11 de noviembre de 2015

ANTROPOLOGÍA DEL GÉNERO .



1. DIFERENCIA ENTRE SEXO Y GÉNERO
En este apartado cuestionaremos la naturaleza de las diferencias de sexo analizando el carácter complejo de lo que significa ser hombre o mujer. Veremos primero las diferencias históricas entre los sexos, después los aspectos de la socialización que influyen en la feminidad o masculinidad.
Sexo, género y biología: Mientras el sexo se refiere a características físicas del cuerpo y al acto sexual en sí mismo, género alude a las diferencias psicológicas, sociales y culturales entre los hombres y las mujeres. El término "sexo" es ambiguo. La distinción entre sexo y género es fundamental, ya que muchas diferencias entre varones y hembras no son biológicas en origen. Se piensa que las diferencias de sexo son genéticas pero esto no es del todo correcto. Es útil por tanto, distinguir entre sexo, en el sentido fisiológico o biológico del término, y género, que es un constructo cultural, es una relación variable, contingente y por lo tanto cambiante (una serie de modelos de comportamiento aprendidos).
Socialización en el género: La socialización de los géneros empieza desde el preciso momento del nacimiento del niño. Los estudios sobre la interacción madre- hijo muestran diferencias en el tratamiento entre los niños y niñas, aunque los padres piensen que sus reacciones son las mismas. Los adultos deben tratar a los niños del mismo modo. Los juguetes, los libros con fotos y los programas de televisión con los que los niños entran en contacto, tienden a destacar la diferencia de atributos femeninos y masculinos. Claramente, la socialización en el género es muy poderosa, y los desafíos pueden resultar perturbadores.
Identidad de género y sexualidad. Tres teorías. : La identidad del género y los modos de expresión de la sexualidad se desarrollan conjuntamente. Se ha dicho que la masculinidad depende de la representación del apego emocional íntimo hacia la madre, y que de ello deriva la "inexpresividad masculina". A continuación, tres teorías:
a) Teoría de Freud del desarrollo del género
Según Freud, el aprendizaje de las diferencias de género en los bebés y los niños pequeños se centra en la posesión o carencia de pene, lo cual significa un símbolo de masculinidad o feminidad. Freud parece identificar de un modo demasiado directo la identidad de género con la consciencia genital. La teoría parece apoyarse en la noción de que el pene es "por naturaleza" superior a la vagina.
b) Teoría de Chodorow del desarrollo del género
Para él, a diferencia de los niños, las niñas siguen apegadas a la madre, estarán durante más tiempo que el niño apegadas a la madre, tendiendo a crear la sensibilidad y compasión emocional de la mujer. Por el contrario, los niños aprenden a no ser "afeminados". Para él la masculinidad (no la feminidad) es una pérdida porque como resultado de todo lo anterior, los niños pierden la habilidad para relacionarse íntimamente con los demás, reprimiendo su capacidad de comprender sus propios sentimientos: inexpresividad masculina.
  • Género, persona y moralidad: la teoría de Carol Gilligan
  • El lugar que ocupan las mujeres en la vida de los hombres es tradicionalmente el de cuidadoras y compañeras. Pero las cualidades que se desarrollan para estas tareas son a veces infravaloradas por los hombres. La preocupación de las mujeres por las relaciones aparece como una debilidad y no como la fortaleza que a menudo supone.
    Trabajo doméstico asociado a la mujer: Surgió con la separación del hogar y el lugar de consumo más que de producción de bienes. El trabajo doméstico se volvió "invisible" cuando el "trabajo real" empezó a definirse cada vez más como aquel por el que se recibe un salario.
    Rosaldo en su artículo habla de las orientaciones domésticas y orientaciones públicas. Para él, doméstico hace referencia a formas de actividad organizadas dentro de un modo inmediato alrededor de una o varias madres y sus hijos. Con relación a lo público, hace referencia a formas de asociación o actividades que unen, clasifican u organizan determinados grupos de madres e hijos. Esto es el soporte que determina o relaciona a la mujer con la vida doméstica y al hombre con la pública. En el artículo de Rosaldo se podría ver cómo a la mujer se le atribuye el entender mejor los intereses de las familias, y al hombre los intereses de los aspectos más amplios de la familia, como conjunto. Las mujeres no se preocuparían por el interés común, de ahí que a las mujeres las asocien con el egoísmo y al hombre con la solidaridad. La mujer es responsable de la crianza de los hijos, el hombre no. La distancia del hombre con el grupo doméstico le confiere autoridad. Esta distancia permite al hombre controlar y manipular, mientras que para la mujer es mucho más difícil acceder a ella. En algunas zonas árabes las mujeres sólo ven a su esposo cuando le sirve la comida y unas horas cuando están en la cama. En cuanto al status que lograrán, Rosaldo expone que hay sociedades en que la niña debe seguir los pasos de su madre mediante un proceso continuo, mientras que el niño deberá buscar la masculinidad fuera de casa, despreciando el mundo de la madre. Pero lo expuesto por Rosaldo se critica porque las categorías que usaba eran etnocéntricas. A partir de estas críticas se piensa en la importancia de a que si las cosas son variables, pueden cambiar, y que podemos trabajar para conseguirlo. Por otra parte, Landes afirma que la vida de la mujer es un todo desordenado y espontáneo.
    2. PATRIARCADO Y MATRIARCADO
    Patriarcado y producción: Aunque existen notables diferencias en los roles respectivos de las mujeres y los hombres en diferentes culturas, no existe una sola sociedad en la que las mujeres sean más poderosas que los hombres. A esta dominación masculina sobre las mujeres es a lo que se denomina patriarcado, es una forma de organización social en la que el varón ejerce la autoridad en todos los ámbitos, asegurándose la transmisión del poder y la herencia por línea masculina. Al parecer, la sociedad en sus inicios se rigió por el sistema de matriarcado, situación inversa en la que la mujer es cabeza de familia y transmisora del parentesco. La actividad económica de subsistencia dependía en su totalidad del varón. La organización patriarcal se caracteriza fundamentalmente por la existencia de familias numerosas, normalmente basadas en la poligamia, dirigidas por el varón de más edad; la posición secundaria y subordinada de la mujer; la transmisión por línea masculina de bienes materiales y privilegios sociales, o el patrilinaje. Todas las sociedades que se conocen son patriarcales, aunque el grado y el carácter de las desigualdades entre los sexos varían considerablemente no sólo de unas culturas a otras, sino también dentro de la misma cultura. El patrilinaje, en sociología y antropología, sistema de organización social en la que la descendencia se organiza siguiendo sólo la línea masculina y todos los hijos llevan el apellido del padre o pertenecen a su clan. Este sistema suele ir asociado con frecuencia a la transmisión por línea masculina de los bienes materiales y las prerrogativas sociales, como la primogenitura, en virtud de la cual el hijo mayor es el heredero único. La organización social de los antiguos hebreos, era fuertemente patrilineal. El patrilinaje todavía pervive entre los pueblos nómadas actuales, sobre todo en el desierto árabe y en las estepas de Asia central. La organización de la familia y del clan de los antiguos griegos y romanos también era patrilineal, como lo era la organización familiar y social de Europa durante la edad media. En la sociedad occidental moderna subsisten variantes de este sistema arcaico, como la transmisión del apellido paterno y la herencia exclusiva para los varones. Un ejemplo de sociedad patrilineal es la tribu el shabana, la cual está situada en una pequeña ciudad de Irak. Las mujeres de esta tribu no podían mostrarse en público, así se pasaban la vida en patios interiores. Los contrastes entre naturaleza masculina y femenina están determinados culturalmente. En esta sociedad se da una fuerte desigualdad en la producción. La desigualdad entre hombre y mujer fomenta la aparición de vínculos internos en cada uno de los grupos. En la sociedad de los wodaabe, el dominio de los varones en los terrenos económico, político y social apenas deja nada al papel femenino que pueda interesar a los antropólogos. De ahí que haya pocos estudios dedicados a la vida de las mujeres de pueblos dedicados al pastoreo. Se trata de un pastoreo facultativo, que depende fundamentalmente de leche y sus derivados. ¿Por qué el matriarcado es universal de una u otra manera? El papel de las madres y cuidadoras restringe a la mujer a las actividades domésticas, ocupando así el "segundo puesto", quedando por tanto excluidas de las actividades públicas. Para la inmensa mayoría de la población en las sociedades preindustriales, las actividades productivas y las actividades del hogar no estaban separadas, lo que cambió notablemente con el desarrollo de la industria moderna. Se acabó asociando a las mujeres con los valores "domésticos", aunque la idea de que el " lugar de una mujer está en la casa" tenía implicaciones diferentes para las mujeres de los distintos estratos de la sociedad. Hoy, las mujeres trabajadoras están concentradas de un modo aplastante en las ocupaciones peor pagadas y más rutinarias. El que la mujer tenga o no hijos influye en su participación en la fuerza de trabajo remunerada. Hay más mujeres que hombres empleadas en ocupaciones a tiempo parcial. Por el momento no podemos decir hasta qué punto estas extremas desigualdades de género podrán llegar a ser menos acusadas en un futuro próximo.
