16 de febrero de 2012

La implicación del entorno de las víctimas de violencia machista sigue siendo “muy limitada”.

La violencia tiene indicadores. A menudo son reconocidos por el entorno de las mujeres que la padecen, pero todavía son pocas las personas las que se comprometen y ayudan a la mujer maltratada. La implicación del entorno de las víctimas de la violencia machista siempre ha sido "muy limitado" y además, lejos de aumentar, muestra una tendencia a la baja. Lo destacaba ayer Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género, en un encuentro con periodistas, en el que participó AmecoPress

Los informes que realiza el Observatorio buscan diagnosticar para mejorar la respuesta judicial y la aplicación de la Ley de Violencia de Género. Sirven para desmontar "falsos mitos que justifican la violencia y contribuyen a su mantenimiento", como aquellos que defienden que entre las causas de la violencia machista está el abuso del alcohol, las drogas o los trastornos mentales, o que existen denuncias falsas por parte de las mujeres. Y permiten observar conductas de un modo preciso, de las mujeres maltratadas y su entorno, de las instituciones y de la ciudadanía en general.

Así, las estadísticas, que recogen quien interpone las denuncias, muestran que las formas más usuales de inicio de los procedimientos penales ha sido por "atestado policial", seguido de las denuncias presentadas directamente por la víctima y los parte de lesiones. En el año 2009, solo el 1,39 por ciento de las denuncias presentadas fueron realizadas por familiares. En 2010, este porcentaje alcanzó el 1,62 por ciento. Entre enero y septiembre de 2011 se registraron 102.261 denuncias, de ellas 1171 fueron presentadas por familiares, el 1,15 por ciento.

Esta actitud de los y las familiares se observa también en los casos de feminicidios, ya que, como se recoge en el informe de víctimas mortales 2010, de cuatro procedimientos en los que se recabó el testimonio de familiares, testigos de los hechos, solo en dos las hijas del agresor declararon.

Víctimas mayores de 56 años

En la cita de ayer, el Observatorio quiso alertar sobre el comportamiento observado en las víctimas de violencia de género mayores de 56 años. Estas mujeres no denuncian su situación, como demuestran los datos de los últimos tres años, en los que sólo una de las fallecidas que rebasaba esta edad había acudido a la justicia.

En concreto, en el año 2009 fueron asesinadas por hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación sentimental un total de 9 mujeres mayores de 56 años y ninguna de ellas había presentado denuncia previa por maltrato. En 2010, fueron diez las víctimas mayores de 56 años y tampoco ninguna denunció, ya que la fallecida que tenía más edad había cumplido justo esta edad.

El año pasado se produjo una única denuncia entre las diez fallecidas que rebasaban los 56 y en lo que va de 2012, ninguna de las ocho mujeres asesinadas, ni mayor ni menor de esta edad, había acudido previamente a la justicia, según los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Esta tendencia no sólo se observa en los casos de asesinato, ya que la recopilación de denuncias por violencia de género que realiza trimestralmente el Observatorio revela que el grupo más pequeño es el de las presentadas por mayores de 56, mientras que las más numerosas son las impulsadas por mujeres de entre 26 y 35, y de entre 36 y 45. La media está en los 41,5 años.

En el encuentro, Montalbán destacó entre las causas de esta tendencia "el aislamiento" en el que se encuentran estas mujeres cuando llegan a esa edad y abogó por medidas específicas dirigidas a este sector de la población.

Instrumentos

La presidenta del Observatorio valoró positivamente el encuentro mantenido con la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, el pasado lunes, en el que estuvieron presentes representantes de los Ministerios de Justicia, Interior, Hacienda y Administraciones Públicas y de Educación, Cultura y Deportes, del CGPJ, la Fiscalía, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, junto a las organizaciones de mujeres, y personas expertas en el estudio de la violencia contra las mujeres, ya que "parece que no hay intención de tocar la legislación actual en esta materia por parte del Gobierno y eso es lo que corresponde en este momento".

Como es habitual, Montalbán alertó sobre la gran bolsa de maltrato que no termina de emerger –una estimación de unas 400.000 mujeres en España que sufren malos tratos en la actualidad – e insistió en la educación como "la principal vacuna frente a la violencia". En ese sentido destacó la labor fundamental de los medios de comunicación a la hora de informar sobre la violencia y de transmitir modelos y valores, haciendo un llamado a la responsabilidad y el compromiso.

