"las acciones son mucho mas sinceras que las palabras"..... ( Scuderi)
21 de marzo de 2018
Las mujeres siguen teniendo menos posibilidades que los hombres de participar en el mercado de trabajo en gran parte del mundo.
A pesar de notables progresos alcanzados durante los últimos 20 años, las cifras actualizadas de la OIT muestran que persisten las desigualdades entre mujeres y hombres en el acceso al mercado laboral y en las condiciones de trabajo.
Las mujeres tienen menos posibilidades que los hombres de participar en el mercado de trabajo en gran parte del mundo, según un nuevo estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado en víspera del Día Internacional de la Mujer (el 8 de marzo).
Según el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Avance global sobre las tendencias del empleo femenino 2018 , la tasa mundial de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo – de 48,5 por ciento en 2018 – sigue estando 26,5 puntos porcentuales por debajo de la tasa de los hombres. Además, la tasa de desempleo de las mujeres para 2018 – 6,0 por ciento – es alrededor de 0,8 puntos porcentuales más alta que la de los hombres. Estos datos indican que por cada diez hombres que trabajan, sólo seis mujeres están empleadas.
“A pesar de los progresos alcanzados y de los compromisos asumidos para avanzar más, las perspectivas de las mujeres en el mundo de trabajo aún distan mucho de ser iguales a las de los hombres,” declaró Deborah Greenfield, Directora General Adjunta de Políticas de la OIT.
“Ya sea que se trate del acceso al empleo, de la desigualdad salarial o de otras formas de discriminación, es necesario hacer más para revertir esta tendencia persistente e inaceptable, a través de la adopción de políticas dirigidas a las mujeres, tomando también en cuenta las exigencias desiguales que enfrentan en las responsabilidades de cuidado y trabajo en el hogar,” agregó.
Sin embargo, el informe revela grandes diferencias, según la riqueza de cada país.
Por ejemplo, la diferencia entre las tasas de desempleo de las mujeres y los hombres en los países desarrollados es relativamente baja. En Europa Oriental y América del Norte, las mujeres incluso registran tasas de desempleo inferiores a las de los hombres.
Por el contrario, en regiones como los Estados Árabes y África del Norte, las tasas de desempleo femenino siguen siendo dos veces más altas que las de los hombres, a causa de las normas sociales prevalecientes que siguen obstaculizando la participación de las mujeres en el empleo remunerado.
Otro ejemplo de estas diferencias es que la disparidad entre las tasas de participación de hombres y mujeres se está reduciendo en los países desarrollados y en desarrollo, mientras que sigue aumentando en los países emergentes. Sin embargo, esto puede reflejar el hecho del creciente número de mujeres que se incorporan a la educación formal, lo cual retrasa su ingreso al mercado de trabajo.
Con demasiada frecuencia en trabajos informales, no lo suficiente en cargos directivos.
El informe muestra además que las mujeres enfrentan importantes déficits en la calidad del empleo. Por ejemplo, en relación a los hombres, las mujeres siguen teniendo el doble de probabilidades de ser trabajadoras familiares no remuneradas. Esto significa que ellas contribuyen a la empresa familiar orientada al mercado, pero con frecuencia están sujetas a condiciones de empleo vulnerables, sin un contrato escrito, sin que se respetan las leyes del trabajo o los convenios colectivos.
Mientras que en los países emergentes la proporción de mujeres trabajadoras familiares no remuneradas ha disminuido en la última década, en los países en desarrollo sigue siendo alta, 42 por ciento del empleo femenino en 2018, frente a 20 por ciento del empleo masculino, sin señales de mejora para 2021.
Como resultado, las mujeres siguen estando sobrerrepresentadas en el empleo informal en los países en desarrollo.
Estas conclusiones confirman además estudios anteriores de la OIT que advirtieron de las grandes brechas de género en los salarios y la protección social.
En lo que se refiere a las mujeres que dirigen empresas, los autores constatan que a nivel mundial, cuatro veces más hombres que mujeres trabajan como empleadores en 2018. Este tipo de brecha de género también se refleja en los puestos de dirección, donde las mujeres siguen enfrentando obstáculos en el mercado de trabajo cuando se trata del acceso a cargos directivos.
“Los persistentes desafíos y obstáculos para las mujeres reducirán la posibilidad de las sociedades de abrir vías para el crecimiento económico con desarrollo social. La eliminación de las diferencias de género en el mundo de trabajo debería seguir siendo una prioridad absoluta si queremos alcanzar la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas de aquí a 2030,” precisó Damian Grimshaw, Director del Departamento de Investigación de la OIT.
http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_619550/lang--es/index.htm
20 de marzo de 2018
Diversas pero no dispersas.
Durante varios años nos preguntamos por qué éramos tan pocas en las marchas del 8 de marzo, y añorábamos aquella del 85 en la que se llenó 18 de Julio con mujeres que llegaban de todas partes. También hubo algunas por el orgullo gay, cuando se conmemoraba en junio, en que ni siquiera éramos suficientes para cortar media calle.
Como dice la antropóloga feminista Mari Luz Esteban, “el cuerpo es un nudo de estructura y acción, de experiencia y economía política”,1 y por ello todo avance feminista implica siempre una experiencia de los cuerpos, una acción de aparición performativa en el espacio público, como resistencia, como acción discursiva y afirmación de identidades políticas. Continuidades y/o rupturas, según desde dónde se enfoque el análisis, lo cierto es que los últimos dos años han mostrado cambios significativos en las formas de expresión de los feminismos.
La diversidad de éstos es cada vez más diversa y esa es, además, su mayor riqueza, porque expresa las múltiples formas, espacios, estrategias, desde donde los feminismos luchan por modificar las situaciones de exclusión y subordinación de las mujeres, intersectadas por condiciones étnico raciales, generacionales, sexuales, que crean desigualdad. Una diversidad que trae nuevas voces y presencias, forjadas desde otras experiencias y culturas, y que proponen múltiples categorías y epistemologías de conocimiento y acción, con enorme impacto en la teoría feminista.
En 2015 las plazas, las calles y las escuelas de Brasil (particularmente en Rio de Janeiro) se llenaron de voces feministas contra proyectos que pretendían restringir aun más el derecho a decidir de las mujeres sobre su capacidad reproductiva.
El abuso sexual de una joven por parte de un grupo de machos, que además grabó su “hazaña”, fue otro desencadenante de lo que comenzaron a llamar la “primavera de las mujeres”: una emergencia de rostros y voces que combinó el ciberactivismo con la presencia física en las calles. El hashtag “primer asedio” desbordó de testimonios y pronunciamientos contra el machismo cotidiano. Paralelamente, las organizaciones de mujeres negras construyeron durante más de un año la “Marcha de las mujeres contra el racismo, el machismo y por el buen vivir”, que confluyó en Brasilia el 25 de julio, fortaleciendo la presencia política de las mujeres afrodescendientes en el feminismo brasileño y el latinoamericano.