    ¿ Existen sociedades matriarcales? : Es cierto la existencia de sociedades matrilineales, pero sociedades matriarcales como tal no, ya que el poder siempre ha estado detentado por el hombre. El concepto de matrilinaje, en sociología y antropología, podemos definirlo como un sistema de organización social en el que la descendencia se organiza siguiendo sólo la línea femenina y todos los hijos pertenecen al clan de la madre. Este sistema se asocia a veces con la herencia por línea femenina de los bienes materiales y prerrogativas sociales. El matrilinaje está vigente en numerosas culturas de todo el mundo. Existe, en formas diversas, entre las distintas sociedades tradicionales de Australia, Sumatra, Micronesia, Melanesia y Formosa; en la India se da en Assam y por toda la costa Malabar; en África en muchas regiones; y en Estados Unidos lo practican algunos pueblos indígenas. En las sociedades matrilineales, según la mayoría de los antropólogos, no es la mujer sino sus hermanos quienes sustentan el poder político. Las mujeres suministran la mayor parte del alimento para la familia. Las mujeres son respetadas esencialmente en virtud de su contribución económica y se han asegurado un trato justo y favorable. Del matriarcado, en antropología, podemos decir que es un sistema político en el que la mujer es dominante sobre el hombre. Es sinónimo de ginecocracia. Los dos pasos más definitorios son: residencia matrilocal y descendencia matrilineal (matrilinaje). Otros pasos coadyuvantes son la matrifocalidad y la poliandria, generalmente fraternal. Hasta la publicación de El matriarcado (1861), obra del filósofo suizo Johann Jakob Bachofen, se creía que el patriarcado era un sistema político familiar intrínseco a la humanidad. Desde ese momento comenzaron a estudiarse etnográficamente los innumerables casos de pueblos en los que encontramos este tipo de sistema político. Los wayúu/guajiros y los mapuche/araucanos son sus más notorios ejemplos en América Latina. Respecto a la posición de algunas autoras feministas sobre el matriarcado, tenemos a marxistas como Leacock, De Beauvoir, Gough, Reed, y no marxistas como lo son Davis, Diner o Borun. Leacock define el matriarcado como una sociedad en que las mujeres habían poseído un poder sobre los hombres, pero niega que tal sociedad existiera nunca. Reed defiende la noción de que existieron matriarcados, pero describió por el contrario una sociedad matrilineal. Davis y Diner aceptan la definición de matriarcado como poder de clase y defienden de hecho la existencia del mismo. Diner opina que el largo período de la prehistoria, la forma social básica fue el clan materno, basado en la supremacía de la maternidad. Para Diner, el matriarcado representa el orden social ideal. De Beauvoir afirma que las mujeres nunca poseyeron poder, excepto el concedido por los hombres.
    Jakob Bachofen confundió mito con historia. Según él, el matriarcado o dominio de la madre sobre la familia y el Estado, era una evolución posterior generada por la profunda insatisfacción femenina ante la "sexualidad descontrolada" a que el hombre le había sometido. A favor del matriarcado estuvieron personalidades como McLennan, Morgan, Tylor, Engel y el citado Bachofen. A favor del patriarcado, Westermark, quien demostró con éxito que en las sociedades de descendencia matrilineal el hombre podía dominar tanto en la familia como en la política. De todo esto lo que podemos asegurar es que aunque los matriarcados hayan existido alguna vez, en la actualidad no existen. No se ha revelado entonces, un solo caso indiscutible de matriarcado. Incluso los iroqueses han resultado tener una sociedad matrilineal, aunque constituye la representación más cercana al "estado ginocrático" ideal de Bachofen. A lo sumo se considera actualmente a los iroqueses como un "cuasimatriarcado".
    El mito del matriarcado es sólo un instrumento utilizado para mantener a la mujer en su lugar. Para liberarla es preciso destruir el mito. Finalmente, se admita o no la existencia de un primitivo matriarcado, la controversia, al menos, impulsa a mujeres (y hombres) hacia el futuro, desafiándonos a imaginarnos una sociedad en la que las mujeres deberían ser liberadas, libres y poderosas.
    Un área de dificultad estriba en la definición de poder, autoridad y status. El status secundario de la mujer en la sociedad constituye un hecho particular. Se pueden distinguir tres niveles del problema:
  • El hecho universal de que en todas las sociedades se asigne a la mujer un status de segunda clase. El status de la mujer será inferior en aquellas sociedades en las que exista una fuerte diferenciación entre terrenos de actividad doméstica y pública
  • Las ideologías, simbolizaciones y ordenaciones socioestructurales concretas relativos a la mujer, que tanto varían de una cultura a otra.
  • Los detalles observables sobre el terreno de las actividades, aportaciones, poder, influencia, etc. de las mujeres, que suelen variar de acuerdo con la ideología cultural. En la mayoría de las sociedades la actividad "doméstica" se asocia a la mujer y las "públicas" o "extra-domésticas" al hombre. Todas las sociedades reconocen diferencias entre sexos y actividades asociadas al hombre y a la mujer. Hay sociedades donde las mujeres son reinas, y sociedades en las que siempre deben ceder ante los hombres. Los sistemas culturales han proporcionado más autoridad y estima a los roles de los hombres. En el capítulo de Rosaldo, se establece que las expresiones culturales de la asimetría de los sexos pueden relacionarse con la economía, pero también las encontramos bajo diversas formas en otros tipos de actividades. Mientras que en las comunidades-ghetto judías de la Europa oriental las mujeres tenían una considerable importancia, en el pueblo de los arapesh, se la situaba siempre en la zona relacionada con la ignorancia y se las consideraban como "hijas de su marido". En la tribu merina de Madagascar las mujeres eran culturalmente idiotas, las desprestigiaban inferiores. No ocurría lo mismo entre los iroqueses, los cuales eran los que más se acercaban a la sociedad matriarcal, pero lo que ocurría era que no eran las mujeres las que gobernaban. En todas partes, los hombres tienen autoridad sobre las mujeres. Algunas veces la autoridad del varón puede verse suavizada.
  • Naturaleza y cultura: Las categorías "cultura" y "naturaleza" son categorías conceptuales. La cultura afirma que es superior a la naturaleza, establece un sentido de diferenciación y superioridad basados fundamentalmente en la capacidad de transformar la naturaleza. La cultura reconoce a las mujeres enraizadas en la naturaleza. Podemos decir también que la mujer está próxima a la naturaleza porque procrea, cuida a sus hijos y por su estructura psíquica. La desvalorización universal de las mujeres puede explicarse afirmando que las mujeres son consideradas más próximas a la naturaleza que los hombres, considerándose que los hombres ocupan de forma más inequívoca los niveles superiores de la cultura. Como consecuencia de todo esto, la mujer es considerada en todas partes inferior al hombre. La posición intermedia de la mujer, entre la naturaleza y la cultura, puede tener una mayor ambigüedad simbólica. Mientras que se defina al hombre en términos de sus logros, será el participante "par excellence", el mundo de la cultura será suyo, y las mujeres no pintarán nada en el orden social. El hombre será el responsable de la cultura y la mujer de la naturaleza y del desorden. En muchas sociedades se ven a las mujeres como algo anómalo. En muchas ideologías patrilineales se pueden considerar innecesarias, sin embargo son de importancia vital para le hombre como procreadoras. Por el hecho de ser importantes tienen poder. En África del sur por ejemplo, se consideran peligrosas y por lo tanto temidas, ya que los hombres dependen de las mujeres. Pero, las sociedades más igualitarias serán aquellas en que las esferas públicas y domésticas se diferencien poco (no es el caso de nuestra sociedad actual) donde el centro de la vida social es la casa. A pesar de que esto varía según la sociedad, pocas mujeres han llegado a tener una posición dominante en el mundo del trabajo. Las sociedades que no crean la oposición entre lo masculino y lo femenino y otorgan una importancia positiva a la relación conyugal y al compromiso de los hombres tanto como de las mujeres en la casa, parecen más igualitarias en términos de los roles sexuales. Un ejemplo de sociedad donde hay una cierta igualdad entre lo doméstico y lo público son la sociedad filipina de los ilongots, donde la división del trabajo del trabajo no es estricta, y donde la única actividad que diferencia a hombres y a mujeres es la caza de cabezas. A diferencia de los ilongots está la sociedad norteamericana donde hay una distancia radical entre lo público y lo privado. Por tanto, se afirma la existencia de asimetrías entre las esferas doméstica y pública. Las mujeres parecen oprimidas en tanto que están relegadas a las actividades domésticas, aisladas de otras mujeres. Éstas obtienen el poder cuando son capaces de trascender de los límites domésticos. Las sociedades igualitarias son en las que los hombres valoran y participan en la vida doméstica de la casa. Pero, a pesar de que se intente implantar este tipo de sociedad, nunca las mujeres serán políticamente equivalentes a los hombres. Tendría que cambiarse la propia naturaleza del trabajo, y es difícil pensar en adaptar nuestra sociedad al modelo de los ilongots. Ahora, para finalizar comentaré la situación de la mujer occidental actualmente, lo cual nos permitirá ver que a pesar del tiempo que ha pasado, retomando la época del Hombre Cazador donde la mujer asumía solo el papel doméstico, sigue habiendo esas diferencias tan notables entre hombres y mujeres, así como la desigualdad de oportunidades en el trabajo, condiciones de trabajo, desempleo,...
