20 de febrero de 2012

Violencia contra las mujeres en tiempo de guerra.


Millones de mujeres y niñas llevan la peor parte en las guerras de hoy, debido a la particular amenaza que representan para ellas la violencia sexual y otros abusos. En ocasión del décimo aniversario de la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad, Christine Beerli, vicepresidenta del CICR, hace un llamamiento a fortalecer la protección de las mujeres en tiempo de guerra.

Hace diez años, las esperanzas y aspiraciones que rodeaban la llegada del nuevo milenio se expresaron en diversas iniciativas de nivel mundial cuya finalidad era, básicamente, poner fin a algunas de las peores injusticias del mundo. La resolución N.º 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sobre las mujeres, la paz y la seguridad, fue una de esas iniciativas. En esta resolución, el Consejo señaló a la atención de la comunidad internacional el desproporcionado y específico impacto que los conflictos armados tienen en las mujeres es instó a que las mujeres participaran plenamente en la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. Además, la resolución 1325 reflejó el reconocimiento político de que la mujer y el género constituyen elementos fundamentales para la paz y la seguridad internacionales.

El décimo aniversario de la resolución -que se cumplió en octubre- es una buena ocasión, no para celebrar su adopción sin reservas, sino para reflexionar más pausadamente sobre lo que todavía puede y debe hacerse para que las buenas intenciones se traduzcan en realidades y las palabras en acciones significativas.

Sea en la República Democrática del Congo o en Colombia, Afganistán o Irak, para citar tan sólo algunos ejemplos, millones de mujeres y niñas llevan la peor parte en las guerras de hoy, a menudo porque son destinatarias de actos de violencia deliberadamente ejercidos contra ellas como método de guerra. Están particularmente expuestas a la violencia sexual y a otros abusos. En muchos casos, la guerra las obliga a desplazarse, las separa de sus familiares y obstaculiza su acceso a los alimentos, al agua potable y a la atención médica. También puede suceder que las mujeres queden a cargo del mantenimiento de sus familiares como único sostén de familia.

El derecho internacional humanitario constituye una base sólida para la protección de la mujer en tiempo de guerra, principalmente mediante los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales. Para mencionar tan sólo un ejemplo, la violencia sexual constituye, de manera inequívoca, un crimen de guerra tanto en los conflictos armados internacionales como en los no internacionales.

Sin embargo, las atrocidades que se cometen en forma permanente contra las mujeres en el este de la República Democrática del Congo son sólo uno de los siniestros recordatorios de que las normas vigentes se infringen de manera flagrante y, a menudo, con la impunidad más absoluta. Hacer respetar las normas es un desafío permanente y la responsabilidad principal incumbe directamente a los Estados, que han ratificado universalmente los Convenios de Ginebra. No sólo deben velar por la aplicación de las normas sino también hacer que sean plenamente respetadas.

Es verdad que se han logrado algunos avances. En la legislación nacional de los Esta dos, se reconoce la responsabilidad penal de los autores de violaciones del derecho internacional humanitario y efectivamente se los obliga a rendir cuenta de sus crímenes. Varios tribunales internacionales y la Corte Penal Internacional han reforzado el concepto de la responsabilidad por los crímenes de guerra.

Pero es mucho lo que queda por hacer. Tanto las fuerzas armadas como los grupos armados deben comprender que la violencia sexual es un crimen de guerra y que los violadores serán sancionados. En este sentido, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) desempeña un papel importante, sobre todo por sus actividades de formación en materia del derecho internacional humanitario y la difusión de sus normas. Pero, los Estados y sus poderes judiciales también deben cumplir con su función. ¿Qué mejor medio de disuadir a los potenciales criminales de guerra que la efectiva aplicación de la ley?

No cabe duda alguna de que es mejor prevenir que curar. Las consecuencias de la violencia sexual como arma de guerra van más allá del terrible dolor y del trauma que sufren sus víctimas directas: pueden desestabilizar profundamente a sociedades enteras mucho tiempo después de terminado el conflicto. Algunas de las posibles consecuencias de esa violencia son la estigmatización y el rechazo de las víctimas y el colapso de las normas sociales y culturales. Esta situación puede conducir, por último, a la inestabilidad económica.

