6 de marzo de 2012

Eliminando la discriminación,invirtiendo en las mujeres rurales.

«Invirtiendo en las mujeres rurales; eliminando la discriminación de que son objeto en la legislación y en la práctica; asegurando que las políticas respondan a sus necesidades; brindándoles acceso en pie de igualdad a los recursos y proporcionándoles una función que desempeñar en la adopción de decisiones.»

Secretario General, Ban Ki-moon

En reconocimiento de su papel fundamental y su contribución, el lema de este año del Día Internacional de la Mujer 2012 es Habilitar a la mujer campesina-Acabar con el hambre y la pobreza.

Las mujeres rurales representan un papel fundamental en las economías tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados, pues contribuyen al progreso agrícola, mejoran la seguridad alimentaria y ayudan a reducir los niveles de pobreza en sus comunidades.

Estas mujeres constituyen el 43% de la mano de obra en el campo, cifra que llega a ser del 70% en algunos lugares.

La desigualdad entre los géneros y el acceso limitado al crédito, la salud y la educación son las principales dificultades que afrontan las mujeres rurales. Se calcula, por ejemplo, que el 60% de las personas con hambre crónica son mujeres y niñas. La crisis alimentaria y la económica, junto con el cambio climático, no hacen más que agravar la situación.

Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que si las mujeres tuvieran un acceso equitativo a los fertilizantes, las semillas y las herramientas, la cantidad de personas hambrientas en el mundo se reduciría entre 100 y 150 millones.

http://www.un.org/es/events/womensday/

2 de marzo de 2012

La enésima versión de la caza de brujas.



La propagación del calificativo ’feminazi’ denota interpretaciones manipuladas del feminismo interesadas en que haya un retroceso en la situación de las mujeres.
Cuando al presentador de radio Rush Limbaugh, icono de los republicanos estadounidenses desde los 80, se le ocurrió acuñar la palabra "feminazi", comenzó la gestación de un personaje mitológico muy popular: un tipo de mujer "cuya aspiración más importante en la vida es asegurar que ocurran cuantos más abortos mejor" (sic), además de conspirar para dominar el mundo mediante oscuros lobbies, casi siempre mediante subvenciones de dinero público. La feminazi tiene un aspecto físico poco agraciado que, en el Estado español, ha servido a ilustres opinólogos como Arturo Pérez-Reverte (introductor del término por estos lares en 2009) para criticar a las ministras sin tener que molestarse en observar sus actuaciones políticas.

A pesar de que su caracterización presenta algunas inconsistencias – ¿cómo consigue abortar sin parar si solamente mantiene prácticas sexuales lesbianas? –, ha triunfado en ámbitos diversos: de los tertulianos de derechas a determinados sectores reaccionarios dentro de colectivos de izquierdas; de los grupos procustodia compartida que quieren cambiar la Ley de Divorcio para que no favorezca a las mujeres a los ultracatólicos que se oponen a toda posibilidad de romper la alianza sacramental. Todos, de manera más o menos velada, reproducen en sus discursos el terror que causa este ser.

Hipérboles aparte, la caricatura se extiende y llega a contar con cierta aceptación social. "Los sectores de ultraderecha son los que azuzan el fuego, pero al final arrastran a sectores amplios de la ciudadanía y logran que su crítica (basada en una versión manipulada) se extienda", cuenta June Fernández, periodista e impulsora de Pikara, una revista online con perspectiva de género.

Más allá de la caverna

El nivel de crispación es difícil de medir, pero, dentro de los movimientos sociales, Serena, activista feminista, afirma que no es que esté creciendo el antifeminismo, sino que "al hacerse más evidentes las reivindicaciones en espacios mixtos como el 15M, las reticencias también son más visibles". De su experiencia en la ciudad de Sevilla destaca positivamente actividades antisexistas novedosas organizadas en esa ciudad en los últimos meses, que podrían significar tanto un rebrote de agresiones como mayor preocupación por el tema.

La politóloga Lucía del Moral, que también participa en colectivos feministas, observa que "están surgiendo iniciativas y movimientos que tienen mucho de feministas, por ejemplo en su forma de organización (decisiones por consenso, respeto a los tiempos...) o en los temas sobre los que trabajan (valorización de lo no monetario)", pero que no siempre, "o más bien casi nunca", se autodefinen como tal. "¿Por miedo que se le acuse de radicales?", se pregunta.