    3. MOVIMIENTOS FEMINISTAS
    La antropología del género nace en los años setenta, y está muy relacionada con el impulso feminista. Van a ser importantes la reivindicación de las minorías en sociedades occidentales y la de los pueblos indígenas. En esta época cobra importancia en la antropología feminista sobretodo los movimientos feministas que defendían la defensa y expansión de los derechos de la mujer, ya que no se veía bien que las mujeres fuesen invisibles y estuviesen oprimidas. Estos movimientos reivindican derechos de igualdad como el control de la propiedad privada, la igualdad de oportunidades educativas y laborales, el derecho a sufragio, la libertad sexual, igualdad de salarios a trabajo igual, legalización del aborto, análisis profundo sobre violencia, malos tratos en el hogar, discriminación, acoso sexual laboral e implicación legal de nuevas técnicas de reproducción. El movimiento feminista sigue tres líneas de actuación: la exploración de una nueva solidaridad y conciencia, la realización de campañas a favor de temas públicos y el estudio del feminismo analizando teóricamente el movimiento. El feminismo niega la "inevitabilidad" de la superioridad masculina tanto en el ámbito profesional como el personal. El movimiento feminista tiene como idea central que las mujeres sufren una opresión no compartida por el hombre y de la que por lo general, los hombres son los beneficiarios políticos, sociales, emocionales y económicos. La antropología de la mujer se centró en explicar la posible opresión de la mujer con relación al hombre, y después la diversidad de matices y formas en cómo la opresión se daba en distintas sociedades. La antropología de la mujer tiene el énfasis puesto entre hombres y mujeres, como sistemas de la mujer, analizando sistemas de género. Cada sociedad posee unos derechos y obligaciones para las mujeres y en otra unos derechos y obligaciones para los hombres, lo cual es simplemente resultado de la cultura. En los años setenta, los primeros trabajos feministas fueron el resultado de una relectura de textos clásicos antropológicos para ver que se había desatendido completamente la situación de las mujeres. A partir de aquí es cuando se estudia qué piensan las mujeres y qué hacen. Se reestudiaron las sociedades que antes el hombre había estudiado. Un trabajo a destacar es por ejemplo el de Wener, un trabajo sistemático y que trataba de responder a cuestiones de parentesco y relaciones sociales. Los primeros grupos activos organizados para promover los derechos de la mujer datan del período posterior a la Revolución francesa de 1789, a finales del siglo XVII. En París había clubes de mujeres inspirados en los ideales de libertad e igualdad, pero a lo largo del tiempo se disolvieron. En el siglo XIX, el feminismo progresó más en los Estados Unidos que en ningún otro lugar. En una convención antiesclavista que hubo en 1840 en Londres por ejemplo, no se permitió que ninguna mujer participase, lo cual llevó a las mujeres a considerar más directamente las desigualdades de género en sí mismas. Uno de los acontecimientos más importantes en el desarrollo de los movimientos feministas en Europa fue la presentación de una petición firmada por 1500 mujeres, al Parlamento británico en 1866, pero dicha petición fue ignorada. A principios del siglo XX, la influencia mundial del feminismo británico rivalizó con el feminismo de los Estados Unidos. Durante varias décadas después de 1920, los movimientos feministas entraron en decadencia. En parte, la razón fue el logro mismo del derecho a votar, que se alcanzó en la mayoría de los países occidentales por esas fechas (1928, Gran Bretaña). Las mujeres radicales se unieron normalmente a otros movimientos, como los dedicados a combatir el fascismo. En los sesenta, se favoreció la aparición del feminismo. El descenso de la mortalidad infantil, la mayor esperanza de vida y los anticonceptivos liberaron muchas responsabilidades de la mujer relativas al cuidado de los niños. Pero a finales de los años setenta, los movimientos de la mujer volvieron a ocupar un lugar destacado. A partir de entonces y durante un cuarto de siglo el feminismo ha tenido un gran impacto en todo el mundo, incluyendo muchas sociedades del Tercer Mundo. En esta época, en los setenta, surgió la idea de hacer una antropología observando los papeles que las mujeres desempeñaban, una antropología "entrando por la cocina", de gran importancia. Se empieza a trabajar sobre la causa de la opresión de la mujer, porque estaba claro que en toda sociedad las mujeres estaban oprimidas por los hombres. Las mujeres se encuentran en desventaja en la mayoría de las sociedades tradicionales. No tienen acceso al poder, sino tan sólo a las habilidades domésticas. Se critica la inferioridad de las mujeres, pero también la antropología feminista planteó que proponer ese tipo de explicaciones excepcionalmente sobre la naturaleza provocaba la inestabilidad de la situación. El resurgimiento del feminismo comenzó en los Estados Unidos. Recientemente, los movimientos feministas han presionado para obtener la igualdad económica, la legalización del aborto, entre otras cuestiones. En todas las ciencias sociales y en otros muchos campos, las autoras feministas han planteado la necesidad de volver a pensar ciertas nociones y teorías preestablecidas. La mayoría de las investigaciones realizadas en los últimos años sobre los factores históricos y culturales que afectan a la posición de la mujer, y a otras relaciones de género de un modo más general, han sido posibles gracias a la influencia del feminismo actual. Atendiendo al impacto del feminismo, el movimiento feminista ha alcanzado numerosos logros en los últimos treinta años. Sin embargo, en los ochenta se enfrentó a una contrarreacción. Derechistas sostuvieron que las mujeres debían regresar a los valores tradicionales del matrimonio y la familia, alegaron que el feminismo ha llegado a angustiar a algunas mujeres respecto a estos temas. Tales afirmaciones contradicen los resultados de la investigación sobre el tema, ya que por ejemplo, son más frecuentes las tasas de depresión en mujeres casadas que solteras. Susan Faludi (1992) señaló que las críticas del feminismo efectuadas por los derechistas se filtraron en la conciencia pública creando mitos, dándose por sentado que había llegado una situación de "postfeminismo". ¿Hasta qué punto son válidas estas apreciaciones? Los críticos feministas de ideas como las desarrolladas por Faludi y French (sostiene que los hombres de verdad dominan a sus mujeres) aceptan gran parte de sus reclamaciones, pero cuestionan sus interpretaciones. Mientras ven a la mujer como víctima de la ambición masculina de poder, sin embargo hay categorías "hombres" y "mujeres" son muy amplias e incluyen diferentes tipos de actitud y orientación. Hay muchas divisiones raciales y de todo tipo entre las mujeres, y el feminismo difícilmente puede hablar de todas ellas. Rosalind Coward afirma que las mujeres juegan a menudo un papel en su propia opresión.
    4. SITUACIÓN LABORAL DE LA MUJER ENLA ACTUALIDAD
    El género organiza la división del trabajo. Hasta hace unos años el empleo de las mujeres casadas respondía a razones de estricta supervivencia. Por ello cada vez es más excepcional encontrar familias con la presencia de un solo salario aportado por el hombre. Las imágenes femeninas basadas en la domesticidad resultan hoy cada vez más anacrónicas la mayor parte de las mujeres de hoy se concentran en ocupaciones fuertemente feminizadas y son pocas las que acceden a cargos directivos o a categorías profesionales elevadas. Las mujeres pertenecientes a estratos sociales elevados han tenido acceso a los estudios sin ninguna dificultad, surgiendo entre ellas mujeres con una vida profesional muy activa. Las pertenecientes a la clase media presentan una gran heterogeneidad de situaciones. En los grupos sociales más modestos los niveles de estudio suelen ser bajos, por lo que las oportunidades ocupacionales son limitadas y los empleos de escasa cualificación. A pesar de que hay mujeres que llegan a la cúspide social, representan un porcentaje tan pequeño (7,6% en la actualidad) que podemos afirmar que la mayoría de las mujeres no juegan un papel decisivo en la vida social. Además en cuanto al paro, las mujeres presentan unas proporciones de desempleo más elevadas que los hombres. Esta desigualdad difícilmente podrá desaparecer.
    A lo largo de la historia, el movimiento feminista ha conseguido muchos logros. En la mayoría de los países puede votar y ocupar cargos públicos. Ha conseguido nuevos derechos, acceso a la educación y mercado laboral, entre otras muchas cosas.