Encuentro con Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género

14 de febrero de 2012

Una realidad espinosa.

Para miles de mujeres colombianas, las flores no simbolizan el amor sino una explotación masiva.

"Las mujeres tienen que volver a los invernaderos justo después de haber rociado las flores con pesticidas. Algunas se marean o tiene problemas de presión sanguínea, e incluso en algunos casos sus hijos han nacido con problemas respiratorios". - Dionise Trujillo, ex trabajadora de las flores, Colombia.


Para miles de mujeres del sector de las flores en Colombia, las flores no simbolizan el amor sino una explotación masiva. Es irónico que en un sector que genera tantos beneficios con la celebración del Día de la Madre, sea práctica habitual despedir a las mujeres en cuanto se quedan embarazadas.


Colombia es el segundo país después de Holanda en exportación de flores. Las mujeres representan el 70% de la mano de obra de este sector. Trabajan con contratos temporales que generalmente sólo son verbales.


En un día normal, una mujer recoge una media de 400 claveles. Ese número se duplica en fechas especiales, por ejemplo, en el periodo previo a San Valentín o el Día de la Madre. La venta en las calles de EE.UU. y Europa de las flores de todo un día de trabajo puede ascender a los 800 dólares, mientras que la trabajadora está cobrando un salario mínimo equivalente a menos de 2 dólares por día.


Y lo que es peor, los estudios médicos revelan que dos tercios de las trabajadoras en el sector de las flores en Colombia padecen problemas asociados a la exposición a los pesticidas, que van desde náuseas a abortos espontáneos

Desvalorizacion del trabajo:

En primera medida, es necesario mencionar que las trabajadoras floriculturas son el

eslabón más débil de la cadena de producción de flores cortadas para la exportación,

aunque con su trabajo aportan ganancias muy importantes al sector floricultor estos

beneficios económicos no las cobijan.

Por el contrario, están siendo directamente perjudicadas por la flexibilización laboral

debido a prácticas de contratación como:

- Contratos laborales a término indefinido, con presiones continuas de despido lo cual

genera inestabilidad.

- Contratos a término fijo, por lo general no mayor a 4 meses.

- Contratos por producto, por ejemplo por número de flores cortadas.

- Subcontratación por personas naturales o empresas temporales de servicios.

- Uso de la modalidad de las Cooperativas de Trabajo Asociado, que por su naturaleza no

se rigen por el derecho laboral. Las trabajadoras asociadas en ellas aportan como capital,

su trabajo, y son consideradas, al mismo tiempo, gestoras de la "nueva empresa". El

régimen de trabajo, de previsión, de seguridad social y compensación es el consignado en

los estatutos y reglamentos del acuerdo cooperativo, por lo general realizados con

antelación a la vinculación de la trabajadora a la cooperativa y en muchos casos

directamente por las empresas floriculturas, en la mayoría de las ocasiones las

trabajadoras desconocen los estatutos que las rigen. Por consiguiente cuando la

trabajadora se vincula, se adhiere a unas condiciones previamente establecidas, que

pueden desconocer su seguridad social y la de su familia.

Amor, flores y mujeres.
(1989), es un documental de Jorge Silva y Marta Rodríguez
que describe en profundidad el cultivo de flores en Colombia, un trabajo de condiciones muy precarias, realizado casi exclusivamente por mujeres, que se ven
expuestas a tóxicos y pesticidas mortales.»






http://www.oxfam.org/es/about

http://www.odg.cat/documents/enprofunditat/Deute_ecologic/florscactus.pdf

13 de febrero de 2012

El despertar femenino.



Margarita Núñez Álvarez, conocida como la Abuela Margarita, descendiente y curandera de las culturas Maya y Chichimeca trae un mensaje de amor y espiritualidad ligado a la tierra desde lo femenino. Conocida y respetada entre los círculos indígenas de todo el mundo, esta mujer originaria del norte de México se ha convertido en vocera de la mujer. La abuela ha sido llamada desde muchos extremos del planeta para que su palabra sea oída. Ella proclama valores de la mujer como generadora y transformadora de la sociedad y lleva con su palabra de tradición y como guardiana del origen a nuevas miradas del mundo y de la vida





La Revolución Personal.



