6 de noviembre de 2015

Las mujeres tejen un futuro mejor.



  En las laderas de K2, la segunda montaña más alta del mundo, las mujeres de Baltistán solían utilizar un método ancestral para trasformar la lana que se produce localmente en chales, haciendo girar un huso de madera entre sus dedos y balanceándolo sobre un cuenco o tasa volteada.
Con esta técnica se necesitaba un mes aproximadamente para hilar un kilo de hebra. La calidad del hilo era baja porque las ovejas de las montañas vivían en establos sucios y eran esquiladas sin ser lavadas antes. La lana estaba llena de tierra y estiércol, y tenía que ser batida con una vara de madera para poder hilarla antes, lo cual debilitaba y rompía las fibras de la lana.
Las técnicas tradicionales también eran utilizadas para tejer los chales. Pero los telares antiguos sólo producen un tejido de 35 cm de largo.
Fizza, de 45 años, madre de seis hijos y único sostén de la familia, explicó que tenía que unir dos o tres pedazos de tejido para fabricar una pieza que fuese lo suficientemente larga para hacer un chal. Aún así, el producto de mala calidad se vendía en Pakistán por no más de 1.000 de rupias pakistaníes (PKR), (10 dólares) por pieza.

Fortalecer la cadena de valor

Gracias al apoyo técnico y financiero de la OIT, la Fundación para la cultura y el desarrollo de Baltistan (BCDF)  decidió tomar medidas para mejorar los niveles de vida de los habitantes de una de las regiones más rudas y pobres de Pakistán.
A través del proyecto Fortalecer la cadena de valor de los chales de lana, financiado por el Departamento de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo de Canadá, se establecieron tres centros de formación, hilado y tejido en las aldeas de Khaplu, Shigar y Skardu para proporcionar a las mujeres una infraestructura y permitirles comercializar sus productos y formarse.
“Al mejorar la calidad de la lana y de todos sus productos, y al perfeccionar las competencias de las mujeres y de los hombres que participan en esta cadena de valor en términos de eficiencia, seguridad y calidad, se pueden obtener mayores ganancias de la cadena de valor de los chales de lana”, explicó Mohammad Nazir uno de los formadores.
Más de 120 mujeres y 10 hombres participaron en un programa de formación de un año que abarca todos los elementos de la cadena de valor de la producción de chales, desde la cría de las ovejas hasta el producto terminado.
“Lavamos las ovejas como si fuesen un bebé, con delicadeza y cuidado”, explicó Yasmeen un ex estudiante que actualmente es formador para el proyecto.
La hebra de la lana limpia es de mejor calidad y más fácil de tejer, y puede ser vendida por el doble del precio de la lana producida según el método tradicional, de 1.400 a 1.800 PKR por kilogramo (13-17 dólares) frente a de 300 a 700 PKR (3-7 dólares).
La BCDF también modernizó el proceso de tejido, proporcionó ruedas de hilar semiautomáticas y formó a las mujeres en su uso y manutención. Como resultado, el tiempo necesario para hilar 1 kilo de lana cruda pasó de un mes a sólo tres días.
Mejores procesos de acabado, como el enfurtido y el planchado, también fueron introducidos a fin de producir chales más suaves y evitar que se encojan.
Como resultado el valor de los chales ha aumentado considerablemente. Los anteriores productos de lana se vendían por no más de 1.000 PKR (10 dólares) cada uno, por los nuevos chales de mejor calidad, las mujeres pueden pedir entre 2.500 PKR (24 dólares) y 4.500 PKR (43 dólares). Fizza dijo que mientras que antes se demoraba dos días para confeccionar un chal, ahora necesita sólo tres o cuatro horas.
“Esto representa un aumento considerable de ingresos para mí y mi familia. Estamos felices con este proyecto”, afirmó Fizza.
Los objetivos del proyecto de la BCDF van más allá de la ayuda a estas aldeas remotas, los procesos puestos en práctica en Baltistan han sido transformados en un plan de estudio formal, con herramientas y formatos traducidos en urdu, de manera que los formadores locales puedan ponerlos en práctica sin dificultad.
El plan de estudios está apoyado por el desarrollo, en consulta con expertos, de criterios de competencias, que abarcan cada fase de la cadena de valor: el lavado y el esquilado de las ovejas, el hilado y el tejido de la lana, el acabado y la comercialización.
El uso de herramientas comerciales como el registro de almacén, las previsiones de venta y las hojas de inventario también fueron incluidas en la formación. Además, las mujeres tienen la capacidad de aplicar medidas de calidad como el seguimiento del desperdicio, la producción por hora y la clasificación, para producir chales con mayor eficiencia y de una calidad que les permite obtener un mejor precio en el mercado.

En perspectiva

Las aspiraciones de la BCDF para las mujeres tejedoras de Baltistan no terminan aquí, los planes son introducir una nueva actividad a la cadena de valor para añadir una ventaja comparativa a la lana local en los mercados nacionales e internacionales.
“Tenemos diferentes tipos de pigmentos naturales extraídos del albaricoque, la rosa salvaje, las infusiones de hierbas, los hongos y las nueces”, explicó Mohammad Nazir.
“Esto nos permitirá introducir el teñido como una actividad adicional en la producción de la lana. Así podremos ser competitivos, ya que no podemos utilizar tintes químicos como en Australia, tenderemos un lugar en el mercado con los pigmentos naturales”.

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_419612/lang--es/index.htm

5 de noviembre de 2015

Mujeres y Leyes, los espacios de las limitaciones.