    http://html.rincondelvago.com/antropologia-del-genero.html
    Agustín García Gómez

    10 de noviembre de 2015

    Género, pobreza y empleo.


    La pobreza continúa siendo un problema grave en América Latina. En 1997, un 44% de la población (algo más de 200 millones de personas) vivía bajo la línea de pobreza, es decir, los ingresos promedio per cápita de sus hogares alcanzaban para un máximo de dos canastas de alimento básicas mensuales (Cepal, 1999). En la región en su conjunto, aunque el número absoluto de pobres ha aumentado, el porcentaje de personas en situación de pobreza ha disminuido desde los inicios de la década (cuando el nivel de pobreza alcanzaba al 48% de la población) como resultado del crecimiento económico y de una expansión del empleo. La desaceleración del crecimiento económico y el aumento del desempleo en los últimos años de la década, probablemente conducirán a un estancamiento de esa tendencia o a un empeoramiento de la pobreza en varios países.
    El abordaje del tema de la pobreza es complejo. Existen diferentes enfoques sobre las dimensiones que constituyen este fenómeno. Se reconoce que hay un núcleo de privaciones absolutas, que no son relativizables ni sujetas a comparaciones, cuyos requerimientos son universales y cuya medida es la integridad física y psicológica de la persona. Se trata de necesidades que todos, por compartir la calidad de seres humanos, tienen el derecho a satisfacer, subrayando la idea de la dignidad humana vinculada a necesidades universales y a la universalidad de los derechos que la garantizan. La satisfacción de estas necesidades constituye un derecho y una meta ineludible para todas las personas que componen una sociedad, sin excepción de ningún tipo. Sin embargo, las necesidades humanas evidentemente van más allá del sostenimiento de las condiciones indispensables para vivir, y están estructuradas a partir del elenco de valores que, en cada cultura, se identifica como una necesidad. El concepto de "necesidades básicas"-que define el umbral de lo que cada sociedad considera una vida digna- está por lo tanto definido socialmente y varía en diferentes contextos geográficos e históricos.
    La mayoría de las sociedades no garantiza una vida digna a todos sus habitantes. Ni siquiera las necesidades absolutas, cuyos requerimientos son universales -como alimentarse- son garantizadas para todos, ya que la desigual distribución de los recursos -económicos, sociales, culturales- impide que así sea. La desigual distribución del ingreso en América Latina es un rasgo estructural, que tiende a empeorar en situaciones de crisis económica y se resiste a mejorar en períodos de crecimiento. El análisis de la evolución de la concentración de ingresos entre 1994 y 1997 en 12 países, mostró que en 7 ésta empeoró, en 1 se mantuvo y solo en 4 mejoró (Cepal, 1999). Las desigualdades de género, por su parte, aun cuando han tendido a disminuir en los últimos años en algunos aspectos, son todavía un sello en la región. De acuerdo al índice de desarrollo relativo al género (IDG) elaborado por el PNUD, que intenta captar el avance de la mujer mediante el mismo conjunto de capacidades básicas del Indice de Desarrollo Humano (IDH) -esperanza de vida, logro educacional e ingreso-, pero distinguiendo la situación de hombres y mujeres, la mayoría de los países de la región resultan clasificados en lugares bajos del ranking mundial. El Indice de Potenciación de Género (IPG), por su parte, que mide la desigualdad de género en esferas claves de la participación económica y política y la adopción de decisiones, muestra una clasificación aun más baja (PNUD, 1999).
    Las desigualdades de género inciden en la pobreza de las mujeres y en su acceso desigual al poder y los recursos. La feminización de la pobreza es un concepto que da cuenta de la incapacidad de satisfacer las necesidades básicas de grandes contingentes de mujeres, y la inequidad en la distribución de los beneficios socioeconómicos entre los sexos. En este sentido, el concepto implica no solo la existencia de una mayor cantidad de mujeres pobres a nivel mundial y al interior de los países, sino que también constituye una hipótesis acerca de la futura composición de la cohorte de los pobres y la representación relativa de los dos géneros dentro de ella.

    El "orden de género" y la pobreza de las mujeres
    La división sexual del trabajo es una de las bases del orden de género (1). Esta no solo se expresa en la división del trabajo concreto entre hombres y mujeres -productivo y reproductivo- sino también en las normas que regulan sus trabajos, las representaciones de lo femenino y lo masculino, el reconocimiento social y el poder para expresar sus opiniones y desarrollar sus proyectos personales y colectivos. Incide también en la identidad de los géneros, es decir en las pautas socialmente esperadas de las conductas, valores y expectativas de las personas según su sexo, y que son asumidas como naturales. La división del trabajo por sexos está asociada a la pobreza de las mujeres, por las menores oportunidades de éstas para acceder a los recursos materiales y sociales y a la toma de decisiones en materias que afectan su vida y el funcionamiento de la sociedad (Bravo, 1998).
    La responsabilidad que se asigna a las mujeres de la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de la familia genera desigualdad de oportunidades en el acceso a los recursos económicos, culturales, sociales y políticos. A su vez, el trabajo reproductivo de la mujer no tiene valor económico en nuestra sociedad -no se transa en el mercado- por lo que es menos apreciado que el papel económico del hombre, que es medible y más visible. Eso significa que las mujeres dedican una gran cantidad de horas al día a un trabajo que no es remunerado, (quehaceres del hogar, crianza de los niños y ancianos, cuidado de la salud,.etc.). Para amplios sectores de la población, esto impone restricciones a la participación de la mujer en condiciones de igualdad en el mundo público y genera una dependencia económica de la mujer con respecto al hombre.
    La función biológica de la procreación (propia de la mujer) se proyecta así en una función social del cuidado de los miembros de la familia. Así, se tiende a considerar a las mujeres como responsables únicas de la crianza de los hijos, el cuidado de los enfermos y los ancianos.
    Por otro lado, las mujeres tienen menor acceso a los recursos productivos: la propiedad de la tierra y de las empresas, el capital productivo, el crédito. Esto constituye un círculo vicioso que las mantiene alejadas de la riqueza y el poder económico. Ellas enfrentan menores oportunidades para desarrollar su capital humano, ya que el sistema educativo y de formación profesional tiende a reproducir las pautas tradicionales sobre las relaciones e identidades de género, en que lo femenino es menos valorado socialmente.
    Las mujeres, especialmente las pobres, tienen mayores dificultades para acceder al trabajo remunerado, por las barreras que le imponen sus tareas domésticas, su falta de preparación e información o por pautas culturales que desincentivan el trabajo femenino. Además, enfrentan de parte de los empleadores imágenes estereotipadas y conductas discriminatorias que limitan sus opciones.
    El menor acceso a la toma de decisiones y la baja presencia de las mujeres en los organismos que inciden en los diversos aspectos de su vida también se expresa en la exclusión de sus intereses específicos de género de las agendas políticas, económicas y gremiales. Por ejemplo, la pobreza es usualmente percibida como "neutra" en términos de género, y, por lo tanto, las políticas de combate a la pobreza tienden muchas veces a reproducir las desigualdades de género.

    Factores por los cuales las mujeres caen y permanecen en la pobreza
    La pobreza afecta de manera diferente a hombres y mujeres. Aun cuando hay procesos comunes en la pobreza de hombres y mujeres, en otros existe un claro sesgo de género. Las mujeres presentan mayor vulnerabilidad para caer y permanecer en la pobreza. A diferencia de la dinámica de la pobreza masculina, relacionada básicamente con el trabajo, la pobreza femenina se vincula también de manera importante a la vida familiar. La falta de autonomía en la capacidad de generación de ingresos de las mujeres las vuelve especialmente vulnerables, particularmente en determinadas etapas de su ciclo vital, tales como embarazo, lactancia, cuidado de niños pequeños y vejez.
    La dinámica de la pobreza femenina se relaciona medularmente con las dificultades que impone la vida familiar al trabajo de las mujeres. Muchas mujeres caen en la pobreza a consecuencia de una separación o un divorcio, luego del nacimiento de un hijo que las obliga a restringir sus actividades laborales, después del accidente o minusvalidez de otro familiar y de las muchas otras contingencias que pueden ocurrir en el ámbito domestico. Reparar la situación y volver a la condición anterior de no-pobreza, en el caso de las mujeres, es más difícil que en el de los hombres, ya que depende de una serie de restricciones y limitaciones adicionales, debido al peso de los condicionantes familiares. Por esta razón, la pobreza femenina tiende, además, a perdurar más tiempo.
    Los factores ligados a la estructura y composición del hogar, presencia de niños y ancianos, ciclo de vida de la familia y estructura etárea adquieren una relevancia especial para las posibilidades de la mujer pobre de emprender una actividad económica.
    El aumento de hogares con jefatura femenina es otro fenómeno asociado a la pobreza femenina. Este fenómeno tiene su origen en ciertos cambios demográficos, tales como las migraciones temporales o definitivas de los hombres, la viudez femenina, el embarazo adolescente, el aumento de la maternidad en soltería, las separaciones y divorcios. Se menciona entre sus causas el debilitamiento de las relaciones familiares que regulaban las transferencias de ingreso de los hombres hacia sus esposas e hijos y las consecuencias sociales de la crisis económica y los programas de ajuste (Acosta, 1997). Los hogares con jefatura femenina se concentran en etapas avanzadas del ciclo familiar, presentan una mayor proporción de familias extendidas, son de menor tamaño y presentan mayor riesgo de ser pobres. Su mayor vulnerabilidad a la pobreza se deriva del carácter de sostén económico único o principal de la mujer. Las mujeres que los encabezan tienen ingresos menores, deben asumir las responsabilidades económicas sin dejar las domésticas y en una alta proporción no cuentan con aportes del padre ausente. Una situación similar es la que viven las jóvenes madres adolescentes, incluso cuando permenecen junto al hogar de origen, ya que interrumpen sus estudios y proyectos de vida frente a esta nueva responsabilidad, aumentando así las probabilidades de transmisión intergeneracional de la pobreza.