Para remediar esas consecuencias, es preciso elaborar una respuesta multidimensional que, como aspecto fundamental, se aplique directamente tanto a las víctimas de la violencia sexual como a otras mujeres interesadas. Es imprescindible que las mujeres participen de manera efectiva en la búsqueda de soluciones a sus problemas, para que esas soluciones tengan posibilidades de éxito. Las organizaciones humanitarias y los donantes, incluidos los Estados, deben esforzarse por garantizar este aspecto en los programas que aplic an en todas las etapas de un conflicto armado, desde la prevención a la protección y la recuperación posterior al conflicto. Relegar a las mujeres a la categoría de víctimas pasivas las desempodera y es contraproducente, puesto que las excluye aún más de las actividades humanitarias y de mantenimiento de la paz.

Como mujer, es mi deseo que este décimo aniversario de la resolución de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad sea recordado como el anuncio de una nueva medida concreta: que los Estados no sólo adopten medidas concretas para tipificar la violencia sexual como crimen en sus legislaciones nacionales, sino que los autores de violaciones sean enjuiciados. Entonces, las mujeres de todo el mundo sí tendrán un verdadero motivo para festejar.
http://www.icrc.org/spa/resources/documents/statement/women-statement-2010-10-31.htm
http://www.icrc.org/spa/index.jsp

19 de febrero de 2012

¿Es usted sexista (en su lenguaje)?.


En los últimos años, y a partir de la aprobación de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, se están produciendo importantes avances en el ámbito social y legislativo que han propiciado cambios favorables para conseguir que la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres sea real y efectiva.

La actual presencia de las mujeres en la vida pública y sus nuevos roles, tienen grandes repercusiones en el lenguaje que nos hacen replantearnos nuestros hábitos lingüísticos para que respondan a esta nueva realidad.

A través del lenguaje, en estrecha relación con nuestro pensamiento, se nombra e interpreta la realidad en la que vivimos. Refleja lo que la sociedad es en cada momento, pero a su vez, en constante evolución de acuerdo con los cambios que experimenta la humanidad, va creando nuevas formas en virtud de lo que sus hablantes desean que sea la sociedad en la que viven.

El sexismo lingüístico
es el uso discriminatorio del lenguaje que se hace por razón de sexo. Tal y como considera la lingüista Eulalia Lledó "el lenguaje no es sexista en si mismo, sí lo es su utilización. Si se utiliza correctamente también puede contribuir a la igualdad y a la visibilización de la mujer".

Una de las cuestiones más polémicas relacionadas con el sexismo lingüístico proviene de la confusión que se establece entre sexo y género gramatical. Mientras que el sexo es un rasgo biológico que poseen algunos seres vivos, el género gramatical es un rasgo inherente a determinados tipos de palabras, que sirve para clasificar los sustantivos en masculinos y femeninos y, en el caso de los adjetivos y determinantes, para establecer su concordancia.

Una manera de advertir este sexismo estriba en aplicar la denominada "regla de inversión", que consiste en probar si el texto es correcto al sustituir los términos femeninos por los correspondientes masculinos, y viceversa.

El sistema lingüístico del castellano ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en su uso. Existen múltiples recursos lingüísticos que no requieren desdoblar continuamente (que es lo que la mayoría entiende como solución al sexismo del lenguaje); se trata de utilizar estrategias y recursos que posee nuestra lengua y que no faltan ni a la gramática, ni contravienen el principio de economía del lenguaje, sino todo lo contrario, ya que la mayoría se caracterizan, precisamente, por su brevedad. No podemos olvidar que el
Guía del lenguaje no sexista. 2 principio fundamental del lenguaje es que la comunicación sea efectiva, por lo que, en el peor de los casos, siempre será preferible usar un término más a que el mensaje resulte equívoco y/o sexista.

