"las acciones son mucho mas sinceras que las palabras"..... ( Scuderi)
7 de julio de 2017
Las damas de Pervyse.
Durante la Primera Guerra Mundial, en el frente belga, dos mujeres emprendieron una lucha intensa por salvar la vida de miles de soldados heridos y enfermos. La pasión por las motocicletas, algo poco habitual en mujeres de finales del siglo XIX, las unió en una aventura que marcaría sus vidas para siempre. La prensa las recordó como las "Damas de Pervyse", localidad en la que fijaron su centro de operaciones; fueron condecoradas una y otra vez por Inglaterra y Bélgica; sus rostros fueron inmortalizados una y otra vez siendo las mujeres más fotografiadas en el frente de la Gran Guerra. La historia de Elsie y Mairi, dos mujeres que se enfrentaron a la muerte, el hambre y la desesperanza de un conflicto que se llevó por delante miles de almas, ha permanecido durante décadas escondida.
El 25 de septiembre de 1914, Elsie Knocker y Mairi Gooden-Chilsom se embarcaron rumbo a Bélgica, país que había sido ocupado por las tropas alemanas poco después del inicio de la Primera Guerra Mundial. Una curiosa afición común las había unido tiempo atrás. Elsie y Mairi eran unas apasionadas de las motocicletas y se habían conocido en una de las muchas carreras que se celebraban entre Hampshire y Dorset. Pero más allá de su afición a los vehículos de dos ruedas, Elsie y Mairi venían de mundos muy distintos. Para empezar, les alejaba una amplia diferencia de edad.
Elsie era el nombre de pila con el que conocían sus seres queridos a Elizabeth Blackall Shapter. Había nacido en Exeter, Devon, el 29 de junio de 1884. Era la pequeña de los cinco hijos del doctor Thomas Lewis y Charlotte Bayly. Elsie tendría muy pocos recuerdos de sus progenitores pues quedaría huérfana de madre a los cuatro años y de padre a los seis. Mientras que sus hermanos fueron acogidos por varios miembros de la familia, Elsie fue dada en adopción a los Upcott, Lewis Edward Upcott, profesor en el Marlborough College, y su esposa Emily, dedicada a la pintura.
Elsie fue separada de sus hermanos de los que no conservó ninguna fotografía, tampoco de sus padres, cuando se trasladó a vivir con sus nuevos padres, a los que nunca llamó como tal, sino que nombró siempre con respeto como sus tíos. Elsie tuvo una infancia triste, primero en la escuela de chicas de Marlborough en la que nunca se adaptó y después en la escuela para señoritas Saint Nicholas de Kent. En 1903 sus padres adoptivos la trasladaron a un internado en Suiza.
De vuelta a Inglaterra, cuando ya era una mujercita que superaba los veinte años de edad, conoció al que se convertiría en su marido, Leslie Duke Knocker, con quien se casó el 5 de abril de 1906. Leslie trabajaba en un banco en Londres y tenía diez años más que Elsie. Poco tiempo después la pareja se trasladó a Singapur donde uno de los hermanos de Leslie le había conseguido un trabajo en la China Mutual Insurance Company.
La vida en Asia no fue un camino de rosas. Al poco de llegar a Singapur, Elsie supo que estaba embaraza. Leslie, a quien, con el tiempo, se dio cuenta que no conocía, empezó a comportarse de manera sombría y a alejarse de su esposa a la que llegó a maltratar y echar de casa. Por suerte, Elsie disponía de la herencia familiar y pudo regresar a Londres donde dio a luz a su hijo Kenneth. A pesar de la actitud violenta de Leslie hacia su mujer, esta decidió regresar a Singapur con su hijo en agosto de 1907. Elsie aún viajó varias veces de Inglaterra a China y tuvo que aguantar el maltrato y el adulterio de su marido. Cansada de la situación en diciembre de 1910 dejó para siempre Asia y regresó con su hijo a la casa de sus padres adoptivos a los que nunca explicó la verdad acerca de su fallido matrimonio.
A finales de 1912, Elsie Knocker inició un proceso de divorcio, algo inusual y muy mal visto en la Inglaterra de principios del siglo XX. Apenas 300 mujeres habían iniciado demandas de divorcio pues se exponían al ostracismo y al rechazo social. Pero Elsie era una mujer independiente gracias a la herencia paterna y no estaba dispuesta a continuar casada con un hombre que la había hecho infeliz. Sin embargo, cuando Elsie conoció a Mairi y al resto de personas con las que compartiría su vida durante la Primera Guerra Mundial se inventaría otro pasado haciéndose pasar por una mujer viuda.
Pero antes de que estallara la Gran Guerra, Elsie empezaría una nueva vida como partera en el Queen Charlotte's Hospital de Londres mientras su hijo permanecía con los Upcotts en Marlborough. En julio de 1913 se reencontró con los suyos y vivió una de las épocas más felices de su vida. Con parte de la herencia que había recibido de un tío suyo, Elsie decidió hacer algo poco habitual en una mujer, se compró una motocicleta y un sidecar, cumpliendo uno de sus sueños, poder disfrutar de la velocidad que le permitían estos nuevos artilugios colocando a su pequeño Kenneth en el asiento del sidecar. Elsie se unió al Gypsy Motor Cycle Club y exprimió la vida al máximo... hasta que la guerra estalló.
La historia de Mairi era muy distinta a la de Elsie. Mairi Lambert Gooden-Chisholm había nacido el 26 de febrero de 1896 en Escocia, cuando Elsie ya era una niña de 12 años y sufría el rechazo de sus compañeras en la escuela por ser adoptada. La infancia de Mairi estuvo llena de alegría y ciertos lujos como bicicletas y caballos para ella y su querido hermano, Ualiean. Sus padres, el Capitán Roderick Gooden-Chisholm y su esposa, Margaret Fraser, se trasladaron a vivir a Dorset cuando Mairi tenía cuatro años. Allí, Mairi y Ualiean fueron educados por una gobernanta hasta que fueron enviados a la escuela. En 1906, la familia creció con la llegada de la pequeña Lucy y un año después Mairi empezaba sus estudios en Redmoor y después al Saint Katharine's School.
Cuando Mairi se reencontró con su hermano años después, lejos de divertirse con entretenimientos dignos de una señorita, ambos disfrutaban de actividades masculinas, entre ellas, hurgar en las tripas de una motocicleta. Mientras que a su padre no le importaba que Mairi se dedicara a montar aquellos cacharros, su madre se desesperaba creyendo que su hija iba a arruinar su futuro.
