20 de junio de 2016

Mujeres en empleo informal.



No todos los trabajadores en la economía informal son pobres y no todos los trabajadores pobres participan en la economía informal. Algunos operadores en la economía informal –especialmente aquellos que contratan a otras personas– no son pobres, mientras que algunos trabajadores asalariados formales son pobres. Pero el trabajar en la economía informal y el ser pobre coinciden de manera significativa. Esta sección detalla lo que se sabe de la relación entre el trabajar en la economía informal y el ser pobre. Para ello se resumen los hallazgos de varios estudios recientes en los que se utilizaron diferentes métodos de medición: los ingresos promedio de los varios tipos de empleo formal e informal; los ingresos y/o gastos de los hogares; y los riesgos de los trabajadores informales de estar en un hogar pobre.

Fuentes de datos

Establecer el vínculo entre la informalidad y la pobreza significa evaluar los costos y beneficios asociados a los diferentes segmentos del empleo informal según la ubicación de los trabajadores pobres, tanto mujeres como hombres, dentro de estos segmentos. Los datos estadísticos sobre los costos y beneficios asociados son limitados, por lo cual es muy difícil analizar estos vínculos estadísticamente. No obstante, varios conjuntos de análisis de datos a nivel nacional han considerado el ingreso promedio y/o el riesgo de pobreza de los diferentes segmentos de la fuerza laboral tanto formal como informal.
El primero set es el análisis de los datos nacionales de cinco países –Egipto, El Salvador, India, Rusia y Sudáfrica– comisionado por el Economic Policy Institute-Global Policy Network (EPI-GPN) para un proyecto comparativo de desarrollo de la fuerza laboral financiado por la Fundación Ford.
Un segundo set es el análisis de los datos nacionales de cinco países –Costa Rica, Egipto, El Salvador, Ghana y Sudáfrica– comisionado por la red de WIEGO para la edición 2005 de El Progreso de las Mujeres en el Mundo, la publicación principal de UNIFEM. Si bien estos dos sets de casos coinciden en Egipto, El Salvador y Sudáfrica, existen también importantes diferencias en sus objetivos. El set de estudios de caso de EPI-GPN fue diseñado para analizar las tendencias generales en el desempleo, en el empleo formal e informal y, donde fuera posible, en los ingresos. El set de estudios de caso de UNIFEM fue diseñado para realizar un análisis profundo de los nexos entre la situación en el empleo (formal e informal), los ingresos y la pobreza del hogar en un momento determinado. En los tres países que están incluidos en ambos sets de análisis –Egipto, El Salvador y Sudáfrica– las fuentes de datos y los años eran más o menos comparables.
Un tercer análisis relevante es una recopilación de datos de 14 países por Jacques Charmes.
Un cuarto set consiste en un conjunto de análisis de datos nacionales para la India urbana y Túnez.
Los ingresos promedio

Los vínculos entre empleo, género y pobreza se pueden ver al comparar a) los ingresos promedio en el empleo formal e informal y b) los ingresos promedio de diferentes categorías de empleo informal.

Los ingresos promedio en el empleo formal e informal

Una primera comparación es el contraste entre los salarios o ingresos promedio en el empleo formal e informal, considerados en su conjunto. En tres de los cinco países del conjunto de estudios de EPI-GPN los analistas pudieron comparar datos sobre los salarios o ingresos promedio. Los resultados confirman que los salarios o ingresos eran, en promedio, más altos en el empleo formal que en el informal.

Egipto: Los salarios reales promedio de la fuerza laboral formal e informal, en ambos sexos, fueron medidos en dos momentos (1988 y 1998). Los resultados indican una gran diferencia entre los salarios reales formales e informales en ambos años y para ambos sexos, pero para 1998 la diferencia era menor debido a un descenso más rápido de los salarios reales formales que los salarios reales informales. Sin embargo, entre estos dos puntos de referencia en el tiempo los salarios informales de las mujeres disminuyeron más rápidamente que los salarios formales de las mujeres (El Mahdi y Amer 2004).
El Salvador: Se compararon los ingresos del empleo formal e informal en relación con el salario mínimo en 2002. Un porcentaje relativamente pequeño (14%) de la fuerza laboral formal gana menos del salario mínimo. Dentro de la fuerza laboral informal un porcentaje más alto de trabajadores rurales (77%) que de trabajadores urbanos (49%) gana menos del salario mínimo (Lara 2004). Cabe señalar que el salario mínimo está fijado en un nivel que no cubriría los costos de los “bienes básicos”.
Sudáfrica: Se compararon los ingresos de los trabajadores del sector formal e informal para 2001. Mientras la mayoría de los trabajadores formales gana más de 1000 rands al mes, la mayoría de los trabajadores en la economía informal gana menos de 1000 rands. El nivel de ingreso mínimo que se estima necesario para una familia de cinco personas se fija en 1777 rands al mes (NALEDI 2003).
En los cinco estudios de caso de UNIFEM-WIEGO los ingresos promedio en la mayoría de las formas de empleo informal, particularmente en la agricultura, están muy por debajo de los ingresos para el empleo formal. En Costa Rica y El Salvador, sin embargo, los ingresos promedio para empleadores informales son iguales o más altos que los ingresos en el empleo formal; y en Ghana y Sudáfrica los ingresos promedio de los trabajadores asalariados públicos informales son más altos que aquellos del empleo formal en el sector privado. En general, el empleo asalariado en el sector público, tanto formal como informal, presenta ingresos promedio más altos que el empleo asalariado en el sector privado. Lea el capítulo 3 de Chen et al. 2005: El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2005.

Ingresos comparados en el empleo informal

Una segunda comparación es la diferencia en ingresos promedio en el empleo informal. Como se señaló más adelante, la economía informal es diversa y segmentada. Los diferentes segmentos están asociados con ingresos potenciales diferentes que quedarían ocultos por el promedio para la economía informal en conjunto. Por ejemplo, un análisis de datos de 1997 sobre el empleo en el sector informal (empresas pequeñas sin registrar) en Túnez reveló que los empleadores que contrataban a otras personas –los microempresarios– no eran pobres. De hecho, se encontró que los ingresos promedio de los microempresarios eran cuatro veces más altos que el salario mínimo legal y 2,2 veces mayores que el salario promedio en el sector formal.

Aunque los microempresarios quizás tengan ingresos relativamente altos en Túnez –y en otros lugares– a la mayor parte de los trabajadores en el empleo informal no le va tan bien. Por ejemplo, los microempresarios en Túnez pagaron a sus empleados en promedio más o menos el salario mínimo legal de 200 dinares al mes. El estudio tunecino también incluyó información sobre los ingresos en trabajos fuera de empresas informales, particularmente para los trabajadores a domicilio. Los trabajadores a domicilio, quienes son remunerados a destajo, ganaron un promedio de 60 dinares al mes que es solamente el 30% del salario mínimo (Charmes y Lakehal 2003).

Los datos nacionales de 14 países recopilados por Jacques Charmes muestran las disparidades en los ingresos en el empleo informal (Charmes s.f., tabla, presentada en Chen y Vanek 2004). En cada caso salvo en Kenia, los ingresos promedio mensuales de los microempresarios son más altos que los salarios promedio mensuales de los empleados de microempresas. En general, los salarios de los empleados tienden a aproximarse al salario mínimo, el cual en sí mismo es menos que el mínimo necesario para sobrevivir.
Otra comparación importante es entre los ingresos promedio de los microempresarios y los operadores por cuenta propia. De los 14 países estudiados por Charmes, solamente dos –Colombia y la India– aportan datos separados sobre los ingresos de los empleadores y los operadores por cuenta propia. En la India, el múltiplo más bajo de los ingresos promedio mensuales en comparación con el salario mínimo (1,34) era el de los operadores por cuenta propia. En notable contraste, los ingresos promedio mensuales de los empleadores en la India era 5,4 veces mayor que el salario mínimo legal. Un contraste similar se encontró en la Colombia urbana donde los empleadores ganan 4,2 veces el salario mínimo legal y los operadores por cuenta propia ganan solamente 1,6 veces el salario mínimo. De hecho, en la Colombia urbana los empleados de las microempresas ganan casi tanto como los operadores por cuenta propia: 1,5 veces el salario mínimo legal. En suma, tanto en Colombia como en la India los microempresarios y/o los empleadores informales ganan ingresos promedio mensuales más altos que los operadores por cuenta propia, y los operadores por cuenta propia tienen ingresos promedio ligeramente más altos que los empleados de las empresas informales (Charmes s.f., tabla, presentada en Chen y Vanek 2004).
El conjunto de análisis de datos de UNIFEM-WIEGO reveló una jerarquía de los ingresos promedio entre los diferentes segmentos de la economía informal. Para empezar, los ingresos promedio en el empleo agrícola informal son menores que los ingresos promedio en el empleo no agrícola informal. En el empleo no agrícola informal los empleadores informales tienen los ingresos promedio más altos en los cinco países, seguidos por sus empleados1 y otros trabajadores asalariados informales regulares (en comparación con los trabajadores ocasionales), y luego los trabajadores por cuenta propia, y finalmente los trabajadores asalariados ocasionales y las trabajadoras del hogar (Charmes s.f., tabla, presentada en Chen y Vanek 2004; Chen et al. 2005). En este conjunto de estudios de caso no se distinguieron a los trabajadores tercerizados quienes, como se señaló más arriba, tienden a tener los ingresos promedio más bajos. Estos estudios no proporcionaron tampoco evidencia sistemática sobre dónde están situados los empleados de las empresas informales en la jerarquía.
En la mayoría de estos estudios de caso no se dispone de datos separados sobre los empleados de empresas informales o los empleados informales en un sentido más general. En Egipto, se puede disponer de este tipo de datos a partir de una encuesta de empresas, pero no es posible relacionarlos con el análisis más amplio de la fuerza laboral. En Sudáfrica, este tipo de datos estaba disponible en la encuesta de la fuerza laboral. Los empleados asalariados en empresas informales (registradas) ganan un poco menos que los trabajadores por cuenta propia, mientras los empleados informales en empresas registradas ganan más que los trabajadores por cuenta propia. Por ello, en Sudáfrica los empleados informales en empresas no registradas estarían considerados más estrechamente relacionados con los “trabajadores asalariados ocasionales” que con los “trabajadores asalariados regulares” (Casale et al. 2005, citado en Chen et al. 2005).

En los cinco países del set de análisis de UNIFEM-WIEGO los ingresos por hora de las mujeres en el empleo informal son inferiores a los de los hombres con una situación en el empleo idéntica. La brecha de género en materia de ingresos es particularmente marcada entre los trabajadores por cuenta propia, tanto agrícolas como no agrícolas. Esta brecha de género en materia de ingresos se agrava por la segmentación por género en el empleo informal, ya que es más probable que las mujeres sean trabajadoras por cuenta propia que trabajadoras asalariadas regulares. Para obtener más detalles lea el capítulo 3 de El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2005.