El servicio desinteresado a la humanidad es el secreto para vivir una vida plena, autentica, objetiva, el servicio desinteresado es contrario al egoísmo. Es un deber para La Revolución Personal, y es sabido que si cumplimos nuestros deberes, nuestros haberes llegaran sin pedirlos, sin esperarlos. Entre más energía pongamos en servir a los demás, más fluirá la energía divina en nosotros, el servicio desinteresado purifica nuestra alma y nuestro corazón. Los egos en la forma de egoísmo, celos y superioridad se diluyen, mientras que la humildad, el amor, la compasión, la tolerancia, y la misericordia se fortalecen y crecen como la espuma. Se amplía la perspectiva y la razón de vivir, se vive la unidad, nos volvemos amplios y generosos desarrollando un corazón grande y un alma noble. Obtenemos el conocimiento del Ser, de nosotros mismos, de nuestro "si mismo", entendemos la unidad del Todo y la alegría y la felicidad nos embargan sin límites.

El servicio desinteresado es un paso importante en el camino de La Revolución Personal, nos acerca a la toma de consciencia, limpia y purifica nuestra mente llenándonos de virtudes y valores positivos. Nosotros hacemos parte del mundo, usted y yo, cómo no vamos a amarlo si al mundo pertenecemos? Amemos, sirvamos, seamos amables con todo el mundo. Volviéndonos sirvientes de la humanidad lograremos alcanzar nuestra realización.

No esperemos que los demás obren igual que nosotros, recordemos que nosotros ni nadie es perfecto, seamos tolerantes, comprensivos, caritativos y bondadosos. La mayoría de las personas hace lo que mejor puede, hagamos también nuestro mejor esfuerzo. Ayudemos a los demás. Utilicemos nuestra energía, nuestros conocimientos, nuestros bienes, nuestra educación, nuestras riquezas, nuestro intelecto, nuestras fortalezas y todo cuanto poseemos para mejorar a quienes lo necesiten y lo deseen.

Ningún ser humano es inferior o superior a otro, La Revolución Personal piensa que todos los seres humanos somos iguales, sentimos y hacemos cosas similares, nuestros organismos cumplen exactamente las mismas funciones. Otra cosa es que algunas personas desarrollan mas o menos sus aptitudes, pero en sí, somos iguales y como tales nos debemos respeto y consideraciones. Quien comprende lo anterior ha entendido el sentido de la vida y sabrá que es muy importante cualquier trabajo ya sea de jefe o de subalterno; lo esencial es hacer el trabajo que nos haya correspondido en forma diligente haciéndolo de la mejor manera que podamos, de tal forma que beneficie muchas más personas. No perdamos ninguna oportunidad de servir y ayudar a todo el que podamos. Pero no esperemos que cuando sirvamos o ayudemos, se nos reconozca por hacerlo, ya sabemos que es nuestro deber y hemos aprendido a disfrutarlo. Agradezcamos a la persona que nos permite servirle, gracias a ella nos llenamos de bienaventuranza.

No hagamos un acto mecánico del servicio desinteresado a la humanidad, hagámoslo como un acto devocional consciente, El servicio a la humanidad es la mejor forma de acercarnos a Dios. Nosotros solo somos instrumentos, no hacemos todo de tal forma que debemos actuar solo como administradores no como propietarios. Entreguémonos en cuerpo, mente y alma al servicio desinteresado, no nos preocupemos por el resultado, no idealicemos el éxito ni el fracaso.

Realmente es bastante difícil hacer servicio desinteresado, casi siempre nos servimos a nosotros mismos, o lo hacemos solo para lograr nuestra pureza, inclusive, ni siquiera debemos pensar en hacer las cosas "para que Dios este contento". Es sencillo solo debemos pensar en servir al pobre, al enfermo, al deprimido, al ciego, al afligido y al que sufre; amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos, como también a los animales. Pero también debemos servir a los ricos y a los poderosos, así toda sensación de superioridad es eliminada. El servicio desinteresado a la humanidad es para la paz no para la confrontación, es el significado de la vida, mientras más energía pongamos en servir a otros más fluirá la energía universal hacia nosotros, no hablemos demasiado de lo que hacemos en el servicio desinteresado, limitémonos a hacer, vivamos para los demás, así conseguiremos el estado de bienaventuranza.

