26 de mayo de 2017

Feminicidio en México, relacionado con trata de personas.



El aumento de casos de feminicidio tiene múltiples causales, entre ellas, existe un vinculación directa con la trata de mujeres con fines de explotación sexual comercial y la presencia del crimen organizado, ubicado de manera concreta en Norte en el país, indica el informe, “Trata de personas en México” 2017.
 El reporte hecho por la organización Hispanics in Philanthropy (HIP), a través de entrevistas a 70 organizaciones, realizó una radiografía sobre las rutas y situaciones de trata de personas en México, donde explica que “existe una feminización en el tema de trata de personas el cual está encasillado en la explotación sexual por los numerosos casos de violencias y feminicidio”.
 HIP es una red transnacional de donantes comprometidos a fortalecer el liderazgo, la voz y la equidad de las comunidades latinas en todo el Continente americano. Reúne a donantes, organizaciones civiles, investigadoras para estudiar diversas realidades.
 La investigación sostiene que en la región Norte, se ubica como foco rojo de trata de mujeres con fines de explotación sexual, los municipios de Tijuana, Tecate y Ensenada en Baja California.
 Asimismo, en Chihuahua y Ciudad Juárez se mantiene un fenómeno ya denunciado por organizaciones civiles y madres de víctimas de feminicidio en 1993; la relación entre la desaparición de mujeres para fines de explotación sexual y el feminicidio, como el término de este círculo de violencia contra las mujeres.
 Lo mismo sucede en Nuevo León y Coahuila, reporta la organización. La situación se torna compleja en esta zona, al contar con la presencia de crimen organizado, cruces migratorios, y rutas férreas.
 Los testimonios de agrupaciones, indica el documento, hablan de la falta de preparación de las autoridades gubernamentales en esta zona para identificar si una desaparición puede tener relación con una situación de trata o bien, la burocracia y corrupción dentro del sistema se opone como un elemento para realizar acciones efectivas de búsqueda y acceso a la justicia.

REGIÓN CENTRO

En esta área geográfica que considera la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Michoacán e Hidalgo, la organización advierte que la dinámica de trata de personas se combina con actividades ilícitas, por ejemplo, en Puebla identificaron que las mujeres son intercambiadas entre grupos delictivos con fines de esclavitud sexual y laboral.
 Para esta área se tiene ubicado de manera muy concreta las características de las víctimas que son mujeres: jóvenes de 16 a 22 años de edad –y en algunos casos se indica que niñas de 10 años- mujeres indígenas, y mujeres estudiantes de telesecundaria rural o bachilleratos urbanos.
 Las organizaciones civiles consultadas refieren que entidades como Michoacán donde la delincuencia está articulada, una vez que llegan a localizar alguna mujer víctima de explotación sexual, ante el peligro y por su seguridad, la tienen que enviar a la Ciudad de México, lo mismo sucede en Tlaxcala.
 La investigación arrojó que los tratantes en la zona Centro han diversificado sus modus operandi, más efectivos y menos visibles, esta situación se mezcla con el rechazo al tema por parte de las autoridades de gobierno, “no hay información o no se ha querido hablar del tema”, subraya el documento.

EL BAJÍO

El informe destacó que en la zona del Bajío –que comprende los estados de Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Colima y Nayarit- las organizaciones civiles presumen que el alto índice de mujeres adolescentes desaparecidas –en específico esta población- podría estar relacionado con la trata para fines de explotación sexual.
 Sin embargo, el análisis del grupo de investigadores de HP, concluyó, que no existen cifras o elementos que avalen esta hipótesis, por lo que la desaparición de mujeres adolescentes creen, “puede responder a la ausencia de un núcleo familiar estable, pero también a las malas condiciones de seguridad en el estado, así como a un nivel alto de falta de oportunidades para estudiar y emplearse dignamente en algún sector regulado”, describen.

SUR

En el sur del territorio, HP observó que en las comunidades indígenas, los padres de familia con frecuencia ofertan y venden a sus hijas menores de edad y adolescentes, a quienes forzan a contraer matrimonio sin que las autoridades logren detectar la situación, “por la falta de lineamientos claros para hacerlo y porque justifican la acción como aspectos de usos y costumbres”.
 Esta área conformada por Campeche, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Yucatán, Quintana Roo, Oaxaca y Guerrero, también se identifica como un punto de cruce migratorio, identificado como foco rojo para cooptar mujeres migrantes con fines de explotación sexual.
 Sin embargo, a partir del rastreo que hizo el equipo de investigación se identificó que no existe protección ni atención para las víctimas. Y sólo lograron identificar en esta zona tres refugios especializados para atender a mujeres víctimas de trata.

http://www.cimacnoticias.com.mx/taxonomy/term/5882
Hispanics in Philanthropy   informe “Trata de Personas en México”.   Trata de mujeres con fines de explotación sexual comercial  

