25 de mayo de 2016

Mujeres migrantes en la actualidad. Pobreza real, discriminación de género.




En la actualidad, el tres por ciento de la población mundial vive fuera de las fronteras donde nació.En la década de 1950, el cuarenta y siete por ciento de la población que salía de sus fronteras era femenina; hoy las mujeres representan el cincuenta y tres por ciento del total de migrantes en Europa, el cuarenta y seis por ciento en los países pobres, y el cincuenta y un por ciento en el este y sureste asiático y los países petroleros. Es un hecho que el número de las mujeres va aumentando en mayor proporción que el de los hombres en los procesos migratorios internos, regionales e internacionales.
Mujeres, migración y nuevo orden económico global:

Las mujeres emigran para escapar de desastres naturales y ecológicos, de las guerras, de la represión política, la discriminación de género,[3] la necesidad de reencontrarse con sus hombres –incapacitados para regresar a sus países de origen por el endurecimiento de las políticas migratorias- y la violación de sus derechos humanos. Algunas mujeres se ven forzadas a emigrar a causa de los traficantes de personas. El tráfico de mujeres para la prostitución constituye un crimen específico, que reúne características económicas, culturales e ideológicas adscritas al lugar que el cuerpo femenino ocupa en el universo de valores y prácticas de una determinada cultura.

    Las mujeres que emigran por motivos económicos crecen numéricamente, y contribuyen al bienestar de sus comunidades de origen y a la producción de bienestar en  las sociedades de llegada.

    Es imposible analizar las causas, las condiciones y las consecuencias de la migración de las mujeres, sin tomar en consideración algunos puntos fundamentales de las relaciones capitalistas en la actual época de globalización económica; entre ellos que:

–          El nuevo orden económico fortalece la discriminación femenina y justifica la pérdida de fuerza del colectivo femenino y la pauperización de las mujeres

–          La violencia contra las mujeres es un instrumento de miedo y control social

–          La ciudadanización de las mujeres enfrenta los problemas de la discriminación en el acceso al poder en un momento de pérdida de referentes políticos y de apatía social

–          La globalización impulsa la crisis del feminismo internacional porque desplaza las relaciones patriarcales del ámbito familiar y cultural al ámbito del trabajo, y porque separa a las mujeres entre sí impidiéndoles reflexionar juntas sobre su situación política.

Los proyectos del capitalismo contemporáneo apuntan al fortalecimiento de las posiciones políticas de los sectores financieros de los países militar e ideológicamente dominantes. Políticas a-sociales y a-morales -según los planteamientos de un nuevo liberalismo que ya no necesita ser ni laico ni defensor de las garantías de las y los individuos-[4] que pueden manifestarse liberales en el desmantelamiento del estado-controlador de las políticas de bienestar y redistribución de la riqueza, y conservadoras en términos religiosos y familiares.
Mujeres y migración en la actualidad
La acción de migrar, de trasladarse de un lugar a otro sobre la tierra, es tan remota como la humanidad misma; puede decirse que es la única actividad que el ser humano ha desempeñado siempre. Es anterior a la fabricación de los primeros instrumentos e indumentaria; a la domesticación del fuego; y cientos de miles de años más antigua que la agricultura, la construcción de aldeas, la política y, más reciente y terrible por sus efectos, la actividad guerrera (madre de la esclavitud y la sumisión de las mujeres).
La migración ha sobrevivido a la sedentarización forzada de las poblaciones sometidas en Europa y China (feudalismo, agricultura de aldea) y de las autóctonas americana y australiana, y ha adquirido varios nombres a lo largo de los cinco mil años de historia escrita: peregrinaciones, comercio, expediciones de exploración, guerras de conquista, nomadismo, colonización, etcétera. La invasión de América fue, de hecho, una migración europea agresiva.
La migración siempre está ligada a la búsqueda de un mayor bienestar humano, pero sus modalidades y formas cambian en el tiempo.
Desde finales de la segunda Guerra Mundial, ligada a la industrialización, a la polarización de la economía, a los efectos de la Guerra Fría -con sus corolarios de control poscolonial en Asia y África y de control estadounidense sobre las naciones americanas-, la riqueza se ha concentrado en los países manufactureros del norte en lugar que en los países productores de materias primas. Las economías europeas, japonesa, canadiense, estadounidense y australiana se convirtieron en productoras de objetos de consumo y de bienestar, incrementando hasta la década de 1990 también las garantías y derechos en y al trabajo, a la educación y a la salud de los habitantes de esas regiones. Mientras, el resto del mundo conoció, en cuarenta y cinco años, aproximadamente veinte minutos de paz.
Las guerras de la segunda mitad del siglo XX, provocaron que millones de personas buscaran refugio fuera de sus fronteras nacionales. Las mujeres y los niños en África representaron el ochenta y cinco por ciento de los refugiados, en Asia el sesenta por ciento, en América Latina el setenta por ciento. Las mujeres afrontaron una protección legal insuficiente, una profunda inseguridad física, dificultades para la reunificación familiar y una discriminación constante en la obtención de servicios de salud, alimentación suficiente, educación y trabajo. La violencia física sufrida por las mujeres en las áreas fronterizas, durante las agotadoras marchas, en las rutas de fuga y en los campos ha sido denunciada repetidas veces.
En la década de 1980, en el golfo de Tailandia, el seis por ciento de las mujeres que buscaban refugiarse fueron violadas por piratas, miles fueron retenidas como esclavas, otras fueron asesinadas. Ya en los campamentos, los abusos se multiplicaron, esta vez por parte de funcionarios y compañeros, asumiendo la modalidad de demanda de favores sexuales a cambio de protección, comida, asilo y la posibilidad de mantener cerca a sus hijas/os. En África, en esa y en la década sucesiva, las patrullas de protección dispuestas en los campamentos para la protección de los refugiados fueron responsables de que el noventa por ciento de las niñas y mujeres sufriera violación o abusos sexuales diversos, entre ellos la prostitución forzada. En la actualidad, las guerras africanas no se han detenido y las invasiones estadounidenses en Afganistán y en Irak están generando nuevas situaciones de desplazamiento y búsqueda de asilo. La discriminación por sexo sigue siendo mayor que la relacionada con motivos de raza y religión, aun cuando las refugiadas logran llegar a países donde se asientan.
Desde 1991, después del colapso del modelo de economía estatal centralizada y del equilibrio militar entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de América, se ha manifestado una escalada de la violencia localizada en Bosnia, Ruanda, Burundi, a la vez que los derechos sociales y laborales obtenidos por los trabajadores en siglo y medio de luchas empezaron a sufrir graves retrocesos.
 La mayoría de estos reflujos están ligados a una nueva distribución mundial del trabajo, al ingreso forzado de las economías agrarias tradicionales al sistema capitalista, al desplazamiento de las industrias contaminantes y al uso masivo del desempleo como instrumento para quebrar las resistencias populares.
Los antiguos obreros hoy desempleados desconocen las habilidades para ser jardineros, agricultores, cocineros, amas de llave, limpiadores porque son saberes que se transmiten de generación en generación. Por ejemplo, los conocimientos agrícolas de la mayoría de la población mexicana que emigra a Estados Unidos[5] son los que la vuelven indispensables para la producción vitivinícola, de hortalizas y de cereales. El gasto en una educación para formar agricultores no es considerado funcional para el sistema productivo estadounidense que prefiere comprar a bajo precio una mano de obra capacitada en el país de origen. El sueldo que los campesinos asalariados reciben para su trabajo, a su vez, es tan bajo que no justifica una inversión en la preparación de mano de obra especializada.
Las mujeres migrantes económicas se insertan laboralmente en todo el arco de trabajos que las poblaciones de los países industrializados no están preparadas para efectuar. Se trata de sembradoras, pizcadoras, empacadoras, separadoras de semilla, etcétera. A la vez, aportan habilidades y saberes considerados en los países expulsores “propios” de su sexo, y que por lo tanto no son valorados como conocimientos, sino como algo inherente a su condición femenina, casi “natural”.[6]
Por lo general, las migrantes son personas capaces de brindar cuidados infantiles y de atender a las y los ancianos, de efectuar todas las tareas de limpieza, de cocinar, de coser, de manufacturar bienes de uso inmediato. Desde hace menos de medio siglo, los estudios económicos feministas han subrayado el valor productivo, de lo que se ha dado en llamar la reposición de la mano de obra; esto es, de las tareas “propias” de la condición femenina de género: lavar, planchar, cocinar, atender en el ámbito doméstico a los hombres explotados en el puesto de trabajo público para que puedan seguir produciendo plusvalía el día siguiente.
Estas labores subvaloradas son los trabajos que en la actualidad desempeñan las mujeres que de forma autónoma dejan sus lugares de origen para integrarse a la fuerza laboral de los países receptores.[7]  Las migrantes están más expuestas que los hombres al trabajo forzado, a la explotación sexual, a la prostitución forzada y a otras formas de violencia, y tienen más probabilidades de aceptar precarias condiciones de trabajo, y con salarios más bajos, muchas veces por debajo del mínimo legal. Generalmente, están expuestas a graves peligros de salud, sobre todo en las fábricas de maquila y otros trabajos pesados o insalubres y carecen de información y derechos para prevenir y curar las infecciones transmisibles sexualmente.
Apesar de que cada día se hace más evidente que la migración tiene características diversas según el sexo de los migrantes, la mayoría de las políticas y reglamentos migratorios no las consideran. Los países expulsores y receptores no se preocupan por determinar las medidas y los mecanismos necesarios para proteger los derechos humanos y la dignidad de las trabajadoras migrantes y para erradicar el tráfico de mujeres y niñas.
Éstas tienen mayores tasas de desempleo que las mujeres nativas, ganan salarios inferiores que los migrantes hombres, el dieciocho por ciento vive por debajo de la línea de pobreza y el treinta y uno por ciento de los hogares que encabezan son pobres; sin embargo, envían remesas que contribuyen al sostén de sus zonas de origen, porque tienden a ser bien administradas.[9] Intervienen en ello algunos factores culturales, tales como la autodesvalorización aprendida: las mujeres se sienten obligadas con sus familiares en cuanto han sido educadas al servicio, a reprimir sus necesidades y placeres, a negar su valor social si no está relacionado con el bienestar de los progenitores, descendencia, maridos y, en sentido más amplio, los miembros varones de su comunidad.