Mujer y poder es una relación conflictiva que ha pasado por múltiples variantes a lo largo de la historia. En las sociedades occidentales ese ejercicio del poder está reglamentado en base al contrato social, el acuerdo básico entre los individuos para negociar las reglas de la convivencia tomando en cuenta los intereses y necesidades de la comunidad
Mujer y poder es una relación conflictiva que ha pasado por múltiples variantes a lo largo de la historia. En las sociedades occidentales ese ejercicio del poder está reglamentado en base al contrato social, el acuerdo básico entre los individuos para negociar las reglas de la convivencia tomando en cuenta los intereses y necesidades de la comunidad. La soberanía, el derecho de gobernar reside en la comunidad, en sus representantes. El espacio de poder de los individuos es idéntico para cada uno de ellos, el conjunto de obligaciones y prerrogativas constituyen los derechos universales del hombre y del ciudadano.
Sin embargo el feminismo moderno ha hecho una severa crítica a este planteamiento al señalar que los derechos universales del ciudadano reconocen dos limitaciones básicas, por un lado la limitación de los derechos de propiedad (sólo los propietarios votan) y la limitación del género (las mujeres no votan). Las mujeres propietarias, a pesar de serlo, no tienen acceso al voto.
Esta limitación a la capacidad ciudadana de la mujer se basa en la diferencia de género. Por el hecho de ser mujer, las mujeres carecen de ciudadanía completa, que va más allá del ejercicio del voto, y se inscribe en el corazón mismo de la organización social. Las mujeres, por serlo, son menos personas, menos ciudadanas. Si se limitase al ejercicio al voto sería fácilmente corregible con su obtención: esa fue la demanda central del feminismo liberal. Sin embargo el voto femenino NO garantiza la solución de los desequilibrios en los derechos y en el ejercicio del poder por las mujeres.
En América Latina el derecho al sufragio data apenas de mediados del siglo XX, en México desde 1953. La prevalente desigualdad de derechos y obligaciones de hombres y mujeres se constata en el proceso de producción de la diferencia de género, constitutiva de las relaciones sociales que se establecen, se construyen y se reproducen en la legislación.
La ley, el espacio de poder que la ley reglamenta, implementa las desigualdades entre los individuos en razón de su sexo y en razón de su ubicación en la estructura social básica: la familia. Esta es una formación social jerarquizada, con espacios de poder de tamaños diferentes para cada uno de sus individuos. La diferencia básica es el sexo. La legislación tradicional sólo reconoce un sistema binario de clasificación de los individuos, basado en el sistema clásico hombre/mujer. No toma en cuenta el género, únicamente el sexo biológico en el momento del nacimiento, y supone su prevalencia constante hasta la muerte. En ese sistema, las diferencias hombre/mujer se cristalizan en razón del sexo por encima de la edad. Las mujeres tienen una situación inferior y desventajosa, por el sólo hecho de serlo. A esta diferenciación original debe añadirse la edad, y el sitio especifico que la mujer tenga en la unidad familiar. Siendo todas mujeres, esposas, hermanas, hijas no tienen los mismos derechos.

El matrimonio ha sido el primer espacio de desigualdad entre hombres y mujeres

En el sistema legal mexicano, el Código Civil, en 1870, se basó en la legislación española colonial e introdujo “las reformas que demanda el espíritu de la época” [1]. Estas reformas fueron, en primer lugar, la limitación de los derechos de propiedad de las mujeres. La mujer, al casarse, tenía que someterse a la voluntad del marido para administrar sus bienes o vender sus propiedades, aunque esas hubiesen existido, por herencia o adquisición, desde antes del matrimonio mismo. Una mujer que quisiese vender la propiedad que hubiese heredado tenía que contar con la anuencia de su marido para hacerlo. El matrimonio ha sido, pues, el primer espacio de desigualdad entre hombres y mujeres. El matrimonio, cuya la legitimidad reclamó para sí la legislación liberal mexicana con la Ley del Matrimonio Civil de 27 de julio de 1857, no sólo no modificó la desigualdad básica de derechos y deberes entre individuos de sexo femenino y de sexo masculino, sino que la acentuó. El derecho a reglamentar la relación matrimonial era ahora del Estado, ya no de la iglesia pero, a pesar de la laicidad y modernidad que esto significa, el sometimiento femenino persistió, más aún, se amplió, pues la mujer quedaba privada de sus derechos de control de propiedad, quedaba reducida a la dependencia, como si de un menor de edad se tratase.
No fue sólo en los derechos matrimoniales [2] donde se vieron afectados los derechos femeninos. En la legislación colonial existían múltiples formas de reconocimiento de la reproducción, como hijas e hijos legítimos, ilegítimos, adulterinos, bastardos, nefarios, incestuosos, sacrílegos, mánceres, espurios, expósitos; se contemplaba una amplia variedad de derechos sucesorios y matices en derechos y obligaciones civiles, de empleo, de ordenación sacerdotal. Con la legislación liberal, al establecerse el registro civil, el Estado liberal se arrogó la capacidad de reconocer la legitimidad del individuo en únicamente dos variables: hijas e hijos legítimos e hijas e hijos ilegítimos, cuyos derechos de herencia eran mucho menores. Sólo la reproducción dentro del matrimonio daba legitimidad al hijo o hija. Así, las mujeres vieron disminuidos sus derechos, pues la legitimación de las y los hijos ilegítimos era prerrogativa paterna, y el derecho de adopción era exclusivo del padre, no de las mujeres.
A pesar del auge del culto mariano y maternalista, las madres también vieron limitados sus derechos por el poder estatal liberal. A diferencia de la legislación colonial, el Estado liberal instituyó la prohibición para las mujeres de llevar a juicio al presunto padre de sus hijos e hijas. La moral porfiriana prevaleciente favoreció un incremento rampante de la prostitución, la existencia de múltiples concubinas, queridas consentidas, casas chicas, sobrinos sospechosos, etc. y, pese a ello, quedó prohibida la investigación sobre la paternidad. El probar la paternidad era sumamente difícil, pero el viejo recurso del respeto a la palabra de la mujer se abolió. Similar falta de credibilidad a la palabra femenina prevaleció en lo que se refiere al adulterio. Para probar el adulterio femenino bastaba con la acusación del marido; para probar el adulterio masculino era necesario aportar pruebas como el haber encontrado a la pareja en el domicilio conyugal.
La Revolución Mexicana no modificó las cosas. La legislación revolucionaria conservó la prohibición para investigar la paternidad y dio lugar a múltiples burlas entre los constituyentes del Congreso de 1917. La reestructuración de las relaciones entre el poder estatal y los individuos conservó la prohibición de investigar la paternidad. En cambio, se aceptó por primera vez el rompimiento del vínculo matrimonial y se permitió a los y las divorciadas volver a contraer nupcias, lo cual era un avance frente a la legislación liberal que aceptaba la separación, pero no el contraer nuevo matrimonio. La discusión sobre la conveniencia o no de establecer el divorcio se inició en la convención revolucionaria de Aguascalientes, el 29 de abril de 1915. Los villistas estuvieron en contra del divorcio, en cambio los zapatistas, liderados por Antonio Soto y Gama, y con clara influencia del anarquismo magonista, favorecían el divorcio y presentaron a la Convención, en diciembre de 1915, un Proyecto de ley sobre el matrimonio [3].
Las mujeres reunidas en el primer congreso Feminista en Mérida, Yucatán, dudaron sobre la conveniencia del divorcio, pues pocas mujeres podían subsistir independientes y anticipaban un amplio rechazo social para las divorciadas. Se argumentó que con el divorcio se desmoronaría la célula social básica, la familia, y se desestructuraría la sociedad misma. El asunto culminó con la Ley de Relaciones Familiares, promulgada el 12 de abril de 1917. Fue la primera vez que se permitió la disolución del matrimonio civil y el contraer nuevas nupcias.
El carácter desigual de los derechos femeninos y masculinos en la sociedad quedó sancionado en la legislación civil, de la cual el matrimonio es apenas una parte. Su modificación reciente podría significar un avance en los derechos individuales independientemente del sexo biológico de la ciudadanía.