    El aporte de la mujer a la superación de la pobreza
    Las mujeres tienen una inserción laboral más baja que los hombres, tanto por las restricciones que le imponen sus responsabilidades reproductivas como por las barreras socio-culturales que enfrentan en el mercado de trabajo. Además, la tasa de participación laboral de la mujer está asociada al nivel socioeconómico del hogar, y las mujeres pobres tienen tasas de actividad sensiblemente menores que las mujeres pertenecientes a hogares no pobres.
    Hay circunstancias que dificultan el desempeño laboral de las mujeres pertenecientes a hogares con menores niveles de ingreso: menor nivel de educación, mayor número de hijos, menores posibilidades de contar con servicios de apoyo al trabajo doméstico y un ambiente valórico menos favorable al trabajo remunerado de la mujer, entre otros elementos (2). Tienen, además, mayores limitaciones en el acceso a recursos productivos y crédito, se concentran en ocupaciones más desprotegidas y con menor nivel de organización social, por lo que tienen menos posibilidades de hacer valer sus derechos. A esto se agrega la falta de servicios públicos y privados para el apoyo a responsabilidades familiares (Marinakis, 1999). A pesar de estas dificultades para insertarse y permanecer en el mercado de trabajo, la tasa de participación laboral de las mujeres pertenecientes al estrato de ingresos más bajo está creciendo a una mayor velocidad que el resto, tal como se observa en el Cuadro 1, sección A de este capítulo.
    La importancia del ingreso de la mujer en el bienestar familiar es innegable y la mayor tasa de participación femenina ha sido un importante factor de reducción de pobreza. Ha tenido también un efecto clave en el bienestar de los miembros del hogar, ya que de acuerdo a diversos estudios, la mujer tiende a destinar sus ingresos a su familia en mayor proporción que a otros gastos.

    Los diversos efectos del incremento de la participación laboral de la mujer
    Reconociendo la importancia del ingreso de la mujer en el bienestar de la familia, especialmente de las familias pobres, es necesario también observar los efectos del trabajo femenino en la condición de la mujer, es decir, la forma en que la actividad económica femenina puede modificar o refuerzar la desigualdad y pobreza relacionadas con el género.
    Los efectos de la creciente incorporación laboral de las mujeres son complejos y múltiples. Desde un punto de vista subjetivo, las mujeres valoran trabajar. Un estudio realizado en Chile a una muestra de mujeres trabajadoras, mostró que menos del 20% quisiera dedicarse "solamente a la casa" si tuviera el problema económico resuelto. No es sólo el ingreso lo que lleva a las mujeres a trabajar, sino también la posibilidad de independencia y diversificación de las relaciones sociales (Henríquez, 1993). Al mismo tiempo, la mayor capacidad de las mujeres de generar y controlar sus propios ingresos, aumenta su autonomía y empoderamiento. Pero dado que el incremento en la participación laboral de la mujer no ha sido acompañado de una redistribución de las actividades reproductivas, ha quedado con menos tiempo libre, y esto no ha sido medido ni se ha evaluado su impacto en su calidad de vida.
    Eso significa que los resultados de la creciente participación laboral de la mujer en su bienestar dependen en buena medida de las condiciones en los cuales ejerce el trabajo remunerado y no remunerado, asi como de las instituciones del mercado de trabajo y las normas laborales. Dado que las mujeres se están incorporando en momentos de redefinición de la organización del trabajo y las relaciones laborales, algunas pueden mejorar su situación pero otras no, por lo que las brechas de género deben ser cuidadosamente monitoreadas.

    Conclusiones
    La división sexual del trabajo es un determinante fundamental en la pobreza de la mujer, ya que, a partir de este ordenamiento social, las mujeres tienen un menor acceso a los recursos (incluyendo el empleo) y sus tareas y atributos son menos valorados. La capacidad de la mujer de desarrollar un proyecto económico autónomo es un requisito indispensable para la superación de la pobreza. Pero no basta con ampliar el acceso de las mujeres al empleo para resolver su situación de pobreza, ya que es necesario reinterpretar socialmente los elementos simbólicos que atribuyen un significado inferior a las tareas femeninas y al trabajo realizado por las mujeres.
    Las mujeres enfrentan además, por su condición de género, barreras socio-culturales para ingresar y permanecer en el mercado de trabajo en igualdad de oportunidades. Entre los factores ligados a la demanda con mayor impacto en su capacidad de generación de ingresos y por lo tanto en la posibilidad de reducir la pobreza de las mujeres, están la segregación ocupacional (que limita el rango y tipo de ocupaciones disponibles para ellas) y la discriminación salarial. Se ha calculado que, en América Latina, las mujeres necesitan en promedio 4 años de estudio adicionales, para obtener el mismo ingreso promedio que los hombres (Arriagada, 1998).
    Las mujeres pertenecientes a hogares pobres enfrentan mayores dificultades y alternativas menos atractivas para insertarse laboralmente, en comparación con las mujeres de estratos socioeconómicos más altos. El aporte de sus ingresos a la superación de la pobreza y el bienestar de su familia es sin embargo crucial, y ayuda a explicar una importante proporción de la reducción de la pobreza, en los países en que esto ha ocurrido.
    La incorporación de la mujer pobre a la fuerza de trabajo trae beneficios para ella y su familia, pero también mayores demandas de tiempo, que deben ser considerados en el diseño de las políticas sociales.

    http://www.ilo.org/public

    9 de noviembre de 2015

    Los bajos salarios entran en campaña en Estados Unidos.




    La recuperación suma ya seis años en Estados Unidos. Pero las empresas siguen mostrándose reacias a elevar los salarios de sus empleados, y sin ese apoyo al consumo por el lado de los sueldos se hace complicado que la actividad económica gane tracción. El estancamiento de las remuneraciones es, de hecho, uno de los factores que explica que el crecimiento económico esté por debajo de su potencial.
    Los bajos salarios se están convirtiendo por eso en uno de los temas más recurrentes de la campaña a las presidenciales de noviembre de 2016. La atención se dirige así a ciudades como San Francisco, Seattle y Los Ángeles, donde ya se aprobó elevar el salario mínimo a los 15 dólares (13,3 euros) por hora de trabajo. Es el doble de lo fijado por la legislación federal (7,25 dólares la hora).
    De hecho, son los casos que se están siguiendo en el resto del país como referencia en esta especie de experimento, al que se quiere sumar también Nueva York. El senador demócrata Bernie Sanders, que en su ambición para llegar a la Casa Blanca recurre a un mensaje más progresista que el de Hillary Clinton, acaba de introducir una propuesta para que se establezca esa base en los 15 dólares.
    Pero incluso los analistas que se mostraban partidarios hace un año de esta medida consideran ahora que se está llevando demasiado lejos. El presidente Barack Obama defiende este incremento bajo el argumento de que contribuirá a reducir la desigualdad. Pero quiere ir con más calma. Hace un año un decreto limitó ese incremento para los funcionarios hasta los 10,10 dólares. San Francisco y Santa Fe (Nuevo México) fueron los primeros. Seattle les siguió en abril, con el objetivo de alcanzar los 15 dólares en 2021. El Estado de Washington, donde está Seattle, tiene el mínimo más alto de la nación, 9,47 dólares.Los Ángeles, San Diego, Oakland, Chicago y Louisville han adoptado medidas similares, mientras que en Nueva York y Washington son propuestas. La iniciativa que se está considerando en Nueva York se limita, sin embargo, al sector de los restaurantes. La propuesta que el gobernador Andrew Cuomo presentó hace un mes contempla elevar el sueldo base a 15 dólares para final de 2018 en la ciudad de los rascacielos y en el conjunto del Estado para julio de 2021. La industria amenaza con demandas.
    Nigel Travis, consejero delegado de la cadena de cafeterías Dunkin’ Donuts, es una de las voces más críticas contra este incremento. Considera que llevar el sueldo mínimo a los 15 dólares en Nueva York tendrá efectos para la franquicia y el pequeño negocio en general. En su caso no habla de despidos, pero sí anticipa que el incremento afectará a la contratación en el futuro.
    La otra opción, explica, es pasar esa subida al cliente. El salario mínimo en Nueva York está establecido en 8,75 dólares a la hora. Travis dice que la industria del fast food podría soportar que se elevara a los 12 dólares. Pero deja claro que antes que nada lo que debe producirse es un debate en profundidad sobre cómo hacer frente al problema de la desigualdad de ingresos.
    Howard Schultz, fundador de la cadena rival Starbucks, asegura que la compañía está absorbiendo bien el incremento de los salarios en algunas ciudades. Sin embargo, los últimos resultados trimestrales revelan un alza del 18% en los costes operativos en un año. También en su caso advierte de las consecuencias "no intencionadas" en la competitividad de las pequeñas empresas.
    Los costes laborales subieron también un 18% en los restaurantes Chipotle, aunque en eso no impidió que el beneficio trimestral subiera casi un 30%. "Es comprensible que haya preocupación en la industria", añadía Steve Easterbrook desde McDonald’s, que al poco de hacerse con el puesto de consejero delegado anunció un incremento de los sueldos para los empleados base en los locales de su propiedad. Wal-Mart también transcurre por la misma senda: anunció en julio una subida a sus 100.000 trabajadores.
    Se esté a favor o en contra, la propuesta de Sanders tiene un problema práctico obvio. Si se uniforma el salario mínimo, el impacto en los ingresos será enorme en las pequeñas ciudades mientras que en las grandes no será perceptible. Es decir, la medida se considera injusta. Por eso Travis y Schultz defienden una cifra que se ajuste mejor a la calidad de vida del empleado en cada mercado específico

    http://economia.elpais.com/economia/2015/08/21/actualidad/1440179467_224587.html


     

    6 de noviembre de 2015

    Las mujeres tejen un futuro mejor.