Pobreza

Pobreza del hogar

Dos encuestas sobre la fuerza laboral –el Estudio de la fuerza laboral de 2002 en Sudáfrica y el Estudio nacional por muestreo de 1999-2000 sobre empleo y desempleo en la India– proporcionan datos únicos que empiezan a contestar preguntas sobre la relación entre el empleo y la pobreza. Ambos estudios recopilaron datos sobre los gastos de los hogares, así como datos sobre el empleo, incluyendo el empleo informal; ambos estudios trataron de vincular estas variables de una manera coherente al clasificar los hogares según las fuentes de ingresos y las categorías de gastos. Los análisis de estos sets de datos revelaron una coincidencia entre el depender de un empleo informal y el ser pobre a nivel de hogar2.

Sudáfrica fue uno de los tres países que se examinaron en ambos conjuntos de estudios de caso de EPI-GPN y UNIFEM-WIEGO. El estudio de EPI-GPN analizó la relación entre las categorías de los gastos mensuales de los hogares y las fuentes de ingreso de empleo en los hogares; es decir, si un hogar tenía una o más personas con un empleo permanente, con un empleo informal, con un trabajo doméstico, o sin empleo (NALEDI 2003). Cuanto más alta la categoría de los gastos mensuales, mayor el porcentaje de los hogares con personas con empleos permanentes. Si se mueve hacia abajo en las categorías de gastos, el porcentaje de los hogares con personas con empleos informales (incluyendo los servicios domésticos) aumenta. No sorprende que la categoría de gastos más baja tiene el porcentaje más alto de hogares con una o varias personas desempleadas (utilizando una definición amplia de desempleo). Se debe señalar que la tasa de desempleo es muy alta en Sudáfrica (ibídem).

El análisis de Sudáfrica en el conjunto de estudios de caso de UNIFEM-WIEGO analizó la relación entre las categorías de ingresos del hogar y si la mayoría de los ingresos de empleo de los hogares viene de fuentes formales o informales, así como el número de personas con ingresos, el sexo del jefe de familia, y el sexo de la persona que aporta el ingreso principal (citado en Chen et al. 2005). En los hogares que dependen principalmente de ingresos del empleo informal, las tasas de pobreza son significativamente mayores que en los hogares que obtienen la mayor parte de sus ingresos del empleo formal. Los hogares cuyo jefe de familia es una mujer presentan tasas de pobreza significativamente más altas que los hogares en donde es un hombre. Asimismo, los hogares en los que la persona que aporta el ingreso principal es una mujer tienen tasas de pobreza significativamente más altas que los hogares en los que dicha persona es un hombre. Sin embargo, estas diferencias de género son mucho menos marcadas si los hogares tienen acceso al empleo formal (ibídem).

Un análisis de los datos de 1999-2000 de la India estudió las tasas de pobreza entre los hogares urbanos de la India que se mantienen con ingresos del empleo informal de acuerdo a sectores industriales amplios y tipos de empleo (Sastry 2004)3. En contraste marcado con Sudáfrica, el desempleo en la India no es alto, y la gran mayoría de los trabajadores –el 92%– tiene empleos informales (utilizando la definición más amplia de empleo informal). Los hogares que dependen de un empleo asalariado informal “regular” (en oposición al empleo ocasional) tienen tasas de pobreza más bajas en comparación con los hogares que dependen de autoempleo, y es muy probable que los hogares que dependen de trabajos ocasionales como su principal fuente de ingresos sean los más pobres. Esta jerarquía del riesgo de pobreza –donde el riesgo para los hogares se ordena de manera ascendente si dependen de empleos asalariados informales “regulares”, del autoempleo, o de empleo asalariado ocasional– es fuerte en todos los sectores industriales en la India urbana.

Otro estudio en la India que también usó datos del Estudio de muestreo nacional, pero de dos estudios previos (1987-88 y 1993-94), encontró una relación similar entre la pobreza y la naturaleza del empleo. Dubey et al. (2001) analizaron la probabilidad de los hogares urbanos de ser pobres según su fuente principal de ingresos –clasificada como salario regular, autoempleo y trabajo asalariado ocasional– y según el tamaño de la ciudad en la que viven. Su análisis muestra que para las ciudades de todos los tamaños, y en ambos momentos, los hogares con empleados asalariados regulares (tanto formales como informales) tienen la probabilidad más baja de ser pobres, mientras que aquellos que dependen de trabajo a jornal ocasional tienen la probabilidad más alta, y los hogares que dependen del autoempleo quedan más o menos en un punto promedio4. Todos los grupos de empleados tuvieron un desempeño mejor en las ciudades más grandes. Entre las dos rondas del estudio la probabilidad de ser pobre disminuyó para todos los grupos.

Pobreza individual

La pobreza se mide normalmente a nivel del hogar, no del individuo. Para los estudios de caso de la publicación de UNIFEM de 2005, WIEGO utilizó una técnica innovadora para medir los riesgos de pobreza entre personas empleadas. Según esta técnica, el “riesgo de pobreza” asociado con diferentes situaciones en el empleo se define como el porcentaje de todas las personas empleadas en un estatus dado que viven en hogares cuyos ingresos los sitúa debajo de la línea de pobreza nacional. Esta técnica conecta los tipos de empleo, medidos a nivel individual, con el riesgo de pobreza, medido a nivel de hogar. Como tal, solamente es factible en países donde los datos sobre el empleo y los ingresos de los hogares están vinculados. La jerarquía del riesgo de pobreza definida de esta manera es inversa a la jerarquía de los ingresos detallados arriba: los trabajadores agrícolas informales corren el mayor riesgo de pobreza y, entre los empleados informales no agrícolas, los empleadores informales corren el menor riesgo de pobreza, seguidos por sus empleados y otros trabajadores asalariados informales “regulares”; los trabajadores por cuenta propia corren un riesgo de pobreza más alto; mientras los trabajadores asalariados ocasionales y los trabajadores del hogar corren el riesgo más alto (Chen et al. 2005). Como en los estudios de caso de UNIFEM-WIEGO no fue posible distinguir a los trabajadores tercerizados, no se pudo medir su riesgo de pobreza.
En los cinco estudios de caso de UNIFEM-WIEGO existe una brecha de género global en el riesgo de pobreza dentro de la economía informal, ya que las mujeres se concentran en las formas de empleo con tasas altas de pobreza. Sin embargo, no surgió ningún patrón sistemático en los estudios de caso nacionales en cuanto a las diferencias entre las tasas de pobreza de los hombres y las mujeres en una situación de empleo particular. Una posible explicación es que los hogares en los que las mujeres se dedican a trabajos remunerados tienen tasas de pobreza más bajas en comparación con los hogares en los que las mujeres no destinan tiempo a actividades que generen ingresos. Si este fuera el caso, se puede determinar el estatus de pobreza de un hogar por el acceso de las mujeres al empleo remunerado, sin importar cuán bajos sean sus ingresos.

Jerarquías de ingresos y del riesgo de pobreza

La evidencia estadística de estos diferentes conjuntos de análisis de datos nacionales indican una jerarquía de ingresos y de riesgo de pobreza en todos los diferentes segmentos de la fuerza laboral. Mientras los ingresos promedio son más altos en el empleo formal que en el informal, existe también una jerarquía de ingresos en la economía informal. Los empleadores tienen los ingresos promedio más altos, seguidos por sus empleados y otros empleados informales “regulares”; luego están los trabajadores por cuenta propia, seguidos por los trabajadores asalariados ocasionales y los trabajadores del hogar, y por último los trabajadores tercerizados. Dentro de esta jerarquía, las mujeres están representadas de manera desproporcionada en los segmentos de la fuerza laboral informal con ingresos bajos. El hecho de que las mujeres tiendan a estar poco representadas entre los empleadores informales y los trabajadores asalariados informales “regulares”, y sobrerrepresentadas entre los trabajadores tercerizados lleva a una brecha de género en los ingresos promedio, así como en el riesgo de pobreza dentro de la economía informal. Los ingresos promedio son menores y el riesgo de pobreza es mayor entre todas las trabajadoras en la economía informal en comparación con todos los trabajadores en la economía informal.

La jerarquía del riesgo de pobreza entre los hogares depende de si los hogares tienen alguna fuente formal de ingresos procedentes del trabajo o solamente fuentes informales, y también del tipo de empleo que representa la principal fuente de ingresos del trabajo. Los hogares que dependen principalmente de fuentes informales de ingresos de empleo enfrentan un riesgo de pobreza más alto que aquellos que dependen de fuentes formales. Y los hogares que dependen de las formas más precarias de empleo informal como su fuente principal de ingresos tienen probablemente un riesgo de pobreza sustancialmente mayor que aquellos que tienen acceso a un empleo más estable y de mejor calidad.

Conclusión

Como el análisis de la evidencia disponible sugiere, la fuerza laboral en la mayoría de los países en desarrollo está altamente segmentada tanto entre, como dentro del, empleo formal e informal, y existe una jerarquía notablemente similar de ingresos promedio y riesgo de pobreza en todos estos segmentos en todos los países estudiados. Dentro de la fuerza laboral informal, los empleadores informales normalmente tienen los ingresos promedio más altos, seguidos por sus empleados y otros trabajadores asalariados informales “regulares”, luego los trabajadores por cuenta propia, seguidos por los trabajadores asalariados ocasionales y las trabajadoras del hogar, y por último los trabajadores tercerizados con los ingresos más bajos de todos. Una jerarquía inversa del riesgo de pobreza en la economía informal muestra lo siguiente: los empleadores informales tienen el riesgo de pobreza más bajo, seguidos por sus empleados y otros trabajadores asalariados informales “regulares”; los trabajadores por cuenta propia tienen un riesgo de pobreza más alto, mientras los trabajadores asalariados ocasionales y los trabajadores del hogar tienen el riesgo de pobreza más alto. El hecho de que las mujeres tiendan a estar subrepresentadas entre los empleadores informales y los trabajadores asalariados informales “regulares” y sobrerrepresentadas entre los trabajadores tercerizados lleva a una brecha de género en los ingresos promedio y el riesgo de pobreza dentro de la economía informal: los ingresos promedio son menores y el riesgo de pobreza es mayor para todas las trabajadoras en la economía informal en comparación con todos los trabajadores dentro de la economía informal.

Cabe señalar que los hallazgos resumidos anteriormente confirman los hallazgos de dos análisis que se realizaron en 1998 sobre los vínculos entre informalidad, pobreza y género como informes preparatorios para el Informe sobre el Desarrollo Mundial de 2001 del Banco Mundial: un análisis de los datos disponibles por Jacques Charmes y un análisis de la bibliografía disponible por S. V. Sethuraman.

También se debe señalar que la pobreza y otros resultados del trabajo no son solamente una función del nivel de ingresos, sino también del periodo en el cual se mantienen los ingresos, y de los arreglos mediante los cuales se logran, incluyendo los costos y beneficios relacionados. Tres dimensiones del trabajo contribuyen a determinar los resultados sociales del trabajo: el lugar del trabajo, el sistema de producción y la situación en el empleo. Cada lugar de trabajo está asociado con riesgos específicos y, por lo tanto, con diferentes grados de seguridad o inseguridad. Los microempresarios y trabajadores asalariados tienden a perder su conocimiento del mercado y su poder de negociación al moverse de sistemas tradicionales de producción a sistemas industriales y mundiales. Y cada situación en el empleo está asociada con diferentes grados de autonomía y riesgo para aquellos que trabajan en ella. Para obtener más detalles lea el capítulo 4 de El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2005.