La movilización convocada para el 3 de junio de 2015 en Argentina, con la consigna “Ni una menos”, se extendió rápidamente a otras ciudades latinoamericanas, incluida Montevideo, y fue la antesala del Paro Internacional de Mujeres del último 8 de marzo.
Simultáneamente, y desde otros territorios, otras mujeres se convertían en símbolo de lucha y resistencia contra el extractivismo y las multinacionales, como Berta Cáceres –voz del pueblo lenca–, Máxima Acuña, en Perú, las mujeres indígenas de Guatemala, o las madres de desaparecidos en México.
MÚLTIPLES SENSIBILIDADES.
La diversidad de luchas fue acercando espacios que se habían mantenidos separados durante mucho tiempo, pluralizando las miradas y voces del feminismo latinoamericano y caribeño. Aquellas calles en las que unos años antes nos costaba reunir grandes mayorías, desbordaron con una nueva identidad colectiva de jóvenes y viejas, con voces, rostros y rabias diversas, y multiplicidad de consignas y demandas.
“Tocan a una tocan a todas”, expresa un colectivo que va mas allá del enfrentamiento a la violencia, es una afirmación de los cuerpos inviolables, de una identidad múltiple y diversa que subvierte el orden cultural establecido.
Sin embargo, como demuestra la práctica política feminista en diferentes países, sólo una mirada abierta y plural es capaz de hacer confluir las múltiples sensibilidades políticas que surgen de la subversión de los modelos hegemónicos. Y este es uno de los mayores desafíos y un nudo significativo para las subjetividades políticas de los feminismos: ¿podrán generarse los diálogos y las escuchas que hagan posible inaugurar un nuevo tiempo político en medio de la diversidad de sensibilidades, cuerpos y opresiones?
En el feminismo existen corrientes antagónicas que se basan en expulsar de la “casa” a quienes piensan y actúan diferente, y a veces esos debates adquieren una virulencia que pone en duda la posibilidad de expresar una nueva sensibilidad política.
Por el contrario, el desafío actual es reestructurar el campo del deseo, como propone Franco Berardi, y también el del poder. Si “las utopías de la modernidad se fundaron sobre la exaltación testosterónica de la juventud (…) nuestra fuerza ya no puede basarse en el ímpetu juvenil, la agresividad masculina, la batalla, la victoria o la apropiación violenta, sino en el gozo de la cooperación y el compartir. Reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales”.2
Para esta transformación se necesita desterrar las lógicas “fundacionales”, el vanguardismo y la apropiación de las subjetividades colectivas. La creación de un “nosotras” desde el “mejor y único feminismo” –así se proclame crítico, descolonial, poscolonial, o cualquier otra denominación–, mientras se base en la ausencia del diálogo y el debate político, será apenas la reproducción de viejas prácticas. Necesitamos desarrollar un pensamiento de frontera capaz de revisar conceptualmente las categorías y los mapas de ruta con los cuales hemos interpretado los problemas. Sospechar de las palabras para poder crear una pedagogía de la alteridad, que nos permita ver al otro/otra en su radical diferencia sin pretensión de asimilación y/o conquista. Necesitamos abrir el espacio a las interrogantes e incertidumbres pero confrontando opiniones que permitan que fluya la palabra colectiva combatiendo en nosotras mismas lo que aún queda de pensamiento hegemónico, colonialista, universalista. Parece una tarea sencilla, pero quienes llevan casi toda su vida embarcadas en procesos políticos, saben bien de sus dificultades y fracasos.
Reconocernos en nuestras diferencias, con nuestras historias y desigualdades, un punto de partida para alianzas, complicidades y potenciaciones. Los esfuerzos deberían estar dirigidos a desplegar espacios colectivos para re-inventar resistencias a la cultura capitalista en todas sus manifestaciones consumistas, individualistas, violentas, racistas, colonialistas, y patriarcales. Ello no implica desatender la crítica, o el cuestionamiento a las formas tradicionales de la política y la gestión estatal. Pero necesitamos desplegar una nueva imaginación crítica capaz de enfrentar al mismo tiempo los fundamentalismos religiosos, políticos y económicos, abriendo espacios a la creatividad y la imaginación transgresora: perturbar las disciplinas y la disciplina sin desentendernos de la acción política cotidiana.
NUEVAS DIMENSIONES POLÍTICAS.
Vivimos tiempos confusos, llenos de incertidumbre, que parecen evidenciar el cierre de una etapa histórica. Cien años de cambios vertiginosos, desde el capitalismo industrial a la revolución tecnológica y el neoliberalismo, en su expresión más voraz, alteran las dinámicas económicas, políticas, culturales, el imaginario social y la vida cotidiana. Se expresa hoy una crisis civilizatoria y un nuevo ciclo que, aunque despuntando, no termina de perfilarse.
Es, indudablemente, una crisis de la modernidad capitalista implantada como patrón civilizatorio desde hace más de 500 años en nuestra región. Expresa también una crisis epistémica, que impacta en los imaginarios y las prácticas de los actores y actoras sociales, y abre en el horizonte la posibilidad de apelar a la construcción de “otros mundos posibles”, como propuso desde sus inicios el Foro Social Mundial. O como propuso la revolución zapatista, “un mundo donde quepan muchos mundos”.
Necesitamos una mirada más integral sobre la autonomía de las mujeres, incorporando la autonomía reproductiva, la autonomía subjetiva y la inviolabilidad del cuerpo como entramados indisolubles. Carecemos de una apuesta política clara, pero, como dice la economista Amaia Pérez Orozco, “se trata de desprivatizar y desfeminizar la responsabilidad de sostener la vida; que ésta pase a ser el eje sobre el que pivotee una economía distinta. Por eso, aunque aún no tengamos del todo clara la articulación política que queremos darle, sabemos que la subversión recorre la senda del decrecimiento ecofeminista”.3 En las últimas Jornadas Feministas (julio 2017) Yayo Herrero convocaba a articular los paradigmas de la economía feminista y la economía ecológica. La economía feminista subraya la honda contradicción entre la reproducción natural y social de las personas, y el proceso de acumulación de capital, mientras que la economía ecológica enfatiza la inviabilidad de un metabolismo económico inconsciente de los límites biogeofísicos y de los ritmos necesarios para la regeneración de la naturaleza. El diálogo entre ambos paradigmas es urgente e imprescindible. Interdependencia y ecodependencia son dos principios centrales para pensar alternativas.