Carmen Ramos Escandón 
http://laciudaddelasdiosas.blogspot.com/2015/11/mujeres-y-leyes-los-espacios-de-las.html

3 de noviembre de 2015

El siglo de las personas centenarias.

Muchos adultos mayores indios dependen de familiares debido a la ausencia de un adecuado sistema de seguridad social. Crédito: K.S. Hari Krishnan/IPS

Al mejorar la calidad de vida, los avances en la tecnología y la medicina y disminuir la mortalidad entre adultos mayores, el siglo XXI es testigo del aumento del número de personas centenarias.
Se estima que en el mundo hay cerca de medio millón de personas que tienen más de 100 años, casi el triple de las que había a principios de siglo, pese a que la población mundial aumentó 20 por ciento.
Si bien se pronostica que la población mundial aumentará 80 por ciento para fines de este siglo, se estima que el número de personas centenarias se multiplicará por 60, llegando a más de 26 millones para 2100.
Las personas de más de 100 años representan una pequeña proporción de los 7.300 millones de habitantes del planeta, unas seis cada 100.000 habitantes o una cada 16.000.
Pero se prevé que en las próximas décadas, la proporción aumente con rapidez y, según las proyecciones, a fines de este siglo habrán 236 personas de más de 100 años cada 100.000 habitantes o una cada 425.
En la actualidad, los países con mayor número de personas centenarias son Estados Unidos (72.000), Japón (61.000), China (48.000), India (27.000) e Italia (25.000), que concentran alrededor de la mitad de los habitantes de más de 100 años.
A mediados de siglo, esos países seguirán ocupando los primeros cinco lugares, pero con números mayores: China (882.000), Japón (441.000), Estados Unidos (378.000), Italia (216.000) e India (207.000).
En lo que respecta al número de personas de más de 100 años cada 100.000 habitantes, los primeros cinco países son Japón (48), Italia (41), Uruguay (34), Chile y Francia (31).
Con 22 personas centenarias cada 100.000 habitantes, Estados Unidos está en el lugar 15, detrás de muchos países europeos como Francia, Alemania, España y Gran Bretaña.
Para mediados de este siglo, se pronostica que Japón e Italia tendrán la mayor proporción de personas centenarias con un número más elevado, aproximadamente 400 cada 100.000 habitantes o una cada 250.
La gran proporción de personas longevas en algunos países obedece en gran medida a su baja mortalidad y a estructuras etarias con muchos adultos mayores.
Japón e Italia, por ejemplo, tienen la mayor esperanza de vida del mundo (83 años), la mayor proporción de adultos de mediana edad (46 años) y grandes sectores mayores de 65 (26 y 22 por ciento, respectivamente).
En términos de longevidad, las mujeres tienen una clara ventaja.
En general, la población femenina tiende a vivir más que los hombres, con un número desproporcionadamente superior de mujeres en las edades más avanzadas. Ellas constituyen 80 por ciento de las personas centenarias; y 96 por ciento de las 46 documentadas como supercentenarias, de más de 110 años.
Por lo tanto, no debe sorprender que la persona documentada que vivió más años sea una mujer. La francesa Jeanne Calment nació en 1875 y murió en 1997, habiendo vivido 122 años y 164 días. El hombre en haber vivido más años fue el japonés Jiroemon Kimura, quien murió a los 116 años y 54 días.
Calment y Kimura llegaron a ser personas que vivieron por lo menos un millón de horas o 114 años y 57 días. Las probabilidades de que una centenaria logre ese hito son muy bajas, menos de una cada 1.000.
Unas 30 personas documentadas vivieron más de 114 años.
Hasta hace poco, la persona viva más anciana fue Misao Okawa, de Japón, quien vivió 117 años y 26 días.
En la actualidad, la persona viva más anciana es Susannah Mushatt Jones, en Estados Unidos, quien nació el 6 de julio de 1899. La sigue de cerca Emma Morano, en Italia, quien nació el 29 de noviembre de 1899.
El hombre vivo más anciano es el supercentenario Yasutaro Koide, de Japón, quien nació el 13 de marzo de 1903.
Estudiar a las personas centenarias es beneficioso, pues permite comprender mejor el proceso de envejecimiento. Las investigaciones contribuyen a identificar formas de aumentar la esperanza de vida y mejorar la calidad de vida de las personas mayores que siguen envejeciendo.
Entre los factores clave de la longevidad excepcional están los “súper” genes heredados. La mayoría de quienes llegan a los 100 años tienen un abuelo, un padre (madre) o hermano (hermana) que vivió 90 años o más.
Algunos estudios también señalan que los hermanos de los centenarios tienen una posibilidad significativamente mayor (17 veces más para los hombres y nueve veces más para las mujeres) de cumplir 100 años que otros nacidos en la misma época.
Además de la importancia de la genética, en especial en edades avanzadas, algunos de los factores más notables relacionados con la longevidad son: (a) buena salud y hábitos personales, como la dieta, el ejercicio, el peso normal, el poco estrés y no fumar ni abusar de substancias; (b) la educación y el elevado conocimiento; (c) un sistema de apoyo social fuerte y comprometido; (d) una perspectiva optimista y emociones positivas con capacidad de adaptación al cambio y a la planificación de alternativas.
Muchas personas centenarias señalan que no sienten su edad cronológica, sino que se piensan y se sienten muchos años más jóvenes.
Las probabilidades de que una persona viva 100 años actualmente son bajas, pero ciertamente son mayores que las de sus padres o sus abuelos.
Un estudio en Gran Bretaña calculó que las probabilidades de que un recién nacido británico viviera 100 años eran una en cuatro para un varón y una en tres para una niña.
Otros estudios resultan más optimistas sobre las posibilidades de ser una persona centenaria, con estimaciones que indican que más de la mitad de los bebés en las naciones más industrializadas tienen una esperanza de vida de 100 años.
La mayor longevidad de alrededor de 100 años es, por cierto, una bendición que la mayoría de las personas quisieran lograr.
Pero el creciente número y la proporción de centenarios y de adultos mayores generan cuestionamientos a los programas y las políticas, como la edad de retiro, la atención médica, las pensiones, las inversiones económicas, los impuestos, los servicios sociales, el mantenimiento de la salud, la rehabilitación, el cuidado y la vida asistida.
No prestar atención o demorar la atención de las profundas consecuencias del envejecimiento poblacional y de la mayor longevidad no solo es una visión de corto alcance, sino que dificulta la situación de personas, familias y comunidades, así como eleva el costo económico para los gobiernos.
Pese a que los dirigentes políticos traten de hacer otra cosa, las realidades demográficas del envejecimiento poblacional y de la creciente longevidad humana no puede negarse con sinceridad ni con ingenio político ni evitarse con leyes.
Al final, se pagará el pato demográfico de una u otra forma.

