15 de marzo de 2020

Alertan por explotación de inmigrantes que laboran como niñeras y empleadas de limpieza en EEUU.



Los jefes de Anna supieron explotar muy bien sus habilidades en desarrollo infantil, debido a su profesión de maestra en Filipinas; comenzaba su jornada a las 6:00 a.m. en una vivienda en Midtown, Manhattan, cuando tenía que despertar a los niños de la familia. Además de llevarlos al clegio y asegurarse de que realizaran sus tareas, tenía la obligación de limpiar la casa, preparar la comida familiar y llevar a los chicos a la cama. Su día laboral terminaba 14 horas después. ¡Por fin podía dormir! Aunque debía hacerlo en un colchón colocado entre las camas de los niños a su cargo. Su salario no era mayor a los $10 dólares por hora y no recibía el pago por todas las horas invertidas.
La trata de personas tiene diversos rostros, pero la laboral es una de las más comunes y las víctimas no siempre saben que lo son, a pesar del agobio que enfrentan en su vida cotidiana. Incluso podrían estar siendo explotadas por familiares y amigos, creyendo que les están haciendo un favor.
Las señales para quienes son víctimas de este maltrato son varias, la principal es que no son libres de hacer con su tiempo lo que desean y son sometidas a varias horas de trabajo sin recibir el pago como marca la ley. En casos extremos sus documentos son retenidos o su paga es condicionada a una “cuota”. Cada caso es distinto.
Un reciente reporte de la organización Polaris y la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas (DNWA, en inglés) revela que en Estados Unidos hay las niñeras, empleadas en la limpieza de casas, asistentes de salud en el hogar y otros tipos de trabajadoras domésticas frecuentemente laboran por salarios extremadamente bajos.
Este tipo de explotación es raramente reportado, porque las personas creen que es “normal” laborar en esas condiciones. El informe “Trata de personas en casa: trata laboral en el trabajo doméstico” indica que 67 por ciento de estas empleadas indicaron que sus expectativas laborales eran únicamente discutidas en de conversaciones informales, mientras el 74 por ciento dijo que no podía negarse a realizar más trabajo.
La propuesta de Ley de Derechos para Empleados en el Trabajo Doméstico, que introdujeron al Congreso la senadora Kamala Harris (D-CA) y la representante Pramila Jayapal (D-WA) el 15 de julio, tomaría importantes pasos para brindar a estas trabajadoras los derechos que necesitan, indican las organizaciones, además de que ayudaría a regular el empleo temporal para trabajadores migrantes.
El 23 por ciento de los casos sobre trata de personas que recibe la Línea Nacional Contra la Trata de Personas de Polaris (1 (888) 373-7888) involucra a trabajadoras domésticas, apunta el informe, pero se reconoce que quizá sea una cifra mínima al problema real.
“Las trabajadoras son, en muchas ocasiones, controladas a través de retención salarial, tergiversación de sus obligaciones laborales, horarios laborales excesivos y abuso emocional”, alertan los expertos.

Bajos salarios

Además del tiempo labora, las empleadas domésticas reciben muy bajos salarios, algunas $40 o $50 dólares por día, indica el reporte, donde se destaca el caso de un trabajador a quien se le pagaba $1.27 dólares por hora.
El 23 por ciento de estos trabajadores recibió un salario inferior al salario mínimo estatal. El ingreso promedio de la mayoría es de $6.15 dólares por hora.
El 70 por ciento de todos los trabajadores domésticos ganaban menos de $13 dólares por hora, pago que se detemina por la raza, el tipo de contratación (permanente o de entrada por salida) y el estado de ciudadanía, es decir, si es estadounidense, nacido o naturalizado o Residente Permanente o indocumentado.
Al separar los grupos de domésticos trabajadores, fueron las niñeras quienes logran mejor salario, aunque no necesariamente el ideal, de $11 dólares por hora, mientras que limpiadores solamente $10 dólares.