25 de mayo de 2017

“No es posible una economía social y solidaria si no es feminista”

 Contactamos con Alicia Rius y Ana Álvarez, para hablar de economía feminista, ámbito en el que llevan años trabajando. Ellas hablan de su compromiso con la construcción de sociedades más justas, equitativas y felices para todas las personas. De su lucha por el reconocimiento de las aportaciones de las mujeres y de la necesidad de favorecer un modelo de desarrollo que tenga en el centro la vida, la sostenibilidad medioambiental, la justicia económica y la democracia. Así es su concepto de economía…y de vida.
Comencemos conociendo qué hace el Instituto de Mujeres y Cooperación (IMC), cuáles son sus objetivos y proyectos.
El Instituto de Mujeres y Cooperación nace en el 98, con la voluntad de incorporar la perspectiva feminista a los proyectos de intervención social. Está compuesto por abogadas, psicólogas, mujeres de distintos ámbitos. Con el tiempo hemos ido profundizando y madurando nuestra postura en el Feminismo.
Empezamos gestionando un espacio de Igualdad de mujeres magrebíes, que estuvo funcionando 6 años. Gestionamos un espacio de Igualdad en Villaverde, puntos de violencia de género en San Sebastián de los Reyes y acabamos de inaugurar un espacio de Igualdad en Arganzuela que se llama Juana Dueñas. Nuestros principales clientes son las administraciones públicas, aunque también asesoramos a fundaciones privadas.
En el ámbito de lo no pagado nos dedicamos a la economía social y solidaria y asesoramos a muchísimas mujeres que tanto en lo privado como en lo empresarial están poniendo en marcha proyectos.
En 2015 fundamos la Red de Economía Feminista en Madrid, de la que forman parte 20 entidades feministas, con el objetivo de visibilizar empresas y profesionales feministas.
Cada vez toma más fuerza la necesidad de potenciar un tipo de economía alternativa, social, solidaria. ¿Qué relación tiene este tipo de mirada, de visión, con los feminismos? ¿Cómo pueden retroalimentarse entre sí la economía social con la economía feminista?
Nosotras aterrizamos en la economía social y solidaria, que en principio es un ámbito privilegiado, pero también ahí hace falta el feminismo. Cuando hablamos de poner en el centro el valor de la vida de las personas, hablamos también de afrontar las desigualdades. Hay que poner la mirada en qué pasa con la presencia de las mujeres, en los roles, en las diferencias que existen en el emprendimiento, según lo lleven a cabo hombres o mujeres, etc. No habrá economía social y solidaria si no es feminista.
La economía social y feminista no es hablar solo de lo público, sino también del reparto de los cuidados. La economía feminista consigue conectar nuestros cuerpos con el mercado, es decir, no somos sujetos aislados y tenemos que revisar nuestra vida en las casas, en las comunidades, en los distritos, en las asociaciones, tenemos que darle una vuelta a cómo tenemos organizada nuestra vida.
Incluso dentro de la economía social y solidaria se promociona y es más visible quien tiene una heroicidad militante, quien es capaz de dedicar muchas horas a estar en espacios formales o informales, ¿a costa de qué?
Valorar los cuidados y la singularidad de las personas y situaciones
Los cuidados sostienen el mundo, aunque no sean valorados. Las mujeres se han ocupado de estos cuidados. Pero el modelo no da más. Hay otro modo de afrontar esto y es quizás uno de los aspectos más revolucionarios del modelo económico que defiende el feminismo.
Claro, estamos planteando muchas propuestas. De entrada, lo primero es fortalecer nuestras entidades porque es difícil la interlocución entre nuestras entidades y los clientes. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid nos exige unos horarios.
Los cuidados se tienen en cuenta en la forma de organizar el trabajo, hay que dar valor a las opiniones subjetivas, ser horizontales….la economía feminista es educar en la democracia de la participación y tener en cuenta las necesidades de cada persona.
Y desde hace tiempo estamos proponiendo hacer comunidades cuidadoras. Dejar de sobrecargar a las familias con todas las exigencias de la crianza, del cuidado a las personas mayores e intentar articular apoyos desde lo comunitario. Por ejemplo, cómo te puedo ayudar con tu abuela, cómo me ayudas con la crianza…
Se requiere hacer empresas que no pongan el beneficio económico en el centro.
Y exigir a las instituciones que el trabajo de cuidados esté respaldado, con recursos especializados que atienda la singularidad de las familias y las personas. No es lo mismo una familia monomarental, o una con personas mayores en situación de dependencia…
¿Se trasladan roles y tendencias machistas que existen en la sociedad a las cooperativas y entidades que forman parte de la economía social y solidaria? Por ejemplo, que los cargos de decisión o gestión tiendan a ser ocupados por ellos.
¡Claro! Es verdad que es un contexto más privilegiado, pero llevamos siglos de historia patriarcal y hay muchas cosas que seguir mejorando.
En las asambleas es muy común que los hombres usen más los turnos de palabra, aunque haya más mujeres. Hace falta empoderar a las mujeres, hace falta que los hombres revisen sus privilegios.
Nosotras creamos hace 5 años ‘Tangente’, formada por 17 entidades. Recientemente se ha creado la comisión de feminismos dentro de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) de Madrid. Y vamos a estar ahí.