Pero la felicidad de Mairi junto a su hermano Uailean también terminó pronto. Sus padres hacía poco que habían comprado una hacienda en Trinidad y se trasladaron allí a vivir con la pequeña Lucy reclamando también la presencia del hijo.
En el otoño de 1913, Mairi había conocido a una mujer a la que se la conocía como la "gitana", que disputaba carreras de motos. Era Elsie Knocker. Así que cuando la guerra estalló, hacía muy poco tiempo que ambas se habían conocido. Pero su amistad, fundada en la pasión por las motos, había arraigado con fuerza y así permanecería durante la dura etapa de la guerra. Al enterarse del inicio del conflicto, Elsie escribió una palabras a Mairi que cambiarían sus vidas para siempre: "Hay trabajo que hacer". Elsie propuso a Mairi unirse al Women's Emergency Corps que había fundado Evelina Haverfield junto con otras mujeres sufragistas.
Cuando se trasladaron a Londres, el Doctor Hector Munro conoció a Mairi en uno de los actos del Women's Emergency Corps y la invitó a unirse al Flying Ambulance Corps, una unidad que se estaba preparando para curar a los soldados en el frente belga. Mairi no se lo pensó dos veces y incorporó a Elsie en el proyecto. El 25 de septiembre de 1914, Elsie y Mairi se embarcaron en un barco rumbo a Bélgica. Junto a ellas y el doctor Munro viajaban otras voluntarias como Dorothie Feilding y May Sinclair.
Después de pasar por varios enclaves belgas, Elsie y Mairi se dieron cuenta que sus hospitales de campaña se encontraban demasiado lejos del frente. Perdían demasiado tiempo y esfuerzo trasladando a los heridos, por lo que decidieron separarse del cuerpo de ambulancias y establecerse en Pervyse, una localidad que se encontraba muy cerca del campo de batalla. Allí establecieron en un edificio abandonado el British First Aid Post. Allí permanecieron los tres años y medio siguientes, hasta poco antes del fin de la guerra.
El puesto de Pervyse no estaba vinculado a ninguna organización internacional por lo que fueron ellas mismas las que tuvieron que buscar los recursos necesarios. En varias ocasiones viajaron a Inglaterra donde daban conferencias explicando su labor en el frente y recogiendo todo tipo de donativos en dinero y especies para poder no sólo curar, sino también vestir y alimentar a los soldados heridos y enfermos.
Elsie y Mairi hicieron una labor inmensa en el frente pero también tuvieron tiempo para pasarlo bien organizando veladas con los soldados y fotografiando el que se había convertido en su mundo. Un mundo al que llegaron infinidad de periodistas que querían retratar y conocer a las que fueron bautizadas como las "Damas de Pervyse" o los "Ángeles de Pervyse". Además de ser las mujeres más inmortalizadas en el frente durante la Primera Guerra Mundial, fueron también de las más condecoradas.
En 1916, Elsie se casó con un piloto de las fuerzas aéreas belgas al que no le dijo que estaba divorciada, continuando con la versión de su viudedad. Harold de T'Serclaes era barón, por lo que Elsie adoptaría el título de baronesa.
Al finalizar la guerra, las cosas no fueron nada fáciles para aquellas mujeres que habían forjado un vínculo recio fundado en la lucha y la superación. Elsie y Mairi no presenciaron el final del conflicto en Pervyse pues poco antes de declararse el armisticio, un ataque con gas las obligó a trasladarse a Inglaterra y abandonar el que fuera su hogar que, durante años dio sentido a sus vidas.
Elsie no pudo ocultar por mucho tiempo más que no era viuda. La familia de su segundo marido, católica y tradicional, no podía aceptar que Harold estuviera casado con una mujer divorciada. Tampoco el propio Harold que se alejó de Elsie para siempre. De la misma manera, Mairi, que había sido su amiga inseparable, se sintió traicionada por Elsie de la que se distanció.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Elsie Knocker, que mantuvo el título de baronesa, se unió de nuevo a la causa, esta vez como oficial de la Women's Auxiliary Air Force (WAAF). En julio de 1942, Elsie quedó devastada por la muerte de su hijo Kenneth al ser abatido el avión en el que viajaba en el frente. Acompañada de sus perritos, la baronesa Elsie Knocker terminó sus días siendo una anciana de 93 años, el 26 de abril de 1978.
Mairi le sobrevivió tres años. Tras el final de la guerra, Mairi se reencontró con una amiga de la infancia, May Davidson, con quien abrió una granja de aves de corral y tuvo una vida tranquila hasta que falleció el 22 de agosto de 1981.
http://www.mujeresenlahistoria.com/2017/07/damas-de-pervyse-elsie-y-mairi.html
5 de julio de 2017
LOS PUSSYHATS: UN MUNDO DE MUJERES VISIBLES.
Antes de la independencia norteamericana, un llamamiento patriótico en 1765 instaba a las mujeres de los colonos a hilar sus propias ropas en casa para no tener que importar tejidos de la metrópoli inglesa y contribuir así a la causa. De esta forma, a la simple ama de casa, le fue atribuida la condición de “hija de la libertad”, emulando la masculina proclama de la organización patriótica (Sons of Liberty, organización en un principio fiel al rey de Inglaterra, con la que estuvieron relacionados Paul Revere o Samuel y John Adams) creada para reivindicar y proteger los derechos de los colonos.
Eso es lo que se decía en un llamamiento cívico que se dirige a ellas, a las mujeres, y solo a ellas. Porque coser, hilar, tejer… eran labores femeniles. Como cuando hubo que coser una nueva bandera nacional con 13 bandas blancas y rojas y 13 estrellas y el mito se atribuyó a una mujer, Betsy Ross (1752-1836), hija de un pastor cuáquero de Pensilvania, repudiada por éste al casarse con un episcopaliano tapicero de profesión. A Betsy la habían enseñado a coser desde la escuela de su iglesia, como se enseñaba a coser a las niñas pobres españolas que entraban en alguna de las escuelas de hilados fundadas por las Sociedades Patrióticas del siglo XVIII o más tarde en las promovidas por las Juntas de Damas del siglo XIX. Coser, hilar, tejer… para el bien de la patria, son formulas con las que se traslada a la mujer, desde un cercado espacio femenino dentro del hogar, al espacio público y visible de la actuación sociopolítica.
Tejer
Hoy vemos en los Estados Unidos recién despertados en la era Trump, cómo las mujeres han encontrado en el acto de tejer una labor altamente patriótica. El Pussyhat Project, puesto en marcha el día de Acción de Gracias por Krista Suh y Jayna Zweiman, dos mujeres de Los Ángeles que nada tienen que ver con la política (la primera es guionista y la segunda arquitecta), junto con la artista Aurora Lady, nació con la intención de «crear un océano de color rosa para la manifestación, ofrecer un mensaje visual que distinguiese a esta protesta» (Noelia Ramírez, El País). Se referían a la manifestación de mujeres contra Donal Trump celebrada en Washington (y en otras ciudades estadounidenses y del mundo) este pasado día 21 de enero de 2017.