El pensamiento crítico que necesitamos como hoja de ruta en un contexto tan complejo como el actual supone una subversión cognitiva capaz de hacer interactuar dimensiones que coloquen en el mismo plano las luchas contra el patriarcado, el etnocentrismo, el racismo, la heteronormatividad, el antropocentrismo, y las perspectivas descoloniales en una relación fecunda entre teoría y práctica, para desmontar el andamiaje conceptual que nos atraviesa. En definitiva, descolonizar el pensamiento y la acción para acortar la relación fantasmal (Sousa Santos) entre teoría y práctica. Abrir espacio a nuevas formas de hacer política supone articular las luchas de resistencia sin buscar nuevas hegemonías, reconociendo a las y los múltiples sujetos protagonistas de esas luchas. Tenemos demasiadas experiencias solipsistas y culturas políticas saturadas de antagonismos y protagonismos.
“Diversas pero no dispersas” fue el lema del 14º Encuentro Feminista de Latinoamérica y Caribe realizado en Montevideo en noviembre pasado. Es un llamado a reconocer diferencias de prácticas, lenguajes e imaginarios políticos, de feminismos abigarrados, que reconocen que sólo un tejido social participante, y activamente dialogante, podrá enfrentar al capitalismo heteropatriarcal.
Por: Lilián Celiberti
https://brecha.com.uy/diversas-no-dispersas/
6 de marzo de 2018
La Relación Entre Drogas, Mujeres Y El Sistema Penitenciario.
En México, el número de mujeres privadas de la libertad por delitos contra la salud va en aumento. Esto indica dos cosas: que cada vez más mujeres se apoyan en las dinámicas del narcotráfico como opción laboral para subsistir, pero también que la política actual de drogas está centrándose en la caza de estos delitos para detener a las personas más vulnerables de la cadena.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres que ingresaron en 2014 por delitos de narcomenudeo fueron 940; en 2015, fueron 1,617 mujeres; y en 2016 se registraron los ingresos de 1,911 mujeres.
Se observa, por tanto, que la tendencia en la persecución de estos delitos ha ido al alza para las mujeres, mostrando una tasa de crecimiento del 72% para el 2015 y un incremento del 103,3% en los últimos dos años.
Además de la falta de perspectiva de género, existen pocos datos sobre las características de la población penitenciaria de mujeres.
Desde EQUIS Justicia para las Mujeres se realizan solicitudes de información sobre las características de las mujeres privadas de la libertad por delitos contra la salud, con el fin de realizar un análisis interseccional de los datos. Las respuestas arrojaron tres resultados importantes de mencionar: 1.No hay suficiente información; 2. No hay interés para recabarla y 3. No hay recursos para hacer este levantamiento de información.
En cuanto a la información sobre las características de la población penitenciaria de mujeres que cumplen una pena por delitos de drogas se encontró que sólo 18.5 por ciento de los estados y la federación señalaron contar con 79 mujeres indígenas, 34.6 por ciento de los estados y la federación indicaron que existían 68 mujeres extranjeras, y por último, 11.5 por ciento de los estados mencionaron contar entre su población por delitos contra la salud con 24 mujeres con discapacidad.
Esta información parecería mostrar que existe un subregistro de las poblaciones, lo que resulta preocupante por la obligación del Estado de crear políticas públicas para proteger a éstas, ya que si no se cuenta con datos, el diseño es deficiente.
En cuanto a la falta de interés de la autoridad en recabar información para comprender un problema público, esto fue evidente cuando se solicitó información sobre la comunidad LGBTI, y se recibieron respuestas como la de Tamaulipas, cuya autoridad penitenciaria indicó que los datos de esta población son “irrelevantes para el expediente jurídico o administrativo de las personas privadas de su libertad”.
Y por último, sobre la falta de asignación de recursos para recabar la información. Se encontraron respuestas como las de Durango, cuya autoridad penitenciaria indicó que se dificultaba “la detección de internos que cumplan con estas características, por falta de recursos.” Hecho que dificulta el cumplimiento de sus obligaciones para adoptar políticas públicas que protejan a las poblaciones en situación de vulnerabilidad.
Texto original: http://observatorio-de-prisiones.documenta.org.mx/
http://antesdeeva.com/drogas-y-mujeres-prisiones/
16 de febrero de 2018
¿Qué pasa con las mujeres?
Oxfam Intermón crea una web para que se informe mejor en los medios sobre las violencias que sufren las mujeres
Víctimas, súper heroínas que todo lo pueden o simplemente invisibles. Esta es la imagen más común que transmiten los medios de las mujeres. Y tiene que cambiar. Así lo cree Oxfam Intermón. La organización ha lanzado este jueves la web Periodismo contra las violencias machistas, una herramienta para que los periodistas y los profesionales de la comunicación “incluyan a las mujeres como expertas, no caigan en estereotipos y usen un lenguaje no sexista”.
“Los medios de comunicación estamos repitiendo estereotipos. Hablamos de asesinadas y no de los hombres que matan. Tenemos que hacer una autocrítica”, ha dicho Magda Bandera, coordinadora de esta web y directora de La Marea, durante la presentación en Madrid. El lenguaje que se usa, ha indicado la periodista, es muy importante. “Las mujeres no mueren. Nos matan”, ha ejemplificado. Por eso, a él está dedicado uno de los cinco módulos en los que se divide la página, que está pensada como un taller práctico con tests, glosarios, sugerencias y ejercicios.
Para tornar el esterotipo que se cierne sobre las mujeres, en opinión de Bandera, es necesario que se “cambie la mirada”. En este sentido, Montserrat Boix, periodista de TVE, preguntaba: “¿A quién entrevistamos? Trabajar con la lógica de género significa cuestionarse: ¿Y qué pasa con las mujeres? Si no, estamos haciendo un periodismo sesgado y androcéntrico. Y yo quiero hacer buen periodismo”.
Coincide en este punto Marcela Ospina, directora de comunicación de Oxfam Intermón. “Consideramos que perpetuar y caer en estereotipos sexistas es violencia contra las mujeres. Pero, además, no contar con su mirada a la hora de ejercer el oficio no es profesional, ya que excluye ni más ni menos que a la mitad de la población”, ha señalado. “En uno de los módulos, también abordamos la violencia simbólica. Como la invisibilidad de las mujeres”, ha anotado Bandera.
Para lograr los objetivos de no caer en estereotipos, ni olvidar las voces femeninas, Boix cree que “es importante el compromiso personal, pero no hay que olvidar que tenemos dos leyes que enmarcan el papel de los medios de comunicación en este asunto”. Se refería así a que la televisión en la que trabaja, por su carácter público, tiene que respetar la legalidad en cuanto al tratamiento informativo de las violencias machistas y otras cuestiones de género que además están recogidas en su plan de igualdad. Ella es muy peleona y se empeña en que sea cumplido, pero en su intervención ha reivindicado la labor de las asociaciones de mujeres. “No estaríamos hoy aquí sin las organizaciones que han estado contando a las asesinadas y que han reivindicado que no eran asesinatos anecdóticos, sino que tienen que ver con una lógica machista y de desigualdad”, ha dicho.
