4 de mayo de 2018

La economía informal emplea más de 60 por ciento de la población activa en el mundo, según la OIT


Un nuevo informe de la OIT muestra que 2.000 millones de personas ocupan un empleo informal, gran parte de ellas en los países emergentes y los países en desarrollo. La mayoría carece de protección social, de derechos en el trabajo y de condiciones de trabajo decentes.
 Dos mil millones de personas – más de 61 por ciento de la población activa – se ganan la vida en la economía informal, afirma la OIT en un informe, poniendo de manifiesto que la transición hacia la economía formal es una condición para hacer realidad el trabajo decente para todos.
Mujeres y hombres en la economía informal – Un cuadro estadístico  (Tercera edición) ofrece estimaciones comparables sobre la dimensión de la economía informal y un perfil estadístico de la informalidad utilizando criterios para más de 100 países.
Si se excluye la agricultura, la mitad de la población activa tiene un empleo informal, según el informe.
En África, 85,8 por ciento de los empleos son informales. La proporción es de 68,2 por ciento en Asia y el Pacífico, 68,6 en los Estados Árabes, 40,0 por ciento en las Américas y 25,1 por ciento en Europa y Asia Central.
El informe muestra que 93 por ciento del empleo informal en el mundo se encuentra en los países emergentes y en desarrollo.
El trabajo informal es una mayor fuente de empleo para los hombres (63,0 por ciento) que para las mujeres (58,1). De los dos mil millones de trabajadores que ocupan un empleo informal en el mundo, poco más de 740 millones son mujeres. Las mujeres están más expuestas al empleo informal en la mayoría de países de ingresos bajos e ingresos medios bajos y con mayor frecuencia se encuentran en las situaciones más precarias.
El nivel de educación es un factor determinante del nivel de informalidad. A escala mundial, cuando el nivel de educación aumenta, el nivel de informalidad disminuye, indica el informe. Las personas que han completado la educación secundaria y superior tienen menos probabilidades de ocupar un empleo informal que los trabajadores que no tienen ninguna instrucción o solo han finalizado la educación primaria.
Las personas que viven en las zonas rurales tienen casi el doble de probabilidades de estar empleadas en la economía informal que las que viven en las zonas urbanas, y la agricultura es el sector con el nivel más alto de empleo informal, estimado en más de 90 por ciento.
Dos de los autores del informe, Florence Bonnet y Vicky Leung, señalan que si bien no todos los trabajadores informales son pobres, la pobreza es tanto una causa como una consecuencia de la informalidad. “El informe muestra que las personas pobres enfrentan tasas de empleo informal más altas, y que las tasas de pobreza son más altas entre los trabajadores en la economía informal”, explicó Vicky Leung.
Por su parte, Florence Bonnet, señaló: “Existe la necesidad urgente de combatir la informalidad. Para cientos de millones de trabajadores, la informalidad implica una falta de protección social, de derechos en el trabajo y de condiciones de trabajo decente, y para las empresas significa baja productividad y falta de acceso al crédito. Los datos sobre estas cuestiones son esenciales para elaborar políticas apropiadas e integradas que se ajusten a la diversidad de situaciones y necesidades”.
“La elevada incidencia de la informalidad es un gran desafío para la realización de trabajo decente para todos y el desarrollo inclusivo y sostenible."
Este informe llega en un momento oportuno debido al impulso creado por la Recomendación sobre la transición de la economía informal a la economía formal, 2015 (núm. 204)  y los Objetivos de Desarrollo Sostenible  que incluyen indicadores estadísticos específicos sobre el empleo informal .
La Recomendación núm. 204 de la OIT destaca la necesidad de facilitar la transición de los trabajadores y de las unidades económicas a la economía formal, a fin de promover la creación, preservación y sostenibilidad de las empresas y de empleos decentes en la economía formal, y para prevenir la informalización de los empleos de la economía formal.
“La elevada incidencia de la informalidad en todas sus formas tiene múltiples consecuencias nefastas para los trabajadores, las empresas y las sociedades y es, sobre todo, un gran desafío para la realización de trabajo decente para todos y el desarrollo inclusivo y sostenible. Haber logrado medir esta importante dimensión, incluida ahora en el marco de los indicadores de los ODS, puede ser considerado un excelente progreso para actuar al respecto, en particular gracias a la puesta a disposición de un número mayor de datos comparables de los países”, declaró Rafael Diez de Medina, Director del Departamento de Estadística de la OIT.

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_627202/lang--es/index.htm

3 de mayo de 2018

“La guerra contra las mujeres”


La privatización, minorización y transformación de los asaltos letales contra las mujeres en «problemas de interés particular» o «temas de minorías» es consecuencia de ese tránsito del patriarcado de baja intensidad de la parcialidad masculina en el mundo comunitario al patriarcado colonial-moderno de alta intensidad propio del dominio universal. El efecto de la minorización es sentido, por ejemplo, en la forma en que feminicidios y crímenes homofóbicos tienen un valor residual, siendo rebajados a casi apenas un espectáculo en la práctica jurídica y en los estandards mediáticos de América Latina; al mismo tiempo, las feministas, y nuestras demandas, nos plegamos a tratarlos como temas particulares, compartimentados y del gueto. De esta forma se pasa por alto que todas esas violencias a «minorías» no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales nos imponen a todos los que habitamos ese margen de la política. Se trata de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza, contra todo lo que parece conspirar y desafiar su control, contra todo lo que se desliza hacia fuera de su égida, con las varias estrategias y tácticas diarias con las que muchos de nosotros, a propósito o inadvertidamente, nos deslizamos y escabullimos de la vigilancia patriarcal y la desobedecemos. Expurga de ese modo todo lo que no le concede el reconocimiento debido a su forma de estructurar y disciplinar la vida, a su forma de habilitar y naturalizar un camino de asimetrías y dominaciones progresivas.

Por otro lado, y éste es el núcleo de mi argumento aquí, si observamos los crímenes contra las mujeres que marcan el presente y buscamos entender qué expresan, qué dicen y qué ocasionan, podremos observar su fuerte conexión con la fase histórica que atravesamos como sociedad. Así como comprender la historia del patriarcado es entender la historia de la esfera pública y del Estado, de la misma forma y en el centro de todas las cuestiones, entender las formas de la violencia de género hoy es entender lo que atraviesa la sociedad como un todo.