Si bien el empleo informal puede ofrecer oportunidades y beneficios tales como horas de trabajo flexibles y lugares de trabajo convenientes, los costos son a menudo bastante altos. Algunos de ellos son gastos directos pagados “de su propio bolsillo” que son necesarios para gestionar un negocio informal o para trabajar de manera informal; otros costos son indirectos y reflejan las condiciones más generales bajo las cuales los trabajadores pobres viven y trabajan. A largo plazo, algunos de ellos pueden ser bastante altos, como por ejemplo cuando los trabajadores tienen que sacrificar el acceso a la salud, a una pensión de jubilación y a la educación (o capacitación) para ellos mismos o miembros de su familia. También hay costos psicológicos y emocionales –en términos de la autoestima y dignidad de un trabajador– asociados con muchas formas de empleo informal. Lea el capítulo 4 de Chen et al. 2005, El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2005 para una tipología de los costos de trabajar informalmente y ejemplos que ilustran la tipología.

En conclusión, la cantidad y calidad del empleo disponible para las mujeres, los hombres y los hogares tienen gran importancia al determinar quién es pobre y quién no lo es: no solamente en términos de pobreza de ingreso, sino también en términos de otras dimensiones de pobreza. Los beneficios del empleo informal a menudo no son suficientes, y los costos con frecuencia son demasiado altos para que los que trabajan de manera informal consigan un nivel de vida adecuado durante su vida activa.

En Egipto, el único país donde existían datos disponibles sobre ingresos según el tamaño de las empresas informales, el salario promedio de los empleados aumentaba con el tamaño de la empresa.
Un fenómeno relacionado que merece estudiarse más profundamente es la concentración de ciertos grupos raciales o étnicos, así como poblaciones inmigrantes en la economía informal. Por ejemplo, en Sudáfrica el 85% de todos los trabajadores en el sector informal son negros (NALEDI 2003). En Guatemala, según una encuesta de hogares de 1989, es 4,3 veces más probable que los trabajadores indígenas trabajen en el sector informal que en el sector formal (Funkhouser 1996).3En este estudio, los hogares clasificados como dependientes de ingresos de un empleo informal son hogares con por lo menos una persona empleada como trabajador informal y ningún otro miembro del hogar empleado fuera de la economía informal.
Si bien los hallazgos de ambos estudios quizás no resulten sorprendentes, hay muy pocos análisis empíricos que vinculen la pobreza del hogar con el empleo de esta manera.

http://espanol.wiego.org/economiainformal/vinculos/pobreza/

1 de junio de 2016

LAS MUJERES Y LA DEMOCRACIA.



La democracia requiere que se escuchen las voces y los intereses de los ciudadanos, y que se delibere y legisle al respecto. Las mujeres constituyen la mitad de la población mundial y, por ende, su voz debe ser escuchada en el proceso democrático. La democracia necesita a las mujeres para preservar su autenticidad y las mujeres necesitan la democracia para cambiar los sistemas y las leyes que les impiden, y le impiden a las sociedades en su conjunto, lograr la igualdad.

Es mediante la representación democrática que pueden estar representados los intereses de las mujeres y pueden oírse sus voces. El Artículo 7 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) reitera la importancia de la representación de las mujeres en la vida política de sus países:

«…los Estados Partes garantizarán a las mujeres, en igualdad de condiciones con los hombres, el derecho a::
(a) Votar en todas las elecciones y referéndums públicos y ser elegibles para todos los organismos cuyos miembros sean objeto de elecciones públicas;
(b) Participar en la formulación de las políticas gubernamentales y en la ejecución de éstas, y ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en todos los planos gubernamentales.»
El papel de las mujeres en los procesos democráticos se acentúa más en la resolución aprobada por la Asamblea General en 2011, sobre la participación política de las mujeres (A/RES/66/130), en que se reafirma «que la participación activa de la mujer, en pie de igualdad con el hombre, en todos los niveles de la adopción de decisiones, es indispensable para el logro de la igualdad, el desarrollo sostenible, la paz y la democracia».

Pese a esos adelantos normativos, esos objetivos, por universales que sean, siguen siendo inaccesibles para muchas mujeres. El progreso ha sido demasiado lento en cuanto a acrecentar las cantidades de mujeres en cargos representativos. Sólo el 22 porciento de los parlamentarios son mujeres, en la actualidad, lo que representa, un lento crecimiento con respecto al 11.3 de 1995. En enero de 2015, 10 mujeres eran Jefe de Estado y 14 Jefe de Gobierno, y sólo el 17 por ciento de los ministerios estaban en sus manos, la mayoría en áreas de política social, educación y familia. Las mujeres además están deficientemente representadas en los órganos locales de adopción de decisiones, como alcaldesas o como miembros de los consejos municipales.

Las mujeres siguen insuficientemente representadas en los puestos electivos. Los países, en su mayoría, están lejos de alcanzar el "equilibrio de género" del 30% propuesto en 1995 en la Plataforma de Acción de Beijing. Las instituciones políticas—desde los partidos políticos hasta las comisiones electorales—suelen carecer de capacidad para asegurar que los intereses de las mujeres se expresen y se incorporen en las políticas públicas. Las instituciones encargadas de la rendición de cuentas no aseguran sistemáticamente que los funcionarios ejecutivos se responsabilicen ante las mujeres por las deficiencias en la protección de los derechos de la mujer o la respuesta a sus necesidades.

En situaciones posteriores a conflictos, es más evidente la falta de acceso de las mujeres a las instituciones democráticas y los procesos democráticos. En la resolución 1325 del Consejo de Seguridad se exhorta a los Estados Miembros a que acrecienten la representación de las mujeres en todos los planos de adopción de decisiones. En respuesta, en los países donde las Naciones Unidas llevan a cabo operaciones de mantenimiento de la paz, el Departamento de Operaciones para el Mantenimiento de la Paz y el Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno intervienen a fin de facilitar la participación de las mujeres en los procesos políticos y la inclusión de las mujeres en las estructuras de gobernanza.

Cuatro prácticas fundamentales para asegurar la efectiva participación política de la mujer

Los aldeanos leen material electoral de instrucción proporcionada por la Misión de las Naciones Unidas en Liberia
Una mujer sostiene su dedo manchado de tinta
como prueba de que ha ejercido su voto en las
eleciones nacionales de Liberia en el 2011.
Foto de la ONU / Staton Winter
1. Asegurar que las elecciones, tanto locales como nacionales, sean imparciales y de libre acceso para las mujeres.
Promover medidas especiales transitorias, como establecimiento de cuotas, sanciones aplicables a los políticos que no cumplan las normas, exención de pago de derechos en el trámite de presentación de candidaturas, acceso a los medios públicos de difusión, y acceso a recursos públicos, a fin de acrecentar la participación de las mujeres, tanto en calidad de funcionarias electas como de funcionarias designadas en instituciones políticas. Asegurar losl procesos de empadronamiento para posibilitar que las mujeres ejerzan su derecho democrático al voto. En colaboración con órganos de gestión electoral y con partidos políticos, considerar la adopción medidas para responder a los factores que impiden la participación de las mujeres en política (violencia contra la mujer, prejuicios de género en los reportajes en medios de difusión, prácticas no transparentes de los partidos políticos, falta de financiación de campañas políticas).

2. Apoyar a las organizaciones de la sociedad civil de mujeres a fin de promover los intereses de la mujer
Proporcionar asistencia a la elaboración de temarios para políticas colectivas, por ejemplo, Cartas de la Mujer, o a la celebración de Convenciones Nacionales sobre la Mujer. Las mujeres comparten prioridades, por encima de cualquier diferencia que puedan tener. Esas prioridades compartidas pueden ser las relativas a su derecho a ocupar cargos públicos o a tener acceso a servicios mejorados de atención de la salud y cuidado de los niños. Es importante que las mujeres coordinen acciones, creen coaliciones, colaboren y aseguren la emisión de mensajes en común en tiempos de cambio. Fomentar la capacidad e impartir cursos de capacitación y desarrollo de aptitudes prácticas, a fin de promover aptitudes de gestión y comunicación, así como las capacidades de organización interna de los grupos y movimientos de mujeres

3. Fomentar en las instituciones públicas la rendición de cuentas en cuanto a la vigencia de los derechos de la mujer.
Asegurar que los procesos de revisión constitucional consideren las repercusiones de las estructuras de instituciones políticas, judiciales y otras instituciones públicas sobre la participación de las mujeres, así como sobre el ejercicio de sus derechos sociales, políticos y económicos. Velar por que las revisiones constitucionales aseguren la armonización con las normas internacionales de derechos humanos. Promover mecanismos de rendición de cuentas y reforma de la gobernanza que respondan a las necesidades de las mujeres; por ejemplo, prestación de servicios que tengan en cuenta las cuestiones de género, acceso a la justicia, presupuestación y acceso a la información. Asegurar que se establezcan procesos de responsabilización por conducto de los cuales las autoridades públicas rindan cuentas de su desempeño con respecto a los compromisos nacionales en pro de la igualdad entre los géneros y los derechos de la mujer.

4. Apoyar a las mujeres líderes políticos a fin de ampliar su influencia.
Apoyar el desarrollo de aptitudes y capacidades, tanto en las candidatas como en las líderes electas. Este apoyo abarca la capacitación con fines de adquisición de aptitudes (debate y modalidades del lenguaje parlamentario, promoción), así como las aptitudes con respecto a la incorporación de las cuestiones de género, los compromisos internacionales en pro de la igualdad entre los géneros y las estrategias que pueden ser útiles. El apoyo también abarca la promoción de mecanismos, entre ellos los agrupamientos de mujeres parlamentarias o las redes de mujeres en las instituciones de servicio social, así como la creación de mecanismos gubernamentales dotados del mandato, las capacidades y la ubicación en el gobierno que posibiliten una eficaz promoción de políticas favorables a los intereses de la mujer. Considera la posibilidad de dar formación a los hombres en los principios y la práctica de la perspectiva de género y el empoderamiento de las mujeres.

Tareas que realizan las Naciones Unidas – Éxitos recientes

Afganistán: en el 2014 la Misión de las Naciones Unidas en ese país, UNAMA, dedicó grandes esfuerzos para sensibilizar al público sobre la importancia de las mujeres en la política. Como resultado, el Gobierno tomó medidas concretas para que las mujeres garantizasen la seguridad en las mesas de votación y para que estas mesas contaran con observadoras. La presencia de las mujeres fue un indicador directo del aumento del nivel de confianza, reflejado en los votos emitidos.

Ecuador: El programa prestó apoyo técnico al Grupo Parlamentario por los Derechos de la Mujer para establecer mecanismos de diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil, las militantes en partidos políticos, y las mujeres miembro de la Asamblea Nacional para asegurar la armonización de la legislación nacional con la Constitución de 2008 de conformidad con el Convenio sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). ONU-Mujeres jugó un papel importante en la convocatoria para la firma de un Memorando de Entendimiento entre la Asamblea Nacional y el sistema de las Naciones Unidas para incorporar la perspectiva de género y derechos humanos dentro de la reforma legal.

Haití: la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización (MINUSTAH), ONU-Mujeres y el PNUD, con el apoyo de USAID, ayudaron a establecer una oficina para la igualdad de género en el parlamento y llevar a cabo conversaciones que culminaron en un Plan de Acción para la promoción de la participación de las mujeres en las próximas elecciones.

