero, como formas de ejercer el dominio. La conducta violenta es un problema en sí mismo. El alcohol o las drogas no son sus causas ni la explican, aunque es cierto que agravan el caso. Tengamos presente que en la mayoría de los casos los maltratadores no son adictos.

A las víctimas les cuesta relatar lo ocurrido pues tienen miedo, vergüenza, y porque tienden a echarse la culpa de lo que les pasa. Incluso es común que impere el temor y la sensación de culpa en quienes reciben el maltrato. Entre los cuadros principales de violencia familiar tenemos: la violencia conyugal, el maltrato infantil, el maltrato a ancianos y el maltrato a discapacitados.

La violencia conyugal es aquella que se establece en la relación íntima y estable entre un hombre y una mujer, estén o no legalmente casados. El hombre violento tiene una percepción rígida y estructurada de la realidad. Sus ideas son cerradas, ve a su mujer como una provocadora y como si fuera parte de su propiedad. Una de las mayores incidencias del maltrato ocurre durante el embarazo, parto o post parto. En un gran porcentaje de casos de mujeres maltratadas encontramos que la violencia de sus maridos se incrementó o comenzó con el embarazo (casi siempre durante el tercer trimestre de gestación).

El violento no tolera límites ni que sus asuntos sean conocidos por terceros. Se enfurece con la víctima y con quienes cree que la apoyan. En la puerta de juzgados, comisarías y a la salida de audiencias, hombres violentos mataron a esposas o ex esposas. Y por ello se recomienda no tomar audiencias o entrevistas en conjunto para proteger así a la víctima y evitar la confrontación de ésta con el victimario. Es importante recordar que la violencia es la única alternativa conocida por el violento para influir en aquella persona a la que quiere dominar. Y cuando eso falla por algún motivo, muchas veces decide matar para ejercer así un control definitivo.
La violencia conyugal se desarrolla en tres etapas. La primera etapa es de violencia sutil, la que se manifestará por ejemplo mostrando indiferencia por el otro, ridiculizándolo, burlándose de sus opiniones, no tomándolo en cuenta y lesionando de este modo su autoestima. En esta primera etapa la víctima empieza a presentar un debilitamiento psíquico, puede llegar a mostrarse más introvertida o depresiva. En la segunda etapa se llega a la violencia verbal, donde el agresor insulta a la víctima o la amenaza con futuras agresiones físicas o incluso con matarla. Es en esta segunda etapa que la víctima empieza a caer en un estado de miedo constante. Y en la tercera etapa hablamos ya concretamente de violencia física. Esta violencia comienza con apretones o pellizcos, sigue con cachetadas, luego con golpes de puño o patadas. Después se puede llegar también a la agresión sexual. Y esta escalada creciente de violencia puede concluir efectivamente en un homicidio.

En la violencia conyugal observamos también un ciclo que se repite y que estaría conformado por tres fases. La primera fase es la llamada “fase de luna de miel”, la que se da luego de un episodio violento y durante la cual el agresor dice sentirse culpable, pide disculpas y jura que no lo volverá a hacer. La fase que sigue es la “fase de escalada de la tensión”, en la cual el victimario parece cargarse nuevamente de tensión que empieza a manifestar paulatinamente y que la víctima reconoce y teme. Y la última fase es la “fase violenta”, en la que el victimario estalla nuevamente en un ataque violento. Este ciclo se repite una y otra vez, pero sus consecuencias son cada vez más violentas y más graves.

En el cuadro de violencia conyugal, el foco de la tarea psicoterapéutica no es el problema conyugal sino el poner a salvo y proteger a la mujer y a los hijos. Esa debe ser la meta primera e inmediata siempre.

Para hacer mención ahora, al menos brevemente, del maltrato infantil, en principio es preciso aclarar que los hijos testigos de la violencia desarrollada por otros miembros de la familia sufren el mismo daño y sintomatología que quienes son maltratados directamente. Ser testigo es una forma de victimización y una de las categorías posibles del cuadro de maltrato infantil. Algunos indicadores del maltrato infantil más comunes son: dificultades en el niño para jugar o relacionarse o concentrarse, miedos y desconfianza, baja autoestima, problemas en el lenguaje, apariencia descuidada, vestimenta inadecuada según el clima, apariencia de bajo nivel intelectual, mentiras y conductas antisociales, somnolencia, irritabilidad, nerviosismo, desnutrición, retraso en el desarrollo físico, moretones, heridas, mordeduras, quemaduras, etc. Todos estos son indicadores que deben ser tenidos en cuenta por todos aquellos que traten con el niño fuera del ambiente familiar (psicoterapeutas, docentes, doctores, etc.). Y es fundamental no tener miedo a comprometerse y hacer la denuncia pertinente en caso de detectar que un niño es víctima de violencia familiar.