Sirvamos, amemos, abracemos, seamos amables, abramos nuestro corazón, convirtiéndonos en un sirviente de la humanidad. Busquemos los humildes, desconsolados, afligidos y alegrémosles y llevémosles consuelo sirviéndolos sin escatimar. Sirvamos a nuestros padres, nuestros mayores, nuestros maestros y a nuestros huéspedes. Eliminemos la miseria y el sufrimiento, sirviendo, sirviendo y sirviendo. Vayamos a un hospital, visitemos los enfermos, sentémonos a su lado, sonriámosles, digámosles palabras de consuelo, iluminemos su camino. Nos liberaremos de la vanidad y el egoísmo, ayudemos sin quejarnos, sin sufrir, aceptemos los insultos cuando alguien los profiera en nuestra contra, elevémonos por encima de ellos, mantengamos la mente fría y equilibrada, compartamos lo que tenemos. Olvidemos nuestro propio nombre, nuestras propias obras. Pensemos en la humanidad como una sola unidad. Vivamos para el servicio desinteresado a los demás.

No perdamos ninguna oportunidad de servir. Hagámoslo con alegría, de buena gana. Nunca creemos discordia, siempre armonía y paz. No hablemos de lo que hacemos por los demás, limitémonos a hacer. Seamos conscientes de eliminar el ego con nuestro servicio desinteresado, concentrémonos para hacer nuestro trabajo, seamos constantes, descansemos pero no nos quedemos quietos en exceso.

Puede parecer extraño y quizás muchos de los lectores no puedan soportar el hecho de que agradezcamos a quien servimos, pero es un privilegio para nosotros el que haya personas que nos permitan nuestro crecimiento, agradezcamos el que los demás confíen en nosotros para hacer algo por ellos. Usted puede intentarlo, la próxima vez que surja una oportunidad de hacer desinteresadamente algo por alguien y muy especialmente si son trabajos de los que llamamos humildes, por ejemplo limpiar, ordenar, etc. Hagámoslo disfrutando y agradeciendo el servicio que prestamos, esto es algo muy gratificante.

El servicio desinteresado a los demás es liberador y nos perfecciona, además atraemos personas de buena voluntad las cuales estarán dispuestas a ayudarnos en el momento que lo necesitemos. Cuando liberamos nuestro egoísmo del sufrimiento y realizamos actos por los demás por el solo placer de hacerlo, alcanzamos la serenidad y una alegría profunda. Cuando lo hacemos de esta forma no sufrimos en caso de no obtener lo que esperábamos.

Texto: Dhyanamurti
http://blogs.elespectador.com/larevolucionpersonal

6 de febrero de 2012

Ablación: Mutilacion genital femenina.



Con el apoyo mundial, es posible poner fin a esta práctica en una sola generación. El cambio ocurrirá cuando las comunidades dispongan de los conocimientos que les permitan tomar decisiones que pongan fin a esta práctica de forma duradera.
La ablación/mutilación genital femenina (A/MGF) es una práctica tradicional de la que se cree que potencia la belleza, el honor, las posibilidades de matrimonio, el estatus social y la castidad de una chica. Los padres fomentan la mutilación creyendo que así protegen el honor de la familia y los intereses de sus hijas.
En los 28 países del África Subsahariana y Oriente Medio en los que se practica la ablación/mutilación genital femenina, unas 130 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de esta práctica. Antes se estimaba que dos millones de niñas sufrían la mutilación cada año, pero ahora, la mejora en los sistemas de recogida de datos, ha elevado la cifra a tres millones por año.
En todas sus formas, la ablación/mutilación genital femenina causa grandes dolores y puede llevar a hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte. Debido a la naturaleza privada del problema, es imposible estimar el número total de muertes debidas a esta práctica.
La ablación/mutilación femenina es una preocupación mundial, que también afecta a las mujeres pertenecientes a comunidades inmigrantes en los países industrializados de todo el mundo. En cada país varían mucho los porcentajes de mujeres y niñas que sufren esta práctica, los tipos de mutilaciones llevadas a cabo y la edad a la que se realizan.
Consecuencias de la mutilación/escisión genital femenina :
Esta práctica es una violación de los derechos fundamentales de las niñas. Es discriminatoria y viola los siguientes derechos, protegidos por leyes internacionales:
- Derecho a la igualdad de oportunidades
- Derecho a la salud
- Derecho a no sufrir violencia, lesiones, abusos, torturas o tratos crueles, inhumanos o degradantes
- Derecho a la protección frente a prácticas tradicionales dañinas
- Derecho a tomar decisiones sobre la propia vida reproductiva
Además causa daños físicos irreparables:
- Puede conducir a una muerte por desangramiento
- Puede producir un colapso neurológico debido al dolor y el trauma
- Puede conllevar una infección masiva y septicemia
- Muchas niñas quedan en estado de shock debido al intenso dolor, el trauma psicológico y el extenuamiento producido por el llanto y los gritos.
Quienes sobreviven a esta práctica pueden tener problemas como el que la herida no llegue nunca a cicatrizar; la formación de abcesos y de cicatrices hipertróficas, contracturas y adherencias; infecciones del tracto urinario; relaciones sexuales dolorosas; una mayor susceptibilidad a contraer el VIH/SIDA, hepatitis y otras enfermedades de transmisión sanguínea; infecciones en el aparato reproductor; inflamaciones pélvicas; infertilidad; menstruaciones dolorosas; obstrucciones crónicas del tracto urinario y cálculos; incontinencia urinaria; aumento del sangrado y de las infecciones durante el parto.