Aprovechamiento del trabajo de las mujeres y migración:

Los factores de inferiorización de las mujeres, en las culturas tradicionales, conviven con elementos de alta valoración. Las mujeres son símbolos de permanencia, de estabilidad, de continuidad. Estos aspectos positivos son los que el capital niega en su práctica de explotación, para que sus trabajos pertenezcan a una especie de “gueto” salarial. No es un secreto para nadie que los trabajos considerados femeninos, aunque desempeñados por un hombre, son los peor remunerados. La docencia -relacionada con el trabajo de la educación de las madres-, la enfermería -ligada a la tradición de cuidados de enfermos desempeñada por siglos por las mujeres al interior de las familias-, las labores de limpieza -inherentes a las tareas domésticas-, y los trabajos de secretaría -propios a una función de sostén- son pagados menos que otros trabajos que contienen el mismo riesgo, preparación y especialización considerados masculinos.[10]

    Asimismo, es un hecho que cuando las mujeres acceden a la educación superior y se insertan en el mundo laboral masculino, abaratan el valor del trabajo. En este sentido, las mujeres como trabajadoras son tratadas todas como los trabajadores migrantes: médicas, ingenieras, economistas, investigadoras, necesarias pero mal toleradas, que se quedan al fondo de la escala salarial e incrementan el ejército laboral de reserva. Este es un factor fundamental, que se agrega a la disparidad de acceso a la propiedad y al poder político, de la así llamada feminización de la pobreza.
Feminización de la pobreza y miedo:

Mediante el control de la distribución de la riqueza con base en la división social de los sexos, el capital manipula la vida material de las mujeres. Esta intervención implica la defenestración de las características positivas de la cultura y la espiritualidad, históricamente asentadas, de las poblaciones femeninas de todo el mundo; y la imposición del miedo como condición de vida permanente para las mujeres.
Para que el miedo se convierta en una condición de vida de las mujeres, la relación capitalista utiliza todos los medios a su disposición:

1. Presenta de manera atemorizante, en los sistemas de comunicación a su servicio, las estructuras pre-liberales que fijan diferencias absolutas entre las personas con base en su sexo (y que todavía existen en algunos países regidos por sistemas que pueden fácilmente convertirse en fundamentalistas: Israel, los gobiernos que se sostienen en la aplicación de la ley islámica, el Vaticano, cualquier país que manipule sus creencias religiosas).

2. Promueve las amenazas a la integridad física de las mujeres en los países donde las reglas morales y religiosas se han reblandecido y la ley se aplica discrecionalmente, para que el asesinato sistemático de mujeres, sus violaciones y la violencia contra ellas no sean castigadas puntualmente (México, Guatemala, Albania, India, Pakistán, etcéteras).

3. Amalgama actos ilegales/legales que se cometen en los intersticios del sistema liberal, utilizando la debilidad de las mujeres en su proceso de ciudadanización; así impulsa:

– la prostitución forzada de inmigrantes privadas de sus documentos y derechos por deudas contraídas en el país de origen,

– el chantaje que involucra a los familiares que han quedado en el país de origen para lograr la sumisión de las migrantes,

– la violencia doméstica,

– la violencia en la calle,

– el acoso sexual en la escuela, el trabajo, las instancias gubernamentales y de impartición de la justicia,

– la amenaza de ser separadas de sus hija/os por no poderlos mantener adecuadamente,

– la culpabilización por la propia pobreza.

Con estos actos de imposición del miedo para justificar el control, sustituye a la figura paterna o marital en el encierro de las mujeres. Su juego perverso de protección formal acompañada de amenaza de castigo, tiene la capacidad de convencerlas de la necesidad de un sistema de seguridad diseñado desde la relación capitalista de uso de las personas.

Los efectos de la globalización:

El control de los sujetos femeninos es parte de la dinámica de explotación capitalista que hoy ha adquirido tinte de globalización; es decir, de expansión mundial del modelo de fabricación de sujetos cuyas identidades son determinadas por la producción de una plusvalía que no se distribuye ni entre las clases ni entre las naciones, sino se concentra.

    La globalización involucra a todas las regiones del mundo (su gente y su naturaleza) para que sean explotadas por un número siempre menor de personas de los países económicamente dominantes, en particular los Estados Unidos.[11]

    La identificación socio-histórica inducida por el sistema capitalista global refuerza la superioridad de lo masculino dominante, a través de una ciencia unívoca al servicio de la explotación de la naturaleza, de la idea de una única vía de progreso y de la asimilación de las mujeres a la vida y los valores masculinos.

    La forma global del capitalismo no puede afianzarse como relación de poder absoluto si no conforma patrones globalizados de conducta, de obligada aceptación, que actúan sobre los niveles simbólicos, culturales y espirituales de las mujeres y los hombres del mundo.

   Las reglas de comportamiento asignadas a los sexos en la cultura euronorteamericana, que reproducen las relaciones de dominación capitalistas, asignan a los hombres la supremacía en el espacio público y en la producción visible, y reservan a las mujeres el ámbito privado y la reproducción invisible de la fuerza de trabajo en el hogar.

    Estas reglas, aunque en crisis por los doscientos años de lucha feminista, son impuestas en África, Asia y en las comunidades autóctonas americanas y australianas para homogeneizar las ideas de mujer y hombre, de naturaleza y sociedad, de trabajo y espíritu en todos los países tocados por el sistema económico capitalista. La vida social se empobrece, el nexo con la tierra se debilita, lo sagrado pierde su centralidad, y con ello se alientan los conflictos interétnicos, el feminicidio, la intolerancia religiosa, el abandono de las formas tradicionales de agricultura y de cuidado del agua, la tierra y los alimentos. En otras palabras, se asientan las bases para una migración masiva de mujeres y hombres en busca de mejores condiciones de vida, definidas desde el sistema capitalista mismo.

   La pauperización de las mayorías ha sido construida para transferir de los países industrializados a los países agrícolas una parte significativa de la producción industrial destinada a la reproducción de la fuerza de trabajo metropolitana (maquila); a la vez que empuja a las poblaciones de Asia, África y América Latina hacia los países más ricos de su continente (o de otro) con la esperanza de mejores salarios, derechos laborales, aparente igualdad entre mujeres y hombres, libertad sexual, oportunidades de educación y de acceso a la salud.

    Los desplazamientos de la población se han vuelto cada vez más peligrosos debido a que el cuarenta por ciento de los países del mundo decidió poner freno a la migración irregular.[12] En la frontera méxico-estadounidense mueren aproximadamente cuatrocientos personas cada año por deshidratación y cansancio; a la vez, México es presionado mediante la aplicación de un mayor rigor y violencia contra su población migrante si no se compromete en frenar la migración centro y suramericana en su territorio. Turquía es presionada de la misma forma para lograr su ingreso a la Unión Europea. Las y los trabajadores centroasiáticos son así maltratados, detenidas, encarcelados, violadas, desaparecidos en el territorio turco. El mar Mediterráneo, así como el golfo de Tailandia, los golfos de Indochina, la costa de Bangladesh, se han vuelto espacios de una nueva forma de piratería: la que ejercen los explotadores de las necesidades de transporte de la población que se mueve de forma no legalizada. La muerte innecesaria y racista propiciada por las políticas de los países receptores mancha las otrora bellas costas italianas, españolas y, en menor medida, griegas y croatas.