Una ley clave

Lilian Agbeyegbe, administradora de Aprendizaje e Impacto de Polaris y autora del reporte, destaca que estas empleadas son clave para la funcionalidad de las familias, pero una gran parte debe padecer abusos, debido a sus condiciones vulnerables de inmigrantes o pobreza.
“Con mucha frecuencia nos enteramos de casos en los que alguna persona ha sido condenada a ser virtualmente esclava en una casa durante años y años, y siempre reaccionamos con sorpresa”, indica Agbeyegbe, aunque reconoce que es más común de lo que se piensa. “Creemos que ya es tiempo de reconocer que cuidar de nuestros seres queridos y de nuestros hogares es un trabajo real, vital, y que esa gente que lo hace merece un salario justo, horarios laborales decentes y protecciones legales”.
Ai-jen Poo, director del DNWA, alerta que la “buena voluntad” del empleador predomina en este tipo de contrataciones, generando abusos, por lo que defendió la necesidad de aprobar la norma impulsada en el Congreso.
“La Ley de Derechos para Empleados en el Trabajo Doméstico, el marco del siglo XXI para traer dignidad y respeto para empleados del trabajo doméstico, es parte de una solución más grande para asegurar que la trata de trabajadoras domésticas termine de una vez por todas”, consideró.

Protección a inmigrantes

El análisis indica que la mayoría de las leyes laborales en el país excluyen el trabajo doméstico, por lo que estos empleados no tienen herramientas suficientes para defenderse en casos de abusos.
La Ley Nacional de las Relaciones Laborales, la Ley de Normas Laborales Justas, la Ley de Salud y Seguridad Ocupacional, el apartado VII de la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Discriminación por Edad en el Empleo de 1967 excluyeron todas, de forma explícita o implícita, al trabajo doméstico, apunta el informe.
El caso de los inmigrantes es uno de los mas preocupantes, pues las personas que buscan mejorar sus condiciones de vida son las víctimas perfectas.
“Las visas facilitan que malos actores operen y atraigan a trabajadores extranjeros a situaciones en las que se ven coaccionados a permanecer en abuso y sufrimiento, porque en realidad no tienen ninguna opción aceptable”, se indica. “Estos programas de visas necesitan una mayor supervisión para asegurar que los derechos de los trabajadores sean respetados y que tengan vías legales para buscar remedio en caso de abusos”.
Un aspecto a destacar es que se elimine a estos permisos a extranjeros la atadura a un único empleador.
“Esto eliminaría a su vez todas las amenazas de deportación y los severos obstáculos que el trabajador enfrenta si elige cambiar de trabajo o intenta reportar abusos y es luego despedido”, considera.

31 de enero de 2020

LA CENTINELA SILENCIOSA, ALICE PAUL



En 1916, un grupo de mujeres se atrincheró a las puertas de la Casa Blanca dispuestas a no abandonar aquel sitio hasta que el presidente de los Estados Unidos aceptara sus reivindicaciones. Dirigidas por Alice Paul, y conocidas como las "centinelas silenciosas" alcanzaron su objetivo: que las mujeres estadounidenses pudieran votar. Un logro que no fue rápido ni fácil de conseguir. En el camino quedaron años de lucha, violencia y mucho esfuerzo para que la Decimonovena Enmienda fuera ratificada y el sufragio femenino fuera finalmente legal en el país de las libertades.

Alice Stokes Paul nació el 11 de enero de 1885 en Mount Laurel, Estados Unidos. Alice era la mayor de los cuatro hijos de Tacie Parry y William Paul. William era banquero. Tacie, por su parte, había participado activamente en el movimiento sufragista norteamericano como miembro de la National American Woman Suffrage Association (NAWSA). Siendo jovencita, Alice acompañó en alguna ocasión a Tacie a las reuniones y actividades de la asociación.

Alice Paul creció en una comunidad cuáquera, una sociedad que creía en la igualdad de hombres y mujeres, al menos a los ojos de Dios. Una idea que a Alice no se le olvidaría nunca. Después de pasar su infancia en la granja familiar de Paulsdale, inició sus estudios en la Moorestown Friends School, demostrando ser una alumna aventajada. Tras graduarse con la mejor nota de su promoción, se graduó en biología en el Swarthmore College en 1905. Al año siguiente estuvo viviendo en el Lower East Side participando en una beca como trabajadora social del College Settlement House en la que se sumergió en las injusticias sociales en las que vivían los más desfavorecidos. En 1907 obtuvo el título de sociología por la Universidad de Pensilvania y se marchó a Inglaterra para continuar con sus estudios.