¿Qué permite materializar el feminismo en el ámbito económico?

Feminizar la política y la economía es poner en valor cosas que hasta ahora no han sido valoradas. Por ejemplo, el valor del consenso, el valor de la escucha…es importante lo que se dice, pero también cómo se dice, y también lo que no se dice. Hay que poner el foco en esa otra forma que hemos tenido las mujeres de sostener la vida, basada en el consenso, en la cultura de la paz. Sin idealismos, sin esencialismo, pero dando importancia a cómo lo hemos hecho.

Empoderamiento

Es habitual consultar a “expertos” en todos los campos e ignorar a las mujeres. Es necesario trabajar por el empoderamiento de las mujeres y también replantear la división sexual del trabajo. ¿Cómo se articula esto?

Nosotras, siempre que nos piden una persona experta, en cualquier campo, damos el nombre de una mujer. Creemos en las acciones positivas. Si además es negra, o gitana, mucho mejor. También hay que dar una vuelta al concepto de experto. ¿Qué es lo experto? Dentro del marco que tenemos, capitalista y empresarial, la persona experta es la que ha hecho muchos masters, tiene títulos. No es la persona más humilde, la que relativiza su conocimiento, sino la que se embiste de poder. Personas expertas para nosotras son esas personas que llevan años conociendo una realidad y que saben desde la humildad que les da esa experiencia, que les falta mucho por saber, la realidad es cambiante y no podemos absolutizar. Hay muchos ejemplos, la cooperativa ‘Abierto hasta el amanecer’ lleva años asesorando a las empleadas en el sector doméstico, pero están en la sombra y para nosotras son mucho más expertas que el líder sindical que firma los convenios.
Esas cooperativas son una alternativa para la mejora de las condiciones de las empleadas en el sector doméstico y de cuidados, en su mayoría mujeres. ¿Es esto una tendencia? ¿Se están creando cooperativas de trabajo doméstico?
Se está avanzando. En Madrid hay ya cinco cooperativas del sector constituidas.

¿Es un indicador de avance el Feminismo?

Creemos que sí. Se está sumando gente nueva, joven. En el I Congreso de Economía Social y Solidaria que recientemente se ha celebrado en el barrio de Tetuán, el área que más interés despertó fue el de Feminismo. Estamos viviendo el desarrollo del Feminismo de base, la gente empieza a entender que sin Feminismo no hay democracia, no hay nada. Movilizaciones como el Tren de la Libertad, el 7N, o el último 8 de marzo son algunas muestras. Y también es cierto que las crisis sistémicas como la que vivimos van acompañadas de un movimiento social fuerte.

El cambio que propone la economía feminista tiene que ver con esa base social. Pero también hay medidas legislativas que pueden contribuir. ¿Cuáles serían prioritarias?

La renta básica es fundamental. La Igualdad en los permisos de maternidad y paternidad que plantea la PPiiNA. Fortalecer el desarrollo de empresas de economía social y solidaria que defienden los principios de la Constitución, como es la igualdad, con beneficios fiscales o ayudas. Y dotar de presupuesto a la Ley de Dependencia, hay que dar valor a esos trabajos que sostienen la vida.

Entrevista a Alicia Rius y Ana Álvarez, del Instituto de Mujeres y Cooperación 
http://amecopress.net/spip.php?article15740



18 de mayo de 2017

La precariedad tiene rostro de mujer.


Las cifras de desigualdad salarial saltan de vez en cuando a las noticias y nos dejan en shock: las mujeres cobran entre un 20 y un 25% menos que los hombres. Pero ¿qué significan realmente estas cifras y por qué sucede esto?
A veces la brecha salarial se mide como la diferencia entre el salario medio de los hombres y el de las mujeres –y ya sabemos que las medias pueden esconder situaciones muy diversas–. Estas cifras, por tanto, no quieren decir que a igual trabajo cobremos un 25% menos. Aunque si tomamos por ejemplo la media por hora trabajada, sigue siendo alta: casi un 15%, según el último Eurostat. Un informe reciente de la UGT concluye que las mujeres cobramos menos en la mayoría de sectores, en todos los niveles educativos, con cualquier tipo de contrato y de jornada. En teoría, los convenios colectivos impiden la discriminación salarial pura y dura, pero todavía se da que a mismo trabajo, diferente sueldo. Primero, porque se reconocen de forma distinta empleos que tienen igual valor, según estén realizados por hombres o por mujeres, pero también porque se premian con complementos salariales unas tareas en detrimento de otras o se pagan de forma distintas las horas extra.