El nombre, pussyhat, surge de un juego de palabras: pussy es la versión coloquial de ‘vagina’ y la forma de orejitas de gato en el gorro (hat, un diseño de Kat Coyle) hacen referencia a la palabra pussycat, todo ello como respuesta gráfica al «grab the from the pussy» (traducido libremente como ‘agarrarlas por el coño’) que dicen que dijo Trump según unas comprometidas grabaciones difundidas durante la campaña electoral.
El mensaje es claro: somos mujeres, estamos aquí, hemos tejido nuestro propio elemento distintivo. Pero incluso van más allá. La idea se lanzó con un gran carácter inclusivo para visibilizar a través de ellos la adhesión a la protesta de aquellas mujeres que no pudieran estar presentes en Washington. Unas mujeres los lucen, otras los tejen para ser visibles a través de ellos. Las redes sociales ayudaron a que los pussyhats traspasasen las fronteras estadounidenses y llegasen a Canadá o Reino Unido o a lugares tan lejanos como Noruega, lugares desde donde muchas mujeres se sintieron representadas en la manifestación de Washington al ver sus gorros rosas en las cabezas de las que si estaban allí.
Visibilidad
Hubo un tiempo en España en el que las mujeres también realizaron protestas con un claro cariz político y patriótico visibilizado a través de un objeto o un color que lucían en sus cuerpos. Por ejemplo, cuando en 1833, ya fallecido Fernando VII, Isabel II es proclamada reina y «las señoras empezaron a usar, en sus vestidos y adornos, el color azul cristina», contaba José Ortega Zapata en su crónica del Valladolid del XIX, en señal de reconocimiento cristino, es decir, de apoyo a la reina madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, preceptora y regente de la reina niña entre 1833 y 1840, y contra las aspiraciones de los partidarios de Carlos María Isidro, hermano del rey finado.
De igual modo, durante el reinado de Amadeo de Saboya (como Amadeo I, entre 1871 y 1873), una protesta aristocrática, impulsada por Sofía Troubetzkoy (duquesa de Sesto), conminó a las mujeres madrileñas a lucir la españolísima mantilla española en lugar de los sombreros parisinos tan de moda en esos años, para mostrar su adhesión a la restauración borbónica y el rechazo a la nueva casa reinante. Para ello, la duquesa de Sesto diseñó un alfiler en forma de flor de lis (emblema de los Borbones) que las damas debían lucir visibles sobre la mantilla en los paseos solariegos por el madrileño Paseo del Prado.
Llamada la Rebelión de las Mantillas, fue orquestada y llevada a cabo por mujeres, una presencia femenina con un protagonismo propio y una visibilidad con sentido político. O al menos, reivindicativo de una corriente político-social contraria al nuevo orden institucional, como sucede con las actuales mujeres de Washington opuestas al nuevo presidente. Sí. Ninguna de esas formas de protesta pueden ser tomadas como una mera manifestación femenil.
Las mujeres de Estados Unidos y de buena parte del mundo, han querido mostrar en Washington este pasado día 21 una clara (y visibilizada en rosa) oposición a su recién proclamado presidente, a sus modos chulescos y su postura fatua, a sus desplantes mediáticos, a su falta de educación, a su xenofobia manifiesta contra inmigrantes y extranjeros, a su más que evidente machismo, misoginia y agresividad verbal hacia el sexo femenino. La protesta de las mujeres de Washington no solo es feminista, es parte de una protesta cívica y política que algunos medios ya han llegado a calificar de auténtica «resistencia civil».
Claro que, me dirán, que Washington no es precisamente una ciudad proclive a Donald Trump, donde solo un 4% de los votantes le apoyaron (lo que también explicaría las “calvas” en la multitud concentrada frente al Capitolio, en el National Mall, el día de la proclamación presidencial) y que al fin y al cabo, las mujeres, un 53% de las mujeres (blancas, el voto afroamericano conjunto fue del 8%), votaron a favor del nuevo presidente. Son cifras para la reflexión, sobre todo, cuando su oponente demócrata era una mujer, Hillary Clinton.
Pero son cifras que directamente nos dicen que las mujeres tienen su propia opinión política. No votan por corporativismo femenino. Y por lo tanto, la oposición que se realiza ahora frente al nuevo presidente no es feminista ni corporativista, ni debe tenerse únicamente por femenil. Es una reivindicación política que se visibiliza en rosa, sí, con los pussyhats, sí, pero también a través de un claro empuje cívico-político femenino.
La historia nos ha enseñado que tal empuje no debe ser desdeñado. Si podemos considerarlo histórico, Eva realizó la primer acción de protesta femenina (y solo femenina) contra el poder establecido, reivindicando el derecho a la sabiduría para ella y para toda la humanidad. Fue un gran logro, pero a cambio, supuso un alto costo para nosotras: la carga perpetua de un pecado en forma de subordinación femenina al sexo opuesto. No nos conformamos nunca con ese destino.
Fueron muchas las ocasiones en las que a lo largo de la historia las mujeres mostraron ese empuje, coraje y voluntad de cambiar el destino de todas. Fueron las mujeres las que en la Revolución Francesa alentaron a los hombres para salir a las barricadas portando ellas armas y antorchas en todas las revueltas. Fueron las mujeres del mercado de París las que el 5 de octubre de 1789 protagonizaron la marcha a Versalles protestando por la carestía y alto precio del pan, marcha que pronto se tornó en política cuando se unieron a los ciudadanos (hombres y mujeres) que sitiaron el Palacio de Versalles obligando al rey, y a los miembros de los Estados Generales allí reunidos, a volver a París. Para algunos estudios feministas, estos actos son considerados “fundacionales” de la lucha por la emancipación femenina. Pero es que no fueron los únicos.
En la previa Revolución Norteamericana (1775-1783), hubo mujeres que empuñaron armas y cañones (Margaret Corbin, por ejemplo, la primera mujer en la historia de Estados Unidos que recibió una pensión del Congreso por los servicios militares prestados y la única enterrada en West Point, pero también la mítica Molly Pitcher, por cierto, ambas vinculadas a Pensilvania, como Betsy Ross)
Y en la posterior Guerra de la Independencia española iniciada en 1808, las mujeres se rebelaron contra los invasores franceses, llegando a ser artilleras (Agustina de Aragón) o jefas de Somatén (Susana Claretona, Margarita Tona, María Esclopé…), por poner solo un par de ejemplos.