Liberia: la misión de la ONU en ese país (UNMIL) apoyó a la organización no gubernamental WONGOSOL (Women NGO Secretariat of Liberia) en un proyecto para "allanar el campo a la participación de las mujeres en el Gobierno de Liberia'. El proyecto tuvo como objetivo el promover una perspectiva de género y gobernabilidad incluyente en Liberia, mediante la identificación de los obstáculos y desafíos que impiden la plena participación de las mujeres. En el 2015, ONU-Mujeres también llevó a cabo una misión en el país para apoyar a los actores nacionales (Comité de Revisión Constitucional, Ministerio de Género, Infancia y Protección Social, Organizaciones de la Sociedad Civil y la Unión de las Mujeres para la Revision Costitucional de los Equipos de Trabajo) en el proceso de revisión constitucional. Los resultados de la misión incluyeron la presentación de las disposiciones constitucionales de igualdad de género, relacionadas con los derechos de las mujeres y los niños; la paridad en la representación en las asambleas nacionales y locales; el desarrollo de una hoja de ruta acordada con los socios; y el fortalecimiento de capacidades de los representantes de los medios de comunicación para una cobertura con perspectiva de género.

Malawi: Siguiendo el apoyo electoral del programa en el 2014, una red de destacadas mujeres, formada por ciudadanas jubiladas, profesionales y líderes religiosas, fue establecida para apoyar la participación política de las mujeres en Malawi. La red ayudó a promover la prevención de conflictos y a difundir la campaña "HeforShe" de ONU-Mujeres que tiene por objetivo que los líderes políticos rindan cuentas siguiendo los acuerdos de igualdad de género incluidos en los manifiestos de sus respectivos partidos. La red proporciona asesoramiento y orientación a las recientes mujeres electas y a las candidatas en preparación para las elecciones de 2019.

Marruecos: ONU-Mujeres continuó apoyando el cumplimiento de las disposiciones de igualdad de género establecidas en la Constitución de 2011, a través del desarrollo de la reforma jurídica con perspectiva de género, mecanismos de supervisión; y apoyo técnico al Grupo de Parlamentarios para la Igualdad. También representó y proporcionó experiencia local, de conformidad con el Convenio sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, en la revisión y armonización de proyectos de ley que se debaten en el Parlamento (entre otros, el de Elecciones Municipales y Regionales y la Lucha contra la Discriminación).

Paraguay: ONU-Mujeres, en coordinación con el Centro de Documentación y Estudios y la ONG Decidamos, convocó un Diálogo Nacional que se desarrolló de junio hasta octubre de 2014, y en el que promovió la creación de instituciones políticas inclusivas y el establecimiento de un grupo de trabajo para la igualdad democrática con representación de mujeres de partidos políticos , organizaciones de mujeres y Redes de Mujeres Municipales. El grupo de trabajo elaboró un proyecto de ley sobre la igualdad democrática. ONU-Mujeres está llevando este diálogo político a nivel municipal y apoyará la capacitación de las mujeres candidatas antes de las elecciones municipales.

Tanzania: ONU-Mujeres apoyó a la coalición de la mujer (compuesta por 50 Organizaciones de la Sociedad Civil), con representantes de diferentes afiliaciones políticas en todo el país. Esto dio como resultado un mayor apoyo a las demandas de igualdad de género en el proceso de revisión de la constitución. Del 13 al 17 de abril de 2015, más de 400 mujeres se reunieron en Dodoma, sede de la Asamblea Constituyente, para exigir la aprobación de los 12 temas sobre género acordados en el segundo proyecto de constitución. Logrando una representación de 50/50, el Cónclave de Mujeres en la Asamblea Constituyente, ha sido elogiado como la coalición más organizada.

En el Mantenimiento de la paz: Como resultado de los esfuerzos para integrar la dimensión de género en los procesos electorales y para garantizar la seguridad de votantes y candidatas se ha producido un aumento de la participación de las mujeres como votantes y como candidatas en las elecciones.

Como parte de los eventos para conmemorar el aniversario de la Resolución 1325 sobre Mujer, Paz y Seguridad (2010), el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, ONU-Mujeres, el Departamento de Asuntos Políticos y el PNUD convocaron unas Jornadas de Puertas Abiertas que permitieron a las mujeres de la República Democrática del Congo, Nepal, Afganistán, Liberia, Guinea Bissau, Kosovo y Somalia, entre otros países, poder hablar con los dirigentes de las misiones y del gobierno. Las mujeres expresaron colectivamente sus preocupaciones sobre los desafíos a la participación política, social y económica de las mujeres y presentaron sus puntos de vista sobre el impacto de la construcción de la paz y la reconstrucción de sus vidas. Uno de los resultados de las Jornadas de Puertas Abiertas fue el llamado mundial para incrementar el empoderamiento político de las mujeres y su participación en todos los niveles de toma de decisiones.

http://www.un.org/es/globalissues/democracy/women.shtml

25 de mayo de 2016

Mujeres migrantes en la actualidad. Pobreza real, discriminación de género.




En la actualidad, el tres por ciento de la población mundial vive fuera de las fronteras donde nació.En la década de 1950, el cuarenta y siete por ciento de la población que salía de sus fronteras era femenina; hoy las mujeres representan el cincuenta y tres por ciento del total de migrantes en Europa, el cuarenta y seis por ciento en los países pobres, y el cincuenta y un por ciento en el este y sureste asiático y los países petroleros. Es un hecho que el número de las mujeres va aumentando en mayor proporción que el de los hombres en los procesos migratorios internos, regionales e internacionales.
Mujeres, migración y nuevo orden económico global:

Las mujeres emigran para escapar de desastres naturales y ecológicos, de las guerras, de la represión política, la discriminación de género,[3] la necesidad de reencontrarse con sus hombres –incapacitados para regresar a sus países de origen por el endurecimiento de las políticas migratorias- y la violación de sus derechos humanos. Algunas mujeres se ven forzadas a emigrar a causa de los traficantes de personas. El tráfico de mujeres para la prostitución constituye un crimen específico, que reúne características económicas, culturales e ideológicas adscritas al lugar que el cuerpo femenino ocupa en el universo de valores y prácticas de una determinada cultura.

    Las mujeres que emigran por motivos económicos crecen numéricamente, y contribuyen al bienestar de sus comunidades de origen y a la producción de bienestar en  las sociedades de llegada.

    Es imposible analizar las causas, las condiciones y las consecuencias de la migración de las mujeres, sin tomar en consideración algunos puntos fundamentales de las relaciones capitalistas en la actual época de globalización económica; entre ellos que:

–          El nuevo orden económico fortalece la discriminación femenina y justifica la pérdida de fuerza del colectivo femenino y la pauperización de las mujeres

–          La violencia contra las mujeres es un instrumento de miedo y control social

–          La ciudadanización de las mujeres enfrenta los problemas de la discriminación en el acceso al poder en un momento de pérdida de referentes políticos y de apatía social

–          La globalización impulsa la crisis del feminismo internacional porque desplaza las relaciones patriarcales del ámbito familiar y cultural al ámbito del trabajo, y porque separa a las mujeres entre sí impidiéndoles reflexionar juntas sobre su situación política.

Los proyectos del capitalismo contemporáneo apuntan al fortalecimiento de las posiciones políticas de los sectores financieros de los países militar e ideológicamente dominantes. Políticas a-sociales y a-morales -según los planteamientos de un nuevo liberalismo que ya no necesita ser ni laico ni defensor de las garantías de las y los individuos-[4] que pueden manifestarse liberales en el desmantelamiento del estado-controlador de las políticas de bienestar y redistribución de la riqueza, y conservadoras en términos religiosos y familiares.
Mujeres y migración en la actualidad
La acción de migrar, de trasladarse de un lugar a otro sobre la tierra, es tan remota como la humanidad misma; puede decirse que es la única actividad que el ser humano ha desempeñado siempre. Es anterior a la fabricación de los primeros instrumentos e indumentaria; a la domesticación del fuego; y cientos de miles de años más antigua que la agricultura, la construcción de aldeas, la política y, más reciente y terrible por sus efectos, la actividad guerrera (madre de la esclavitud y la sumisión de las mujeres).
La migración ha sobrevivido a la sedentarización forzada de las poblaciones sometidas en Europa y China (feudalismo, agricultura de aldea) y de las autóctonas americana y australiana, y ha adquirido varios nombres a lo largo de los cinco mil años de historia escrita: peregrinaciones, comercio, expediciones de exploración, guerras de conquista, nomadismo, colonización, etcétera. La invasión de América fue, de hecho, una migración europea agresiva.
La migración siempre está ligada a la búsqueda de un mayor bienestar humano, pero sus modalidades y formas cambian en el tiempo.
Desde finales de la segunda Guerra Mundial, ligada a la industrialización, a la polarización de la economía, a los efectos de la Guerra Fría -con sus corolarios de control poscolonial en Asia y África y de control estadounidense sobre las naciones americanas-, la riqueza se ha concentrado en los países manufactureros del norte en lugar que en los países productores de materias primas. Las economías europeas, japonesa, canadiense, estadounidense y australiana se convirtieron en productoras de objetos de consumo y de bienestar, incrementando hasta la década de 1990 también las garantías y derechos en y al trabajo, a la educación y a la salud de los habitantes de esas regiones. Mientras, el resto del mundo conoció, en cuarenta y cinco años, aproximadamente veinte minutos de paz.
Las guerras de la segunda mitad del siglo XX, provocaron que millones de personas buscaran refugio fuera de sus fronteras nacionales. Las mujeres y los niños en África representaron el ochenta y cinco por ciento de los refugiados, en Asia el sesenta por ciento, en América Latina el setenta por ciento. Las mujeres afrontaron una protección legal insuficiente, una profunda inseguridad física, dificultades para la reunificación familiar y una discriminación constante en la obtención de servicios de salud, alimentación suficiente, educación y trabajo. La violencia física sufrida por las mujeres en las áreas fronterizas, durante las agotadoras marchas, en las rutas de fuga y en los campos ha sido denunciada repetidas veces.
En la década de 1980, en el golfo de Tailandia, el seis por ciento de las mujeres que buscaban refugiarse fueron violadas por piratas, miles fueron retenidas como esclavas, otras fueron asesinadas. Ya en los campamentos, los abusos se multiplicaron, esta vez por parte de funcionarios y compañeros, asumiendo la modalidad de demanda de favores sexuales a cambio de protección, comida, asilo y la posibilidad de mantener cerca a sus hijas/os. En África, en esa y en la década sucesiva, las patrullas de protección dispuestas en los campamentos para la protección de los refugiados fueron responsables de que el noventa por ciento de las niñas y mujeres sufriera violación o abusos sexuales diversos, entre ellos la prostitución forzada. En la actualidad, las guerras africanas no se han detenido y las invasiones estadounidenses en Afganistán y en Irak están generando nuevas situaciones de desplazamiento y búsqueda de asilo. La discriminación por sexo sigue siendo mayor que la relacionada con motivos de raza y religión, aun cuando las refugiadas logran llegar a países donde se asientan.
Desde 1991, después del colapso del modelo de economía estatal centralizada y del equilibrio militar entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de América, se ha manifestado una escalada de la violencia localizada en Bosnia, Ruanda, Burundi, a la vez que los derechos sociales y laborales obtenidos por los trabajadores en siglo y medio de luchas empezaron a sufrir graves retrocesos.
 La mayoría de estos reflujos están ligados a una nueva distribución mundial del trabajo, al ingreso forzado de las economías agrarias tradicionales al sistema capitalista, al desplazamiento de las industrias contaminantes y al uso masivo del desempleo como instrumento para quebrar las resistencias populares.
Los antiguos obreros hoy desempleados desconocen las habilidades para ser jardineros, agricultores, cocineros, amas de llave, limpiadores porque son saberes que se transmiten de generación en generación. Por ejemplo, los conocimientos agrícolas de la mayoría de la población mexicana que emigra a Estados Unidos[5] son los que la vuelven indispensables para la producción vitivinícola, de hortalizas y de cereales. El gasto en una educación para formar agricultores no es considerado funcional para el sistema productivo estadounidense que prefiere comprar a bajo precio una mano de obra capacitada en el país de origen. El sueldo que los campesinos asalariados reciben para su trabajo, a su vez, es tan bajo que no justifica una inversión en la preparación de mano de obra especializada.
Las mujeres migrantes económicas se insertan laboralmente en todo el arco de trabajos que las poblaciones de los países industrializados no están preparadas para efectuar. Se trata de sembradoras, pizcadoras, empacadoras, separadoras de semilla, etcétera. A la vez, aportan habilidades y saberes considerados en los países expulsores “propios” de su sexo, y que por lo tanto no son valorados como conocimientos, sino como algo inherente a su condición femenina, casi “natural”.[6]
Por lo general, las migrantes son personas capaces de brindar cuidados infantiles y de atender a las y los ancianos, de efectuar todas las tareas de limpieza, de cocinar, de coser, de manufacturar bienes de uso inmediato. Desde hace menos de medio siglo, los estudios económicos feministas han subrayado el valor productivo, de lo que se ha dado en llamar la reposición de la mano de obra; esto es, de las tareas “propias” de la condición femenina de género: lavar, planchar, cocinar, atender en el ámbito doméstico a los hombres explotados en el puesto de trabajo público para que puedan seguir produciendo plusvalía el día siguiente.
Estas labores subvaloradas son los trabajos que en la actualidad desempeñan las mujeres que de forma autónoma dejan sus lugares de origen para integrarse a la fuerza laboral de los países receptores.[7]  Las migrantes están más expuestas que los hombres al trabajo forzado, a la explotación sexual, a la prostitución forzada y a otras formas de violencia, y tienen más probabilidades de aceptar precarias condiciones de trabajo, y con salarios más bajos, muchas veces por debajo del mínimo legal. Generalmente, están expuestas a graves peligros de salud, sobre todo en las fábricas de maquila y otros trabajos pesados o insalubres y carecen de información y derechos para prevenir y curar las infecciones transmisibles sexualmente.
Apesar de que cada día se hace más evidente que la migración tiene características diversas según el sexo de los migrantes, la mayoría de las políticas y reglamentos migratorios no las consideran. Los países expulsores y receptores no se preocupan por determinar las medidas y los mecanismos necesarios para proteger los derechos humanos y la dignidad de las trabajadoras migrantes y para erradicar el tráfico de mujeres y niñas.
Éstas tienen mayores tasas de desempleo que las mujeres nativas, ganan salarios inferiores que los migrantes hombres, el dieciocho por ciento vive por debajo de la línea de pobreza y el treinta y uno por ciento de los hogares que encabezan son pobres; sin embargo, envían remesas que contribuyen al sostén de sus zonas de origen, porque tienden a ser bien administradas.[9] Intervienen en ello algunos factores culturales, tales como la autodesvalorización aprendida: las mujeres se sienten obligadas con sus familiares en cuanto han sido educadas al servicio, a reprimir sus necesidades y placeres, a negar su valor social si no está relacionado con el bienestar de los progenitores, descendencia, maridos y, en sentido más amplio, los miembros varones de su comunidad.