http://www.ipsnoticias.net/2015/09/el-siglo-de-las-personas-centenarias/

30 de octubre de 2015

Mito, las brujas de la Edad Media; sólo eran mujeres con conocimientos.


Sabían de anatomía, botánica, sexualidad, amor y reproducción, por lo que fueron mandadas a la hoguera, dice la filósofa de la UNAM
Sus recetas para curar fueron interpretadas como poder del Diablo
El modelo muy masculino, que se consolidaba para entonces, las hizo ver como amenza
Las brujas no eran personas malas y feas, como las ha descrito la literatura universal, sino mujeres generadoras de un conocimiento específico. En el medievo, cuando predominaba un modelo social masculino, el saber de las brujas fue considerado amenazante, por lo que fue perseguido y destruido junto con ellas en las hogueras.
En el libro El retorno de las brujas, la filósofa Norma Blázquez Graf, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en ciencia y género, explica que, aunque la población femenina no tuvo acceso a la educación superior hasta el periodo transitorio del siglo XIX al XX, siempre ha generado conocimiento. Pone de ejemplo el saber de las brujas en la Europa de los siglos XIV al XVII y lo aterriza en un mundo contemporáneo, en el que la progresiva incorporación de las mujeres a la ciencia ha modificado las estructuras de las instituciones y el proceso creativo del conocimiento. En entrevista con La Jornada, la especialista aborda el contenido de su libro y subraya la contribución de la mirada crítica e innovadora de las mujeres al quehacer científico.

Parteras, alquimistas...
¿Quiénes eran las brujas?

Eran parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimiento en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del Diablo.

¿Por ese motivo fueron perseguidas y condenadas a muerte?

Sí, pero además porque las elites eclesiásticas, políticas y económicas, que se consolidaban en aquellos tiempos, comenzaron a desarrollar un modelo social muy masculino y consideraban que el saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza. Las brujas comenzaron a almacenar conocimiento muy importante sobre el control de la reproducción y sabían preparar diversos abortivos. Este conocimiento implicaba la posibilidad de ejercer una sexualidad más libre, lo cual ponía en riesgo la hegemonía masculina y, por ello, los hombres expropiaron su conocimiento y las aniquilaron en las hogueras. Asimismo, la mayoría de estas mujeres vivían solas, en casas en el bosque, independientes, generaban sus propios ingresos y esto provocaba mucha desconfianza.

¿Es cierto que eran viejas y feas?

Eso es parte del mito y de los prejuicios de aquel entonces. Había brujas bellísimas y, por otro lado, en esa época una mujer de 40 o 50 años ya era considerada vieja. Por lo tanto, esos estereotipos responden más a que eran transgresoras y no a que realmente fueran viejas y feas.

¿Resultaría muy aventurado afirmar que las brujas fueron las primeras mujeres científicas?