      En las laderas de K2, la segunda montaña más alta del mundo, las mujeres de Baltistán solían utilizar un método ancestral para trasformar la lana que se produce localmente en chales, haciendo girar un huso de madera entre sus dedos y balanceándolo sobre un cuenco o tasa volteada.
    Con esta técnica se necesitaba un mes aproximadamente para hilar un kilo de hebra. La calidad del hilo era baja porque las ovejas de las montañas vivían en establos sucios y eran esquiladas sin ser lavadas antes. La lana estaba llena de tierra y estiércol, y tenía que ser batida con una vara de madera para poder hilarla antes, lo cual debilitaba y rompía las fibras de la lana.
    Las técnicas tradicionales también eran utilizadas para tejer los chales. Pero los telares antiguos sólo producen un tejido de 35 cm de largo.
    Fizza, de 45 años, madre de seis hijos y único sostén de la familia, explicó que tenía que unir dos o tres pedazos de tejido para fabricar una pieza que fuese lo suficientemente larga para hacer un chal. Aún así, el producto de mala calidad se vendía en Pakistán por no más de 1.000 de rupias pakistaníes (PKR), (10 dólares) por pieza.

    Fortalecer la cadena de valor

    Gracias al apoyo técnico y financiero de la OIT, la Fundación para la cultura y el desarrollo de Baltistan (BCDF)  decidió tomar medidas para mejorar los niveles de vida de los habitantes de una de las regiones más rudas y pobres de Pakistán.
    A través del proyecto Fortalecer la cadena de valor de los chales de lana, financiado por el Departamento de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo de Canadá, se establecieron tres centros de formación, hilado y tejido en las aldeas de Khaplu, Shigar y Skardu para proporcionar a las mujeres una infraestructura y permitirles comercializar sus productos y formarse.
    “Al mejorar la calidad de la lana y de todos sus productos, y al perfeccionar las competencias de las mujeres y de los hombres que participan en esta cadena de valor en términos de eficiencia, seguridad y calidad, se pueden obtener mayores ganancias de la cadena de valor de los chales de lana”, explicó Mohammad Nazir uno de los formadores.
    Más de 120 mujeres y 10 hombres participaron en un programa de formación de un año que abarca todos los elementos de la cadena de valor de la producción de chales, desde la cría de las ovejas hasta el producto terminado.
    “Lavamos las ovejas como si fuesen un bebé, con delicadeza y cuidado”, explicó Yasmeen un ex estudiante que actualmente es formador para el proyecto.
    La hebra de la lana limpia es de mejor calidad y más fácil de tejer, y puede ser vendida por el doble del precio de la lana producida según el método tradicional, de 1.400 a 1.800 PKR por kilogramo (13-17 dólares) frente a de 300 a 700 PKR (3-7 dólares).
    La BCDF también modernizó el proceso de tejido, proporcionó ruedas de hilar semiautomáticas y formó a las mujeres en su uso y manutención. Como resultado, el tiempo necesario para hilar 1 kilo de lana cruda pasó de un mes a sólo tres días.
    Mejores procesos de acabado, como el enfurtido y el planchado, también fueron introducidos a fin de producir chales más suaves y evitar que se encojan.
    Como resultado el valor de los chales ha aumentado considerablemente. Los anteriores productos de lana se vendían por no más de 1.000 PKR (10 dólares) cada uno, por los nuevos chales de mejor calidad, las mujeres pueden pedir entre 2.500 PKR (24 dólares) y 4.500 PKR (43 dólares). Fizza dijo que mientras que antes se demoraba dos días para confeccionar un chal, ahora necesita sólo tres o cuatro horas.
    “Esto representa un aumento considerable de ingresos para mí y mi familia. Estamos felices con este proyecto”, afirmó Fizza.
    Los objetivos del proyecto de la BCDF van más allá de la ayuda a estas aldeas remotas, los procesos puestos en práctica en Baltistan han sido transformados en un plan de estudio formal, con herramientas y formatos traducidos en urdu, de manera que los formadores locales puedan ponerlos en práctica sin dificultad.
    El plan de estudios está apoyado por el desarrollo, en consulta con expertos, de criterios de competencias, que abarcan cada fase de la cadena de valor: el lavado y el esquilado de las ovejas, el hilado y el tejido de la lana, el acabado y la comercialización.
    El uso de herramientas comerciales como el registro de almacén, las previsiones de venta y las hojas de inventario también fueron incluidas en la formación. Además, las mujeres tienen la capacidad de aplicar medidas de calidad como el seguimiento del desperdicio, la producción por hora y la clasificación, para producir chales con mayor eficiencia y de una calidad que les permite obtener un mejor precio en el mercado.

    En perspectiva

    Las aspiraciones de la BCDF para las mujeres tejedoras de Baltistan no terminan aquí, los planes son introducir una nueva actividad a la cadena de valor para añadir una ventaja comparativa a la lana local en los mercados nacionales e internacionales.
    “Tenemos diferentes tipos de pigmentos naturales extraídos del albaricoque, la rosa salvaje, las infusiones de hierbas, los hongos y las nueces”, explicó Mohammad Nazir.
    “Esto nos permitirá introducir el teñido como una actividad adicional en la producción de la lana. Así podremos ser competitivos, ya que no podemos utilizar tintes químicos como en Australia, tenderemos un lugar en el mercado con los pigmentos naturales”.

    http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_419612/lang--es/index.htm

    5 de noviembre de 2015

    Mujeres y Leyes, los espacios de las limitaciones.


    Mujer y poder es una relación conflictiva que ha pasado por múltiples variantes a lo largo de la historia. En las sociedades occidentales ese ejercicio del poder está reglamentado en base al contrato social, el acuerdo básico entre los individuos para negociar las reglas de la convivencia tomando en cuenta los intereses y necesidades de la comunidad
    Mujer y poder es una relación conflictiva que ha pasado por múltiples variantes a lo largo de la historia. En las sociedades occidentales ese ejercicio del poder está reglamentado en base al contrato social, el acuerdo básico entre los individuos para negociar las reglas de la convivencia tomando en cuenta los intereses y necesidades de la comunidad. La soberanía, el derecho de gobernar reside en la comunidad, en sus representantes. El espacio de poder de los individuos es idéntico para cada uno de ellos, el conjunto de obligaciones y prerrogativas constituyen los derechos universales del hombre y del ciudadano.
    Sin embargo el feminismo moderno ha hecho una severa crítica a este planteamiento al señalar que los derechos universales del ciudadano reconocen dos limitaciones básicas, por un lado la limitación de los derechos de propiedad (sólo los propietarios votan) y la limitación del género (las mujeres no votan). Las mujeres propietarias, a pesar de serlo, no tienen acceso al voto.
    Esta limitación a la capacidad ciudadana de la mujer se basa en la diferencia de género. Por el hecho de ser mujer, las mujeres carecen de ciudadanía completa, que va más allá del ejercicio del voto, y se inscribe en el corazón mismo de la organización social. Las mujeres, por serlo, son menos personas, menos ciudadanas. Si se limitase al ejercicio al voto sería fácilmente corregible con su obtención: esa fue la demanda central del feminismo liberal. Sin embargo el voto femenino NO garantiza la solución de los desequilibrios en los derechos y en el ejercicio del poder por las mujeres.
    En América Latina el derecho al sufragio data apenas de mediados del siglo XX, en México desde 1953. La prevalente desigualdad de derechos y obligaciones de hombres y mujeres se constata en el proceso de producción de la diferencia de género, constitutiva de las relaciones sociales que se establecen, se construyen y se reproducen en la legislación.
    La ley, el espacio de poder que la ley reglamenta, implementa las desigualdades entre los individuos en razón de su sexo y en razón de su ubicación en la estructura social básica: la familia. Esta es una formación social jerarquizada, con espacios de poder de tamaños diferentes para cada uno de sus individuos. La diferencia básica es el sexo. La legislación tradicional sólo reconoce un sistema binario de clasificación de los individuos, basado en el sistema clásico hombre/mujer. No toma en cuenta el género, únicamente el sexo biológico en el momento del nacimiento, y supone su prevalencia constante hasta la muerte. En ese sistema, las diferencias hombre/mujer se cristalizan en razón del sexo por encima de la edad. Las mujeres tienen una situación inferior y desventajosa, por el sólo hecho de serlo. A esta diferenciación original debe añadirse la edad, y el sitio especifico que la mujer tenga en la unidad familiar. Siendo todas mujeres, esposas, hermanas, hijas no tienen los mismos derechos.