Por Daniel A. Fernández
http://articulando.com.uy/la-violencia-familiar/

4 de mayo de 2017

Por qué la masculinidad se transforma en violencia


La reconocida antropóloga es referente internacional en el estudio del machismo y de los violadores. Habla de los mandatos sociales que se vuelven un búmeran contra las mujeres.
Rita Segato es una antropóloga argentina que trabaja en el campo del feminismo y que ha producido material esclarecedor sobre la ideología del macho y la mentalidad de los violadores. Esto último como resultado de un extenso trabajo de investigación que realizó en la Penitenciaría de Brasilia. Hace pocos meses se jubiló como profesora en la Universidad de Brasilia y como investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones de Brasil.
Está en Córdoba invitada por el Centro de Intercambio y Servicios para el Cono Sur Argentina (Ciscsa), para participar del Seminario-Taller “Mujeres y Ciudad: (In) Justicias Territoriales”, que se desarrolla hoy y mañana en la Ciudad Universitaria.
–¿Cómo es la ideología del macho?
–Aquello que hace pensar al hombre que si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. Está tan comprometida la humanidad del sujeto masculino por su virilidad, que no se ve pudiendo ser persona digna de respeto, si no tiene el atributo de algún tipo de potencia.
–¿Cuáles son esas potencias masculinas?
No sólo la sexual, que es la menos importante, también la potencia bélica, de fuerza física, económica, intelectual, moral, política. Todo esto está siendo concentrado por un grupo muy pequeño de personas y hoy el hombre es una víctima también del mandato de masculinidad.
¿Cómo se relaciona esto con la violencia hacia las mujeres y el aumento de femicidios?
En el brote de violencia que tenemos (en Argentina, el mes de abril ha sido tremendo) la primera víctima son los propios hombres, pero no lo saben porque no consiguen verse o colocarse como víctima, porque sería su muerte viril. Lo que llamo mandato de masculinidad, es el mandato de tener que demostrarse hombre y no poder hacerlo por no tener los medios. El paquete de potencias que les permite mostrarse viriles ante la sociedad lleva a la desesperación a los hombres, que son victimizados por ese mandato y por la situación de falta absoluta de poder y de autoridad a que los somete la golpiza económica que están sufriendo, una golpiza de no poder ser por no poder tener.
¿En dónde se restaura la potencia?
En la violencia contra las mujeres. Es un problema de toda la sociedad, no sólo de las mujeres. No hay espacios donde se pueda pensar cómo se podría restaurar de otra manera la autoridad, la potencia, la moralidad, la soberanía de las personas –muy fundamentalmente la de los hombres– frente a la golpiza económica. La situación es tan inestable, tan azarosa, que hay que ser alguien con gran riqueza, con grandes medios para no percibir esa precariedad de la existencia. Y la precariedad de la existencia lleva a la violencia.
Una forma masculina de restaurar esa potencia es la violencia contra las mujeres, pero hay otras, se ve en las canchas de fútbol.
Sí, el hecho de tirar por la borda a un hombre en un estadio, es violencia de género en el sentido de violencia viril y no pasó sólo en Argentina, en Perú hubo un caso igual. Cuando se ve esa regularidad de los síntomas, es que hay un mal instalado en la sociedad. Lo llamo violencia de género porque tiene que ver con el mandato de masculinidad, que es un mandato de violencia.
¿Cómo es la ideología ­feminista?
Es aprender a respetar lo que nos enseñaron a no respetar. O sea, aprender a ver en la otra mujer un sujeto moral sin que tenga que demostrar que lo es. Nosotras, cada día que salimos a la vida, a la calle, que salimos a circular bajo la mirada del otro, tenemos que hacer un esfuerzo cotidiano por demostrarnos ante el mundo como sujetos morales. Nuestra moralidad es siempre, siempre, sospechada.
¿Cuál es la sospecha?
La sospecha es que somos sujetos inmorales. Nosotras lo hacemos de forma automática: cuando nos miramos al espejo y pensamos si nos ponemos una blusa ajustada o suelta, a eso lo hacemos de manera indolora e incolora porque no nos damos cuenta de todos los cálculos que realizamos todos los días sobre cómo nos vamos presentar bajo la mirada del otro, para que el otro nos vea como sujetos morales. En cambio, el hombre lo hace para ser visto como sujeto potente y esa es una gran diferencia.
¿Qué es ser una mujer?
Ser una mujer común y normal, es ser una mujer que es consciente de todo lo que la constriñe, porque esos automatismos no son conscientes. Las feministas tienen una visión política de este constreñimiento y quieren deshacerlo, quieren liberar a las más jóvenes. Muchas de las fotos de víctimas de violación y femicidio representan la feminidad y esto es percibido como un desacato por el sujeto que necesita probar su potencia.
Por eso digo, después de años de entrevistar a violadores en la Penitenciaría de Brasilia, que el violador es un moralizador: es alguien que percibe en la joven libre un desacato a su obligación de mostrar capacidad y control. Ahí está el nudo de la cosa.
Ese nudo debe ser deshecho y esto tiene que suceder en la sociedad, con el trabajo de hablar, de conversar, de entender lo que nos está pasando. No puede ser solamente trabajado en el campo jurídico y mucho menos con jueces que no tienen la menor noción.
El cerebro violador
La violación es un acto de moralización: el violador siente y afirma que está castigando a la mujer por algún comportamiento que él entiende como un desvío, un desacato a una ley patriarcal.
El violador no está solo, está en un proceso de diálogo con sus modelos de masculinidad, está demostrando algo a alguien que es otro hombre y al mundo a través de ese alguien.
El problema no es un violador como un ser anómalo. En él irrumpen determinados valores que están en toda la sociedad.
El violador es el sujeto más vulnerable, más castrado de todos, el que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, un gesto aniquilador de otro ser para sentirse hombre.
Espacio público opresor
Rita Segato entiende que “la calle es entrar en el espacio de la mirada del otro sobre mí, es ofrecerse a la mirada pública. Desde que somos chicas hay una incomodidad en ese espacio, el hombre se ve presionado a violar con la mirada, con piropos incómodos”.
“A las mujeres nos oprimen en el espacio público, siempre fue y es así. Lo que pasa ahora con este brote de femicidios, es que eso se ha transformado en un peligro de muerte. Es un proceso que fue creciendo gradualmente, las condiciones fueron dadas para esa escalada que transformó una incomodidad de la vida de las mujeres en peligro de muerte”, explica.
Propone que “hay que reducir el caldo de cultivo, revisar lo cotidiano, se tiene que combatir con un diálogo abierto en la sociedad, en todos los espacios, no solamente en las escuelas”.