Y quien tenga la tentación de creer que todo esto está ya superado y no necesita de la formación que provee la página de Oxfam, se equivoca, según Bandera. Pero se puede comprobar en la web, donde varios cuestionarios pasan examen a las prácticas del periodista que responde.
“No hay mucha sensibilización en las redacciones. Creemos que en España ya no se lee lo de crimen pasional y sí ocurre. Cometemos muchos errores de concepto”, ha subrayado. En este sentido, la activista y periodista colombiana Jineth Bedoya ha criticado que los esfuerzos que se hacen a nivel global desde los medios de comunicación “son muy pocos” frente a la magnitud de la crisis. “La ONU ha dicho que la violencia contra las mujeres es una pandemia. Las cifras son dramáticas y nos quedamos en ellas. Pero no nos hemos metido en la investigación de fondo. Esta herramienta nos permite que nos salgamos de la zona de confort del periodismo”, ha afirmado. “Las redacciones en general son muy machistas. Hay que dar una batalla muy fuerte para posicionar los temas de género que todavía están en el último nivel, tras los temas judiciales, políticos, deportes… Las mujeres no son una prioridad”, ha zanjado.
Cinco consejos de las expertas
Uno por módulo. Navegamos por la web de Oxfam y estas son algunas de las lecciones que recogen, con ejemplos reales de los errores cometidos en medios:
1. Cambiar la mirada
La realidad es que las mujeres aparecen como sujetos de las noticias en un porcentaje notablemente inferior al de los hombres. En España, por ejemplo, lo hacen en un 30% de los casos. El porcentaje se eleva hasta el 51% del total en las informaciones sobre crímenes y violencia. Son datos del Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP) —el principal estudio sobre género y medios de comunicación a nivel mundial— elaborado en 2015, señalan las autoras de la página. Una de las indicaciones que dan a los profesionales es: “A la hora de seleccionar las fuentes, fíjate cuántas de ellas son mujeres. A continuación, analiza qué rol desempeñan: ¿son víctimas, testimonios, protagonistas, expertas?”.
2. Estereotipos y lenguaje
El uso del masculino por sistema para describir realidades que afectan tanto a hombres como a mujeres puede resultar correcta en términos académicos, pero supone uno de los principales mecanismos de discriminación y una de las razones por las que en algunos ámbitos existen pocos referentes femeninos. ¿Una de sus sugerencias? Usar genéricos en vez de los términos masculinos: ciudadanía en lugar de ciudadanos o ejército sustituyendo a militares, por ejemplo.
3. Mujeres invisibles
Las mujeres que aparecen en los medios de comunicación en calidad de expertas representan un 9% del total de especialistas, según el Proyecto de Monitoreo Global de Medios de 2015 (GMMP). En secciones consideradas “duras” como política, economía e internacional su ausencia es aún más notable. La situación empeora en ciencia y tecnología. “Podemos conseguir o rozar el equilibrio numérico, pero si las cuatro voces femeninas seleccionadas son mujeres que hablan en calidad de víctimas o testimonios, y las masculinas son expertos que analizan lo que les sucede a ellas, estaremos reforzando los estereotipos machistas”, señala el texto formativo.
4. Violencias machistas
En España, por ejemplo, en torno a 60 mujeres son asesinadas cada año por sus parejas o ex parejas, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Este organismo solo registra a las víctimas que se ajustan a la definición de la Ley Integral contra la Violencia de Género, aprobada en 2004. Proyectos como feminicidio.net amplían esa cifra hasta más de 100 víctimas anuales, al incluir en su registro a todas las mujeres asesinadas por el mero hecho de serlo, con independencia de que previamente hubieran podido mantener o no una relación íntima con sus agresores. Para evitar el efecto “narcotizador” de algunas informaciones, proponen tener en cuenta las siguientes claves, entre muchas:
La violencia de género no es un suceso y hay que evitar detalles escabrosos o sensacionalistas a la par que no limitarse a narrar una serie de hechos sin explicar el contexto en el que se producen.
La única causa es el machismo. Según la definición consensuada en 1995 en la Plataforma para la Acción de Beijing, “la violencia contra la mujer es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres”. Por tanto, no se debe buscar la justificación que pueda alegar un homicida o su defensa en cada asesinato concreto: celos, efecto del alcohol o las drogas, arrebatos, problemas psicológicos, económicos…
Mejorar la narración: lograr que las historias sean atractivas sin banalizar los hechos, buscando enfoques distintos y cuidando el estilo.
Mantener el contador activo: informar sobre los asesinatos como si fuesen casos aislados mediante un relato fragmentado dificulta que la violencia machista se perciba como un problema global.
Lenguaje. Unos ejemplos: usaremos las expresiones violencia machista, violencia de género, violencia sexista, violencia masculina, feminicidio y femicidio cuando hablemos del asesinato de una mujer por el hecho de serlo. Rechazaremos los términos violencia doméstica, violencia de pareja, violencia familiar y crimen pasional.
5. Guía de redacción
En este módulo se realizan muchas recomendaciones. Entre ellas, como primer paso que el periodista, al preparar un tema, se pregunte cómo puede aplicar una perspectiva de género en su tratamiento.
https://elpais.com/elpais/2017/10/26/mujeres/1509035786_068930.html
13 de febrero de 2018
Autoestima y Género. La autoestima en la mira feminista.
Tendencias políticas y autoestima
En la actualidad hay dos grandes vertientes de la autoestima. La más difundida por la
mercadotecnia y las tecnologías educativas conservadoras es idealista, conservadora
y fundamentalmente patriarcal. Forma parte de los estímulos ideológicos al
individualismo y al voluntarismo psicologista. Elude el análisis de las causas concretas
de los problemas de autoestima. Y pretende crear métodos terapéuticos o de
autoconsumo para mejorar la autoestima sin cambiar el mundo. Su objetivo es sólo
cambiar hábitos, imágenes, formas de hacer algunas cosas, actitudes y
comportamientos para adaptar a las mujeres al sentido conservador de la modernidad:
ocuparse de sí mismas, para tener éxito de acuerdo con los valores hegemónicos y
para sentirse dichosas con ese sentido de realización personal.
Desde esta visión light es posible incluso afirmar la autoestima en la servidumbre
familiar, laboral, conyugal. Se concibe la autoestima como una experiencia intrínseca e
ideológica basada en la voluntad. Se considera a la autoestima como universal y por
ello se trata de manera indistinta a mujeres y a hombres. No se reconoce la
importancia de la diferencia sexual y tampoco de las configuraciones de género no
sólo en la conformación de la autoestima sino de la vida misma. Está ausente en esta concepción la perspectiva sociopolítica que relaciona la autoestima con el género y la
clase, la etnicidad, la condición cultural. Se trata, en cambio, de una visión esencialista
y ahistórica, y conduce a visiones reduccionistas en cuanto a la atención de la
problemática vital. Contribuye, asimismo, a despolitizar la existencia y así fomenta el
conformismo y una experiencia omnipotente.