La Oficina de Igualdad de la UNED ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios el integrar la perspectiva de género en todos los procesos que se originan en esta Universidad. En este sentido, y como primer paso para su consecución, la Oficina de Igualdad proporciona a la comunidad universitaria esta guía, que pretende ser una herramienta práctica y sencilla, dirigida a todos sus miembros con un doble fin: evitar el uso sexista en los documentos administrativos y resolver sus dudas mediante la aportación de soluciones sencillas y no discriminatorias.


Lucía González  
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/03/espana/1328274657.html?cid=GNEW970103

Para seguir el artículo completo visite el siguiente vínculo:
http://portal.uned.es/pls/portal/docs/PAGE/UNED_MAIN/LAUNIVERSIDAD/VICERRECTORADOS/GERENCIA/OFICINA_IGUALDAD/GUIA_LENGUAJE.PDF

17 de febrero de 2012

Mujeres, más retórica que inclusión.



"Las mujeres tienen las llaves para abrir las barreras a un desarrollo sustentable", sintetizó una vez la vicesecretaria general de la ONU, Asha-Rose Migiro. Pero sus propias puertas suelen estar cerradas.

Las mujeres desempeñan roles esenciales en la economía, la agricultura y el desarrollo mundial. Pero aunque la retórica sobre la importancia de su inclusión en proyectos de desarrollo llegó a un clímax en los últimos años, los proyectos de inversiones a menudo no dan el ejemplo en cuanto a incluir realmente una perspectiva de género.

Los principales desafíos que enfrenta el desarrollo sostenible son la desigualdad de género, el cambio climático, la degradación de los recursos naturales y la recesión mundial, dijo Melanne Verveer, embajadora del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos para los asuntos de las mujeres, en una conferencia sobre igualdad de género y desarrollo sustentable.

"No tendrá éxito ningún esfuerzo por promover el desarrollo sustentable que no tome en cuenta a la mitad de la población mundial", declaró.

"Las mujeres promueven desde hace tiempo soluciones a los desafíos del desarrollo sustentable. Vienen promoviendo (mecanismos de) adaptación y mitigación del cambio climático, protección de la biodiversidad y de ecosistemas vitales, garantizando el acceso al agua y combatiendo la contaminación aérea en espacios interiores", agregó.

Según la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), las mujeres son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos.

Además continúan cargando con la mayor parte de las responsabilidades en el hogar, desde el cuidado de los hijos a la elaboración de los alimentos.

Por lo tanto, la participación de las mujeres es crucial para el éxito de los proyectos de desarrollo sostenible.

Sin embargo, y aunque admiten la importancia de la igualdad de género en el desarrollo, el Banco Mundial y otras instituciones financieras multilaterales continúan tomando decisiones insensibles al género, dijo a IPS la presidenta de Gender Action, Elaine Zuckerman.

"Muchas personas proponen la igualdad de género, los derechos de las mujeres, el empoderamiento de las mujeres, pero cuando se mira los presupuestos (…) hay una enorme desconexión. Es fundamental que la retórica se traduzca en inversiones", dijo Zuckerman a IPS.

Las instituciones financieras multilaterales ven al género como un "asunto blando", declaró a IPS la coordinadora de programas de Gender Action, Elizabeth Arend.

El presupuesto del año pasado del Banco Mundial para las inversiones en materia de "desarrollo social, género e inclusión" se redujo de 952 millones de dólares a 908 millones, pese a que el Informe sobre el Desarrollo Mundial subrayaba los temas de exclusión de las mujeres.

El gasto del Banco en esta categoría representa menos de dos por ciento de su presupuesto 2011, señaló Arend.

"No es suficiente tener un puñado de ‘expertos en género’ en una institución como el Banco Mundial… Tampoco es permisible abordar el tema en un solo párrafo dentro de un documento de 160 páginas de evaluación de un proyecto", dijo Arend a IPS.

"Las instituciones financieras internacionales deben entender que cada componente de cada proyecto en cada sector tiene implicaciones de género, y que marginar este asunto perjudica de modo fundamental la efectividad y la sustentabilidad de las inversiones", apuntó.