Críticas ha visto muchas Inwit, de la comisión que gestiona la web y las redes sociales de la Asamblea de Sol, porque escribe en femenino. Cuando tuitea invitando "a todas" a una convocatoria, le suelen responder algo como "¿entonces los hombres no podemos ir?" En su opinión, "todo el mundo me entiende si, desde detrás de mi barba, digo ’nosotras’, pero hay algo que no cuadra, que no está en orden".

Que en español el masculino sea considerado neutro "es tan sólo otra formalidad que fue instaurada, por supuesto, por hombres (no en vano hasta hace 30 años no hubo una mujer activa en la RAE)", dice. Usar el femenino como genérico "es una herramienta para visibilizar que, en verdad, hay cosas mucho más graves que una incorrección gramatical que no están bien en nuestro entorno". El cuestionamiento parece escocer porque un alto porcentaje de los comentarios críticos que se dejan en tomalaplaza.net hablan precisamente de gramática.

June Fernández tiene una experiencia similar: tras escribir una entrada en su blog en la que contaba situaciones calificables como "micromachismos" (machismo cotidiano y de baja intensidad), recibió, además de comentarios razonados, un aluvión de insultos. "Es curioso cómo yo analizaba el machismo sutil y la respuesta por parte de muchos hombres ha sido la agresión machista no precisamente sutil".

Mucho más que palabras

Cuando Ana Mato estrenó su cartera de ministra cambió la denominación de la violencia de género por "violencia en el entorno familiar". No se trata de un cuestión lingüística, supone ocultar que las relaciones desiguales que fomenta el patriarcado tienen que ver con esta violencia y que, aunque los antifeminazis quieran dar la vuelta a los porcentajes, la sufren muchas más mujeres que hombres.

June Fernández ve una clara relación entre el antifeminismo y el giro institucional en políticas de igualdad, apoyado en la creencia de que no son necesarias. "Está dificultando la concienciación de la ciudadanía porque calan mitos como que los hombres maltratan físicamente pero las mujeres psicológicamente, que las políticas de acción positiva son injustas, que el feminismo es sinónimo de hembrismo..." Le preocupa "el bulo de las denuncias falsas, que puede restar seguridad a las mujeres a la hora de denunciar" y "que se refuerce el estereotipo de mujer manipuladora y avariciosa que alimentan los grupos procustodia compartida".

En este sentido, Lucía del Moral resalta que en un contexto de crisis las reivindicaciones feministas pasan a segundo plano –"con la que está cayendo, ¿vais a venir con eso?"– también en entornos activistas. Además, a los hombres que se quedan "parados del todo", los que pierden el empleo y no asumen trabajo doméstico, "no creo que les haga gracia sentirse cuestionados". Podría relacionarse con que, en época de escasez, las personas privilegiadas tienden a abrazar ideologías conservadoras para conservar esos privilegios, igual que aumenta la xenofobia hacia la población inmigrante.

La disminución de las políticas y el gasto social en favor de la igualdad es paradójica si se tiene en cuenta que a las mujeres les afecta más la crisis, como demuestra el economista Juan Torres López (ATTAC) en su blog, en un artículo lleno de datos que confirman que el feminismo sigue siendo necesario. Por ejemplo, que el porcentaje de mujeres que cobran por debajo del salario mínimo es el triple que el de los hombres o que el 70% de quienes reciben las pensiones más bajas son mujeres..

Marta G. Franco (Redacción)

Por mas informacion leer el siguiente vinculo:

http://www.diagonalperiodico.net/La-enesima-version-de-la-caza-de.html

29 de febrero de 2012

Senegal: más allá de la tradición .


¿Qué es la ablación?

La mutilación genital femenina o ablación se refiere a varios tipos de operaciones tradicionales llevadas a cabo en mujeres y niñas. La ablación tiene dolorosas consecuencias, tanto a corto como a largo plazo, para la salud de la mujer, que incluyen las hemorragias, los problemas de orina, las infecciones, la infertilidad y las complicaciones en el parto.

Se estima que entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas han sufrido alguna mutilación genital y que cerca de 3 millones de niñas están en riesgo de padecer una operación de ese tipo este año.

27 de febrero de 2012

Miedos y temores en la primera infancia (0-6 años).



