26 de abril de 2017

Sentir el viento en la cara es un lujo inaccesible para las mujeres iraníes


En Teherán hay cuatro plazas para que las mujeres, sin hombres alrededor, puedan pasear sin velo; a muchas les falta vitamina D por la escasa exposición solar
Mujeres sin velo o con los brazos y las piernas al descubierto no se ven en las calles de Irán. Solo hay unos espacios públicos y al aire libre en los que no rigen los estrictos códigos de vestimenta islámica: los parques de mujeres.
La capital, Teherán, cuenta en la actualidad con cuatro de estos parques, donde solo pueden acceder niños varones menores de 6 años y está prohibido hacer fotos o videos para mantener la privacidad de las usuarias.
Con el fin de lograr un ambiente completamente segregado y alejado de miradas masculinas, estos espacios se encuentran rodeados por un muro alto y tanto el mantenimiento de su seguridad como de la jardinería corre a cargo de mujeres.Esta es la única forma de que en Irán las féminas puedan disfrutar de la caricia del viento en su pelo o del sol sobre su piel.
Unos placeres quizá poco valorados en otras partes del mundo por ser comunes, pero que en Irán son excepcionales desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, cuando las autoridades obligaron a las mujeres a tapar su cabello y su cuerpo.
En contraste con esta habitual imagen conservadora, la estudiante de secundaria Sahar pasea por el parque "Bustan-e Bhesht-e Madaran" ("Jardín del Paraíso de las Madres") sin velo y en manga corta, pese a que las temperaturas todavía no son elevadas en Teherán.
La joven dice a Efe sentirse más libre en este ambiente para pasear o practicar deporte: "A las mujeres nos han gustado estos parques desde su apertura", subraya.De la misma opinión es Shirin, una ama de casa de unos 50 años que acude a diario a este parque, un lugar que considera "muy útil teniendo en cuenta que en la calle es obligatorio el velo".
"Es muy cómodo no cubrirse el pelo y con el buen tiempo se puede estar incluso en camiseta de tirantes y pantalón corto, lo que nos permite tomar sol", explicó a Efe esta mujer.

Falta de vitamina D

Y es que la idea de crear estos parques surgió después de que un estudio mostrara un déficit de vitamina D en muchas mujeres iraníes causado por su escasa exposición solar.
El primero en abrir sus puertas, en 2008, fue el "Jardín del Paraíso de las Madres", que cuenta con mesas para jugar al ajedrez y al pimpón, barbacoas, un invernadero, una cafetería y un espacio para practicar desde fútbol sala a yoga.
Entre sus 15 hectáreas de colinas boscosas también hay una casa de cultura que ofrece cursos de enseñanza del Corán y de habilidades domésticas consideradas femeninas como cocina y costura, unos talleres que recuerdan que estamos en Irán.
Pese a todas estas instalaciones, este parque es uno de los más sencillos. Otros disponen incluso de piscina y canchas de fútbol y básquetbol, como es el caso de "Bustan-e Madare Qaem" ("Jardín de la madre del duodécimo imán").
Algunos de estos cuatro espacios de Teherán también están disponibles para los hombres los viernes y feriados oficiales, mientras que uno de ellos es mixto pero dedica una zona en exclusiva para las mujeres con el objetivo de potenciar sus capacidades deportivas.
Las razones que llevaron a la apertura de estos lugares en la capital, y posteriormente en otras ciudades iraníes, son positivas, pero sacaron de nuevo a relucir el problema de la segregación por sexos, impuesta tras la Revolución Islámica en los espacios públicos.
Aunque en el transporte público o las oficinas esta norma se ha relajado, sí continúa muy vigente en cualquier lugar en el que las mujeres no vayan cubiertas, como piscinas o instalaciones deportivas.
Por ello, la creación de estos parques exclusivos para mujeres alzó voces de oposición que temían un regreso a una mayor segregación en el país.
Shirin comprende este planteamiento pero se muestra agradecida con la iniciativa: "Eran muy necesarios en Teherán espacios de este tipo", afirma. La joven Sahar también los considera útiles pero no oculta que preferiría poder venir "con toda su familia", sin diferenciar entre hombres y mujeres y sin que esto condicionara su vestimenta.

Fuente: EFE
http://www.elobservador.com.uy/sentir-el-viento-la-cara-es-un-lujo-inaccesible-las-mujeres-iranies-n1039481

20 de abril de 2017

La misoginia.