Si tuviéramos que construir una alegoría gráfica, pictórica, del mundo hoy, en esta modernidad avanzada, la alegoría sería una de esas pirámides invertidas que forman los acróbatas en los circos, donde una a una se van superponiendo hileras de equilibristas hasta armar un edificio completo de gente a duras penas superpuesta, pies sobre cabezas, estrato sobre estrato, pero allá abajo, en la fundación, en la base de la pirámide, yacería, sustentando el edificio todo, un cuerpo de mujer. Muchas veces me imagino esa estructura, porque me parece ser lo único capaz de explicar por qué permanece imposible algo que a simple vista se presenta tan sencillo de realizar como retirar a la mujer de la posición de subordinación en que se encuentra, castigada, subyugada, agredida; impedir que continúe siendo violada, traficada y esclavizada por la trata, cosificada y desmembrada por el ojo del lente mediático. No sería una tarea difícil, bastarían unas pocas acciones, unas pocas medidas, intervenciones puntuales no muy complicadas. Pero por alguna razón no se puede. Se presenta imposible. Nunca hubo más leyes, nunca hubo más clases de derechos humanos para los cuerpos de seguridad, nunca hubo más literatura circulando sobre derechos de la mujer, nunca hubo más premios y reconocimientos por acciones en este campo, y sin embargo las mujeres continuamos muriendo, nuestra vulnerabilidad a la agresión letal y a la tortura hasta la muerte nunca existió de tal forma como hoy en las guerras informales contemporáneas; nuestro cuerpo nunca fue antes tan controlado o médicamente intervenido buscando una alegría obligatoria o la adaptación a un modelo coercitivo de belleza; nunca tampoco como hoy se cerró el cerco de la vigilancia sobre el aborto que, sintomáticamente, nunca antes fue un tema de tan acalorada discusión como lo es hoy, en la modernidad avanzada.

Al pensar el tema desde esa perspectiva, al sospechar que su victimización cumple allí con la función de proveer el festín en que el poder se confraterniza y exhibe su soberanía, discrecionalidad y arbitrio, entendemos que algo muy importante debe seguramente depender, apoyarse, en esa destrucción constantemente renovada del cuerpo femenino, en el espectáculo de su subyugación, en su subordinación de escaparate. Algo central, esencial, fundacional para el «sistema» debe ciertamente depender de que la mujer no salga de ese lugar, de ese papel, de esa función.

Desmontar la minorización del tema de la mujer equivale a aceptar que, si entendiéramos la formas de la crueldad misógina del presente, no solamente entenderíamos lo que está pasando con nosotras las mujeres y todos aquellos que se colocan en la posición femenina, disidente y otra del patriarcado, sino que también entenderíamos lo que le está pasando a toda la sociedad. Los indicios muestran que se trata de un edificio cuyo material está formado por la amalgama de las corporaciones y el Estado; por alianzas de todo tipo entre actores corporativos, lícitos e ilícitos o de ambas cualidades a la vez, y agentes de gobierno; por razones que se invocan como «razones de Estado» y son, en verdad, «razones de empresa». De algo tengo certeza: para pensarlo, tenemos que retirar del gueto el problema de la mujer, pensarlo entrelazado como cimiento y pedagogía elemental de todas las otras formas de poder y subordinación: la racial, la imperial, la colonial, la de las relaciones centro-periferia, la del eurocentrismo con otras civilizaciones, la de las relaciones de clase.

En un mundo en el que ya en 2015 el 1 % de sus habitantes alcanzó a concentrar en sus manos más riqueza que el restante 99 %; en el que 62 personas son dueñas de la misma riqueza que la que posee la mitad más pobre del planeta, a un creciente ritmo de concentración (1), en el que 1 % de la población de Estados Unidos es dueña de la totalidad de la tierra utilizable de ese inmenso país; en el que apenas nueve familias son propietarias de toda la extensión de la costa marítima chilena… se constata que el correlato de la financiarización del capital es la más contundente de todas las formas de propiedad: el acopio, la concentración de la tierra en pocas manos, el neo-rentismo y la patrimonialización creciente de la gestión estatal. Un escenario de esas características indica que ya no podemos hablar de mera desigualdad, como hacíamos en los años setenta, sino que el tema hoy es la dueñidad o señorío —lordship.

Señorío tiene aquí el sentido muy preciso de que un pequeño grupo de propietarios son dueños de la vida y de la muerte en el planeta. Son sujetos discrecionales y arbitrarios de un poder de magnitud nunca antes conocida, que vuelve ficcional todos los ideales de la democracia y de la república. El significado real de este señorío es que los dueños de la riqueza, por su poder de compra y la libertad de circulación offshore de sus ganancias, son inmunes a cualquier tentativa de control institucional de sus maniobras corporativas, que se revelan hoy desreguladas por completo. Esta inmunidad del poder económico inaugura una fase apocalíptica, completamente anómica del capital, y nos remite a la etapa final, descompuesta y ya transicional del Medievo, cuando los señoríos eran inconmensurablemente mayores pero igualmente regidos por un modo del ejercicio del poder de corte feudal ejercido como crueldad ejemplar sobre los cuerpos, a la manera en que Foucault lo describió.

La dueñidad en Latinoamérica se manifiesta bajo la forma de una administración mafializada y gangsteril de los negocios, la política y la justicia, pero esto de ninguna forma debe considerarse desvinculado de un orden global y geopolítico sobreimpuesto a nuestros asuntos internos. El crimen y la acumulación de capital por medios ilegales dejó de ser excepcional para transformarse en estructural y estructurante de la política y de la economía.

En este nuevo mundo, la noción de un orden del discurso pautado por la colonialidad del poder se vuelve prácticamente insuficiente. De ese patrón emerge, nuda y cruda, la práctica del barrido de los pueblos de los territorios de ocupación tradicional o ancestral. De la colonialidad se consuma un retorno a la conquistualidad, sin los amarres o arrestos que por lo menos en alguna medida y en algunos casos la presencia de la Iglesia impuso un día a la avidez colonial (Gott, 2002). Para nuestro continente, América Latina, las formas extremas de crueldad que se expanden desde México, América Central y Colombia hacia el sur, su atmósfera dramática, caótica y crecientemente violenta pueden ser atribuidas a la idea de que en nuestros paisajes la Conquista nunca se completó, nunca fue consumada, y es un proceso continuo todavía en marcha.