Si miramos hacia atrás, seguramente recordemos momentos en los que siendo pequeños hemos sentido miedo, noches en las que nos costaba dormirnos o situaciones que nos causaban temor. Todos los niños pasan por momentos de temores a lo largo de su desarrollo.

Podemos observar este sentimiento desde que nuestro hijo es todavía bebé y, aunque cada niño sea diferente, algunos son más sensibles y se asustan con más facilidad. Hay tantos miedos como personas, pero algunos aparecen de forma frecuente a lo largo de las distintas etapas por las que va pasando el niño en su primera infancia:

Miedos a los ruidos fuertes e inesperados. Este miedo lo observamos en casi todos los bebés. Frente a cualquier estímulo fuerte, repentino o intenso el niño puede reaccionar llorando. Por ejemplo: un portazo, el ruido de una sirena, petardos, etc.

Miedo a los extraños. Entre los 6-8 meses muchos bebés comienzan a mostrar temor a los extraños. Los padres suelen sorprenderse ya que no habían notado esto hasta entonces. Esto es señal de que ha aumentado la capacidad y sensibilidad del bebé para darse cuenta de con quien está. Será importante que cualquier cambio que tenga el niño en su vida sea gradual y acompañado de sus papás. Por ejemplo, si la madre empieza a trabajar y deja al niño con una cuidadora, podrá empezar estando ella unos días mientras su hijo conoce a esta nueva persona.

Miedo a separarse de los padres. Este temor aparece cuando el niño ha de separarse de sus figuras de apego. Aunque a partir de los 6-8 meses ya aparece, este miedo se intensifica alrededor del año y medio o los dos años. Podemos observarlo cuando el niño comienza el colegio por primera vez o cuando los padres han de ausentarse. Cuanto más gradual sea la separación de mamá y papá más fácil será para el niño adaptarse a estas situaciones.

Miedo a la oscuridad, brujas, monstruos… Estos miedos aparecen por la noche cuando el niño se va a la cama. Lo podemos observar a partir de los tres años aproximadamente. Es una buena etapa para utilizar cuentos. Si el niño se identifica con un héroe de ficción que acaba venciendo sus temores podrá calmarse y adquirir algún recurso para enfrentarse al miedo. También podemos dejar una luz pequeña que haga más fácil el momento de irse a la cama.

Miedo a la muerte. A partir de los 5-6 años aproximadamente el niño empieza a ser más consciente de lo que significa la muerte. Puede ser una etapa donde el niño haga muchas preguntas para lograr comprender este acontecimiento. Sera bueno para el pequeño que sus papás se muestren accesibles y respondan sus preguntas adecuando las respuestas a la edad del niño.

¿Que le pasa a nuestro cuerpo cuando tenemos miedo?

El miedo es una emoción instintiva y actúa en nuestro cuerpo como una señal de alarma. Dentro del cerebro, la amígdala es la responsable de detectar cualquier peligro, avisando a nuestro cuerpo para que este se ponga en marcha y se defienda. Por lo tanto debemos ver esta señal como algo que nos protege frente a los peligros, ya sean estos reales o imaginarios. A los padres les suele resultar difícil consolar a su hijo cuando está asustado y dudan sobre cómo reaccionar. ¿Hablamos sobre ello? ¿Le acompañamos a la cama? ¿Le quitamos importancia? ¿Dejamos una luz encendida por la noche?

Es importante trasmitir al niño que tener miedo a veces es normal y que a todos los niños les pasa. Será de gran ayuda poner palabras al miedo del niño y tratar de calmarlo. Por ejemplo: "Parece que ese ruido tan fuerte te ha asustado ¿verdad? Mamá te cogerá un poquito y el ruido pasará enseguida".

También podemos ayudar a los más pequeños a transformar el miedo en interés. Por ejemplo: "Ese perro tan grande te asusta, ¿verdad? Nos podemos alejar un poco y verlo desde allí, ¿has visto cómo corre a por la pelota?"

Los objetos transicionales como el chupete, el osito…pueden ayudar a que el pequeño se calme, así como el lenguaje que utilicemos y el tono de voz.

Es importante no ridiculizarle. Por ejemplo: "Pero ¿por qué lloras? Tener miedo es de bebés, ya sabes que las brujas no existen". Avergonzar al niño sólo hará que se sienta confuso por sus sentimientos.