Fueron decididas mujeres norteamericanas (muchas inmigrantes de origen europeo, además) las que protagonizaron las huelgas del sector textil de 1908 (en Chicago) y 1909 (como la famosa “huelga de las camiseras” o el “levantamiento de las 20.000”, organizado por los sindicatos de mujeres de Nueva York) o las que sucedieron en 1911 después del terrible incendio de la Fábrica de camisas Triangle Waist Co. de Nueva York, que se saldó con la muerte de 146 personas, 123 de las cuales eran mujeres, muchas de ellas muy jóvenes y de nuevo, inmigrantes europeas en gran número (incendió que desde entonces se recuerda con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora del 8 de marzo).
Las condiciones de trabajo de todas estas mujeres eran terribles y la respuesta que las autoridades dieron a esas manifestaciones multitudinarias no estuvieron ausentes de detenciones, despidos, multas y más violencia (la sindicalista Clara Lemlich, por ejemplo, con varias costillas rotas en la manifestación de 1909 en Nueva York), pero estas protestas alentaron el movimiento sufragista femenino que ya había nacido en el siglo anterior y que tendría en estos primeros años del siglo XX su momento de apogeo.
Y también fueron mujeres con empuje las milicianas republicanas españolas del 36 que defendieron la legalidad constitucional frente a un bárbaro golpe de Estado, dejando visibilizada su condición femenina y su decidida voluntad de participación revolucionaria y política como ciudadanas.
Hoy, muchas mujeres en todo el mundo están mostrando su empuje, su voluntad de seguir siendo escuchadas, su decidida negativa a ser tratadas como ciudadanas de segunda y seres humanos de tercera. Y una de esas reivindicaciones ha llegado al corazón de la gran metrópoli occidental, Washington, visibilizándose con un gorro de lana de color rosa y orejas de gato. La manifestación de mujeres en Washington, y en otras muchas ciudades, portando sus pussyhats o fabricándolos para otras mujeres, han mostrado dos cosas al mundo: una, que en Estados Unidos han empezado a conocer un tipo de protesta civil a la que no estaban acostumbrados, una protesta espontánea y multitudinaria hacia una institución tan venerada en ese país como es la Presidencia de la República; y dos, la han conocido a través de las mujeres… definitivamente estamos en una nueva era… la era de las mujeres.
Por Alma Leonor López
http://anatomiadelahistoria.com/2017/01/los-pussyhats-un-mundo-de-mujeres-visibles/
8 de junio de 2017
Violencia contra las mujeres difícil de combatir en India.
La policía de Nueva Delhi lanzó una iniciativa única para frenar el espiral de violencia contra las mujeres en esta ciudad, conocida como la “capital de la violación”: un escuadrón de ciudadanos, que asisten en la prevención y la detección de delitos y contribuyen a mantener el orden.
El grupo, llamado “policías mitras” (amigos de la policía), está formado por granjeros, trabajadoras del hogar y exmilitares.
Por otra parte, los jefes de policía crearon su propia versión de los “Ángeles de Charlie”, un escuadrón de mujeres entrenadas para combatir la delincuencia, agentes con kimonos blancos que saben lanzar patadas y persiguen a los predadores sexuales en todo el país.
"Llevo gas pimienta y un cuchillo cuando vuelvo tarde de la oficina”: Shashibala Mehra.
El grupo de 40 mujeres bien entrenadas en artes marciales vigila lugares “vulnerables” de la ciudad, como las escuelas y las estaciones de tren subterráneo.
India, uno de los peores países en materia de seguridad de la población femenina, incorporó una serie de iniciativas innovadoras para preservar a las mujeres de los delitos sexuales. Pero irónicamente, a pesar de leyes más duras y del fortalecimiento de policía, la violencia aumenta.
Según un informe del Contralor y Auditor General de India, delitos como violación, abuso sexual y acoso se dispararon, aumentando 60 por ciento entre el período 2010-2011 y entre 2014-2015.
Un informe de la Oficina Nacional de Registro de Delitos concluyó que hubo 337.992 denuncias de violencia, violación, crueldad y secuestro, contra las mujeres en 2014, nueve por ciento más que el año anterior.
Las denuncias de violación también aumentaron nueve por ciento, registrándose 33.707 ese mismo año, el último del que se dispongan datos.
Un estudio de la organización ActionAid concluyó que 79 por ciento de las mujeres indias han sufrido acoso o violencia en espacios públicos.
El aumento de ataques contra las mujeres disparó numerosos proyectos voluntarios, como la iniciativa Blank Noise, cuya campaña #WalkAlone (camina sola) llamó a las mujeres a romper el silencio y caminar solas para luchar contra el miedo al acoso callejero.
Otra campaña pidió a las mujeres que enviaran la vestimenta que llevaban cuando sufrieron acoso, la que se usó para montar una instalación pública.
En 2003, la organización convocó a acosadores, víctimas, espectadores y transeúntes, llamados “Héroes de Acción”, una red de voluntarios de todas las edades, géneros y orientación sexual a difundir el mensaje contra el acoso sexual en espacios públicas. También dicta cursos para ayudar a las mujeres a crear espacios seguros.
El parlamento aprobó leyes más duras contra la violación, la trata de personas, los ataques con ácido y el acoso, pero esto tampoco se tradujo en una disminución de los delitos. Algunas activistas analizan que eso se debe a que las movilizaciones generaron un contraataque de los violentos.
“Hay mucha cobertura mediática, marchas con velas y miedo en las redes sociales si las mujeres se indignan, pero en realidad no cambió nada”, observó Pratibha Malik, de la organización Aashrita.
“La presencia misma de las mujeres en espacio no tradicionales, como oficinas, bares, restaurantes, entre otros, en una sociedad patriarcal como la de India es responsable de la respuesta violenta”, opinó.
El disparador para reforzar la legislación y la acción policial fue la violencia de una estudiante de medicina de 23 años en diciembre de 2012 en un autobús en movimiento cuando regresaba del cine con un amigo.
Un grupo de varones, entre los que incluso había uno de 14 años, atacaron a la pareja. La mujer fue varias veces violadas y su amigo, golpeado con una barra de hierro. Ella murió poco tiempo después y todo el episodio, que ocupó los titulares de los diarios de todo el mundo, motivó protestas masivas reclamando medidas contra la violencia.
Al tiempo, se creó el Comité de Justicia Verma, en cuyo informe mencionó “la gobernanza deficiente no crea un ambiente seguro y digno para las mujeres de India, constantemente expuestas a la violencia sexual”.