 El doble movimiento de maquilización (concentración de la población en zonas organizadas para el ensamblaje) y de migración parece integrar a las mujeres en el mundo de la economía como reproductoras de la relación capitalista de trabajo y como productoras de bienes manufacturados para el uso de los sectores que concentran la riqueza. Desaparecen así sus diferencias positivas, sus redes de solidaridad y el papel específico que jugaban en la vida social y espiritual de sus pueblos. En el movimiento feminista, que es internacional e internacionalista, estos procesos abren una crisis cuyo desenlace decidirá si el feminismo sigue siendo un proyecto de liberación de las mujeres, o si ha sido reciclado por el capitalismo como un instrumento para la racionalización de la política global, útil para consolidar, sobre la base de nuevas diferencias económicas y políticas, los mecanismos de la explotación y pauperización femenina.

    Globalización y conservadurismo son un binomio que se conjuga de manera moralizante y no ética, fundamentalista y no religiosa, puesto que niega tanto la elección de la forma de vida como la experiencia espiritual de las personas.

    Abaratar la mano de obra sindicalizada y defensora de sus derechos con la atracción de trabajadores, sin el título de “legales”, de países pauperizados mediante la imposición del libre mercado en dispares condiciones de competencia, es sin lugar a duda un hecho antiético. Antiético e indispensable para el sistema capitalista en su momento de expansión acelerada sobre el mundo. Abaratar aun más la mano de obra mediante la atracción de mujeres al mismo país que con anterioridad recibía hombres migrantes, es igualmente antiético, y se sostiene sobre la idea conservadora que las mujeres deben ganar menos porque valen menos y, además, cuanto menos ganen más obedientes serán porque ellas son las responsables últimas de sus núcleos familiares.

    En la actualidad, el sistema abarata el trabajo con los migrantes a los que niega la legitimidad en el trabajo (legitimidad que les conferiría derechos); y abarata el muy barato trabajo masculino con la mano de obra de mujeres que tacha de abandonadoras de sus funciones tradicionales de madres, hijas, esposas, acusándolas de la descomposición familiar, el abandono escolar, la drogadicción temprana y los embarazos adolescentes. El discurso conservador del liberalismo económico lo mezcla todo.

    El uso que el liberalismo clásico hacía de la separación del ámbito del ciudadano público y el de la vida privada, para encerrar en ésta lo no reglamentado por el estado, llevó en la década de 1960 al movimiento de liberación de las mujeres a plantear que lo privado –eso es, el espacio de la privación, del desposeimiento, de la importancia de lo público masculino para el control de las mujeres al interior de la familia- era un asunto político. Hoy en día el sistema capitalista ha vuelto a confundir los ámbitos del trabajo con los del conflicto familiar al convertir en una cuestión privada (la esposa le quita el trabajo al esposo y con su salario no logra mantener a sus hijos) sus constructos: el desempleo, la feminización de la pobreza y la migración masiva.

    Además la responsabilidad del abaratamiento del valor del trabajo recae sobre las mujeres y no sobre el capital, favoreciendo actitudes de resentimiento en el colectivo masculino que desembocan en una específica violencia de género. No es casual que sea en las zonas maquileras donde el feminicidio se manifiesta con mayor frecuencia. De hecho, la feminización de la pobreza juega un rol crucial en ello. Porque no son dueñas de sus tierras ni consiguen trabajo en sus lugares de origen, las mujeres migran hacia las zonas de ensamblaje donde, en condiciones de necesidad inmediata, aceptan (se les ofrece) un sueldo que las retiene en la miseria, porque no les permite nunca ahorrar para el regreso.

    Las maquilas se irguieron sobre la tradicional mal paga de los “guetos” laborales femeninos para organizar sus ganancias con base en un sistema de salarios miserables para las mujeres, que fueron las primeras que emplearon. Ahora que los hombres ingresan al trabajo de ensamblaje, éste ya es muy barato. La finalidad del Plan Puebla-Panamá -esa ruta inexistente que se viene construyendo desde hace veinte años con el ingreso de México al libre comercio- es la “maquilización” de Centroamérica. Ésta tendría unos terribles efectos de consolidación del capital expansivo: a) terminaría de colonizar a los pueblos indígenas porque su territorio –su tierra, sagrada, madre- es para la privatización; b) anclaría a las mujeres y los hombres a la maquila como única fuente de trabajo, lo que implicaría una nueva sedentarización forzada; c) fomentaría la violencia (falsamente privada) contra las mujeres que perderían su valor sagrado ligado a la producción de la madre tierra sin adquirir los derechos de ciudadanía que los trabajadores desde la pobreza no pueden reivindicar.[13]
También a nivel de la migración internacional, el capitalismo expansivo adquiere la forma moderna de la tradicional opresión de lo público masculino sobre lo privado femenino. Todo el trabajo que las mujeres en su lugar de origen se ven obligadas a hacer gratuitamente al interior de sus familias, ya sea relacionado con la existencia o la subsistencia humana, es llamado reproductivo, en oposición con las actividades productivas, aun cuando se efectúa de manera remunerada en el país receptor. Reproducir connota repetición y procreación que, en términos patriarcales, son características indispensables pero no valoradas del trabajo, porque, supuestamente, no generan ganancia económica alguna. Cuando el capital expansivo afirma que los servicios son labores reproductivas, a la vez que envía a las migrantes hacia ese tipo de trabajo exclusivamente, les da por supuesto un valor muy bajo en la escala salarial. Utilizar el término reproductivo, cargado de significados y símbolos de lo femenino materno, para definir a los trabajos peor pagados sirve para naturalizar su necesidad concreta y ocultar, una vez más, que el trabajo de las mujeres asegura gran parte de la acumulación de capital.

https://francescagargallo.wordpress.com/ensayos/feminismo/feminismo-y-mujeres/mujeres-migrantes-en-la-actualidad/

23 de mayo de 2016

Que es la eugenesia



La eugenesia ha tenido varios significados a lo largo de su historia. Sin embargo nosotros vamos a tratar el tema por el que actualmente la palabra es conocida. Lo mismo no te suena nada, pero tiene que ver con algo de la Alemania nazi. ¿Te invade la curiosidad? Vamos a conocer los intrincados de la eugenesia.
¿Qué es exactamente la eugenesia?
La eugenesia es un tipo de filosofía social en el que se defiende la postura de luchar por una mejora de los rasgos hereditarios del ser humano. Tiene sus orígenes en el siglo XIX y os sorprendería conocer los países que lo practicaron, a parte de la Alemania nazi, que a todos nos viene a la cabeza. El objetivo de este movimiento era crear ciudadanos más sanos, más fuertes y más inteligentes.
Como curiosidad deciros que la eugenesia ha existido desde la época de Platón (incluso en la película 300 se puede ver como se “desechan” los niños recién nacidos que no reúnen las cualidades de un guerrero espartano), y que perdió fuerza y se empezó a cuestionar en 1930, pocos años antes de que el movimiento nazi la retomara con mucho más interés, como seguramente conoceréis.
La teoría de Galton
Galton llegó a la conclusión de que los mecanismos de la selección natural Darwiniana se estaban viniendo abajo con la civilización humana, por el hecho de que la sociedad tiende a proteger a los débiles y enfermos, al contrario del resto de animales (si te persigue un león y yo corro más que tu porque soy más fuerte, tú serás la víctima). De esta forma, según Dalton, la sociedad fomentaba la pérdida de las cualidades géneticas favorables (disgenesia), donde los más tontos tenían más hijos que los más inteligentes.