Desde luego, desde esta tendencia se enfocan y atienden problemas de relación, se
analizan, por ejemplo, algunos problemas de relaciones hostiles o nocivas como
enfermedades o adicciones, se atribuye un origen natural a problemas de seguridad y
confianza, las dificultades para alcanzar metas y objetivos son definidas como
fracasos, y se le apuesta al autocontrol como recurso disciplinario que conducirá a la
asertividad y a la valoración. A esta visión la conocemos como Enciende tu vida, o
Cree en ti, o cosas similares. Desde su propio mercadeo, ofrece el control total de tu
vida, la elevación de tus cualidades espirituales y el logro de tu felicidad.
La influencia de esta tendencia se da a través de terapias, cursos, seminarios, revistas
para mujeres, de modas y del hogar; también a través de programas de radio y
televisión. Incide sobre todo en personas ricas o que aspiran a ascender. Y, a pesar de
que no están dirigidos específicamente a mujeres, acuden a su llamado sobre todo
mujeres que sufren y encuentran en esta tecnología alivio a muchos problemas que
las agobian. La atención de la autoestima les conduce a ocuparse de sí, a reflexionar y
mejorar, a cambiar algunas de sus conductas. Este tipo de terapia condiciona, de
hecho, formas de adaptación funcional al mundo, e impide el desarrollo de una
conciencia de sí, de una conciencia crítica de género.
La autoestima ubicada en la perspectiva feminista tiene otros contenidos. La reflexión
sobre esta problemática proviene de la crítica deconstructiva de concepciones que
colocan las transformaciones externas a la persona y las metas sociales y políticas
colectivas por encima de las necesidades y la realización personal. Algunas ideologías
de la vieja izquierda han sobrevalorado a los sujetos colectivos y sus causas en
detrimento de los sujetos individuales, y han promovido una moral sacrificial: no
importa el estado de las personas, sino el logro de transformaciones colectivas. Más
aún, hicieron depender de los grandes cambios sociales y culturales la mejora de las
condiciones individuales. Desde esa ideología han promovido una mentalidad idealista
al omitir a la persona en el análisis político o reducirla a receptáculo de las condiciones
sociales. La tesis es muy simple: al mejorar las condiciones, mejora automáticamente
cada quien y además lo hace en cumplimiento de la doctrina y de realizar una utopía.
La omisión de la persona tiene su fundamento en la crítica al individualismo excluyente
e inequitativo asociado a intereses de clase egoístas, y a la derecha. Desde esa
izquierda, reivindicar a la persona es un atentado a la cohesión grupal o comunitaria yse considera muestra de insolidaridad. En tal esquema, la individualidad y la persona
se oponen al colectivo y a la solidaridad, como valor antagónico e incompatible con la
colectividad. La anulación de la persona corresponde con una visión profundamente
autoritaria del poder en la que no hay personas, sino grupos y corporaciones que viven
en pos de ideales y, por ende, de los fines colectivos. Desde cualquier autoritarismo,
de izquierda o de derecha, es posible anteponer intereses generales, colectivos o
públicos, a los intereses particulares, individuales, personales y privados.
Mujeres de diversas épocas han participado en movimientos sociales y políticos que
han buscado transformar el mundo en beneficio de las mayorías. Anhelantes de
transformar sus Propias vidas, de eliminar las injusticias en carne propia, han
encontrado en esos movimientos el discurso de la equidad, la configuración de la
libertad, la convergencia con otros seres sedientos de alcanzar los mismos fines. A
pesar de haber concretado algunas de sus aspiraciones sociales y políticas, la
mayoría de las mujeres comprometidas no logró transformar positivamente sus
existencias de manera integral. En ese camino muchas murieron, otras expusieron sus
vidas o perdieron su libertad, otras más asumieron formas de vida precarias y
peligrosas. Según las épocas y los procesos, algunas consiguieron cambiar
condiciones sociales, ideologías, hasta regímenes políticos, y mejoraron sus
condiciones sociales. Sin embargo, algo ha faltado. Hay una carencia: ¿De esto se
trataba? ¿Para lograr esta estrechez vital hemos vivido tanto pesar?
La reflexión sobre lo personal proviene de la crítica a esa forma de participar con la
creencia de que automáticamente al ganar un partido, al desmontar un régimen
político o un sistema económico, o cualquier cambio social promovido por un
movimiento puntual, todo mejoraría y, al sobrevenir, la misma vida cambiaría en
aquellos aspectos íntimos, profundos, personales, que han impulsado a muchas
mujeres a apoyar pequeñas y enormes causas y a realizar grandes acciones. Por el
contrario, para participar así, muchas mujeres han debido truncar su propio desarrollo
y traicionar sus deseos por sí mismas, a favor de la causa y vivir ignominias en pos de
ideales, incluso por parte de sus compañeras y compañeros o de las organizaciones
que han contribuido a formar. Tras un tiempo resurge en algunas de ellas el anhelo de
sentirse bien internamente y la necesidad de que ese anhelo sea legítimo.
El feminismo de los años 60 y principio de los 70 recogió en muchos países el deseo
de las mujeres que padecen el malestar sin nombre'. En aquel entonces, se refería a
mujeres norteamericanas, clase medieras educadas, que cumplían con todos los
anhelos matrimoniales, familiares, incluso de buen nivel de vida y, no obstante, vivían
depresión y malestares sin fin. Se sentían atrapadas y paralizadas. Vivían como viven
millones de mujeres en el mundo, para apoyar el desarrollo y la realización de sus millones de mujeres en el mundo, para apoyar el desarrollo y la realización de sus seres queridos, eso las deprimía. Eran tratadas por la psicología y no bastaba.
Ellas fueron, en parte, quienes se rebelaron y participaron en movimientos sociales,
sexuales, pacifistas y feministas; al emanciparse, proclamaron que lo personal es
político.
Un aporte radical de los feminismos de las últimas décadas del siglo XX y principios
del XXI, consiste en que la participación de estas mujeres no ha tenido que ver con
causas generales y difusas: al dirigir la política a las mujeres mismas, como categoría
social y como individuas, se conectan desde ahí con otros procesos sociales y políticos. Han hecho de la causa de las mujeres su prioridad. Han colocado el tiempo y el espacio como parámetros de realización utópica y han dicho: aquí), ahora.
Han ubicado su ámbito y lo limitan entre la vida cotidiana, las redes de relaciones sociales y
el Estado. La causa avanza y se extiende a mujeres de todos los confines, muchas de
ellas provenientes de tradiciones históricas y procesos políticos muy diversos.