Lo que indican los números, y cualquier dato que haga referencia al género en el ámbito laboral, es que la desigualdad está instalada en nuestra sociedad y se reproduce muy especialmente en el mundo del trabajo. Así, una parte importante de esta diferencia nos indica que la precariedad se ceba más en las mujeres. O sea, si los empleos están cada vez más degradados, con salarios más bajos y más inseguridad, podemos estar seguras de que los peores lugares de la jerarquía laboral son femeninos. Así, el 72% de las jornadas parciales en España lo ocupan mujeres y la mayoría no lo ha elegido, sino que no ha encontrado otra opción –el 58%–. Con estos minijobs ya sabemos que no se puede vivir, es decir, tener un trabajo, ya no garantiza salir de la pobreza. El porcentaje pues de trabajadoras pobres en España es el más alto de la UE, tan solo superado por Rumanía.

En la carrera de los indicadores, también quedan las últimas. Por ejemplo, este primer trimestre la tasa de paro femenina se incrementó hasta el 20,5%, mientras que la masculina se mantuvo en el 17,2%. Y es que la posibilidad de embarazo y los permisos de maternidad todavía implican desigualdad a la hora de encontrar trabajo. Otro triste récord gracias a las últimas reformas laborales del PP es que somos el país de Europa con más trabajos temporales. Otra vez, de mayoría femenina y sigue subiendo, casi el 80% de los contratos firmados por mujeres son temporales. Temporalidad, jornadas parciales e inestabilidad en el empleo cóctel perfecto para presionar a la baja los salarios. A los empresarios, sobre todo del sector servicios –donde más se concentran las mujeres– les beneficia.

De hecho –y aunque afecta a todos los sectores– muchas de las externalizaciones a empresas multiservicios realizadas por empresas para deshacerse de trabajadoras contratadas y de los convenios colectivos afectan a mujeres. Las Kellys –“las que limpian los hoteles”– han tenido éxito a la hora de denunciar esta situación por la que han visto descender sus salarios y aumentar horas de trabajo en peores condiciones. Hemos visto sus bolsos llenos de pastillas para poder seguir el ritmo de un trabajo infernal que sufren en sus cuerpos doloridos.

Los trabajos de las pobres

La mayoría de la fuerza laboral femenina se concentra en aquellas ocupaciones que tienen relación con los roles y estereotipos que tradicionalmente se nos han atribuido como cuidar, limpiar, o aquellos trabajos que implican emociones. Lo más curioso es que muchas de estas labores se menosprecian precisamente porque las desarrollan mujeres. Cuando un trabajo se “feminiza”, es decir, pasa a ser realizado mayoritariamente por mujeres, sistemáticamente empeoran sus condiciones laborales y de estatus. Es decir, bajan sus salarios también.

Ahora mismo, estos se dan en el sector servicios –cocineras, camareras, limpiadoras, camareras de pisos, cajeras de supermercado, teleoperadoras– o en el de cuidados –trabajadoras domésticas, cuidadoras, niñeras– como comprobamos en la última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) La expansión de estas ramas nos indica que la creciente participación de la mujer en el mundo laboral se debe, al menos en parte, al hecho de que se han trasladado al mundo laboral actividades que antes las mujeres realizaban gratis o como criadas infrapagadas.

Los trabajos que están más degradados, además, son aquellos más invisibles. El caso más evidente es el de las trabajadoras domésticas en el que todavía hoy se emplea una parte muy importante de la fuerza laboral femenina, muchas veces sin contratos, sin horarios, sin derechos. Muchas de estas trabajadoras domésticas son inmigrantes, porque la ley de extranjería las hace todavía más vulnerables. Si eres mujer y migrante, tienes muchas posibilidades de estar en lo más bajo de la escala social.

Pues parece que sí. Todavía hay trabajos de “mujeres y de hombres”, y estos trabajos feminizados tienen peores condiciones laborales porque debido a condiciones estructurales, ahora y en el pasado, las mujeres tienen menos posibilidades de elección y más presión para desempeñar trabajos mal retribuidos. También, por supuesto, y esto es importante, porque tienen que combinarlos con el trabajo invisible en el hogar. Así, las carreras de las mujeres son más intermitentes debido a las labores de limpieza y cuidados que tienen que ejercer con niños, ancianos y dependientes.