Muchos proyectos de instituciones financieras internacionales no abordan las desigualdades de género que impiden que mujeres y niñas participen y se beneficien de actividades de esos mismos proyectos, según expertos.

Las mujeres tienden a sufrir desproporcionadamente cuando las desigualdades de género no se incluyen en el diseño de proyectos de desarrollo, como ejemplifican los proyectos del gasoducto de África occidental y el oleoducto Chad-Camerún, financiados por el Banco Mundial.

Una investigación de Gender Action en asociación con Amigos de la Tierra concluyó que, como en el proyecto no se tomaron en cuenta las dimensiones de género, "las instituciones financieras internacionales reforzaron el (existente) estatus de segunda clase al marginar a las mujeres en los procesos de consulta, discriminarlas en programas de compensación y oportunidades de empleo, y perjudicar los cruciales medios de sustento de las mujeres".

Arend cree que hay varios motivos para la persistente brecha entre la retórica del Banco Mundial y el financiamiento que realmente aporta a los asuntos de género.

Primero está la discrepancia histórica entre lo que el equipo investigador del Banco prioriza y el dinero que realmente recibe. Segundo, si la dirigencia no ve al género como una prioridad, entonces este no es integrado en las inversiones del Banco.

En definitiva, según Arend, el Banco Mundial es una empresa.

"El Informe sobre el Desarrollo Mundial brinda un ejemplo. La fundadora de Gender Action, Elaine Zuckerman, lo ha seguido desde su creación y (prácticamente no) ha visto una correlación entre el Informe y el financiamiento real", señaló Arend.

"Aunque el Banco está ocupado promocionando este Informe y sus conclusiones, además de su campaña de medios sociales ‘Piensa en equidad’, no está invirtiendo más en género en absoluto", aseguró.

Sin embargo, esta situación podría estar cambiando lentamente. Arend observó que el Banco ha comprometido 40 millones de dólares para relanzar un "proyecto de servicios públicos para el fortalecimiento de la agricultura" en Haití, cuya versión original data de 2009.

El nuevo proyecto ha "desarrollado un programa de capacitación financiera para productoras y comerciantes agrícolas, fortalecido la capacidad del equipo del Ministerio de Agricultura sobre asuntos de género y apoyado la integración de un Punto Focal de Género en el ministerio", como pidieron las beneficiarias.

"El proyecto (de Haití) dista de ser perfecto, pero esto muestra que el Banco Mundial es capaz de hacer inversiones de una manera sensible al género. Todo lo que parece estar faltando es la voluntad", dijo Arend.

Charundi Panagoda
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=100102

La violencia, el embarazo y el aborto .