Para este contexto histórico, la compasión, la empatía, los vínculos, el arraigo local y comunitario, y todas las devociones a formas de lo sagrado capaces de sustentar entramados colectivos sólidos operan en disfuncionalidad con el proyecto histórico del capital, que desarraiga, globaliza los mercados, rasga y deshilacha los tejidos comunitarios donde todavía existen, se ensaña con sus jirones resistentes, nulifica las marcas espaciales y puntos de referencia de cuño tradicional sagrado que obstaculizan la captura de los terrenos por el referente universal monetario y mercantil, impone la transformación de oikonomias de producción doméstica y circuitos de mercadeo local y regional en una única economía global, introduce el consumo como meta antagónica por excelencia y disruptiva con respecto a las formas de felicidad relacionales y pautadas por la reciprocidad de la vida comunitaria. En esta fase extrema y apocalíptica en la cual rapiñar, desplazar, desarraigar, esclavizar y explotar al máximo son el camino de la acumulación, esto es, la meta que orienta el proyecto histórico del capital, es crucialmente instrumental reducir la empatía humana y entrenar a las personas para que consigan ejecutar, tolerar y convivir con actos de crueldad cotidianos.

Debe ser por eso que una estrategia central de las guerras contemporáneas, guerras ya no entre Estados, guerras de un alto grado de informalidad, en América Latina y Medio Oriente, es la estrategia de la profanación (Segato, 2014; Kaldor, 2012). No es por otra razón que los expertos hablan hoy de una «feminización de la guerra». Existen innumerables pruebas en documentos humanos de todo tipo y lugar de que es la posición femenina la que custodia, encarna y representa el arraigo territorial, lo sagrado, la vincularidad y la comunidad. Chile y Qatar proporcionan los dos modelos que exponen las tendencias de la presente fase —apocalíptica— del proyecto histórico del capital. Chile, con la aplicación ortodoxa de la receta de Milton Friedman, que conduce a un régimen societario regido por el mercado. La tristeza que impregna la sociedad chilena es frecuentemente asociada por la propia gente al efecto de precariedad que ese modelo le imprime a la vida, en un sentido del término precariedad que lo desvincula de la idea de pobreza o carencia, para significar con precisión precariedad de la vida vincular, destrucción de la solidez y estabilidad de las relaciones que arraigan, localizan y sedimentan afectos y cotidianos. La experiencia de intemperie y desprotección se apodera así de una nación. Qatar, por otro lado, epitomiza el fenómeno de un gobierno de propietarios y la extensión territorial de la nación se confunde con la idea de un inmueble. La abstracción estatal no existe y el Estado es neta y literalmente patrimonial: un Estado de dueños. En América Latina, el patrimonialismo constitutivo de las repúblicas criollas corre un serio riesgo de qatarización. La reprimarización de la producción, la megaminería, la agricultura extractivista y el turismo extractivista son los correlatos del régimen absolutista de mercado y de la fusión del poder político con la dueñidad, de allí resulta la agresión al ser humano y a su medio en forma extrema, sin dejar más que restos a su paso. Intemperie progresiva de la vida, mercadeo de todo y reserva de seguridad exclusiva para los propietarios y controladores de los mecanismos de Estado. Radicalización del despojo, etnocidio, genocidio y conquistualidad.

Tal escena está ligada al ejercicio de la indiferencia frente a la crueldad, ensayada y entrenada, con saña impune, sobre el cuerpo de la mujer y de los jóvenes, como en Ayotzinapa —cuerpos que no representan al antagonista bélico, sujetos que no corresponden al soldado de la corporación armada enemiga. El terror de Estado de las dictaduras ha dejado paso a un terror difuso que se instala capilarmente en la sociedad. Afirmé que las nuevas formas de la guerra, en nuestro continente, son guerras represivas o guerras mafiosas, o quizás más exactamente una combinación de ambas a la vez, como un golpe que nos llega desde otro lugar, desde una Segunda Realidad (Segato, 2014). Creo inclusive que es posible hablar de una nueva forma de terror asociada a lo que he llamado aquí «intemperie» y que no sería otra cosa que un limbo de legalidad, una expansión no controlable de las formas paraestatales del control de la vida apoderándose de porciones cada vez mayores de la población, en especial de aquellos en condición de vulnerabilidad, viviendo en nichos de exclusión. Ese terror es la constatación, para muchas personas, de que el control estatal y la protección del Estado, así como las leyes republicanas son, y quién sabe si han sido siempre, una ficción, «un sistema de creencias», apenas una fe proveedora de una gramática estable para la interacción social y los límites de la conducta humana. Es posible que las dictaduras terminaran cuando ya habían preparado el terreno para las nuevas formas del terror. Ya no un terror de Estado, sino un entrenamiento para llevar la existencia sin sensibilidad con relación al sufrimiento ajeno, sin empatía, sin compasión, mediante el gozo encapsulado del consumidor, en medio del individualismo productivista y competitivo de sociedades definitivamente ya no vinculares. Algo que remite a la diferencia apuntada por Hannah Arendt entre soledad y aislamiento, este último precondición del control totalitario.

Defendí por mucho tiempo la separación de los feminicidios íntimos de los feminicidios públicos, bélicos, en una fase informal de las guerras. Hoy la lección de la guerra informal, paraestatal, en sus varias formas, ha entrado en las casas, y el umbral de sufrimiento empático se ha retirado. En Guatemala la guerra dejó una secuela de hogares indígenas y campesinos ultra-violentos — atención: no fue al contrario, como sostiene un cierto pensamiento feminista eurocéntrico. La violencia sexual y feminicida no pasó de los hogares a la guerra, su derrotero fue el inverso. En nuestros días, como demuestran una serie de casos en todo el continente, el crimen íntimo pasa a tener características de crimen bélico: la desova de la víctima al aire libre, en las zanjas, basurales y alcantarillas, la espectacularidad de los asesinatos, que han pasado a perpetrarse también en lugares públicos. Asimismo, hablan de ese terror difuso las ejecuciones sumarias, extrajudiciales y a manos de agentes estatales, que sin explicación aumentan cada día en América Latina y especialmente en Brasil, agrediendo la lógica, la gramática que permite tener una expectativa estabilizada de mi relación con los otros.