La eugenesia en Estados Unidos

La eugenesia ha tenido un gran peso en la cultura e historia americana. En Estados Unidos, incluso mucho antes de que apareciesen los casos de la Alemania nazi se llevaron a cabo programas para la mejora de las características genéticas en las poblaciones humanas. Esto se hacía a través de la cría o bien con una esterilización selectiva.
El movimiento eugenésico estadounidense fue movilizado por Francis Galton, en 1880, en donde asumía que por su posición social británica tenía una configuración genética superior a cualquier otro. Esta creencia de ser superiores genéticamente a otros les llevó a apoyar los programas de esterilización forzada para pobres, discapacitados o personas inmorales.
A pesar de esta idea, recibió mucho apoyo financiero y se fueron formando nuevas asociaciones que apoyaban la eugenesia. En los años 20 realizaron un estudio sobre árboles genealógicos y llegaron a la conclusión de que los “no aptos” pertenecían a clases sociales bajas y económicas bajas.
De forma increíble, este movimiento tuvo aún más fuerza en los siguientes años debido a que muchas personalidades respetables apoyaban la teoría, incluso a más de uno se le pasaba por la cabeza la idea del exterminio. Por suerte la eugenesia también tuvo muchos detractores en la comunidad científica (como la de Thomas Hunt Morgan), sobre todo por la cruda metodología que establecían los eugenesistas y porque caracterizaban todas las características humanas como hereditarias.
La historiadora estadounidense Alexandra Minna Stern ha descubierto criterios racistas en las 20.000 esterilizaciones llevadas a cabo en California entre 1909 y 1979 en psiquiátricos y “casas para débiles mentales”

La eugenesia Nazi

Unos años más tarde de todo el movimiento de la eugenesia en Estados Unidos, en Alemania ya crecía con fuerza el nazismo, abogando por una forma mucho más terrible y brutal de eugenesia. Ellos lo denominaban como “vida indigna de ser vida” (Lebensunwertes Leben, y en los que se incluían ladrones y delicuentes, enfermos mentales, discapacitados físicos, pedófilos, disidentes políticos, homosexuales, perezosos, débiles, etc.
Esta práctica tenía antecedentes por toda Europa, y los programas de “selección genética” se llevaron a cabo bastantes años antes. Durante la primera mitad del siglo XX se llevaron a cabo programas de esterilización masiva de gente considerada como enfermos hereditarios en Reino Unido, Noruega, Francia, Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia y Suiza. Incluso en Alemania, en 1880, mucho antes del movimiento nazi, ya había legislaciones sobre en favor de la eugenesia, donde fueron eliminados innumerables enfermos.
En cuanto a la Alemania nazi, se estableció un programa de higiene racial, como las Leyes de Núremberg, adoptada el 15 de septiembre de 1935, en el que se restringían los matrimonios entre gente de “clase alta” y gente de “clase inferior”. También existió un programa de esterilización forzada , el programa Lebensborn (cuyo objetivo era expandir la raza aria donde se financiaba a las madres que tuviesen hijos arios), el programa Aktion T4 (un programa médico de eutanasia), etc.
Como resultado de dota este movimiento racista 400.000 personas fueron esterilizadas (en contra de su voluntad por supuesto) y 275.000 personas fueron asesinadas con el programa Aktion T4, por no hablar del macabro exterminio de los campos de concentración, en el que perecieron 6.000.000 de personas.

La eugenesia en la actualidad

Bueno, ya se tienda a no llamarse eugenesia, si no programas de mejora genética, debido al triste pasado que rodea a esa palabra. Actualmente se están haciendo algunas cosas relacionadas con este principio. Por ejemplo en 1994 en China, se aprobó una ley donde se incluye una exploración premarital para averiguar enfermedades genéticas de naturaleza grave. En caso desfavorable, se le obliga a no casarse, a tomar medidas anticonceptivas o a someterse a la esterilización.

http://www.lamarea.com/2013/06/18/eeuu-esterilizo-a-mujeres-latinas-a-tasas-desproporcionadamente-altas/
http://www.lavidacotidiana.es/la-historia-de-la-eugenesia/

12 de mayo de 2016

En Jordania, un programa de aprendizaje permite escapar del trabajo infantil.



Un programa de aprendizaje para los jóvenes, lanzado por la Organización Internacional del Trabajo y la Fundación Internacional de la Juventud, avanza en la lucha contra el trabajo infantil en Jordania.
Moutasem Yaghi tenía sólo 14 años cuando abandonó la escuela. Sin calificaciones ni competencias, comenzó a vender verduras con su hermano en las calles de Amman, la capital de Jordania.
“Abandoné la escuela porque no tenía interés en estudiar. Así que comencé a trabajar con mi hermano, gastaba lo que ganaba en cigarrillos”, dijo. “Lo hacía para mantenerme ocupado, no tenía una profesión.”
El trabajo peligroso – como el comercio ambulante, la recolección de basura, la agricultura, la reparación de automóviles y la fundición de hierro – es uno de los graves problemas que enfrentan los jóvenes en Jordania.
“En Jordania, el trabajo infantil es una gran preocupación. En los últimos años, se ha incrementado de manera significativa y pone en peligro la vida y el futuro de un número cada vez mayor de niños en riesgo”, señaló Insaf Nizam, asesora técnica principal de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo infantil en Jordania.
“Además es un factor que contribuye al desempleo juvenil, ya que los niños ocupan el lugar de los jóvenes al ofrecer una mano de obra barata y no reglamentada”, agregó Insaf Nizam.
Los niños que abandonan la escuela para trabajar difícilmente tienen la posibilidad de regresar a las aulas o de recibir cualquier otro tipo de educación. Pero gracias al programa de pasantías de la OIT, el cual está siendo implementado conjuntamente con la Fundación Internacional de la Juventud (FIJ), Moutasem, ahora de 16 años, es un aprendiz en una fábrica de chocolate, donde espera adquirir las competencias que en el futuro le ofrecerán buenas oportunidades de empleo.

Desarrollar competencias

El programa abarca a 160 jóvenes de ambos géneros que están expuestos al trabajo infantil o son vulnerables a la explotación porque realizan un trabajo no reglamentado. Las dos organizaciones instauraron el programa de aprendizaje en la capital Amman y en las ciudades Irbit, Zarqa, Ma’an y Tafileh, para ayudar a estos jóvenes a mejorar sus competencias y calificaciones y entrar en el mercado laboral.
Desde finales de 2015, los aprendices reciben formación teórica y práctica en el trabajo en oficios como corte y confección, mecánica, venta al por menor, procesamiento de alimentos y carpintería.
Con la ayuda de manuales de formación elaborados por la OIT y la FIJ, los participantes completaron las sesiones de formación teórica de un mes de duración.
“La formación incluye lo que se conoce como 'Pasaporte para el éxito', dirigida a impartir a los jóvenes las capacidades para tener éxito en el trabajo y en la vida”, declaró Alia Al Rawashdeh, Coordinador para el empleo en la FIJ.
“Estas competencias son frecuentemente el eslabón perdido entre los empleadores y los jóvenes que buscan trabajo, por esto es necesario dedicarles especial atención. Además, impartimos formación sobre seguridad y salud en el trabajo, que también es una herramienta de gran importancia para los aprendices”, agregó Al Rawashdeh.
Nida Al Masri, quien abandonó la escuela a 15 año para cuidar a su madre enferma, dijo que la formación teórica contribuyó a reforzar la confianza en sí misma: “Nos ayudó a afirmar nuestra personalidad y a comprender cómo tratar a los clientes y relacionarnos con nuestros empleadores.”
Después del período de formación, los participantes fueron colocados en 80 empresas locales, sobre todo pequeñas y medianas, y son seguidos por doce tutores que les imparten formación técnica básica.
Ahmad Akel (L), one of the mentors, discusses the progress of the programme with an apprentice and his employer. © ILO
“Debemos garantizar que los aprendices reciban formación práctica en la profesión para la cual fueron formados teóricamente y que ésta les guste”, dijo Ahmad Akel, uno de los tutores del programa.
“Si surge un conflicto entre el aprendiz y el empleador, tratamos de intervenir para resolverlo”, agregó.

Formación en el trabajo

La mayoría de los aprendices se adapta rápidamente a su nueva profesión gracias a la ayuda de sus tutores y empleadores. Para la mayoría de los empleadores, contar con jóvenes que poseen competencias esenciales y saben en qué consiste el trabajo ha sido de gran ayuda. Si bien el objetivo principal del programa es ayudar a los jóvenes vulnerables, también aspira a mejorar las pasantías de manera que sean más beneficiosas para los empleadores y las empresas.
“Estos jóvenes llegaron aquí con la idea de permanecer y trabajamos conjuntamente con ellos para ayudarlos a crecer y desarrollarse. Con el tiempo, se convertirán en trabajadores expertos en la fábrica”, declaró Majdi Koura, Jefe de servicios en la fábrica de chocolate Al Koura donde están empleados Moutasem y Nida.