Escena de la película Flor Del Desierto. Su valentía cambió el mundo, Flor Del Desiero, la historia de la Top model Somalí Waris Dirie, una voz contra la mutilación genital femenina en muchos países.


http://www.fotolog.com/fifandoenelbanio/23127617

Por qué hombres y mujeres obtienen salarios desiguales?



La modernización de la sociedad no puede ser completa sin alcanzar cotas de relación y trato equivalente entre todas las personas. En este sentido, aunque con transformaciones nada desdeñables, pero que en modo alguno debemos mitificar y sin ninguna concesión a la complacencia, la división sexual del trabajo de nuestros días hereda aún jerarquías, estereotipos, roles y desigualdades que no se corresponden ni radican en las similitudes ni en las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Su razón consiste en la pervivencia histórico-cultural de relaciones patriarcales en la familia, en las instituciones sociales y en el mundo de la empresa que no responden más que a una injusticia racionalizada por justificaciones basadas en prejuicios y la tradición conservadora, y que aún presenta en algunas cuestiones rasgos precivilizatorios.

Desde la familia a las instituciones educativas, hasta la propia publicidad y la industria del entretenimiento, todavía se vuelcan expectativas e inculcan actitudes hacia ciertas responsabilidades, y para otras no, que van asignando roles diferenciados y de diferente reconocimiento y aprobación social a hombres y mujeres.

Las cosas han cambiado de un tiempo a esta parte. Pero no siempre hacia una mayor emancipación.

La mujer se ha incorporado en gran medida al empleo. Pero no se ha librado de asumir las principales cargas del trabajo doméstico y de crianza. Las mujeres han entrado en el mercado de trabajo. Sí, pero, por desgracia, por la puerta de atrás y siempre con la obligación de atender el espacio del hogar. Aunque los varones se han sumado a apoyar en las tareas domésticas y de crianza todavía dedican un tiempo muy inferior al de las mujeres a ese cometido. Son frecuentemente otras mujeres de extracción social o situación legal más vulnerable las que suelen cubrir el servicio doméstico. Y muchas veces son las abuelas las que sustituyen a los varones en las tareas de crianza, cuando la mujer trabaja, apareciendo nuevos fenómenos de sobrecarga, que sumados a la doble tarea de las madres, se suma a la que cubren las mujeres más mayores.

Ellas estudian más, y cada vez sobre materias más diversas, y acumulan una cualificación más capaz, pero sin embargo no se les reconoce sus capacidades y preparación. En cualquier caso, también, los estudios que se prefieren para ellas, y que ellas acaban escogiendo, siguen reproduciendo estereotipos y roles. Por un lado, estudios cuyas ocupaciones corresponden al modelo femenino tradicional; por otro, estudios que no tienen demasiadas salidas profesionales en el mercado de trabajo; y finalmente, continúan estudiando, prolongando su dependencia económica, porque sencillamente el mundo laboral no emplea a las mujeres y las desaprovecha. En suma, estudian más y no se las valora en el ámbito empresarial, y acaban estudiando más debido a que no se les brindan oportunidades laborales dignas.
Ni la entrada al empleo de las mujeres ha sido en empleos remunerados de manera pareja al de los varones ni son empleos más estables, ni han sido en ocupaciones más reconocidas e interesantes –puesto que ciertas áreas están vedadas a la mujer, y algunas, no siempre las mejores, se reservan sólo para ellas-, ni en puestos de responsabilidad equiparables a los varones. Esto es especialmente visible en algunos sectores económicos, entre los que están el comercio y la hostelería. A este respecto, se ha producido un proceso de incorporación al mundo del trabajo asalariado que ha sido una auténtica extensión de los trabajos de cuidados, de administración del espacio y, en suma, de reproducción social. Tareas que han sido tradicionalmente atribuidas a la mujer, y que guardan enormes similitudes competenciales a los que han sido propias del espacio doméstico (trato agradable, actitudes y habilidades relacionales y afectivas, atención y disponibilidad constante, etc…). Así, son ellas las que ocupan principalmente los trabajos de servicios a las personas –servicio doméstico, hostelería, comercio, educación, sanidad, etc…- y de administración –en oficinas, en centros de trabajo, etc…-.