Tanto los hombres como las mujeres, y los niños como las niñas,
son objeto de la violencia personal en el mundo entero, pero la
violencia perpetrada contra la mujer suele ser por motivos del
género. En la mayoría de los casos, los perpetradores son hombres
y los comportamientos violentos que ellos imponen en las
mujeres reflejan sus prejuicios de género. Por supuesto, no todos
los hombres maltratan a las mujeres, y un número creciente de
hombres está haciendo campañas para terminar la violencia contra
la mujer. No obstante, las normas comunes basadas en el
género que ponen énfasis en la ‘superioridad’ y el dominio del
hombre frente a la ‘inferioridad’ y subordinación de la mujer,
siguen sosteniendo la percepción de que el hombre tiene derecho
a utilizar cualquier medio necesario para controlar a la mujer. El
hombre que está de acuerdo con dichas normas puede responder
maltratando verbalmente, atacando físicamente o acosando sexualmente
a su compañera, madre e hijas si percibe que ponen en
duda su autoridad. Muchos hombres carecen de las habilidades
para lidiar con el estrés (por ejemplo, el ocasionado por demandas
económicas) o para resolver conflictos. Muchos hombres también
han sido motivados a ejercer comportamientos arriesgados,
tal como la adicción al alcohol y a otras substancias. Dichos factores
pueden llevar a algunos hombres a expresar su frustración y
furia escogiendo a otras víctimas en quien descargarse: las
mujeres y los niños suelen llevar el peso de este abuso.
Cuando la mujer es víctima de la violencia, ella sufre repercusiones
cuyos efectos pueden durar toda una vida. Las mujeres que sufren
abuso durante la niñez corren mayor riesgo que otras mujeres de
convertirse en víctimas de la violencia como adultas. Cuando la
mujer sufre continuo abuso doméstico por parte de su pareja íntima,
sus hijos corren un riesgo considerable de convertirse en víctimas
también, y esto puede significar el inicio de un ciclo repetitivo.
En el caso de las mujeres que son maltratadas en su edad reproductiva,
los efectos son agravados. Puede que las adolescentes y
mujeres adultas que son agredidas física y sexualmente tengan que afrontar las
infección transmitida sexualmente/virus de la inmunodeficiencia humana (ITS/VIH),
el embarazo no deseado, el aborto espontáneo, el parto de un feto muerto, e incluso
la muerte. En el caso del embarazo como resultado de una violación, los efectos psicológicos
pueden ser devastadores, particularmente cuando se trata de niñas cuya
primera experiencia sexual consistió en una violación o incesto. Más aún, las adolescentes
que quedan embarazadas en una edad muy precoz afrontan riesgos a su salud
porque, en muchas mujeres, el esqueleto no termina de desarrollarse hasta los 18
años de edad, además de que el conducto pélvico a veces no es fisiológicamente
adecuado hasta los 20 ó 21 años de edad. La tasa de mortalidad relacionada con el
embarazo y el parto es de dos a cinco veces más alta entre las mujeres menores de
18 años de edad que entre aquéllas de 20 a 29 años de edad .
Además, una mujer que queda embarazada debido a una violación debe tomar decisiones
que afectarán el resto de su vida :
Ella puede optar por llevar el embarazo a término y quedarse con el niño que nazca.
A pesar de que puede darse una relación cariñosa y gratificadora entre la madre y el
niño, la madre debe afrontar decisiones difíciles (por ejemplo, decirle al niño cómo
ocurrió el embarazo). También puede que se encuentre con situaciones difíciles para
las cuales estaba totalmente desprevenida, por ejemplo, tener que criar un niño sin
la ayuda del padre, el posible rechazo del niño por parte de su pareja, verse apremiada
a tener que dejar sus estudios, los efectos en su situación de empleo, etcétera.
Ella puede optar por llevar el embarazo a término y dar al niño en adopción. En
algunas sociedades puede que esta opción sea difícil dado que rara vez se practica
la adopción, y la mujer sabe que el niño probablemente crecerá sin padres. Puede
que la mujer también sufra estigmatización por ‘abandonar’ a su hijo.
Ella puede optar por tener un aborto. Algunos países y estados no permiten el aborto
en casos de violación e incesto; por tanto la mujer se ve forzada a recurrir a un
aborto clandestino, el cual en muchos casos puede ser arriesgado y poner en peligro
la salud e incluso la vida de la mujer. Debido al estigma en torno al aborto, las
mujeres que escogen esta opción pueden, además, afrontar abuso cuando buscan
la asistencia del sistema jurídico y los cuidados del sistema de salud.

Para seguir el artículo completo visite el siguiente vínculo:

http://www.ipas.org/publications/asset_upload_file614_2618.pdf

http://www.unimedicos.com/sitio/contenidos_mo.php?it=110

16 de febrero de 2012

La implicación del entorno de las víctimas de violencia machista sigue siendo “muy limitada”.