Algo de historia

Históricamente las mujeres han tenido que hacer ese tránsito continuo entre el trabajo pagado y el no pagado, con todas las dificultades que eso entraña. Mientras que los hombres se han limitado a la esfera del trabajo remunerado. Como explica Nancy Fraser, esta división entre trabajo productivo y reproductivo –en el hogar– se produjo desde la era industrial. Fue entonces cuando la masa laboral masculina fue salarizada, mientras que las actividades reproductivas se retribuyeron con la moneda del amor y la virtud. Pero en el mundo que inauguró la revolución industrial, en el que el dinero se convirtió en el principal medio de poder, quienes se quedan encargadas del trabajo no pagado quedarán estructuralmente subordinadas a aquellos que sí tendrán retribuciones monetarias. Este es el origen de la desigualdad.

Las mujeres cobrábamos menos que los hombres porque se suponía que nuestro lugar era el hogar y los salarios más bajos se justificaban porque se consideraban un suplemento al del marido o el del padre, lo que garantizaba la subordinación. Aunque esta imagen no dejaba de ser un mito que no se correspondía con la realidad vivida por muchas mujeres: tanto solteras como casadas –sobre todo de clase obrera– que trabajaban en proporción mucho mayor que la indicada por las estadísticas y a veces eran cabezas de familia.

Esto tendrá su correlación en el mundo laboral, como explica Ulla Wikander en De criada a empleada: Poder, sexo y división del trabajo (S.XXI,2016), entre las décadas de 1960 y 1980, al producirse la gran irrupción de la mujer en el mundo del trabajo fuera del hogar, el mercado laboral ya había sido estructurado según el sexo biológico mediante un proceso que había durado siglos. Y si la división laboral según géneros demostró ser muy ventajosa para los patronos, será la ley la que fijaría la base de esta subordinación al hombre en el ámbito del trabajo. Por ejemplo, durante el periodo de entreguerras, la prohibición del aborto y de las medias preventivas del embarazo fue de la mano de las restricciones del trabajo femenino en el mercado laboral. Así como hoy, los hogares han sostenido el recorte de gasto público en servicios sociales y de cuidados –ley de dependencia, guarderías, residencias, educación, salud, etc.– y están condenando a las mujeres a asumir todas esas tareas extra. Las que pueden, a su vez, externalizan esos cuidados contratando a otras mujeres, generando uno de esos trabajos feminizados mal pagados.

Pero si algo nos enseña la historia del feminismo es que se pueden conquistar derechos formales al mismo tiempo que perdemos terreno en el ámbito laboral. Hoy, el empeoramiento de las condiciones de trabajo de las mujeres durante la crisis así lo indica. También sabemos con certeza que cada una de las conquistas en relación con la igualdad de género ha tenido que ser peleada con fiereza por las mujeres. Por tanto, quizás es tiempo de poner en el centro de la lucha feminista otra vez la cuestión laboral y su relación con la clase.

Foto: The Graphic. Trabajadoras de una fábrica de fósforos en Londres en 1871.

17 de mayo de 2017

Barbarie y patriarcado caminan de la mano.



La violencia contra la mujer se ejerce como un aviso de “aquí mando yo” en la era de la globalización.
Sólo desde una cierta perspectiva globalizadora se puede captar la estructura de diversas relaciones entre grupos a diversas escalas y en diferentes dimensiones. Quizás ha hecho falta alcanzar el punto de vista de la globalización para identificar las modalidades de las relaciones de poder entre los grupos, los géneros a nivel micro y a nivel macro. Sólo así puede saber más de si misma la especie bisexuada y culturizada que somos los humanos.

Manuel Castells identifica en el proceso de globalización neoliberal una “lógica excluyente” a la que se refiere con la metáfora de los “agujeros negros” del capitalismo informacional. Distingue entre los “trabajadores genéricos”. No hará falta insistir en que los que van a parar a los “agujeros negros” son los genéricos, los que carecen de cualquier especialización, y los caracterizados por esta carencia, si vale decirlo así, pertenecen al sexo femenino. Las maquilas son violeta y los hackers predominantemente rojos.

Lourdes Benería ha señalado el papel desempeñado por los Estados en la imposición de desregulación de los mercados en que el proceso de globalización consiste, por paradójico que ello parezca. Y son particularmente notables los cambios en la fundación de las fronteras: ciertos controles fronterizos desaparecen para determinados flujos de capitales al mismo tiempo que se refuerzan para los trabajadores inmigrantes. Resulta particularmente significativo desde el punto de vista del género el hecho de que las comunidades culturales, en el marco del Estado-nación, intenten imponer sus normas culturales propias: así, determinados colectivos musulmanes presionan para imponer la sharia para su grupo en países no musulmanes. Y no hará falta insistir en que aquí, especialmente, “cultura” tiene nombre de mujer.