Concepto:
►      La misoginia es básicamente una teoría que propone que la mujer no es un ser humano completo. Usualmente se cree que la mujer ocupa un pedestal menor al hombre y que la mujer debe hacer y seguir pautas de conducta que se suponen son naturales a su sexo.
►      La misoginia es una ideología similar al racismo; la diferencia es que el sexo en vez de la raza es visto como una señal de diferencia y anormalidad; el término viene del griego misein (odiar) y gyne (mujer).
►      Por lo general, la misoginia propone un dualismo en la conducta de la mujer. La mujer, se cree, es el monstruo y el latente peligro al hombre como Pandora y las Arpías de las leyendas o la tentación viva y el origen de la caída del hombre como en el caso de las Sirenas, Eva y las femmes fatales del cine moderno.
►     Otra dimensión de la misoginia es la idea del papel de la mujer estrictamente como madre que debe sufrir por los hijos, como mártir, como servidora del hombre, como ama de casa y como fuente de reproducción. casi como una imitación de las leyendas sobre la Virgen María.
►      Aquí en este otro afiche se sugiere que la mujer no es racional, no es adepta a la ciencia, al desarrollo y que su lugar no es el centro de trabajo aun de secretaria. El uso del verbo matar sugiere un misoginismo latente que apunta a la exclusión de la mujer del mundo público.

Signos comunes de misoginia 

El hombre siempre asume automáticamente que tiene el derecho (dado por Dios) de controlar la vida de la mujer y su comportamiento cotidiano. Las necesidades, las aspiraciones, las ideas, los pensamientos y los sentimientos de la mujer no se toman en cuenta.
 El hombre utiliza a Dios, la Biblia, y las enseñanzas de la iglesia para apoyar su derecho y decirle a la mujer “lo que tiene que hacer," y siempre demanda que ella se "someta" a sus deseos, sus caprichos, sus decisiones, y  sus planes sin ninguna duda y objeción. En esta situación, no hay lugar para una mutualidad conyugal ni la pequeña posibilidad de una igualdad amorosa. Es siempre los deseos y caprichos del hombre, o simplemente nada.
El hombre usualmente cree y defiende la idea que las convicciones, las ambiciones, las opiniones, los sentimientos y los pensamientos de la mujer no tienen ningún valor verdadero en el mundo real. El hombre desacredita estas opiniones y aspiraciones en general o específicamente porque ella es una "hija de Eva" y es fácilmente engañada. Por lo tanto, las opiniones de las mujeres son de consecuencia irrelevante. O alternativamente, el hombre puede acatar la idea que las opiniones de su mujer cuentan para algo, pero entonces las descuenta de una en una porque ellas no tienen ningún sentido y son sumamente "locas".
La mujer o esposa se da cuenta que la conducta de su esposo dentro de la casa es obviamente muy diferente de su conducta en la calle, el trabajo u otro lugar público. En casa todos (el resto de la familia) "no hacen ruido" por temor de desagradarlo o molestarlo. Cuando la mujer o esposa hace notar la diferencia entre la conducta del hombre en casa y otros lugares, es probable que haya negaciones contundentes.
La mujer se da cuenta que cuando el esposo no consigue sus deseos y caprichos, su reacción es violenta. El hombre grita y amenaza, o se enfada. Pero al día siguiente el hombre se porta como si nada hubiera pasado, y actúa en una forma superficial pero encantador y dulce. Nadie puede predecir cuando el esposo cambiará de parecer.
La mujer se da cuenta (a veces es tarde) que su relación con el marido nunca mejora por más que ella puede tratar de cambiar la situación. La mujer usualmente se siente inadecuada, culpable de algo, y de algún modo desequilibrada en sus quehaceres. Ella nunca sabe lo que pasará, y por más que ella  espera por algún cambio, su esposo nunca lo hace. La mujer entonces se siente como si estuviera "loca" y ella asume que los problemas son resultado de su propia conducta. Aún cuando su vida en la comunidad sea el trabajo o la escuela le dan un ánimo positivo, la mujer pierde toda su confianza y el amor propio cuando ella vuelve a casa. No importa lo que ella haga para cambiar y adaptarse a las demandas del esposo, nada es nunca suficiente. Sus demandas siempre cambian y llegan a ser sumamente ilógicas. La mujer termina por rechazar sus propios sueños y aspiraciones para acomodar al marido.
El marido cotidianamente se niega a aceptar  cualquier defecto o crueldad en su conducta. En los momentos cuando algo falla en la casa o en la relación marital, el problema es siempre la mujer. Si ella acaba de ser "más" sumisa y hacendosa o está llena del "Espíritu" o "me obedece" como una "mujer cristiana buena," el hombre asume que todo estaría perfecto en la vida.
Al hombre se le ve (en público) realmente como un ser virtuoso para poder "aguantar" a una mujer como ella. Por otro lado, él puede llegar a ser extremadamente celoso si otras personas, especialmente hombres, ponen demasiada atención a “su” mujer. Así, la mujer ya no se siente libre para asociarse con ciertos amigos, con grupos comunitarios, o con los miembros de la familia a causa de su necesidad de mantenerlo feliz. Aunque estas actividades o las personas son importantes para ella, ella prefiere evitar su compañia para que se pueda "mantener la paz en el hogar".

http://misoginia-y-racismo.info/la_misoginia

19 de abril de 2017

El oficio de sirvienta.