Cuando el niño aún no tiene la edad adecuada para separar fantasía de realidad no es aconsejable que vea películas o programas con imágenes violentas o con personajes que les pueden causar temor.

Hemos de trasmitirle al niño que lo que ahora le asusta acabará pasando a medida que se vaya haciendo mayor. Los padres pueden contarle ejemplos de cuando eran pequeños y de cómo resolvieron ellos sus temores.

Otras causas del miedo

Además de los miedos más frecuentes, el niño puede pasar por momentos de temores por distintas circunstancias. Será de gran ayuda que los padres puedan reflexionar sobre algunos aspectos:

¿Ha tenido el niño una mala experiencia anteriormente, algún suceso que le puede estar asustando? Si es así podemos hablar con el niño sobre este suceso que le preocupa tratando de buscar soluciones juntos. También los cambios en las rutinas pueden hacer que el niño se sienta intranquilo. Por ejemplo: un cambio de casa, de colegio, un nuevo hermanito, separación de los padres etc.

¿Cómo se sienten los padres cuando ven a su hijo asustado? Si a un padre le afecta en exceso que su hijo tenga miedo, ya sea porque lo ve demasiado frágil o porque le hace conectarse con miedos suyos infantiles, es probable que reaccione de una manera excesiva tratando de reprimir el miedo del niño o dándole mucha importancia. Esto hará que el niño viva lo que le pasa con más ansiedad y se incremente su miedo.

¿Cómo actúan los padres cuando ellos mismos están asustados? Si alguno de los padres expresa miedo frente a algún acontecimiento, un niño sensible puede sentir la misma inquietud. La conducta que el niño observa en sus padres es la pauta que interioriza, por lo que debemos ser cuidadosos y reflexionar sobre como nos mostramos ante nuestros hijos.

¿Usan los padres el miedo en su modelo educativo? A veces escuchamos: "O te comes todo o te llevará el hombre del saco", "O te portas bien o te encerraremos en el cuarto oscuro"... Esto tendrá consecuencias negativas a largo plazo ya que el niño aprenderá a obedecer por miedo, no porque vaya interiorizando las normas y pautas de comportamiento.

La mayoría de los miedos van disminuyendo a medida que el niño se hace mayor, ya que va aumentando su capacidad cognitiva. Pero si los miedos del niño son excesivos, empiezan a interferir en su modo de vida y se prolongan en el tiempo, será bueno consultar con un profesional que ayude a los padres a entender qué le está pasando al niño y cómo ayudarle.

Berta Ponce    
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/blogs/relacion-padres-hijos/2012/02/23/miedos-y-temores-en-la-primera-infancia-06-anos-93088/

23 de febrero de 2012

Guia para el uso del lenguaje no sexista.






Avanzar hacia la plena igualdad de género


en el medio laboral requiere cambios, modificaciones


y ajustes en ámbitos diversos,


para contribuir al necesario cambio de mentalidades:


en legislación, en educación, en los medios


de comunicación, en el lenguaje…


En el contexto legislativo actual, tras la aprobación


de la Ley Orgánica de Igualdad, se faculta extraordinariamente


al ámbito de la negociación colectiva


como el idóneo para luchar contra las discriminaciones


de oportunidades y trato entre mujeres y hombres


que puedan producirse en el escenario laboral.


Igualmente, nuestro trabajo sindical reclama incorporar


una perspectiva de género, lo que significa integrar


en cada intervención el objetivo de la igualdad


de género y la consecución de formas de participación


y representación igualitarias para mujeres y


hombres. Tenemos presente que el lenguaje no es


neutral ni secundario en ningún caso, tampoco en


estos ámbitos; el lenguaje utilizado para redactar el


convenio colectivo es susceptible también de generar


discriminación de oportunidades y de trato entre


mujeres y hombres; por su parte, el de los espacios


comunicativos sindicales, con su variedad de textos


y documentos, debe reflejar necesariamente el protagonismo


compartido de hombres y mujeres en estas


tareas, así como hacerse eco de mensajes y contenidos


que permitan avanzar en igualdad.


En las alternativas que se proponen para un uso no


sexista del lenguaje, todas permitidas por la estructura


y las leyes de funcionamiento del castellano, hay


algunas más afianzadas y asumidas ya por una mayoría


de hablantes, mientras en otros casos se oscila


entre diversas variantes, en espera de ver qué solución


lingüística se impone. Sin duda, la opción elegida


será la que visibilice más nítidamente la diferenciación


de hombres y mujeres, por ser una exigencia


de la comunicación y de la representación en nuestro


tiempo.