Se ha acuñado el nombre “los nuevos bárbaros del patriarcado” para hacer referencia a la especificidad de la violencia sexista en la era de la globalización. Esta modalidad macabra de violencia tiene que ver con el “Estado paralelo” que en determinadas zonas del planeta instituyen las mafias. Sembrar cadáveres de mujeres, previamente secuestradas, violadas colectiva y ritualmente y estranguladas en las orgías y “asesinatos de juerga” que se celebran en los ranchos es, como lo interpreta Rita Segato, estampar una firma que se descifra en clave de “aquí mando yo”. Esta carne cadavérica de mujer joven, morena, respondiendo a un mismo tipo, delgada, trabajadora de la maquila, cosida al territorio, que no sepultada, muestra que “esta zona es mía”, que estamos ante el símbolo y la parte de un Estado paralelo.

Sobre el texto Barbarie y patriarcado en la era de la globalización de Celia Amorós.

"Antes pasará un camello por el ojo de una aguja,
que entre un rico en el reino de los cielos,
antes pasará una mujer, trabajadora genérica, inmigrante ilegal por esta frontera de hormigón y alambreespino,
que una transacción financiera en el reino de los cielos,
antes pasará una sharia macho de largo sin morder por delante de una cultura antigua con nombre de mujer,
que un consejero delegado, un viajero de clase preferente en vuelo intercontinental en el reino de los cielos,
antes sobrevivirá una joven por los márgenes del desierto,
que su carnicero violador entre en el reino de los cielos,
carne de cadáver de mujer joven, morena, delgada, trabajadora de maquila, cosida al territorio, que no sepultada — sin descanso:
este es mi reino, dice el patriarca, y mi cielo, aquí entrará el camello, el rico, el carnicero, la transacción financiera y el consejero delegado…
este es mi reino, y mi cielo, y también
tu espanto y tu infierno.

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2086

11 de mayo de 2017

El olvidado origen del Día de la Madre.



La proclama pacifista contra las guerras quedó muy lejos de la celebración comercial
Aunque muchos crean que el Día de la Madre es una jornada simplemente comercial, cuyo origen es simplemente atribuible al afán de estimular las ventas, lo cierto es que fue una proclama antibelicista y una convocatoria a un congreso mundial de madres, lo que dio inicio aCorría 1870, cuando la escritora estadounidense Julia Ward Howe, una pionera del activismo, el abolicionismo de la esclavitud y los derechos de las mujeres, convocó a todas las madres del mundo a rebelarse contra la guerra, en una desgarradora proclama pacifista que mantiene plena vigencia.

En la proclama se convocaba a un Congreso Internacional de Madres buscando promover alianzas entre diferentes naciones y el arreglo sin belicismos de cuestiones internacionales. Las buenas intenciones de la primera mujer electa para la Academia Estadounidense de Artes y Letras, en 1908, apenas lograrían que el Congreso de su país, votara en 1914, a instancias del presidente Woodrow Wilson, la celebración anual del Día de la Madre.

La idea se concretó pero jamás tuvo efectos reales

Su idea de un congreso de madres, no logró verla concretada en tanto escribía por aquellos días que las mujeres “están más interesadas en la promoción del sufragio femenino que en idear una protesta mundial de mujeres contra las crueldades de la guerra”. la fecha en cuestión.
Sus ideas no obstante fueron tomadas por Anna Jarvis, un ama de casa que organizó a las mujeres durante la Guerra Civil para trabajar en mejorar las condiciones sanitarias de los hijos heridos en combate y en 1868 comenzó a trabajar para conciliar los vecinos de la Unión y la Confederación. Su hija también Anna Jarvis, cuando su madre murió, promovió la idea del día de las madres. En 1873, mujeres en 18 ciudades estadunidenses realizaron una reunión del Día de las Madres, y en Virginia Occidental en 1907 se celebró el primer congreso, que no tuvo mayores efectos reales.

La proclama original de Julia Ward, es aún material de estudio en EE.UU.

“¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas! Digan con firmeza: ‘No permitiremos que los asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia’. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión. En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido solemnemente que sea designado un congreso general de mujeres, sin importar nacionalidad, y que se lleve a cabo en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales”.

http://www.lr21.com.uy/mundo/

9 de mayo de 2017

La militarización de las fronteras y la esclavitud son un negocio para corporaciones europeas .


El informe da voz y valor a las personas migrantes que intentan acceder a Europa a través de la frontera sur Española o se acaban estrellando contra ella.
“Tras la Frontera” es un informe que pretende atravesar el mar, los muros y las vallas para tratar de acercarse a la realidad de la ciudadanía migrante y su imperante necesidad de reparación y justicia. Aquella ciudadanía que sufre y cuestiona lo más profundo de nuestro sistema. Así se anuncia este trabajo presentado hoy en Madrid por el colectivo Caminando fronteras, que lleva más de 15 años trabajando con comunidades migrantes en la frontera sur, recogiendo sus testimonios, denunciando y visibilizando.
La creciente militarización de las fronteras españolas toma nombres y cuerpos en este informe “Tras la Frontera” cuyo gran valor es que está realizado desde el testimonio directo de las víctimas de esta contienda. De hecho, la presentación ha contado con el aporte de la senegalesa Sylvie, quien llegó a nuestro país en patera después de haber visto cómo 8 compañeros morían durante el viaje. Le ha acompañado la activista de Caminando Fronteras, Helena Maleno.
Frente a la narrativa habitual de las migraciones, que reduce al o a la migrante a tópicos de “victimización y cosificación” cuando no a la clara criminalización, este trabajo apuesta por dar voz a aquellas personas que “intentan acceder a Europa a través de la frontera sur Española o desgraciadamente se acaban estrellando contra ella”. Con datos desde septiembre de 2015 a diciembre de 2016 y el testimonio de migrantes procedentes de 15 países africanos que han contado sus historias en la docena de lugares marcados a fuego por tantos días, cuando no años, de espera y sufrimiento; los bosques de Nador, Bel Younech , Castillejo, Boukhalef, Mesnana.