Sí, porque las mujeres han generado conocimiento desde hace mucho tiempo y porque, además, no se puede considerar científico un conocimiento hasta la institucionalización de la ciencia en el siglo XIX, cuando ya se empezó a enseñar en las universidades. Sin embargo, en ese momento las mujeres no tenían permitido estudiar en las universidades y continuaban con la tradición de ilustrarse en los conventos, en los salones de té o en sus hogares, con el padre o el esposo. Luego, de manera gradual, la mujer se fue incorporando a la educación media y superior en áreas como enseñanza, enfermería o farmacéutica. Hasta llegar a la década de los 90 del siglo pasado, en que 50 por ciento de los universitarios ya eran mujeres.


Reacomodo en el siglo XXI
¿En qué cambia la ciencia con la incorporación de las mujeres?

Primero cambia en número; hoy 30 por ciento de los estudiantes de ciencias son mujeres. Por eso el "retorno de las brujas", pues todas esas mujeres que aniquilaron en la Edad Media, que conocían del aborto, de la fertilidad o de la sexualidad, se reacomodaron en el siglo XXI y hoy ocupan espacios importantes, sobre todo en las ciencias naturales y en la salud. Segundo, cambian los espacios institucionales porque antes en las universidades no había ni baños para mujeres: ahora hay presupuestos y becas para proyectos de ellas; los límites de edad para becas se han tenido que extender al tener en cuenta al ciclo reproductivo de la mujer, y se han tenido que abrir guarderías.

"Tercero, las mujeres se hicieron nuevas preguntas y rompieron con el parámetro científico masculino, en el que todo aquello que no se adaptara a dicho modelo era carente o inferior. Por ello, durante mucho tiempo se pensó que las mujeres no tenían interés por la ciencia que eran menos inteligentes o que no tenían capacidad para razonar. Con su integración a la ciencia, se ha debido tomar en cuenta la otra parte de la humanidad, lo que significó una modificaron en los puntos de partida, las metodologías, la interpretación de los resultados y las teorías para la comprensión de la realidad.


Perpectiva de género crítica
En su libro, desde una perspectiva de género crítica, afirma que el conocimiento científico no es siempre objetivo, neutro y universal. ¿A qué obedece tal aseveración?

Quien genera el conocimiento es una persona que tiene estereotipos y prejuicios y, por lo tanto, sus preguntas e interpretaciones científicas dependen de su género, así como de su contexto social, histórico, cultural y político.

¿Qué lugar ocupa la intuición femenina en la generación de conocimiento de las mujeres?

Para el conocimiento científico eso no cuenta, pero las epistemólogas feministas dicen que hay que incorporar la intuición porque sí cuenta, sobre todo en las ciencias sociales, en las que el objeto de estudio no son cuestiones materiales, sino personas.

Mariana Norandi
http://www.jornada.unam.mx/2008/02/28/index.php?section=ciencias&article=a02n1cie

29 de octubre de 2015

Irán debe poner fin a la discriminación y dejar que las mujeres asistan a partidos de voleibol.



Irán debería poner fin a la prohibición de que mujeres y niñas asistan a partidos de voleibol, y adoptar otras medidas para promover la igualdad de género, señaló hoy Human Rights Watch, como parte del lanzamiento de la campaña digital para impulsar el respeto de los derechos de la mujer en el país.
La campaña coincide con la celebración del Campeonato Mundial Masculino de Clubes de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) en Brasil, del 27 de octubre al 1 de noviembre de 2015, y con la inminente decisión acerca de si se permitirá que Irán sea sede del torneo de voleibol de playa de la FIVB en 2016.
"Desde 2012, el gobierno iraní ha prohibido que mujeres y jovencitas presencien torneos de voleibol, e incluso ha detenido a mujeres que intentaron ingresar a estadios", explicó Minky Worden, directora de iniciativas globales de Human Rights Watch. "Es tiempo de que la Federación Internacional de Voleibol actúe para poner fin a esta discriminación explícita, que resulta contraria a sus propias normas y es una deshonra para este deporte".
Desde 2012, el gobierno iraní ha prohibido que mujeres y jovencitas presencien torneos de voleibol, e incluso ha detenido a mujeres que intentaron ingresar a estadios. Es tiempo de que la Federación Internacional de Voleibol actúe para poner fin a esta discriminación explícita, que resulta contraria a sus propias normas y es una deshonra para este deporte.
El voleibol goza de amplia popularidad en Irán, y esta disciplina deportiva es fuente de orgullo nacional. Entre las graves violaciones de derechos y otros actos de discriminación que enfrentan desde hace años las mujeres en Irán, se les prohíbe ingresar a estadios deportivos, incluso para presenciar partidos de voleibol masculino.
Las restricciones a la concurrencia de mujeres a eventos deportivos impuestas por las autoridades iraníes forman parte del patrón mucho más amplio de discriminación y violaciones de derechos humanos por motivos de género que existe en el país. Como ha sido documentado por Human Rights Watch, las mujeres en Irán enfrentan una multiplicidad de abusos, incluida la discriminación permitida por las leyes sobre estado civil relativas a matrimonio, divorcio y tenencia de hijos menores; la detención ilegítima de defensoras de derechos humanos que promueven los derechos de la mujer de manera pacífica; e incluso restricciones a la posibilidad de viajar. Las autoridades prohibieron recientemente que Niloufar Ardalan, la capitana del equipo nacional de fútbol femenino iraní, participara en el Campeonato Femenino de Fútbol Sala en Malasia, luego de que su esposo le negara autorización para viajar.
La campaña #Watch4Women apunta a lograr que la FIVB se comprometa a impedir que Irán sea sede de torneos de voleibol hasta que el país concluya la prohibición discriminatoria de asistencia femenina. La FIVB no ha sancionado a Irán ni se ha pronunciado públicamente contra la prohibición, que vulnera el "Cuarto Principio Fundamental" sobre no discriminación de la propia acta constitutiva de la FIVB.
Respecto a la campaña #Watch4Women, Lina Taylor, dos veces atleta olímpico expresó que: "la FIVB fue una de las primeras federaciones deportivas que instó a la igualdad de pago de salarios para hombres y mujeres. La FIVB puede y debe marcar la diferencia también para las mujeres y niñas de Irán ".
Como parte de la campaña, se comunicarán periódicamente las novedades a través de los perfiles de Human Rights Watch en Facebook y Twitter.
Las prácticas discriminatorias en Irán quedaron totalmente expuestas en junio, cuando el país fue sede de una serie de partidos internacionales de voleibol contra Rusia y Estados Unidos en el Complejo Deportivo Azadi, en Teherán, durante la Liga Mundial 2015 de la FIVB. Las autoridades impidieron en todos los casos que las mujeres iraníes pudieran ingresar al estadio que tiene capacidad para 12.000 espectadores con el fin de presenciar los partidos masculinos.
Esta política, que permite solamente a hombres presenciar los partidos de voleibol masculino, comenzó en 2012, cuando el Ministerio de Deportes y Asuntos de Juventud extendió al voleibol la prohibición que ya impedía que las mujeres iraníes asistieran a partidos de fútbol masculino. Los funcionarios iraníes sostienen que la asistencia mixta en eventos deportivos es "contraria al islamismo", atenta contra el orden público y expone a las mujeres al comportamiento vulgar de los seguidores de sexo masculino.
"La campaña #Watch4Women pretende poner en evidencia la burda discriminación de mujeres y jovencitas por parte de Irán", aseveró Worden. "Terminar con la prohibición que impide que el público femenino asista a partidos de voleibol sería un paso simbólico importante hacia una mayor igualdad de género en Irán, y debería ser una cuestión prioritaria para la FIVB".