http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/por-que-la-masculinidad-se-transforma-en-violencia

3 de mayo de 2017

Mujeres y Fotoperiodismo.


El fotoperiodismo es una de las profesiones con menor participación de mujeres en el mundo. En contraste, hoy como nunca hay tantas fotógrafas y tantos canales de difusión, lo que evidencia que persisten el rezago y la discriminación.
El segundo informe internacional State of News Photography 2016, publicado por World Press Photo, revela que 85 por ciento de los fotoperiodistas activos en medios de comunicación son hombres. Así lo evidenció la presencia mayoritaria de hombres detrás de las cámaras  en los Juegos Olímpicos 2015.
La organización Women’s Media Center, en el informe Status of Women in the U.S. media 2017, encontró que en medios de Estados Unidos las mujeres tuvieron 38 por ciento de participación hasta el 2017.
La baja participación de las fotógrafas se extiende por los medios del mundo, lo que incide en la forma en que es tratada la información, con una perspectiva mayoritariamente masculina, sin contrapeso a los mensajes sexistas o misóginos.
El crecimiento de la participación de las mujeres en los medios de comunicación ha sido lento, con pocos avances durante el siglo XX. Tal es el caso del decrecimiento, entre 2015 y 2016, de las coberturas que hicieron mujeres periodistas en  medios estadounidenses.
El informe 2017 de Women’s Media Center indica que el porcentaje de corresponsales mujeres en Estados Unidos disminuyó de 32 por ciento en 2015 a 25.2 por ciento en el 2016, incluidas las fotoperiodistas.
Además, la mayoría de los temas de portada en medios impresos son realizados por hombres y temas como feminicidio están desdibujado en la prensa.