Es por todo esto que podemos aventurar que, si cada época tiene una personalidad modal, funcional a su fase propia de relaciones económicas (histeria para la revolución industrial, esquizofrenia con su delirio en la expresión artística del modernismo), la estructura psicopática se presenta hoy como la personalidad modal. La personalidad psicopática parecería ser hoy la estructura de personalidad mejor equipada para operar de forma funcional en el orden de la fase apocalíptica del capital. El perfil psicopático, su ineptitud para transformar el derrame hormonal en emoción y afecto, su necesidad de ampliar constantemente el estímulo para alcanzar su efecto, su estructura definitivamente no-vincular, su piel insensible al dolor propio y, consecuentemente y más aún, al dolor ajeno, su enajenación, encapsulamiento, desarraigo de paisajes propios y lazos colectivos, la relación instrumental y cosificada con los otros… parece lo indispensable para funcionar adecuadamente en una economía pautada al extremo por la deshumanización y la ausencia de límites para el abordaje de rapiña sobre cuerpos y territorios, dejando solo restos. Es así que una pedagogía de la crueldad se presenta como el criadero de personalidades psicopáticas apreciadas por el espíritu de la época y funcionales a esta fase apocalíptica del capital.

http://www.culturamas.es/blog/2017/02/14/rita-laura-segato-la-guerra-contra-las-mujeres/


2 de mayo de 2018

India dispuesta a luchar contra la trata y el tráfico humano


El gabinete de India aprobó el proyecto de ley sobre Tráfico de Personas, que propone penas que pueden ir de 10 años de cárcel a cadena perpetua por trata y tráfico humano con el fin de mendicidad, prostitución, trabajo forzado o matrimonio, entre otras.
Luego queda la aprobación de las dos cámaras del parlamento para su promulgación.
Pero la iniciativa trasciende el ámbito punitivo y apuesta a la rehabilitación. El proyecto prevé la protección inmediata de las víctimas, otorgándoles asistencia interina durante 30 días.
Hay artículos especiales de la norma dedicados a atender los traumas físicos y psicológicos de las víctimas, la educación, el desarrollo de capacidades, la atención médica, así como la asistencia legal y un alojamiento seguro.
La Agencia Nacional de Investigación, encargada de combatir el terrorismo, hará de oficina de combate a la trata y el tráfico humano.
También se crea el Fondo de Rehabilitación para ofrecer asistencia a las personas afectadas, independientemente del procesamiento penal de los responsables o del resultado de este.
“Es un triunfo de las 1,2 millones de personas que participaron en la Bharat Yatra (marcha de India) de 11.000 kilómetros”, destacó el premio Nobel, Kailash Satyarthi, refiriéndose a la marcha de un mes promovida por él promovió en 2017.
Las investigaciones revelan que la trata de personas, el tercer mayor delito del crimen organizado que viola los derechos humanos.
El Índice Mundial de Esclavitud de la Fundación Walk Free, con sede en Australia, revela que India concentra el mayor número de adultos y menores víctimas de esclavitud moderna con la enorme cantidad de 18,35 millones de personas.
Miles de mujeres, niñas y niños son víctimas de trata en India, además de traficados a los vecinos Nepal y Bangladesh. A algunos los seducen de pueblos y ciudades pequeñas con la falsa promesa de otorgarles empleos lucrativos en las grandes ciudades, pero a una gran cantidad los secuestran y los trasladan a la fuerza a otro país.
Como el tráfico humano es un delito que requiere de una gran organización, que incluye delincuentes de varios países, el proyecto de ley propone una unidad contra el tráfico, con una policía y audiencias designadas para juicios rápidos.

El proyecto de ley divide varios delitos en “trata” y “trata agravada”.

La primera categoría implica penas de siete a 10 de prisión, mientras que la segunda prevé 10 años pasibles de extenderse a cadena perpetua.
Los delitos agravados incluyen la trata con el fin de realizar trabajos forzados y mendigar, el suministro de sustancias químicas u hormonas para acelerar la madurez sexual y entregar niñas en matrimonio o con este pretexto de casarlas.
El proyecto también propone tres años de cárcel por apoyar, promover o asistir en la trata y el tráfico de personas.
También hay un artículo para un juicio con tiempo limitado y la repatriación de las víctimas, con un plazo de un año desde que se conoce el delito.
Según la Oficina Nacional de Registro de Delitos, 8.100 casos de tráfico se registraron en India en 2016, con 23.000 víctimas rescatadas en 2017.
Pero los especialistas señalan que los números no reflejan la verdadera magnitud de este problema.
El estado de Bengala Occidental, que comparte frontera porosa con Bangladesh y Nepal y es conocido por ser un centro de trata y tráfico, concentró más de una tercera parte de las víctimas de 2016.
Estas también fueron traficadas para someterlas a esclavitud doméstica, matrimonio forzado, mendicidad, venta de drogas y extracción de órganos, según datos de la Oficina Nacional de Registro de Delitos.
La creciente demanda del sector servicios empeora la situación en India, donde se contratan personas secuestradas sin un buen sistema de investigación, se lamentan especialistas.
“Si se implementa, la ley puede lograr beneficios de largo alcance, como disminuir el trabajo informal y garantizar que se paguen salarios justos”, destacó el abogado del Tribunal Supremo, Aarti Kukreja.
La Fundación Walk Free estima que 45,8 millones de personas, entre ellas millones de niñas y niños, están sometidas a alguna forma de esclavitud moderna, por encima de las 35,8 millones de personas en 2014, una preocupación que afecta a grandes regiones de Asia meridional, donde todavía no hay leyes para combatir el flagelo.
“Las leyes existentes trataban a traficantes y traficados como delincuentes”, observó la activista social Vrinda Thakur,
“Es raro. Impedía que las víctimas denunciaran el delito. Pero, con la nueva ley, la primera de ese tipo en India, las víctimas recibirán asistencia y protección”, destacó Thakur.
Aparte, el gobierno ya implementó medidas contra la trata y el tráfico. Se creó una plataforma en Internet para rastrear niños desaparecidos. Además, Nueva Delhi suscribió acuerdos con Bangladesh y Baréin para luchar contra este problema.
Las autoridades también colaboran con organizaciones de la sociedad civil para capacitar oficiales de la policía.
Kukreja explicó que el proyecto de ley cuenta con un mecanismo para evitar las normas anticuadas y burocráticas que complican el cumplimiento de la nueva ley, la que “unificará las leyes existentes, priorizará las necesidades de sobrevivientes y proveerá tribunales especiales para acelerar los casos”, precisó.

Por Neeta Lal
Traducción: Verónica Firme
http://www.ipsnoticias.net/2018/04/india-dispuesta-luchar-la-trata-trafico-humano/

1 de mayo de 2018

1º de Mayo Tiempo de ganar igualdad .