https://www.hrw.org/es/news/2015/10/29/iran-debe-poner-fin-la-discriminacion-y-dejar-que-las-mujeres-asistan-partidos-de

28 de octubre de 2015

Acoso sexual callejero: violencia disfrazada de piropo.



Llamemos a las cosas por su nombre: piropos, silbidos, miradas lascivas, gestos obscenos, bocinazos, jadeos, comentarios sexuales, tocamientos, persecuciones, fotografías y grabaciones de partes íntimas, masturbación pública, son prácticas de acoso sexual callejero, que suceden cotidianamente en los espacios públicos de nuestra región, principalmente contra mujeres adultas, jóvenes y niñas.
Perú se ha convertido este año en el primer país de América Latina con una ley específica sobre acoso sexual callejero que penaliza estos actos hasta con 12 años de prisión. "Es un hito importante debido a que, por primera vez, el Estado peruano reconoce de manera legítima el acoso sexual callejero como una forma de violencia", explica Johana Fernández, coordinadora de proyectos de Paremos el acoso callejero, primer observatorio de la región dedicado exclusivamente a la prevención y erradicación de estas prácticas.
El caso de Perú es sin duda paradigmático en la región, dados los intentos de otros países como Paraguay y Panamá por ejemplo, donde proyectos de ley similares desataron una gran polémica, e incluso fueron bautizados como "leyes antipiropos" y, finalmente, desestimados. Estos proyectos contenían medidas de prevención y de protección a víctimas de acoso callejero.
Pero ¿por qué se trivializan con tanta facilidad estas prácticas violentas? Sencillamente porque aún no se visibilizan como violencia por el imaginario colectivo. El acoso sexual callejero no es una cuestión aislada, forma parte de un sistema estructural de violencia contra las mujeres y de género. Estas prácticas violentas son parte constitutiva de las relaciones históricas de poder desigual entre los géneros. En las sociedades patriarcales la relación jerárquica que sitúa lo masculino en una posición superior a lo femenino está mediada y sostenida por la VIOLENCIA. Y esta es una realidad de partida que ha de visibilizarse para lograr sociedades libres de violencia.
Poco a poco se dan pasos hacia la visibilidad de este tipo de violencia de género y la responsabilidad de todos y todas en su repudia y denuncia, especialmente de los hombres. El reciente caso de Gerardo Cruz Barquero, joven de 22 años que filmó con su celular a un acosador que a su vez filmaba a una mujer a la altura de las nalgas caminando por una concurrida calle de Costa Rica, movilizó al país. Gerardo subió el video del acosador a las redes sociales logrando una gran repercusión pública y posteriormente fue apuñalado cerca de su casa, presumiblemente en represalia. Actualmente se recupera en el hospital después de una delicada operación. Organizaciones de mujeres y sociedad civil marcharon en su apoyo y contra el acoso callejero en San José y tuvieron lugar marchas paralelas en Washington y en Liberia.
Por su parte, el video de Aixa Rizzo Acoso callejero: Del piropo a la violación, en el que una chica argentina de 20 años relata su experiencia de acoso por parte de un grupo de obreros de una construcción frente a su casa, lleva más de medio millón de visitas y la ha convertido en la cara pública de la lucha contra esta violencia en su país. Semanas después fue presentado un proyecto de ley para sancionar con multas las conductas de acoso sexual, la recaudación sería destinada a políticas públicas de prevención.
Tenemos el poder de erradicar el acoso callejero, reza el lema del movimiento Hollaback, Atrévete, surgido en Estados Unidos con el objetivo de terminar el acoso sexual contra mujeres y personas LGBTI en las calles, mediante el apoyo de la tecnología, en especial de celulares e internet. La plataforma virtual de Hollaback, en la que las personas comparten sus historias de acoso callejero, se ha expandido alrededor del mundo y ya 84 ciudades en 31 países son parte del movimiento. Colombia, México, Argentina o Chile se han sumado y cuentan con redes de apoyo y recursos para las personas acosadas. Ejemplos como los anteriores confirman cómo las nuevas tecnologías pueden ser aliadas contra la violencia.
Dado que uno de los lugares de mayor incidencia de acoso es el transporte público, algunos de países de la región, como México, Brasil, Guatemala y Colombia han puesto en marcha medidas de respuesta, como los buses o vagones de metro exclusivos para mujeres, policías encubiertas y campañas de sensibilización. Según las expertas, la segregación de las personas debiera ser una medida temporal acompañada de acciones de prevención que permitan el cambio cultural necesario para la construcción de espacios libres de violencia.
El acoso sexual callejero debe ser socialmente rechazado, no puede ser "el precio que debemos pagar" por ser mujer o LGBTI. Toda violencia de género es inaceptable, es un problema público y requiere soluciones específicas.
En Perú, 7 de cada 10 mujeres señala haber sufrido acoso sexual callejero en los últimos seis meses (Observatorio Paremos el acoso callejero). El 99% de 8000 mujeres encuestadas en Brasil manifiesta haber sufrido acoso sexual en espacios públicos a lo largo de su vida (iniciativa Chega de Fiu Fiu). En Argentina la población más vulnerable a esta violencia son las niñas y adolescentes: 38% de las mujeres fueron acosadas antes de los 13 años y otro 38% entre los 13 y los 15 (estudio de la organización Acción Respeto).