Aliviar la pobreza

En la zona remota de Meshara en el Valle de Jordania, reina la pobreza y el desempleo – sobre todo entre los jóvenes – es alto. Pero el programa de aprendizaje ofrece esperanza a algunos jóvenes, mujeres y hombres, de la zona. Algunos participan en un curso de cocina, mientras que otros están empleados en tiendas de venta al por menor.
Tharwat Bsheri, de 20 años, trabaja en una cocina, donde ella y otras mujeres jóvenes preparan platos tradicionales, como vegetales y hojas de vid rellenos, para venderlos localmente.
“Después de la formación teórica y ahora que estamos completando la formación práctica, siento que estoy preparada para entrar en el mercado laboral”, declaró Tharwat Bsheri.

Un certificado en la mano

El 24 de abril 2016, los aprendices completaron el programa y recibieron sus certificados de la OIT y la FIJ. Hasta la fecha, seis de ellos siguen trabajando en las empresas donde hicieron la pasantía, mientras que 66 encontraron trabajo en otras empresas.
“El trabajo infantil y el desempleo juvenil están estrechamente vinculados y deben ser abordados conjuntamente encontrar soluciones más eficaces. Este programa introdujo un nuevo modelo para hacer frente al trabajo infantil e incrementar las oportunidades de trabajo decente para los jóvenes. Transformó una situación de trabajo infantil y explotación en una situación de aprendizaje y trabajo decente”, concluyó Insaf Nizam de la OIT.
“Con más fondos de los donantes y el compromiso del Gobierno para adoptar y replicar este modelo en todo el país, las sonrisas que vemos hoy en los rostros de estos 160 jóvenes pueden multiplicarse en los rostros de miles de otros jóvenes en Jordania.”
Esta iniciativa de formación forma parte del proyecto de la OIT “Moving Towards a Child Labour Free Jordan” (Hacia una Jordania sin trabajo infantil) financiado por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_479514/lang--es/index.htm

30 de abril de 2016

¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?



Desde el invisible, producto de la división sexual, hasta el desigual, producto de la discriminación y la consolidación de las lógicas de precariedad y ajuste empresarial, entender la variable trabajo para las mujeres precisa de algunos enfoques específicos. Las dobles y triples jornadas, el cuidado de niños, niñas y adultos mayores y la explotación en los trabajos profesionales suponen un desafío a la hora de entender las reivindicaciones laborales de los pueblos. ¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?
La semana post- Federici en Buenos Aires nos llenó de interrogantes pero a la vez de certezas. Entender a los feminismos como claves para explicar lo que el marxismo no nos dijo en relación a la división socio- sexual del trabajo es entender porqué, en la historia, el capitalismo reemplazó a los esclavos por las mujeres trabajadoras.
Durante esta semana, la trágica muerte de dos niños en un taller textil clandestino de Flores donde la mayoría de las personas esclavizadas son mujeres migrantes y el piquete de madres, niños y niñas en Lugano que el prime time televisivo del mediodía no se atrevió a cuestionar confirma que las y los políticos en campaña y los articulados gremiales que los acompañan se siguen olvidando que las mujeres somos sujetas de derechos y que la erradicación de las explotaciones y la mejora de las condiciones laborales y por ende, de vida en sociedades capitalistas, aun son pendientes a poner en discusión y resolución por quienes pretenden un cambio social.
Una reflexión necesaria, un enfoque diverso para un 1° de mayo que supone homenajes y consensos para la equidad laboral anhelada.
Porqué la existencia de dobles y triples jornadas invisibilizadas
Cuando actualmente se dicta y estudia a los teóricos del “pacto social” en las Universidades y en las carreras de Ciencia Política, leáse Hobbes, Locke, Rousseau, no llama la atención que nadie haya pegado el grito sobre la invisibilización que las ciencias sociales hace del avance de las teorías en las contemporáneas concepciones de las sociedades. Sin embargo, a medida que se va adentrando en la permanente incomodidad de los feminismos se accede al conocimiento de que, estratégicamente, éste también llegó a las academias para sostener que como “lo personal es político”, “el trabajo de la casa también es trabajo”.
Carole Pateman es una filósofa política británica, y la responsable de haber no sólo cuestionado las teorías modernas del contrato social –y creación de las sociedades liberales- sino también propuesto su variable con mirada género sensible: el contrato sexual. Pateman sostiene que la desigualdad entre los sexos (salarios más bajos, violencia de género, acoso sexual, comentarios sexistas, falta de reconocimiento social, etc.) es un producto de la especial reorganización patriarcal de la Modernidad; la división sexual del trabajo delimita para esta teórica dos ámbitos: el de las luces públicas, de los ciudadanos y trabajadores, y el de las sombras de lo privado y lo doméstico, de subordinación de las mujeres.
Al igual que el colonialismo, que supuso el entronque patriarcal o la alianza entre los varones españoles con los varones criollos y originarios de Nuestra América para sostener la dominación de un grupo subalterno: las mujeres; en la concepción de Pateman, las sociedades modernas son el resultado de un pacto entre varones libres e iguales que instituyen nuevas reglas sobre el uso y acceso al cuerpo de las mujeres.
La consolidación de una nueva forma de entender al ámbito público fue también la de un esquema de trabajo invisible y nada valorado para las mujeres. El ser esposas y madres no dejó lugar para el trabajo asalariado sino a fuerza de la existencia de dobles y triples jornadas que no hicieron más que extender la explotación para las mujeres. Ir al trabajo -en caso de tenerlo-, volver a las casas y seguir trabajando.
En Nuestra América, las cíclicas crisis socio-económicas hacen que las mujeres se incorporen al mercado laboral como medida extrema o en forma desigual. Muchas veces, si acceden a un contrato laboral, el salario asignado sigue siendo en promedio de un 30% menos en relación a los varones; ítem poco discutido en las reuniones sindicales o en las paritarias.

¿Quién se hace cargo de los cuidados?

El cuidado refiere a las actividades indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la existencia y reproducción de las personas, brindándoles los elementos físicos y simbólicos que les permiten vivir en sociedad. Son un conjunto de situaciones que impacta desigualmente según género y según sector social. Según género, porque son las mujeres quienes mayormente asumen la responsabilidad de resolver el tema del cuidado. Y según sector social, porque para las mujeres de sectores populares la disponibilidad de cuidado suele limitarse a las redes de parentesco*.
En el 80% de los hogares las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes y personas adultas mayores y/o con necesidades especiales siguen recayendo exclusivamente sobre las mujeres*. Esto determina que, si las mujeres en situación de hogares establecidos y con personas a su cuidado, desean trabajar sólo conciliarán trabajo y familia de forma parcial, en general cuando los niños o niñas están en las escuelas, lo que las limita no sólo en sus libertades sino también en el tiempo que dedican a sus trabajos o proyectos laborales y/o personales.
Poner en discusión esta problemática permitiría acercar soluciones en las instituciones, organizaciones, empresas y sindicatos, ya que en general, los recursos y la oferta pública para el cuidado de niños y niñas, algo que debería ser de relevancia social, son escasos, tanto a nivel público como privado. Sacar del ámbito familiar lo que responde a la naturalización de una incógnita de matriz social podría ser un paso más de equidad e igualdad de géneros y clases.
La explotación en el trabajo profesional: el periodismo como ejemplo

En ocasión del 8 de marzo, una red de Argentina, PAR, advirtió sobre la situación de las mujeres periodistas en el mercado laboral. “La precariedad en las relaciones contractuales y la consecuente inestabilidad laboral, sumado a las escasas o nulas fuentes de trabajo, trazan una descripción del panorama. Facturar para trabajar es una costumbre que se repite y son pocas las periodistas asalariadas que gozan de los beneficios del Convenio Colectivo de Trabajo y de otros beneficios contemplados legalmente”, sostuvo la Red desde un comunicado.
Advirtió además la existencia de una de las constantes a la hora de analizar el trabajo con enfoque de géneros, el techo de cristal. Sostuvo la red que, “mientras aumenta el número de mujeres que estudian en las carreras de comunicación e incluso trabajan en medios o en áreas de comunicación institucional (…) su presencia se reduce drásticamente en los niveles jerárquicos, reservados a los varones, quienes continúan siendo los dueños de las decisiones editoriales”.
Cabe señalar que, según una investigación realizada en el año 2010 por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas (IMFW por sus siglas en inglés), si bien las mujeres mejoraron su acceso a la dirección de los medios de comunicación en las últimas décadas, no superan el 30% a nivel mundial.
A la vez, sostuvo la Red que, desde muchos espacios se ensaya una reacción machista y conservadora donde los posicionamientos asumidos desde una “ética política feminista han incidido en profundizar la discriminación”; ya que “los avances producidos por el empoderamiento de las mujeres también han sido mirados con recelo dentro de las empresas, tanto en los órganos directivos como en las redacciones”.

¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?