Los tres agresores del sonado caso de 2012 fueron condenados a muerte. Además, se aprobó una ley ampliando la definición de delitos sexuales para incluir la penetración forzada mediante cualquier objeto, el acoso, la violencia con ácido e, incluso, contra desvestir a las mujeres.
Pero ellas todavía no se sienten seguras, pues consideran que todavía acecha el peligro, en especial en las grandes ciudades, donde salir de noche aún se considera una “aventura”.
“No me siento para nada segura en espacios públicos ni en el transporte público. Sé que nadie va a salir a defenderme si estoy en problemas”, confesó la cocinera Rekha Kumari, de 30 años.
“Llevo gas pimienta y un cuchillo cuando vuelvo tarde de la oficina”, coincidió Shashibala Mehra, una contadora de 52 años. “En los 40 minutos que tengo de regreso a casa, hablo por teléfono con mi esposo para que sepa si tengo algún problema”, acotó.
Laxmi Aggarwal, quien sufrió un ataque con ácido y se dedicó a luchar para prohibir la venta de esa sustancia en este país, señaló que el gobierno no ha hecho mucho al respecto. “Jovencitas vulnerables sufren ataques en distintas zonas rurales de India”, apuntó.
La joven de 27 años trabaja con la organización Stop Acid Attacks para ayudar a otras víctimas como ella y defender sus derechos en la justicia.
Además de comparar armas y gas pimientas, muchas mujeres recurren a aplicaciones de seguridad, toman clases de defensa personal y se unen a grupos de autoayuda.
El colectivo femenino Brigada Roja, por ejemplo, ofrece a mujeres y niñas técnicas de autodefensa y persigue a los hombres que cometieron una agresión sexual.
“Tratamos de que el hombre errado entre en razón hablando con él y sus padres. Si no escucha, vamos a la policía”, detalló Usha Vishwakarma. “Si sigue obstinado, pasamos a la acción”, puntualizó.
Una parte importante del apoyo de la Brigada Roja es ayudar a las víctimas a sacarse el sentimiento de culpa de que son responsables de la violencia sufrida.
Por Neeta Lal
http://www.ipsnoticias.net/2016/12/violencia-contra-las-mujeres-dificil-de-combatir-en-india/
6 de junio de 2017
Las mujeres indígenas en Perú combaten el cambio climático e impulsan su economía .
Para combatir el impacto del cambio climático, las mujeres indígenas de Laramate en Perú recuperan técnicas ancestrales de cultivo con el apoyo del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Además de mejorar los cultivos y sus ingresos, el programa ha promovido la participación de las mujeres indígenas en los espacios públicos y en la toma de decisiones.
Las agricultoras indígenas del distrito de Laramate, en Perú, saben lo que implica el cambio climático. Han visto cómo sus cosechas se marchitan durante las sequías y se pudren bajo constantes lluvias y heladas. La producción era reducida y sus hijos sufrían desnutrición hasta que las mujeres de las comunidades rurales de Atocata, Miraflores, Patachana, Yauca y Tucuta empezaron a recuperar las técnicas de sus ancestros en la selección y conservación de las semillas y el cultivo de la tierra.
El resultado ha sido sorprendente. Los campos ahora rebosan de patata, olluco, maíz, verduras, frutas y granos como kiwicha. La producción es mayor y más diversa, los cultivos son más resistentes a las heladas y las sequías y los productos son más nutritivos.
Las mujeres seleccionan semillas sanas, rotan los cultivos para recuperar la fertilidad del suelo y riegan la tierra de forma más eficiente usando los métodos de sus ancestros. Al dejar de usar agroquímicos, sus productos saben mejor y duran más.
“Nuestra tierra es la única herencia que tenemos. Cuidamos de ella como lo harían nuestros ancestros, sembrando semillas pero también dejando descansar la tierra por períodos de tiempo”, asegura Magaly Garayar, de 37 años, residente de la comunidad de Atocata y presidenta de OMIL (Organización de las Mujeres Indígenas de Laramate), a la que a su vez apoya el Centro de Culturas Indígenas del Perú (CHIRAPAQ), la organización beneficiaria del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. CHIRAPAQ trabaja para fortalecer las capacidades de las mujeres indígenas en el distrito de Laramate, les aporta formación y les ayuda a mejorar su situación económica.
Photo courtesy of CHIRAPAQ
Como presidenta de la OMIL (Organización de las Mujeres Indígenas de Laramate), Magaly Garayar defiende los derechos de las mujeres indígenas. OMIL ayuda a las mujeres indígenas a comercializar y vender sus productos en mercados locales. Foto cortesía de CHIRAPAQ
Lucia Rupire, otra residente de Atocata y miembro de OMIL, apela a los recuerdos de su padre y su abuelo fertilizando la tierra con abono del ganado vacuno, las ovejas y la alpaca. “Empecé a hacer lo mismo después de recibir la formación porque entendí que las técnicas de mis ancestros respetan el medio ambiente así como mejoran la fertilidad del suelo y nuestra salud. Ahora hemos aprendido a preparar un abono mejor y más orgánico (…) ¡Mi marido está sorprendido de lo que hemos cosechado!”
La mejora en la producción ha derivado en una mejora de la economía y la salud de las familias en la zona. “En el pasado solo sembrábamos patatas, solo comíamos un poco de trigo… No podíamos permitirnos comprar nada. Ahora cultivo mis propias verduras y nuestra comida es mejor porque la combino con verduras. Parte de lo que siembro lo cocino para mí misma y el resto lo vendo para ganar algo de dinero”, declara Carmen Tenorio, de la comunidad de Yauca.
Magaly Garayar lidera el grupo de 110 mujeres de la OMIL que defienden los derechos de las mujeres indígenas. “El machismo continúa presente en nuestras comunidades. La mayoría de las veces los hombres no nos dejaban participar en eventos, actividades o talleres (…) Los hombres eran los únicos que podían tomar decisiones. Pero ahora las mujeres tienen voz, nuestras autoridades nos escuchan y nuestras opiniones son tenidas en cuenta”, asegura Garayar.
Como parte del programa “Mujeres indígenas defendiendo a la Madre Tierra: Derechos económicos y empoderamiento en América Latina”, financiado por el Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres e implementado por CHIRAPAQ, OMIL también ha ayudado a las mujeres indígenas a comercializar y vender sus productos en los mercados locales. Asimismo, ha conseguido el compromiso del Gobierno local en apoyo de la celebración de una feria agroecológica todos los meses para impulsar su economía. Además, la organización ha ayudado a fortalecer al negocio local de lácteos en la región andina de Ayacucho, que ha desarrollado una marca popular para sus quesos, yogures y otros productos.