Últimamente defensores de derechos humanos nos llaman asistentes domésticas, para aminorar el golpe, pero a las cosas por su nombre: somos sirvientas, nuestro oficio es servir.
Partiendo de ahí, podemos desmenuzar la gama de abusos que vivimos quienes trabajamos en el servicio doméstico y en mantenimiento. No importa el país, la realidad de los sirvientes es la misma en todos lados. No nos vamos a dar baños de pureza y a señalar a Estados Unidos como el causante de todos nuestros males. En India, existen las castas, en Latinoamérica las mentes colonizadas, y así vamos por país y continente, cada uno con sus propios males.
No se trata del color, de la nacionalidad, ni del idioma, se trata de quién tiene el poder y quien tiene el poder abusa y discrimina, con propios y extraños. El oficio de niñera y empleada doméstica es el mismo, solo varía el nombre: en ambos el trabajo es servir. Y digo servir con todo el peso de la palabra: de día y de noche. Cuando los niños están en la escuela o en clases particulares, las niñeras nos encargamos de limpiar la casa, los cuartos de juego, cocinar, lavar la ropa: el oficio doméstico. El de la empleada doméstica es igual y ambas son tratadas como muebles viejos. Porque una limpia pañales sucios y la otra baños sucios: ambas trabajan entre la mierda.
Las niñeras somos las mamás emergentes, estamos ahí todo el tiempo porque las mamás están en sus clases de yoga, tomando el té con amigas o viajando por el mundo. Algunas, contadas, son las que trabajan. Entonces las niñeras sin querer, como consecuencia de nuestro trabajo, damos abrazos, entendemos emociones, cuidamos enfermedades, contamos cuentos y nos desvelamos y damos apoyo moral a niños que aprendemos a querer como propios y, que en el futuro cuando se den cuenta de nuestro papel en su casa y en la sociedad, nos tratarán como los muebles viejos desechables. Porque es el patrón, porque son parte del círculo de la cultura del capital.
Las sirvientas conocemos la intimidad de las familias, hasta de lo que no quieren que nadie se entere, conocemos temperamentos, vicios, miedos, jactancias, vacíos y pretensiones. Porque estamos ahí todo el tiempo, invisibles, muebles viejos que se mueven de un lugar a otro para que no estorben. Trabajamos en silencio, a manera de pasar desapercibidas porque, ¿qué tiene qué contar una sirvienta? ¿En qué forma puede una sirvienta interactuar con sus empleadores? Máximo cuando ellos tienen cuna de oro, y pergaminos y se codean con la crema y nata de la sociedad. De ninguna, la sirvienta no siente, no piensa, no tiene emociones, está ahí para servir, jamás es vista como persona, no existe como ser humano.
Las sirvientas no nos cansamos, nunca tenemos derecho a enfermarnos, a estar deprimidas, a anhelar, a extrañar, no tenemos derecho tampoco a los beneficios laborales, las vacaciones son para otros no para nosotras. No tenemos derecho a las emergencias porque entonces, ¿quién va a limpiar los cuartos, a lavar los platos, a planchar la camisa del patrón, a hacer el desayuno y a trapear? ¿Quién irá por el correo, por el pan y al supermercado? ¿Quién le cuidará la fiebre a los niños? ¿Quién limpiará el vómito del señor que llegó borracho en la madrugada?
Y si a pesar del abuso todo sobrepasa los extremos inconcebibles, las empleadas domésticas también somos abusadas sexualmente por el empleador, hijos de los empleadores, amigos de los empleadores y bajo la tutela de la empleadora que hace que no ve. Porque al fin y al cabo los hombres son así, sedientos de placer todo el tiempo y mejor que se cojan a la sirvienta que a una trabajadora sexual que les puede pegar enfermedades… Y en la mayoría de los casos esa empleada doméstica es una niña que no pasa de los 12 años.
Las empleadas domésticas no tenemos derecho a los dolores menstruales, porque somos máquinas, y tampoco a angustiarnos cuando nuestros hijos están enfermos en casa o en la guardería donde los dejamos para ir a trabajar. No tenemos derecho a añorar a nuestros padres y hermanos que dejamos en el pueblo cuando nos fuimos a la capital o emigramos a otro país. Tenemos la obligación de estar íntegras para servir a nuestros empleadores, vivimos por ellos y para ellos, nuestras vidas no existen, no tienen derecho a existir. Tampoco los cumpleaños, ni las navidades, ni los días festivos, nosotras estamos de planta todos los días del año, a todas horas.
Las empleadas domésticas, guardamos secretos íntimos que cualquier amigo de nuestros empleadores daría el brazo derecho por saber. Nunca nos dicen gracias por nuestra ética, ¿qué puede conocer de ética una limpia baños? ¿Qué puede saber de pintura, arte, lectura, de vinos, de quesos finos y comidas gourmet? Una cosa es que las cocinemos y sirvamos y otra interactuar.
¿Qué puede saber una sirvienta de ropa de marca, lociones caras y teléfonos inteligentes? Tal vez nada, pero es la que cuida los más preciado de los empleadores: sus hijos. A una sirvienta jamás le darían sus automóviles para ir al supermercado o a la farmacia, pero sí les confían a sus hijos todo el día y les dan las llaves de su casa. Un automóvil se lo pueden rayar, ensuciar y chocar, pero qué valor tienen sus hijos para que los dejen con una completa extraña que no sabe ni el idioma, ni marcar a un número de emergencia y además indocumentada si se trata de una migrante. ¿Cómo pueden confiar sus hijos a una ignorante carente de conocimientos básicos para sobrevivir en la sociedad del ego y el oportunismo?
Jamás le prestarían su carro de último modelo pero permiten que sea la que cocine y limpie sus habitaciones y lleve los niños a la escuela. Que encuentre los dildos tirados en el suelo o entre las sábanas y los lave y coloque en las gavetas donde se guardan. Intimidades que solo conocemos las empleadas domésticas. Y no tenemos derecho a encariñarnos porque los muebles no sienten, esos niños no son nuestros, un día crecerán y nos lo recordarán con una patada en el trasero y con un despido sin aviso, de una día a otro. Como si de un día a otro uno pudiera olvidar los recuerdos, cortar de tajo el afecto y asimilar que uno solo fue un mueble viejo al que le llegó el tiempo de terminar en el basurero.
¿Qué descanso necesitará una paria que trabaja como mula? Ninguno porque para eso nació, generacionalmente para eso nació, para cargar como mula.
Por eso se extrañan tanto cuando una empleada doméstica rompe el círculo y extiende las alas y vuela. Con sacrificio estudia y se convierte en una profesional, se sumerge al mundo de las artes, se convierte en negociante y empresaria, o regresa a los campos de donde salió, para hacerlos florecer. Pero por cada sirvienta que logra salir del averno, hay miles que se secan y mueren lentamente en el abuso y la exclusión. Y todas tienen un nombre propio, familias, raíz, identidad, sueños. Y todas sienten en lo más profundo de su ser y tienen pasiones y aman y crean, porque son seres humanos.
¿Alguno de ustedes, queridos lectores, alguna vez ha conversado con una empleada doméstica, viéndola a los ojos y la ha tratado de igual a igual? ¿Alguna vez se ha puesto en sus zapatos y se ha preguntado qué sería de su vida si le hubiera tocado trabajar en el servicio doméstico? ¿Qué cambiaría de ser así? ¿Por qué no lo cambia para los otros? Y no hablemos de agallas, hablemos de humanidad y humildad.