Una consecuencia de todo lo anterior es que los ingresos de las mujeres difícilmente permiten la autonomía económica, porque con las nuevas circunstancias sociales y pautas salariales la asunción de ciertos gastos (vivienda, transporte, normas sociales de consumo, etc…) ya no se puede afrontar a menudo con ellos un estilo de vida socialmente integrado y suficiente. El viejo patrón del salario familiar (obtenido por el varón) no se ha superado por el de dos salarios suficientes, sino que han devenido en el de "salario y medio" para alcanzar una cuantía adecuada. Salarios que se ven achicados, más aún en una sociedad de consumo, y en un contexto laboral que impide o dificulta enormemente una disponibilidad idónea de tiempo para la dedicación a la familia, para las tareas del hogar y de cuidados. Incluso puede afirmarse, en términos globales, que las condiciones de vida, a pesar de las apariencias, pueden estar volviéndose peores que en tiempos pretéritos. Y para la mujer, más de las veces, con ingresos sólo pueden ser complementarios, el panorama no mejora, a pesar de haber abierto puertas en nuevos espacios sociales históricamente reservados a varones.

Además, las interrupciones de la biografía laboral, sobre todo en épocas de crianza, coarta sus aspiraciones. Sólo excepcionalmente los varones asumen, o el mercado de trabajo y las empresas les dejan asumir, de igual forma dicha responsabilidad. Son ellas las que en gran medida piden permiso parental, reducciones de jornada y consiguientes disminuciones de sus ingresos. Tanto porque las familias estiman que son ellas las que deben hacerlo, como porque las empresas no permiten que los varones dispongan sus tiempos para otras esferas de la vida más que para el trabajo. Concediendo las empresas mejores trayectorias laborales y mayores ingresos para ellos terminan por hacer "racional económicamente" esa toma de decisión, que relega a la mujer, total o parcialmente, duradera o temporalmente, del espacio laboral.

Los derechos formales crecientes para compensar esta situación son aún al día de hoy insuficientes. Además, el fenómeno que realmente contribuiría a superarlo, la corresponsabilidad de los varones –y los servicios públicos en esta materia-, también está siendo obstaculizado por diferentes instituciones, inercias y culturas, en la que no es menor la dinámica y pautas construidas socialmente en el mercado de trabajo y en las empresas. Las empresas reproducen y se adaptan a las tradiciones, porque no pretenden modificarlas. Su objetivo fundamental es el rendimiento económico y plantean como dados las disponibilidades, perfiles, habilidades, actitudes y expectativas de la fuerza de trabajo disponible en base a lo que consideran dispuesto por la sociedad y dado de antemano. Así, de paso, declinan su papel de agentes sociales en sí mismos, y participan de perpetuar lo existente. Y es muy frecuente que se laven las manos diciendo que el problema está en otro lugar, un universo sin caracterizar llamado abstractamente sociedad.

Sin embargo, las empresas forman parte de la sociedad y contribuyen a su configuración. Ni que decir tiene que perseguir los objetivos de alcanzar la igualdad y reconocer la diversidad no es sólo tarea del empresariado, pero pueden contribuir decisivamente a su consecución o bien obstaculizarlo.


Dicho todo lo anterior, que pone en su contexto los factores de desigualdad entre hombres y mujeres, y que caracterizan las nuevas formas patriarcales del mundo del trabajo, podemos entrar a analizar un aspecto concreto, como es la desigualdad salarial, para tratar de diagnosticar sus causas, sus aspectos y formas, sus dimensiones, y tratar de encontrar medidas proporcionadas a la realidad para su superación.