La dimensión personal de la realización trascendente define la innovación del
feminismo del siglo XX, y complejiza la profunda tradición social de compromiso ético
con las mayorías y por eliminar formas de dominación como la explotación y la
opresión, prevalecientes en períodos anteriores. "Ha llegado la hora de invertir el lema
feminista y proclamar que lo político es personal`. No se cambia una prioridad por otra,
sino que el feminismo se enriquece y abarca todas las dimensiones: desde lo
individual hasta lo colectivo, lo privado y lo público, y va de la sociedad al Estado, de la
cultura a las prácticas sociales. Unas feministas ponen el acento en unos ámbitos y
otras en Otros. Todas han acertado.
Otra vertiente más reciente en la reflexión sobre la autoestima surge de la
participación social de mujeres en procesos de desarrollo y de intervención política.
Mujeres que luchan (así se conciben) por distintas causas, incluso por la causa de las
mujeres que tras unos años de grandes esfuerzos continúan viviendo los mismos
problemas y afrentas personales, mujeres que tras liderar procesos, en momentos
cruciales, dimiten; mujeres que con toda la convicción no han tenido la fuerza para
participar o que han sido muy lastimadas con el asedio, la competencia y un sinfín de
obstáculos.
Se ha desvanecido la ilusión de que la fuerza de las convicciones es suficiente para
tener fortaleza personal, o de que el éxito y los avances políticos de género se
traducen en mejoras personales de quienes los impulsan. Se reconoce que aun
mujeres que están en posiciones de avanzada viven formas de opresión y violencia
que las dañan, y no tienen recursos para evitarlo ni para superarlo. La participación
política a secas ha dejado de ser la piedra filosofal. Hoy hacemos una crítica a la
participación política en condiciones de desigualdad y minoría en espacios políticos y
con las maneras y estilos, los usos y las costumbres patriarcales, idealizada con el
velo de la igualdad.
http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2018/02/autoestima-y-genero-la-autoestima
https://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/marcela_lagarde/autoestima.pdf
9 de febrero de 2018
Publicidad sexista, la naturalización de los roles de género.
A toda hora nos vemos rodeados de publicidades que intentan convencernos de adquirir determinados productos en el mercado, enviándonos mensajes constantemente sobre lo que debemos querer ser o tener, manteniendo determinadas ideas y creencias sociales, y colaborando activamente con el mantenimiento de imágenes estereotipadas de mujeres y varones, reproduciendo y perpetuando desigualdades de género.
El género es una construcción social que encasilla a cada uno de los sexos en un "deber ser" dentro de la sociedad. "Los sistemas de género (…) son sistemas binarios que oponen el hombre a la mujer, lo masculino a lo femenino, y esto, por lo general, no en un plan de igualdad sino en un orden jerárquico” (Conway, Bourque, Scott en Lamas, M; 2003; 6) Es así que las normas de genero definen el papel subordinando de la mujer, su posición en la división sexual del trabajo, su lugar y rol en la familia etc.
Desde la publicidad se reflejan estos estereotipos de género continuamente, promoviendo idearios tanto de mujeres como de varones, llegando a las personas y transmitiéndoles determinados comportamientos, hábitos, formas y hasta lo que deben desear o a lo que aspirar dependiendo del género al cual pertenecen. En el caso de las mujeres nunca falta su protagonismo en las publicidades de productos de vinculados al hogar o a la belleza femenina.
La construcción de estereotipos de género en la sociedad se da y transmite desde variados lugares, desde las instituciones (religiosas, educativas etc.), los medios de comunicación, a través de la cultura y las costumbres ya instauradas en la sociedad, por lo cual son incorporados casi de forma autómata con el transcurso de la socialización, en general sin cuestionar a donde nos conduce todo ello, donde radican las consecuencias de entender a hombres y mujeres como desiguales.
Por ello desde ámbitos como la publicidad se debe hacer un manejo responsable de los mensajes que se emiten, muchas veces la violencia simbólica que se ejerce contra la mujer desde múltiples publicidades contribuye directamente a un imaginario colectivo sexista que nada aporta a una sociedad más igualitaria.
Si observamos la regulación internacional respecto a esta temática encontramos desde los noventa declaraciones y conferencias que abogaron por incentivar a los Estados a intervenir y tomar estrategias contra la reproducción de estereotipos femeninos, masculinos y de niñas y niños : en 1992 la Declaración de Atenas apelo a la modificación de los estereotipos de hombres y mujeres en los medios de comunicación; en 1995 en la Conferencia de Pekin se desarrolló un plan de actuación para los gobiernos en busca de estrategias para no promover dichos estereotipos; y en la Conferencia de Nueva Delhi en 1997 se aprobaron cuatro medidas vinculadas a promover el protagonismo de las mujeres en el ámbito político a través de los medios de comunicación.
Se denota el reconocimiento de la necesidad de una intervención desde los Estados a la regulación de la publicidad, y los mensajes que se envían desde los medios masivos de comunicación que llegan constantemente a la sociedad, y que colaboran claramente con el desarrollo de la violencia simbólica hacía la mujer cuyas consecuencias se pueden ver manifiestas de formas mucho más duras a través de la formación de una sociedad machista con roles de género determinados y aparentemente inamovibles, reproducidos una y otra vez en las publicidades.
España ha sido el país pionero respecto a este tipo de regulación, en 2004 aprobó la Ley orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género, declarando ilícita toda comunicación comercial que use la imagen de la mujer de manera vejatoria, que la cosifique a través del uso de su cuerpo, y que reproduzca imágenes estereotipadas que pueden producir violencia de genero.
Argentina por otro lado, aprobó en 2009 la Ley 26.485 de protección integral a las mujeres (Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales)en cuyo artículo n° 6 identifica la violencia mediática contra las mujeres como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.”
En el caso de Uruguay solo podemos encontrar un acercamiento a estas normativas en la Ley 19.307Ley de medios, regulación de la prestación de servicios de radio, televisión y otros servicios de comunicación audiovisual la cual en su artículo nº 28 (Derecho a la no discriminación) expresa “ Los servicios de comunicación audiovisual no podrán difundir contenidos que inciten o hagan apología de la discriminación y el odio nacional, racial o religioso, que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, sea motivada por su raza, etnia, sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, discapacidad, identidad cultural, lugar de nacimiento, credo o condición socioeconómica…)si bien dicho artículo procura evitar enviar mensajes que inciten a la discriminación o la violencia contra determinados grupos, resulta extremadamente general y no hace precisión sobre la publicidad discriminatoria que ejerce violencia mediática sobre las mujeres a la cual venimos refiriendo.