Las luchas de las mujeres son luchas de clase. La lucha feminista es lucha de clase. Es, además, una lucha básica del género humano: la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres. Las luchas de las mujeres son luchas de clase, pero, también, son luchas por el empoderamiento personal y soridario; por eso estas luchas suelen ser reprimidas con más saña, en la empresa, en los movimientos sociales, en el interior de los hogares.

No es casual que los derechos de las mujeres en el mundo del trabajo sigan marcados por la precariedad o, directamente, por la violación de derechos humanos básicos como la vida, la integridad o la dignidad. La reivindicación de igualdad en el mercado de trabajo entre mujeres y hombres es de las más importantes y urgentes a las que nos enfrentamos. La brecha de derechos sólo se combate desde la prioridad a los derechos de las mujeres. «El lugar de las mujeres en cada sociedad marca el nivel de civilización de esta sociedad», decía Elisabeth Cady Stanton.

No es casual que el mercado de trabajo, a las puertas del 1 de mayo, siga caracterizado por la precariedad en los sectores feminizados. Según los últimos datos de la EPA, la pérdida de ocupación afecta, casi totalmente, a las mujeres, que pierden 11.500 trabajadoras, mientras que en los hombres supone una pérdida de 900 trabajadores. Una muestra más de la debilidad y la precariedad extrema del empleo de las mujeres que está sometido a una inaceptable volatilidad. Nueve de cada diez ocupaciones perdidas en Alicante han sido de mujeres: claro y transparente un mercado laboral machista.

Las luchas de las obreras son luchas contra el abuso patronal y legal, pero, además, son luchas contra la masculinidad hegemónica en la clase obrera. De ahí que cada minuto sea más necesario, más urgente, que las mujeres tomemos los sindicatos, los partidos, las entidades sociales? y los convirtamos en reales y efectivos instrumentos feministas de lucha de clase. Camareras de piso, empleadas del hogar, producción textil, calzado, limpiadoras? son sectores que ven pisoteados los más elementales derechos y dignidad. Es el momento de seguir reivindicando. Es el momento de esforzarnos en desarrollar una verdadera corresponsabilidad que permita el mismo grado de libertad para conseguir una participación igualitaria en los espacios sociales, sindicales, políticos que cada una y uno quiera. Es el momento de reforzar el reconocimiento de la acción de las mujeres, de nuestra autoridad. Es el momento de poner en valor el trabajo por la igualdad real y efectiva que llevamos haciendo desde hace mucho, mucho tiempo. Es el momento, además, de remover los obstáculos necesarios para tener unas instituciones sanas e igualitarias, un sistema judicial que sea justo y que no siga dictando sentencias que criminalizan a las mujeres, no protegiéndolas y dando cancha a la violencia patriarcal.

María Candelas Sanchiz 
http://www.diarioinformacion.com/opinion/2018/05/01/tiempo-ganar-igualdad-1-mayo/2015529.html

30 de abril de 2018

Reformatorios franquistas de mujeres: adoctrinamiento y esclavitud.


Encierros, violaciones, humillaciones públicas, torturas y robo de bebés a mujeres republicanas o consideradas "caídas" del régimen. La organización Women’s Link pide a los tribunales argentinos la investigación de crímenes contra mujeres durante la dictadura

Ser republicana o hija de republicanos, pensar diferente o no obedecer con el modelo de mujer que exigía el régimen franquista fue durante muchos años un factor de alto riesgo. Las menores de edad que no cumplían con el rol impuesto por las instituciones podían ser consideradas mujeres “caídas” o en “riesgo de caer”. Miles fueron castigadas y encerradas en reformatorios y preventorios donde sufrieron malos tratos, vejaciones y torturas. También miles de mujeres fueron obligadas a trabajar en condiciones de esclavitud para grandes empresas sin recibir ningún tipo de remuneración. Y todo ello bajo disciplina militar.

Así se desprende de la primera querella presentada por Women’s Link ante la justicia argentina que denuncia los crímenes de género cometidos durante la dictadura. La organización pide a la jueza María Servini, encargada de investigar crímenes franquistas, que amplíe la causa e investigue también estos delitos. “Los tribunales españoles no están juzgando ninguna causa de los represaliados del franquismo, se archivan todas las causas”, asegura Carmen Miguel, directora legal regional de Women’s Links.

Entre los delitos que sufrieron estas mujeres durante el franquismo figuran la violencia sexual, el robo de bebés, los abortos forzados, las purgas con aceite de ricino, humillaciones públicas y castigos y encierros en reformatorios y preventivos. “El régimen estableció que el ideal de mujer era sumisa, madre y esposa cuyo único objetivo vital era la maternidad”, declara Carmen Miguel.

Cárceles ocultas

Los reformatorios, gestionados por Carmen Polo y el Patronato de la Mujer, funcionaron desde los años cuarenta hasta mediados de los años ochenta. Eran cárceles ocultas para mujeres que ingresaban siendo menores de edad y permanecían retenidas hasta los 25 años, asegura el escrito. “Estaban sometidas a una reeducación férrea basada en el nacional catolicismo. Les daban la mínima comida posible y solo podían beber una vez al día, dormían en lugares sin calefacción. Las mujeres que han pasado por estos centros a día de hoy no han superado el trauma”, explica Carmen Miguel.

Era sencillo entrar, pero casi imposible salir. Según explica el escrito, las jóvenes eran obligadas a ingresar en estos centros, repartidos por todo el país, a causa de denuncias y redadas. A partir de ese momento su patria potestad quedaba en manos del Patronato. “Ha habido empresas importantes de este país que durante esa época que se han servido del trabajo gratuito de estas mujeres”, añade Carmen Miguel.
Pero además de los reformatorios, el Patronato también puso en marcha los preventorios entre los años 1945 y 1975. Camuflados como colonias infantiles para menores de bajos recursos para “recibir vacunas, comer bien y hacer ejercicio al aire libre” y así prevenir enfermedades, el régimen instauró centros donde los niños sufrieron malos tratos. “Era un régimen militar; nos quitaban todas nuestras referencias de identidad; pertenencias personales (…) y a partir de ahí empezaba lo que era la pretensión de esta gente (…) de formar una población general, una ciudadanía que no tuviese esa consideración y esa autovaloración como ciudadano, en obediencia, en resignación y en el terror (…) todo esto acompañado de insultos, vejaciones, malos tratos, abusos continuos”, dice Ángela Fernández. Un testimonio recogido en la querella.