    El matrimonio ha sido el primer espacio de desigualdad entre hombres y mujeres

    En el sistema legal mexicano, el Código Civil, en 1870, se basó en la legislación española colonial e introdujo “las reformas que demanda el espíritu de la época” [1]. Estas reformas fueron, en primer lugar, la limitación de los derechos de propiedad de las mujeres. La mujer, al casarse, tenía que someterse a la voluntad del marido para administrar sus bienes o vender sus propiedades, aunque esas hubiesen existido, por herencia o adquisición, desde antes del matrimonio mismo. Una mujer que quisiese vender la propiedad que hubiese heredado tenía que contar con la anuencia de su marido para hacerlo. El matrimonio ha sido, pues, el primer espacio de desigualdad entre hombres y mujeres. El matrimonio, cuya la legitimidad reclamó para sí la legislación liberal mexicana con la Ley del Matrimonio Civil de 27 de julio de 1857, no sólo no modificó la desigualdad básica de derechos y deberes entre individuos de sexo femenino y de sexo masculino, sino que la acentuó. El derecho a reglamentar la relación matrimonial era ahora del Estado, ya no de la iglesia pero, a pesar de la laicidad y modernidad que esto significa, el sometimiento femenino persistió, más aún, se amplió, pues la mujer quedaba privada de sus derechos de control de propiedad, quedaba reducida a la dependencia, como si de un menor de edad se tratase.
    No fue sólo en los derechos matrimoniales [2] donde se vieron afectados los derechos femeninos. En la legislación colonial existían múltiples formas de reconocimiento de la reproducción, como hijas e hijos legítimos, ilegítimos, adulterinos, bastardos, nefarios, incestuosos, sacrílegos, mánceres, espurios, expósitos; se contemplaba una amplia variedad de derechos sucesorios y matices en derechos y obligaciones civiles, de empleo, de ordenación sacerdotal. Con la legislación liberal, al establecerse el registro civil, el Estado liberal se arrogó la capacidad de reconocer la legitimidad del individuo en únicamente dos variables: hijas e hijos legítimos e hijas e hijos ilegítimos, cuyos derechos de herencia eran mucho menores. Sólo la reproducción dentro del matrimonio daba legitimidad al hijo o hija. Así, las mujeres vieron disminuidos sus derechos, pues la legitimación de las y los hijos ilegítimos era prerrogativa paterna, y el derecho de adopción era exclusivo del padre, no de las mujeres.
    A pesar del auge del culto mariano y maternalista, las madres también vieron limitados sus derechos por el poder estatal liberal. A diferencia de la legislación colonial, el Estado liberal instituyó la prohibición para las mujeres de llevar a juicio al presunto padre de sus hijos e hijas. La moral porfiriana prevaleciente favoreció un incremento rampante de la prostitución, la existencia de múltiples concubinas, queridas consentidas, casas chicas, sobrinos sospechosos, etc. y, pese a ello, quedó prohibida la investigación sobre la paternidad. El probar la paternidad era sumamente difícil, pero el viejo recurso del respeto a la palabra de la mujer se abolió. Similar falta de credibilidad a la palabra femenina prevaleció en lo que se refiere al adulterio. Para probar el adulterio femenino bastaba con la acusación del marido; para probar el adulterio masculino era necesario aportar pruebas como el haber encontrado a la pareja en el domicilio conyugal.
    La Revolución Mexicana no modificó las cosas. La legislación revolucionaria conservó la prohibición para investigar la paternidad y dio lugar a múltiples burlas entre los constituyentes del Congreso de 1917. La reestructuración de las relaciones entre el poder estatal y los individuos conservó la prohibición de investigar la paternidad. En cambio, se aceptó por primera vez el rompimiento del vínculo matrimonial y se permitió a los y las divorciadas volver a contraer nupcias, lo cual era un avance frente a la legislación liberal que aceptaba la separación, pero no el contraer nuevo matrimonio. La discusión sobre la conveniencia o no de establecer el divorcio se inició en la convención revolucionaria de Aguascalientes, el 29 de abril de 1915. Los villistas estuvieron en contra del divorcio, en cambio los zapatistas, liderados por Antonio Soto y Gama, y con clara influencia del anarquismo magonista, favorecían el divorcio y presentaron a la Convención, en diciembre de 1915, un Proyecto de ley sobre el matrimonio [3].
    Las mujeres reunidas en el primer congreso Feminista en Mérida, Yucatán, dudaron sobre la conveniencia del divorcio, pues pocas mujeres podían subsistir independientes y anticipaban un amplio rechazo social para las divorciadas. Se argumentó que con el divorcio se desmoronaría la célula social básica, la familia, y se desestructuraría la sociedad misma. El asunto culminó con la Ley de Relaciones Familiares, promulgada el 12 de abril de 1917. Fue la primera vez que se permitió la disolución del matrimonio civil y el contraer nuevas nupcias.
    El carácter desigual de los derechos femeninos y masculinos en la sociedad quedó sancionado en la legislación civil, de la cual el matrimonio es apenas una parte. Su modificación reciente podría significar un avance en los derechos individuales independientemente del sexo biológico de la ciudadanía.


    Carmen Ramos Escandón 
    http://laciudaddelasdiosas.blogspot.com/2015/11/mujeres-y-leyes-los-espacios-de-las.html

    3 de noviembre de 2015

    El siglo de las personas centenarias.

    Muchos adultos mayores indios dependen de familiares debido a la ausencia de un adecuado sistema de seguridad social. Crédito: K.S. Hari Krishnan/IPS