Alice se instaló en Birmingham y se matriculó en el Woodbroke Quaker Study Centre mientras se ganaba la vida como trabajadora social. Un día, Alice asistió a un discurso de la sufragista Christabel Pankhurst en la Universidad de Birmingham. Convencida entonces de la importante labor que realizaban las sufragistas inglesas, se unió a la Women Social and Political Union (WSPU), organizada por Emmeline Pankhurst, madre de Christabel. Alice se implicó activamente en las actividades de la Unión y fue incluso detenida en varias ocasiones y se sometió como queja a huelgas de hambre. Alice aplaudía los métodos violentos que habían adoptado las mujeres que defendían el derecho al voto. En una ocasión, fue detenida por lanzar un zapato contra la ventana de una sala en la que se celebraba un banquete al que asistía el primer ministro británico.

De vuelta a los Estados Unidos en 1910, Alice Paul, entusiasmada con el movimiento sufragista dirigido por las Pankhurst, decidió continuar con su labor. Ayudada por Lucy Burns, a quien había conocido en uno de sus encarcelamientos en Inglaterra, y precedida por su fama, pues los ecos de los altercados en los que había participado habían traspasado el océano, inició su defensa por el voto femenino en Estados Unidos. Alice y Lucy se centraron en esta demanda, que terminaría materializándose en la defensa de la Decimonovena Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que estipulaba el derecho al voto de todos los ciudadanos, fueran del sexo que fuera. Otras demandas feministas las dejaron de lado, pensando que lo más indispensable era conseguir el sufragio para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres.

Alice se adhirió a la NAWSA y se volcó en organizar actos reivindicativos para alcanzar su objetivo. El 3 de marzo de 1913 consiguió congregar a unas ocho mil mujeres que marcharon por la Avenida Pensilvania de Washington ante la mirada de medio millón de personas. El evento tuvo lugar un día antes de la primera investidura del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson quien, a pesar de mostrar buena voluntad en recibir a las sufragistas, no les dio nunca un apoyo real.

Alice Paul defendía que el sufragio femenino fuera aprobado directamente en el Congreso Nacional mientras que Wilson y muchas mujeres miembros de la NAWSA estaban a favor de organizar referendums en los distintos estados. La tensión entre ambas posturas terminó con la marcha de Alice de la NAWSA y la fundación de su propia organización sufragista, Congressional Union que derivó en la creación del National Woman's Party (NWP) en 1916.

Las herramientas que utilizó Alice y sus seguidoras en la nueva etapa de su lucha se centraron en la publicación The Suffragist y en aplicar métodos muy similares a los que había visto en las sufragistas británicas en el tiempo en el que formó parte de la WSPU. En 1916 Woodrow Wilson era reelegido presidente de los Estados Unidos. LA NWP había hecho campaña en contra de Wilson y no se resignaron a volver a verlo en la presidencia. Alice y otras activistas de su partido organizaron un piquete delante de la Casa Blanca que permanecería allí hasta que el Congreso sancionase la enmienda que permitiera a las mujeres votar. Conocidas como las "centinelas silenciosas", provocaron opiniones encontradas.

De la aceptación inicial, se pasó a su rechazo cuando, tras la entrada de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, continuaron reivindicando el sufragio femenino. Sus detractores consideraron que en tiempo de guerra había de apoyar a la nación y dejar de lado reivindicaciones particulares por lo que fueron agredidas y tachadas de traidoras. La tensión entre las sufragistas y los ciudadanos terminó con la detención de algunas de ellas, incluida la propia Alice Paul. Como ya hiciera en Inglaterra, Alice inició en prisión una huelga de hambre junto con otras activistas. Incapaces de controlar la situación, los guardias de la prisión ejercieron una dura violencia contra las reclusas que culminó en la "Noche del Terror", el 14 de noviembre de 1917. Las brutales agresiones salieron a la luz y la opinión pública presionó para que fueran liberadas, lo que sucedió antes de que terminara ese mes de noviembre.