La abogada explica que las víctimas han vivido estos hechos como una “experiencia vergonzosa” puesto que “se las estaba encerrando porque supuestamente estaban haciendo algo mal y no estaban haciendo nada mal”. “A todas las que tenían una aspiración diferente se las castigaba”, apunta la portavoz de Women’s Link.

Bebés robados

Además de los reformatorios y los preventorios, el Patronato de la Mujer ejerció una “práctica totalmente planificada de manera sistemática”: el robo de bebés. “Son niños que eran separados de sus madres mientras las madres cumplían pena de prisión. También hijos de madres que fueron robados y desaparecidos en hospitales públicos y niños desaparecidos en los reformatorios y en los preventorios”, afirma Carmen Miguel.

Según relata el escrito, en 1942 cerca de 9.000 niños estaban tutelados por el Estado, bien en escuelas religiosas o en establecimientos públicos dirigidos por las instituciones franquistas. Un año después la cifra ascendió a 12.042 menores. Entre 1944 y 1954 el Patronato de San Pablo se ocupó de distribuir en sus centros a más de 30.000 niños. Vallejo Néjara, psiquiatra de la órbita del régimen, elaboró estudios en los que trataba a los republicanos como “infra-personas, enfermos mentales o seres de una raza inferior”, explica la querella. “Contribuyó a justificar y alentar esta práctica. El robo se realizaba con la finalidad de entregar a los recién nacidos a familias afectas al régimen que no podían tener descendencia”, dice el escrito. Es más, un decreto impulsado en el año 1940 permitió que la pérdida de tutela a favor del Estado fuera un “trámite sencillo y arbitrario”. “Fue una práctica institucionalizada”, apunta Carmen Miguel.

Desde Women’s Link consideran que “ninguna causa que investigue las violaciones de derechos humanos” puede estar completa “si no se contempla los crímenes que se cometieron contra las mujeres por el hecho de serlo”.

https://www.estrelladigital.es/articulo/reporteros/reformatorios-franquistas-mujeres-adoctrinamiento-y-esclavitud

18 de abril de 2018

Estigmas sin fronteras.


Las mujeres son expulsadas de sus casas durante la menstruación en zonas de Nepal
 El mundo está plagado de mitos que estigmatizan la menstruación y que dificultan la vida de las mujeres y de las niñas. "En India es habitual que las mujeres no puedan entrar en la cocina o comer con la familia durante su menstruación, por ejemplo, debido a la creencia de que una mujer con la regla puede agriar la comida", explica Ina Jurga, de la organización especializada Wash United. En muchos lugares, las mujeres con regla tampoco pueden entrar en los templos religiosos.
"El resultado de esos tabúes y del silencio se traduce en una falta de conocimiento que no siempre es fácil de combatir", lamenta Jurga. En India, por ejemplo, el 50% de las niñas desconocía qué era la regla cuando les llegó por primera vez.
A estas complicaciones, ya de por sí graves, en los países económicamente menos desarrollados se suman los problemas económicos para acceder a compresas desechables o tampones (si es que estos últimos están disponibles), según explica Jurga. "Son demasiado caros", cuenta la experta, "y las adolescentes y las niñas tampoco disponen de las instalaciones sanitarias más básicas en las escuelas. Esto provoca que tengan que quedarse en casa si tienen la regla".
En los países más desarrollados, por su parte, se están empezando a dejar atrás los tabúes, el silencio y la vergüenza que rodean la regla. Cada vez se habla más abiertamente. En Reino Unido, por ejemplo, una intensa campaña pública colocó la menstruación en el debate político cuando cientos de mujeres salieron a la calle con pancartas y compresas simuladas para reclamar que se dejen de tasar estos productos de higiene (la llamada tampon tax, el impuesto más machista).
Miles de mujeres y niñas son expulsadas de sus casas cada mes por tener la regla. Son relegadas al campo, al patio o a los cobertizos destinados a los animales. Es el chaupadi —el aislamiento para menstruar—, una practica hindú que las obliga a abandonar el hogar y que es habitual en algunas comunidades del oeste de Nepal. Creen que si no alejan a las mujeres con la regla, el pueblo y la comunidad sufrirá una desgracia.
El Parlamento de Nepal ha tipificado este año como delito el aislamiento del chaupadi, que, pese a que la justicia nepalí lo prohibió en 2005, aún seguía dándose. Quien obligue a practicarlo puede ser castigado con una multa y pena de cárcel de hasta tres meses. Según el chaupadi, además, las mujeres tienen vetado tocar a los hombres o siquiera compartir su espacio. Tampoco pueden consumir lácteos. La superstición afirma que se cortarían con su solo contacto.