Una primera versión de esta Guía se publicó por primera


vez en 2008, dedicada a identificar buenas


prácticas para el uso del lenguaje no sexista en la


Negociación Colectiva. La presente edición, actualizada


y ampliada, abarca tanto los textos de los convenios


colectivos como otros espacios comunicativos,


documentos y textos habituales en los ámbitos


laboral y sindical. Con esta publicación, buscamos


favorecer el uso de términos y expresiones libres de


sexismo, superando el lenguaje tradicional que invisibiliza


y discrimina a las mujeres. Es preferible el esfuerzo


consciente por buscar una opción libre de sexismo,


mientras sea lingüísticamente aceptable, que


quedarse en el terreno de lo tradicionalmente aceptado,


pero con un efecto discriminatorio, consecuencia


de hábitos que masculinizan el lenguaje y por


tanto la representación escrita de la vida y la realidad,


lo que expulsa a las mujeres del universo simbólico.





Al lenguaje de la negociación colectiva todavía


no ha llegado la plena igualdad de


oportunidades y trato entre mujeres y hombres.


Si persiste una desigualdad en el lenguaje del


convenio, si el lenguaje no es neutral porque no representa


de manera igualitaria a mujeres y hombres,


esto puede tener efectos perjudiciales sobre


las condiciones laborales de mujeres y hombres.


De igual manera, debemos prestar una atención


especial a la utilización de un lenguaje no discriminatorio


tanto en los documentos propios del ámbito


laboral como en los documentos, escritos y formularios


de nuestras organizaciones sindicales.


La cuestión del lenguaje no es secundaria, ni en el


conjunto de las relaciones laborales, ni en el proceso


de la negociación colectiva. Como saben bien


quienes intervienen en ella, incorporar o no una


cláusula, o una palabra en una cláusula, puede


modificar sustancialmente el resultado


La cuestión del lenguaje no es secundaria, ni en el


conjunto de las relaciones laborales, ni en el proceso


de la negociación colectiva. Como saben bien


quienes intervienen en ella, incorporar o no una


cláusula, o una palabra en una cláusula, puede


modificar sustancialmente el resultado.


Tampoco lo es en los documentos y escritos que


utilizamos sindicalmente. A este respecto hay que


hacer referencia al avance producido en los últimos


años, no obstante, aún con cierta frecuencia


observamos que pervive una redacción masculinizante.


Tenemos que saber que cuando se redacta


uno de estos textos con lenguaje masculinizante


no sólo estamos incumpliendo los objetivos igualitarios


aprobados en nuestros congresos confederales,


también estamos dejando fuera de la escena


sindical a las trabajadoras, a las afiliadas, a las mujeres


El tipo de lenguaje que usamos no es inocente. El


lenguaje "ordena" simbólicamente el mundo. Puede,


pues, "ordenar" la jerarquía entre los sexos, reproduciendo


acríticamente el sistema de sexo-género,


lo que quiere decir en otras palabras que con


nuestra forma de hablar o de escribir estamos contribuyendo,


sin saberlo y sin que probablemente sea nuestra intención, a mantener diversas formas


de discriminación hacia las mujeres.


Si utilizamos un lenguaje que oculta a las mujeres


favorecemos su subordinación social. Si usamos


un lenguaje que toma como norma y medida de lo


humano al hombre, a lo masculino, sin cuestionar


que una de las dos partes de la especie humana


pueda representar al todo mientras la otra parte


queda excluida, ayudamos a que persista en el


imaginario colectivo la percepción de que las mujeres


son subsidiarias, secundarias, prescindibles.


Como hablantes también nos posicionamos con el


uso que hacemos del lenguaje. ¿Estamos a favor


de la igualdad, a favor del avance social, a favor de


los derechos? ¿O creemos que podemos ser progresistas

en lo social e inmovilistas en el lenguaje?


Por mas informacion leer el siguiente vinculo:
http://www.ccoo.es/comunes/temp/recursos/1/643228.pdf

Carmen Bravo Sueskun

Secretaria Confederal

de la Mujer de CCOO

20 de febrero de 2012

Violencia contra las mujeres en tiempo de guerra.