El criterio básico de igualdad salarial parte del objetivo de alcanzar una retribución igual para empleos de valor equivalente. Los últimos estudios dimensionan las diferencias salariales globales entre hombres y mujeres en torno al 25%-30%. Pero estos datos esconden algunos elementos que merece la pena poner de relieve.

Las causas de esas diferencias salariales no responden en la práctica, o sería un factor menor e insignificante, a factores de discriminación directa relacionados con que para un mismo puesto de trabajo a un hombre y a una mujer se les paguen remuneraciones finales distintas. Los convenios han conseguido eliminar en gran parte las discriminaciones directas. Las razones, por el contrario, son principalmente otras, como pueden ser:

- La primera de todas ellas es que las ocupaciones que desempeñan hombres y mujeres no son las mismas, y estas ocupaciones no están igualmente reconocidas en el mercado de trabajo, aún suponiendo un valor social semejante. El valor de mercado, aunque frecuentemente no es más que el valor subjetivo atribuido por la empresa, de estos empleos es desigual y eso se traduce en las retribuciones diferenciadas de cada persona. Factores educacionales, culturales, pero también de políticas de selección de personal en el acceso a las profesiones determinan esta segregación horizontal en las ocupaciones que realizan hombres y mujeres.

- La segunda es que las trayectorias laborales de las mujeres son más cortas, las salidas del mercado de trabajo más frecuentes, y que, las sitúan en peores condiciones de promoción y ascenso en las empresas, así como de conseguir puestos de dirección y responsabilidad. Por otro lado, al igual que pasa en los procesos de selección, los sistemas de promoción están caracterizados por seguir la libre designación de la empresa, sin sujetarse a criterios e indicadores de cualificación, experiencia y resultados objetivos, transparentes y acreditados, sin contraste con representantes de los y las trabajadoras. Se trata de la denominada segregación vertical. Por consiguiente, las categorías y grupos profesionales de las mujeres suelen ser de una jerarquía inferior y por tanto les corresponde unos ingresos más reducidos en media que el de los varones.

- La tercera, es la discriminación indirecta.



La discriminación indirecta es frecuentemente mal comprendida. Eso es así porque refiere a medidas que siendo homogéneas para todos tienen consecuencias desiguales. Y no porque las personas tengan aptitudes, cualificación y actitudes de mayor o menor mérito, sino porque sus circunstancias sociales por razón de su género, generación, identidad, etcétera, les condicionan seriamente. El punto de partida de cada persona (género, generación, extracción social, origen étnico, etc…) no es el mismo.

En la negociación colectiva la composición de la retribución o el reconocimiento se compone de diferentes dimensiones: salarios base, retribuciones variables, complementos de diferente naturaleza, dietas, salarios en especie, formación y beneficios sociales. Algunos complementos obedecen a razones de antigüedad, lo que perjudica a jóvenes y mujeres, con menores trayectorias, o trayectorias más interrumpidas. Otras responden a complementos arbitrarios o basados en estereotipos desligados de las funciones y responsabilidades realizadas, que impiden retribuir igualmente dos trabajos de valor equivalente (aunque sean distintos en tanto que puestos y áreas de desempeño).

En algunas circunstancias un porcentaje del salario está ligado a las condiciones de objetivos de producción por persona, de disponibilidad para la empresa, o las propias horas extras, todas ellas ligadas a la disposición de tiempo para el empleo de las personas. En la sociedad contemporánea este tiempo, desde el punto de vista global, está mal repartido, puesto que las mujeres al tener que asumir responsabilidades extraprofesionales, sobre todo las domésticas, en mayor medida que los hombres debido a una cultura y relación patriarcal dominante, no pueden satisfacer estos criterios de igual modo. Con lo cuál se les discrimina en caso de retribuir por motivos que ellas no pueden cumplir de igual manera en sus circunstancias. El tiempo extra de dedicación o de disponibilidad, y los objetivos exigidos que sólo se obtendrán si se dispone de más tiempo, es de más difícil asunción femenina, en el actual contexto histórico-social, y amenaza la conciliación familiar, que suele comportar mayor esfuerzo y dificultades para ellas, siempre y cuando no cambie la división sexual del trabajo doméstico y de crianza. Una de dos, en el marco de la empresa, o se promueve la corresponsabilidad masculina o el sistema de promoción o de la atribución de los complementos de disponibilidad, productividad extra por persona, etcétera, deben sustituirse por complementos por objetivos productivos cumplidos por hora trabajada, por responsabilidad asumida, o por la calidad del trabajo, sin que se premie en ningún caso el trabajar más tiempo o la disponibilidad.