FOTOPERIODISMO, EL ROSTRO DE LA GUERRA

La fotografía emergió en el contexto de la Revolución Industrial,  en el siglo XIX, se convirtió en producto masificado y participó en la construcción de sentidos. Ese fenómeno coincidió con la emergencia del feminismo en Estados Unidos, lo que significó la participación de las mujeres en el espacio público y en espacios profesionales. No hubo segregación de la mujer en los inicios de la práctica fotográfica.
Sin embargo, en las décadas siguientes inició un crecimiento gradual en  los medios de recursos narrativos sexistas que cosificaron a la mujer y la situaron frente a las cámaras como objetos de deseo y no detrás como sujetos pensantes productores de arte, lenguaje y expresión visual.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el género del fotoperiodismo tuvo a destacados autores, como Robert Capa y Henry Cartier Bresson, fundadores de la agencia Magnum. El discurso del fotoperiodismo ha sido ante todo humanista pero también ha sido de reflexión hacia el acontecimiento de impacto, que irrumpe en la cotidianidad y que transforma las vidas de los afectados, que narra recurrentemente historias de devastación, represión, hostigamiento y violencia, donde los retratados son a menudo interpretados con roles de víctimas y victimarios.
Quienes retratan estas historias son los fotógrafos en el rol del observador/informador, a quienes en la práctica se les exige no interactuar ni emitir reflexiones propias sobre los hechos, aunque esto no sea posible, dado que toda imagen es una interpretación de la realidad.
El fotoperiodista es entendido como una persona que pareciera más cercano a un soldado que a un artista, o un contador de historias, cuando se encuentra ante el acontecimiento que retrata.
La guerra de Vietnam modificó las disposiciones estructurantes de la práctica fotográfica no sólo desde lo visual, sino desde su aproximación a lo político y lo ético, reafirmando a la imagen fotográfica como un producto de impacto en las masas.
Estas coberturas introdujeron la teleintimidad de la muerte y la destrucción, como afirmó Susan Sontag, en El dolor de los demás. Por otro lado, concursos de renombre internacional como el World Press Photo surgido en 1955, se constituyeron como difusores de temas de impacto social.
El fotógrafo documental se reconoció por su valentía para cubrir conflictos violentos y producir valiosos registros fotográficos de acontecimientos socialmente trascendentes, centrados en la excepción, en las guerras, en la  violencia, con el fin de atraer interés internacional, alguien que buscaba mostrar el rostro real de la guerra, como afirmó Sontag.
Simultáneamente a la constitución del fotoperiodismo como género, surge una percepción masculinizada del fotoperiodista, una masculinización de antaño, que entiende al hombre como un ser rudo, que no expresa emociones y que prefiere la adrenalina y la acción, antes que la calidez humana.
Surge en respuesta a la requisición de este perfil para la cobertura de conflictos bélicos y de una preconcepción de los “hombres de guerra” ya constituida desde épocas pasadas: los hombres van a la guerra, las mujeres y niños se quedan en casa. El fotoperiodismo puede entonces entenderse como una práctica centrada en el ser humano cuya prioridad es la imagen de impacto y el contar historias donde el operador se abstrae.
En los años 60 se refuerza el perfil del fotoperiodista, no sólo por los temas o las técnicas empleadas, sino por la mercadotecnia, por la imagen construida a partir del cine hollywoodense y alentada por agencias informativas, diarios y concursos internacionales, donde se comienzan a crear significados sobre la figura del fotoperiodista en torno a su identidad como reportero de guerra.

FOTOPERIODISMO Y MASCULINIDAD

Las estrategias publicitarias de los principales corporativos de fotografía refuerzan un sentido masculinizado de la figura del fotoperiodista, los diseños de las cámaras se hacen cada vez más dirigidos al público masculino.
Se homogeniza el discurso en torno al fotoperiodismo, se homogeniza desde el mensaje hasta la construcción de sentido alrededor de él. No hay tantas mujeres fotoperiodistas como hombres, porque el discurso ha excluido a lo femenino de este desde sus orígenes.
La publicidad refuerza el ideal masculino de la fotografía, donde la mujer recurrentemente posa frente a la cámara, y es un hombre el que dispara, la cámara se hace una extensión de su cuerpo de su expresión viril, la antítesis es la fotógrafa que fija su mirada en el acontecimiento social, ya que todo el discurso sobre lo que es el fotoperiodismo se contrapone al discurso de lo que es ella.
Sin duda las cifras están ahí, pero no contemplan a las mujeres fotoperiodistas que salen a la calle sin medio, sin acreditación y cuyos currículos nunca son leídos por los editores, o se les da carpetazo con solo ver el nombre de mujer. Esas mujeres están ahí y no se sabe cuántas son.

Imagen de Women´s Media Center
Por: Ivonne Ojeda de la Torre*
http://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/mujeres-y-fotoperiodismo