Millones de mujeres y niñas llevan la peor parte en las guerras de hoy, debido a la particular amenaza que representan para ellas la violencia sexual y otros abusos. En ocasión del décimo aniversario de la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad, Christine Beerli, vicepresidenta del CICR, hace un llamamiento a fortalecer la protección de las mujeres en tiempo de guerra.

Hace diez años, las esperanzas y aspiraciones que rodeaban la llegada del nuevo milenio se expresaron en diversas iniciativas de nivel mundial cuya finalidad era, básicamente, poner fin a algunas de las peores injusticias del mundo. La resolución N.º 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sobre las mujeres, la paz y la seguridad, fue una de esas iniciativas. En esta resolución, el Consejo señaló a la atención de la comunidad internacional el desproporcionado y específico impacto que los conflictos armados tienen en las mujeres es instó a que las mujeres participaran plenamente en la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. Además, la resolución 1325 reflejó el reconocimiento político de que la mujer y el género constituyen elementos fundamentales para la paz y la seguridad internacionales.

El décimo aniversario de la resolución -que se cumplió en octubre- es una buena ocasión, no para celebrar su adopción sin reservas, sino para reflexionar más pausadamente sobre lo que todavía puede y debe hacerse para que las buenas intenciones se traduzcan en realidades y las palabras en acciones significativas.

Sea en la República Democrática del Congo o en Colombia, Afganistán o Irak, para citar tan sólo algunos ejemplos, millones de mujeres y niñas llevan la peor parte en las guerras de hoy, a menudo porque son destinatarias de actos de violencia deliberadamente ejercidos contra ellas como método de guerra. Están particularmente expuestas a la violencia sexual y a otros abusos. En muchos casos, la guerra las obliga a desplazarse, las separa de sus familiares y obstaculiza su acceso a los alimentos, al agua potable y a la atención médica. También puede suceder que las mujeres queden a cargo del mantenimiento de sus familiares como único sostén de familia.

El derecho internacional humanitario constituye una base sólida para la protección de la mujer en tiempo de guerra, principalmente mediante los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales. Para mencionar tan sólo un ejemplo, la violencia sexual constituye, de manera inequívoca, un crimen de guerra tanto en los conflictos armados internacionales como en los no internacionales.

Sin embargo, las atrocidades que se cometen en forma permanente contra las mujeres en el este de la República Democrática del Congo son sólo uno de los siniestros recordatorios de que las normas vigentes se infringen de manera flagrante y, a menudo, con la impunidad más absoluta. Hacer respetar las normas es un desafío permanente y la responsabilidad principal incumbe directamente a los Estados, que han ratificado universalmente los Convenios de Ginebra. No sólo deben velar por la aplicación de las normas sino también hacer que sean plenamente respetadas.

Es verdad que se han logrado algunos avances. En la legislación nacional de los Esta dos, se reconoce la responsabilidad penal de los autores de violaciones del derecho internacional humanitario y efectivamente se los obliga a rendir cuenta de sus crímenes. Varios tribunales internacionales y la Corte Penal Internacional han reforzado el concepto de la responsabilidad por los crímenes de guerra.

Pero es mucho lo que queda por hacer. Tanto las fuerzas armadas como los grupos armados deben comprender que la violencia sexual es un crimen de guerra y que los violadores serán sancionados. En este sentido, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) desempeña un papel importante, sobre todo por sus actividades de formación en materia del derecho internacional humanitario y la difusión de sus normas. Pero, los Estados y sus poderes judiciales también deben cumplir con su función. ¿Qué mejor medio de disuadir a los potenciales criminales de guerra que la efectiva aplicación de la ley?

No cabe duda alguna de que es mejor prevenir que curar. Las consecuencias de la violencia sexual como arma de guerra van más allá del terrible dolor y del trauma que sufren sus víctimas directas: pueden desestabilizar profundamente a sociedades enteras mucho tiempo después de terminado el conflicto. Algunas de las posibles consecuencias de esa violencia son la estigmatización y el rechazo de las víctimas y el colapso de las normas sociales y culturales. Esta situación puede conducir, por último, a la inestabilidad económica.