La tensa situación que habían provocado las sufragistas provocó que, finalmente, alcanzaran su objetivo. El presidente Wilson decidió en enero de 1918 impulsar la Decimonovena Enmienda, que fue aprobada definitivamente en agosto de 1920.

Alice Paul había conseguido su cometido. A partir de entonces, continuó trabajando en favor de los derechos de las mujeres, en los Estados Unidos, en la Liga de las Naciones y en las Naciones Unidas. Toda una vida dedicada a la lucha por la igualdad de derechos de hombres y mujeres que terminó en 1977. Tres años antes, Alice Paul había sufrido un infarto cerebral que la obligó a dejar definitivamente la vida pública. El 9 de julio de 1977 fallecía en su casa de Moorestown, a los noventa y dos años de edad.

https://www.mujeresenlahistoria.com/2016/02/la-centinela-silenciosa-alice-paul-1885.html


20 de agosto de 2019

Mujeres policías se niegan a reprimir marchas feministas: “Si estamos, será para levantar el cartel Ni una menos”



"No es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras, dicen en un comunicado.
Mujeres integrantes de las fuerzas de seguridad se organizan en una red nacional y piden no ser enviadas a marchas de mujeres: “No es un delito manifestar por nuestra seguridad”, dijeron en un comunicado.

Están lideradas por la oficial principal de Santa Cruz, Gabriela Macías. Anunciaron que la red que las nucleará tiene por objetivo “frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la Institución”.
El documento será entregado al Ministerio de Seguridad de la Nación y allí pedirán que no las envíen a marchas feministas, ya que “no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras”.

“Creemos que no debe enviarse ni a policías hombres ni a mujeres, porque pedir por el cese de la violencia no es delito, y no tenemos que estar allí. Y si estamos, será para levantar el cartel Ni una menos, acompañando, jamás reprimiendo”, dice el comunicado.
En el escrito aseguran estar “totalmente en contra de la represión a organizaciones feministas”, y advierten que “ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas, y pedimos que denuncien los abusos de poder”.

“No todas somos policías por vocación, algunas lo somos por circunstancias, otras por la pobreza, otras por que hemos accedido como profesionales psicólogas, sociólogas que estamos impulsando entre todas esta red”, continúa.

“Somos trabajadoras. Nuestro lugar no es el de reprimir, sino el de capacitarnos y promover como mujeres una mayor perspectiva de género en las fuerzas de seguridad”, finaliza.


https://viapais.com.ar/argentina/865177-mujeres-policias-se-niegan-a-reprimir-marchas-feministas

31 de julio de 2019

Raquel Liberman, "la polaca" que desnudó la trata de mujeres en la Argentina de los años 30.


La polaca que se atrevió a denunciar a las redes de trata en la Argentina de los años 30

Un día de mayo, allá por 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz a través del coraje de una mujer que se atrevió a romper el silencio y a denunciar. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en prostíbulos regenteados nada menos que por la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’, recordada como la ZWI MIGDAL. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman.

Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores, de los cuales había intentado escapar en dos oportunidades. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.

Liberman había emigrado hacia la Argentina en 1922 junto a sus dos hijos para encontrarse con su esposo que había viajado antes. Era una de las tantas y tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. En el barco, un judío polaco le habló en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se encontró con su marido enfermo que murió al poco tiempo de tuberculosis. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a Buenos Aires y junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.

Cuando Raquel se animó a denunciar, las redes de tratantes y proxenetas ya estaban ampliamente extendidas. Y la situación de miles de mujeres europeas encerradas en los prostíbulos ya estaba instalada como una problemática social. En esa época se hablaba de “trata de blancas”, para diferenciarla de la “trata de negros”, en realidad el comercio de esclavos traídos por la fuerza desde el continente africano.

En el año 1875 se reglamentó la actividad de los prostíbulos en Buenos Aires y comenzó un proceso de legalización de la prostitución. A tal punto llegaba la cuestión que, si bien ley prohibía el involucramiento de mujeres menores de edad, definía una excepción: se autorizaba legalmente el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido iniciadas tempranamente.