https://cronicasdeunainquilina.com/2017/04/19/el-oficio-de-sirvienta/

17 de abril de 2017

Mujeres migrantes, en riesgo de muerte o desaparición si les niegan asilo.



Las mujeres y niñez migrante pueden estar condenadas a la muerte o a la desaparición si se les niega u obstaculiza su derecho humano al asilo, debido a los altos índices de violencia que viven en su región y ante la nueva política migratoria del gobierno estadounidense de Donald Trump y por las políticas migratorias mexicanas.
 Así lo advirtieron organizaciones civiles de México y Estados Unidos, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), durante el periodo 161 de Audiencia Públicas, que se lleva a cabo en Washington del 15 al 22 de marzo, entre ellas el Instituto para las Mujeres en la Migración AC (Imumi), la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), y la Comisión de Mujeres Refugiadas (WRC).
 En la audiencia, las sillas reservadas para representantes de estados Unidos quedaron vacías, luego de que ese gobierno decidió no enviar a ningún funcionario para tratar el tema migratorio.  
 Al exponer ante el órgano interamericano los obstáculos que enfrentan las personas migrantes solicitantes de asilo en la Frontera Norte, WOLA informó que entre 2015 y 2016 fueron detenidas en la frontera entre México y EU, más de 180 mil niñas, niños y sus familias, quienes huyeron de la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y el Salvador).
 En su mayoría, indicó WOLA, tenemos testimonios de mujeres que han salido de sus países de origen debido a la violencia que viven por parte de sus parejas, su comunidad o el Estado. Y a esto se suma, explica el organismo, los impactos severos que tiene implica el traslado  en su integridad, salud física y emocional.