La violencia tiene indicadores. A menudo son reconocidos por el entorno de las mujeres que la padecen, pero todavía son pocas las personas las que se comprometen y ayudan a la mujer maltratada. La implicación del entorno de las víctimas de la violencia machista siempre ha sido "muy limitado" y además, lejos de aumentar, muestra una tendencia a la baja. Lo destacaba ayer Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género, en un encuentro con periodistas, en el que participó AmecoPress

Los informes que realiza el Observatorio buscan diagnosticar para mejorar la respuesta judicial y la aplicación de la Ley de Violencia de Género. Sirven para desmontar "falsos mitos que justifican la violencia y contribuyen a su mantenimiento", como aquellos que defienden que entre las causas de la violencia machista está el abuso del alcohol, las drogas o los trastornos mentales, o que existen denuncias falsas por parte de las mujeres. Y permiten observar conductas de un modo preciso, de las mujeres maltratadas y su entorno, de las instituciones y de la ciudadanía en general.

Así, las estadísticas, que recogen quien interpone las denuncias, muestran que las formas más usuales de inicio de los procedimientos penales ha sido por "atestado policial", seguido de las denuncias presentadas directamente por la víctima y los parte de lesiones. En el año 2009, solo el 1,39 por ciento de las denuncias presentadas fueron realizadas por familiares. En 2010, este porcentaje alcanzó el 1,62 por ciento. Entre enero y septiembre de 2011 se registraron 102.261 denuncias, de ellas 1171 fueron presentadas por familiares, el 1,15 por ciento.

Esta actitud de los y las familiares se observa también en los casos de feminicidios, ya que, como se recoge en el informe de víctimas mortales 2010, de cuatro procedimientos en los que se recabó el testimonio de familiares, testigos de los hechos, solo en dos las hijas del agresor declararon.

Víctimas mayores de 56 años

En la cita de ayer, el Observatorio quiso alertar sobre el comportamiento observado en las víctimas de violencia de género mayores de 56 años. Estas mujeres no denuncian su situación, como demuestran los datos de los últimos tres años, en los que sólo una de las fallecidas que rebasaba esta edad había acudido a la justicia.

En concreto, en el año 2009 fueron asesinadas por hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación sentimental un total de 9 mujeres mayores de 56 años y ninguna de ellas había presentado denuncia previa por maltrato. En 2010, fueron diez las víctimas mayores de 56 años y tampoco ninguna denunció, ya que la fallecida que tenía más edad había cumplido justo esta edad.

El año pasado se produjo una única denuncia entre las diez fallecidas que rebasaban los 56 y en lo que va de 2012, ninguna de las ocho mujeres asesinadas, ni mayor ni menor de esta edad, había acudido previamente a la justicia, según los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Esta tendencia no sólo se observa en los casos de asesinato, ya que la recopilación de denuncias por violencia de género que realiza trimestralmente el Observatorio revela que el grupo más pequeño es el de las presentadas por mayores de 56, mientras que las más numerosas son las impulsadas por mujeres de entre 26 y 35, y de entre 36 y 45. La media está en los 41,5 años.

En el encuentro, Montalbán destacó entre las causas de esta tendencia "el aislamiento" en el que se encuentran estas mujeres cuando llegan a esa edad y abogó por medidas específicas dirigidas a este sector de la población.

Instrumentos

La presidenta del Observatorio valoró positivamente el encuentro mantenido con la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, el pasado lunes, en el que estuvieron presentes representantes de los Ministerios de Justicia, Interior, Hacienda y Administraciones Públicas y de Educación, Cultura y Deportes, del CGPJ, la Fiscalía, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, junto a las organizaciones de mujeres, y personas expertas en el estudio de la violencia contra las mujeres, ya que "parece que no hay intención de tocar la legislación actual en esta materia por parte del Gobierno y eso es lo que corresponde en este momento".

Como es habitual, Montalbán alertó sobre la gran bolsa de maltrato que no termina de emerger –una estimación de unas 400.000 mujeres en España que sufren malos tratos en la actualidad – e insistió en la educación como "la principal vacuna frente a la violencia". En ese sentido destacó la labor fundamental de los medios de comunicación a la hora de informar sobre la violencia y de transmitir modelos y valores, haciendo un llamado a la responsabilidad y el compromiso.

Encuentro con Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género

14 de febrero de 2012

Una realidad espinosa.

Para miles de mujeres colombianas, las flores no simbolizan el amor sino una explotación masiva.