“¿Qué sería del capitalismo sin las mujeres en la casa como incubadoras gratuitas de obreros? ¿Por qué su resistencia a reconocer las labores de cuidado y de reproducción cómo trabajo? ¿Cuántos de ustedes compañeros, estarían dispuestos a cocinar, lavar, planchar, parir, educar y cuidar eternamente sin un salario? ¿Acaso no es ésta una explotación similar a la del patrón contra los trabajadores y trabajadoras?” dice un manifiesto de feministas hondureñas que marchan organizadas junto a los asalariados de su país ante un 1° de mayo.
La importancia de reconocer a las mujeres como trabajadoras del pueblo –en las casas, en las calles, en los trabajos y en las camas- supone para todo el movimiento obrero, anarquista, socialista y de ideas revolucionarias el aceptar la amalgama no solo capitalista opresiva sino también la heteropatriarcal, neocolonialista y extractivista sobre nuestras naciones o sociedades. Quien considera que la opresión solo parte de los patrones, se quedará sin entender, a mitad de camino, el porqué del fracaso del andar de las emancipaciones.

Por Laura Salomé Canteros / Foto: Verónica Canino
http://www.marcha.org.ar/el-1-de-mayo-para-las-mujeres-entre-la-explotacion-y-lo-invisible/

26 de abril de 2016

Los liberales y la lucha por los derechos de las mujeres.



David Boaz afirma que "Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres".
Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres.
En el año oscuro de 1943, en las profundidades de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, cuando el gobierno más poderoso en la historia de EE.UU. se alió con un poder totalitario para derrotar a otro, tres notables mujeres publicaron libros que podría decirse que dieron luz al movimiento liberal moderno. Stephen Cox, biógrafo de Isabel Paterson, escribe que "las mujeres fueron más importantes en la creación del movimiento liberal de lo que fueron en la creación de cualquier movimiento político no centrado exclusivamente en los derechos de las mujeres".
Rose Wilder Lane, la hija de Laura Ingalls Wilder, que escribió La casa de la pradera y otras historias acerca del áspero individualismo estadounidense, publicó un apasionante ensayo histórico llamado El descubrimiento de la libertad. Isabel Paterson, crítica literaria y novelista, produjo El Dios de la Máquina, que defendía al individualismo como la fuente de progreso en el mundo. Y la más famosa, Ayn Rand, publicó El Manantial.
Estas mujeres eran todas muy diferentes. Difícilmente se podía ser más tradicionalmente estadounidense que Lane, siendo la hija de la exitosa cronista de la frontera estadounidense. Viajó por toda Europa como periodista después de la Primera Guerra Mundial y vivió durante largos periodos en Albania. Paterson también nació en una familia pobre de granjeros, aunque en Canadá. Llegó a Vancouver y luego a Nueva York, donde se convirtió en una importante columnista de periódicos. Ayn Rand nació en la Rusia zarista y llegó a EE.UU. después de la toma de poder por los comunistas, decidida a escribir novelas y guiones de cine en su lengua adoptiva.
Las tres mujeres se hicieron amigas, aunque estas tres resueltas individualistas finalmente se pelearon por diferencias religiosas y políticas. Sin embargo, para entonces, la tradición individualista en EE.UU. había resurgido, y un movimiento en ciernes estaba en marcha.
Paterson, Lane, y Rand no fueron, sin embargo, las primeras mujeres liberales en abogar por los derechos individuales.
La igualdad y el individualismo subyacentes en el surgimiento del capitalismo y el gobierno republicano en el siglo XVIII  llevaron naturalmente a que la gente empezara a preguntarse por los derechos de las mujeres y de los esclavos, especialmente de los esclavos afroamericanos en EE.UU. No es casualidad que el feminismo y el abolicionismo surgieron del fermento de la Revolución Industrial, la Revolución Estadounidense  y la Revolución Francesa. Del mismo modo en que una mejor comprensión de los derechos naturales se desarrolló durante la lucha estadounidense contra las injusticias puntuales sufridas por las colonias, la feminista y abolicionista Angelina Grimké señaló en una carta de 1837 a Catherine E. Beecher, "He encontrado que  la causa contra la esclavitud es la gran escuela de moral en nuestra tierra —aquella en la que los derechos humanos son plenamente investigados, y mejor comprendidos y enseñados, que en cualquier otra".
Mary Wollstonecraft (esposa de William Godwin y madre de Mary Wollstonecraft Shelley, la autora de Frankenstein) respondió al ensayo de Edmund Burke Reflexiones sobre la Revolución en Francia en su escrito Una vindicación de los derechos del hombre, en el que argumentó que "el derecho de nacimiento del hombre... es tal grado de libertad, civil y religiosa, como el que sea compatible con la libertad de cualquier otro individuo con el que está unido en un pacto social".
Apenas dos años después, en 1792, publicó Una vindicación de los derechos de la mujer, donde se preguntaba "si, cuando los hombres luchan en favor de su libertad... no sería inconsistente e injusto subyugar a la mujer?"
Las mujeres que participaron en el movimiento abolicionista estadounidense también tomaron la bandera feminista, fundamentando sus argumentos en ambos casos en la idea de la propiedad sobre uno mismo, el derecho fundamental de la propiedad en la propia persona. Angelina Grimké basó sus trabajos sobre el abolicionismo y los derechos de las mujeres, de forma explícita en el fundamento liberal de Locke: "Los seres humanos tienen derechos, porque son seres morales: los derechos de todos los hombres nacen de su naturaleza moral; y como todos los hombres tienen la misma naturaleza moral, todos tienen esencialmente los mismos derechos.... Si los derechos se basan en la naturaleza de nuestro ser moral, entonces la mera circunstancia del sexo no da al hombre derechos y responsabilidades superiores que a las mujeres". Su hermana, Sarah Grimké, también activista en favor de los derechos de los negros y de las mujeres, criticaba el principio legal anglo-americano por el cual una esposa no era responsable de un crimen cometido a través de las directivas de su marido o incluso en su presencia. En una carta a la Sociedad de Mujeres en contra de la Esclavitud de Boston escribió: "Sería difícil crear una ley mejor calculada para destruir la responsabilidad de la mujer como ser moral, o como un agente libre". En esas líneas, enfatizó el punto fundamental del  individualismo, que cada individuo debe, y sólo un individuo puede hacerlo, asumir la responsabilidad de sus acciones.
La Declaración de Sentimientos adoptada en la histórica Convención de Seneca Falls en 1848 conscientemente reflejó tanto la forma como el liberalismo de los derechos naturales Lockeanos de la Declaración de Independencia, ampliando sus reclamos de derechos, para declarar que "todos los hombres y mujeres son creados iguales", dotados de los derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El documento señala que a las mujeres se les niega la responsabilidad moral por su falta de capacidad legal y concluye que las mujeres han sido "privadas de sus derechos más sagrados" por "leyes injustas". Esa vertiente liberal clásica e individualista del pensamiento feminista continuó en el siglo XX, en la medida en que las feministas lucharon no sólo por el voto, sino también por la libertad sexual, el acceso al control de la natalidad, el derecho a la propiedad, y a celebrar contratos.
Dentro de las escritoras liberales feministas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentran Voltairine de Cleyre, Lillian Harman, y Suzanne LaFollette. Wendy McElroy compiló algunos de sus escritos en Libertad, individualismo y el Estado. Joan Kennedy Taylor desarrolló la idea en su libro de 1992, Reclaiming the Mainstream: Individualist Feminism Rediscovered (Recuperando la corriente dominante: el feminismo individualista redescubierto).
Un liberal debe necesariamente ser feminista, en el sentido de ser un defensor de la igualdad ante la ley para todos los hombres y mujeres, aunque por desgracia muchas feministas contemporáneas están lejos de ser liberales. El liberalismo es una filosofía política, no una guía completa para la vida. Un hombre y una mujer liberales pueden decidir tener un matrimonio tradicional en que el hombre trabaja y la mujer no, pero es parte de su acuerdo voluntario. La única cosa que nos dice el  liberalismo es que son iguales en el ámbito de la política y tienen pleno derecho a elegir el tipo de vida que prefieren.
En su libro Justicia de Género, David L. Kirp, Mark G. Yudof, y Marlene Strong Franks apoyaron este concepto liberal del feminismo: "No es ni la igualdad en el sentido de ser parecidos, ni la igualdad en la diversidad que comprende adecuadamente la cuestión, sino el concepto muy distinto de igual libertad ante la ley, enraizada en la idea de la autonomía individual".

http://www.elcato.org/los-liberales-y-la-lucha-por-los-derechos-de-las-mujeres

22 de abril de 2016

MUJER Y TENENCIA DE TIERRA


Una de las mayores trabas que obstaculizan el aumento de la productividad agrícola y los ingresos de la mujer rural es su falta de seguridad en materia de propiedad o tenencia. La tenencia de la tierra implica un conjunto de derechos que, sobre ésta, posee una persona o una organización. La seguridad de estos derechos no se limita a la propiedad privada; abarca varias formas como arriendo de la tierra pública o derecho del usuario a la propiedad comunal. Si el titular cuenta con la seguridad de la tenencia, podrá usar la tierra del mejor modo posible, obtener el rendimiento más adecuado y ejercer su derecho frente a los no titulares. Podrá decidir cómo emplear los recursos de la tierra para atender las necesidades inmediatas del hogar y también las inversiones a largo plazo.