Resulta esencial que desde la publicidad se haga un manejo responsable de las ideas y mensajes que se emiten, para no contribuir así con la naturalización de roles de género que nos alejan de una sociedad plural, solidaria e igualitaria.
http://www.cotidianomujer.org.uy
8 de febrero de 2018
Una nueva cultura de género.
La nueva cultura de género enmarcada en el feminismo, se basa en la mismidad, la sororidad y la solidaridad, como valores éticos y como metodologías políticas para generarla. No obstante no son sólo puntos de partida sino además fines de esa cultura. Son también los finos hilos del sentido que guía nuestras decisiones y prioridades y nuestros procederes.
La solidaridad entre mujeres y hombres se apoya en la igualdad como principio ético-político de las relaciones entre los géneros, y en la justicia genérica como un objetivo compartido por mujeres y hombres. La solidaridad se concreta en el consenso a la igual valía de los géneros y en el apoyo social equitativo a la realización de las potencialidades humanas de las personas de ambos géneros. La solidaridad entre mujeres y hombres precisa el reconocimiento de la humanidad del otro, de la otra, y la posibilidad de identificar las semejanzas y las diferencias como tales y no como desigualdades. Esta solidaridad intergenérica se apoya en la defensa de la libertad y del poderío personales y colectivos para ambos géneros, así como en la posibilidad de establecer pactos justos y paritarios entre mujeres y hombres. La solidaridad genérica surge de la empatía entre iguales y distintos que suman esfuerzos vitales de diversa índole para actuar en el mundo. Para que se desarrolle esta solidaridad es preciso que no existan jerarquías previas de género y sea desterrado el mito que afirma a través de diversas ideologías y discursos, que la materia de la relación entre mujeres y hombres es, sobre todas las cosas, la sexualidad. Las mujeres y los hombres pueden establecer diversidad de relaciones y realizar infinidad de actividades que requieren imaginario, discursos y legitimidad. La ampliación de los fines del encuentro entre mujeres y hombres es imprescindible para construir entre ellos la conciencia y la ética de ser congéneres y coterráneos, copartícipes en el mundo.
La sororidad es una solidaridad específica, la que se da entre las mujeres que por encima de sus diferencias y antagonismos se deciden por desterrar la misoginia y sumar esfuerzos, voluntades y capacidades, y pactan asociarse para potenciar su poderío y eliminar el patriarcalismo de sus vidas y del mundo.
La sororidad es en sí misma un potencial y una fuerza política porque trastoca un pilar patriarcal: la prohibición de la alianza de las mujeres y permite enfrentar la enemistad genérica, que patriarcalmente estimula entre las mujeres la competencia, la descalificación y el daño. Nada más dramático y doloroso para las mujeres que ser sometidas a misoginia por las pares de género, por las semejantes (Lagarde, 1989). Lograr la alianza y usarla para cambiar radicalmente la vida y remontar la particularidad genérica (Heller, 1980), reconstituye a las mujeres y es un camino real para ocupar espacios, lograr derechos, consolidar protecciones entre mujeres y eliminar el aislamiento, la desvalía y el abandono. La sororidad es asimismo un camino para valorizar la identidad de género y lograr la autoafirmación de cada mujer. Apoyadas unas en las otras sin ser idénticas, sino reconociendo las diferencias entre ellas, las mujeres pueden pactar entre sí, siempre y cuando se reconozcan como sujetas, en este sentido, como pactantes. Enfrentar la opresión implica hacerlo también entre las mujeres. La sororidad, como alianza feminista entre las mujeres, es indispensable para enfrentar la vida y cambiar la correlación de poderes en el mundo.
El nuevo orden de géneros requiere una voluntad histórica que desvíe el sentido actual y contribuya a disminuir las asimetrías entre los géneros y la desigualdad en la calidad de la vida de mujeres y hombres. Las políticas sociales deben encaminarse a lograr el desarrollo sustentable con equidad entre mujeres y hombres.
La construcción de derechos humanos paritarios se apoya en el principio de las reivindicaciones vitales a partir del cual se valora la vida humana. La primera reivindicación vital es que ninguna vida humana vale más que otra. Una segunda reivindicación vital consiste en no aceptar que las personas estén condenadas a tener una vida breve o miserable por su nacionalidad, su clase, su raza, su sexo y su género .La filosofía en que se apoyan la legitimidad ética y la viabilidad política de las reivindicaciones vitales es su universalismo “...como el hilo común que une las exigencias del desarrollo humano de la actualidad con las exigencias del desarrollo del mañana... la meta no puede consistir en sostener la privación humana... Así, desarrollo humano y carácter sostenible son los componentes esenciales de la misma ética universalista de las reivindicaciones vitales” (IDH, 1994:15). El principio político para el logro de las reivindicaciones vitales es la equidad individual y colectiva en las oportunidades para hacer uso de las capacidades vitales.
De no caminar por esta senda, la dominación patriarcal se agudizará y se ampliará la brecha entre mujeres y hombres, aumentarán la feminización de la pobreza, la marginación de las mujeres, el feminicidio (individual o tumultuario). Aumentará también la disputa patriarcal entre los hombres, crecerá la expropiación de millones de ellos realizada por cada vez menos hombres y sus poderosos mecanismos e instituciones, y con el neoliberalismo se agudizarán el machismo y la violencia de unos hombres contra otros.
Si no enfrentamos con eficacia y efectividad el sentido patriarcal de la vida, cada año y cada día que pase, en lugar de aminorar los sexismos, se sumarán a otras formas de dominación nacional, de clase, etnocida. Los sexismos, como hasta ahora, serán atizados y combustible para los neofascismos, la fobia a los extranjeros, a las personas de otras opciones políticas, de otras creencias y prácticas religiosas o mágicas, sexuales, estéticas. La fobia a los otros, a las otras se reproduce por el fomento de la desidentificación entre personas diferentes. Esta creencia dogmática refuerza la tesis de que sólo pueden identificarse positivamente entre sí las personas y los grupos semejantes. La fobia al otro, a la otra, como sustrato cultural y de autoidentidad llega al extremo cuando el horror, el rechazo y el daño se legitiman y abarcan a cualquiera.
Hoy constatamos que a pesar de los impulsos democratizadores, de las enormes energías vitales que en el mundo han permitido el avance de una cultura basada en la ética y en la práctica de vida de los derechos humanos, apenas se han difundido en algunas regiones y esta filosofía es patrimonio de unos cuantos millones. Miles de millones de personas viven enajenadas por modos de vida miserables y sometidos a todo tipo de opresiones, y a su vez, asumen filosofías, ideologías, credos y creencias fundamentalistas legitimadoras de las mismas opresiones que les agobian y de otras más.