“Este programa demuestra la iniciativa y la resistencia de las mujeres indígenas. A través del uso combinado de estructuras económicas colectivas y el apoyo técnico apropiado, han conseguido mitigar el impacto del cambio climático y expandir sus oportunidades de negocio, usando medios sostenibles y respetuosos con el medio ambiente de producción y consumo. La iniciativa no solo ha impulsado los ingresos de las mujeres; también su autoestima y sensación de empoderamiento”, explica Elisa Fernández, Jefa del Fondo para la Igualdad de Género. Entre 2013 y 2015, el programa ha impactado en la vida de más de 400 mujeres en Perú, ha aumentado la participación de las mujeres en los espacios públicos y su capacidad de influir en las políticas sobre derechos económicos de las mujeres indígenas y la erradicación de la violencia contra las mujeres.
http://www.unwomen.org/es/news/stories/2016/8/indigenous-women-in-peru-combat-climate-change-and-boost-economy
31 de mayo de 2017
Machismo y cosificación de la mujer: un flagelo social.
En el documento “Toward a Fuller Conception of Machismo: Development of a Traditional Machismo and Caballerismo Scale”, publicado por el Journal of Counseling Psychology y escrito por académicos de la Universidad Estatal de Arizona, se brinda una aproximación al concepto de machismo que define el término como un comportamiento guiado por una “fuerza masculina” que, de una forma u otra, conduce todo tipo de conductas igualmente masculinas.
El machismo ha sido entendido y definido por los estudiosos como un ethos (costumbre) conformado por comportamientos que “se espera” realicen los hombres provenientes de países latinoamericanos, especialmente en relación con características como el sexismo, el chovinismo y la hipermasculinidad.
Para Mayo y Resnick (1996) citados en el documento mencionado al inicio de este artículo, el machismo involucra además la dominación de la mujer, a la cual se ve como única responsable de la crianza de los hijos y el servicio perpetuo a los hombres.
El pensamiento machista se adscribe a un discurso centenario de creencias de origen cultural, premisas antropológicas que definen al hombre y la mujer como figuras con roles pre-asignados e inamovibles que justifican las oportunidades laborales de un género y las obligaciones domésticas de otro.
En un ámbito psicológico y sociológico, el machismo es un fenómeno que amerita ser analizado partiendo no solo de sus características negativas sino también considerando las posibles acepciones positivas que se tienen de él en un contexto sociocultural válido, donde la conducta machista es entendida como una cuestión de orgullo y honor y adquiere, el término, un matiz vinculado a lo que se conoce popularmente como caballerismo.
No obstante, este artículo no busca abordar los factores individuales, políticos, familiares e incluso religiosos que influyen en una interpretación aceptable o favorable al machismo en los países latinoamericanos; en cambio, lo que se pretende es profundizar en la consecuencia de mayor perjuicio social en la actualidad: la cosificación de la mujer.
EL PENSAMIENTO MACHISTA SE ADSCRIBE A PREMISAS ANTROPOLÓGICAS QUE DEFINEN AL HOMBRE Y LA MUJER COMO FIGURAS CON ROLES PRE-ASIGNADOS E INAMOVIBLES
Gemma Sáez, autora del estudio “¿Empoderamiento o Subyugación de la mujer? Experiencias de la Cosificación Sexual Interpersonal”, publicado por la Universidad de Granada (España), define la cosificación sexual como la reducción de la mujer a su cuerpo, o a partes de su cuerpo.
El acto de cosificar es, en esencia, justamente lo que indica: proceder con una metamorfosis en la que no se da voz de voto al sujeto central, sino que se le somete suprimiendo sus cualidades humanas y convirtiéndolo en una cosa, en un objeto que, en el caso de la mujer, ciertos factores culturales y la influencia mediática ponen a disposición del disfrute de otros.
El rol de la influencia mediática, por ejemplo, es palpable en la publicidad y en los medios de comunicación, y responde directamente a las expectativas y tendencias culturales predominantes, como ocurre en México con las presentadoras de la sección meteorológica en los noticieros, un tema que ha generado polémica por el modo en que se exhibe y fomenta la ideología machista y la cosificación sexual de la mujer.
Para la feminista Marta Lamas, este fenómeno es simplemente un reflejo de la realidad de México, donde el machismo “forma parte de la identidad nacional” y “persiste hasta en las rancheras”.
La cosificación de la mujer y el machismo se relacionan directamente: el pensamiento machista promueve la cosificación al desestimar la igualdad de derechos de la mujer en cuestiones elementales, como la libertad. El machismo entendido en la dimensión del sexismo y el despotismo de género apoya la visión de una mujer sometida a las expectativas, deseos y necesidades del hombre, entre ellas, la satisfacción sexual.
Pero las consecuencias de la cosificación no solo retraen la construcción de una sociedad más igualitaria y mayores oportunidades de educación y crecimiento laboral para las mujeres, también constituyen un flagelo para la salud emocional.
La cosificación de la mujer que se promueve naturalmente en los medios de comunicación, por ejemplo, influye seriamente en la percepción que las niñas y adolescentes adquieren de sí mismas, en la apreciación de su cuerpo, en el establecimiento de prioridades y en la formación de creencias que no siempre son positivas.
De hecho, la cosificación sexual de la mujer que habla de medidas perfectas y de un régimen de belleza estándar (el de las modelos y famosas) se vincula con el desarrollo de trastornos como la anorexia, la bulimia, la depresión, la ideación suicida y el suicidio.
El machismo definido como un conjunto de comportamientos a favor de la sumisión de la mujer trasciende, desde luego, los límites de la comunidad hispana, al igual que la cosificación de la mujer vista como un fenómeno de reducción de la humanidad a un estado de objeto útil.
El Islam, por ejemplo, ha sido una religión polémica ante los ojos de la cultura occidental por permitir ampliamente el castigo físico y la subordinación de la mujer como parte de sus creencias. No obstante, entra en este caso la disputa entre la libertad de credo y la aceptación de la violencia de género, o en otras palabras: ¿es aceptable la cosificación de la mujer cuando forma parte de un conjunto de creencias? ¿Toleramos la cosificación como sociedad siempre y cuando sea religiosa?
Tanto el machismo como la cosificación son fenómenos que involucran elementos de carácter religioso, político e histórico. Las sociedades patriarcales, desde luego, presentan una alta dosis de machismo en comparación con cualquier sociedad matriarcal; lo preocupante, en realidad, no es la diversidad de riqueza histórica ni el legado cultural, ni siquiera la documentación dogmática, sino la negación de la humanidad como condición inherente a todo ser humano.