Aprovechamiento del trabajo de las mujeres y migración:

Los factores de inferiorización de las mujeres, en las culturas tradicionales, conviven con elementos de alta valoración. Las mujeres son símbolos de permanencia, de estabilidad, de continuidad. Estos aspectos positivos son los que el capital niega en su práctica de explotación, para que sus trabajos pertenezcan a una especie de “gueto” salarial. No es un secreto para nadie que los trabajos considerados femeninos, aunque desempeñados por un hombre, son los peor remunerados. La docencia -relacionada con el trabajo de la educación de las madres-, la enfermería -ligada a la tradición de cuidados de enfermos desempeñada por siglos por las mujeres al interior de las familias-, las labores de limpieza -inherentes a las tareas domésticas-, y los trabajos de secretaría -propios a una función de sostén- son pagados menos que otros trabajos que contienen el mismo riesgo, preparación y especialización considerados masculinos.[10]

    Asimismo, es un hecho que cuando las mujeres acceden a la educación superior y se insertan en el mundo laboral masculino, abaratan el valor del trabajo. En este sentido, las mujeres como trabajadoras son tratadas todas como los trabajadores migrantes: médicas, ingenieras, economistas, investigadoras, necesarias pero mal toleradas, que se quedan al fondo de la escala salarial e incrementan el ejército laboral de reserva. Este es un factor fundamental, que se agrega a la disparidad de acceso a la propiedad y al poder político, de la así llamada feminización de la pobreza.
Feminización de la pobreza y miedo:

Mediante el control de la distribución de la riqueza con base en la división social de los sexos, el capital manipula la vida material de las mujeres. Esta intervención implica la defenestración de las características positivas de la cultura y la espiritualidad, históricamente asentadas, de las poblaciones femeninas de todo el mundo; y la imposición del miedo como condición de vida permanente para las mujeres.
Para que el miedo se convierta en una condición de vida de las mujeres, la relación capitalista utiliza todos los medios a su disposición:

1. Presenta de manera atemorizante, en los sistemas de comunicación a su servicio, las estructuras pre-liberales que fijan diferencias absolutas entre las personas con base en su sexo (y que todavía existen en algunos países regidos por sistemas que pueden fácilmente convertirse en fundamentalistas: Israel, los gobiernos que se sostienen en la aplicación de la ley islámica, el Vaticano, cualquier país que manipule sus creencias religiosas).

2. Promueve las amenazas a la integridad física de las mujeres en los países donde las reglas morales y religiosas se han reblandecido y la ley se aplica discrecionalmente, para que el asesinato sistemático de mujeres, sus violaciones y la violencia contra ellas no sean castigadas puntualmente (México, Guatemala, Albania, India, Pakistán, etcéteras).

3. Amalgama actos ilegales/legales que se cometen en los intersticios del sistema liberal, utilizando la debilidad de las mujeres en su proceso de ciudadanización; así impulsa:

– la prostitución forzada de inmigrantes privadas de sus documentos y derechos por deudas contraídas en el país de origen,

– el chantaje que involucra a los familiares que han quedado en el país de origen para lograr la sumisión de las migrantes,

– la violencia doméstica,

– la violencia en la calle,

– el acoso sexual en la escuela, el trabajo, las instancias gubernamentales y de impartición de la justicia,

– la amenaza de ser separadas de sus hija/os por no poderlos mantener adecuadamente,

– la culpabilización por la propia pobreza.

Con estos actos de imposición del miedo para justificar el control, sustituye a la figura paterna o marital en el encierro de las mujeres. Su juego perverso de protección formal acompañada de amenaza de castigo, tiene la capacidad de convencerlas de la necesidad de un sistema de seguridad diseñado desde la relación capitalista de uso de las personas.

Los efectos de la globalización:

El control de los sujetos femeninos es parte de la dinámica de explotación capitalista que hoy ha adquirido tinte de globalización; es decir, de expansión mundial del modelo de fabricación de sujetos cuyas identidades son determinadas por la producción de una plusvalía que no se distribuye ni entre las clases ni entre las naciones, sino se concentra.

    La globalización involucra a todas las regiones del mundo (su gente y su naturaleza) para que sean explotadas por un número siempre menor de personas de los países económicamente dominantes, en particular los Estados Unidos.[11]

    La identificación socio-histórica inducida por el sistema capitalista global refuerza la superioridad de lo masculino dominante, a través de una ciencia unívoca al servicio de la explotación de la naturaleza, de la idea de una única vía de progreso y de la asimilación de las mujeres a la vida y los valores masculinos.

    La forma global del capitalismo no puede afianzarse como relación de poder absoluto si no conforma patrones globalizados de conducta, de obligada aceptación, que actúan sobre los niveles simbólicos, culturales y espirituales de las mujeres y los hombres del mundo.

   Las reglas de comportamiento asignadas a los sexos en la cultura euronorteamericana, que reproducen las relaciones de dominación capitalistas, asignan a los hombres la supremacía en el espacio público y en la producción visible, y reservan a las mujeres el ámbito privado y la reproducción invisible de la fuerza de trabajo en el hogar.

    Estas reglas, aunque en crisis por los doscientos años de lucha feminista, son impuestas en África, Asia y en las comunidades autóctonas americanas y australianas para homogeneizar las ideas de mujer y hombre, de naturaleza y sociedad, de trabajo y espíritu en todos los países tocados por el sistema económico capitalista. La vida social se empobrece, el nexo con la tierra se debilita, lo sagrado pierde su centralidad, y con ello se alientan los conflictos interétnicos, el feminicidio, la intolerancia religiosa, el abandono de las formas tradicionales de agricultura y de cuidado del agua, la tierra y los alimentos. En otras palabras, se asientan las bases para una migración masiva de mujeres y hombres en busca de mejores condiciones de vida, definidas desde el sistema capitalista mismo.

   La pauperización de las mayorías ha sido construida para transferir de los países industrializados a los países agrícolas una parte significativa de la producción industrial destinada a la reproducción de la fuerza de trabajo metropolitana (maquila); a la vez que empuja a las poblaciones de Asia, África y América Latina hacia los países más ricos de su continente (o de otro) con la esperanza de mejores salarios, derechos laborales, aparente igualdad entre mujeres y hombres, libertad sexual, oportunidades de educación y de acceso a la salud.

    Los desplazamientos de la población se han vuelto cada vez más peligrosos debido a que el cuarenta por ciento de los países del mundo decidió poner freno a la migración irregular.[12] En la frontera méxico-estadounidense mueren aproximadamente cuatrocientos personas cada año por deshidratación y cansancio; a la vez, México es presionado mediante la aplicación de un mayor rigor y violencia contra su población migrante si no se compromete en frenar la migración centro y suramericana en su territorio. Turquía es presionada de la misma forma para lograr su ingreso a la Unión Europea. Las y los trabajadores centroasiáticos son así maltratados, detenidas, encarcelados, violadas, desaparecidos en el territorio turco. El mar Mediterráneo, así como el golfo de Tailandia, los golfos de Indochina, la costa de Bangladesh, se han vuelto espacios de una nueva forma de piratería: la que ejercen los explotadores de las necesidades de transporte de la población que se mueve de forma no legalizada. La muerte innecesaria y racista propiciada por las políticas de los países receptores mancha las otrora bellas costas italianas, españolas y, en menor medida, griegas y croatas.