"Las mujeres tienen que volver a los invernaderos justo después de haber rociado las flores con pesticidas. Algunas se marean o tiene problemas de presión sanguínea, e incluso en algunos casos sus hijos han nacido con problemas respiratorios". - Dionise Trujillo, ex trabajadora de las flores, Colombia.


Para miles de mujeres del sector de las flores en Colombia, las flores no simbolizan el amor sino una explotación masiva. Es irónico que en un sector que genera tantos beneficios con la celebración del Día de la Madre, sea práctica habitual despedir a las mujeres en cuanto se quedan embarazadas.


Colombia es el segundo país después de Holanda en exportación de flores. Las mujeres representan el 70% de la mano de obra de este sector. Trabajan con contratos temporales que generalmente sólo son verbales.


En un día normal, una mujer recoge una media de 400 claveles. Ese número se duplica en fechas especiales, por ejemplo, en el periodo previo a San Valentín o el Día de la Madre. La venta en las calles de EE.UU. y Europa de las flores de todo un día de trabajo puede ascender a los 800 dólares, mientras que la trabajadora está cobrando un salario mínimo equivalente a menos de 2 dólares por día.


Y lo que es peor, los estudios médicos revelan que dos tercios de las trabajadoras en el sector de las flores en Colombia padecen problemas asociados a la exposición a los pesticidas, que van desde náuseas a abortos espontáneos

Desvalorizacion del trabajo:

En primera medida, es necesario mencionar que las trabajadoras floriculturas son el

eslabón más débil de la cadena de producción de flores cortadas para la exportación,

aunque con su trabajo aportan ganancias muy importantes al sector floricultor estos

beneficios económicos no las cobijan.

Por el contrario, están siendo directamente perjudicadas por la flexibilización laboral

debido a prácticas de contratación como:

- Contratos laborales a término indefinido, con presiones continuas de despido lo cual

genera inestabilidad.

- Contratos a término fijo, por lo general no mayor a 4 meses.

- Contratos por producto, por ejemplo por número de flores cortadas.

- Subcontratación por personas naturales o empresas temporales de servicios.

- Uso de la modalidad de las Cooperativas de Trabajo Asociado, que por su naturaleza no

se rigen por el derecho laboral. Las trabajadoras asociadas en ellas aportan como capital,

su trabajo, y son consideradas, al mismo tiempo, gestoras de la "nueva empresa". El

régimen de trabajo, de previsión, de seguridad social y compensación es el consignado en

los estatutos y reglamentos del acuerdo cooperativo, por lo general realizados con

antelación a la vinculación de la trabajadora a la cooperativa y en muchos casos

directamente por las empresas floriculturas, en la mayoría de las ocasiones las

trabajadoras desconocen los estatutos que las rigen. Por consiguiente cuando la

trabajadora se vincula, se adhiere a unas condiciones previamente establecidas, que

pueden desconocer su seguridad social y la de su familia.

Amor, flores y mujeres.
(1989), es un documental de Jorge Silva y Marta Rodríguez
que describe en profundidad el cultivo de flores en Colombia, un trabajo de condiciones muy precarias, realizado casi exclusivamente por mujeres, que se ven
expuestas a tóxicos y pesticidas mortales.»






http://www.oxfam.org/es/about

http://www.odg.cat/documents/enprofunditat/Deute_ecologic/florscactus.pdf

13 de febrero de 2012

El despertar femenino.



Margarita Núñez Álvarez, conocida como la Abuela Margarita, descendiente y curandera de las culturas Maya y Chichimeca trae un mensaje de amor y espiritualidad ligado a la tierra desde lo femenino. Conocida y respetada entre los círculos indígenas de todo el mundo, esta mujer originaria del norte de México se ha convertido en vocera de la mujer. La abuela ha sido llamada desde muchos extremos del planeta para que su palabra sea oída. Ella proclama valores de la mujer como generadora y transformadora de la sociedad y lleva con su palabra de tradición y como guardiana del origen a nuevas miradas del mundo y de la vida