Así, para que las mujeres campesinas -generadoras del 60-80% de la producción de alimento en los países en desarrollo- puedan hacer un uso más eficiente de la tierra y, por consiguiente, aumentar su aporte a la seguridad alimentaria, deberán tener acceso a la tierra, al control del manejo de sus recursos y a los incentivos económicos que dicha seguridad de la tenencia conlleva.

Porqué las campesinas carecen de seguridad de tenencia

A lo largo de la Historia, el acceso de la mujer a la tierra se basó en su estatus en el seno de la familia e implicó el derecho a su uso no a su propiedad. En Asia, la barrera más común para adquirir una propiedad la forman las leyes de herencia que privilegian al hombre respecto de la mujer; si una mujer hereda una propiedad, es su marido quien se hace cargo de administrarla. Formalmente, las mujeres hindúes ostentan derechos de propiedad, pero solo mientras viven; a su muerte, ésa pasa de nuevo a la rama masculina. Por su parte, en África, y más que las prácticas religiosas, son los usos y costumbres los que excluyen a la mujer del derecho de propiedad; ésta se tiene a nombre del hombre y, a su vez, sigue la rama masculina. Tampoco es seguro el derecho de las viudas a quedarse en la tierra. En América Latina, la discriminación deriva más bien del limitado estatus jurídico de la mujer: no obstante alcanzar la mayoría de edad a los 21 años, su marido le representa en todas sus facultades legales.
Las reformas de la tierra y de las leyes, sumadas al impulso de la modernización, suelen generar efectos distintos. Al respecto, la reforma agraria o los programas de reasentamiento aplican el concepto de "cabeza de familia", en general un hombre, como base para la redistribución de la tierra. El resultado es que, en el marco de esas reformas y programas, el número de mujeres beneficiarias suele ser reducido y, en algunos casos, ni siquiera el género es tenido en cuenta. Por lo demás, las nuevas leyes en materia de igualdad se aplican más a la clase trabajadora urbana que a la población rural y, a su vez, suelen excluir la tierra agrícola de algunos de los nuevos esquemas de herencia. Por su parte, la reforma de la ley del uso y costumbre es confusa y se presta a interpretaciones; así, e incluso cuando costumbre, religión y estatuto coexisten, se tiende a seleccionar y adoptar la ley menos favorable a la mujer. Luego, las tradiciones, usos y costumbres que podían proteger el acceso de la mujer a la tierra durante su vida, están cediendo bajo las presiones demográfica, económica y medioambiental. Añadase el hecho de que la creciente migración rural masculina hacia zonas urbanas convierte a la mujer en cabeza de familia de hecho, pero sin por ello tener la correspondiente autoridad para manejar los recursos de la tierra. Incluso en los esquemas de reasentamiento en las zonas de riego, la mujer cabeza de familia rara vez se beneficia.

Dicho esto, en algunos casos y a través de las reformas, la mujer logró ganar un mejor acceso a la tierra, en general ahí donde hay políticas bien definidas que establecen su participación. En algunos países, las reformas agrarias reemplazaron el sistema feudal que relegaba a la mujer a un papel subordinado en la producción familiar. Las mujeres deTailandia, China, Nicaragua, Malasia y Cuba ayudaron a superar las barreras y proteger sus derechos de herencia de la tierra. También hay muchos ejemplos de cómo las organizaciones de la mujer lucharon para ganar acceso a las tierras que labran colectivamente.

Efecto sobre Seguridad Alimentaria

El 50% de los campesinos pobres de recursos son mujeres, que además asumen la principal responsabilidad de la seguridad alimentaria. Su éxito en atender las necesidades cotidianas depende de su buen manejo de una serie de recursos limitados y frágilmente equilibrados: tierra de cultivo, pastoreo y bosque. Recuérdes al respecto que sin seguridad de tenencia, la mujer no puede acceder al crédito, ni pertenecer a asociaciones agrícolas, en particular aquellas que se encargan del procesamiento y comercialización. En cambio, si la tenencia es segura, la mujer podrá invertir en el potencial productivo de la tierra, más que limitarse a explotarla, y tenderá a adoptar prácticas de cultivo ambientalmente sostenibles. Podrá planificar y, si es necesario, adecuar rápidamente sus decisiones a las cambiantes condiciones climáticas y económicas y depender de los resultados productivos de su labor.


Una Salida...?

1. Una reforma global del sistema de tenencia que tenga en cuenta los derechos de la mujer en el matrimonio, la herencia y el contrato, deberá ocupar un lugar destacado entre las prioridades de la seguridad alimentaria.

2. Las iniciativas legislativas y de políticas deberán reflejar la experiencia de la mujer y sus necesidades reales; el proceso de reforma deberá ser participativo.

3. La reforma deberá ser acompañada de una labor de capacitación de hombres y mujeres en las cuestiones jurídicas, en particular las relaciones entre ley y productividad rural.

4. Una mayor atención a las formas alternativas de propiedad y manejo, tales como cooperativas y grupos de auto-asistencia, mujeres incluidas.

En este sentido, la Plataforma de Acción de Beijing y el Plan de Acción de la FAO para la Mujer en el Desarrollo conceden alta prioridad a la eliminación de las barreras que impiden el acceso de las mujeres a la tierra.
Limitaciones de la Capacidad de las Mujeres Casadas en materia de Propiedad, según los Códigos Civiles de Varios Países Latino-americanos

País

La autoridad del marido tal como es representada en los Códigos Civiles
Chile El marido es administrador y representante de la propiedad conyugal bajo el régimen de de comunidad de bienes en propiedad
Ecuador Salvo otro acuerdo en el contrato de matrimonio, el marido administra la propiedad conyugal
El Salvador El marido administra los bienes de su mujer si ella es menor de edad
Guatemala El marido administra la propiedad bajo los regímenes de comunidad de bienes en propiedad, y de sociedad de propiedad conyugal
México (Estados El marido administra la propiedad conyugal de Aguas Calientes, bajo el régimen de comunidad de bienes en propiedad Oaxaca y Sonora)
Nicaragua El marido es el representante de la familia o, en su ausencia, la esposa (Código Civil, Art. 151). En la práctica, sin embargo, ello no parece tener ninguna consecuencia económica
Paraguay Salvo otro acuerdo en el contrato de matrimonio, el marido es el administrador de la propiedad.
Dominican Republic El marido administra la propiedad, incluso bajo el régimende propiedad separada.

http://www.fao.org/focus/s/women/tenure-s.htm

21 de abril de 2016

Harriet Tubman: la mujer del billete de 20 dolares.


(Harriet Ross Tubman; Bucktown, Dorchester, hacia 1820 - Auburn, Nueva York, 1913) Abolicionista estadounidense. Harriet Tubman creció en una numerosa familia de once hermanos, fruto del matrimonio entre Harriet Green y Benjamin Ross, ambos esclavos. Sus antepasados habían llegado a los Estados Unidos desde África a principios del siglo XVIII. Su amo, Edward Brodas, la llamó Araminta, pero ella adoptó el nombre de Harriet, como su madre.
Harriet no recibió educación de ningún tipo; con cinco años ya trabajaba de criada y niñera. La mujer de su amo la tenía trabajando durante el día y por la noche debía vigilar que ninguno de los hijos lloraran. Por su condición de esclava pasó por toda clase de experiencia traumáticas y humillantes; hubo de ver incluso cómo dos de sus hermanas eran encadenadas. A los seis años empezó a trabajar con otro amo, el cual le enseñó a atrapar ratas y a tejer. En cierta ocasión, el amo la sorprendió cogiendo azúcar, y Harriet se escapó varios días para evitar el castigo. Al final, cansada y hambrienta, tuvo que volver y fue azotada.