HUYEN POR VIOLENCIA FAMILIAR

De acuerdo con lo reportado por WOLA, la violencia familiar es uno de los principales factores en la decisión de migrar de las mujeres, ya que El Salvador, Honduras y Guatemala son algunos de los países más peligrosos para las mujeres a nivel mundial ante esta situación, por lo que se ven obligadas a huir hacia los países del norte en busca de seguridad.
 A partir por los datos retomados por la organización, el Ministerio Público de Guatemala informó que en 2013 recibió más 50 mil casos violencia contra las mujeres, de los cuales el 76 por ciento de las víctimas vivían con el agresor, el cual era su esposo, pareja o expareja. Asimismo este delito queda en la impunidad, de todos los casos sólo 983 (dos por ciento) culminó en una sentencia de prisión para el agresor.
 La situación de violencia familiar para las mujeres es similar en toda la región, indica la agrupación; en Honduras 471 mujeres fueron asesinadas en 2015, una cada 16 horas; mientras en El Salvador, se han contabilizado casi mil 100 casos de violencia familiar y más de dos mil 600 casos de violencia sexual en 2016.

 MÉXICO NIEGA ASILO

Además, el gobierno mexicano ha participado en acciones que limitan el acceso al asilo de las migrantes centroamericanas, a través de los Grupos Beta (personal para auxiliar personas migrantes) en la frontera de Tijuana; “la detención se ha convertido en la regla y no la excepción”, resaltaron las organizaciones en audiencia con la CIDH.
 Lo mismo sucede en la Frontera Sur, advirtieron, con el Plan Frontera Sur implementado en 2014 las detenciones de personas migrantes se incrementaron, aun cuando la mayoría tenía necesidades de asilo o protección internacional. Según datos de la Secretaría de Gobernación (Segob) de 2013 a 2016 aumentó en 120 por ciento la detención de personas migrantes.
 Las organizaciones indicaron que el apoyo económico y la presión para implementar estas políticas para frenar el flujo migratorio de personas provenientes de Centroamérica en México, han venido en su mayoría por parte del país vecino, lo que constituye una violación a los derechos humanos internacionales. Muestras de ello sustentaron, es que no acudió ningún representante del gobierno estadounidense a la audiencia “lo que muestra su desdén hacia los derechos humanos de las personas migrantes y solicitantes de asilo” dijeron.

http://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/mujeres-migrantes-en-riesgo-de-muerte-o-desaparici-n-si-les-niegan-asilo

5 de abril de 2017

Antes de la colonización, los nativos norteamericanos reconocían 5 géneros


Distintas tribus como los Navajo, los Cheyenne y los Cherokee utilizaban el término “gente de dos espíritus” antes de que que se establecieran las normas cristianas tras la conquista de América del Norte. Antes de los rígidos roles de género imperantes en las sociedades tradicionales en las que vivimos, los nativos norteamericanos respetaban cualquier género y los reconocían con los siguientes nombres: mujer, hombre, mujer de dos espíritus, hombre de dos espíritus y transgénero.
De acuerdo con Indian Country Today, y tal y como nos lo cuentan desde lamula, “los Navajo se refieren a los ‘dos espíritus’ como Nádleehí, que significa ‘uno que se transformó’; dentro de los Lakota está el Winkté, nombre que se da a los hombres que tienen la costumbre de comportarse como mujeres; para los Ojibwe, el Niizh Manidoowag, literalmente ‘dos espíritus’; mientras que los Cheyenne tienen al Hemaneh, mitad hombre, mitad mujer, para nombrar a unos pocos. El propósito del concepto de ‘dos espíritus’ es el de dar una posible traducción occidental a esta serie de nombres, pero no siempre este ejercicio es totalmente exacto en su vuelta a los lenguajes nativos. Por ejemplo, en el idioma Cherokee Iroqués no hay manera de traducirlo, pero esta tribu sí tiene términos de variación de género para nombrar a ‘mujeres que se sienten como hombres’ y viceversa”.
La cultura de los “dos espíritus” en América del Norte fue muy atacada y sustituida en su lugar por las costumbres y los valores de origen europeo, fijando unos rígidos roles de género.
“Esta tradición debe ser erradicada antes de que llegue a los libros de historia”, —George Catlin, artista estadounidense haciendo referencia a la cultura de los dos espíritus.
Uno de los ejemplos más reseñables de los “hombres de dos espíritus” fue el gran guerrero Lakota llamado Osh-Tisch (su nombre significa el que los encuentra y los mata). Nacido varón, se casó con una mujer, pero vestía con ropa femenina y vivía su cotidianeidad como una mujer.
En la cultura milenaria de estas tribus se valoraba a cada persona por su aporte real en la tribu y no se asignaba ningún rol de género a los hijos. No obstante, cuando había una persona de “dos espíritus” en la familia, suponía una bendición para ellos, porque se entendía que podía ver el mundo con ambos ojos, el feminino y el masculino.
Definitivamente, una cultura de sexualidad y género muy diferente a la nuestra que nos enseña que lo natural depende de la perspectiva que tomemos y que siempre debemos respetar las decisiones personales de cada uno.