Existían dos clases de proxenetas: los locales y los de origen europeo. Mientras que los proxenetas locales o nativos se conformaban con ganancias relativamente módicas y explotaban sólo una o dos mujeres en forma personal, los de origen europeo (franceses, rusos, polacos, rumanos) vislumbraban en el “negocio” una gran empresa trasnacional que podía llegar a asumir enormes niveles de organización, poder económico y político, con gran capacidad para coimear a las autoridades y alcanzar sus objetivos con menos obstáculos legales.

La primera red de traficantes había surgido en 1889 y estaba integrada por proxenetas de origen judío cuya fachada era la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’. Las mujeres traficadas venían de Europa central y Rusia. A causa de la pobreza y la persecución religiosa que sufrían, sus padres las vendían a rufianes que fraguaban un matrimonio religioso entre la mujer explotada y explotador. Al llegar eran obligadas a firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, el alimento, la renta de la pocilga donde la alojaban y su mobiliario. Todo a precio varias veces superior al real, por lo que su deuda se eternizaba y se convertía en un instrumento más de retención.

La “clientela” de estas mujeres traficadas eran en primer lugar inmigrantes europeos que habían venido solos, en búsqueda de oportunidades laborales. Ellos eran consumidores de las “blancas” europeas que terminaron por desplazar a las nativas en el “mercado” del comercio sexual. Pero también había una exclusiva clientela, la alta burguesía porteña, una importante cantidad de señores ricos que consumía, entre sus placeres, una prostitución de alto nivel, mujeres “importadas” especialmente para ellos.

Las tristemente llamadas “polacas” fueron las primeras víctimas que llegaron al Río de la Plata para ser vendidas y encerradas en prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias. Sólo la ZWI MIGDAL llegó a regentear dos mil prostíbulos. Y desde el inicio contó con la complicidad, la tolerancia y hasta con la participación de agentes del Estado, ya sea la policía y otras fuerzas de seguridad, las autoridades migratorias, jueces, políticos o personajes prominentes de la actividad económica y social.

Los intentos por combatir la trata de mujeres fueron muchos, pero nada exitosos. En 1913 el diputado socialista Alfredo Palacios presentó la llamada Ley Palacios, la primera ley en el mundo contra la “Trata de Blancas, la prostitución de niñas y adolescentes y el proxenetismo”. Pero a pesar de su sanción, la aplicación se mantuvo congelada hasta 1960, recién cuando Argentina ratificó el “Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena” de la ONU de 1949.
Myrtha Schalom escribió en 2003 una muy recomendable novela basada en la vida de Raquel Liberman, “La Polaca”. En un reciente reportaje afirmó que “lo que ella hizo es romper el silencio para devolverles la dignidad a esas mujeres prostituidas, que hoy hay que seguir manteniendo y defendiendo, porque lamentablemente la trata sigue existiendo”.

Luego de la denuncia de Raquel, hubo un juez que tomó la decisión de dictarle prisión preventiva a
108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos. Pero en poco tiempo, la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de ellos por falta de pruebas y testimonios insuficientes.
Cuatro años después, Raquel murió de cáncer de tiroides, mientras que sus tratantes siguieron libres.
“Entre los papeles de Raquel encontré que ella estaba pidiendo una visa para volverse con sus hijos a Polonia en 1934, cuando ya Hitler era canciller en Alemania. ¡Qué desesperación tendría esta mujer por escaparse de acá para pedir eso!”, reveló Schalom.

http://www.heroinas.net/2016/07/raquel-liberman-la-polaca-que-desnudo.html

25 de julio de 2019

Día Internacional de la Mujer Afro-Latinoamérica. Afro-Caribeña, y Diáspora



El 25 de julio pasado se celebra el día Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora , que busca una mayor visibilización a su aporte cultural y social, y la reducción de la discriminación racial, violencia de género, sexismo, exclusión, pobreza y migración.

El eje central de esta conmemoración es la lucha por la inclusión, por la justicia e igualdad para las mujeres afrodescendientes en Latinoamérica y El Caribe.