 El doble movimiento de maquilización (concentración de la población en zonas organizadas para el ensamblaje) y de migración parece integrar a las mujeres en el mundo de la economía como reproductoras de la relación capitalista de trabajo y como productoras de bienes manufacturados para el uso de los sectores que concentran la riqueza. Desaparecen así sus diferencias positivas, sus redes de solidaridad y el papel específico que jugaban en la vida social y espiritual de sus pueblos. En el movimiento feminista, que es internacional e internacionalista, estos procesos abren una crisis cuyo desenlace decidirá si el feminismo sigue siendo un proyecto de liberación de las mujeres, o si ha sido reciclado por el capitalismo como un instrumento para la racionalización de la política global, útil para consolidar, sobre la base de nuevas diferencias económicas y políticas, los mecanismos de la explotación y pauperización femenina.

    Globalización y conservadurismo son un binomio que se conjuga de manera moralizante y no ética, fundamentalista y no religiosa, puesto que niega tanto la elección de la forma de vida como la experiencia espiritual de las personas.

    Abaratar la mano de obra sindicalizada y defensora de sus derechos con la atracción de trabajadores, sin el título de “legales”, de países pauperizados mediante la imposición del libre mercado en dispares condiciones de competencia, es sin lugar a duda un hecho antiético. Antiético e indispensable para el sistema capitalista en su momento de expansión acelerada sobre el mundo. Abaratar aun más la mano de obra mediante la atracción de mujeres al mismo país que con anterioridad recibía hombres migrantes, es igualmente antiético, y se sostiene sobre la idea conservadora que las mujeres deben ganar menos porque valen menos y, además, cuanto menos ganen más obedientes serán porque ellas son las responsables últimas de sus núcleos familiares.

    En la actualidad, el sistema abarata el trabajo con los migrantes a los que niega la legitimidad en el trabajo (legitimidad que les conferiría derechos); y abarata el muy barato trabajo masculino con la mano de obra de mujeres que tacha de abandonadoras de sus funciones tradicionales de madres, hijas, esposas, acusándolas de la descomposición familiar, el abandono escolar, la drogadicción temprana y los embarazos adolescentes. El discurso conservador del liberalismo económico lo mezcla todo.

    El uso que el liberalismo clásico hacía de la separación del ámbito del ciudadano público y el de la vida privada, para encerrar en ésta lo no reglamentado por el estado, llevó en la década de 1960 al movimiento de liberación de las mujeres a plantear que lo privado –eso es, el espacio de la privación, del desposeimiento, de la importancia de lo público masculino para el control de las mujeres al interior de la familia- era un asunto político. Hoy en día el sistema capitalista ha vuelto a confundir los ámbitos del trabajo con los del conflicto familiar al convertir en una cuestión privada (la esposa le quita el trabajo al esposo y con su salario no logra mantener a sus hijos) sus constructos: el desempleo, la feminización de la pobreza y la migración masiva.

    Además la responsabilidad del abaratamiento del valor del trabajo recae sobre las mujeres y no sobre el capital, favoreciendo actitudes de resentimiento en el colectivo masculino que desembocan en una específica violencia de género. No es casual que sea en las zonas maquileras donde el feminicidio se manifiesta con mayor frecuencia. De hecho, la feminización de la pobreza juega un rol crucial en ello. Porque no son dueñas de sus tierras ni consiguen trabajo en sus lugares de origen, las mujeres migran hacia las zonas de ensamblaje donde, en condiciones de necesidad inmediata, aceptan (se les ofrece) un sueldo que las retiene en la miseria, porque no les permite nunca ahorrar para el regreso.

    Las maquilas se irguieron sobre la tradicional mal paga de los “guetos” laborales femeninos para organizar sus ganancias con base en un sistema de salarios miserables para las mujeres, que fueron las primeras que emplearon. Ahora que los hombres ingresan al trabajo de ensamblaje, éste ya es muy barato. La finalidad del Plan Puebla-Panamá -esa ruta inexistente que se viene construyendo desde hace veinte años con el ingreso de México al libre comercio- es la “maquilización” de Centroamérica. Ésta tendría unos terribles efectos de consolidación del capital expansivo: a) terminaría de colonizar a los pueblos indígenas porque su territorio –su tierra, sagrada, madre- es para la privatización; b) anclaría a las mujeres y los hombres a la maquila como única fuente de trabajo, lo que implicaría una nueva sedentarización forzada; c) fomentaría la violencia (falsamente privada) contra las mujeres que perderían su valor sagrado ligado a la producción de la madre tierra sin adquirir los derechos de ciudadanía que los trabajadores desde la pobreza no pueden reivindicar.[13]
También a nivel de la migración internacional, el capitalismo expansivo adquiere la forma moderna de la tradicional opresión de lo público masculino sobre lo privado femenino. Todo el trabajo que las mujeres en su lugar de origen se ven obligadas a hacer gratuitamente al interior de sus familias, ya sea relacionado con la existencia o la subsistencia humana, es llamado reproductivo, en oposición con las actividades productivas, aun cuando se efectúa de manera remunerada en el país receptor. Reproducir connota repetición y procreación que, en términos patriarcales, son características indispensables pero no valoradas del trabajo, porque, supuestamente, no generan ganancia económica alguna. Cuando el capital expansivo afirma que los servicios son labores reproductivas, a la vez que envía a las migrantes hacia ese tipo de trabajo exclusivamente, les da por supuesto un valor muy bajo en la escala salarial. Utilizar el término reproductivo, cargado de significados y símbolos de lo femenino materno, para definir a los trabajos peor pagados sirve para naturalizar su necesidad concreta y ocultar, una vez más, que el trabajo de las mujeres asegura gran parte de la acumulación de capital.

https://francescagargallo.wordpress.com/ensayos/feminismo/feminismo-y-mujeres/mujeres-migrantes-en-la-actualidad/

23 de mayo de 2016

Que es la eugenesia



La eugenesia ha tenido varios significados a lo largo de su historia. Sin embargo nosotros vamos a tratar el tema por el que actualmente la palabra es conocida. Lo mismo no te suena nada, pero tiene que ver con algo de la Alemania nazi. ¿Te invade la curiosidad? Vamos a conocer los intrincados de la eugenesia.
¿Qué es exactamente la eugenesia?
La eugenesia es un tipo de filosofía social en el que se defiende la postura de luchar por una mejora de los rasgos hereditarios del ser humano. Tiene sus orígenes en el siglo XIX y os sorprendería conocer los países que lo practicaron, a parte de la Alemania nazi, que a todos nos viene a la cabeza. El objetivo de este movimiento era crear ciudadanos más sanos, más fuertes y más inteligentes.
Como curiosidad deciros que la eugenesia ha existido desde la época de Platón (incluso en la película 300 se puede ver como se “desechan” los niños recién nacidos que no reúnen las cualidades de un guerrero espartano), y que perdió fuerza y se empezó a cuestionar en 1930, pocos años antes de que el movimiento nazi la retomara con mucho más interés, como seguramente conoceréis.
La teoría de Galton
Galton llegó a la conclusión de que los mecanismos de la selección natural Darwiniana se estaban viniendo abajo con la civilización humana, por el hecho de que la sociedad tiende a proteger a los débiles y enfermos, al contrario del resto de animales (si te persigue un león y yo corro más que tu porque soy más fuerte, tú serás la víctima). De esta forma, según Dalton, la sociedad fomentaba la pérdida de las cualidades géneticas favorables (disgenesia), donde los más tontos tenían más hijos que los más inteligentes.

La eugenesia en Estados Unidos

La eugenesia ha tenido un gran peso en la cultura e historia americana. En Estados Unidos, incluso mucho antes de que apareciesen los casos de la Alemania nazi se llevaron a cabo programas para la mejora de las características genéticas en las poblaciones humanas. Esto se hacía a través de la cría o bien con una esterilización selectiva.
El movimiento eugenésico estadounidense fue movilizado por Francis Galton, en 1880, en donde asumía que por su posición social británica tenía una configuración genética superior a cualquier otro. Esta creencia de ser superiores genéticamente a otros les llevó a apoyar los programas de esterilización forzada para pobres, discapacitados o personas inmorales.
A pesar de esta idea, recibió mucho apoyo financiero y se fueron formando nuevas asociaciones que apoyaban la eugenesia. En los años 20 realizaron un estudio sobre árboles genealógicos y llegaron a la conclusión de que los “no aptos” pertenecían a clases sociales bajas y económicas bajas.
De forma increíble, este movimiento tuvo aún más fuerza en los siguientes años debido a que muchas personalidades respetables apoyaban la teoría, incluso a más de uno se le pasaba por la cabeza la idea del exterminio. Por suerte la eugenesia también tuvo muchos detractores en la comunidad científica (como la de Thomas Hunt Morgan), sobre todo por la cruda metodología que establecían los eugenesistas y porque caracterizaban todas las características humanas como hereditarias.
La historiadora estadounidense Alexandra Minna Stern ha descubierto criterios racistas en las 20.000 esterilizaciones llevadas a cabo en California entre 1909 y 1979 en psiquiátricos y “casas para débiles mentales”

La eugenesia Nazi

Unos años más tarde de todo el movimiento de la eugenesia en Estados Unidos, en Alemania ya crecía con fuerza el nazismo, abogando por una forma mucho más terrible y brutal de eugenesia. Ellos lo denominaban como “vida indigna de ser vida” (Lebensunwertes Leben, y en los que se incluían ladrones y delicuentes, enfermos mentales, discapacitados físicos, pedófilos, disidentes políticos, homosexuales, perezosos, débiles, etc.
Esta práctica tenía antecedentes por toda Europa, y los programas de “selección genética” se llevaron a cabo bastantes años antes. Durante la primera mitad del siglo XX se llevaron a cabo programas de esterilización masiva de gente considerada como enfermos hereditarios en Reino Unido, Noruega, Francia, Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia y Suiza. Incluso en Alemania, en 1880, mucho antes del movimiento nazi, ya había legislaciones sobre en favor de la eugenesia, donde fueron eliminados innumerables enfermos.
En cuanto a la Alemania nazi, se estableció un programa de higiene racial, como las Leyes de Núremberg, adoptada el 15 de septiembre de 1935, en el que se restringían los matrimonios entre gente de “clase alta” y gente de “clase inferior”. También existió un programa de esterilización forzada , el programa Lebensborn (cuyo objetivo era expandir la raza aria donde se financiaba a las madres que tuviesen hijos arios), el programa Aktion T4 (un programa médico de eutanasia), etc.
Como resultado de dota este movimiento racista 400.000 personas fueron esterilizadas (en contra de su voluntad por supuesto) y 275.000 personas fueron asesinadas con el programa Aktion T4, por no hablar del macabro exterminio de los campos de concentración, en el que perecieron 6.000.000 de personas.

La eugenesia en la actualidad

Bueno, ya se tienda a no llamarse eugenesia, si no programas de mejora genética, debido al triste pasado que rodea a esa palabra. Actualmente se están haciendo algunas cosas relacionadas con este principio. Por ejemplo en 1994 en China, se aprobó una ley donde se incluye una exploración premarital para averiguar enfermedades genéticas de naturaleza grave. En caso desfavorable, se le obliga a no casarse, a tomar medidas anticonceptivas o a someterse a la esterilización.

http://www.lamarea.com/2013/06/18/eeuu-esterilizo-a-mujeres-latinas-a-tasas-desproporcionadamente-altas/
http://www.lavidacotidiana.es/la-historia-de-la-eugenesia/

12 de mayo de 2016

En Jordania, un programa de aprendizaje permite escapar del trabajo infantil.