Por .
http://www.revistahumanum.org/blog/acoso-sexual-callejero-violencia-disfrazada-de-piropo/

23 de octubre de 2015

Depresión y género: Factores psicosociales de riesgo.


 
La depresión se ha convertido en una enfermedad moderna
y "globalizada" debido en gran medida a las condiciones
de vida desfavorables del mundo contemporáneo. La
inseguridad laboral, la competencia profesional, la pobreza y
las migraciones son problemas que afectan más a las mujeres
que a los hombres y que se enmarcan en el fenómeno de la
globalización, el cual impacta no solamente en la economía
y en el desarrollo social sino también en la esfera cultural
 
y en la definición y redefinición de las identidades y los
roles de género.
Se calcula que la prevalencia de la depresión varía del 2 al
32% a nivel de la población mundial y se sabe que es casi
dos veces más frecuente entre las mujeres que en los hombres
(Boyd y Weissman, 1981; American Psychiatric Association,
2000; Organización Mundial de la Salud, 2001). A escala
mundial, la prevalencia puntual de la depresión en los
hombres es de 1.9%, mientras que en las mujeres es de
3.2%; en un periodo de 12 meses la prevalencia es de 5.8
y 9.5%, para cada sexo respectivamente. En relación con
la edad, los datos muestran un incremento de la depresión
entre la población joven (Organización Mundial de la Salud,
2001).
Según la American Psychiatric Association (2000), el
riesgo de padecer un trastorno depresivo alguna vez en
la vida es de 5 a 12 % en los hombres y de 10 a 25% en las mujeres
, con una prevalencia de 2 a 3% y de 5 a 9%,
respectivamente. Kessler (2003, 2005) en los Estados Unidos
encontró una prevalencia total de depresión de 16.2 y de
16.6%, nuevamente mayor para el sexo femenino, con una
relación de 1.3 a 1.5 mujeres por 1 varón.
 
 
Depresión y globalización
 
A pesar de que la depresión representa un problema creciente
y preocupante en el mundo contemporáneo, se trata de un
trastorno que ha estado presente a lo largo de la historia
 
de la humanidad. Fernández y Ruiz (2005) afirman que
las enfermedades mentales, especialmente la depresión,
no tienen una trayectoria "natural" sino histórica. En el
caso de la depresión esta historicidad no depende sólo de
situaciones personales y familiares, ya que se asocia también
con las condiciones económicas, políticas y sociales de cada
época. En las últimas décadas la globalización ha dominado
 
el mundo entero, en forma directa o indirecta, e influido de
manera profunda en ámbitos como la cultura, la familia y
la salud. El incremento de la prevalencia de la depresión se
debe en muchos casos a condiciones de vida desfavorables
propiciadas por las crisis sociales, la pobreza, el desempleo,
la exclusión educativa, los desplazamientos migratorios o
las guerras (Beaglehole y Yach, 2003; Boltvinik y Damian,
2003; Bhugra y Mastrogianni, 2004; Monroy, 2005; Torres,
2005).
 
 
Trabajo, género y migración
 
Algunas de las principales causas de los patrones de
desempleo actuales obedecen a las fases cíclicas del
desarrollo de la economía y la tecnología, así como a
 
los cambios socio-políticos y demográficos del mercado
globalizado. Hoy en día se cuenta con evidencias en el
sentido de que las consecuencias sociales negativas del
 
desempleo se manifiestan en el deterioro de la salud mental
en las personas. Asimismo, existe un sinnúmero de estudios
que muestran la recuperación del bienestar y de la salud
mental una vez que las personas encuentran empleo (Barling,
1990; Porter, 1990; Vinocur, 2000).
Aunque en muchos contextos la reestructuración
económica ha llevado a una reorganización de la vida
pública y privada de hombres y mujeres, esto ha tenido
un impacto diferente para cada sexo. La feminización del
mercado de trabajo en México afecta de manera adversa
a un sector muy amplio de mujeres, cuya participación es
mayor en los sectores informales, no asalariados, de bajos
ingresos y sin seguridad y protección social (García, 2001).
En un análisis sobre la relación entre género, trabajo y salud,
Cruz (et. al., 2003) encontraron una mayor morbilidad en
las mujeres trabajadoras, con un predominio de trastornos
psicosomáticos en una proporción mujer/hombre de 2-1.5.
La migración es otra característica de la globalización.
Un mal ajuste individual a las experiencias del contacto
con la modernización, la falta de acceso a la educación,
la pertenencia a la clase obrera, el desprendimiento de
las raíces culturales, el aislamiento y la falta de seguridad
social son factores que suelen asociarse con el incremento
de problemas emocionales entre las poblaciones migrantes
 
(Watter, 2002; Bhugra, 2004). Hacia finales de la década de
1990, Almeida (1998) analizó el impacto de los cambios
sociales en la salud mental en las últimas dos décadas en
América Latina, encontrando que trastornos mentales como
la depresión, la agresividad y el alcoholismo eran más
frecuentes en los grupos de población migrante y sobretodo
en los estratos socioeconómicos bajos. En estos grupos la
prevalencia total de los trastornos mentales llegaba al 49%;
la neurosis y el alcoholismo eran los diagnósticos más
frecuentes con una prevalencia de 23%.
 