El 25 de julio de 1992 mujeres negras de 32 países de América Latina y el Caribe se reunieron en República Dominicana para hacer visibles las luchas y resistencia de las mujeres afro y definir estrategias de incidencia política para enfrentar el racismo desde una perspectiva de género.

A raíz de ese encuentro, se instituyó el 25 de julio como Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, también conocido como Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora.

La Asamblea General de la ONU proclamó en su resolución 68/237 los años 2015-2014, como el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, con el propósito de fortalecer la cooperación nacional, regional e internacional en relación con el pleno disfrute de los derechos sociales, culturales, civiles, económicos y políticos de las personas de ascendencia africana, y su plena e igualitaria participación en todos los aspectos de la sociedad.


http://comunasweb.com.ar/dia-internacional-de-la-mujer-afro-latinoamerica-afro-caribena-y-diaspora-mujer-afrodescendiente/

18 de julio de 2019

Las otras formas de la violencia.


¿Cuánta vida te está costando tu salario? La frase debiera ser suficiente para repensar los tiempos actuales y que encontré en una red social pero me llevó a reflexionar sobre los mecanismos de control y opresión que, bajo el amparo de las necesidades de trabajo se llevan a cabo en los espacios laborales, que minan el ánimo y la salud de las mujeres y hombres, que afectan su desempeño como sujetos dentro de un núcleo familiar y finalmente en la misma sociedad.

Lo que tenemos, indistintamente del género, son personas afectadas anímicamente, diezmadas emocionalmente, castradas en la frustración de trabajos de larguísimas jornadas, estrés constante y el deterioro paulatino de la salud derivado de lo que se le hace al organismo sometido a presión.

El problema es que esto parece ser cada vez lo más usual, lo normal porque en la competencia y las dinámicas laborales actuales, se pretende que las personas acepten sí o sí esos ambientes de trabajo bajo la presión principal de que es eso o el desempleo, es eso o el temor de no encontrar espacios acordes a sus habilidades.

Lo que se vive cada vez más es el abuso físico y emocional sobre las personas, bajo argumentos de que lo que prevalece es el estrés en los espacios laborales, bajo la supuesta exigencia de eficiencia y rendimiento que en realidad ocultan la incapacidad de coordinar equipos, la falta de experiencia en la construcción de liderazgos y modelos de dirección no violentos ni jerarquías opresivas.

El mal es que el modelo de dirección y coordinación laboral fue permeado por las violencias heteropatriarcales hace mucho, y se cree, se piensa que ese es el único modelo; en el que se puede ejercer la violencia en la misma dinámica en la que se ejerce en los hogares, a partir de la incapacidad machista de la gerencia de las emociones propias.

Así, es común que dentro de más violenta sea la relación entre el jefe/jefa y sus colaboradores, se cree que más eficiente va a ser el rendimiento, y si no, al menos bajo el amparo del miedo a ser despedidos tendrán que esforzarse en granjearse la aprobación de sus directivos.

Desafortunadamente este modelo cada vez más vigente está costado la salud de las personas en los ámbitos laborales, en un sistema social en el que las personas se tornan más agresivas pues lo que se hace es multiplicar el efecto de la violencia. Quien es oprimido u oprimida en su espacio laboral, seguramente lo hará con sus subalternos y/o si no los tiene al interior de sus familias o en los espacios donde puede ejercer una forma de poder.

Lo que tenemos como resultado es una sociedad cada vez más violenta y enferma, que adolece de la capacidad de entender que no es la violencia ni la opresión lo que necesitamos que se multiplique, sino la paciencia y la comprensión, la capacidad de coordinar equipos estimulando, motivando y propiciando que las personas sean competitivas sí, que se esfuercen y preparen pero que se desempeñen en la medida de sus propios recursos y sus habilidades.

Si hay algo que necesitamos cambiar para contribuir a la eliminación de la violencia es precisamente replantearnos qué tanto las mujeres como los hombres están replicando los mismos modelos de gerencia y dirección, que solo se replica y reproduce la violencia para generar ondas expansivas que terminan por minarlo todo, y el resultado lo vivimos al salir a la calle y ver a personas infelices, enfermas y hartas de tener que tolerar ambientes violentos de trabajo.