Determinadas cualificaciones, dada la distribución educacional y de expectativas atribuidas socialmente, exigirlas a mujeres supone impedir su acceso a ciertos puestos de trabajo. De modo que debe compensarse la oferta de plazas con una oferta formativa para mujeres destinadas a la preparación para aquellos puestos de trabajo donde socialmente las mujeres no han tenido las oportunidades, estímulos, expectativas y roles asignados por la sociedad, aparte del establecimiento de cuotas siempre de naturaleza transitoria. Consecuentemente, también algunos puestos de trabajo "feminizados" deberían estar abiertos y facilitarlos igualmente a varones. Pero esta iniciativa, sólo en una segunda fase temporal, porque si no las mujeres pueden quedarse sin empleo incluso en donde hasta ahora lo habían conseguido.

Ni que decir tiene, que cualquier alusión a la complexión física es discriminatoria. Si para algún trabajo es requisito la fuerza física, a las mujeres debe proporcionársele la opción sea de herramientas e instrumental adecuado para poder desempeñarlo y, en su caso, entrenamiento apropiado y técnicas de prevención. Para eso está la tecnología...

Daniel Albarracín
http://daniloalba.blogspot.com/2009/12/por-que-hombres-y-mujeres-obtienen.html



 

División sexual, desigualdad laboral.



Un aspecto muy marcado dentro de la sociedad es la segregación ocupacional por sexo en el mercado laboral. Los grupos donde se encuentra mayor presencia femenina son los de "trabajadores en la educación" con un 62.6 por ciento y los de "servicios personales" con un 64.4 por ciento; en cambio, en grupos donde se requieren "servicios de protección, vigilancia y fuerzas armadas" y "conductores(as) y ayudantes de conductores(as) de maquinaria móvil y medios de transporte", la presencia de mujeres laborando es casi nula o muy baja, hablando aproximadamente de un 7.7 y un 0.8 por ciento del total, respectivamente.

La diferenciación entre los espacios públicos y privados han sido partícipes dentro de los estereotipos de género. Lo más común es plantear que los espacios públicos deben ser destinados a los hombres y los privados a las mujeres; esto por la manera en la que las personas son encasilladas por sus características o capacidades exclusivas según el sexo.

Está claro que esta división sexual siempre ha sido constantemente marcada en el ámbito laboral. Con el paso del tiempo, las mujeres han ido ocupando parte de los espacios públicos que antes eran exclusivos de los hombres, los cambios positivos se han generado (principalmente por la acción de las mujeres), pero el ingreso femenino en los mismos aún es motivo de desigualdad de género.

Esto se puede observar claramente a la hora de indagar en las remuneraciones económicas que reciben las mujeres a comparación de la población masculina; según el índice de discriminación salarial, en el 2007 era necesario incrementar en un 9.7 por ciento el salario que se les pagaba a las mujeres para lograr equidad salarial, indicador que en el 2010 se redujo únicamente a 8.2 por ciento. Entre los funcionarios públicos y gerentes del sector privado, la magnitud de cambio necesaria para igualar los salarios es del 25.6 por ciento. Todo esto aunado a que la jornada laboral de la población femenina ocupada es menor con respecto a la masculina.

Este tipo de desigualdad se sigue presentando incluso en casos donde las mujeres que ejercen laboralmente son madres solas, las cuales suman 4.1 millones y representan 51.8 por ciento del total de éstas. Cabe destacar que muchas de las mujeres que trabajan, solas o no, no tienen ningún tipo de acceso a seguridad social; tan sólo al 53.7 por ciento de las madres solas que trabajan no se les brinda este derecho.

Algo está claro: el porcentaje de participación femenina en el campo laboral ha ido en aumento, incluso las oportunidades no son las mismas que hace más de 30 años; pero tanto la participación como las oportunidades deberían ser mucho más y no debería permitirse ningún tipo de irregularidad en el cumplimiento de los derechos de las mujeres en el entorno laboral, así como tampoco debería ser complicado para una mujer obtener recursos económicos para su manutención o la de su familia.

http://www.inmujeres.gob.mx/index.php/sala-de-prensa/inicio-noticias/559-division-sexual-desigualdad-laboral
http://www.inmujeres.gob.mx/