Un programa de aprendizaje para los jóvenes, lanzado por la Organización Internacional del Trabajo y la Fundación Internacional de la Juventud, avanza en la lucha contra el trabajo infantil en Jordania.
Moutasem Yaghi tenía sólo 14 años cuando abandonó la escuela. Sin calificaciones ni competencias, comenzó a vender verduras con su hermano en las calles de Amman, la capital de Jordania.
“Abandoné la escuela porque no tenía interés en estudiar. Así que comencé a trabajar con mi hermano, gastaba lo que ganaba en cigarrillos”, dijo. “Lo hacía para mantenerme ocupado, no tenía una profesión.”
El trabajo peligroso – como el comercio ambulante, la recolección de basura, la agricultura, la reparación de automóviles y la fundición de hierro – es uno de los graves problemas que enfrentan los jóvenes en Jordania.
“En Jordania, el trabajo infantil es una gran preocupación. En los últimos años, se ha incrementado de manera significativa y pone en peligro la vida y el futuro de un número cada vez mayor de niños en riesgo”, señaló Insaf Nizam, asesora técnica principal de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo infantil en Jordania.
“Además es un factor que contribuye al desempleo juvenil, ya que los niños ocupan el lugar de los jóvenes al ofrecer una mano de obra barata y no reglamentada”, agregó Insaf Nizam.
Los niños que abandonan la escuela para trabajar difícilmente tienen la posibilidad de regresar a las aulas o de recibir cualquier otro tipo de educación. Pero gracias al programa de pasantías de la OIT, el cual está siendo implementado conjuntamente con la Fundación Internacional de la Juventud (FIJ), Moutasem, ahora de 16 años, es un aprendiz en una fábrica de chocolate, donde espera adquirir las competencias que en el futuro le ofrecerán buenas oportunidades de empleo.

Desarrollar competencias

El programa abarca a 160 jóvenes de ambos géneros que están expuestos al trabajo infantil o son vulnerables a la explotación porque realizan un trabajo no reglamentado. Las dos organizaciones instauraron el programa de aprendizaje en la capital Amman y en las ciudades Irbit, Zarqa, Ma’an y Tafileh, para ayudar a estos jóvenes a mejorar sus competencias y calificaciones y entrar en el mercado laboral.
Desde finales de 2015, los aprendices reciben formación teórica y práctica en el trabajo en oficios como corte y confección, mecánica, venta al por menor, procesamiento de alimentos y carpintería.
Con la ayuda de manuales de formación elaborados por la OIT y la FIJ, los participantes completaron las sesiones de formación teórica de un mes de duración.
“La formación incluye lo que se conoce como 'Pasaporte para el éxito', dirigida a impartir a los jóvenes las capacidades para tener éxito en el trabajo y en la vida”, declaró Alia Al Rawashdeh, Coordinador para el empleo en la FIJ.
“Estas competencias son frecuentemente el eslabón perdido entre los empleadores y los jóvenes que buscan trabajo, por esto es necesario dedicarles especial atención. Además, impartimos formación sobre seguridad y salud en el trabajo, que también es una herramienta de gran importancia para los aprendices”, agregó Al Rawashdeh.
Nida Al Masri, quien abandonó la escuela a 15 año para cuidar a su madre enferma, dijo que la formación teórica contribuyó a reforzar la confianza en sí misma: “Nos ayudó a afirmar nuestra personalidad y a comprender cómo tratar a los clientes y relacionarnos con nuestros empleadores.”
Después del período de formación, los participantes fueron colocados en 80 empresas locales, sobre todo pequeñas y medianas, y son seguidos por doce tutores que les imparten formación técnica básica.
Ahmad Akel (L), one of the mentors, discusses the progress of the programme with an apprentice and his employer. © ILO
“Debemos garantizar que los aprendices reciban formación práctica en la profesión para la cual fueron formados teóricamente y que ésta les guste”, dijo Ahmad Akel, uno de los tutores del programa.
“Si surge un conflicto entre el aprendiz y el empleador, tratamos de intervenir para resolverlo”, agregó.

Formación en el trabajo

La mayoría de los aprendices se adapta rápidamente a su nueva profesión gracias a la ayuda de sus tutores y empleadores. Para la mayoría de los empleadores, contar con jóvenes que poseen competencias esenciales y saben en qué consiste el trabajo ha sido de gran ayuda. Si bien el objetivo principal del programa es ayudar a los jóvenes vulnerables, también aspira a mejorar las pasantías de manera que sean más beneficiosas para los empleadores y las empresas.
“Estos jóvenes llegaron aquí con la idea de permanecer y trabajamos conjuntamente con ellos para ayudarlos a crecer y desarrollarse. Con el tiempo, se convertirán en trabajadores expertos en la fábrica”, declaró Majdi Koura, Jefe de servicios en la fábrica de chocolate Al Koura donde están empleados Moutasem y Nida.

Aliviar la pobreza

En la zona remota de Meshara en el Valle de Jordania, reina la pobreza y el desempleo – sobre todo entre los jóvenes – es alto. Pero el programa de aprendizaje ofrece esperanza a algunos jóvenes, mujeres y hombres, de la zona. Algunos participan en un curso de cocina, mientras que otros están empleados en tiendas de venta al por menor.
Tharwat Bsheri, de 20 años, trabaja en una cocina, donde ella y otras mujeres jóvenes preparan platos tradicionales, como vegetales y hojas de vid rellenos, para venderlos localmente.
“Después de la formación teórica y ahora que estamos completando la formación práctica, siento que estoy preparada para entrar en el mercado laboral”, declaró Tharwat Bsheri.

Un certificado en la mano

El 24 de abril 2016, los aprendices completaron el programa y recibieron sus certificados de la OIT y la FIJ. Hasta la fecha, seis de ellos siguen trabajando en las empresas donde hicieron la pasantía, mientras que 66 encontraron trabajo en otras empresas.
“El trabajo infantil y el desempleo juvenil están estrechamente vinculados y deben ser abordados conjuntamente encontrar soluciones más eficaces. Este programa introdujo un nuevo modelo para hacer frente al trabajo infantil e incrementar las oportunidades de trabajo decente para los jóvenes. Transformó una situación de trabajo infantil y explotación en una situación de aprendizaje y trabajo decente”, concluyó Insaf Nizam de la OIT.
“Con más fondos de los donantes y el compromiso del Gobierno para adoptar y replicar este modelo en todo el país, las sonrisas que vemos hoy en los rostros de estos 160 jóvenes pueden multiplicarse en los rostros de miles de otros jóvenes en Jordania.”
Esta iniciativa de formación forma parte del proyecto de la OIT “Moving Towards a Child Labour Free Jordan” (Hacia una Jordania sin trabajo infantil) financiado por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_479514/lang--es/index.htm

30 de abril de 2016

¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?



Desde el invisible, producto de la división sexual, hasta el desigual, producto de la discriminación y la consolidación de las lógicas de precariedad y ajuste empresarial, entender la variable trabajo para las mujeres precisa de algunos enfoques específicos. Las dobles y triples jornadas, el cuidado de niños, niñas y adultos mayores y la explotación en los trabajos profesionales suponen un desafío a la hora de entender las reivindicaciones laborales de los pueblos. ¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?
La semana post- Federici en Buenos Aires nos llenó de interrogantes pero a la vez de certezas. Entender a los feminismos como claves para explicar lo que el marxismo no nos dijo en relación a la división socio- sexual del trabajo es entender porqué, en la historia, el capitalismo reemplazó a los esclavos por las mujeres trabajadoras.
Durante esta semana, la trágica muerte de dos niños en un taller textil clandestino de Flores donde la mayoría de las personas esclavizadas son mujeres migrantes y el piquete de madres, niños y niñas en Lugano que el prime time televisivo del mediodía no se atrevió a cuestionar confirma que las y los políticos en campaña y los articulados gremiales que los acompañan se siguen olvidando que las mujeres somos sujetas de derechos y que la erradicación de las explotaciones y la mejora de las condiciones laborales y por ende, de vida en sociedades capitalistas, aun son pendientes a poner en discusión y resolución por quienes pretenden un cambio social.
Una reflexión necesaria, un enfoque diverso para un 1° de mayo que supone homenajes y consensos para la equidad laboral anhelada.
Porqué la existencia de dobles y triples jornadas invisibilizadas
Cuando actualmente se dicta y estudia a los teóricos del “pacto social” en las Universidades y en las carreras de Ciencia Política, leáse Hobbes, Locke, Rousseau, no llama la atención que nadie haya pegado el grito sobre la invisibilización que las ciencias sociales hace del avance de las teorías en las contemporáneas concepciones de las sociedades. Sin embargo, a medida que se va adentrando en la permanente incomodidad de los feminismos se accede al conocimiento de que, estratégicamente, éste también llegó a las academias para sostener que como “lo personal es político”, “el trabajo de la casa también es trabajo”.
Carole Pateman es una filósofa política británica, y la responsable de haber no sólo cuestionado las teorías modernas del contrato social –y creación de las sociedades liberales- sino también propuesto su variable con mirada género sensible: el contrato sexual. Pateman sostiene que la desigualdad entre los sexos (salarios más bajos, violencia de género, acoso sexual, comentarios sexistas, falta de reconocimiento social, etc.) es un producto de la especial reorganización patriarcal de la Modernidad; la división sexual del trabajo delimita para esta teórica dos ámbitos: el de las luces públicas, de los ciudadanos y trabajadores, y el de las sombras de lo privado y lo doméstico, de subordinación de las mujeres.
Al igual que el colonialismo, que supuso el entronque patriarcal o la alianza entre los varones españoles con los varones criollos y originarios de Nuestra América para sostener la dominación de un grupo subalterno: las mujeres; en la concepción de Pateman, las sociedades modernas son el resultado de un pacto entre varones libres e iguales que instituyen nuevas reglas sobre el uso y acceso al cuerpo de las mujeres.
La consolidación de una nueva forma de entender al ámbito público fue también la de un esquema de trabajo invisible y nada valorado para las mujeres. El ser esposas y madres no dejó lugar para el trabajo asalariado sino a fuerza de la existencia de dobles y triples jornadas que no hicieron más que extender la explotación para las mujeres. Ir al trabajo -en caso de tenerlo-, volver a las casas y seguir trabajando.
En Nuestra América, las cíclicas crisis socio-económicas hacen que las mujeres se incorporen al mercado laboral como medida extrema o en forma desigual. Muchas veces, si acceden a un contrato laboral, el salario asignado sigue siendo en promedio de un 30% menos en relación a los varones; ítem poco discutido en las reuniones sindicales o en las paritarias.

¿Quién se hace cargo de los cuidados?