El aislamiento y la discriminación ha llevado a algunas mujeres hasta la muerte. En julio, una adolescente de 19 años de Dailek falleció tras ser mordida por una serpiente cuando estaba en el cobertizo para animales de su familia. Tenía la regla y se había visto obligada a pasar allí esos días. El año pasado, otra mujer falleció asfixiada porque la ausencia de ventilación en la caseta a la que había sido desterrada.
La práctica totalidad de los chefs de sushi son hombres. A la tradicional sociedad patriarcal y la pervivencia de los roles de género se suma en Japón una superstición relacionada con la regla. Son muchos los que todavía creen que la menstruación —enorme tabú también en el país asiático— influye en la preparación de alimentos.
El reputado chef Yoshikazu Ono, hijo y hermano de cocineros, lo explicó así en 2011 en una entrevista en The Wall Street Journal: "Ser profesional significa tener un sabor constante en la comida, pero debido al ciclo menstrual, las mujeres tienen un desequilibrio en su gusto, y es por eso que las mujeres no pueden ser sushi chefs". No es el único mito que mantiene a las mujeres alejadas de la profesión de itamae (chef de sushi): la creencia popular dice que las mujeres tienen las manos demasiado calientes. Por suerte, cada vez son más las mujeres que desafían estas creencias y se dedican a la cocina.
Japón, curiosamente, es uno de los pocos países que dispone de un permiso laboral por tener la menstruación. Se implantó en 1947, pero apenas se utiliza. Las japonesas afirman que usarlo las estigmatiza y empeora su posición en la empresa. Algunas ni siquiera saben que tienen ese derecho. En Corea del Sur existe un derecho similar que permite tomar un día libre, aunque las mujeres tampoco se sienten cómodas a la hora de solicitarlo a la dirección, en un porcentaje altísimo compuesta por hombres.
En Malawi las madres y los padres no hablan a sus hijos sobre la regla. Menstruar es allí top secret. Son las tías quienes, en todo caso, explican a las niñas cómo hacer compresas caseras, las instruyen para no hablar de la regla en público y no acercarse a los chicos, según cuenta Unicef. En Malawi, como en muchos lugares de África y Asia, las mujeres y niñas suelen usar compresas caseras, elaboradas con tela, ropas viejas o incluso hojas, debido al alto precio de las almohadillas industriales —alrededor de un euro por paquete, lo que las convierte en un producto de lujo en una de las economías más pobres del mundo— y a que no es tan fácil conseguirlas.
En los últimos tiempos, sin embargo, han empezado a surgir grupos con trabajadoras sanitarias que, como si fuera una actividad extraescolar más, enseñan a las niñas a hacer compresas caseras adecuadas y a mantener una correcta higiene reproductiva. Así, poco a poco, se van rompiendo los dañinos tabúes, explica la Agencia de Población y Desarrollo (Unfpa). Patricia Chabuka, profesora en una escuela del distrito de Salima, explica que enseñan a las niñas a utilizar las máquinas de coser para elaborar las almohadillas sanitarias más adecuadas. También las animan a no faltar a clase cuando tienen la regla.
En Ghana y otros muchos países africanos y asiáticos la falta de baños adecuados en las escuelas —y en algunos centros de trabajo—, así como el alto precio de las almohadillas desechables, obliga a las niñas a quedarse en casa cuando tienen la regla. Según Unicef, sólo el 23% de las escuelas en Ghana tiene una red de baños adecuada. Y lo mismo ocurre en Kenia, donde las compresas desechables, como en Malawi, son un producto prohibitivo. Un estudio de la Universidad de Duke estima que las niñas pierden en Kenia una media de tres días de clase por tener la regla, lo que se traduce en un perjuicio para su futuro y muchas veces termina por conducir al abandono escolar. En Ghana, Kenia y otros países, organizaciones como Femme International tienen programas para repartir copas menstruales, más accesibles económicamente y más sencillas de utilizar.
En muchas zonas de Afganistán se cree que lavarse la zona vaginal durante la menstruación puede causar infertilidad. Este mito, sumado a las dificultades para permitirse compresas y a la ausencia de materiales adecuados para elaborar almohadillas sanitarias en casa, genera importantes problemas de salud reproductiva, según alerta la Unfpa. En este país, como en muchos otros, la menstruación es un secreto vergonzoso, lo que agrava aún más el problema de las niñas y adolescentes que acaban de empezar con la regla y que no saben cómo desenvolverse.
Un informe de Unicef y el Ministerio de Educación afgano señala que más del 70% de las adolescentes afganas no se ducha cuando menstrúa y alrededor del 50% no sabía qué era la regla antes de tenerla por primera vez. "Las chicas no son capaces de tener la regla con dignidad, privacidad y seguridad", dice el informe, que cuenta, por ejemplo, que las adolescentes ni siquiera son capaces de vencer el tabú para pedir medicamentos contra el dolor menstrual.
Una creencia popular en algunas regiones de la Bolivia rural dicta que la sangre menstrual no puede mezclarse con otros residuos. Si se hace, puede provocar enfermedades o incluso cáncer a toda la comunidad. Es por eso, cuenta Unicef, que ha dedicado un proyecto especial al problema, que muchas niñas se guardan las almohadillas sanitarias durante todo el día en sus bolsos para tirarlas cuando llegan a casa. A pesar de los programas especializados, la falta de dispositivos especiales para dejar las compresas usadas hace que esta costumbre sea muy difícil de erradicar. Es por esto, y también porque la regla todavía está rodeada de un halo de vergüenza, que, en muchas ocasiones, se autoexcluyen de la escuela cuando están menstruando.

elpais.com/elpais/2017/11/09/actualidad/1510240864_380514.html





14 de abril de 2018

Mitos sobre las estadísticas de la economía informal.