    Al mejorar la calidad de vida, los avances en la tecnología y la medicina y disminuir la mortalidad entre adultos mayores, el siglo XXI es testigo del aumento del número de personas centenarias.
    Se estima que en el mundo hay cerca de medio millón de personas que tienen más de 100 años, casi el triple de las que había a principios de siglo, pese a que la población mundial aumentó 20 por ciento.
    Si bien se pronostica que la población mundial aumentará 80 por ciento para fines de este siglo, se estima que el número de personas centenarias se multiplicará por 60, llegando a más de 26 millones para 2100.
    Las personas de más de 100 años representan una pequeña proporción de los 7.300 millones de habitantes del planeta, unas seis cada 100.000 habitantes o una cada 16.000.
    Pero se prevé que en las próximas décadas, la proporción aumente con rapidez y, según las proyecciones, a fines de este siglo habrán 236 personas de más de 100 años cada 100.000 habitantes o una cada 425.
    En la actualidad, los países con mayor número de personas centenarias son Estados Unidos (72.000), Japón (61.000), China (48.000), India (27.000) e Italia (25.000), que concentran alrededor de la mitad de los habitantes de más de 100 años.
    A mediados de siglo, esos países seguirán ocupando los primeros cinco lugares, pero con números mayores: China (882.000), Japón (441.000), Estados Unidos (378.000), Italia (216.000) e India (207.000).
    En lo que respecta al número de personas de más de 100 años cada 100.000 habitantes, los primeros cinco países son Japón (48), Italia (41), Uruguay (34), Chile y Francia (31).
    Con 22 personas centenarias cada 100.000 habitantes, Estados Unidos está en el lugar 15, detrás de muchos países europeos como Francia, Alemania, España y Gran Bretaña.
    Para mediados de este siglo, se pronostica que Japón e Italia tendrán la mayor proporción de personas centenarias con un número más elevado, aproximadamente 400 cada 100.000 habitantes o una cada 250.
    La gran proporción de personas longevas en algunos países obedece en gran medida a su baja mortalidad y a estructuras etarias con muchos adultos mayores.
    Japón e Italia, por ejemplo, tienen la mayor esperanza de vida del mundo (83 años), la mayor proporción de adultos de mediana edad (46 años) y grandes sectores mayores de 65 (26 y 22 por ciento, respectivamente).
    En términos de longevidad, las mujeres tienen una clara ventaja.
    En general, la población femenina tiende a vivir más que los hombres, con un número desproporcionadamente superior de mujeres en las edades más avanzadas. Ellas constituyen 80 por ciento de las personas centenarias; y 96 por ciento de las 46 documentadas como supercentenarias, de más de 110 años.
    Por lo tanto, no debe sorprender que la persona documentada que vivió más años sea una mujer. La francesa Jeanne Calment nació en 1875 y murió en 1997, habiendo vivido 122 años y 164 días. El hombre en haber vivido más años fue el japonés Jiroemon Kimura, quien murió a los 116 años y 54 días.
    Calment y Kimura llegaron a ser personas que vivieron por lo menos un millón de horas o 114 años y 57 días. Las probabilidades de que una centenaria logre ese hito son muy bajas, menos de una cada 1.000.
    Unas 30 personas documentadas vivieron más de 114 años.
    Hasta hace poco, la persona viva más anciana fue Misao Okawa, de Japón, quien vivió 117 años y 26 días.
    En la actualidad, la persona viva más anciana es Susannah Mushatt Jones, en Estados Unidos, quien nació el 6 de julio de 1899. La sigue de cerca Emma Morano, en Italia, quien nació el 29 de noviembre de 1899.
    El hombre vivo más anciano es el supercentenario Yasutaro Koide, de Japón, quien nació el 13 de marzo de 1903.
    Estudiar a las personas centenarias es beneficioso, pues permite comprender mejor el proceso de envejecimiento. Las investigaciones contribuyen a identificar formas de aumentar la esperanza de vida y mejorar la calidad de vida de las personas mayores que siguen envejeciendo.
    Entre los factores clave de la longevidad excepcional están los “súper” genes heredados. La mayoría de quienes llegan a los 100 años tienen un abuelo, un padre (madre) o hermano (hermana) que vivió 90 años o más.
    Algunos estudios también señalan que los hermanos de los centenarios tienen una posibilidad significativamente mayor (17 veces más para los hombres y nueve veces más para las mujeres) de cumplir 100 años que otros nacidos en la misma época.
    Además de la importancia de la genética, en especial en edades avanzadas, algunos de los factores más notables relacionados con la longevidad son: (a) buena salud y hábitos personales, como la dieta, el ejercicio, el peso normal, el poco estrés y no fumar ni abusar de substancias; (b) la educación y el elevado conocimiento; (c) un sistema de apoyo social fuerte y comprometido; (d) una perspectiva optimista y emociones positivas con capacidad de adaptación al cambio y a la planificación de alternativas.
    Muchas personas centenarias señalan que no sienten su edad cronológica, sino que se piensan y se sienten muchos años más jóvenes.
    Las probabilidades de que una persona viva 100 años actualmente son bajas, pero ciertamente son mayores que las de sus padres o sus abuelos.
    Un estudio en Gran Bretaña calculó que las probabilidades de que un recién nacido británico viviera 100 años eran una en cuatro para un varón y una en tres para una niña.
    Otros estudios resultan más optimistas sobre las posibilidades de ser una persona centenaria, con estimaciones que indican que más de la mitad de los bebés en las naciones más industrializadas tienen una esperanza de vida de 100 años.
    La mayor longevidad de alrededor de 100 años es, por cierto, una bendición que la mayoría de las personas quisieran lograr.
    Pero el creciente número y la proporción de centenarios y de adultos mayores generan cuestionamientos a los programas y las políticas, como la edad de retiro, la atención médica, las pensiones, las inversiones económicas, los impuestos, los servicios sociales, el mantenimiento de la salud, la rehabilitación, el cuidado y la vida asistida.
    No prestar atención o demorar la atención de las profundas consecuencias del envejecimiento poblacional y de la mayor longevidad no solo es una visión de corto alcance, sino que dificulta la situación de personas, familias y comunidades, así como eleva el costo económico para los gobiernos.
    Pese a que los dirigentes políticos traten de hacer otra cosa, las realidades demográficas del envejecimiento poblacional y de la creciente longevidad humana no puede negarse con sinceridad ni con ingenio político ni evitarse con leyes.
    Al final, se pagará el pato demográfico de una u otra forma.

    http://www.ipsnoticias.net/2015/09/el-siglo-de-las-personas-centenarias/

    30 de octubre de 2015

    Mito, las brujas de la Edad Media; sólo eran mujeres con conocimientos.


    Sabían de anatomía, botánica, sexualidad, amor y reproducción, por lo que fueron mandadas a la hoguera, dice la filósofa de la UNAM
    Sus recetas para curar fueron interpretadas como poder del Diablo
    El modelo muy masculino, que se consolidaba para entonces, las hizo ver como amenza
    Las brujas no eran personas malas y feas, como las ha descrito la literatura universal, sino mujeres generadoras de un conocimiento específico. En el medievo, cuando predominaba un modelo social masculino, el saber de las brujas fue considerado amenazante, por lo que fue perseguido y destruido junto con ellas en las hogueras.
    En el libro El retorno de las brujas, la filósofa Norma Blázquez Graf, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en ciencia y género, explica que, aunque la población femenina no tuvo acceso a la educación superior hasta el periodo transitorio del siglo XIX al XX, siempre ha generado conocimiento. Pone de ejemplo el saber de las brujas en la Europa de los siglos XIV al XVII y lo aterriza en un mundo contemporáneo, en el que la progresiva incorporación de las mujeres a la ciencia ha modificado las estructuras de las instituciones y el proceso creativo del conocimiento. En entrevista con La Jornada, la especialista aborda el contenido de su libro y subraya la contribución de la mirada crítica e innovadora de las mujeres al quehacer científico.

    Parteras, alquimistas...
    ¿Quiénes eran las brujas?

    Eran parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimiento en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del Diablo.

    ¿Por ese motivo fueron perseguidas y condenadas a muerte?

    Sí, pero además porque las elites eclesiásticas, políticas y económicas, que se consolidaban en aquellos tiempos, comenzaron a desarrollar un modelo social muy masculino y consideraban que el saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza. Las brujas comenzaron a almacenar conocimiento muy importante sobre el control de la reproducción y sabían preparar diversos abortivos. Este conocimiento implicaba la posibilidad de ejercer una sexualidad más libre, lo cual ponía en riesgo la hegemonía masculina y, por ello, los hombres expropiaron su conocimiento y las aniquilaron en las hogueras. Asimismo, la mayoría de estas mujeres vivían solas, en casas en el bosque, independientes, generaban sus propios ingresos y esto provocaba mucha desconfianza.

    ¿Es cierto que eran viejas y feas?

    Eso es parte del mito y de los prejuicios de aquel entonces. Había brujas bellísimas y, por otro lado, en esa época una mujer de 40 o 50 años ya era considerada vieja. Por lo tanto, esos estereotipos responden más a que eran transgresoras y no a que realmente fueran viejas y feas.

    ¿Resultaría muy aventurado afirmar que las brujas fueron las primeras mujeres científicas?

    Sí, porque las mujeres han generado conocimiento desde hace mucho tiempo y porque, además, no se puede considerar científico un conocimiento hasta la institucionalización de la ciencia en el siglo XIX, cuando ya se empezó a enseñar en las universidades. Sin embargo, en ese momento las mujeres no tenían permitido estudiar en las universidades y continuaban con la tradición de ilustrarse en los conventos, en los salones de té o en sus hogares, con el padre o el esposo. Luego, de manera gradual, la mujer se fue incorporando a la educación media y superior en áreas como enseñanza, enfermería o farmacéutica. Hasta llegar a la década de los 90 del siglo pasado, en que 50 por ciento de los universitarios ya eran mujeres.


    Reacomodo en el siglo XXI
    ¿En qué cambia la ciencia con la incorporación de las mujeres?

    Primero cambia en número; hoy 30 por ciento de los estudiantes de ciencias son mujeres. Por eso el "retorno de las brujas", pues todas esas mujeres que aniquilaron en la Edad Media, que conocían del aborto, de la fertilidad o de la sexualidad, se reacomodaron en el siglo XXI y hoy ocupan espacios importantes, sobre todo en las ciencias naturales y en la salud. Segundo, cambian los espacios institucionales porque antes en las universidades no había ni baños para mujeres: ahora hay presupuestos y becas para proyectos de ellas; los límites de edad para becas se han tenido que extender al tener en cuenta al ciclo reproductivo de la mujer, y se han tenido que abrir guarderías.

    "Tercero, las mujeres se hicieron nuevas preguntas y rompieron con el parámetro científico masculino, en el que todo aquello que no se adaptara a dicho modelo era carente o inferior. Por ello, durante mucho tiempo se pensó que las mujeres no tenían interés por la ciencia que eran menos inteligentes o que no tenían capacidad para razonar. Con su integración a la ciencia, se ha debido tomar en cuenta la otra parte de la humanidad, lo que significó una modificaron en los puntos de partida, las metodologías, la interpretación de los resultados y las teorías para la comprensión de la realidad.


    Perpectiva de género crítica
    En su libro, desde una perspectiva de género crítica, afirma que el conocimiento científico no es siempre objetivo, neutro y universal. ¿A qué obedece tal aseveración?

    Quien genera el conocimiento es una persona que tiene estereotipos y prejuicios y, por lo tanto, sus preguntas e interpretaciones científicas dependen de su género, así como de su contexto social, histórico, cultural y político.

    ¿Qué lugar ocupa la intuición femenina en la generación de conocimiento de las mujeres?

    Para el conocimiento científico eso no cuenta, pero las epistemólogas feministas dicen que hay que incorporar la intuición porque sí cuenta, sobre todo en las ciencias sociales, en las que el objeto de estudio no son cuestiones materiales, sino personas.

    Mariana Norandi
    http://www.jornada.unam.mx/2008/02/28/index.php?section=ciencias&article=a02n1cie