“El informe denuncia, pero también plantea soluciones que pueden ser llevadas a cabo desde mañana”, reta Helena Maleno, a pesar de saber que nos enfrentamos a un gran negocio: "la militarización de las fronteras y la esclavitud son un negocio para corporaciones europeas", ha dicho durante la presentación. Las mismas empresas europeas que venden armas a los países del norte de África –y por tanto, contribuyen a generar y acrecentar conflictos en esos países- son las responsables de la militarización de nuestras fronteras para impedir la entrada de esas personas huyendo de esos conflictos. Hablamos de empresas como Indra, recientemente relacionada con el PP. Otro negocio vinculado a la migración es la esclavitud.

Realidad invisible: la feminización de las migraciones y el reclamo de mujeres, niñas y niños

Las migraciones, al igual que la pobreza, tienen rostro femenino. La guerra de las fronteras no se muestra menos intensa ni siquiera con la infancia migrante. Mujeres y niños sufren agresiones y violaciones. Y si consiguen llegar a España, siguen recibiendo maltrato, son “criminalizadas” y no se les presta ayuda psicológica y afectiva a pesar de haber sufrido situaciones traumáticas. Frente a esto, Caminando Fronteras reclama al Gobierno la aplicación del protocolo de atención a víctimas de tragedias utilizado en accidentes de tráfico o de avión pero nunca en el caso de los supervivientes de tragedias migratorias. Estas son trasladadas a comisaría en el marco de la Ley de Extranjería y, generalmente, pasan a un Centro de Internamiento para Extranjeros.
Sylvie Agnes Sambou fue testiga de la muere de 8 de los compañeros con los que viajaba en patera hacia las islas Canarias. A su llegada, asegura, no fue tratada como una persona. "La primera noche, después de desembarcar, la pasé en comisaría. Nos interrogaban, nos preguntaban que quién era el capitán", ha explicado hoy.

"Después de pasar 11 días en la patera, sin comer y solo bebiendo agua de mar, el trato de la policía fue muy malo. Solo querían que denunciáramos al capitán y decía que a cambio nos daría papeles", ha asegurado Agnes Sambou, quien se negó y finalmente decidió declarar en favor de un compañero que, asegura, fue acusado falsamente de ser quien manejaba la embarcación (normalmente los tratantes no viajan en la patera y las autoridades lo saben)
Entre septiembre de 2015 y diciembre de 2016, 388 personas han muerto en su intento de llegar a España en patera, un 31,4% son menores y un 7,9% son mujeres, según el informe de la ONG Caminando Fronteras. La organización documenta que detrás de estas muertes, más allá del riesgo implícito del cruce migratorio, están las deficiencias detectadas durante las labores de rescate en la frontera sur que "priman el control migratorio sobre la salvaguarda de la vida.
A lo largo de sus páginas, el informe de Caminado Fronteras denuncia la descoordinación entre Marruecos y España, el bloqueo de embarcaciones en alta mar por parte de la Guardia Civil para evitar su llegada nuestras costas, la suspensión de las operaciones de Salvamento Marítimo durante la noche en la zona del Estrecho o el tiempo tomado en reaccionar para iniciar las acciones de rescate. Estas, describen, "han sido las causas evitables que provocaron pérdidas de vidas humanas en todas las zonas de acceso por vía marítima.

http://amecopress.net/spip.php?article15821

5 de mayo de 2017

La violencia familiar.



La violencia familiar es un fenómeno social que afecta a un alto porcentaje de familias de cualquier comunidad, en todos los niveles económicos y culturales. Incluso muchas veces las personas violentas en su hogar muestran hacia el mundo externo lo que parecería ser una conducta intachable. Y es importante tener en cuenta que lo que está detrás de esta violencia es siempre el intento por controlar al otro. Es decir que siempre se trata de un abuso de poder.