De los millones de personas que comparten una filosofía basada en la dignidad humana, hay muchos y muchas que todavía no abarcan en su visión humanista a las mujeres. Hay quienes luchan por la causa de los derechos humanos de los pobres, los ancianos, los desaparecidos y los perseguidos políticos, los indígenas, los discapacitados, las personas violentadas, los analfabetas, los asilados, los niños de la calle, los mutilados de guerra, los desempleados, las personas de la tercera edad, y así podríamos incluir en nuestro listado a todos los desheredados y los excluidos por diversas opresiones y daños.
Sin embargo, muchas personas aún no luchan por la causa de las mujeres. Y entre quienes lo hacen, algunas personas prefieren matizar el punto y decir que sí, que están de acuerdo, pero no con el feminismo porque les parece muy radical, producto de las locuras de algunas clasemedieras o metropolitanas, o intelectuales, o urbanas, o letradas. El hecho es que el feminismo no es aceptable para muchas mujeres. Para calmar su vocación humanista, o para no aparecer como sexistas, argumentan que el feminismo está pasado de moda, superado, que es inadecuado, anticuado, ineficiente y hasta contrario a las mujeres.
El feminismo ha sido la filosofía y la acumulación política ideada y vivida por millones de mujeres de diferentes épocas, naciones, culturas, idiomas, religiones e ideologías que ni siquiera han coincidido en el tiempo pero lo han hecho en la búsqueda y la construcción de la humanidad de las mujeres. Sí, en efecto el feminismo es radical y cómo no habría de serlo si se ha echado a cuestas ser espacio, encuentro y principio de mujeres que por su propia experiencia han dicho basta a la dominación patriarcal y lo han hecho en todos los tonos imaginables, en diversos discursos, pero con acciones y convicciones similares.
Las mujeres feministas han luchado democráticamente. Violentadas ellas mismas o sensibles a la opresión de todas, no han desarrollado filosofías vengativas ni golpistas no han imaginado mundos al revés de dominio femenino, ni sistemas de alternancia en el poder; tampoco han desplegado ideologías sexistas de tipo revanchista.
En el feminismo se han desarrollado opciones críticas de oposición al patriarcado, y se han construido alternativas sociales cohesionadoras para la convivencia de mujeres y hombres. Tal vez la sustancia más radical del feminismo es su vocación afirmativa, incluyente de todos los sujetos y de todas las personas a partir de pactos democráticos, preservadora de los recursos del mundo. Su radicalidad de género se encuentra en la certeza inclusiva de mujeres y hombres en relaciones basadas en la equidad, la igualdad de oportunidades y la democracia.
El feminismo sintetiza los esfuerzos por construir ahora un mundo que sea la casa acogedora y propia de mujeres y hombres quienes de manera paritaria puedan reunirse, dialogar, pactar, intercambiar y compartir para coexistir. Como el feminismo pasa por la existencia de cada persona, quienes viven cotidianamente esta alternativa renuevan sus condiciones de género, se despojan de enajenaciones opresivas y se constituyen en humanas y humanos plenos.
El mundo contemporáneo requiere asumir el feminismo y no rechazarlo ni satanizarlo. Si lo incorpora en las grandes visiones de la vida ganará, acelerará procesos, contará con protagonistas imbuidos de una pasión renovadora de la vida y comprometidos con la ética del cuidado. Si no lo hace derrochará recursos democráticos, envilecerá y no reencontrará el camino. El paso del tiempo no asegura que se resuelvan las disparidades entre mujeres y hombres. Necesitamos darle contenido, sentido y riqueza a ese tiempo. Necesitamos la voluntad genérica para cambiar y cambiarnos. Y, no se vale que dilapidemos las creaciones culturales ni la historia.
La cultura feminista es la máxima creación consciente, voluntaria y colectiva de las mujeres en tanto filosofía y es el esfuerzo práctico que más ha marcado la vida de mujeres que ni se conocen entre sí, que han obtenido mejores condiciones sociales para vivir y ha moldeado su propia condición humana. Y no hay duda que el mundo actual es más vivible para cantidad de mujeres y hombres por las transformaciones de bienestar impulsadas desde el feminismo.
La causa feminista es la causa de cada mujer, y de más y más mujeres, por la construcción de su dignidad humana y de su libertad. Es más fácil enunciarla como una causa global y abarcadora, porque no se limita a unas cuantas o a ciertas mujeres, compete a todas y es menos difícil luchar por ella de manera genérica para todas, que hacerlo sólo para las discapacitadas, sólo para las analfabetas, sólo para las pobres o las exiliadas. Porque todas las mujeres somos relativamente discapacitadas, todas somos analfabetas, todas tenemos problemas con una salud precaria y siempre secundaria frente a la de otros; porque todas somos pobres y desposeídas; porque todas estamos sometidas a dominios diversos y carecemos de poderíos indispensables; porque estamos exiliadas en la tierra, en nuestros países, en nuestras comunidades y en nuestras casas. Y, ¿cómo no habríamos de estarlo si estamos exiliadas de nuestras propias, vidas consagradas siempre a otros?
Queremos aposentarnos en un mundo que anhelamos nuestro, queremos un pedazo de tierra y no para yacer en él después de la muerte sino para pararnos en él, vivir en él y de él, y tener un lugar propio. Sí, es más fácil luchar por los derechos de las humanas a la equidad y a la libertad porque todas vivimos bajo normas inequitativas y aunque seamos habitantes antiguas de estas tierras, aunque hayamos amasado con nuestras manos la realidad y la hayamos construido palmo a palmo, todas estamos cautivas en este mundo.
La cultura democrática de género tiene sentido si se plasma en la posibilidad de elevar la calidad de la vida cada quien, en particular de las mujeres. Si se concreta en el cambio de la condición femenina de seres-para-otros, en que cada mujer pueda ser-para-sí, es decir, en la construcción de la mismidad en personas cuya existencia ha supuesto la negación del yo misma como valor positivo. Pero es preciso también cambiar el contenido de la condición y de las identidades masculinas y que cada varón pueda ser-para-sí, que también lo constituya la mismidad, pero no como producto de la dominación de otros, en particular de otras, sino como evidencia de su afirmación democrática. La mismidad contenida en la democracia genérica es entonces el producto de la satisfacción de necesidades, deseos y reivindicaciones vitales de cada mujer y cada hombre. La mismidad de mujeres y hombres es el fruto más precioso de la democracia de género, tiene como contenido la libertad equitativa.
La condición de ser humanas es, para las mujeres, la posibilidad de ser libres aquí y ahora, y compartir el mundo con hombres humanizados. Hacerlo, depende de los deseos y las voluntades de cada vez más mujeres y más hombres que consideren como un principio ético y práctico la igual valía de las personas e incluya la convicción de que todas y todos tenemos el derecho a la paz, a la vida digna, a la integridad personal, a la preservación y renovación de los recursos de nuestro mundo, a la justicia, a la democracia y a la libertad.
http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2017/12/marcela-lagarde-una-nueva-cultura-de.html
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