https://muhimu.es/genero/colonizacion-nativos-americanos-reconocian-5-generos/

22 de marzo de 2017

El efecto boomerang de llevar a juicio el discurso del odio.



El hate speech o discurso del odio es un término que los organismos internacionales todavía no han logrado consensuar y que se proyecta sobre  diversos ámbitos legales. La sociedad civil y los tribunales suelen desconocer de dónde proviene, qué busca impedir y con qué herramientas. Ante su vertiginoso avance y el peligro que representa, la Administración está pasando de la impunidad total al extremo opuesto: la judicialización en clave penal.

Todos los convenios internacionales prevén la existencia de la libertad de expresión como un derecho limitado que puede ser sometido a restricciones cuando atente contra la dignidad de los demás. Su limitación debe ser excepcional y debe obedecer a una "necesidad social democrática", justificación que va más allá de la lesión a derechos individuales. El discurso del odio es una catalogación pensada para los mensajes que o bien incitan a la violencia o bien atentan muy gravemente contra la dignidad de una persona que ha sido seleccionada por su pertenencia a un colectivo tradicionalmente discriminado. El discurso del odio es un mecanismo de poder social que busca perpetuar la subordinación de determinadas personas por razón de su origen, color de piel, identidad de género, etc. El fenómeno es grave ya que causa un triple daño: a la persona, al colectivo al que pertenece y a los valores que fundamentan la organización social: dignidad, igualdad y libertad.
Cuando se disparan mensajes transfóbicos como el del autobús de HazteOir, es legítimo y comprensible que desde los colectivos trans* se demande una respuesta contundente a las instituciones, que hasta la fecha han permanecido inertes antes sus demandas de intervención y su dolor colectivo. Pero antes de reclamar cualquier restricción a la libertad de expresión, hay que pensar en términos estratégicos con un análisis a corto, medio y largo plazo. Cada restricción que se fija genera un precedente que afectará a toda la sociedad, incluido el colectivo reclamante.

Judicializar como delito un mensaje discriminatorio puede generar alivio a corto plazo pero puede acabar siendo contraproducente a la larga. Utilizar la artillería más pesada –la penal– tiene consecuencias: si al final del recorrido judicial se da la razón al emisor, por desproporcionalidad en los medios empleados para restringir la libertad de expresión, se acaba empoderando al emisor y generando aún más daño al colectivo agraviado. Europa nos muestra diversos ejemplo de cómo la extrema derecha ha ganado muchas batallas legales y ha logrado aún más difusión de sus mensajes intolerantes al erigirse en "mártires" de la libertad de expresión.

En un contexto de creciente desigualdad social en que los medios de comunicación, en su mayoría, responden a intereses económicos o partidistas, la herramienta de acción política más potente de la sociedad civil, para hacer oír sus reivindicaciones y fiscalizar las instituciones, es la libertad de expresión. Por eso es tan importante reivindicarla, aún sabiendo que se cometen muchos excesos. Algunos de ellos precisamente por los propios colectivos sociales en situación de discriminación. La UNESCO planteaba en su último informe sobre odio e Internet que no se puede exigir a la crítica política que sea amable y educada en medio de tanto dolor social. La incisividad, el humor negro, la sátira y la producción artística transgresora siempre han sido patrimonio del sector social crítico. Y aún más importante es tener en cuenta que  quienes dictan las Leyes y quienes las aplican siempre forman parte de los grupos dominantes, que nunca convergerán con las reivindicaciones de los colectivos en situación de discriminación.

Si vamos bajando el listón de lo que se puede decir y dejamos en manos del legislador y del poder judicial su fijación, acabarán sufriendo la mordaza precisamente quienes reivindicaban su restricción con contundencia. No es la primera vez que asistimos a la perversión del uso de herramientas legales previstas para proteger determinados valores, en su contra. Es necesario movilizar nuestra inteligencia colectiva para decidir cómo respondemos al creciente discurso del odio sin sepultar la libertad de expresión. De momento, los tribunales nos están adelantando por la derecha y  actuando con discutible criterio. A la vista está quienes están siendo condenados.