La cosificación es resultado de dicha negación, en tanto se considera a la mujer como sujeto inferior al hombre y se asume su existencia como argumento a favor del placer y la satisfacción del sexo masculino y no como lo que es por derecho universal: un individuo naturalmente digno y de valor por su condición de persona humana, capaz y merecedor de las mismas oportunidades.
Por
Rita Arosemena P.https://www.psyciencia.com/2016/13/machismo-cosificacion/
26 de mayo de 2017
Feminicidio en México, relacionado con trata de personas.
El aumento de casos de feminicidio tiene múltiples causales, entre ellas, existe un vinculación directa con la trata de mujeres con fines de explotación sexual comercial y la presencia del crimen organizado, ubicado de manera concreta en Norte en el país, indica el informe, “Trata de personas en México” 2017.
El reporte hecho por la organización Hispanics in Philanthropy (HIP), a través de entrevistas a 70 organizaciones, realizó una radiografía sobre las rutas y situaciones de trata de personas en México, donde explica que “existe una feminización en el tema de trata de personas el cual está encasillado en la explotación sexual por los numerosos casos de violencias y feminicidio”.
HIP es una red transnacional de donantes comprometidos a fortalecer el liderazgo, la voz y la equidad de las comunidades latinas en todo el Continente americano. Reúne a donantes, organizaciones civiles, investigadoras para estudiar diversas realidades.
La investigación sostiene que en la región Norte, se ubica como foco rojo de trata de mujeres con fines de explotación sexual, los municipios de Tijuana, Tecate y Ensenada en Baja California.
Asimismo, en Chihuahua y Ciudad Juárez se mantiene un fenómeno ya denunciado por organizaciones civiles y madres de víctimas de feminicidio en 1993; la relación entre la desaparición de mujeres para fines de explotación sexual y el feminicidio, como el término de este círculo de violencia contra las mujeres.
Lo mismo sucede en Nuevo León y Coahuila, reporta la organización. La situación se torna compleja en esta zona, al contar con la presencia de crimen organizado, cruces migratorios, y rutas férreas.
Los testimonios de agrupaciones, indica el documento, hablan de la falta de preparación de las autoridades gubernamentales en esta zona para identificar si una desaparición puede tener relación con una situación de trata o bien, la burocracia y corrupción dentro del sistema se opone como un elemento para realizar acciones efectivas de búsqueda y acceso a la justicia.
REGIÓN CENTRO
En esta área geográfica que considera la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Michoacán e Hidalgo, la organización advierte que la dinámica de trata de personas se combina con actividades ilícitas, por ejemplo, en Puebla identificaron que las mujeres son intercambiadas entre grupos delictivos con fines de esclavitud sexual y laboral.
Para esta área se tiene ubicado de manera muy concreta las características de las víctimas que son mujeres: jóvenes de 16 a 22 años de edad –y en algunos casos se indica que niñas de 10 años- mujeres indígenas, y mujeres estudiantes de telesecundaria rural o bachilleratos urbanos.
Las organizaciones civiles consultadas refieren que entidades como Michoacán donde la delincuencia está articulada, una vez que llegan a localizar alguna mujer víctima de explotación sexual, ante el peligro y por su seguridad, la tienen que enviar a la Ciudad de México, lo mismo sucede en Tlaxcala.
La investigación arrojó que los tratantes en la zona Centro han diversificado sus modus operandi, más efectivos y menos visibles, esta situación se mezcla con el rechazo al tema por parte de las autoridades de gobierno, “no hay información o no se ha querido hablar del tema”, subraya el documento.
EL BAJÍO
El informe destacó que en la zona del Bajío –que comprende los estados de Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Colima y Nayarit- las organizaciones civiles presumen que el alto índice de mujeres adolescentes desaparecidas –en específico esta población- podría estar relacionado con la trata para fines de explotación sexual.
Sin embargo, el análisis del grupo de investigadores de HP, concluyó, que no existen cifras o elementos que avalen esta hipótesis, por lo que la desaparición de mujeres adolescentes creen, “puede responder a la ausencia de un núcleo familiar estable, pero también a las malas condiciones de seguridad en el estado, así como a un nivel alto de falta de oportunidades para estudiar y emplearse dignamente en algún sector regulado”, describen.
SUR
En el sur del territorio, HP observó que en las comunidades indígenas, los padres de familia con frecuencia ofertan y venden a sus hijas menores de edad y adolescentes, a quienes forzan a contraer matrimonio sin que las autoridades logren detectar la situación, “por la falta de lineamientos claros para hacerlo y porque justifican la acción como aspectos de usos y costumbres”.
Esta área conformada por Campeche, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Yucatán, Quintana Roo, Oaxaca y Guerrero, también se identifica como un punto de cruce migratorio, identificado como foco rojo para cooptar mujeres migrantes con fines de explotación sexual.
Sin embargo, a partir del rastreo que hizo el equipo de investigación se identificó que no existe protección ni atención para las víctimas. Y sólo lograron identificar en esta zona tres refugios especializados para atender a mujeres víctimas de trata.
http://www.cimacnoticias.com.mx/taxonomy/term/5882
Hispanics in Philanthropy informe “Trata de Personas en México”. Trata de mujeres con fines de explotación sexual comercial
25 de mayo de 2017
“No es posible una economía social y solidaria si no es feminista”
Comencemos conociendo qué hace el Instituto de Mujeres y Cooperación (IMC), cuáles son sus objetivos y proyectos.
El Instituto de Mujeres y Cooperación nace en el 98, con la voluntad de incorporar la perspectiva feminista a los proyectos de intervención social. Está compuesto por abogadas, psicólogas, mujeres de distintos ámbitos. Con el tiempo hemos ido profundizando y madurando nuestra postura en el Feminismo.
Empezamos gestionando un espacio de Igualdad de mujeres magrebíes, que estuvo funcionando 6 años. Gestionamos un espacio de Igualdad en Villaverde, puntos de violencia de género en San Sebastián de los Reyes y acabamos de inaugurar un espacio de Igualdad en Arganzuela que se llama Juana Dueñas. Nuestros principales clientes son las administraciones públicas, aunque también asesoramos a fundaciones privadas.
En el ámbito de lo no pagado nos dedicamos a la economía social y solidaria y asesoramos a muchísimas mujeres que tanto en lo privado como en lo empresarial están poniendo en marcha proyectos.
En 2015 fundamos la Red de Economía Feminista en Madrid, de la que forman parte 20 entidades feministas, con el objetivo de visibilizar empresas y profesionales feministas.