La decisión no es nada fácil ¿cuánta vida te está costando tu salario? Es una pregunta que nos pone en la justa dimensión para valorar si se trabaja en un espacio idóneo, empático y sin opresión, para entender o tratar de apoyar a las personas que desafortunadamente no lo están, para aspirar a contagiar e impulsar con un sentido positivo de mejorar los rendimientos laborales en todos los espacios. Que se termine de una vez por todas con la creencia que la violencia y la opresión son necesarias para que los espacios laborales funcionen.

Renunciemos a la violencia como método de convivencia y formas en los espacios laborales, y seguramente muchas cosas mejorarán en el país.

https://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/las-otras-formas-de-la-violencia

1 de julio de 2019

“Las mujeres somos más responsables del machismo de lo que creemos”: Lila Downs


La primera impresión al conocer a Lila Downs, es la de una mujer que consigue lo que se propone. “Yo soy como el Rey, el de la canción de José Alfredo: tengo la fortuna de hacer siempre lo que quiero”, asegura, y con Al chile —su nuevo disco— pondrá a bailar a todos. Ahora ya suena el sencillo “Cariñito” y aprovechando la promoción del álbum, platicamos con Downs sobre uno de los temas más importantes de la agenda femenina en nuestro país: el machismo.
Lila, ¿cómo defines la relación entre hombres y mujeres hoy?

-Creo que hay que hablar más sobre el feminismo y lo que significa. A veces se tiene el concepto limitado de que el feminismo son ‘las feminazis’, y eso es muy pobre. Hay algo de peligro en la relación que nosotras llevamos con nuestros hombres, los veneramos demasiado y les hacemos daño con eso. Cuando las mujeres mimamos demasiado a los varones, se corrompe un poco la relación justa entre los géneros”. Según ella, esta veneración de algunas mujeres hacia los hombres, puede dar lugar —en parte—, a que existan ‘los machos’. “Hay que leer a Simone de Beauvoir o Rosario Castellanos, visiones que no necesariamente son de escuela feminista, sino que obran con su ejemplo de vida.

¿Cuáles son tus inspiraciones femeninas?

-Por un lado Chavela Vargas, era tremenda esa mujer, aunque tenía sus desplantes. Me tocó que me contara que andaba con este político y con éste, y cosas así de presumir su vida privada. Se volvió mitómana”, Pero del lado más personal, las mujeres determinantes en su vida fueron su abuela y su madre, a quien casaron a la fuerza cuando tenía 14 años. “Yo misma sufrí la situación difícil de vivir en un pueblo (Tlaxiaco), donde cuando los hombres deciden que eres una mujer “linda”, pueden destruirte. Yo me quedé con ese sentimiento de pelear”, confiesa.

¿Cómo es el tema del machismo con tu pareja? .

-Yo lo eché a perder (ríe), lo estaba echando a perder. Estábamos acostumbrados que hasta que no se sentaba el hombre de la familia a la mesa, no lo hacíamos las mujeres: aunque mi madre no era así, ella se convirtió en mujer liberada, jamás cocinó (ríe), siempre tenía a alguien que la ayudaba. Entonces, yo en algún momento me di cuenta que debía corregir esa situación que mantenía después de años de casados con mi esposo. Ahora le digo: no te sientes ahí, yo no te voy a servir, me tienes que ayudar...
Hace algunos años, la cantante comentó en una entrevista en España su postura sobre el aborto, y afirmó que las mujeres debían tener libertades a la hora de hacerlo, pero que también tenían una responsabilidad. Lila continúa en esa posición: “Sí, porque a veces somos negligentes, y no nada más las mujeres, cuando una se embaraza, un hombre también tuvo que ver ¿no? Debemos ser más conscientes, pero la calentura nos gana (ríe). Sí, estoy a favor de que se legalice, pero soy un poco diferente en ese sentido, no creo que deba ser tan fácil, porque hay que respetar a la vida”, finaliza.

En la edición impresa de mayo, una entrevista completa y una sección de fotos exclusiva de la artista oaxaqueña, una de las máximas representantes del movimiento femenino en nuestro país.

https://www.gq.com.mx/entretenimiento/articulo/lila-downs-machismo-entrevista