Harriet pasó su niñez trabajando en el servicio doméstico o en labores del campo. Ninguno de sus amos estaba contento con su forma de trabajar, por lo que en ocasiones se encontraba en apuros. Con doce o trece años, uno de los capataces se enojó con un esclavo que había abandonado el trabajo, y mandó a Harriet que le ayudara a azotarle. Ella se negó, e incluso ayudó al hombre a escapar. El capataz, al ver al hombre correr, intentó detenerle arrojándole un peso de dos libras, pero falló, y entonces golpeó fuertemente a Harriet, dejándola inconsciente. A causa de esta paliza, durante toda su vida sería propensa a mareos, vértigos y jaquecas; con frecuencia se quedaba dormida de forma inconsciente.
Estos hechos aumentaron su fama de trabajadora ineficaz y rebelde. En 1844, su madre la obligó a casarse con un hombre negro libre llamado John Tubman, con el que vivió durante cinco años. No tuvieron ningún hijo. Entretanto, Harriet empezó a investigar el pasado de su familia. Para conocer la historia de su madre contrató los servicios de un abogado, el cual halló indicios de que su madre había sido libre durante un breve periodo porque un primer amo había muerto sin hacer provisión de ella. Aparentemente, nadie dijo a Harriet Green que era libre, y poco tiempo después volvió a ser esclava. Este descubrimiento obsesionó a Tubman, y acentuó todavía más su rechazo a toda forma de esclavitud.

El año 1849 fue crucial en su vida. Su amo en ese momento era un hombre blanco joven que estaba enfermo, bajo el cuidado de un tutor. Al morir el amo se extendió el rumor de que el tutor planeaba vender todos sus esclavos, y Tubman decidió escaparse. Su marido se negó a acompañarla, pero dos de sus hermanos se fueron con ella. Tuvieron que viajar cientos de millas a través de Maryland, atravesar Delaware y llegar a Philadelphia. A lo largo de aquel viaje, Harriet contó con la inesperada e inestimable ayuda de hombres negros y blancos comprensivos. Cuando alcanzó el suelo libre tenía sensaciones entremezcladas: por un lado la dicha de la libertad, por otro el pesar de que toda su familia siguiese en el sur bajo el yugo de la esclavitud. Determinó que, de alguna manera, tenía que liberarlos.
Su vida como mujer libre fue todo un cambio. En Philadelphia conoció a William Still, un hombre negro llamado el conductor en el grupo denominado Underground Rail. Este grupo de abolicionistas, cuáqueros y hombres blancos y negros había establecido una serie de casas, graneros, cuevas y escondrijos para que los esclavos fugitivos los utilizaran en su huida al norte y a la libertad. Tubman había sido ayudada por algunos miembros de Underground Rail en su huida y siguió aprendiendo más sobre el sistema de escondites con la ayuda de Thomas Garrett, de Wilmington.
Tubman resolvió dedicarse tanto como pudiera a realizar escapadas al sur y ayudar a otros esclavos. Para ganarse la vida se empleó en un hotel, ya que la organización no pagaba ningún sueldo a sus agentes salvo en raras ocasiones. En diciembre de 1850 realizó el primero de sus viajes y logró rescatar a una de sus hermanas y a dos niños. En 1851 rescató a otro hermano y a su familia. También intentó rescatar a su marido, pero cuando lo encontró se había vuelto a casar y no estaba interesado en huir. A final de los años cincuenta había conseguido rescatar a casi trescientas personas.

Después de que el Congreso aprobara la Ley de los Esclavos Fugitivos en 1850, en la cual se requería a los estados del Norte que hicieran retornar a los esclavos que habían huido, su trabajo se complicó. Harriet comenzó entonces a llevar a los fugitivos a St. Catharines, en Ontario, Canadá. Desde allí realizó unos once viajes, y en 1857 llevó a cabo uno de sus rescates más importantes, el de sus propios padres.
En las incursiones de salvamento, Harriet era muy precavida y astuta, tanto que en 1857, en Maryland, se puso un precio de cuarenta mil dólares a su cabeza. Su éxito se basaba en la inteligencia, en la planificación de la operación y en la determinación a la hora de realizar los viajes. Llevaba somníferos para dormir a los bebés, evitando así que llorasen, y solía llevar una pistola, no para defenderse de sus potenciales enemigos, sino para espolear a los fugitivos fatigados o miedosos que no querían continuar. "Vivir en el norte, o morir aquí", les decía en tales momentos. Utilizaba mensajes secretos para anunciar su llegada. Incluso en cierta ocasión, Harriet y sus fugitivos cogieron astutamente un tren en dirección al sur, ya que nadie iba a pensar que se estaban escapando si iban en esa dirección. Harriet era una mujer baja, de color muy oscuro y con pocos dientes; siempre vestía recordando su pasado de esclava, y el hecho de que se quedara dormida de pronto daba la impresión equivocada de que era una mujer frágil.

Durante la década de 1850 su fama creció entre los abolicionistas. Viajó a Nueva Inglaterra, donde conoció a Ralph Waldo Emerson, a Frederick Douglass, a Gerrit Smith y a Thomas W. Higginson. En 1857 otro partidario de la causa abolicionista, el senador por Nueva York y Secretario de Estado William Seward, le vendió en condiciones muy favorables la tierra para construirse su casa. Estaba situada en Auburn, en el estado de Nueva York.
A finales de los 50 conoció a John Brown. Brown viajaba por las comunidades negras del Canadá para contratar reclutas, con la idea de atacar el arsenal federal que estaba en el trasbordador de Harpers e iniciar una sublevación masiva. Tubman aprobaba el plan de la insurrección y decidió ayudarle, pero una repentina enfermedad se lo impidió. Al conocerse, ambos sintieron mutua admiración: Harriet pensaba que Brown era la personificación de Jesucristo por su forma de ayudar a los esclavos fugitivos, y él decía a menudo que ella era en realidad el General Tubman.
En la primavera de 1860, camino de una reunión abolicionista que se celebraba en Boston, y atravesando Troy (Nueva York), supo que en esa ciudad los federales habían descubierto a un fugitivo y se proponían devolverlo. Tubman luchó hasta conseguir la libertad del fugitivo. Ese mismo año viajó a Maryland, pero el país estaba a punto de entrar en la Guerra de Secesión y se prohibió a los abolicionistas los viajes al sur. En la primavera de 1861 siguió a las tropas del general Benjamin Butler de Massachussets en su marcha hacia el sur para defender Washington. En mayo de 1862 llevó una carta del gobernador de Massachussets al general David Hunter, que se hallaba en Carolina del Sur; el gobernador proporcionaba ayuda para la guerra. Al principio trabajó como enfermera y posteriormente como espía; participó además en varias incursiones y condujo en julio de 1863 la expedición del río Combahee.
En 1864 regresó a Auburn por problemas de salud de sus padres, y ya cerca del final de la guerra, viajó a Virginia para trabajar durante un breve tiempo en la fortaleza Monroe. Al finalizar la guerra se estableció definitivamente en Auburn. A pesar de su pobreza y de su analfabetismo, dedicó su tiempo a obtener dinero para la educación de los antiguos esclavos, reunió ropa para los niños pobres y ayudó a los ancianos incapacitaos para el trabajo. Eventualmente acogió en su propia casa a pobres y ancianos. Con la ayuda de la Iglesia Episcopal y Metodista Africana de Auburn, se abriría en 1908 en la misma ciudad la Casa Harriet Tubman, que acogería a ancianos e indigentes de color.
En 1869 Tubman se casó con un antiguo esclavo y ex soldado del ejército de la Unión, Nelson Davis (John Tubman había fallecido años antes). En ese mismo año, su amiga Sarah Bradford publicó su biografía: Escenas en la vida de Harriet Tubman. Con la publicación de este libro pudo terminar de pagar su casa, pero seguiría teniendo problemas financieros el resto de su vida. Durante dos décadas muchos de sus amigos y aliados intentaron convencer al gobierno de que diera a Tubman una pensión por sus servicios durante la Guerra de Secesión. Pero no fue hasta 1890, tras la muerte de Nelson Davis, cuando le fue concedida una pequeña pensión por los servicios que su marido había prestado al país.

Durante el período posterior a la guerra, Tubman estuvo también activa trabajando en los derechos de la mujer e intentando conseguir el sufragio universal. Para ello colaboró con Susan B. Anthony y otras feministas. Su fama había llegado en esa época hasta Europa, e incluso la reina Victoria le envió un presente y la invitó a pasar una temporada en Inglaterra. Falleció en Auburn el 10 de marzo de 1913, y el ejército le rindió honores en un entierro de carácter militar. Al año siguiente, la ciudad de Auburn le dedicó un monumento en el jardín del Palacio de Justicia del Condado.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/tubman_harriet.htm