La violencia puede ser de tipo emocional, física, sexual, financiera, socio-ambiental. Se suele usar la crítica, la humillación, el silencio, las prohibiciones no razonables, el control y la vigilancia o el retacear dinero, como formas de ejercer el dominio. La conducta violenta es un problema en sí mismo. El alcohol o las drogas no son sus causas ni la explican, aunque es cierto que agravan el caso. Tengamos presente que en la mayoría de los casos los maltratadores no son adictos.

A las víctimas les cuesta relatar lo ocurrido pues tienen miedo, vergüenza, y porque tienden a echarse la culpa de lo que les pasa. Incluso es común que impere el temor y la sensación de culpa en quienes reciben el maltrato. Entre los cuadros principales de violencia familiar tenemos: la violencia conyugal, el maltrato infantil, el maltrato a ancianos y el maltrato a discapacitados.

La violencia conyugal es aquella que se establece en la relación íntima y estable entre un hombre y una mujer, estén o no legalmente casados. El hombre violento tiene una percepción rígida y estructurada de la realidad. Sus ideas son cerradas, ve a su mujer como una provocadora y como si fuera parte de su propiedad. Una de las mayores incidencias del maltrato ocurre durante el embarazo, parto o post parto. En un gran porcentaje de casos de mujeres maltratadas encontramos que la violencia de sus maridos se incrementó o comenzó con el embarazo (casi siempre durante el tercer trimestre de gestación).

El violento no tolera límites ni que sus asuntos sean conocidos por terceros. Se enfurece con la víctima y con quienes cree que la apoyan. En la puerta de juzgados, comisarías y a la salida de audiencias, hombres violentos mataron a esposas o ex esposas. Y por ello se recomienda no tomar audiencias o entrevistas en conjunto para proteger así a la víctima y evitar la confrontación de ésta con el victimario. Es importante recordar que la violencia es la única alternativa conocida por el violento para influir en aquella persona a la que quiere dominar. Y cuando eso falla por algún motivo, muchas veces decide matar para ejercer así un control definitivo.
La violencia conyugal se desarrolla en tres etapas. La primera etapa es de violencia sutil, la que se manifestará por ejemplo mostrando indiferencia por el otro, ridiculizándolo, burlándose de sus opiniones, no tomándolo en cuenta y lesionando de este modo su autoestima. En esta primera etapa la víctima empieza a presentar un debilitamiento psíquico, puede llegar a mostrarse más introvertida o depresiva. En la segunda etapa se llega a la violencia verbal, donde el agresor insulta a la víctima o la amenaza con futuras agresiones físicas o incluso con matarla. Es en esta segunda etapa que la víctima empieza a caer en un estado de miedo constante. Y en la tercera etapa hablamos ya concretamente de violencia física. Esta violencia comienza con apretones o pellizcos, sigue con cachetadas, luego con golpes de puño o patadas. Después se puede llegar también a la agresión sexual. Y esta escalada creciente de violencia puede concluir efectivamente en un homicidio.

En la violencia conyugal observamos también un ciclo que se repite y que estaría conformado por tres fases. La primera fase es la llamada “fase de luna de miel”, la que se da luego de un episodio violento y durante la cual el agresor dice sentirse culpable, pide disculpas y jura que no lo volverá a hacer. La fase que sigue es la “fase de escalada de la tensión”, en la cual el victimario parece cargarse nuevamente de tensión que empieza a manifestar paulatinamente y que la víctima reconoce y teme. Y la última fase es la “fase violenta”, en la que el victimario estalla nuevamente en un ataque violento. Este ciclo se repite una y otra vez, pero sus consecuencias son cada vez más violentas y más graves.

En el cuadro de violencia conyugal, el foco de la tarea psicoterapéutica no es el problema conyugal sino el poner a salvo y proteger a la mujer y a los hijos. Esa debe ser la meta primera e inmediata siempre.

Para hacer mención ahora, al menos brevemente, del maltrato infantil, en principio es preciso aclarar que los hijos testigos de la violencia desarrollada por otros miembros de la familia sufren el mismo daño y sintomatología que quienes son maltratados directamente. Ser testigo es una forma de victimización y una de las categorías posibles del cuadro de maltrato infantil. Algunos indicadores del maltrato infantil más comunes son: dificultades en el niño para jugar o relacionarse o concentrarse, miedos y desconfianza, baja autoestima, problemas en el lenguaje, apariencia descuidada, vestimenta inadecuada según el clima, apariencia de bajo nivel intelectual, mentiras y conductas antisociales, somnolencia, irritabilidad, nerviosismo, desnutrición, retraso en el desarrollo físico, moretones, heridas, mordeduras, quemaduras, etc. Todos estos son indicadores que deben ser tenidos en cuenta por todos aquellos que traten con el niño fuera del ambiente familiar (psicoterapeutas, docentes, doctores, etc.). Y es fundamental no tener miedo a comprometerse y hacer la denuncia pertinente en caso de detectar que un niño es víctima de violencia familiar.

Por Daniel A. Fernández
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