Los mitos abundan en el campo de las estadísticas de la economía informal y van desde nociones de “no hay estadística alguna”, hasta  “las estadísticas no nos dicen nada”. Aquí hay respuestas para los mitos más comunes.
Mito #1: No hay estadísticas sobre la economía informal
Las estadísticas sobre la economía informal son un área relativamente nueva en la recolección de datos por parte de los institutos nacionales de estadística. Sin embargo, ha habido avances sustanciales en el desarrollo de estas estadísticas desde que en 1993 la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) recomendóara una definición estadística del “sector informal”, y que en 2003, agregó una definición estadística de “empleo informal” que cubría al empleo tanto dentro como fuera del sector informal.
Los institutos nacionales de estadísticas están incluyendo la recolección de datos sobre empleo informal, definido como tal, en sus encuestas sobre la fuerza de trabajo, y lo hacen con el objetivo de informar el desarrollo de políticas. Tal vez el caso más notorio es el de México, que ha publicado información sobre empleo informal y su contribución regular al PIB, como un indicador económico clave. En 2011, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y WIEGO prepararon una base de datos sobre el empleo informal y el empleo en el sector informal incluyendo a alrededor de 50 países. Los datos sobre el empleo informal y el sector informal también están disponibles para esos y otros países a través de los institutos nacionales de estadística. La OIT y WIEGO han publicado conjuntamente dos ediciones (2002 y 2013) de Women and Men in the Informal Economy: A Statistical Picture, que reportan estas estadísticas; WIEGO también ha publicado un documento de trabajo con datos regionales actualizados.
Para asistir a los países en la planificación de encuestas sobre empleo informal, la OIT, el Grupo Internacional de Expertos sobre las Estadísticas del Sector Informal (conocido como el Grupo de Delhi) y WIEGO publicaron un manual, La medición de la informalidad: Manual estadístico sobre el sector informal y el empleo informal.
Mito #2: El “sector informal” se refiere a empleo que no es formal
Según la definición estadística internacional, el sector informal es sólo una parte del empleo que no es formal; la otra es el empleo informal fuera del sector informal.
La definición del sector informal de 1993 de la CIET captura un tipo de empleo informal: el que tiene lugar en empresas no incorporadas, que no están registradas o que son pequeñas. Sin embargo, también hay empleo informal fuera de las empresas del sector informal: en particular, todas las personas que no están cubiertas por la seguridad social a través de su trabajo, incluyendo a empleados de empresas formales, así como muchas trabajadoras del hogar, jornaleros ocasionales y todos los trabajadores familiares auxiliares no remunerados. La definición de la CIET de 2003 incluye al empleo asalariado informal fuera de las empresas informales, así como el empleo en el sector informal. Este concepto más amplio es denominado empleo informal y abarca todo el empleo que no es formal.
Mito #3: Las actividades económicas informales son tan diversas y varían tanto entre los países, que es imposible tener una definición estadística aplicable a todas
Los estándares y las definiciones internacionales descritos arriba reflejan la diversidad de situaciones en los diferentes países. Por un lado, son lo suficientemente amplios como para cubrir a todos los países; por el otro, dan flexibilidad al uso de las definiciones en diferentes contextos nacionales. Estas definiciones han sido aplicadas exitosamente en muchos países en desarrollo y ahora se intenta aplicarlas en los países desarrollados (vea Mito #5). Es importante que los investigadores usen estas definiciones acordadas internacionalmente para su trabajo, en lugar de formulaciones ad hoc. Sólo con la adopción extendida de las definiciones se producirá un cuerpo estadístico comprensivo de datos internacionales.
Mito #4: Las estadísticas nacionales sobre el empleo no incluyen a las personas que realizan trabajo en el hogar, a domicilio, en la venta ambulante o como recicladores de residuos
Las estadísticas sobre el empleo (por ejemplo, el número de mujeres en la fuerza total de trabajo) sí recogen información sobre la gente que trabaja en el hogar, a domicilio, en la venta ambulante y como recicladores, aunque a menudo de manera subestimada. El desafío estadístico no es tanto capturar a estos trabajadores como empleados, sino identificar la categoría específica de trabajo en la que laboran. Sólo una de estas ocupaciones ‒trabajadoras del hogar‒ es rutinariamente identificada como una categoría ocupacional en las estadísticas oficiales nacionales, y este grupo es a menudo subestimado y erróneamente clasificado.
En parte, el desafío se produce porque los arreglos de empleo informal generalmente son más difíciles de medir que los formales. Se requiere más de una pregunta, y los países pueden no estar incluyendo todas las preguntas necesarias. Por ejemplo, algunos países no incluyen preguntas sobre el lugar de trabajo, que es un indicador clave en la distinción de trabajadoras del hogar (“casa del empleador”), a domicilio (“en su propia casa”) y vendedores ambulantes (“espacios públicos”). También surgen desafíos de la necesidad de hacer suficientes preguntas y contar con suficientes categorías de respuestas para identificar a estos grupos. Las categorías de respuestas están basadas en clasificaciones nacionales e internacionales de industrias y ocupaciones que podrían no ser lo suficientemente detalladas como para especificar estas categorías. E incluso con una clasificación detallada, las tabulaciones producidas podrían no llegar al nivel de detalle requerido para especificar a estas categorías de trabajadores.
Dado que los países se ven presionados a producir datos con más frecuencia, o a realizar encuestas con fines múltiples en lugar de enfocarse exclusivamente en la fuerza de trabajo, los cuestionarios se acortan y el tamaño de la muestra se reduce. Esto limita aún más la posibilidad de tener datos sobre las categorías de trabajadores en la economía informal. Todos los usuarios y potenciales usuarios de estas estadísticas deberían presionar a los institutos nacionales de estadística para que produzcan estos datos.
Mito #5: La categoría empleo informal sólo aplica para los países en desarrollo
Inicialmente, la definición estadística de empleo informal se aplicaba sólo a los países en desarrollo. Sin embargo,  de manera creciente se está reconociendo que existen arreglos de empleo en los países desarrollados que encajan en esta definición, y que serían identificados como empleo informal en los países en desarrollo. Una parte importante de la fuerza de trabajo en los países desarrollados labora en el marco de arreglos con beneficios reducidos y acceso limitado a la seguridad social: trabajadores autoempleados por cuenta propia, empleados temporales (o a tiempo determinado), incluyendo trabajos por medio de agencias de trabajo temporal, bajo pedido o por contrato; y algunas formas de trabajo a tiempo parcial.
Muchos países desarrollados están recolectando datos para entender mejor estos cambios en los arreglos de empleo y su impacto en los trabajadores. Sin embargo, hay diferencias enormes entre los países, en los tipos de arreglos de empleo que cubren las encuestas nacionales, y pocos países recogen datos sobre todo el espectro de arreglos de empleo. Para impulsar las estadísticas sobre el trabajo informal y entender los cambios en el empleo en el mundo es importante tener una perspectiva completa de los arreglos de empleo tanto de los países desarrollados como de aquellos en vías de desarrollo.
En 2008, WIEGO lanzó una iniciativa para la clasificación y el análisis de todo el espectro de situaciones de empleo en los países desarrollados y en desarrollo. WIEGO continúa su trabajo a través de la participación en el Grupo de Expertos sobre la Medición de la Calidad del Empleo de la OIT, y en el Grupo de Trabajadores de la OIT, para revisar la Clasificación Internacional de la Situación en el Empleo.
Mito #6: El empleo informal es tan improductivo que no hay mucha necesidad de medir su contribución al PIB
El concepto de sector informal es tan nuevo para el sector de estadísticas laborales, como lo es para el campo de las finanzas nacionales. Los manuales más recientes con lineamientos para la preparación de las cuentas nacionales, el Sistema de Cuentas Nacionales de 1993 y el de 2008, recomiendan que los países preparen estimaciones de la contribución del sector informal al Producto Interno Bruto (PIB) o al Valor Agregado Bruto (VAB). Muchos países lo hacen ahora.
Las siguientes estadísticas dan un ejemplo:
  • La contribución más alta es en los países de África Occidental. Por ejemplo, en Benín, Níger y Togo, el sector informal (excluyendo la agricultura) aporta más del 50% del VAB no agrícola.
  • En la India, la contribución del sector informal a la economía es del 46% del VAB no agrícola.
  • En Guatemala y en Colombia, es superior al 30% del VAB no agrícola.
Recientemente, México estimó la contribución de la totalidad del empleo informal (tanto dentro como fuera del sector informal) a la economía nacional. En julio de 2014, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó las primeras estimaciones de la contribución de la economía informal a la economía mexicana para los años 2003-2012. Durante ese periodo, el porcentaje del VAB aportado por la economía informal cayó sutilmente de aproximadamente el  27% a un todavía significativo 25%.

Por : Joann Vanek
http://www.wiego.org/blog/seis-mitos-sobre-