El cuidado refiere a las actividades indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la existencia y reproducción de las personas, brindándoles los elementos físicos y simbólicos que les permiten vivir en sociedad. Son un conjunto de situaciones que impacta desigualmente según género y según sector social. Según género, porque son las mujeres quienes mayormente asumen la responsabilidad de resolver el tema del cuidado. Y según sector social, porque para las mujeres de sectores populares la disponibilidad de cuidado suele limitarse a las redes de parentesco*.
En el 80% de los hogares las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes y personas adultas mayores y/o con necesidades especiales siguen recayendo exclusivamente sobre las mujeres*. Esto determina que, si las mujeres en situación de hogares establecidos y con personas a su cuidado, desean trabajar sólo conciliarán trabajo y familia de forma parcial, en general cuando los niños o niñas están en las escuelas, lo que las limita no sólo en sus libertades sino también en el tiempo que dedican a sus trabajos o proyectos laborales y/o personales.
Poner en discusión esta problemática permitiría acercar soluciones en las instituciones, organizaciones, empresas y sindicatos, ya que en general, los recursos y la oferta pública para el cuidado de niños y niñas, algo que debería ser de relevancia social, son escasos, tanto a nivel público como privado. Sacar del ámbito familiar lo que responde a la naturalización de una incógnita de matriz social podría ser un paso más de equidad e igualdad de géneros y clases.
La explotación en el trabajo profesional: el periodismo como ejemplo

En ocasión del 8 de marzo, una red de Argentina, PAR, advirtió sobre la situación de las mujeres periodistas en el mercado laboral. “La precariedad en las relaciones contractuales y la consecuente inestabilidad laboral, sumado a las escasas o nulas fuentes de trabajo, trazan una descripción del panorama. Facturar para trabajar es una costumbre que se repite y son pocas las periodistas asalariadas que gozan de los beneficios del Convenio Colectivo de Trabajo y de otros beneficios contemplados legalmente”, sostuvo la Red desde un comunicado.
Advirtió además la existencia de una de las constantes a la hora de analizar el trabajo con enfoque de géneros, el techo de cristal. Sostuvo la red que, “mientras aumenta el número de mujeres que estudian en las carreras de comunicación e incluso trabajan en medios o en áreas de comunicación institucional (…) su presencia se reduce drásticamente en los niveles jerárquicos, reservados a los varones, quienes continúan siendo los dueños de las decisiones editoriales”.
Cabe señalar que, según una investigación realizada en el año 2010 por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas (IMFW por sus siglas en inglés), si bien las mujeres mejoraron su acceso a la dirección de los medios de comunicación en las últimas décadas, no superan el 30% a nivel mundial.
A la vez, sostuvo la Red que, desde muchos espacios se ensaya una reacción machista y conservadora donde los posicionamientos asumidos desde una “ética política feminista han incidido en profundizar la discriminación”; ya que “los avances producidos por el empoderamiento de las mujeres también han sido mirados con recelo dentro de las empresas, tanto en los órganos directivos como en las redacciones”.

¿Por qué marchan las mujeres un 1° de mayo?

“¿Qué sería del capitalismo sin las mujeres en la casa como incubadoras gratuitas de obreros? ¿Por qué su resistencia a reconocer las labores de cuidado y de reproducción cómo trabajo? ¿Cuántos de ustedes compañeros, estarían dispuestos a cocinar, lavar, planchar, parir, educar y cuidar eternamente sin un salario? ¿Acaso no es ésta una explotación similar a la del patrón contra los trabajadores y trabajadoras?” dice un manifiesto de feministas hondureñas que marchan organizadas junto a los asalariados de su país ante un 1° de mayo.
La importancia de reconocer a las mujeres como trabajadoras del pueblo –en las casas, en las calles, en los trabajos y en las camas- supone para todo el movimiento obrero, anarquista, socialista y de ideas revolucionarias el aceptar la amalgama no solo capitalista opresiva sino también la heteropatriarcal, neocolonialista y extractivista sobre nuestras naciones o sociedades. Quien considera que la opresión solo parte de los patrones, se quedará sin entender, a mitad de camino, el porqué del fracaso del andar de las emancipaciones.

Por Laura Salomé Canteros / Foto: Verónica Canino
http://www.marcha.org.ar/el-1-de-mayo-para-las-mujeres-entre-la-explotacion-y-lo-invisible/

26 de abril de 2016

Los liberales y la lucha por los derechos de las mujeres.



David Boaz afirma que "Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres".
Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres.
En el año oscuro de 1943, en las profundidades de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, cuando el gobierno más poderoso en la historia de EE.UU. se alió con un poder totalitario para derrotar a otro, tres notables mujeres publicaron libros que podría decirse que dieron luz al movimiento liberal moderno. Stephen Cox, biógrafo de Isabel Paterson, escribe que "las mujeres fueron más importantes en la creación del movimiento liberal de lo que fueron en la creación de cualquier movimiento político no centrado exclusivamente en los derechos de las mujeres".
Rose Wilder Lane, la hija de Laura Ingalls Wilder, que escribió La casa de la pradera y otras historias acerca del áspero individualismo estadounidense, publicó un apasionante ensayo histórico llamado El descubrimiento de la libertad. Isabel Paterson, crítica literaria y novelista, produjo El Dios de la Máquina, que defendía al individualismo como la fuente de progreso en el mundo. Y la más famosa, Ayn Rand, publicó El Manantial.
Estas mujeres eran todas muy diferentes. Difícilmente se podía ser más tradicionalmente estadounidense que Lane, siendo la hija de la exitosa cronista de la frontera estadounidense. Viajó por toda Europa como periodista después de la Primera Guerra Mundial y vivió durante largos periodos en Albania. Paterson también nació en una familia pobre de granjeros, aunque en Canadá. Llegó a Vancouver y luego a Nueva York, donde se convirtió en una importante columnista de periódicos. Ayn Rand nació en la Rusia zarista y llegó a EE.UU. después de la toma de poder por los comunistas, decidida a escribir novelas y guiones de cine en su lengua adoptiva.
Las tres mujeres se hicieron amigas, aunque estas tres resueltas individualistas finalmente se pelearon por diferencias religiosas y políticas. Sin embargo, para entonces, la tradición individualista en EE.UU. había resurgido, y un movimiento en ciernes estaba en marcha.
Paterson, Lane, y Rand no fueron, sin embargo, las primeras mujeres liberales en abogar por los derechos individuales.
La igualdad y el individualismo subyacentes en el surgimiento del capitalismo y el gobierno republicano en el siglo XVIII  llevaron naturalmente a que la gente empezara a preguntarse por los derechos de las mujeres y de los esclavos, especialmente de los esclavos afroamericanos en EE.UU. No es casualidad que el feminismo y el abolicionismo surgieron del fermento de la Revolución Industrial, la Revolución Estadounidense  y la Revolución Francesa. Del mismo modo en que una mejor comprensión de los derechos naturales se desarrolló durante la lucha estadounidense contra las injusticias puntuales sufridas por las colonias, la feminista y abolicionista Angelina Grimké señaló en una carta de 1837 a Catherine E. Beecher, "He encontrado que  la causa contra la esclavitud es la gran escuela de moral en nuestra tierra —aquella en la que los derechos humanos son plenamente investigados, y mejor comprendidos y enseñados, que en cualquier otra".
Mary Wollstonecraft (esposa de William Godwin y madre de Mary Wollstonecraft Shelley, la autora de Frankenstein) respondió al ensayo de Edmund Burke Reflexiones sobre la Revolución en Francia en su escrito Una vindicación de los derechos del hombre, en el que argumentó que "el derecho de nacimiento del hombre... es tal grado de libertad, civil y religiosa, como el que sea compatible con la libertad de cualquier otro individuo con el que está unido en un pacto social".
Apenas dos años después, en 1792, publicó Una vindicación de los derechos de la mujer, donde se preguntaba "si, cuando los hombres luchan en favor de su libertad... no sería inconsistente e injusto subyugar a la mujer?"
Las mujeres que participaron en el movimiento abolicionista estadounidense también tomaron la bandera feminista, fundamentando sus argumentos en ambos casos en la idea de la propiedad sobre uno mismo, el derecho fundamental de la propiedad en la propia persona. Angelina Grimké basó sus trabajos sobre el abolicionismo y los derechos de las mujeres, de forma explícita en el fundamento liberal de Locke: "Los seres humanos tienen derechos, porque son seres morales: los derechos de todos los hombres nacen de su naturaleza moral; y como todos los hombres tienen la misma naturaleza moral, todos tienen esencialmente los mismos derechos.... Si los derechos se basan en la naturaleza de nuestro ser moral, entonces la mera circunstancia del sexo no da al hombre derechos y responsabilidades superiores que a las mujeres". Su hermana, Sarah Grimké, también activista en favor de los derechos de los negros y de las mujeres, criticaba el principio legal anglo-americano por el cual una esposa no era responsable de un crimen cometido a través de las directivas de su marido o incluso en su presencia. En una carta a la Sociedad de Mujeres en contra de la Esclavitud de Boston escribió: "Sería difícil crear una ley mejor calculada para destruir la responsabilidad de la mujer como ser moral, o como un agente libre". En esas líneas, enfatizó el punto fundamental del  individualismo, que cada individuo debe, y sólo un individuo puede hacerlo, asumir la responsabilidad de sus acciones.
La Declaración de Sentimientos adoptada en la histórica Convención de Seneca Falls en 1848 conscientemente reflejó tanto la forma como el liberalismo de los derechos naturales Lockeanos de la Declaración de Independencia, ampliando sus reclamos de derechos, para declarar que "todos los hombres y mujeres son creados iguales", dotados de los derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El documento señala que a las mujeres se les niega la responsabilidad moral por su falta de capacidad legal y concluye que las mujeres han sido "privadas de sus derechos más sagrados" por "leyes injustas". Esa vertiente liberal clásica e individualista del pensamiento feminista continuó en el siglo XX, en la medida en que las feministas lucharon no sólo por el voto, sino también por la libertad sexual, el acceso al control de la natalidad, el derecho a la propiedad, y a celebrar contratos.
Dentro de las escritoras liberales feministas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentran Voltairine de Cleyre, Lillian Harman, y Suzanne LaFollette. Wendy McElroy compiló algunos de sus escritos en Libertad, individualismo y el Estado. Joan Kennedy Taylor desarrolló la idea en su libro de 1992, Reclaiming the Mainstream: Individualist Feminism Rediscovered (Recuperando la corriente dominante: el feminismo individualista redescubierto).
Un liberal debe necesariamente ser feminista, en el sentido de ser un defensor de la igualdad ante la ley para todos los hombres y mujeres, aunque por desgracia muchas feministas contemporáneas están lejos de ser liberales. El liberalismo es una filosofía política, no una guía completa para la vida. Un hombre y una mujer liberales pueden decidir tener un matrimonio tradicional en que el hombre trabaja y la mujer no, pero es parte de su acuerdo voluntario. La única cosa que nos dice el  liberalismo es que son iguales en el ámbito de la política y tienen pleno derecho a elegir el tipo de vida que prefieren.
En su libro Justicia de Género, David L. Kirp, Mark G. Yudof, y Marlene Strong Franks apoyaron este concepto liberal del feminismo: "No es ni la igualdad en el sentido de ser parecidos, ni la igualdad en la diversidad que comprende adecuadamente la cuestión, sino el concepto muy distinto de igual libertad ante la ley, enraizada en la idea de la autonomía individual".

http://www.elcato.org/los-liberales-y-la-lucha-por-los-derechos-de-las-mujeres