Para remediar esas consecuencias, es preciso elaborar una respuesta multidimensional que, como aspecto fundamental, se aplique directamente tanto a las víctimas de la violencia sexual como a otras mujeres interesadas. Es imprescindible que las mujeres participen de manera efectiva en la búsqueda de soluciones a sus problemas, para que esas soluciones tengan posibilidades de éxito. Las organizaciones humanitarias y los donantes, incluidos los Estados, deben esforzarse por garantizar este aspecto en los programas que aplic an en todas las etapas de un conflicto armado, desde la prevención a la protección y la recuperación posterior al conflicto. Relegar a las mujeres a la categoría de víctimas pasivas las desempodera y es contraproducente, puesto que las excluye aún más de las actividades humanitarias y de mantenimiento de la paz.

Como mujer, es mi deseo que este décimo aniversario de la resolución de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad sea recordado como el anuncio de una nueva medida concreta: que los Estados no sólo adopten medidas concretas para tipificar la violencia sexual como crimen en sus legislaciones nacionales, sino que los autores de violaciones sean enjuiciados. Entonces, las mujeres de todo el mundo sí tendrán un verdadero motivo para festejar.
http://www.icrc.org/spa/resources/documents/statement/women-statement-2010-10-31.htm
http://www.icrc.org/spa/index.jsp

19 de febrero de 2012

¿Es usted sexista (en su lenguaje)?.


En los últimos años, y a partir de la aprobación de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, se están produciendo importantes avances en el ámbito social y legislativo que han propiciado cambios favorables para conseguir que la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres sea real y efectiva.

La actual presencia de las mujeres en la vida pública y sus nuevos roles, tienen grandes repercusiones en el lenguaje que nos hacen replantearnos nuestros hábitos lingüísticos para que respondan a esta nueva realidad.

A través del lenguaje, en estrecha relación con nuestro pensamiento, se nombra e interpreta la realidad en la que vivimos. Refleja lo que la sociedad es en cada momento, pero a su vez, en constante evolución de acuerdo con los cambios que experimenta la humanidad, va creando nuevas formas en virtud de lo que sus hablantes desean que sea la sociedad en la que viven.

El sexismo lingüístico
es el uso discriminatorio del lenguaje que se hace por razón de sexo. Tal y como considera la lingüista Eulalia Lledó "el lenguaje no es sexista en si mismo, sí lo es su utilización. Si se utiliza correctamente también puede contribuir a la igualdad y a la visibilización de la mujer".

Una de las cuestiones más polémicas relacionadas con el sexismo lingüístico proviene de la confusión que se establece entre sexo y género gramatical. Mientras que el sexo es un rasgo biológico que poseen algunos seres vivos, el género gramatical es un rasgo inherente a determinados tipos de palabras, que sirve para clasificar los sustantivos en masculinos y femeninos y, en el caso de los adjetivos y determinantes, para establecer su concordancia.

Una manera de advertir este sexismo estriba en aplicar la denominada "regla de inversión", que consiste en probar si el texto es correcto al sustituir los términos femeninos por los correspondientes masculinos, y viceversa.

El sistema lingüístico del castellano ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en su uso. Existen múltiples recursos lingüísticos que no requieren desdoblar continuamente (que es lo que la mayoría entiende como solución al sexismo del lenguaje); se trata de utilizar estrategias y recursos que posee nuestra lengua y que no faltan ni a la gramática, ni contravienen el principio de economía del lenguaje, sino todo lo contrario, ya que la mayoría se caracterizan, precisamente, por su brevedad. No podemos olvidar que el
Guía del lenguaje no sexista. 2 principio fundamental del lenguaje es que la comunicación sea efectiva, por lo que, en el peor de los casos, siempre será preferible usar un término más a que el mensaje resulte equívoco y/o sexista.

La Oficina de Igualdad de la UNED ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios el integrar la perspectiva de género en todos los procesos que se originan en esta Universidad. En este sentido, y como primer paso para su consecución, la Oficina de Igualdad proporciona a la comunidad universitaria esta guía, que pretende ser una herramienta práctica y sencilla, dirigida a todos sus miembros con un doble fin: evitar el uso sexista en los documentos administrativos y resolver sus dudas mediante la aportación de soluciones sencillas y no discriminatorias.


Lucía González  
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/03/espana/1328274657.html?cid=GNEW970103

Para seguir el artículo completo visite el siguiente vínculo:
http://portal.uned.es/pls/portal/docs/PAGE/UNED_MAIN/LAUNIVERSIDAD/VICERRECTORADOS/GERENCIA/OFICINA_IGUALDAD/GUIA_LENGUAJE.PDF