Cada vez toma más fuerza la necesidad de potenciar un tipo de economía alternativa, social, solidaria. ¿Qué relación tiene este tipo de mirada, de visión, con los feminismos? ¿Cómo pueden retroalimentarse entre sí la economía social con la economía feminista?
Nosotras aterrizamos en la economía social y solidaria, que en principio es un ámbito privilegiado, pero también ahí hace falta el feminismo. Cuando hablamos de poner en el centro el valor de la vida de las personas, hablamos también de afrontar las desigualdades. Hay que poner la mirada en qué pasa con la presencia de las mujeres, en los roles, en las diferencias que existen en el emprendimiento, según lo lleven a cabo hombres o mujeres, etc. No habrá economía social y solidaria si no es feminista.
La economía social y feminista no es hablar solo de lo público, sino también del reparto de los cuidados. La economía feminista consigue conectar nuestros cuerpos con el mercado, es decir, no somos sujetos aislados y tenemos que revisar nuestra vida en las casas, en las comunidades, en los distritos, en las asociaciones, tenemos que darle una vuelta a cómo tenemos organizada nuestra vida.
Incluso dentro de la economía social y solidaria se promociona y es más visible quien tiene una heroicidad militante, quien es capaz de dedicar muchas horas a estar en espacios formales o informales, ¿a costa de qué?
Valorar los cuidados y la singularidad de las personas y situaciones
Los cuidados sostienen el mundo, aunque no sean valorados. Las mujeres se han ocupado de estos cuidados. Pero el modelo no da más. Hay otro modo de afrontar esto y es quizás uno de los aspectos más revolucionarios del modelo económico que defiende el feminismo.
Claro, estamos planteando muchas propuestas. De entrada, lo primero es fortalecer nuestras entidades porque es difícil la interlocución entre nuestras entidades y los clientes. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid nos exige unos horarios.
Los cuidados se tienen en cuenta en la forma de organizar el trabajo, hay que dar valor a las opiniones subjetivas, ser horizontales….la economía feminista es educar en la democracia de la participación y tener en cuenta las necesidades de cada persona.
Y desde hace tiempo estamos proponiendo hacer comunidades cuidadoras. Dejar de sobrecargar a las familias con todas las exigencias de la crianza, del cuidado a las personas mayores e intentar articular apoyos desde lo comunitario. Por ejemplo, cómo te puedo ayudar con tu abuela, cómo me ayudas con la crianza…
Se requiere hacer empresas que no pongan el beneficio económico en el centro.
Y exigir a las instituciones que el trabajo de cuidados esté respaldado, con recursos especializados que atienda la singularidad de las familias y las personas. No es lo mismo una familia monomarental, o una con personas mayores en situación de dependencia…
¿Se trasladan roles y tendencias machistas que existen en la sociedad a las cooperativas y entidades que forman parte de la economía social y solidaria? Por ejemplo, que los cargos de decisión o gestión tiendan a ser ocupados por ellos.
¡Claro! Es verdad que es un contexto más privilegiado, pero llevamos siglos de historia patriarcal y hay muchas cosas que seguir mejorando.
En las asambleas es muy común que los hombres usen más los turnos de palabra, aunque haya más mujeres. Hace falta empoderar a las mujeres, hace falta que los hombres revisen sus privilegios.
Nosotras creamos hace 5 años ‘Tangente’, formada por 17 entidades. Recientemente se ha creado la comisión de feminismos dentro de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) de Madrid. Y vamos a estar ahí.
¿Qué permite materializar el feminismo en el ámbito económico?
Feminizar la política y la economía es poner en valor cosas que hasta ahora no han sido valoradas. Por ejemplo, el valor del consenso, el valor de la escucha…es importante lo que se dice, pero también cómo se dice, y también lo que no se dice. Hay que poner el foco en esa otra forma que hemos tenido las mujeres de sostener la vida, basada en el consenso, en la cultura de la paz. Sin idealismos, sin esencialismo, pero dando importancia a cómo lo hemos hecho.
Empoderamiento
Es habitual consultar a “expertos” en todos los campos e ignorar a las mujeres. Es necesario trabajar por el empoderamiento de las mujeres y también replantear la división sexual del trabajo. ¿Cómo se articula esto?
Nosotras, siempre que nos piden una persona experta, en cualquier campo, damos el nombre de una mujer. Creemos en las acciones positivas. Si además es negra, o gitana, mucho mejor. También hay que dar una vuelta al concepto de experto. ¿Qué es lo experto? Dentro del marco que tenemos, capitalista y empresarial, la persona experta es la que ha hecho muchos masters, tiene títulos. No es la persona más humilde, la que relativiza su conocimiento, sino la que se embiste de poder. Personas expertas para nosotras son esas personas que llevan años conociendo una realidad y que saben desde la humildad que les da esa experiencia, que les falta mucho por saber, la realidad es cambiante y no podemos absolutizar. Hay muchos ejemplos, la cooperativa ‘Abierto hasta el amanecer’ lleva años asesorando a las empleadas en el sector doméstico, pero están en la sombra y para nosotras son mucho más expertas que el líder sindical que firma los convenios.
Esas cooperativas son una alternativa para la mejora de las condiciones de las empleadas en el sector doméstico y de cuidados, en su mayoría mujeres. ¿Es esto una tendencia? ¿Se están creando cooperativas de trabajo doméstico?
Se está avanzando. En Madrid hay ya cinco cooperativas del sector constituidas.
¿Es un indicador de avance el Feminismo?
Creemos que sí. Se está sumando gente nueva, joven. En el I Congreso de Economía Social y Solidaria que recientemente se ha celebrado en el barrio de Tetuán, el área que más interés despertó fue el de Feminismo. Estamos viviendo el desarrollo del Feminismo de base, la gente empieza a entender que sin Feminismo no hay democracia, no hay nada. Movilizaciones como el Tren de la Libertad, el 7N, o el último 8 de marzo son algunas muestras. Y también es cierto que las crisis sistémicas como la que vivimos van acompañadas de un movimiento social fuerte.
El cambio que propone la economía feminista tiene que ver con esa base social. Pero también hay medidas legislativas que pueden contribuir. ¿Cuáles serían prioritarias?
La renta básica es fundamental. La Igualdad en los permisos de maternidad y paternidad que plantea la PPiiNA. Fortalecer el desarrollo de empresas de economía social y solidaria que defienden los principios de la Constitución, como es la igualdad, con beneficios fiscales o ayudas. Y dotar de presupuesto a la Ley de Dependencia, hay que dar valor a esos trabajos que sostienen la vida.
Entrevista a Alicia Rius y Ana Álvarez, del Instituto de Mujeres y Cooperación
http://amecopress.net/spip.php?article15740
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