 
Depresión y roles de género
 
En las últimas décadas la globalización ha influido en la vida
cotidiana de las personas en la misma manera que afectó
al mercado laboral. Así, la sexualidad, el matrimonio y la
vida familiar se están transformando. La familia tradicional,
por ejemplo, está siendo reemplazada en muchos contextos
por nuevas formas de convivencia en pareja y que atribuyen
mayor valor a la sexualidad y a la comunicación emocional
(Papp, 1996, 1998; Guinsberg, 2004).
La entrada masiva de las mujeres al mercado laboral ha
implicado la transformación de sus roles sociales, su mayor
autonomía y una amenaza para la familia tradicional. La
inestabilidad y la inseguridad laboral, el debilitamiento de
 
la figura del hombre como proveedor económico exclusivo,
así como la difusión de nuevas construcciones culturales
 
sobre lo que significa ser hombre o mujer en las sociedades
contemporáneas, tanto occidentales como en su expresión
particular en el contexto mexicano, ha implicado una
 
redefinición de las identidades femeninas y masculinas y de
las relaciones de género (Barbosa, et. al., 2006).
 
 
Depresión e identidad femenina
 
La incorporación de la mujer al trabajo remunerado ha tenido
una tendencia ascendente durante las últimas décadas. Según
 
datos oficiales la tasa global de fecundidad disminuyó de
7 a 2.4 hijos por mujer entre 1970 y el año 2000; la edad a
la primera unión conyugal de las mujeres aumentó de 18.8
años, al inicio de la década de 1970, a 23.1 años para 1997;
y el índice de feminización del trabajo (número de mujeres
por cada 100 hombres) se incrementó de 31 a 45 en el
periodo 1990-2000 (Consejo Nacional de Población, 1997,
1999, 2000; Instituto Nacional de Estadística Geografía e
Informática 2000, 2001)
A pesar de la transformación en las relaciones de género,
los trastornos afectivos continúan presentándose con una
mayor frecuencia en las mujeres que en los hombres. La
depresión se asocia frecuentemente con trastornos somáticos,
básicamente a nivel cardiovascular y gastrointestinal.
Muchos trabajos han constatado que ciertos componentes
asociados a las inequidades de género desamparo legal o
económico, dependencia emocional, autoestima devaluada,
sumisión y complacencia- contribuyen a la emergencia de
síntomas depresivos en las mujeres (Beck, 1972; Seligman
1975; Dio Bleichmar, 1991; Lara, 1993; Mingote, 2000;
Díaz-Loving, et. al., 2007).
Desde la perspectiva psicodinámica, Burin (1996),
Levinton (2001) y Tubert (2001) plantean que los patrones
de socialización y crianza de las niñas contribuyen a
reforzar la dependencia emocional de las mujeres, así
como el miedo a quedarse solas, una baja autoestima y una
 
posición subordinada. Además, las dificultades para lograr
el "ideal maternal" impuesto por la sociedad son vividas
por muchas mujeres como una insuficiencia personal.
Frente a la impotencia para transformar situaciones vitales
desfavorables -que a menudo se acompañan de carencias,
devaluación personal o violencia- muchas mujeres
experimentan síntomas de depresión. En las amas de casa
la probabilidad de depresión aumenta cuando los hijos
crecen y abandonan la casa, lo cual puede provocar estados
depresivos, miedo a la soledad y pérdida del sentido de la
vida. El denominado "síndrome del nido vacío" es un buen
ejemplo de esta situación (Barberá y Martínez, 2004) y
existen estudios empíricos que relacionan la baja autoestima
y los rasgos de dependencia de las mujeres con la depresión
(Lara, 1993; Díaz-Loving, et. al., 2007).
Por otra parte, muchas mujeres jóvenes viven una fuerte
 
contradicción ante las dificultades para compatibilizar su
vida familiar con la realización profesional para incorporarse
plenamente a la vida social. Actualmente se enfatiza la
necesidad de conciliar la vida familiar con la laboral, pero
esto sólo será posible con una distribución equitativa de
las responsabilidades familiares y sociales entre hombres
y mujeres. De no ser así se seguirá contribuyendo a crear
fuentes de estrés adicionales para las mujeres que están
ya sometidas al desempeño de múltiples roles (Barberá y
Martínez, 2004). Estudios recientes muestran que el estrés
lel hogar aumenta las tasas de depresión y ansiedad entre
las mujeres (Blanco y Feldman, 2000; Medina-Mora y
Fleiz, 2003). Sin embargo, la incorporación al trabajo ha
sido un logro de gran importancia para un gran número
de mujeres en términos de su realización profesional e
independencia económica, o bien para complementar los
ingresos masculinos.
La bibliografía internacional y nacional sobre el tema ha
registrado que el romper con el aislamiento social y crear
nuevas relaciones mejora el bienestar físico y emocional de
las mujeres que trabajan fuera del hogar en comparación con
aquellas que son amas de casa (Lara y Acevedo, 2000).
Walters (et al., 2002) encontraron que el trabajo
remunerado y los cambios a nivel de la estructura doméstica
pueden ser considerados como factores explicativos de
las diferencias en la salud de hombres y mujeres; tanto el
trabajo remunerado como el contar con recursos económicos
 
suficientes se asocian con una mejor salud física y mental
en ambos sexos.
 
Otro aspecto importante a destacar es que los conflictos
de la vida en pareja producen un malestar psicológico mucho
mayor entre las mujeres que en los hombres, debido a que
la socialización de las mujeres las lleva con frecuencia a
centrar sus vidas en torno a los hombres .
 
Irina Lazarevich*, Fernando Mora-Carrasco