Los límites a la libertad de expresión se deben fijar caso por caso. Para ello, existen una serie de parámetros que nos proporcionan organismos internacionales como Naciones Unidas, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), la Comisión Europea Contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En síntesis, determinan que la restricción debe pasar un triple filtro: tiene que estar prevista por ley, tiene que ser proporcionada en sí misma y en la sanción que se le aplique y además, tiene que responder a una "necesidad social democrática". Si no se cumplen todos ellos, ante el riesgo derivado de las consecuencias adversas asociadas a cualquier restricción de la libertad de expresión, entienden preferible que el Estado no intervenga.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, además de ese filtro, tiene en cuenta factores como quién emite el mensaje: individuo, periodista, artista, líder político o religioso, colectivo social; el alcance de la difusión; la intencionalidad de la misma;  la persona o colectivo agraviado; el contexto social y político y las consecuencias de todo tipo  derivadas de la restricción. Por contra, a nuestros Tribunales parece importarles demasiado quién emite la crítica y a quién se critica y caen en peligrosas confusiones entre discurso del odio y apología del terrorismo.

La lucha contra el discurso del odio es una cuestión de bisturí, no de brochazo. Los organismos internacionales insisten en que para combatirlo hay que partir de la legitimidad de cada restricción, y esta depende de su adecuada graduación. Hay un primer nivel de mensajes que pueden inquietar, molestar o chocar pero que deben permanecer impunes porque así lo requiere el debate político que asegura el pluralismo. Hay un segundo nivel que avala la restricción, pero con medidas como las condenas civiles a una indemnización por daños y perjuicios o las sanciones administrativas de leyes anti discriminatorias sectoriales como las leyes LGTBI autonómicas o la ley de prevención de la violencia en el deporte. Y en el último peldaño, para los casos extremos, se sitúan los delitos penales.

Si erramos en la proporcionalidad de la herramienta usada para restringir, condenamos al fracaso la intervención protectora y, aún peor, podemos restar legitimidad al colectivo reclamante que puede pasar de agraviado a ser juzgado como represor de derechos fundamentales. Si se hace un uso extensivo del delito de odio "estrella", el recientemente reformado Articulo 510, se corre el riesgo de desnaturalizar esa herramienta y de acabar topando con la dolorosa impunidad al final del recorrido legal.

La estrategia de cómo responder al discurso del odio tiene que ser consensuada en primer lugar por los colectivos que lo sufren habitualmente. La pregunta a responder es doble: ¿existen herramientas legales adecuadas? Y en caso afirmativo, ¿la vía sancionadora, sea civil, administrativa o penal es la más efectiva? Todos los organismos internacionales que vienen estudiando la materia proponen medidas de actuación legales y otras no legales, puesto que estas últimas nunca son suficientes. El discurso del odio es un asunto político que no puede resolverse a golpe de sentencia. Ninguna red captura entera la mar.

El ejemplo de la respuesta al autobús de HazteOir, es muy ilustrativo. Ha sido muy positivo que la sociedad civil y las instituciones se posicionen al lado de los colectivos trans*. Por fin la transfobia se rechaza con unanimidad y se pone en el centro del debate público el derecho a la autodeterminación del género y el necesario fin de la patologización. Más allá de la sanción, el éxito se debe  probablemente a la respuesta colectiva. Los movimientos sociales acumulamos mucha inteligencia colectiva y una capacidad comunicativa muy potente como para delegar en el Estado todo el peso de la lucha contra el discurso del odio. Tenemos sobrada capacidad para responder y neutralizar los mensajes tóxicos con potentes campañas comunicativas. Murales en las escuelas, comunicados, tuits, artículos de opinión, memes, vídeos virales, autobuses violetas y muchas otras más, que han dejado en evidencia a quienes propugnan la discriminación y han evidenciado nuestra fuerza colectiva.

Hay que partir de la base de que siempre existirán quienes busquen expandir estos discursos intolerantes. La garantía del éxito quizás no esté tanto en que no puedan decir lo que piensan sino en potenciar la contra-narrativa de los colectivos en situación de discriminación, las alianzas estratégicas y el sentido crítico general –sobre todo el de la juventud– que asegure que el mensaje no llegue a intoxicar.

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Judicializacion-discurso-odio-efecto-boomerang-HazteOir_6_624747562.html

16 de marzo de 2017

Mujeres de América Latina enfrentan mayor pobreza y obesidad que varones.


Cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer , la FAO destacó la necesidad de empoderar a las mujeres para disminuir sus tasas de pobreza y obesidad, y avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los ODS destacan la igualdad y el empoderamiento de las mujeres no sólo como una meta sino como parte de la solución a los grandes problemas de desarrollo que enfrenta el mundo, ya que ellas son una piedra angular de la economía rural y la seguridad alimentaria.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), si se potencia el papel de las mujeres rurales y se invierte en actividades que aumenten significativamente su productividad, se podría disminuir de forma significativa el hambre y la malnutrición.
“Para lograrlo todos los países deben incorporar el enfoque de igualdad de género en sus políticas públicas, garantizar su efectiva implementación y convertirlo en un tema del más alto nivel político”, señaló Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO.
En enero de este año, América Latina y el Caribe dio un gran paso en este sentido, cuando la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), adoptó la estrategia de género del mayor acuerdo regional de lucha contra el hambre, el Plan SAN CELAC.

Mayores tasas de malnutrición y pobreza

Según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional en ALC 2016, la obesidad impacta de forma desproporcionada a las mujeres de la región: un 26,8 por ciento en comparación con 18,5 por ciento de los hombres.
Existen múltiples factores detrás de esta tendencia regional, como la pobreza y la falta de acceso a recursos productivos, a servicios de salud integrales, su poco acceso a educación nutricional, sumados a una excesiva carga de trabajo, en especial en el caso de las mujeres rurales.
A pesar de que la pobreza general de la región ha disminuido, la pobreza de las mujeres, ha aumentado: según el índice de feminidad de la pobreza, por cada cien hombres indigentes en América Latina y el Caribe hay 121 mujeres indigentes.
En América Latina, 40 por ciento de las mujeres rurales mayores de 15 años no tiene ingresos propios, aunque trabaja a diario de forma no remunerada. Además, las mujeres rurales de la región sólo poseen una fracción de la tierra, el crédito, los insumos productivos y la educación en comparación a los hombres.

Garantizar el acceso a la propiedad

El ODS 5 reconoce la importancia del acceso de las mujeres a la tierra y otras formas de propiedad, ya que les permite gozar de derechos humanos críticos como la seguridad alimentaria, la salud, el acceso al agua, a un trabajo decente y un hogar seguro.
Un estudio de seis países halló que el porcentaje de propietarias mujeres es mayor en México (32,2 por ciento) y en Paraguay (29,7 por ciento), y solo 20 por ciento en Nicaragua y 14 por ciento en Honduras.
Para las mujeres indígenas -que representan cerca de 10 por ciento de las mujeres rurales en la región- los derechos a la tierra suelen tomar la forma de derechos de propiedad colectiva y son claves para su seguridad alimentaria.
“Se debe fortalecer el acceso a la tierra de las mujeres indígenas de la región, en línea con el mandato de la Conferencia Mundial de Pueblos Indígenas de 2014, que estableció el compromiso de apoyar el empoderamiento de las mujeres indígenas”, dijo Brito.

Inequidades en el mercado laboral rural

En América Latina y El Caribe, la población rural asciende a cerca de 121 millones de personas, quienes representan aproximadamente 20 por ciento de la población total. De ellas, 48 por ciento son mujeres, un total de 59 millones.
Aunque representan 20 por ciento de la mano de obra agrícola en América Latina y el Caribe, las mujeres enfrentan una serie de inequidades que afectan tanto su desarrollo económico como su seguridad alimentaria.
Los censos agrícolas indican que en América Latina y Caribe las mujeres a cargo de una explotación agrícola (mayoritariamente granjas para cultivo) van de ocho por ciento en Belice y Guatemala a no más de 30 por ciento en Chile, Jamaica y Santa Lucia.
Sin embargo, por lo general los predios encabezados por mujeres son más pequeños y en tierras de menor calidad.
Un estudio de la FAO ,que analizó las cadenas de valor de la yuca (Belice), quinua (Bolivia), maíz (Guatemala) y el cultivo del algodón a nivel regional desde una perspectiva de género, encontró que en el ámbito rural, el, pese a que realizan una gran parte de las actividades en la finca, además del trabajo doméstico y el cuidado no remunerado en los hogares.
Según el estudio, la participación de las mujeres es más marcada en actividades que involucran tiempo y esfuerzo físico, como plantar, desmalezar y cosechar. Contrariamente, participan menos en los eslabones de la cadena productiva asociados a la generación de mayores ingresos.
El estudio “Mujeres de Algodón” identificó diversos factores de desigualdad en las cadenas de valor de dicho cultivo en Argentina, Bolivia, Colombia, Paraguay y Perú, como el limitado acceso a créditos y esquemas de apoyo financiero, su falta de control sobre las ganancias obtenidas, y su bajo poder de decisión sobre bienes productivos.

por Estrella Gutiérrez
http://www.ipsnoticias.net/2017/03/mujeres-de-america-latina-enfrentan-mayor-pobreza-y-obesidad-que-varones/